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      <titleStmt>
        <title>Silva a las Soledades de don Luis de Góngora, con anotaciones y declaración, y un
          discurso en defensa de la novedad y términos de su estilo</title>
        <author key="Ponce, Manuel">Manuel Ponce</author>
        <editor>Antonio Azaustre Galiana</editor>
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      <editionStmt>
        <edition>OBVIL</edition>
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          <name>Aude Plagnard</name>
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      <publicationStmt>
        <publisher>Université Paris-Sorbonne, LABEX OBVIL</publisher>
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            >http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/fr/</licence>
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      </publicationStmt>

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        <bibl>Biblioteca de don Francisco Fernández de Navarrete, marqués de Legarda, Ávalos
          (Logroño).</bibl>
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      <p>L’édition comporte trois niveaux de notes. note[@place="bottom"] : notes d’éditeur (décimal
        par défaut) note[@place="margin"] : notes marginales de l’auteur (pas de numérotation)
        note[@type="app" rend="I"] : notes d’apparat (I = romain) </p>
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  <text>
    <body>
      <div subtype="level1">
        <head>Introducción</head>
        <div subtype="level2">
          <head>1. El autor, Manuel Ponce</head>
          <p>Manuel Ponce es uno de los estudiosos que poblaron la erudición literaria del siglo
            XVII. Los pocos datos que sobre él y su obra conservamos deben ser tomados con ciertas
            dudas y reservas<note place="bottom">Detalles sobre su biografía, no exenta de
              incertidumbres, en Nicolás Antonio, 1791, I, p. 531; Álvarez y Baena, 1791, IV, p. 4;
              Entrambasaguas, 1967, I, pp. 63-580 (en especial, I, pp. 335-337; II, pp. 11-235);
              Dámaso Alonso, 1978, pp. 1-18 (manejo la reimpresión incluida en Dámaso Alonso, 1982,
              pp. 501-524); Rozas y Quilis, 1961; Osuna Cabezas, pp. 2008, pp. 115-123; Azaustre y
              De Carlos, 2010, pp. 95-97; Azaustre, 2015, pp. 66-68.</note>. Habría nacido en Madrid
            hacia 1581 o 1591<note place="bottom">La fecha de 1581 es la que ofrecen Entrambasaguas,
              1967, I, 335, y Rozas y Quilis, 1961, p. 413; Dámaso Alonso, 1982, p. 503, señala la
              de 1591, pues en un escrito del 8 de noviembre de 1622 se afirma que tenía entonces 31
              años, dato que apunta Entrambasaguas, 1967, II, p. 92. Álvarez y Baena, 1791, IV, p.
              4, lo incluyó en su catálogo <emph>Hijos de Madrid</emph>. Artigas, 1925, p. 237, lo
              sitúa entre los admiradores cordobeses de Góngora, lo que podría hacer dudar de su
              origen madrileño. Pero ya Dámaso Alonso, 1982, p. 506, n. 16, afirmó que debía de ser
              un error explicable porque, en esa lista de admiradores, Ponce figura después de Luis
              Cabrera de Córdoba, y una mala segmentación habría llevado a interpretar «de Córdoba,
              Manuel Ponce». El propio Dámaso, 1982, p. 512, observa que, cuando Ponce comenta el
              uso de la voz <emph>coscoja</emph> propio de Góngora y su tierra, viene a decir que él
              no es cordobés al afirmar lo siguiente: «esta voz [Coscoja] dicen es prouincial, yo no
              la desobedezco, porque soy nouicio en su religion, aunque no es de mi probincia» (fol.
              47v). Ver también Osuna Cabezas, 2008, p. 116 y 2014, p. 48.</note>, y vivía aún en
              1623<note place="bottom">Como se ha indicado, Entrambasaguas, 1967, II, p. 92, señala
              que el 8 de noviembre de 1622 tenía 31 años. Esta información procede de la
              documentación que consultó a propósito de las entrevistas que se hicieron a diversos
              conocidos de Pedro Torres Rámila ―amigo de Ponce― a fin de decidir sobre la solicitud
              de Torres Rámila de una de las becas vacantes en el Colegio de San Ildefonso, en
              Alcalá. </note>. Esta última referencia se apoya en uno de los muchos textos de
            censura que suscitó el <emph>Elogio descriptivo a las fiestas de toros que la majestad
              del rey Felipe IV hizo por su persona en Madrid, a 21 de agosto de 1623 años, a la
              celebración de los conciertos entre el serenísimo Carlos Estuardo, príncipe de
              Inglaterra, y la serenísima María de Austria, infanta de Castilla</emph>, escrito por
            Juan Ruiz de Alarcón con la colaboración de otros autores. La censura en cuestión es el
              <emph>Comento contra setenta y tres estancias que don Juan de Alarcón ha escrito a las
              fiestas de los conciertos hechos con el príncipe de Gales y la señora infanta
              María</emph>; según este texto, atribuido a Quevedo<note place="bottom">Más detalles
              sobre los problemas de autoría en Alonso Veloso, 2007 y 2020, pp. 443-459.</note>,
            Manuel Ponce habría escrito cuatro de esas estrofas<note place="bottom">Afirma lo
              siguiente el autor del <emph>Comento</emph>: «Habiendo dado fin a esta censura, me
              dijeron por cosa cierta que estas estancias no eran del señor don Juan, sino que él
              las pidió a diferentes personas; y así me dieron la memoria de sus dueños, cuyos
              nombres pongo aquí sin graduación, y el número de las estancias que compusieron: Don
              Fernando de Lodeña 8. Don Diego de Villegas 6. El doctor Mirademescua 7. Don Pedro de
              la Barreda, 5. Anastasio Pantaleón 8. Luis de Belmonte 10. Juan Pablo Mártir Rizo 6.
              Antonio López de Vega 4. Manuel Ponce 4. Francisco de Francia 4. Diego Vélez de
              Guevara 6. Luis Vélez de Guevara 7. De modo, que todas estas partidas suman y montan
              setenta y tres octavas, y el dicho señor don Juan no hizo sino trastrocarlas y
              trasladarlas» (<emph>Comento</emph>, pp. 519-523).</note>. Entrambasaguas (1967, I, p.
            335) afirma que Manuel Ponce «vivió en la corte casi siempre, siendo criado de su
            Majestad [Felipe IV] en los papeles de su Hacienda».</p>
          <p>Además de las cuatro octavas antes citadas, su obra conocida hasta hoy es la
            siguiente:</p>
          <list>
            <item>La <emph>Silva a las Soledades de don Luis de Góngora. Con anotaciones y
                declaración por Manuel Ponce, y un discurso en defensa de la novedad y términos de
                su estilo. Noviembre de 1613</emph>, texto descubierto y estudiado por Dámaso
                Alonso<note place="bottom">Ver D. Alonso, 1982.</note>.</item>
            <item>Una epístola al conde de Villamediana en defensa del léxico culterano, que
              estudiaron y editaron Juan Manuel Rozas y Antonio Quilis<note place="bottom">Ver Rozas
                y Quilis, 1961, pp. 412-413, para los problemas de autoría de esta epístola, que en
                su encabezamiento lleva escrito «A Manuel Ponçe S. P. D.». Rozas y Quilis ven a
                Villamediana tras diversas alusiones al destinatario de la carta (alusiones al
                  <emph>Faetón</emph>, tratamiento de señoría…), y advierten que la letra A que
                encabeza el epígrafe fue añadida posteriormente por una mano diferente a la que
                copió el manuscrito. Gutiérrez Arranz, 2001, pp. 9-10, también señala esta obra de
                Ponce en su estudio de la mitología en Villamediana; ver también Osuna Cabezas,
                2008, pp. 117-118.</note>, y que fechan en torno a 1617. Como se verá más adelante,
              es una defensa del neologismo frente a las censuras que achacaban a este uso el
              atentar contra la <emph>proprietas</emph><note place="bottom">Ver Rozas y Quilis,
                1961, pp. 416 y 421.</note>, y parece destinada a la defensa del <emph>Faetón</emph>
              de Villamediana de las críticas que su estilo había suscitado. Varios pasajes de una
              de las secciones de la <emph>Silva</emph> de Ponce –el <emph>Discurso</emph> en
              defensa de la oscuridad, escrito antes de 1617– fueron incluidos en la epístola a
              Villamediana, que se fecha entre 1617 (aparición del <emph>Faetón</emph>) y 1622 (año
              del asesinato de Villamediana, en agosto).</item>
            <item>
              <emph>Oración fúnebre a la muerte de don Rodrigo Calderón, que fue degollado en la
                Plaza Mayor de Madrid, Jueves 21 de Octubre de 1621</emph>.</item>
            <item><emph>Relación de las fiestas que se han hecho en esta Corte a la canonización de
                cinco santos</emph>: copiada de una carta que escribió Manuel Ponce en 28 de Junio,
              1622…</item>
            <item>El soneto «Una Aurora esplendor de siete Auroras», editado por Lope de Vega en su
                <emph>Relación de las fiestas que la insigne villa de Madrid hizo en la canonización
                de su bienaventurado hijo y patrón, San Isidro</emph>… Madrid, 1622.</item>
            <item>La <emph>Apología en defensa de Virgilio sobre un lugar de la cuarta Geórgica, por
                Manuel Ponce, dirigida al Maestro Pedro de Torres Rámilla, colegial en el insigne
                theólogo de Alcalá</emph>, que lleva la fecha de 1622. Es un comentario que encontré
              en la Hispanic Society of America, y que Helena de Carlos y yo transcribimos y
              estudiamos en 2010. Este texto confirma la noticia que Quevedo había dado en <emph>La
                Perinola</emph><note place="bottom">En esta obra, Quevedo fustigó a Juan Pérez de
                Montalbán tras la publicación en 1632 del <emph>Para todos</emph>, miscelánea que
                reunía novelas, poemas, comedias, autos, relaciones diversas… Al revisar la parte
                final del libro de Montalbán, Quevedo se ocupa de su <emph>Índice o catálogo de los
                  ingenios de Madrid</emph>, y le señala sus inexactitudes y olvidos. Es allí donde
                menciona las obras de Ponce que Montalbán no había incluido. Cito y doy las
                referencias al texto por la modélica edición de Fernando Plata, 2020.</note>; allí
              señalaba un libro de Ponce «comentando algunos lugares de Virgilio» (<emph>La
                Perinola</emph>, p. 372) entre los olvidos de Juan Pérez de Montalbán en su Índice o
              catálogo de los ingenios de Madrid, incluido al final del <emph>Para todos</emph>
              (1632). La <emph>Apología en defensa de Virgilio</emph> debió de ser una parte de ese
              libro de comentarios.</item>
          </list>
          <p>A estas obras cabe añadir los otros títulos que Quevedo atribuye a Ponce en su
              <emph>Perinola</emph>, además del mencionado libro de comentarios a Virgilio:</p>
          <quote>A Manuel Ponce le quita un discurso que intituló <emph>Crisol de la lengua
              castellana</emph>, un libro del genio y otro comentando algunos lugares de Virgilio
              (<emph>La Perinola</emph>, p. 378)<note place="bottom">Álvarez y Baena, 1791, IV, p.
              2, señala como obras de Ponce el <emph>Cristal de la lengua castellana</emph>
              (seguramente la misma que en el <emph xml:lang="es">Comento</emph> aparece como
                <emph>Crisol</emph>) y los <emph>Comentos a algunos lugares de Virgilio</emph>. Ver
              también Férnández-Guerra, 1951, p. 478, en nota, y las precisas informaciones de
              Plata, 2020, pp. 371, n. 354, 374, n. 370 y 378, n. 377.</note>.</quote>

          <p>Manuel Ponce fue un estudioso muy activo en las diversas polémicas literarias que
            conocieron las letras españolas del siglo XVII. Así, la <emph>Apología en defensa de
              Virgilio</emph> se encuadra en la rica tradición de comentarios al poeta mantuano que
            se desarrolló en España, y se dirige en forma de carta a Pedro de Torres Rámila, con
            quien Ponce mantuvo una relación de amistad y afinidades literarias<note place="bottom"
              >De ellas da cuenta por extenso Entrambasaguas, 1967, I, pp. 335 y ss..</note>. En el
            terreno personal, Ponce declaró varias veces en las informaciones que el colegio
            complutense de san Ildefonso inició ante la solicitud de una beca por Torres Rámila, y
            dio siempre una positiva opinión de este<note place="bottom">Sobre este proceso, ver
              Entrambasaguas, 1967, II, 50 y ss. y Tubau, 2008, pp. 23-38, 203-248. </note>.</p>
          <p>Las características de este texto de Ponce responden a la evolución que los comentarios
            de Virgilio experimentaron en nuestras letras a partir del siglo XV<note place="bottom"
              >Ver al respecto, entre otros, Codoñer, 1997, p. 33, y Jiménez Calvente, 2001.</note>.
            En dicho proceso, la finalidad eminentemente propedéutica del comentario se enriqueció
            con un mayor sentido crítico y una mayor preocupación filológica por el texto comentado.
            Este no será solo una base que permita aprender gramática latina, retórica, historia o
              <emph>realia</emph>, sino que su propia configuración se convertirá en objeto de
            estudio. El comentario de Manuel Ponce responde a esta orientación, pues su objetivo es
            la correcta fijación de un pasaje virgiliano. No es, pues, el tipo de comentario general
            que atiende a la totalidad de la obra y la explica verso a verso. Se trata de un
            comentario más especializado, cuyo destinatario es un experto en la materia; su
            finalidad es explicar algún lugar del texto especialmente difícil, matizando o refutando
            con frecuencia propuestas anteriores<note place="bottom">Jiménez Calvente, 2001, pp.
              46-49, señala diversos ejemplos de este tipo de comentario; entre los primeros títulos
              están Filippo Beroaldo con sus <emph>Annotationes contra Servium</emph> (1482) y
              Poliziano con su <emph>Miscellanea</emph> (1489).</note>. Esto es precisamente lo que
            hace Manuel Ponce al dirigir a Pedro de Torres Rámila su refutación de la lectura que
            Juan Luis de la Cerda hacía de los versos 287-294 de la cuarta<emph>
              Geórgica</emph><note place="bottom">La primera edición de la obra virgiliana con
              comentario de Juan Luis de la Cerda, «Ex collegio Paltheniano», Madrid, data de 1608 y
              comprende solo <emph>Bucólicas</emph> y <emph>Geórgicas</emph>. Ediciones posteriores
              incluyen la <emph>Eneida</emph>, Lyon, Horace Cardon, 1612-1619 y Colonia, 1628. Ver
              Piccirillo, 1985, pp. 169-178.</note>, pasaje donde Virgilio habla del Nilo y las
            tierras de Egipto y ambienta la ubicación de la práctica de la bugonia, es decir, la
            generación espontánea de abejas a partir de la carne de bueyes muertos.</p>
          <p>Tal vez ese comentario de Ponce forme parte de un enfrentamiento más amplio, aunque los
            datos no son totalmente seguros: según parece, en la hoy perdida <emph>Spongia</emph>,
            Torres Rámila, además de criticar a Lope de Vega, habría atacado a Juan Luis de la Cerda
            por sus comentarios a Virgilio<note place="bottom">Ver Entrambasaguas, 1967, I, pp.
              328-330 y 339-340; González-Barrera, 2011, pp. 13-14, 65, 298-299; Conde y Tubau,
              2015, p. 158, n. 11, p. 345, n. 137, p. 452. Mazzochi, 1993, ha estudiado los
              planteamientos estéticos, ideológicos y culturales del Barroco que pasaron al
              comentario de Juan Luis de La Cerda.</note>; en la <emph>Expostulatio Spongiae</emph>,
            la contestación de los amigos de Lope a la anterior censura, se incluye, dentro de los
              «<emph>Elogia illustrium virorum pro Lupo a Vega Carpio</emph>», una parte de la
            elogiosa aprobación que Juan Luis de la Cerda había hecho de <emph>Los pastores de
              Belén</emph> en noviembre de 1611<note place="bottom">Ver Entrambasaguas, 1967, I, p.
              458; Conde y Tubau, 2015, p. 197.</note>, lo que pudiera confirmar su antagonismo con
            el grupo de Ponce y Torres Rámila<note place="bottom">No obstante, deben tenerse en
              cuenta las prudentes observaciones de Pedro Conde y Xabier Tubau sobre estos elogios
              incluidos en la <emph>Expostulatio</emph>: «En definitiva, se acumulan, con toda
              intención, elogios de personajes notables procedentes de ilustres ámbitos como son la
              nobleza, el clero, la universidad y la erudición en general, siendo muy pocos los
              textos escritos <emph>ad hoc</emph> para esta colección de alabanzas. Ello supone que
              a muchos de esos personajes se los hace participar en ese coro de voces que entonan
              los loores lopescos sin que se sepa con seguridad si dieron o habrían dado su
              aprobación a participar en una obra de tan dudosa legalidad como es la<emph>
                Expostulatio Spongiae</emph>» (Conde y Tubau, 2015, p. 135).</note>.</p>
          <p>La fama del gran comentarista de Virgilio debió de despertar entre los hombres de
            letras un cierto afán polemista. En su <emph>España defendida</emph>, cuyo borrador
            autógrafo es de 1609, un joven Quevedo deseoso de figurar en el elenco del humanismo
            hispano afirma haber escrito un libro donde contradice algunas interpretaciones de la
            obra de Virgilio llevadas a cabo por Juan Luis de la Cerda; así al menos parece
            deducirse del título de este opúsculo, hoy perdido o tal vez nunca escrito: <emph>Homeri
              Achilles adversus imposturas Maronianas Ludovici de la Cerda (redivivi
              Tersitis)</emph><note place="bottom">«Pero ni Amiano Marcelino lo miró bien, de dos o
              tres particulares ejemplos en hacer proposición general ni en escribirlo así, porque
              Egipto no se llamó así de los grandes ríos, antes el Nilo se llamó de ella en su
              primer voz, como yo pruebo en mi libro que intitulo <emph>Homeri Achilles adversus
                imposturas Maronianas Ludovici de la Cerda (redivivi Tersitis)</emph>» (<emph>España
                defendida</emph>, p. 118). Para la presencia de Virgilio en las letras hispanas de
              los siglos XVI y XVII, ver el clásico trabajo de A. Blecua, 1985, donde también se
              ocupa de Juan Luis de la Cerda.</note>. Sea como fuere, Manuel Ponce quiso dejar
            constancia de su erudición al acometer una refutación a uno de los más afamados
            comentaristas del más apreciado de los poetas.</p>
          <p>La figura de Manuel Ponce también aparece en la polémica literaria que se inició con la
            crítica a varias obras de Lope por no respetar diversos preceptos referentes a la
            construcción de la fábula, y que también cuestionaba sus saberes y erudición<note
              place="bottom">Para más detalles sobre esta polémica, ver el panorama histórico y los
              documentos que ofrece Entrambasaguas, 1967, quien la enfoca como un enfrentamiento
              entre los aristotélicos y Lope; L. Sánchez Laílla, 2008, la analiza como una disputa
              con intelectuales de su tiempo en torno al grado de erudición del Fénix; J.
              González-Barrera, 2011, pp. 75-85, y 2012, ha defendido que el contexto de esa
              polémica no sería el cumplimiento o no de los preceptos neoaristotélicos por parte de
              Lope, sino desacreditarlo aprovechando la fama de Góngora en el ambiente de polémica
              que generaron sus poemas. Los trabajos de X. Tubau, 2007 y 2008, pp. 86-149, y de P.
              Conde y X. Tubau, 2015, pp. 13-151, la sitúan en el ámbito de las discusiones sobre el
              aristotelismo, y analizan (2015, pp. 95-131) las ideas aristotélicas que son objeto de
              discusión en el texto de la <emph>Expostulatio</emph> en relación con diversas obras
              de Lope (<emph>Arcadia, La hermosura de Angélica, La Dragontea, Jerusalén
                conquistada</emph>).</note>. Los hitos de esta discusión se hallan en dos textos ya
            mencionados. El primero, hoy perdido, lleva el gráfico título de <emph>Spongia</emph>:
            criticaba diversas obras de Lope y fue publicado por Pedro de Torres Rámila en 1617; el
            segundo, la <emph>Expostulatio Spongiae</emph>, es la respuesta que varios amigos del
            Fénix editaron pocos meses después<note place="bottom">Dos hipótesis principales se han
              propuesto para la autoría de este texto en sus secciones fundamentales: para J.
              González-Barrera, 2011, pp. 86-108, el candidato principal sería José Antonio González
              de Salas; para P. Conde y X. Tubau, 2015, pp. 55-95, Juan de Fonseca y Figueroa,
              canónigo de la catedral de Sevilla.</note>. La participación de Manuel Ponce en la
              <emph>Spongia</emph> se vincula a la del mencionado Torres Rámila, a quien, como hemos
            dicho, le unían una buena relación y comunes puntos de vista literarios.</p>
          <p>Esta polémica permite perfilar algunos de los enfrentamientos que poblaron el complejo
            panorama de las letras españolas del XVII. En la <emph>Expostulatio spongiae</emph> se
            habría incluido una epístola a nombre de Torres Rámila donde se criticaban las notas que
            González de Salas hizo a su edición del <emph>Satiricón</emph> de Petronio, y también su
            discurso sobre el uso de los cálculos en la antigüedad (<emph>De antiquorum calculis
              diatriba</emph>), obra hoy perdida a la que González de Salas se refiere en sus
            comentarios a la obra de Petronio<note place="bottom">Ver Conde y Tubau, 2015, pp. 23,
              228 n. 56; González-Barrera, 2011, 173 y 348-349, n. 204, y Sánchez Laílla, 2003, p.
              34. Aunque también fue una obra polémica, esa disertación sobre el uso de los cálculos
              no parece ser la<emph> Dissertacion de la tierra descubierta i cubierta de las
                aguas</emph>, texto donde González de Salas intentaba demostrar que la tierra
              surgida tras el diluvio universal era diferente a la que se había separado el tercer
              día de la creación. Esta <emph>Dissertacion</emph> geográfica de González de Salas se
              incluía en la «Noticia segunda» de su traducción de la obra de Pomponio Mela:
                <emph>Compendio geographico, i historico de el orbe antiguo. I descripcion de el
                sitio de la tierra</emph> (Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1644). La traducción de
              Pomponio Mela estaba precedida por tres preliminares de González de Salas, denominados
              «Noticias»: en la primera explicaba los motivos que le movieron a traducir a Pomponio
              Mela; en la segunda –donde se incluye la <emph>Dissertacion</emph> que nos ocupa–, la
              importancia, origen y progresos de la geografía antigua; en la tercera, diversas
              circunstancias vitales y de la obra de Pomponio Mela. Más informaciones sobre esta
              traducción y comento de Salas ofrece López Rueda, 1975, pp. 56-60, 1994, y 2003, pp.
              138-182. Entrambasaguas, 1967, I, pp. 333-338, afirmó que el texto donde González de
              Salas abordaba el uso antiguo de los cálculos se contenía en la <emph>Dissertacion de
                la tierra descubierta i cubierta de las aguas</emph>; ver también Sánchez Laílla,
              2003, I, pp. 22-26; Osuna Cabezas, 2008, p 120; Tubau, 2008, pp. 28-29. </note>. Según
            indica esa epístola incluida en la <emph>Expostulatio</emph>, Manuel Ponce también había
            criticado dicho discurso de González de Salas<note place="bottom">El texto de dicha
              epístola contenida en la <emph>Expostulatio</emph> puede leerse en Conde y Tubau,
              2015, pp. 228-234 y 392-395); González-Barrera, 2011, pp. 172-180. </note>.</p>
          <p>Otra figura que aparecería en las censuras de la <emph>Spongia</emph> es la del jesuita
            Juan Luis de la Cerda. Al hablar del comentario de Manuel Ponce a la cuarta
              <emph>Geórgica</emph> de Virgilio, fechado en 1622, ya he mencionado que su refutación
            de la hipótesis interpretativa que de ese lugar hacía Juan Luis de la Cerda encaja en
            las menciones negativas que sobre su figura de comentarista de Virgilio se hacían en la
              <emph>Spongia</emph>. Las diversas polémicas literarias van tejiendo así una red de
            complejos enfrentamientos eruditos y personales entre los estudiosos que participaron en
            ellas.</p>
          <p>En ese contexto, la <emph>Silva a las Soledades</emph> y la epístola al conde de
            Villamediana sitúan a Manuel Ponce como defensor de Góngora y el estilo culto, dentro de
            la polémica que protagonizó el panorama literario de las primeras décadas del XVII.
            Almansa y Mendoza, el Abad de Rute y Martín de Angulo y Pulgar lo habían citado ya entre
            los defensores del poeta cordobés<note place="bottom">El Abad de Rute lo mencionó en su
                <emph>Examen del Antídoto</emph>, de 1617 (ed. Artigas, p. 419, ed. M. Mancinelli,
              2019, p. 183, n. 331); Angulo y Pulgar en sus <emph>Epístolas satisfactorias</emph>,
              editadas en 1635 (epístola nº 7, fol. 54r, p. 365 en la ed. Daza, 2019); Almansa lo
              hizo en sus <emph>Advertencias</emph> (ed. López Bueno, 2018, p. 116), donde critica a
              quienes censuran la poesía de Góngora sin tener conocimientos para ello y señala los
              escasos ingenios que podrían acometer esta tarea; entre ellos, Manuel Ponce. Dámaso
              Alonso, 1982, p. 505, ya había indicado estas referencias. Ver las observaciones de
              López Bueno, 2018, pp. 80-88, sobre estas listas de expertos en la poesía de Góngora.
              Sobre la participación de Ponce en estas polémicas, ver también Roses Lozano, 1994,
              pp. 20-22; para las listas de defensores de Góngora, Osuna Cabezas, 2014.</note>.</p>
          <p>La <emph>Silva</emph> fue dada a conocer por Dámaso Alonso, quien, informado por José
            Antonio Muñoz Rojas, consultó el manuscrito de la biblioteca de don Francisco Fernández
            de Navarrete, marqués de Legarda, en Ávalos (Logroño). En un trabajo fundamental de
            1978, Dámaso Alonso estudiaba sus características generales y extractaba algunos
            pasajes. Los argumentos que maneja Ponce en este texto no difieren de los observados en
            otros defensores en la polémica. Así, se abre con un prólogo en el que defiende la
            oscuridad de las <emph>Soledades</emph> de las censuras que se vertían por la extrema
            dificultad de sus tropos, el exceso en la complejidad del hipérbaton y demás figuras
              <emph>per ordinem</emph>, la frecuencia de voces peregrinas y la falta de decoro entre
            estilo y género. El comentario del poema aclara las que Ponce supone dificultades en la
            interpretación de versos, con especial atención a las alusiones mitológicas e
            históricas. Al comentario le sigue un discurso que, como veremos más adelante, defiende
            la oscuridad del poema de Góngora como rasgo esencial de la poesía. No sabemos por qué
            Ponce se decidió a intervenir en la polémica. No consta que tuviese una relación de
            amistad con Góngora, a quien no menciona por su nombre en el comentario, sino como «el
            autor» o «nuestro autor»<note place="bottom">Lo advirtió ya Osuna Cabezas, 2008, pp.
              116-117, quien también apunta que tal vez hubiera conocido a Góngora en uno de los
              viajes que el poeta hizo a Madrid, y supone que el texto de las<emph> Soledades</emph>
              le habría llegado a Ponce a través de Almansa y Mendoza, dadas las semejanzas que se
              encuentran entre las <emph>Advertencias</emph> de Almansa y el comento de Manuel
              Ponce. No obstante, y como se verá posteriormente, la versión de la <emph>Soledad
                primera</emph> que se copia al comienzo del manuscrito y que anota Manuel Ponce es
              posterior a la manejada por Almansa. </note>. Pero desde el punto de vista de las
            ideas literarias, su actitud casa con la defensa del <emph>Faetón</emph> de
            Villamediana, y también con su participación en la <emph>Spongia</emph> en el bando
            opuesto a Lope de Vega.</p>
          <p>Relacionada con la polémica gongorina está también la epístola a Villamediana, texto
            que se centra sobre todo en el neologismo o, como se denominaba en su época, los
              <emph>verba peregrina</emph>. Frente a las censuras que achacaban a este uso el
            atentar contra la <emph>proprietas</emph>, Ponce argumenta en su defensa apoyándose en
            autores latinos y romances que emplearon dichos vocablos (incluso el «claro» Lope de
            Vega), y señalando que es un fenómeno común a todas las lenguas. Además, niega que se
            trate de una vana ostentación erudita, y defiende la necesidad artística de dichas voces
            «para significar mejor o con más decencia sus conceptos»<note place="bottom">Ver Rozas y
              Quilis, 1961, pp. 416 y 421.</note>.</p>
          <p>En definitiva, fue Ponce un estudioso muy activo en el rico y polémico panorama
            literario de su tiempo. En su <emph>Apología en defensa de Virgilio</emph> se atrevió a
            contradecir a uno de los más famosos comentaristas del poeta mantuano, el jesuita Juan
            Luis de la Cerda, en un intento que mostraba su propósito de medirse con los mejores. Se
            alineó con Torres Rámila y su grupo en favor de una preceptiva aristotélica que encajaba
            con su perfil de académico, y que se enfrentó a las innovaciones literarias de Lope. Y
            defendió tempranamente a Góngora abanderando, como veremos posteriormente, la dificultad
            y la oscuridad como señas de identidad del poeta.</p>
          <p>Ponce no alcanzó la fama erudita de Juan Luis de la Cerda, ni aspiró a la literaria de
            Lope de Vega o Luis de Góngora. Fue uno de los que Antonio Paz y Mélia (1925, p. XIV)
            calificó de «críticos al microscopio», al referirse, precisamente, a Torres Rámila y sus
            censuras a Lope. Sin embargo, Ponce sí debió de gozar de alguna consideración en el
            terreno de la erudición y el estudio, donde la competencia fue máxima en el siglo XVII.
            Quevedo, tan dado a la invectiva –y que, curiosamente, también prometió hacer una obra
            para rebatir algunas interpretaciones de Juan Luis de la Cerda–, no fustigó su figura
            cuando citó en <emph>La Perinola</emph> las obras de Ponce que Juan Pérez de Montalbán
            había olvidado señalar en su <emph>Catálogo de los ingenios de Madrid</emph><note
              place="bottom">Ver el texto de La Perinola (p. 378) citado en páginas anteriores.
              Acaso la buena relación de Quevedo con Mártir Rizo (Jauralde, 1998, pp. 499, 554-562)
              pudo haber influido. Cuando se refiere a la polémica suscitada por la
                <emph>Spongia</emph> desde la óptica de un Quevedo llegado no hace mucho de Italia,
              Jauralde, 1998, p. 393, apunta que su nombre se unió a los elogios del Fénix
              recopilados en la <emph>Expostulatio</emph>, pero señala de manera muy certera que:
              «Enfrente, sin embargo, otro de sus futuros defensores [de Quevedo], Pablo Mártir
              Rizo. Los barullos y contiendas literarias proporcionan constantes cambios en el mapa
              de la "intelectualidad" de la época».</note>. Quienes lo mencionaron como defensor de
            Góngora ponderan su erudición, ese preciado tesoro que sirvió de norte a tantos hombres
            de letras del siglo XVII. En el lado de los antagonistas, Lope de Vega mostró las
            típicas contradicciones que se encuentran en las valoraciones asociadas a estas
            disputas: si en una de las sátiras a él atribuidas censura abiertamente a Ponce («Déjate
            de morlacos o morlanos, / Figueroas, didáscalos y Ponces, / puesto que finges defensores
            vanos»), en «El jardín de Lope de Vega» alabó su afán por el estudio, bien por amistad
            aun siendo Ponce amigo de Torres Rámila, bien por respeto o conveniencia<note
              place="bottom"><space/>(«A Gil González de Ávila en un bronce / puso la historia
              humana y la divina, / y el estudio inmortal a Manuel Ponce»). Lo señaló ya
              Entrambasaguas, 1967, I, p. 337, en nota.</note>. Prueba de estas complejas y
            cambiantes relaciones, no exentas de la tópica del protocolo, es que «El jardín de Lope
            de Vega» se incluye en <emph>La Filomena</emph> (1621), obra donde también se recoge una
            contienda entre un tordo y el ruiseñor Filomena, tras los que se esconden Torres Rámila
            y el propio Lope<note place="bottom"><space/>González-Barrera, 2012, pp. 158-159, apunta
              que también podría haber una alusión a Manuel Ponce en esta fábula, cuando el tordo se
              presenta a la contienda acompañado de dos pájaros como padrinos: la Abubilla y el ave
              infelicísima de Castilla. En el «Sueño Jocoso» incluido en la
                <emph>Expostulatio</emph>, Columbario se mofa de la música de Ruitano (Torres
              Rámila), quien va acompañado de dos amigos, Filócalo (Ponce) y Curio (Mártir
              Rizo).</note>. Debe tenerse en cuenta, además, que en estas polémicas en ocasiones
            cruzan sus dardos escritores y estudiosos, creadores frente a críticos, y que los
            intereses y afanes de unos y otros entran a menudo en conflicto por la distinta índole
            de su enfoque. La polémica literaria, especialmente si se centraba en una obra o autor
            conocido –Lope, Góngora, el Virgilio de Juan Luis de la Cerda–, era un medio para que
            estos intelectuales mostrasen la excelencia de sus saberes y ganasen fama en ese otro
            Parnaso de segundo rango. Precisar los detalles de ese entramado de relaciones exige una
            investigación histórica en archivos y documentos de la que aquí solo puede subrayarse su
            necesidad.</p>
        </div>
        <div subtype="level2">
          <head>2. Título</head>
          <p>Habitualmente la crítica nombra el comentario de Ponce como <emph>Silva a las
              Soledades</emph>, o se refiere a él de forma abreviada como la <emph>Silva</emph> de
            Manuel Ponce. <emph>Silva a las Soledades</emph> es, en efecto, la expresión que
            encabeza la portada del manuscrito, cuya transcripción es la siguiente (ver la imagen
            1):</p>
          <quote>[f. 1r Portada] SYLVA / a las SOLEDADES / de Don Luis de Góngora / Con anotaciones
            y declaracion / POR / Manuel Ponce / y un discurso en defensa de la Novedad / y terminos
            de su estilo. / NOVIEMBRE / de 1613. </quote>
          <p>El sentido de la expresión «Sylva a las Soledades de Don Luis de Góngora» puede
            entenderse de dos formas:</p>
          <list>
            <item rend="justify">- interpretando <emph>silva</emph> como 'escrito que reúne varios
              materiales concernientes a las <emph>Soledades</emph>'; la frase haría referencia
              entonces al conjunto del trabajo de Ponce.</item>
            <item rend="justify">- interpretando que <emph>Silva a las Soledades</emph> es la manera
              con la que Ponce se refiere al poema de Góngora. Esta lectura encuentra apoyo en el
              conjunto de la portada, donde se reflejan perfectamente y por su orden las secciones
              principales del manuscrito, que se inicia con el texto de la <emph>Soledad
                primera</emph>, al que siguen la anotación y explicación de sus versos, y un
              discurso en defensa de la oscuridad en el estilo de los poetas. Esta práctica de los
              títulos detallados es habitual en Ponce, como muestra también su <emph>Apología en
                defensa de Virgilio</emph><note place="bottom"><emph>Apología en defensa de Virgilio
                  sobre un lugar de la quarta Geórgica</emph>, por Manuel Ponze, dirigida al Maestro
                Pedro de Torres Rámilla, collegial en el insigne theólogo de Alcalá,
              MDCXXII.</note>. Además, en varias ocasiones a lo largo de su comentario (fols. 2r,
              2v, 39v, 64r, 81v, 86r, 109r), Ponce se refiere al poema de Góngora como
                <emph>silva</emph><note place="bottom">En alguna ocasión (fols. 45r, 46v, 71r) lo
                divide en estancias. Para la relación entre canción y silva, ver A. Egido, 1989, p.
                37, donde menciona este lugar de Ponce. Con carácter general, ver el volumen
                dirigido por López Bueno, 1991.</note>. Ya Dámaso Alonso pareció haber entendido de
              esta forma la expresión, pues uno de los epígrafes del artículo donde daba noticia del
              escrito se titula «La "Silva a las Soledades" anotada y comentada» y, poco después,
              señala explícitamente que la expresión <emph>silva</emph> hace referencia a la
                <emph>Soledad primera</emph><note place="bottom">Dámaso Alonso, 1982, pp. 506- 507.
                Ver las precisas observaciones de López Bueno, 2018, pp. 71-74, sobre el término
                  <emph>silva</emph> en el contexto de la polémica. En la actualidad, José Manuel
                Rico García estudia diversas vertientes de esta cuestión.</note>.</item>
          </list>
          <p>En consecuencia, aunque creo que resulta apropiado seguir nombrando el conjunto del
            comentario según la tradición de estudios previos, pienso también que debe subrayarse
            que esta lectura alude al título del poema de Góngora, pues a él se refiere Ponce con el
            marbete <emph>Silva a las Soledades</emph><note place="bottom">Como se indica en la
              descripción que se hace en las páginas siguientes, el texto de la <emph>Soledad
                primera</emph> que se copia en el manuscrito lleva el epígrafe «Soledades» (fol.
              5r).</note>. Creo asimismo que puede utilizarse la denominación <emph>Discurso</emph>
            en defensa de la oscuridad –y su mención abreviada, <emph>Discurso</emph>– para hacer
            referencia concreta a la sección donde Ponce desarrolla de forma más articulada sus
            ideas teóricas sobre el estilo en poesía, sección que se diferencia claramente en la
            configuración del manuscrito y en la intención del comentarista<note place="bottom"
              >Dámaso Alonso, 1982, pp. 515-516, ya hizo referencia a dicha sección de esta
              forma.</note>. Así se hará a lo largo de estas páginas.</p>
        </div>
        <div subtype="level2">
          <head>3. Cronología</head>
          <p>La portada, donde se lee «noviembre de 1613», nos lleva también al delicado asunto de
            la fecha de redacción del trabajo de Ponce. La crítica ha señalado la aparente
            contradicción entre esa temprana fecha y el hecho de que la versión de la <emph>Soledad
              primera</emph> que se copia entre los folios 4r y 33v esté cercana a la definitiva, y
            con que al final del códice (fols. 113r-120v) se incluya el texto de la S<emph>oledad
              segunda</emph> desde el verso 677 al verso 936<note place="bottom">Por señalar dos
              posturas al respecto, Joaquín Roses, 1994, pp. 20-22, acepta la fecha de 1613 y cree
              que para entonces la versión casi definitiva de la <emph>Soledad primera</emph> ya
              estaría bastante difundida. Robert Jammes, 1994, pp. 616-618, no descarta que la fecha
              de la portada sea la del comienzo del trabajo de Ponce que, como ya indicara Dámaso
              Alonso, 1982, p. 524, se habría continuado posteriormente; sin embargo, también señala
              que el nombre de Ponce estaba ya en las <emph>Advertencias</emph> de Almansa, por lo
              que concluye que «se puede por consiguiente admitir que, de momento, es el primer
              comentario conocido». Aurora Egido, 1989, p. 37, ha subrayado la importancia de la
              temprana fecha de esta defensa gongorina en el panorama de la silva en el Barroco. Ver
              también las precisiones cronológicas de Iglesias Feijoo, 1983, p. 185.</note>.</p>
          <p>En primer lugar, debe tenerse en cuenta que Manuel Ponce tiende a fechar con precisión
            sus escritos<note place="bottom">Estos son algunos casos: Sylva a las Soledades de don
              Luis de Góngora. Con anotaciones y declaración por Manuel Ponce, y un discurso en
              defensa de la novedad y términos de su estilo. Noviembre de 1613; Oración fúnebre a la
              muerte de don Rodrigo Calderón, que fue degollado en la Plaza Mayor de Madrid, Jueves
              21 de Octubre de 1621; Relación de las fiestas que se han hecho en esta Corte a la
              canonización de cinco santos: copiada de una carta que escribió Manuel Ponce en 28 de
              Junio, 1622…; Apología en defensa de Virgilio sobre un lugar de la quarta Geórgica,
              por Manuel Ponze, dirigida al Maestro Pedro de Torres Rámilla, collegial en el insigne
              theólogo de Alcalá, MDCXXII.</note>. En este sentido, la portada se refiere a las dos
            grandes secciones que constituyen el trabajo de Ponce: la anotación del poema y el
              <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad. En consecuencia, cabe pensar que en
            esa fecha Ponce tenía, al menos, una idea precisa de lo que sería el conjunto de su
              trabajo<note place="bottom">Lo señalan también Azaustre, 2015, pp. 74-75; Daza, 2015,
              p. 26.</note>.</p>
          <p>El examen del códice permite añadir otras consideraciones<note place="bottom">Agradezco
              a Ana Suárez González, paleógrafa de la Universidad de Santiago de Compostela, su
              experto asesoramiento en estas cuestiones paleográficas y codicológicas. Ofrecer más
              precisiones sobre estos aspectos exigiría un completo análisis codicológico del
              volumen, y un exhaustivo examen de las fases de redacción de la <emph>Soledad
                primera</emph> y la <emph>Soledad segunda</emph>, cotejándolas con los textos que de
              ambas ofrece el manuscrito de Ponce. </note>. La configuración del manuscrito y sus
            grafías apuntan a una tarea elaborada en varias fases, algo que ya habían señalado
            Dámaso Alonso (1982, p. 524) y Robert Jammes (1994, pp. 616-618). En cuanto a la letra,
            hay que diferenciar tres manos. Una sería la que copia el texto de la<emph> Soledad
              primera</emph> (ver la imagen 2)<note place="bottom">Los números que acompañan al
              texto de la <emph>Soledad primera</emph>, y que se corresponden con las notas de
              Ponce, fueron escritos por el propio Ponce. También los números de la foliación
              original de algunas partes del manuscrito que se indican más adelante.</note>; otra
            sería la de Ponce, que copia la anotación al poema, el <emph>Discurso</emph> en defensa
            de la oscuridad, los versos de la <emph>Soledad segunda</emph> y los textos situados en
            apéndice al final del códice (imágenes 3 y 4). Además, el cambio entre una y otra mano,
            entre el final de la <emph>Soledad primera</emph> y el comienzo de la anotación (fols.
            33v y 34r), parece coincidir con un cambio de cuaderno (imagen 5). La firma de Ponce,
            que aparece en los fols. 40r, 83r y 86v, coincide con la segunda grafía señalada
            (imágenes 6 y 7)<note place="bottom">Entiendo que se trata de la letra de Ponce por esta
              coincidencia con la de las firmas, y también con la letra de algunas anotaciones donde
              Ponce respondió a un estudioso que revisó su trabajo y escribió al margen algunas
              correcciones y observaciones.</note>. La tercera mano, claramente diferenciada,
            pertenece a un estudioso que examinó el trabajo y anotó algunas enmiendas a los versos
            de la<emph> Soledad primera</emph> incorporando variantes de la versión definitiva;
            también incorporó observaciones a las notas de Ponce, a las que este responde en algún
            caso, lo que indica que el texto volvió a sus manos tras esa revisión (imagen 8)<note
              place="bottom">Actualmente estoy cotejando la mano de ese corrector con autógrafos de
              diversos comentaristas de Góngora en espera de hallar coincidencias en la grafía. Hay,
              además, una anotación de otra mano diferente a las tres señaladas. Esta anotación
              aparece en el fol. 33v (imagen 5) y recoge uno de los <emph>Avisos de amigo</emph> del
              barcelonés Joaquín Setantí (c. 1540-1617), considerado representante del tacitismo y
              el aforismo sentencioso: «Auiso VI Joachin Setantí. / No seas inuentor de cosas
              nuebas, / ni las antiguas aprouadas mudes». La letra de esta anotación podría ser
              incluso del XVIII. Más detalles sobre Setantí ofrece Emilio Blanco, 2006.</note>.</p>
          <p>A la elaboración del trabajo en fases apuntan también los restos de una foliación
            originaria del manuscrito, que numera del folio 1 al 50 la anotación al poema, y del 1
            al 22 el texto del <emph>Discurso</emph> sobre su estilo, partes ambas escritas por
            Manuel Ponce (imágenes 6 y 7). A ello debe añadirse que, al final de la dedicatoria al
            conde de Salinas que precede a la anotación (fol. 39v), Ponce le promete otro discurso
            donde responderá a las objeciones contra el estilo de la <emph>Soledad primera</emph>.
            La promesa de ese otro discurso indica, en efecto, que estas dos partes del trabajo de
            Ponce –anotación del poema y <emph>Discurso</emph> en defensa de su estilo– fueron
            elaboradas en diferentes momentos. En el mismo sentido cabe interpretar que, en la
            dedicatoria que precede al <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad, Ponce
            afirma haber cumplido esa promesa, e indica que las críticas al poema de Góngora han
            crecido desde el momento en el que había llevado a cabo la anotación.</p>
          <p>El final de esa tarea no podría ir más allá de 1616, pues las dedicatorias al conde de
            Salinas que preceden a la anotación y el <emph>Discurso</emph> se refieren a él como
            «presidente del Consejo Supremo de Portugal», cargo que desempeñó entre 1605 y 1616,
            para pasar a ser Virrey desde 1617 a 1621<note place="bottom">El conde de Salinas ocupó
              interinamente la presidencia del Consejo de Portugal en 1605 durante la enfermedad de
              don Juan de Borja, conde de Ficalho, y definitivamente desde su muerte en septiembre
              de 1606. Fue presidente del Consejo de Portugal de 1605 a 1616, y Virrey del reino de
              Portugal desde marzo de 1617 a 1621. Aunque no ocupó efectivamente el cargo de virrey
              hasta la primavera de 1617, ya en la segunda mitad de 1615 y durante 1616 se hablaba
              del nombramiento como algo seguro; Trevor Dadson, 2011, pp. 97-112, detalla diversos
              pormenores de este complejo proceso. Más datos en Gaillard, 1983; Dadson, 1986, pp.
              6-7; 2008, p. 86; 2011, pp. 79-116, 138, y 2014.</note>. También debe señalarse que
            Ponce no menciona el título de marqués de Alenquer que Felipe III concedió a Diego de
            Silva y Mendoza en octubre de 1616. Como indica Trevor Dadson, a partir de esa concesión
            Diego de Silva y Mendoza dejó de firmar con el título de conde de Salinas, que fue usado
            por su hijo desde entonces<note place="bottom">Dadson, 2015, 25, n. 2.</note>. Ese
            término de 1616, aunque prudente, podría resultar incluso algo exagerado en relación con
            las tempranas menciones a Ponce entre los conocedores de los poemas de Góngora. Por
            desgracia, la correspondencia y memoriales del conde de Salinas, recientemente
            estudiados y editados por Trevor Dadson, no arrojan noticias sobre Ponce<note
              place="bottom">Dadson, 2015. Trevor Dadson preparaba un estudio y edición de las
              cartas de su periodo como virrey de Portugal: La correspondencia política de un
              virrey. Cartas enviadas desde Lisboa (1617-1622) por Diego de Silva y Mendoza, marqués
              de Alenquer; ver Dadson, 2015, pp. 27-28, n. 12. El estudio y edición, revisados por
              Antonio Carreira, saldrán en breve en la editorial portuguesa CIDEHUS. Los posibles
              hallazgos en ese corpus serían de vital importancia para esta cuestión, aunque, con su
              acostumbrada generosidad, Antonio Carreira me comunica que no ha encontrado menciones
              a Ponce en esa correspondencia.</note>.</p>
          <p>A todo lo anterior hay que añadir algo obvio: Manuel Ponce no podría haber comenzado su
            comentario sin tener el texto de la <emph>Soledad primera</emph>. Si este es el primer
            requisito, ese texto estaría disponible ya en noviembre de 1613<note place="bottom">Lo
              advirtió ya Dámaso Alonso, 1982, p. 521.</note>. El verso 6 («en dehesas azules pace
            estrellas») muestra que la versión recogida en la copia de Ponce es posterior a la
            primitiva que manejó Almansa y Mendoza («zafiros pisa, si no pace estrellas») en sus
              <emph>Advertencias</emph>, escritas en la segunda mitad de 1613 o en 1614<note
              place="bottom">Segunda mitad de 1613 para Robert Jammes, 1994, pp. 196-198 y 609-611 y
              Joaquín Roses, 1994, pp. 19-20; en 1614 para Begoña López Bueno, 2012a, pp. 5 y 18-25
              y 2018, p. 55. Ver el examen que López Bueno, 2018, pp. 44-48, hace de la relación
              entre ambos textos.</note>. Se trata de una versión intermedia que manejaron
            comentaristas como Jáuregui en su <emph>Antídoto</emph><note place="bottom">Según señala
              Rico García, 2002, p. XXII. Ya Dámaso Alonso, 1936, pp. 340-344, consideraba que estas
              versiones intermedias no estarían muy alejadas de la definitiva. Daria Castaldo, 2016,
              apdo. 3, señala que el autor de la<emph> Carta de un amigo de don Luis de Góngora en
                que da su parecer acerca de las Soledades...</emph> también podría haber manejado
              una versión intermedia de la <emph>Soledad primera</emph>.</note> (1614-1615), pues la
            voz <emph>dehesas</emph> aparecía en una de las listas de términos censurados por
              Jáuregui<note place="bottom">Rico García, 2002, p. 53.</note>. Esa versión del poema,
            posterior a la manejada por Almansa, estaría finalizada en noviembre de 1613<note
              place="bottom">Además, en ese verso 6, el revisor del trabajo de Ponce añadió una
              enmienda en el margen izquierdo que recogía el texto de la versión definitiva («en
              campos de zafiro pace estrellas»). Ello afectó también al v. 711, donde el revisor
              incorporó también el texto de la versión definitiva, que, para no repetir la
              expresión, pasó de «oro mordiendo, campos de zafiro» a «mordiendo oro el eclíptico
              zafiro». No parece que esas enmiendas del revisor puedan ser muy posteriores a la
              finalización de la tarea de Ponce que, como fecha más tardía, sería 1616 a la luz de
              las dedicatorias al conde de Salinas. En otros versos donde Almansa recoge la lectura
              primitiva, el texto de Ponce coincide con la versión final: así sucede en los vv. 75,
              100, 375, 416 y 473. En el verso 206, la versión de Ponce también coincide con la
              definitiva, y no recoge los vv. 206de, que Almansa comenta: «de islas que paréntesis
              frondosos / al período son de su corriente». Tampoco recoge los vv. 290af: «treinta
              robustos montaraces dueños / en la tierna hijuela temer vieras / ya en la vaca, no en
              las empulgueras / del arco de Diana / damería serrana». Más precisiones sobre el texto
              que maneja Ponce en las correspondientes notas a pie de página.</note>.</p>
          <p>Por lo tanto, sabemos con seguridad que Manuel Ponce concibió una labor de anotación de
            la <emph>Soledad primera</emph> y la elaboración de un <emph>Discurso</emph> en defensa
            de su estilo ya en noviembre de 1613; disponía entonces de una versión del poema
            posterior a la primitiva y cercana a la final, y sobre ella su trabajo debió de conocer
            al menos dos grandes fases: la anotación y la posterior elaboración del discurso. Así lo
            muestran la promesa de este discurso en la dedicatoria que precede a la anotación, y la
            inicial foliación independiente de ambas secciones. También el hecho de que todas las
            secciones del volumen comiencen en el recto de un folio y, en algún caso, dejando
            incluso el vuelto del anterior en blanco<note place="bottom">Un más detenido examen del
              volumen, que espero poder realizar en el futuro, permitirá confirmar si se produce
              también un cambio de cuaderno, algo que parece advertirse ya en algunos casos con el
              simple examen de las imágenes.</note>. Con seguridad puede afirmarse también que esa
            tarea –anotación y <emph>Discurso</emph>– habría sido concluida, como más tarde, en
            1616, cuando el conde de Salinas dejó de ser presidente del Consejo Supremo de Portugal,
            aunque cabe pensar que pudiese haber finalizado antes de esa fecha a la luz del devenir
            de la polémica gongorina.</p>
          <p>Dentro de estos márgenes, pueden proponerse algunas hipótesis para tratar de delimitar
            con mayor precisión la cronología de algunas secciones del comentario.</p>
          <p>Es muy posible que al menos la anotación del poema haya que llevarla a fechas no
            demasiado alejadas de la de la portada. En este sentido, ya en 1978 Dámaso Alonso,
            aunque con reservas y de manera prudente, parecía inclinarse por una fecha temprana al
            calificar a Ponce como primer comentarista de Góngora: «Por lo que conocemos hasta
            ahora, el primer comentarista de las <emph>Soledades</emph> fue Manuel Ponce. No
            debemos, sin embargo, darlo como cosa del todo segura. Es posible que Noviembre de 1613
            fuera la fecha de comienzo de su trabajo y que éste durara quizá varios meses»<note
              place="bottom">Dámaso Alonso, 1982, p. 18.</note>.</p>
          <p>Recientemente, José Manuel Rico García ha propuesto en su introducción al texto anónimo
              <emph>Contra el Antídoto de Jáuregui y en favor de don Luis de Góngora</emph><note
              place="bottom">Rico García, 2016.</note>, que esa fecha de noviembre de 1613 podría
            referirse al final de la anotación del poema. Advierte José Manuel Rico que, al final de
            la dedicatoria «A los que no entienden esta silva», Ponce habla ya de su labor de
            anotador como concluida. En efecto, Ponce afirma: «he hecho las notas de ella,
            declarando las figuras retóricas y términos poéticos, construyendo lo que esta
            latinizado, señalando las imitaciones importantes y refiriendo las fábulas o historias
            que toca en los lugares necesarios, para que, desta suerte, quede manifiesta y clara su
            inteligencia a todos»<note place="bottom">Además de esta declaración de Ponce, el hecho
              de que esta dedicatoria hubiese sido redactada con posterioridad a la anotación del
              poema se confirma porque no lleva restos de la foliación antigua que sí numera las
              notas a la <emph>Soledad primera</emph> y la dedicatoria al conde de Salinas que las
              precede (fols. 2 a 50 en la numeración antigua, 35 a 83 en la moderna). El fol. 34 en
              la numeración moderna, donde comienza la dedicatoria al conde de Salinas, no conserva
              restos de la numeración original, bien por considerarse portada de esta dedicatoria,
              bien por haberse perdido la parte del folio que habría contenido el número al cortar
              los bordes para la encuadernación del volumen.</note>. Esta dedicatoria se sitúa entre
            los folios 2r y 3r, inmediatamente después de la portada y antes del texto del poema,
            que se supone Ponce tenía en noviembre de 1613.</p>
          <p>Posterior a la anotación fue la redacción del folio 84r. Tras concluir las notas al
            poema, Manuel Ponce añade una serie de autoridades que hablaron sobre el Nilo y que no
            pudo incluir en su extensa nota 101 referida a ese río, cuya dimensión se explica por
            ser un tema que le ocupó en su comentario a Virgilio. Cabe pensar que esas autoridades
            no las conocía o no las había manejado en el momento de redactarla. De hecho, el folio
            no lleva resto de la numeración antigua que sí aparece en los de la anotación. Una de
            esas autoridades allí incluidas arroja un dato cronológico interesante:</p>
          <quote>Michael maiero, en su Arcana Arcanissima. hoc est. Hieroglyphica <hi rend="u"
              >Aegiptio-graeca</hi>. Al principio del L. 1. </quote>
          <p>El autor de la obra es el médico y alquimista Michael Maier (1568-1622). Ponce se
            refiere a una de sus primeras obras destacadas: <emph>Arcana arcanissima, hoc est,
              Hieroglyphica AEgyptio-Graeca...</emph><note place="bottom">Su título completo se
              recoge en la bibliografía.</note>. Si las primeras ediciones de esta obra fueron de
            1614 (Oppenheim y Londres, Thomas Creede), Ponce debió de redactar ese folio añadido a
            la anotación no antes de ese año. No obstante, el dato no es seguro, pues algunos
            catálogos bibliográficos dan 1613 como posible fecha de la primera edición.</p>
          <p>Posteriores a la anotación son también las observaciones del ya mencionado revisor que
            corrige algunos versos de la <emph>Soledad primera</emph> con la lectura definitiva y
            enmienda notas de Ponce, así como las réplicas de Ponce a algunas de sus
            observaciones.</p>
          <p>Probablemente el final de esta tarea escalonada venga dado por el pasaje de la
              <emph>Soledad segunda</emph> que se copia en los últimos folios, y que abarca desde el
            verso 677 («Las Horas ya, de números vestidas») hasta el verso 936 («heredado en el
            último graznido»). Este pasaje intenta reproducir de manera no fragmentada el episodio
            de la caza de cetrería<note place="bottom">Algo que sucedía en la edición de Vicuña, que
              recoge el texto hasta el v. 840 («al viento esquivarán cuchillo vago»). Ver Jammes,
              1994, p. 19. Para las fases de redacción de la <emph>Soledad segunda</emph> pueden
              verse, entre otros, Dámaso Alonso, 1936, pp. 316-323; Jammes, 1994, pp. 17-21; Rojas,
              2015, pp. 65-81.</note>, tal y como indica ya su título en el folio 113r: «<hi
              rend="u">Segunda Soledad</hi> / <hi rend="u">El periodo de la caza»</hi>. Este texto
            fue copiado por Manuel Ponce y no por quien copió los versos de la <emph>Soledad
              primera</emph> en la parte inicial del manuscrito. Además, el texto comienza –como
            sucede en las diversas secciones del manuscrito– en el recto de un folio, y parece que
            inicia también un cuaderno, rasgos todos ellos que confirman las sucesivas fases de
            elaboración de los materiales que configuran el códice<note place="bottom">Osuna
              Cabezas, 2008, pp. 114-115, propuso como hipótesis que el comentario comenzó a
              escribirse en noviembre de 1613 y, una vez concluido, se le añadieron tiempo después
              los versos de la <emph>Soledad segunda</emph>.</note>. En cuanto a la fecha de esta
            parte que recoge los versos de la <emph>Soledad segunda</emph>, el trabajo donde
            Mercedes Blanco muestra las semejanzas entre este episodio de la <emph>Soledad
              segunda</emph> y un pasaje del sermón de Paravicino para las fiestas de Lerma, en
            octubre de 1617, indica que esta parte de la <emph>Soledad segunda</emph> estaba ya
            compuesta en esa fecha<note place="bottom">Ver Blanco, 2012, pp. 58-62. Este dato
              precisa la anterior hipótesis de Jammes, 1994, p. 19, según la cual esa versión del
              poema sería algo posterior a 1617, pues, como se ha dicho arriba, la edición de
              Vicuña, que se supone conocía la parte del poema redactada hasta 1617, finaliza en el
              verso 840 («al viento esgrimirán cuchillo vago»).</note>.</p>
          <p>Resta por valorar el dato fundamental que ofrece la portada, donde se refleja la fecha
            de noviembre de 1613. Dependiendo del momento en el que hubiese sido elaborada, podría
            afinarse más o menos el periodo de redacción de algunas secciones del comentario. Señalo
            tres posibles interpretaciones:</p>
          <list type="ol" rend="1">
            <item rend="justify">La portada fue escrita al haber terminado todo el trabajo que se
              copia en el códice, pero con la fecha de su inicio.</item>
            <item rend="justify">La portada fue escrita al comienzo del trabajo, que se prolongó
              durante meses o incluso años.</item>
            <item rend="justify">La portada fue escrita al haber finalizado al menos alguna de sus
              secciones (anotación y <emph>Discurso</emph>) o ambas.</item>
          </list>
          <p>En este sentido, ya se ha indicado que el hecho de que la dedicatoria «A los que no
            entienden esta silva» se haya escrito después de las anotaciones –que se dan en ella por
            concluidas– y esté situada inmediatamente después de la portada donde se señala
            «noviembre de 1613», apunta a que las notas al poema fueron concluidas en fecha no muy
            alejada de esta. Por otra parte, cuando Ponce dirige su comento de Virgilio a Torres
            Rámila no olvida datar el texto<note place="bottom">Apología en defensa de Virgilio
              sobre un lugar de la quarta Geórgica, por Manuel Ponze, dirigida al Maestro Pedro de
              Torres Rámilla, collegial en el insigne theólogo de Alcalá, MDCXXII.</note>. No coloca
            fecha, en cambio, en ninguna de las dos dedicatorias que dirige al conde de Salinas –que
            preceden a la anotación y al <emph>Discurso</emph>–, tal vez porque iba ya incluida en
            la portada del manuscrito que las recogía. Por todo ello, creo más probables la segunda
            y tercera de las opciones arriba expuestas, y, dentro de ellas, que la indicación
            «noviembre de 1613» corresponda al final de una (anotación) o de las dos partes
            (anotación y <emph>Discurso</emph>) del comentario de Ponce.</p>
          <p>En conclusión, una datación prudente del comentario de Manuel Ponce es la que ofrece un
            arco temporal entre noviembre de 1613 y 1616. Es posible, además, que la anotación –y,
            tal vez, también el <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad– hubiesen sido
            redactados en una fecha no muy lejana a la de la portada –noviembre de 1613–, y que el
            resto de los materiales del códice hubiesen sido añadidos con posterioridad, como ya se
            ha mostrado en algún caso. Como sucede con la biografía de Ponce, se precisa de una
            mayor documentación que pueda arrojar datos más precisos sobre esta cuestión de capital
            importancia, pues la datación de este temprano comentario del poema de Góngora es
            importante a la hora de perfilar la cronología posterior de la polémica.</p>
        </div>
        <div subtype="level2">
          <head>4. Estructura</head>
          <p>La estructura externa del códice que recoge este trabajo de Manuel Ponce se refleja en
            la siguiente descripción. Agradezco a su propietario –cuyo anonimato respeto a petición
            suya– me haya permitido la consulta y reproducción fotográfica del manuscrito para su
            estudio y edición, así como la difusión de las imágenes que se reproducen:</p>
          <list rend="justify">
            <item>fol. 1r: Portada</item>
            <item>fol. 1v: Breve semblanza de la vida y obras de Ponce, probablemente escrita por
              Dámaso Alonso.</item>
            <item>fols. 2r-3r: Dedicatoria «A los que no entienden esta silva».</item>
            <item>fols. 4r-33v: Texto de la <emph>Soledad primera</emph>, bajo el epígrafe
              «Soledades» (fol. 5r).</item>
            <item>fols. 34r-40r: Dedicatoria «Al conde de Salinas, presidente del Consejo Supremo de
              Portugal».</item>
            <item>fols. 40v-83r: Anotación al poema.</item>
            <item>fol. 83v: nota de Ponce: «Intelligisti cogitationes meas de longe. Ps.
              138».</item>
            <item>fol. 84r: Anotación de Ponce donde recoge diversos autores que trataron sobre el
              Nilo además de los que señala en sus notas al poema.</item>
            <item>fol. 84v: en blanco.</item>
            <item>fols. 85r-108v: Discurso en que se trata si en los términos de la poesía es
              necesaria la obscuridad y forzosa en las locuciones della. Y en qué modo se puede
              permitir que el Poeta sea obscuro a los ignorantes de los preceptos del Arte; y
              facultades que se cifran en los versos. Y si el que a todos es difícil se haya de
              reprobar y no estudiarle. (fol. 85r: portada del Discurso, fol. 85v: en blanco, fols.
              86r-86v: Dedicatoria al conde de Salinas, fols. 87r-108v: texto del Discurso).</item>
            <item>fols. 109r-109v: Apéndice donde remite al prólogo de la <emph>Coronación</emph> de
              Juan de Mena, y recoge algunos de sus pasajes para autorizar los usos
              gongorinos.</item>
            <item>fols. 110r-112r. <emph>La Rosa.</emph> Od. 53 de Anacreón traducida del griego por
              don Francisco de Quevedo.</item>
            <item>fol. 112v: en blanco.</item>
            <item>fols. 113r-120v: Texto de la <emph>Segunda Soledad, El periodo de la caza</emph>,
              desde el verso 677 («Las Horas ya, de números vestidas») hasta el verso 936 («heredado
              en el último graznido»).</item>
            <item>fol. 121: en blanco.</item>
          </list>
          <p>La descripción del códice permite diferenciar las siguientes secciones
            fundamentales:</p>
          <list rend="justify">
            <item>La dedicatoria «A los que no entienden esta silva».</item>
            <item>El texto de la <emph>Soledad primera</emph>, con la anotación correspondiente
              precedida de la dedicatoria al conde de Salinas.</item>
            <item>El <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad, precedido de otra dedicatoria
              al conde de Salinas.</item>
            <item>Diversos materiales complementarios a la anotación.</item>
          </list>
          <p>A continuación abordaré los aspectos fundamentales que se desarrollan en todas las
            secciones menos en el <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad, del que me
            ocuparé en el apartado final, dedicado a los conceptos e ideas del escrito de Ponce.</p>
          <div subtype="level3">
            <head>Dedicatorias</head>
            <p>Los distintos materiales que reúne el trabajo de Ponce explican la presencia de tres
              dedicatorias. La primera de ellas, «A los que no entienden esta silva» (fols. 2r-3r),
              se sitúa antes del texto de la <emph>Soledad primera</emph>. Es un texto breve pero
              muy preciso: constituye una justificación de la anotación al poema de Góngora, al
              tiempo que una censura dirigida a quienes criticaban su oscuridad. Es precisamente esa
              oscuridad la que justifica el esfuerzo de Ponce en anotar los versos. Ponce enumera
              las causas por las que la <emph>Soledad primera</emph> –a la que se refiere ya como
                <emph>silva</emph>– es oscura para diversos ingenios, incapaces de comprender sus
              versos. Esas causas recogen las principales vertientes de la censura a las
                <emph>Soledades</emph>, y las examinaré en el apartado 6 de esta introducción, que
              se dedica a los conceptos desarrollados en el comentario.</p>
            <p>La anotación al poema va precedida de una dedicatoria al conde de Salinas (fols.
              34r-40r). Su organización sigue un esquema retórico que comienza por un breve exordio,
              continúa con el grueso de la exposición (<emph>narratio</emph> y
                <emph>argumentatio</emph>) y remata con una breve conclusión.</p>
            <p>El exordio recoge la tópica <emph>captatio benevolentiae</emph> del destinatario, el
              conde de Salinas, a quien se alaba especialmente por su talento artístico y
              sensibilidad favorable al poema de Góngora, lo que explica que Ponce le dedique el
              escrito y lo someta a su juicio<note place="bottom">Con independencia de la diferente
                estética que ambos desarrollaron en su poesía. Más adelante se ofrecerán más
                detalles sobre su relación y contactos literarios.</note>. Aparte de ello, la
                <emph>humilitas</emph> autorial se combina con la ponderación de la dificultad del
              poema, tan alta que a menudo hizo a Ponce desistir de su intento de comentarlo. Esta
              habitual estrategia de los exordios es muy del gusto de Ponce, quien también la empleó
              en el comentario de Virgilio que dirigió a Pedro de Torres Rámila:</p>
            <quote>Mil veces he resistido el animoso intento de investigar la inteligencia desta
              silva, viendo que tantos sujetos ingeniosos la deponen y se privan de entenderla. Y
              otras tantas me ha vencido la porfía de un secreto impulso, quizá movido (con arduas
              esperanzas) de la misma dificultad desta impresa, cuyo honor –si bien desconfío
              merecerle– debía ser igual al riesgo que tiene el hecho. Mas ya que prometí su
              cumplimiento, al deseo forzoso ha de ser que le tenga, quedando en obligación no
              pequeña a mi ingenio, con quien he querido adeudarme. Reconociendo el crédito, granjeo
              en intentar lo que tantos han temido (<emph>Silva a las Soledades</emph>, fols.
              34r-34v)</quote>
            <quote>Y mándame decir mi sentimiento, juzgando que la sufiçiencia que me atribuie su
              favor podrá haçer el efecto q<emph>ue</emph> si fueran iguales sus quilates en mi
              talento a los que me concede su confiança. Pueda en mí su preçepto lo que no
              consiguiera mi cuidado, aun persuadido de tener algún premio en la inteligençia de
              lugar tan difícil. Y pues lo sagrado de sus atençiones no debe inclinar los ojos a las
              humanas tinieblas, permítase a los desbelos humanistas, si no a la diciplina de la
              crítica enseñança, la exposiçión de lugar q<emph>ue</emph> tantos an juzgado
              inaccesible, atribuyendo la culpa de corta diligencia al superior ingenio de el autor
                (<emph>Apología en defensa de Virgilio</emph>, fol. 132r).</quote>
            <p>Tras la preceptiva <emph>captatio benevolentiae</emph>, el texto se dirige a «el
              torrente de los doctos, agudos y curiosos<note place="bottom">El anónimo opúsculo
                  <emph>Contra el Antídoto de Jáuregui y en favor de don Luis de Góngora, por un
                  curioso</emph>, utiliza esa voz en su título, con la que el autor se nombra a sí
                mismo (Rico García, 2016).</note>, de cuyas tres especies no he visto que alguno
              haya aprobado en todo esta silva» (fol. 34r). Esa clasificación va a ir vertebrando la
              parte central de esta dedicatoria, donde Ponce adjudica a cada uno de esos grupos las
              censuras que atribuyen al poema. Dependiendo de la fecha más temprana o tardía que se
              otorgue a la difusión de la <emph>Soledad primera</emph>, este torrente se
              interpretaría como un estado de opinión real o como una «defensa preventiva» ante
              posibles ataques futuros al poema, aunque ambas situaciones pudieran haber
                convivido<note place="bottom">A propósito de la anterior frase de Ponce, Luis
                Iglesias Feijoo, 1983, p.185, recordó que «sabemos por la carta de Pedro de Valencia
                a Góngora de 30 de junio de 1613 que Pedro de Cárdenas ha empezado a difundirlo [el
                poema de Góngora], probablemente contra el deseo del autor». Juan Manuel Daza,
                2014b, considera que estos destinatarios no implican necesariamente censuras reales
                al poema de Góngora, y propone que entre 1613 y 1615 existió una estrategia
                gongorina de «defensa preventiva» de la <emph>Soledad primera</emph>, adelantándose
                a las objeciones que sin duda habría de despertar el poema. El texto de Ponce –como
                las <emph>Advertencias</emph> de Almansa– serían parte de esa estrategia
                programática. Begoña López Bueno, 2018, pp. 11-12, 16, 18-20 <emph>passim</emph>, en
                su estudio y edición de las <emph>Advertencias</emph> de Almansa, considera que
                existió una «preparación programática para la difusión del poema gongorino» (2016,
                p. 16), pero que también el «torbellino» de detractores del poema al que se refiere
                Almansa en su texto «parecen ser un simple velo para no decir ni concretar nombres.
                Muchos que no se podían declarar porque entre estos trasiegos de opiniones en contra
                habría algunas formuladas por voces de autoridad y difundidas por cauces privados,
                ya que las <emph>Soledades</emph> no se habían "publicado" aún» (2016, pp. 19-20).
                Sobre este estado de opinión, Muriel Elvira, 2015, apdo. 3, destaca el siguiente
                pasaje del <emph>Parecer</emph> de Francisco Fernández de Córdoba, escrito entre
                fines de 1613 y comienzos de 1614: «Bien sé, mi señor, que a vuestra merced le han
                advertido de esto antes de ahora, y avisádole que sienten lo mismo en Córdoba, en
                Sevilla, en Madrid; pues de allí un hombre de tanta erudición, cuanto cualquiera
                otro de este siglo, y de juicio igual a la erudición, que es Pedro de Valencia, lo
                escribió y advirtió a vuestra merced» (<emph>Parecer</emph>, fol. 139v). </note>.
              Las cuestiones que centran esas censuras son las habituales en la polémica gongorina,
              y Ponce las desarrollará con más detalle en su <emph>Discurso</emph> en favor de la
              oscuridad. En el apartado de esta introducción dedicado a los conceptos debatidos en
              el comentario abordaré estos aspectos<note place="bottom">Ver también Azaustre,
                2015.</note>.</p>
            <p>Esta segunda dedicatoria se cierra con una <emph>peroratio</emph> (fols. 39r-40r)
              donde Ponce lamenta la envidia y falta de reconocimiento del talento ajeno en su
              tiempo (fols. 39r-39v). A ello le sigue la preceptiva alabanza final del conde de
              Salinas, y la promesa de enviarle un discurso donde responderá a esas objeciones
              contra el estilo de las <emph>Soledades</emph>. La dedicatoria concluye –hay que
              reconocer que de forma práctica pero poco solemne– con una breve explicación del
              sistema de notas que se seguirá a continuación.</p>
            <p>Al conde de Salinas vuelve a ir dirigida una última dedicatoria (fols. 86r-86v) que
              precede al <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad en el estilo del poeta. En
              este breve texto, Ponce, además de cumplir con la preceptiva <emph>captatio
                benevolentiae</emph>, afirma haber cumplido la promesa de enviar al conde una
              defensa del poema gongorino frente a las múltiples críticas que ha suscitado, y que
              atribuye a la ignorancia y escaso ingenio de sus detractores. Dos cuestiones deben
              destacarse en este breve texto: en primer lugar, Ponce señala que las censuras al
              poema de Góngora recogidas en la dedicatoria que precede a la anotación se han visto
              multiplicadas en el tiempo que ha mediado entre aquella y la redacción del presente
                <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad. En segundo lugar, afirma que, pese
              a ese ambiente de polémica, se mantendrá fiel a su intención de ofrecer un juicio
              sistemático y razonado de sus ideas sobre el estilo poético, y que intentará no
              dejarse llevar por el tono encendido del debate. En efecto, ese propósito se logra a
              lo largo del <emph>Discurso</emph>, y probablemente resultó favorecido por encontrarse
              aún en una fase inicial del enfrentamiento<note place="bottom">Daza, 2015, pp. 44-46,
                ha subrayado certeramente estas cuestiones.</note>.</p>
            <p>Estas dos dedicatorias dirigidas al conde de Salinas se explican por la buena
              relación existente entre él y Góngora, aunque los gustos poéticos de ambos no fueran
              los mismos<note place="bottom">Para estas relaciones, véanse Artigas, 1925; Jammes,
                1967, pp. 271-272; Dadson, 2014. Aunque su poesía es de diferente corte, el conde de
                Salinas mostró interés por los poemas de Góngora, de cuya obra era buen conocedor;
                el poeta cordobés le dedicó, además, varios de sus poemas. Dadson, 2011, p. 289, n.
                26, señala que «Lope Ambrosio Sarmiento de Acuña envió desde Córdoba a su padre el
                conde de Gondomar copia de unos poemas de Góngora con la recomendación de que los
                leyera el conde de Salinas»; esta noticia se fecha el 15 de marzo de 1612, como
                detalla Dadson, 2014, p. 69). Ya Almansa (<emph>Advertencias</emph>, p. 108) lo
                había mencionado como una de las personas que tenían conocimiento para juzgar los
                poemas de Góngora. </note>. Ponce le habría dedicado sus notas a la <emph>Soledad
                primera</emph> y el <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad para captar su
              favor en los primeros momentos de difusión del poema. A todo ello cabe añadir, por
              supuesto, los posibles intereses personales inherentes al hecho de dedicar un trabajo
              a un noble de la formación y sensibilidad literaria del conde de Salinas<note
                place="bottom">Trevor Dadson, 2014, pp. 74-75, recuerda que Juan de Arguijo recogió
                un comentario negativo del <emph>Polifemo</emph> y las <emph>Soledades</emph>
                efectuado por el conde de Salinas: «El <emph>Polifemo</emph> de D. Luis de Góngora
                es obscuro. Fuéronlo más las <emph>Soledades</emph> que publicó después. Dijo el
                Conde de Salinas a este propósito que el <emph>Polifemo</emph> tenía solo un ojo y
                las <emph>Soledades</emph> eran ciegas de entrambos» (en <emph>Sales españolas o
                  agudezas del ingenio nacional</emph>, ed. Antonio Paz y Mélia, Madrid, Sucesores
                de Rivadeneyra, 1902, p. 160). No es fácil confirmar la certeza de ese chascarrillo
                oral, del que tampoco se conoce fecha, si es que puede atribuírsele alguna. Sería de
                interés conocer más datos (y de mayor precisión), pues podrían ayudar a precisar las
                intenciones de Manuel Ponce. Sobre la necesidad de mayor documentación y las escasas
                certezas en este tipo de informaciones habla Rico García, 2017, pp. 195-196, a
                propósito de la biografía de Antonio Ortiz de Melgarejo.</note>.</p>
          </div>
          <div subtype="level3">
            <head>Notas a la Soledad Primera</head>
            <p>Las 104 notas que Ponce añade al texto de la <emph>Soledad Primera</emph> suelen
              dedicarse a explicar las alusiones mitológicas y las fuentes literarias, y a ofrecer
              diversas informaciones (<emph>realia</emph>) referentes a animales, historia o
              geografía. Otro nutrido grupo de notas se dedican a explicar el sentido de metáforas,
              perífrasis o voces de difícil comprensión, o a parafrasear versos reordenando su
              sintaxis. Como ya he señalado en otro lugar<note place="bottom">Azaustre, 2015, p. 78
                y ss..</note>, en este tipo de notas Ponce no se detiene en consideraciones teóricas
              sobre los tropos y figuras empleados. Solo en cinco ocasiones la nota de Ponce hace
              alguna precisión retórica, aunque tampoco extensa, pues la anotación no es el lugar
              adecuado para abordar dichas cuestiones. Suele limitarse en ellas a señalar el nombre
              de la figura o tropo: metonimia en la nota 10 (fol. 43v) al verso «que a Vulcano
              tenían coronado» (v. 93), hipérbole en la nota 66, que corresponde a los versos
              550-555, e ironía compuesta en la nota 39 (fols. 52r-52v), donde Ponce explica el
              sentido de los versos 329-334<note place="bottom">Sobre las críticas a esta agudeza
                hechas por los detractores de Góngora, ver Jammes, 1994, pp. 266-268.</note> y añade
              la siguiente precisión retórica: «Este concepto es ironía compuesta en que dice que
              resistía el gamo ser llevado a los novios, porque el matrimonio aborrece hasta la
              sombra del cuerno». En efecto, la ironía que encierra el pasaje es compuesta, pues no
              afecta a una sola palabra, sino al conjunto de los versos, y se halla en el agudo
              doble sentido que interpreta, detrás del joven gamo ofrecido como regalo de bodas, una
              burlesca alusión a los cuernos del matrimonio.</p>
            <p>Ponce se demora algo más (notas 27 y 68) en consideraciones retóricas sobre los que,
              en general, podríamos denominar <emph>verba peregrina</emph>, es decir, voces nuevas y
              de otra lengua<note place="bottom">Aristóteles maneja el concepto de <emph>verba
                  peregrina</emph> en un sentido amplio que parece abarcar todo vocablo fuera del
                uso común: «y entiendo por voz peregrina la palabra extraña, la metáfora, el
                alargamiento y todo lo que se aparta de lo usual» (<emph>Poética</emph>,
                1458a22-24). No obstante, su acepción más habitual (que por ejemplo seguirá Quevedo)
                es la de ‘voces de otra lengua’. Acumular excesivas voces foráneas se consideraba ya
                en las preceptivas antiguas una transgresión de la <emph>proprietas</emph> («ajeno
                de lo propio», traduce Quevedo en los preliminares literarios a su edición de fray
                Luis, p. 41). Ver Azaustre, 2003, p. 70. La norma se aplicará al estilo culto y sus
                frecuentes latinismos. Ver las opiniones que recoge Roses Lozano, 1994, pp. 153-168,
                sobre este asunto en la recepción de las <emph>Soledades</emph>.</note>. Es un
              aspecto que le preocupó mucho, pues le volverá a dedicar una amplia sección de su
                <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad, y centrará, en torno a 1617, su
                <emph>Epístola a Villamediana</emph>. El abuso de este tipo de voces era una de las
              principales objeciones al poema de Góngora, pues sus detractores argumentaban que,
              desde la preceptiva retórica, atentaba contra la propiedad del lenguaje. Esta censura
              debe entenderse teniendo en cuenta que, en la retórica romana, la
                <emph>proprietas</emph> se cifraba a menudo en la <emph>latinitas</emph> de la
              lengua, lo que exigía moderación en el uso de voces foráneas y neologismos<note
                place="bottom">Ver, por ejemplo, Cicerón, <emph>De Oratore</emph>, 3, 11, 40 y 3,
                13, 49; Cicerón, <emph>Brutus</emph>, 132, 261; <emph>Rhetorica ad Herennium</emph>,
                4, 12, 17.</note>.</p>
            <p>La primera de esas notas (nota 27, fol. 49r) justifica el uso del cultismo
                <emph>venatorio</emph> en el verso 230 («al venatorio estruendo»). Ponce apoya su
              defensa en los vv. 52-53 del <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio, un conocido pasaje
              donde se justifica el uso de nuevas voces si proceden de términos griegos<note
                place="bottom">«et noua fictaque nuper habebunt uerba fidem, si / Graeco fonte
                cadent parce detorta […]».</note>; el razonamiento de Ponce –reiterado en la
              polémica gongorina– considera que, igual que era lícito al romano introducir voces
              nuevas apoyándose en el griego, lo mismo sucederá al poeta romance si las suyas
              derivan del latín: «La voz <emph>venatorio</emph> es latina, y traída según el
              precepto de Horacio: Si graeco fonte cadant» (fol. 49r).</p>
            <p>La segunda nota (nota 68, fols. 64v-65r) utiliza los mismos argumentos para
              justificar el uso del término <emph>meta</emph> en el verso 581 («meta umbrosa al
              vaquero convecino»). Ponce añade ejemplos latinos e italianos que ya la emplearon, a
              los que une la autoridad de Garcilaso, muy del gusto de los defensores de Góngora
              porque, como es sabido, además de probar que el poeta cordobés no era el primero en
              practicar esos usos en castellano, dicha prueba se apoyaba en un autor emblema de la
              claridad en el estilo<note place="bottom">«Meta es voz latina y toscana, que
                significa, en ambas lenguas, el término del camino, como he dicho; Virg<emph
                  xml:lang="es">ilio</emph>, l<emph xml:lang="es">ibro</emph> 5: Hic viridem Aeneas
                frondenti ex ilice metam / constituit [vv. 129-30]. Sannazaro. Ove qualunque che per
                velocità primo / la destinata meta toccava [prosa 5]. Y usar esta voz en nuestra
                lengua no debe ser culpable en nuestro autor, no siendo él el primero que lo ha
                hecho; pues Garcilaso, en la elegía al duque de Alba, en el 11 terceto, después del
                  núm<emph xml:lang="es">ero</emph> 59 dijo "cuando voló el espíritu a la alta
                meta"».</note>.</p>
          </div>
          <div subtype="level3">
            <head>Materiales complementarios de la anotación</head>
            <p>Al final del manuscrito se copian los siguientes materiales que complementan la
              anotación:</p>
            <list type="ol" rend="a">
              <item rend="justify">Informaciones sobre el Nilo en el fol. 84 r., ya comentado: allí
                Ponce recoge una lista de autores que ofrecían noticias sobre el Nilo diferentes de
                los que él señalaba en la extensa nota 101 al poema de Góngora. Dámaso Alonso (1982,
                p. 515) ya había señalado que Ponce «era un especialista en noticias sobre el Nilo»,
                pues la extensión de su nota 101, referida a ese río, era mucho mayor que la de las
                restantes (fols. 77r-82r). Una vez conocido el texto de la <emph>Apología en defensa
                  de Virgilio</emph> no extraña ese rasgo, pues en los versos de la cuarta
                  <emph>Geórgica</emph> objeto de discusión (vv. 287-294), Virgilio hablaba de las
                tierras del Nilo a propósito de la producción de miel. Ponce debió de aprovechar
                materiales que estaba consultando para la elaboración de ese comentario a Virgilio
                (fechado en 1622) y los aplicó para enriquecer en erudición esta nota al verso de
                Góngora.</item>
              <item rend="justify">Apéndice sobre Juan de Mena (fols. 109r-109v): remite al prólogo
                de la <emph>Coronación</emph> y cita algunos de sus pasajes para autorizar los usos
                gongorinos. Se explica este apéndice porque, en varias ocasiones (fols. 100r, 105v)
                a lo largo de su <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad, Ponce se ha
                referido a Juan de Mena como uno de los poetas hispanos necesitados de comentario, y
                como antecedente de Góngora en el uso de voces latinas, toscanas y nuevas<note
                  place="bottom">El propio Juan de Mena redactó un comentario en prosa a su
                    poema<emph> La coronación del marqués de Santillana</emph>, cuyo prólogo copia
                  Ponce en los folios finales del manuscrito. Remito a las notas de esos folios para
                  más detalles. Sobre la presencia de Juan de Mena en los textos de la polémica
                  gongorina, ver, entre otros, Matas Caballero, 1992; Álvarez Amo, 2016; Osuna
                  Cabezas, 2016, Daza, 2021.</note>. Los lugares que señala Ponce legitiman diversos
                usos de anástrofe e hipérbaton. Se comentan en las notas al texto.</item>
              <item rend="justify">Copia de la oda 53 de Anacreonte (<emph>La rosa</emph>) en
                traducción de Quevedo<note place="bottom">En 1609 Quevedo dedicó al duque de Osuna
                  la primera traducción castellana de la obra atribuida al poeta griego Anacreonte,
                  el <emph>Anacreón castellano, con paráfrasi y comentarios</emph>, que circuló
                  manuscrita hasta su primera edición en 1794. Más detalles en mis notas a esos
                  folios.</note>: es uno de los poemas con que se ilustra el símil de la rosa que
                Góngora usó en los vv. 727 y ss. de la <emph>Soledad primera</emph>, y que Ponce
                comenta en la nota 81 señalando diversos poetas que recrearon dicho motivo:</item>
              <quote>En estos 5 versos describe, comparándola a la boca de la novia, la rosa con
                maravilloso ornam<emph>en</emph>to y gala; de suerte que, por diversas palabras, he
                hallado que dice en ellos lo más excelente de lo que han <pb n="fol. 70r"/> escrito
                todos cuantos autores he visto sobre este asunto exquisito, cuyas autoridades dejo
                de poner aquí, escusando la dilación; mas citados son estos, para que el estudioso
                los vea y corrija: <p>Virgil<emph>io</emph>: todo un epigrama de los suyos.</p>
                <p>Catul<emph>o</emph>: seis versos en el carmen nupcial 63.</p>
                <p>Anacreonte: la mayor parte del Ode 5 y todo el 53.</p>
                <p>El Guarino en el <emph>Fido</emph>, act<emph>o</emph> 1.</p>
                <p>Aquiles Tacio: un trozo largo al principio del 2<emph>º</emph> l<emph>ibro</emph>
                  de <emph>Los amores de Leucipe y Clitofonte</emph>, donde introduce que
                  cantaba.</p>
                <p>Ariosto: la <emph>e</emph>st<emph>ancia</emph> 42 del cant<emph>o</emph> 1 del
                    <emph>Furioso</emph>.</p>
                <p>Tasso: la <emph>e</emph>st<emph>ancia</emph> 14, cant<emph>o</emph> 16 de la
                    <emph>Hier</emph>usal<emph>em</emph>me <emph>Liber</emph>a<emph>ta</emph>.</p>
                <p>Y con ventaja a todos, el Marino en la 2<emph>ª</emph> p<emph>ar</emph>te de sus
                    <emph>Rimas</emph>.</p>
                <p>(Ponce, <emph>Silva</emph>, fols. 69v-70r)</p></quote>
            </list>
            <p>A las dedicatorias, anotación y materiales complementarios debe añadirse el<emph>
                Discurso</emph> en defensa de la oscuridad en el estilo del poeta: es la sección del
              comentario donde Manuel Ponce desarrolla de forma más teórica y organizada su defensa
              del estilo de Góngora. Se sitúa después de la anotación de la <emph>Soledad
                primera</emph> y del folio adicional con noticias sobre el Nilo, y antes de los
              folios donde se copian pasajes del prólogo de la <emph>Coronación</emph> y la
              traducción de la oda de Anacreonte. Hablaré sobre ella en el apartado dedicado a los
              conceptos que se debaten en este comentario.</p>
          </div>
        </div>
        <div subtype="level2">
          <head>5. Fuentes<note place="bottom">Desarrollo y amplío las consideraciones expuestas en
              Azaustre, 2019, pp. 192-199.</note></head>
          <p>Manuel Ponce utiliza un número importante de fuentes en su comentario: cita un total de
            88 autores, la mayoría de ellos como ilustración de sus notas a la <emph>Soledad
              primera</emph> y, en menor medida, como autoridades que apoyan el
              <emph>Discurso</emph> en defensa de su estilo. A ello deben añadirse varias
            anotaciones en los márgenes de la copia de la <emph>Soledad primera</emph>, donde Ponce
            señala algunos poetas como fuente de los versos, que luego desarrollará más en las
            correspondientes notas. El número de obras y textos mencionados ronda los 100, pues son
            varios los autores –Aristóteles, Ovidio, Virgilio, Horacio, Claudio Eliano, Claudiano,
            Petrarca– de los que se menciona o cita más de un escrito. El acopio de erudición puede
            considerarse notable. Téngase en cuenta, por ejemplo, que Juan Luis de la Cerda había
            mencionado unos 300 autores clásicos y 150 contemporáneos en su monumental comentario a
            las <emph>Bucólicas</emph> y <emph>Geórgicas</emph> de Virgilio (1608)<note
              place="bottom">He consultado las listas de autores incluidos al comienzo de la edición
              de Lyon, Horace Cardon, 1619.</note>.</p>
          <p>Como se ha indicado, el grueso de las fuentes se recoge en el apartado de notas, donde
            aparecen 76 autores. Es en las notas referentes a mitología, geografía, historia y
            cuestiones naturales donde se acumulan las autoridades, que recogen un variado elenco de
            poetas, historiadores, gramáticos, filósofos y mitógrafos, la mayoría de la antigüedad
            (43), aunque también de la Edad Media (10) y los siglos XVI y XVII (23). Muestra de la
            variedad de asuntos y géneros son tres notas donde Ponce recoge informaciones del campo
            de la astronomía y la geografía: la primera de ellas (nota 50) se apoya en la obra
              <emph>De meteoris</emph> de san Alberto Magno (s. XIII) para explicar el movimiento de
            las aguas del océano partiendo del norte, como ilustración de los versos 426-429 de la
              <emph>Soledad primera</emph> («y, sierpe de cristal, juntar le impide / la cabeza, del
            norte coronada, / con la, que ilustra el sur, cola escamada / de antárticas estrellas»);
            más adelante (nota 69), recurre al <emph>Astronomicon</emph> del poeta y astrólogo
            romano Marco Manilio (c. I d.C) para ilustrar la voz <emph>equinoccio</emph> que aparece
            en el verso 603 de la <emph>Soledad primera</emph> («cual en los equinoccios surcar
            vemos»); finalmente, en su extensa y ya comentada nota 101 sobre el Nilo, que ilustra el
            verso 953 de la<emph> Soledad primera</emph> («del rey corona, de los otros ríos»),
            menciona Ponce al benedictino alemán Johannes Trithemius (1462-1516) y su obra
              <emph>Septem secundeis</emph> (1508), donde exponía su visión del universo basada en
            siete ángeles que se asignaban a siete planetas; Ponce lo incluye en una digresión donde
            defiende que, al igual que los planetas, también los ríos tienen ángeles custodios «que
            consagran, ministran y guían sus aguas» (fol. 78r).</p>
          <p>Como era habitual, algunas de esas informaciones debió de tomarlas Ponce de los
            repertorios que circulaban en ese tiempo. Ya Rozas y Quilis (1961, pp. 420-421)
            señalaron que probablemente Ponce obtuvo de una antología los pasajes de Macrobio
              (<emph>Saturnalia</emph>) que cita en su <emph>Discurso</emph> en defensa de la
            oscuridad.</p>
          <p>Así, la siguiente cita de Heródoto sobre el pino, que ilustra la nota 42<note
              place="bottom">La nota de Ponce se refiere al v. 371 de la <emph>Soledad
                primera</emph>: «el campo undoso en mal nacido pino».</note>, procede de la
              <emph>Officina</emph> de Ravisio Textor<note place="bottom">Ver p. 266 en la ed. de
              Lyon (1560): <emph>Officinae Ioannis Ravisii Textoris Epitome. Tomus II</emph>.
              Ludguni, apud Antonium Griphium, 1560, donde se recoge literalmente el pasaje que cita
              Ponce.</note>:</p>
          <quote>minabatur se extirpaturum lampsacenos pini in morem <lb/>(Ponce,
            <emph>Silva</emph>, fol. 53v) <note place="bottom">Ponce se refiere al libro sexto
              (Erato, «Herat.» en el texto de Ponce) de <emph>Los nueve libros de la
              historia</emph>, del historiador griego Heródoto. Más detalles en la nota
              correspondiente a este pasaje de Ponce.</note>
          </quote>
          <p>Lo mismo sucede con la cita de un verso del poeta ferrarense Tito Vespasiano Strozzi
            (1424-c. 1505)<note place="bottom">Variantes de su nombre son Titus Vespasianus Stroza y
              Titus Vespasianus Strozius. Como recoge la cita, se le denominaba <emph>Stroza
                pater</emph> para no confundirlo con su hijo, el también poeta Ercole Strozzi
              (1473-1508). Las obras de ambos fueron editadas en Paris en 1530.</note>, incluida en
            la nota 72 de Ponce para ilustrar el anochecer que Góngora menciona en los versos
            636-637 de la <emph>Soledad primera</emph><note place="bottom"><emph>Soledad
                primera</emph>, vv. 636-637: «cuando a nuestros Antípodas la Aurora / las rosas
              gozar deja de su frente».</note>; el pasaje de Strozzi se recoge en el repertorio de
            Ravisio Textor, dentro de su apartado dedicado a la «<emph>descriptio
            noctis</emph>»:</p>
          <quote>Stroza pater <lb/>quum sol Antípodum populos illata luce reuisit <lb/>(Ponce,
              <emph>Silva</emph>, fol. 66v) <note place="bottom">Ver la p. 462 del compendio de
              Ravisio Textor en la edición de Lyon, 1560, recogida en la bibliografía; allí aparece
              literalmente este pasaje de Stroza que cita Ponce.</note></quote>
          <p>También es la <emph>Officina</emph> de Ravisio Textor (apartado «Deorum victimae») la
            fuente de donde Ponce tomó su referencia a Marcial que iba a ilustrar los vv. 154-157 de
            la <emph>Soledad primera</emph><note place="bottom">«esposo casi un lustro (cuyo diente
              / no perdonó a racimo aun en la frente / de Baco, cuanto más en su sarmiento),
              triunfador siempre de celosas lides».</note>. La ubicación en el libro 5 y, sobre
            todo, la variante <emph>roseas</emph> del texto de Marcial, subrayan la literalidad de
            la cita:</p>
          <quote>
            <p>«Cuyo diente no perdonó racimo»<note place="bottom">Como he señalado en la nota
                correspondiente, esta es la redacción original del verso en la copia de la
                  <emph>Soledad primera</emph> que manejó Ponce. A esa lectura, una mano distinta le
                añadió la preposición <emph>a</emph> («no perdonó a racimo»).</note>: porque este
              animal es amicísimo de uvas, y por esto consagrado a Baco; Martial l<emph>ibro</emph>
                5<note place="bottom">En las ediciones modernas, la cita de Marcial se encuentra en
                3, 24, vv. 1-2: «Vite nocens rosa stabat moriturus ad aras / hircus, Bacche, tuis
                uictima grata focis» («Culpable de haber roído una vid que estaba en los altares /
                un carnero, Baco, víctima agradable en tus sacrificios», trad. J. Fernández Valverde
                y A. Ramírez de Verger, 1997). La ubicación en el libro 5 (5, 71) que recoge Ravisio
                Textor es frecuente en las ediciones del XVI y XVII; ver la nota correspondiente en
                la edición.</note>: Vite nocens roseas stabat moriturus ad aras / hircus, Bacche
              tuis victima grata focis<space/>(Ponce, <emph>Silva</emph>, fol. 47r).</p>
            <p>Martialis libro quinto. Vite nocens roseas stábat moriturus ad aras Hircus, Bacche
              tuis victima grata focis (Ravisio Textor,<emph> Officina</emph>, ed Paris, 1532, fol.
              CCXXVIIIr).</p>
          </quote>
          <p>A una consulta similar pudiera responder también la nota 67, dedicada a explicar la voz
              <emph>meta</emph> (<emph>Soledad primera</emph>, v. 581: «meta umbrosa al vaquero
            convecino»). Ponce ilustra su uso y significado con unos versos de Virgilio
              (<emph>Eneida</emph> 5, vv. 129-130) y un pasaje de <emph>La Arcadia</emph> de
            Sannazaro (prosa 5):</p>
          <quote><emph>Meta</emph> es voz latina y toscana, que sinifica, en ambas lenguas, el
            término del camino, como he dicho: <lb/>Virg<emph>ilio</emph>, l<emph>ibro</emph> 5:
            <lb/>Hic viridem Aeneas frondenti ex ilice metam, <lb/>constituit. <lb/>Sannazaro:
            <lb/>Oue qualunque che per velocità primo la destinata meta toccaua. <lb/>(Ponce,
              <emph>Silva</emph>, fols. 64v-65r) </quote>
          <p>El pasaje de <emph>La Arcadia</emph> que cita Ponce coincide literalmente con el que se
            recoge en un repertorio de Lodovico Dolce, precisamente cuando ilustra la voz
              <emph>meta</emph>:</p>
          <quote>Meta è il termino, o segno, che si pone a corritori. Vsò questa voce il Sannazaro.
            Que qualunque per uelocità primo la destinata meta toccaua<note place="bottom">Lodovico
              Dolce, <emph>Nvove osservationi della lingva volgare co i modi, et ornamenti del dire
                parole piv scelte, et eleganti</emph>, In Venetia, M. D. XCVII. Apreso gli Heredi di
              Marchiò Sessa, fol. 151r.</note>
          </quote>
          <p>El lugar de Sannazaro aparece también como ilustración de la voz <emph>meta</emph> en
            otro vocabulario italiano –<emph>La fabrica del mondo</emph>, de Francesco Alunno–,
            aunque se recoge aquí un pasaje más extenso de la prosa 5 y se acompaña de otro de la
            prosa 11:</p>
          <quote>Oue qualunque per uelocità primo la destinata Meta toccaua era di fronde di pallidi
            oliui honoreuolmente al suon di sampogne coronato per guiderdone [<emph>La
              Arcadia</emph>, prosa 5]. El gia uincitore Carino poco hauea a correre, che la
            disegnata Meta toccata haurebbe, quando. etc [<emph>La Arcadia</emph>, prosa 11]<note
              place="bottom"><emph>La fabrica del mondo. Di M. Francesco Alunno da Ferrara. Nella
                quale si contengono tutte le voci di Dante, del Petrarca, del Boccaccio, e d’altri
                buoni autori</emph>…, Vinegia, MDXLVIII, fol. 214v. El pasaje de la prosa 11 de La
              Arcadia aparecía en otros diccionarios de la época para ilustrar la voz meta; ver, por
              ejemplo, Il dittionario di Ambrogio Calepino dalla lingua latina nella volgare
              brevemente ridotto, a San Luca al Segno del Diamante, MDLII, cf. fol.
            CXXXIIIv.</note></quote>
          <p>A pesar de estos ejemplos, lógicos en la práctica del comentario debido a la variedad
            de asuntos que se anotan, en otros muchos casos cabe suponer la consulta directa de las
            fuentes, pues la cita y el autor no aparecen en las polianteas al uso.</p>
          <p>Además de constituir un evidente alarde de erudición, esta acumulación de autores debe
            considerarse también esencial en la finalidad del comentario filológico desde sus
            orígenes, pues este género se destinaba a explicar no solo la gramática y estilo de la
            lengua y el autor comentados, sino que también buscaba aclarar el significado de los
            versos explicando sus diversas alusiones, tarea que acercaba la visión del mundo que ese
            texto transmitía. En el caso concreto del poema de Góngora, ello sirve también para
            subrayar la variedad de asuntos e informaciones que recoge la <emph>Soledad
              primera</emph>. Aunque, como veremos, Ponce no considera la profundidad o amplitud de
            los asuntos del poema el argumento fundamental para defender su oscuridad, tampoco desea
            transmitir una impresión de pobreza o sencillez de contenidos, aspecto que sus
            detractores manejaron en diversas ocasiones.</p>
          <p>Los autores que recoge Ponce en la dedicatoria al conde de Salinas que precede a la
            anotación del poema presentan una gran uniformidad. Menciona allí citas de Aristóteles
              (<emph>Poética</emph>), Horacio (<emph>Ars poetica</emph>), Cicerón (<emph>De
              officiis</emph>) y Quintiliano (<emph>Institutio oratoria</emph>) donde se recogen
            advertencias sobre la falta de decoro entre estilo y género, los excesos contra la
              <emph>proprietas</emph> por el uso de voces nuevas y, en general, los peligros de la
            afectación y oscuridad en el estilo. Es lógico el uso de estos autores y pasajes, pues
            Ponce está hablando aquí por boca de los detractores de Góngora, cuyos argumentos
            reproduce y promete contradecir en su comento del poema y posterior
              <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad. Esas retóricas y poéticas de corte
            clásico defendían un equilibrio y moderación en el estilo que acabó convirtiéndolas en
            fuentes comunes para los detractores y los defensores de Góngora, pues bastaba con
            seleccionar aquella parte de su discurso donde se ponderase la brillantez del rasgo de
            estilo del que se hablaba, o bien los peligros de su excesivo empleo<note place="bottom"
              >Más detalles en Azaustre, 2015.</note>. Prueba de ello es la cita de la
              <emph>Poética</emph> de Aristóteles comprendida en 1458a23-25. Este pasaje, donde
            Aristóteles recomienda equilibrio en el uso de voces nuevas y extrañas y metáforas
            oscuras, se citará bastante en la polémica gongorina; por ejemplo, en el
              <emph>Parecer</emph> de Francisco Fernández de Córdoba (ed. Muriel Elvira, fol. 134r)
            o en el <emph>Discurso poético</emph> de Jáuregui (ed. Romanos, pp. 125-126; ed. Blanco,
            fol. 31v). Quevedo también lo mencionará en los preliminares literarios a su edición de
            la poesía de fray Luis de León, y aparece también en el <emph>Comento contra setenta y
              tres estancias que don Juan Ruiz de Alarcón ha escrito…</emph> (p. 473). La temprana
            mención de Ponce lo sitúa ya al comienzo de la polémica.</p>
          <p>No es extraño que quienes recurrieron a la máxima autoridad de Aristóteles hubiesen
            citado este pasaje. En esta sección de su <emph>Poética</emph> (1458a18-1459a16),
            Aristóteles contemplaba diversos recursos que producen una dicción excelente: voces
            peregrinas, alargamiento, apócope o alteración de vocablos, metáfora... En todos ellos
            consideraba conveniente la moderación que lograse un equilibrio entre la grosera escasez
            de adorno lingüístico y la oscuridad de su excesivo uso. En la dedicatoria que precede a
            la anotación de la <emph>Soledad primera</emph>, Ponce cita la parte donde se advierte
            de los peligros de estos recursos, pues está reproduciendo aquí las censuras al poema
            que atribuye a los doctos<note place="bottom">Este comportamiento es común a otros
              tratadistas de poética y retórica, pues la moderación estilística es una recomendación
              general de las preceptivas. El propósito didáctico de las preceptivas explica en parte
              esa norma de equilibrio y moderación, pues la prudencia es una recomendación de amplio
              alcance entre los más diversos destinatarios. Además, ya desde Aristóteles
                (<emph>Ética a Nicómaco</emph>, libro 2, capítulo 6) se había fijado en el justo
              medio la naturaleza de toda virtud, incluida la artística. Esa actitud se concreta a
              menudo en formulaciones que recomiendan el uso del rasgo de estilo y señalan sus
              virtudes, para luego advertir de sus peligros. Ello provoca la fácil e interesada
              segmentación de los pasajes, como sucede en este caso. Sobre esta cuestión, ver
              Azaustre, 2005 y 2013, así como las certeras observaciones de Carreira, 1998a, p. 264,
              sobre el limitado «arsenal de argumentos» que manejaban estos autores.</note>. Pero en
            el <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad, cuando se centra en defender las
            que considera cinco voces extrañas que Góngora usó en su poema (<emph>venatorio,
              conculcado, meta, gulosos, bipartida</emph>), Ponce recurrirá a ese mismo lugar de la
              <emph>Poética</emph> de Aristóteles (1458a18-1459a16), pero en la parte donde el
            Estagirita reconoce que los alargamientos, apócopes y alteraciones de vocablos evitan la
            vulgaridad y contribuyen a la excelencia de la elocución (<emph>Poética</emph>
            1458b1-4). Es una muestra más del uso argumentativo de las autoridades, que se
            prolongará a lo largo de toda la polémica:</p>
          <quote>
            <p>Verum si quis simul omnia huiuscemodi fecerit, vel aenigma erit, vel barbarismus, si
              quidem igitur e translationibus, aenigma, si autem e linguis, et barbarismus (Ponce,
                <emph>Silva</emph>, fols. 35r-35v) <lb/>(«porque si uno lo compone todo de este
              modo, habrá enigma o barbarismo; si a base de metáforas, enigma; si de palabras
              extrañas, barbarismo», Aristóteles, <emph>Poética</emph>, 1458a23-25)<note
                place="bottom">Traducción de V. García Yebra, 1974.</note></p>
            <p>Non populare quidem igitur faciet, et alia dicte formae: propium autem claritudinem.
              Non minimam autem partem conferunt, ut locutio aperta sit, et non popularis,
              productiones et ablationes et immutationes nominum. Quia enim hoc aliter se habet quam
              propium, cum factam sit contra id quod consuetum, reddet in oratione non bulgare genus
              (Ponce, <emph xml:lang="en">Discurso</emph>, fol. 93v) <lb/>(«También contribuyen
              mucho a la claridad de la elocución y a evitar su vulgaridad los alargamientos,
              apócopes y alteraciones de vocablos; pues por no ser como el usual, apartándose de lo
              corriente, evitará la vulgaridad», Aristóteles,<emph> Poética</emph> 1458b1-4)</p>
          </quote>
          <p>En esta misma línea, también los autores citados o mencionados en el
              <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad del poeta guardan una notable
            uniformidad. Ponce menciona dos series de poetas cuyo estilo mostraba una destacada
            dificultad. La primera de ellas recoge autores antiguos: Plauto, Petronio, Séneca
            (tragedias), Estacio (<emph>Silvas</emph> y <emph>Thebaida</emph>), Persio, Marcial,
            Catulo, Tibulo, Virgilio, Ausonio. Refrendo de dicha dificultad es que muchos de sus
            versos necesitaron comentario, y Ponce menciona aquí los más destacados comentaristas de
            la obra de Marcial: Justo Lipsio, Marco Antonio Muret y José Justo Scalígero. Para
            reforzar su idea, Ponce señala otra serie de poetas, ahora en lenguas romances, en
            algunas de cuyas obras se advierte también la seña de la oscuridad: Dante (canciones,
              <emph>Convivio</emph>), Petrarca (canciones), Girolamo Benivieni (comentado por Pico
            della Mirandola), Juan de Mena, Fernando de Herrera y Diego Hurtado de Mendoza.</p>
          <p>Cuando se ocupa de defender la introducción de voces nuevas por parte de los poetas
            –aspecto que, como he dicho, ocupará también su epístola a Villamediana–, Ponce cita
            otra nómina de escritores donde destacó dicho rasgo: Lucrecio, Accio, Ennio y Macrobio.
            A ellos acompañan dos poetas españoles: Juan de Mena, antecedente de Góngora en muchos
            de sus usos del lenguaje, y Garcilaso, de gran importancia a la hora de documentar ese
            rasgo de estilo en un poeta que ostentaba la bandera de la claridad.</p>
          <p>Como era de esperar, destaca también en el <emph>Discurso</emph> la cita de los más
            habituales autores de preceptivas literarias: Aristóteles (tanto su <emph>Poética</emph>
            como su <emph>Retórica</emph>), Cicerón, Quintiliano y Horacio, así como los comentarios
            y notas de Piccolomini (1572) a la <emph>Poética</emph> de Aristóteles, y del Brocense
            (1591) al <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio.</p>
          <p>Lo habitual en el proceder de Manuel Ponce es que mencione con precisión la fuente que
            utiliza o cita, rasgo que se entiende como muestra del rigor y la erudición de su
            comentario. Así sucede, por ejemplo, cuando en la parte final del <emph>Discurso</emph>
            (fol. 108r) remite a la edición del <emph>Ars poetica</emph> de Horacio con anotaciones
            del Brocense (Salamanca, 1591), y a la traducción y notas de la <emph>Poética</emph> de
            Aristóteles elaborada por Alessandro Piccolomini. No obstante, cuando defiende el uso y
            creación de voces nuevas apoyándose en el <emph>Ars poetica</emph> de Horacio (vv.
            46-59), Ponce sigue en varias ocasiones el comentario de dicha preceptiva elaborado por
            el granadino Juan Villén de Biedma y publicado en 1599, pero no cita la procedencia de
            tales pasajes. El primero se refiere a las dos formas en que puede desarrollarse la
            creación de voces, aunque aquí Ponce adapta parte del comentario a la lectura de los
            versos de Góngora:</p>
          <quote>
            <p>Ello se puede entender en vna de dos maneras, o que de dos palabras se haga vna: como
              si pongamos exemplo, {leuisonus, herbi pote<emph>ns</emph>, legislator.} y en nuestro
              Castellano, primauera, agricultura, y odorifero, que son vocablos compuestos de dos
              palabras, y dizen vna significacion; o que de junta de muchas palabras, resulte vn
              solo sentido, como para significar la primauera, dize Horacio en sus Odas libro 4. Oda
              7. [Diffugere niues; reddeunt iam gramina campis; arboribusq<emph>ue</emph> comae] de
              las quales vsa Horacio metaforicamente para significar el Verano (<emph>Q. Horacio
                Flacco poeta lyrico latino. Sus obras con la declaracion Magistral en lengua
                Castellana. Por el Doctor Villen de Biedma...</emph>, Granada. Por Sebastian de
              Mena. Año 1599. A costa de Iuan Diez mercader de libros, fol. 311r).</p>
            <p>Así que, si uno cría una voz nueva que sea compuesta de otras comunes en modo
              conviniente, le será lícito; como, por ejemplo, entre los latinos esta voz
                <emph>capra</emph>, y esta, <emph>genus</emph>, son notorias, y juntando ambas en
              una se hace esta palabra nueva <emph>c</emph><hi rend="u"><emph>aprigenum</emph></hi>
              o la voz <emph>semicapro</emph>, que está en esta silva, núm<emph>ero</emph> 28,
              compuesta de dos dicciones. Y en este modo creo que entiende Horacio que la unión
              forme palabras nuevas. Otros quieren que se entienda de las translaciones, desta
              suerte: que se tomen nombres comunes de una cosa para significar otra diversa;
                <emph>verbi gratia</emph>: yo quiero decir que ha vuelto la primavera; y no
              queriendo decir <hi rend="u"><emph>ver redit</emph></hi> con sus palabras propias,
              diré, con otras notorias que juntas hagan un modo nuevo, <emph>difugere nives. redeunt
                iam gramina campis, arboribusq</emph>ue. De suerte que, siendo todas estas palabras
              conocidas, por estar juntas con artificio no significan lo que dice su propio sentido,
              sino diversamente; porq<emph>ue</emph> no se entiende por ellas que las nieves han
              huido, ni que la grama ha vuelto a los campos, ni las hojas a los árboles, sino que ha
              vuelto la primavera (Ponce, <emph>Discurso</emph>, fols. 102r-103r).</p>
          </quote>
          <p>La segunda semejanza se produce cuando, al comentar los versos de Horacio, se explica
            un <emph>locus a comparatione</emph> mediante el que se justifican usos lingüísticos
            nuevos en autores más recientes, cuando ya han sido sancionados en otros anteriores:</p>
          <quote>
            <p>Es argumento de mayor a menor, y quiso dezir, que si los Romanos dieron licencia a
              Cecilio y a Plauto, no siendo los mejores Poetas del mundo, menos la
                podia<emph>n</emph> negar a Virgilio, y a Vario, que fueron la prima de los Latinos:
              para q<emph>ue</emph> pudiessen inuentar nueuas palabras, y de otras lenguas
              introduzirlas (<emph>Q. Horacio Flacco poeta lyrico latino. Sus obras con la
                declaracion Magistral en lengua Castellana. Por el Doctor Villen de
              Biedma...</emph>, fol. 311v).</p>
            <p>Hace aquí un argumento de la mayor, y dice: si el pueblo romano ha concedido a
              Cecilio y a Plauto fingir palabras nuevas, mucho más debe concederlo a
                Virg<emph>ili</emph>o y Varo, que los imitan (Ponce, <emph>Discurso</emph>, fols.
              103v-104r).</p>
          </quote>
          <p>El siguiente pasaje muestra una coincidencia casi literal que refuerza las anteriores
            semejanzas:</p>
          <quote>
            <p>Y por esto Horacio en persona de todos se quexa diciendo, {ego, cur inuideor} por que
              soy odioso y murmurado {si possum acquirere pauca?} si puedo adquirir algunas pocas
              palabras a mi propia lengua? Y vsa de la palabra, inuideo, como de cosa nueua, porque
              no se dize inuideo te, sino tibi, y por consiguiente no auia de dezir, non inuideor,
              sino mihi inuidetur" (<emph>Q. Horacio Flacco poeta lyrico latino. Sus obras con la
                declaracion Magistral en lengua Castellana. Por el Doctor Villen de
              Biedma...</emph>, Granada. Por Sebastian de Mena. Año 1599, fol. 311v)</p>
            <p>Y volviendo a Horacio, prosigue: <emph>Ego cur inuideor</emph>: ¿por qué debo ser
              invidiado o aborrecido si puedo adquirir algunas pocas palabras a mi lengua? Y así,
              pone <hi rend="u"><emph>inuideor</emph></hi>, voz nueva; porque no se dice <hi
                rend="u"><emph>inuideo te</emph></hi>, sino <emph>inuidio tibi</emph>; y por el
              consiguiente, no decimos <hi rend="u"><emph>non inuideor</emph></hi>, sino <emph>mihi
                inuidetur</emph> (Ponce,<emph> Discurso</emph>, fol. 107r)</p>
          </quote>
          <p>Una fuente cuya importancia merece ser destacada dentro de este <emph>Discurso</emph>
            es Giovanni Boccaccio y su <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>. Como se verá
            posteriormente, Ponce defiende el estilo de Góngora admitiendo su oscuridad, y
            proclamando que es un rasgo esencial en los poetas. En este punto, la obra de Boccaccio
            es un apoyo muy destacado en la argumentación de Ponce, quien recurre a varios lugares
            del libro 14 de la <emph>Genealogia</emph>.</p>
          <p>La deuda más evidente de Manuel Ponce con este escrito es la cita explícita de un
            pasaje que pertenece al comienzo del capítulo 7 («Quid sit poesis, &amp; unde dicta, et
            quod officium est eius») de ese libro 14 de la <emph>Genealogia</emph>:</p>
          <quote>>Huius enim feruoris sunt sublimes effectus, utputa mentem in desiderium dicendi
            compellere peregrinas et inauditas inuentiones excogitare, meditatas ordine certo
            componere, ornare compositum inusitato quodam uerborum atque sententiarum contextu,
            uelamento fabuloso atque decenti ueritatem contegere (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum
              gentilium</emph>, 14, 7, ed. Basilea, 1532, pp. 360-361). </quote>
          <p>Y volviendo a lo que toca a la dificultad que resulta en la poesía, de ser escrita en
            los términos y con los preceptos convinientes, el Boccaccio, en el 14 de la
              <emph>Genealogía de los dioses</emph>, dice:</p>
          <quote>«Los efectos de poético furor son conducir la mente en el ánimo de decir bien,
            imaginar raras y jamás oídas invenciones, ampliarlas y ornarlas, compuestas con un
            cierto raro y no común estilo de palabras supremas y sentencias divinas; y, debajo del
            velo de la fábula apropiada, esconder la conocida verdad» (Ponce, <emph>Discurso</emph>,
            fols. 94v-95r)<note place="bottom">Los pasajes no se encuentran en la traducción
              castellana de Martín de Ávila, del círculo del marqués de Santillana, que solo recoge
              los trece primeros libros. Esos trece primeros libros, de materia mitológica,
              constituyen la primera versión de la <emph>Genealogia</emph>, que parece se redactó en
              torno a 1360. Boccaccio reelaboró el texto hasta casi su muerte en 1375, y añadió los
              libros 14 y 15. Más detalles en Gómez Sánchez, 2002, pp. VII, XXI, LXXXIX-C.</note>. </quote>
          <p>A este pasaje pueden unirse otros del mismo libro 14 de la <emph>Genealogia</emph>; en
            este caso de su capítulo 12. Allí Boccaccio defiende la oscuridad como rasgo del estilo
            de los poetas; su epígrafe revela una opinión similar a la que defenderá Ponce
            («Damnanda non est obscuritas poetarum»). Como hará luego Ponce, Boccaccio se apoya en
            la proverbial oscuridad del estilo de los filósofos y los textos sagrados, donde ese
            rasgo es objeto de alabanza. En este punto se encuentra el primer pasaje donde ambos
            textos se asemejan, aunque en este caso Ponce ofrece una recreación abreviada, cuya
            procedencia no declara:</p>
          <quote>
            <p>Testes sunt plurimi, quos inter si libet interrogent Augustinum, sanctissimum atque
              eruditissimum hominem, et cuius ingenii tam grandes fuere uires, ut artes multas, et
              quicquid de decem cathegoriis tradidere philosophi absque, ut ipse fatetur,
              praeceptore perceperit. Nec tamen erubuit confiteri se Isaiae principium intelligere
              nequiuisse. Non ergo obscuritates solis poematibus insunt. Quid ergo non incusant
              philosophos ut poetas? Quid non dicunt Spiritum Sanctum suis operibus ut
              artificiosiores apparerent, obscuras implicuisse sententias? (Boccaccio,
                <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>, 14, 12, ed. Basilea, 1532, p. 368).</p>
            <p>Y hay muchos testigos. Entre los cuales, si les apetece, que pregunten a Agustín,
              santísimo y eruditísimo hombre y del que fueron tan grandes las fuerzas del ingenio
              que sin preceptor, como él mismo confiesa, aprendió muchas artes y lo que sobre las
              diez categorías dijeron los filósofos, y sin embargo no se ruborizó al confesar que él
              no había podido comprender el principio de Isaías. Por tanto las oscuridades no están
              tan sólo en los poemas. Así pues, ¿por qué no acusan a los filósofos como a los
              poetas? ¿Por qué no dicen que el Espíritu Santo en sus obras introdujo pensamientos
              oscuros para que parecieran más artísticas? (Boccaccio, <emph>Genealogía de los dioses
                paganos</emph>, 14, 12, p. 831).</p>
            <p>y particular testimonio el Aurelio Agustino, cuyo espíritu angélico excedió la
              naturaleza humana en el caudal supremo de su ingenio divino, el cual confiesa no haber
              podido entender el principio de Esaías–, no, pues, será la oscuridad culpable en los
              poetas, imitadores en ella de la escritura divina y de los filósofos graves (Ponce,
                <emph>Discurso</emph>, fols. 89r-89v)</p>
          </quote>
          <p>Poco más adelante, en ese mismo capítulo 12, encontramos otros dos pasajes de Boccaccio
            recreados de cerca por Ponce, justo a continuación del anterior texto de su
              <emph>Discurso</emph> donde se refería a san Agustín y la dificultad de los textos de
            Isaías:</p>
          <quote>
            <p>Verum non ob id, ut isti uolunt, iure damnanda, cum inter alia poetae officia sit non
              cuiscerate fictionibus palliata, quinimmo si in propatulo posita sint memoratu et
              ueneratione digna, ne uilescant familiaritate nimia, quanta possunt industria tegere,
              et ab oculis torpentium auferre (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>,
              14, 12, ed. Basilea, 1532, p. 368)</p>
            <p>Pero no por esto deben ser condenados con razón, como quieren éstos, puesto que entre
              los oficios del poeta está el no desentrañar lo cubierto con ficciones sino que, si se
              colocan a la vista de todos las cosas dignas de recuerdo y veneración, para que no
              pierdan su valor por una excesiva familiaridad, ocultarlas con cuanto artificio puedan
              y alejarlas de los ojos de los torpes (Boccaccio, <emph>Genealogía de los dioses
                paganos</emph>, 14, 12, p. 832)</p>
            <p>Y debe considerarse que el oficio del poeta no es descubrir las cosas que por sí
              están cubiertas con algún velo; antes, si son claras y manifiestas, cifrarlas con
              cuanta diligencia y estudio pudiere, y encubrirlas a los ojos de la ignorancia porque
              la demasiada familiaridad no las deslustre; antes sean, por su dificultad, más dignas
              de memoria y reverencia (Ponce, <emph>Discurso</emph>, fols. 89r-89v)</p>
            <p>Nec sit qui existimet a poetis ueritates fictionibus inuidia conditas, aut ut uelint
              omnino absconditorum sensum negare lectoribus, aut ut artificiosiores appareant, sed
              ut, quae apposita uoluissent labore ingeniorum quaesita, et diuersimode intellecta,
              comporta tandem facient chariora (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>,
              14, 12, ed. Basilea, 1532, p. 368)</p>
            <p>Y no puede haber quien piense que las verdades son escondidas por los poetas en las
              ficciones por envidia o porque quieren negar a los lectores absolutamente el
              significado de lo escondido o para aparecer más artistas, sino porque a las cosas que
              puestas a la luz habrían perdido valor, buscadas con el esfuerzo de los ingenios, y
              comprendidas de modo distinas al ser finalmente descubiertas, las hacen más caras
              (Boccaccio, <emph>Genealogía de los dioses paganos</emph>, 14, 12, p. 832)</p>
            <p>Y ninguno presuma que el autor desta silva por presunción oscureció estos conceptos,
              o porque quiso negar de todo punto a los ingeniosos el sentimiento de las cosas
              cifradas, o por mostrarse más singular y artificioso. Porque su intento fue que las
              sentencias que procurasen entender en ellos o su sentido –solicitado con fatiga y
              trabajo del entendimiento y diversamente interpretado– fuese, después de entendido,
              tenido en más veneración y estima; y ejercitados en esto, los valientes ingenios se
              descubriesen y se acrisolasen los inferiores (Ponce, <emph>Discurso</emph>, fol.
              89v).</p>
          </quote>
          <p>En el capítulo 7 de ese mismo libro 14, Boccaccio se ocupa del origen y definición de
            los términos <emph>poesía</emph> y <emph>poeta</emph>, un asunto de larga tradición del
            que me ocuparé más adelante. Aquí basta señalar que la formulación de Ponce resulta de
            nuevo muy cercana a la de Boccaccio:</p>
          <quote>
            <p>Cuius quidem poesis nomen non inde exortum est, unde plurimi minus aduertenter
              existimant, scilicet à <emph>poio, pois</emph>, quod idem sonat quod <emph>fingo
                fingis</emph>, quinimo à poetes uetustissimo Graecorum uocabulo latine sonante
              exquisita locutio. Nam primi, qui inflati spiritu exquisite rudi adhuc saeculo coepere
              loqui, utputa carmine, tunc omnino loquendi genus incognitum, ut sonorum auribus
              audientium etiam uideretur (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>, 14,
              7, ed. Basilea, 1532, p. 361)</p>
            <p>El nombre de esta poesía no ha derivado de donde la mayoría piensan sin darse cuenta,
              a saber, de <emph>poio poiesis</emph>, que significa lo mismo que <emph>fingo,
                fingis</emph>, sino de <emph>poietes</emph>, antiquísima palabra griega que
              significa exquisita locución. Pues los primeros que, animados con este espíritu,
              comenzaron a hablar exquisitamente en un siglo todavía rudo, como por ejemplo en
              verso, manera de hablar entonces totalmente desconocida, para que pareciera también
              sonoro a los oídos de los oyentes (Boccaccio, <emph>Genealogía de los dioses
                paganos</emph>, 14, 7, p. 817)<note place="bottom">Poco después, Boccaccio reiterará
                el significado de la voz: «quod artificium, quoniam mirabile uisum est, et eo usque
                in auditum, ut praediximus ab effectu uocauere poesim seu <emph>poetes</emph>, et
                qui composuerant poetae uocati sunt» (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum
                  gentilium</emph>, 14, 8, ed. Basilea, 1532, p. 362); «A este arte, puesto que
                pareció admirable y nunca oída hasta entonces, como hemos dicho antes, la llamaron
                por su efecto <emph>poiesis</emph> o <emph>poietes</emph>, que en latín significa
                exquisita locución, y quienes la habían compuesto fueron llamados poetas»
                (Boccaccio, <emph>Genealogía de los dioses paganos</emph>, 14, 8, p. 820).
              </note>.</p>
            <p>Y supuesto que este nombre de la poesía no nació ni es denominado –como algunos
              abiertamente dicen– de <emph>poio, pois</emph>, que traducido dice lo mismo que
                <emph>fingo fingis</emph>; antes se deriva de <emph>poaetes</emph>, antiquísima voz
              griega que se lee <hi rend="u">esquisita locució</hi>’, porque los primeros de
              inflamado espíritu comenzaron a hablar diversamente del común en aquel siglo bárbaro,
              como ahora en el verso –que al fin era una suerte de locución rara y no conocida–, se
              sigue que aquel cumplirá mejor con los preceptos y nombre de la poesía, que en la suya
              realzare más el estilo y, desviándose de lo humilde y común, cifrare debajo de
              diversas colores su concepto, de suerte que no sea fácil ni manifiesto a todos, y que
              su inteligencia sea reservada a los de mayor capacidad y letras (Ponce,
                <emph>Discurso</emph>, fols. 90r-90v)</p>
          </quote>
          <p>Además de la cita explícita y la semejanza en los pasajes que acabo de señalar, hay
            otros rasgos del libro 14 de la <emph>Genealogia</emph> boccacciana que creo deben
            ponerse en relación con el comentario de Manuel Ponce. En primer lugar, de los capítulos
            2 a 5 de ese libro 14, Boccaccio se anticipa a responder a las censuras que diferentes
            tipos de lectores lanzarán sobre su obra: los idiotas que desprecian el saber, atrapados
            por la molicie y los placeres; los que desean parecer sabios no siéndolo; los juristas
            que desprecian a los poetas pues su actividad no les reporta beneficio económico, y los
            falsos filósofos, de saberes aparentes. Aunque no extraña a este tipo de defensas, esta
            refutación que clasifica a los enemigos de la poesía se asemeja a la organización de la
            dedicatoria al conde de Salinas que precede a la anotación de la <emph>Soledad
              primera</emph>, donde Ponce también clasifica los diferentes tipos de ingenios que se
            opusieron al poema de Góngora en doctos, agudos y curiosos<note place="bottom">Como
              veremos, este tipo de organización aparecerá en otro texto temprano dentro de la
              defensa de Góngora: las <emph>Advertencias</emph> de Almansa.</note>.</p>
          <p>Finalmente, creo que también debe señalarse el hecho de que el capítulo 11 de este
            libro 14 de la <emph>Genealogia</emph> lleva como epígrafe: «Para la comodidad de su
            meditación los poetas habitaron las soledades» («Ob meditationis commodum solitudines
            incoluere poetae»). Probablemente influido por textos de su admirado Petrarca –<emph>De
              vita solitaria</emph>, varias de sus<emph> Familiares, Invective contra medicum</emph>
            4–, y recreando el antiguo tópico del retiro del sabio, su formulación, repetida en
            otros lugares de la <emph>Genealogia</emph> –concretamente en los capítulos 4, 7 y 17 de
            este libro 14<note place="bottom">14, 4, p. 804; 14, 7, p. 816; 14, 17, p. 848 en la
              traducción castellana incluida en la bibliografía.</note>–, apunta a uno de los
            posibles sentidos del título del poema de Góngora, además de los referidos al
            protagonista y el lugar, ya señalados por Díaz de Rivas y el Abad de Rute<note
              place="bottom">«La primera <emph>Soledad</emph> se intitula la <emph>Soledad de los
                campos</emph>, y las personas que se introducen son pastores; la segunda, la
                <emph>Soledad de las riberas</emph>; la tercera, la <emph>Soledad de las
                selvas</emph>; y la cuarta, la <emph>Soledad del yermo</emph>. Dio, pues, por título
              el lugar donde sucedía el cuento, a imitación de gravísimos autores [señala a Lucano,
                <emph>Pharsalia</emph>; Estacio, <emph>Thebaida</emph>; Sannazaro,
                <emph>Arcadia</emph>] Y assí los Poetas que alabaron la "vida solitaria" no
              entendieron de aquella en que vive un hombre tan solo que ni él pueda ver gente ni
              ésta pueda penetrar allá, sino en la que vive apartado de el tumulto popular» (Díaz de
              Rivas, <emph>Anotaciones y defensas a la Primera Soledad</emph>, BNE, ms. 3.906, fol.
              183r); «de la persona principal que es el pobre náufrago (...) o ya del lugar»
              (Francisco Fernández de Córdoba, <emph>Examen del Antídoto o apología por las
                Soledades de don Luis de Góngora contra el autor de El Antídoto</emph>, ed. Artigas,
              p. 402; ed. Mancinelli, 2019, p. 131). Añádanse las interesantes consideraciones que
              ofrece López Bueno, 2018, pp. 71-72, 102-103, n. 199, 135, n. 265, sobre la asociación
                <emph>soledad-selva-silva</emph> ya observada por Salcedo Coronel
            (1636).</note>.</p>
          <p>Puede afirmarse, pues, que la anotación y el <emph>Discurso</emph> de Ponce se apoyan
            en un nutrido arsenal de autores en los que sustenta su explicación del poema y sus
            opiniones sobre la oscuridad en el estilo del poeta, lo que otorga al conjunto de su
            tarea una solidez argumentativa que supera el encendido tono que –poco a poco y con
            excepciones– irá tiñendo la polémica. Debe reiterarse, además, que el acopio de
            autoridades se convirtió a menudo no solo en un argumento en favor de la tesis defendida
            por quien las aducía, sino también en un valor en sí mismo, pues su magnitud se entendía
            también como una muestra del rigor y el grado de erudición del comentarista.</p>
          <div subtype="level3">
            <head>Listado de fuentes mencionadas por Manuel Ponce</head>
            <p>Se organizan respetando las principales secciones del manuscrito, que se marcan en
              negrita. El orden es alfabético.</p>
            <div subtype="level4">
              <head>Texto de la Soledad primera</head>
              <p>Claudiano (c. 370-c. 405), <emph>Phoenix</emph>, v. 21: fuente del plural «céfiros»
                en el verso «el fresco de los céfiros ruido».</p>
              <p>Claudiano: nota a los versos «de sus carcajes estos argentados / nieven mosquetas,
                flechen azahares». En la nota se cita como fuente parte del verso 124 y el verso 125
                del <emph>Ephitalamium dictum Palladio et Celerinae</emph>, de Claudio
                Claudiano.</p>
              <p>Horacio (65 a. C.-8 a. C.), <emph>Odas</emph>: nota al verso «previniendo ambos
                daños las edades»; en ella se remite como fuente a Horacio, <emph>Odas</emph>, 2.
                10, vv. 9-12.</p>
              <p>Ovidio (47 a. C.-17 d. C.), <emph>Metamorfosis</emph>: fuente del verso «el
                luminoso Pyro» (por Tiro). Se subraya la voz y se remite al libro 2 de las
                  <emph>Metamorfosis</emph> de Ovidio.</p>
              <p>Ovidio, <emph>Metamorfosis</emph>: nota al verso «de la peneida virgen desdeñosa».
                Se remite al libro primero de las <emph>Metamorfosis</emph> de Ovidio para más
                detalles sobre Dafne, hija de Peneo.</p>
              <p>Plinio el Viejo (23-79),<emph> Naturalis Historia</emph>: fuente pare el verso «de
                la Libia y a cuantas da la fuente»: se subraya <hi rend="u">Libia</hi> y se indica
                que es una región desierta de África de la que habla Plinio.</p>
              <p>Sannazaro (1458-1530),<emph> Arcadia</emph>, prosa última: fuente sobre el río
                Eurota («en los verdes estanques del Eurota»).</p>
              <p>Tasso, Torquato (1544-1595), <emph>Gerusalemme liberata</emph>: fuente de los
                versos desde «a glorioso pino» a «de un oceano y otro siempre uno».</p>
              <p>Virgilio (70 a. C.-19 a. C.), <emph>Eneida</emph>: nota al verso «que cuando Ceres
                más dora la tierra» y los seis siguientes. Se da como fuente de ellos a Virgilio,
                  <emph>Eneida</emph>, 7, vv. 808-811.</p>
              <p>Virgilio: <emph>Égloga</emph> 6 y <emph>Eneida</emph> 1, fuente sobre el río Eurota
                («en los verdes estanques del Eurota»).</p>
            </div>
            <div subtype="level4">
              <head>Primera dedicatoria al conde de Salinas</head>
              <p>Las fuentes de esta sección pertenecen a retóricas de corte clásico y poéticas que
                defienden el equilibrio y moderación en el estilo, pues ilustran censuras de los
                detractores del poema de Góngora, a las que Ponce opondrá su anotación y
                discurso.</p>
              <p>Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.), <emph>Poética</emph>, cita de 1458a23-25. Este
                pasaje de la <emph>Poética</emph> de Aristóteles, donde recomienda equilibrio en el
                uso de voces nuevas y extrañas y metáforas oscuras, se citará bastante en la
                polémica gongorina.</p>
              <p>Horacio, <emph>Ars Poetica</emph>, cita de los vv. 89-91. Lo heroico y lo lírico
                requieren muy diversos asuntos. Se encuadra la cita en las objeciones que los
                enemigos de Góngora ponen a la <emph>Soledad primera</emph>.</p>
              <p>Cicerón (106 a. C.-43 a. C.), cita de <emph>De officiis</emph> 1, 111: peligros de
                introducir voces y acciones forasteras. Se encuadra la cita en las objeciones que
                los enemigos de Góngora ponen a la <emph>Soledad primera</emph>.</p>
              <p>Horacio, <emph>Ars Poetica</emph>, cita de los vv. 19-20. Se encuadra la cita en
                las objeciones de los enemigos de Góngora a la <emph>Soledad primera</emph>; en
                concreto, contra la falta de decoro del poema, que se considera de asunto lírico,
                pero de estilo heroico.</p>
              <p>Quintiliano (c. 35-c. 95), <emph>Inst. Orat.</emph>, 1, 6, 39. La claridad, suma
                virtud del discurso; es vicioso aquel que precisa de intérprete. Se encuadra la cita
                en las objeciones de los enemigos de Góngora a la <emph>Soledad primera</emph>.</p>
              <p>Quintiliano, <emph>Inst. Orat</emph>. 1, 6, 40 («quia nihil odiosius est
                adfectatione») contra la afectación. Se encuadra la cita en las objeciones que los
                enemigos de Góngora ponen a la <emph>Soledad primera</emph>.</p>
              <p>Quintiliano, <emph>Inst. Orat.</emph>, 1, 5, 61. Peligros contra la
                  <emph>proprietas</emph> que encierra el uso de voces y expresiones nuevas. Se
                encuadra la cita en las objeciones de los enemigos de Góngora a la <emph>Soledad
                  primera</emph>.</p>
            </div>
            <div subtype="level4">
              <head>Anotación del poema</head>
              <p>Alamanni, Luigi (1495-1556), <emph>Della coltivazione</emph> (1546).</p>
              <p>Albericus Londoniensis, identificado con Alexander Neckam (1157-1217) y con la
                figura del Mitógrafo Vaticano III (codex. Vat 3413): erudito inglés que, entre otras
                obras, escribió las <emph xml:lang="it">Allegoriae poeticae: seu de veritate ac
                  expositione poeticarum fabularum libri quatuor Alberico londonensi
                authore</emph>.</p>
              <p>Alberto Magno, santo (1193/1206-1280), <emph>De meteoris</emph>.</p>
              <p>Alciato (1492-1550), <emph>Emblematum liber.</emph></p>
              <p>Alessandro Alessandrini (1461-1523) –Alexander ab Alexandro–, jurista napolitano
                formado en letras y antigüedades, que elaboró una compilación de saberes varios
                  (<emph>Geniales dies</emph>) basada en las <emph>Noctes Atticae</emph> de Aulo
                Gelio y los <emph>Saturnalia</emph> de Macrobio.</p>
              <p>Ammianus Marcellinus (c. 335-d. 378), historiador romano conocido por sus <emph>Res
                  Gestae.</emph></p>
              <p>Anacreonte (c. 574-c. 485 a. C.), <emph>Odas</emph>.</p>
              <p>Annio de Viterbo (pseudo Beroso) (1432-1502), <emph>Commentaria super opera
                  diversorum auctorum de antiquitatibus, también conocida como Berosi sacerdotis
                  chaldaici antiquitatum Italiae ac totius orbis libri quinque, commentariis Ioannis
                  Annii Viterbensis</emph>.</p>
              <p>Apuleyo (c. 125-c. 180), <emph>El asno de oro.</emph></p>
              <p>Aquiles Tacio (s. II),<emph> Leucipa y Clitofonte.</emph></p>
              <p>Ariosto (1474-1533), <emph>Orlando furioso.</emph></p>
              <p>Aristóteles (384-322 a. C.), <emph>De natura animalium, Historia animalium, Liber
                  de inundatione Nili (De nilo)</emph> [atribuida].</p>
              <p>Aulo Gelio (c. 129-c. 180), <emph>Noctes Atticae.</emph></p>
              <p>Ausonio (310-395), <emph>De rosis nascentibus</emph> (atribuido a Virgilio).</p>
              <p>Biblia (Génesis 2, 13; Salmo vg. 138; Tobías 12, 15).</p>
              <p>Boccaccio (1313-1375), <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>.</p>
              <p>Camões (c. 1524-1580), <emph>Églogas, Os Lusíadas.</emph></p>
              <p>Capoleone Guelfucci (1541-1600), poema heroico <emph>Rosario de la Madonna</emph>.
                Ilustra la idea de que los ríos tienen ángeles custodios que guían sus aguas.</p>
              <p>Catulo (87 a. C.-c. 54 a. C.), <emph>Carmina.</emph></p>
              <p>Cicerón (106 a. C.-43 a. C.), <emph>De natura deorum.</emph></p>
              <p>Claudiano, <emph>In Rufinum</emph>, <emph>De raptu Proserpinae</emph>,
                  <emph>Phoenix</emph>, <emph>Ephitalamium dictum Palladio et Celerinae</emph>,
                  <emph>Nilus</emph>.</p>
              <p>Claudio Eliano (c. 175-c. 235), <emph>De natura animalium</emph>, <emph>Varia
                  Historia</emph>.</p>
              <p>Coccio, Marco Antonio (c. 1436-1506), llamado Sabellico por su lugar de nacimiento
                (Vicovaro), en el territorio de los antiguos sabinos. La obra mencionada es su
                  <emph>Enneades sive Rhapsodia historiarum ab orbe condito</emph>. Se incluye como
                fuente de noticias sobre el Nilo.</p>
              <p>Diodoro Sículo (c. 90 a. C.- c. 30 a. C), <emph>Biblioteca Histórica</emph>.</p>
              <p>Estacio (c. 45-96), <emph>Thebaida.</emph></p>
              <p>Estrabón (c. 64 a. C.- c. 21 d. C), <emph>Geografía.</emph></p>
              <p>Fulgentius, Fabius Planciades (finales s. V- principios s. VI), gramático latino
                autor de los <emph>Mithologiarum libri III.</emph></p>
              <p>Garcilaso (c. 1501-1536), égloga 1, égloga 2, égloga 3, elegía 1 [esta última
                citada por la edición comentada del Brocense; vel la nota al fol. 65r].</p>
              <p>Giovanni Lorenzo D'Anania (1545-1609), geógrafo y teólogo italiano; se refiere a su
                obra <emph>L'vniversale fabrica del mondo</emph>, publicada en Nápoles en 1573 y
                luego en Venecia en 1576.</p>
              <p>Gonzalo de Illescas (1521-1574) redactó las dos primeras partes de la obra
                colectiva titulada <emph>Historia Pontifical</emph>, partes que abordan la historia
                de los papas desde san Pedro a 1572, en que muere Pío V, contemporáneo de Illescas.
                La primera edición de la primera parte se publicó en Dueñas en 1565, y la primera
                edición de la segunda parte en Salamanca en 1573.</p>
              <p>Guarini, Giovanni Battista (1538-1612), <emph>Il pastor Fido.</emph></p>
              <p>Heródoto de Halicarnaso (484 a. C.-435 a. C.), <emph>Los nueve libros de la
                  Historia</emph>.</p>
              <p>Hesíodo (segunda mitad del s. VII a. C.), <emph>Catálogo de mujeres</emph>
                (atribuida) [fuente tomada de Claudio Eliano,<emph> Varia Historia</emph>].</p>
              <p>Homero (c. s. VIII a. C.), <emph>Odisea, Iliada</emph>.</p>
              <p>Horacio, Odas, Épodos, Ars Poetica.</p>
              <p><emph>Ivlii Caesaris Scaligeri exotericarum exercitationvm liber qvintus decimvs,
                  de svbtilitate, ad Hieronymvm Cardanvm</emph>. Fuente de noticias sobre el
                Nilo.</p>
              <p>Johannes Trithemius (1462-1516), erudito y abad benedictino alemán, que fundó una
                sociedad (Sodalitas Celtica) dedicada al estudio de las lenguas, la astrología y el
                significado de los números. Ponce se refiere a <emph>De Septem Secundeis</emph>,
                obra escrita en 1508. Allí expone su visión del universo basada en siete ángeles que
                se asignan a siete planetas.</p>
              <p>Justino (s. II-III), <emph>Historiarum Philipicarum libri XLIV</emph>.</p>
              <p>Juvenal (60-128), <emph>Sátiras.</emph></p>
              <p>Lactancio, Lucio Celio Firmiano (c. 240-c. 325), <emph xml:lang="en">Diuinarum
                  institutionum libri VII.</emph></p>
              <p>Lactantius Placidus (c. 350-c. 400), <emph xml:lang="en">In Statii Thebaida
                  Commentum.</emph></p>
              <p>Lucano (39-65), <emph>Pharsalia.</emph></p>
              <p>Lucio Fauno, alias de Giovanni Tarcagnota (c. 1508-1566), historiador y poeta
                italiano que destacó por su libro <emph>Delle antichità della città di Roma</emph>
                (Venecia, Michael Tramezzinus, 1548), cuya traducción al latín fue publicada en 1549
                (Venecia, Michael Tramezzinus).</p>
              <p>Lucrecio (c. 99 a. C.-c. 55 a. C.), <emph>De rerum natura.</emph></p>
              <p>Marcial (40-104), <emph>Epigramas.</emph></p>
              <p>Marciano Capella (c. 360-c. 428), <emph>De nuptiis Mercurii et
                Philologiae</emph></p>
              <p>Marco Manilio (s. I),<emph> Astronomicon.</emph></p>
              <p>Marcus Aurelius Olympius Nemesianus (segunda mitad del s. III), poeta latino que,
                entre otras obras que se le atribuyen, escribió cuatro églogas y un poema sobre la
                caza (<emph>Cynegetica</emph>).</p>
              <p>Marino, Giambattista (1569-1625), <emph>Rime</emph>.</p>
              <p>Michael Maier (1568-1622), médico y alquimista alemán. Ponce se refiere a una de
                sus primeras obras destacadas: <emph>Arcana arcanissima, hoc est, Hieroglyphica
                  AEgyptio-Graeca: vulgo necdum cognita, ad demonstrandam falsorum apud antiquos
                  deorum, dearum, heroum, animantium, et institutorum pro sacris receptorum,
                  originem, ex uno AEgyptiorum artificio, quad aureum animi et Corporis medicamentum
                  peregit, deductam: unde tot poetarum allegoriae, scriptorum narrationes fabulosae
                  et per totam encyclopaediam errores sparsi clarissima veritatis luce
                  manifestantur, suaque tribui singula restituuntur, sex libris exposita</emph>.
                London, Creede, 1614.</p>
              <p>Natale Conti (1520-1582), <emph>Mythologiae sive explicationis fabularum libri
                  decem (1567)</emph>.</p>
              <p>Ovidio, <emph>Metamorfosis</emph>, <emph>Fastos</emph>, <emph>Ex Ponto</emph>,
                  <emph>Heroidas</emph>.</p>
              <p>Pausanias (c. 110-c. 180), <emph>Hellados Periegesis</emph> (Descripción de
                Grecia).</p>
              <p>Petrarca (1304-1374), <emph>Trionfo d’Amore</emph>, <emph>Canzoniere</emph>.</p>
              <p>Plinio el Viejo, <emph>Naturalis Historia</emph>.</p>
              <p>Plutarco (c. 50-c. 120), <emph>Cuestiones conviviales.</emph></p>
              <p>Pontano (1426-1503), <emph>Urania.</emph></p>
              <p>Publius Victor (s. IV), se le atribuye <emph>De regionibus urbis Romae libellus
                  aureus</emph>, una lista de monumentos de la antigua Roma dividida en distritos
                  (<emph>regiones</emph>).</p>
              <p>Quinto Curcio (s. I), <emph>De rebus gestis Alexandri Magni</emph>.</p>
              <p>Raffaello Maffei (1451-1522), llamado también Raffaello Volterrano por haber nacido
                en Volterra. Se cita la traducción latina de un epigrama griego sobre Arión y el
                delfín.</p>
              <p>Remigio de Auxerre (c. 850-908), <emph>Comentum in Martianum Capellam.</emph></p>
              <p>Salustio (86 a. C.-34 a. C.), <emph>Bellum Catilinae (De coniuratione
                  Catilinae)</emph>.</p>
              <p>Sannazaro,<emph> Arcadia.</emph></p>
              <p>Séneca (4 a. C.-65 d. C.), <emph>Edipo, Fedra.</emph></p>
              <p>Silio Itálico (c. 25-101),<emph> Punica.</emph></p>
              <p>Solino, Cayo Julio (mediados del s. IV), gramático y compilador en su <emph>De
                  mirabilius mundi. Collectanea rerum memorabilium</emph></p>
              <p>Stephanus, Carolus, o Charles Estienne o (1504-1564), médico, agrónomo y humanista
                francés, en su <emph>Dictionarium Historicvm, Geographicvm, poeticvm...</emph>
                (1553).</p>
              <p>Strozzi, Tito Vespasiano (c. 1425-c. 1505), llamado <emph>Stroza pater</emph> para
                no confundirse con su hijo Ercole Stroza (1473-1508). Las obras de ambos fueron
                editadas en Paris en 1530: <emph>Strozii Poetae Pater Et Filius</emph>, Parisiis, ex
                officina Simonis Colinaei, 1530. Ponce probablemente tomó la cita de Ravisio Textor,
                en cuyo compendio aparece literalmete en el apartado dedicado a la descripción de la
                noche (<emph>descriptio noctis</emph>).</p>
              <p>Tasso, Torquato, <emph>Gerusalemme liberata</emph>.</p>
              <p>Teodoncio de Campania (s. IX-XI), autor muy utilizado por los mitógrafos.</p>
              <p>Teofrasto (c. 371-c. 287), <emph>Sobre las piedras</emph> (<emph>Περὶ λίθων</emph>
                o De lapidibus).</p>
              <p>Terencio (185/195 a. C.-159 a. C.), <emph>Eunuchus</emph>.</p>
              <p>Theophylaktos Simokattes (s. VII): historiador bizantino de comienzos del siglo
                VII, conocido sobre todo por su historia del emperador Mauricio (582-602). Esta
                historia fue traducida al latín por Jacobo Pontano en 1604: <emph>Historiae Mauricci
                  Tiberii Imp. libri VIII</emph>. En el libro 7, cap. 17, habla de las fuentes y el
                curso del Nilo, con las opiniones y objeciones a diversos autores, que parece haber
                tomado de Diodoro Sículo.</p>
              <p>Valerio Flaco (c. 45-c. 90), <emph>Argonáuticas.</emph></p>
              <p>Valerio Máximo (último cuarto s. I a. C.- primera mitad s. I d. C.), <emph>Factorum
                  et dictorum memorabilium libri ix</emph>.</p>
              <p>Vibius Sequester (s. IV-V), autor latino que escribió un compendio geográfico donde
                se recogían listas alfabéticas de ríos, montes, lagos... y que fue muy usado por los
                poetas latinos. La obra se titula <emph>De fluminibus, fontibus, lacubus, nemoribus,
                  paludibus, montibus, gentibus quorum apud poetas mentio fit.</emph></p>
              <p>Virgilio (70 a.C.-19a. C.), <emph>Eneida, Églogas, Geórgicas.</emph></p>
            </div>
            <div subtype="level4">
              <head>Discurso en defensa de la oscuridad en el estilo del poeta</head>
              <p>Escritores clásicos que encierran dificultad:</p>
              <p rend="noindent">- Ausonio (310-395)</p>
              <p rend="noindent">- Catulo (87 a. C.-c. 54 a. C.)</p>
              <p rend="noindent">- Estacio (Silvas y Thebaida)</p>
              <p rend="noindent">- Marcial (40-104)</p>
              <p rend="noindent">- Persio (34-62)</p>
              <p rend="noindent">- Petronio (c. 27-c. 65)</p>
              <p rend="noindent">- Plauto (254aC-184aC)</p>
              <p rend="noindent">- Séneca (4 a. C.-65 d. C.), tragedias</p>
              <p rend="noindent">- Tibulo (54 a. C.-19 a. C.)</p>
              <p rend="noindent">- Virgilio (70 a. C.-19 a. C.)</p>
              <p>Comentaristas de Marcial:</p>
              <p rend="noindent">- José Justo Scaligero (1540-1609).</p>
              <p rend="noindent">- Justo Lipsio (1547-1606)</p>
              <p rend="noindent">- Marco Antonio Muret (1526-1585)</p>
              <p>Escritores romances que encierran dificultad:</p>
              <p rend="noindent">- Dante (1265-1321) (canciones, <emph>Convivio</emph>)</p>
              <p rend="noindent">- Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575).</p>
              <p rend="noindent">- Fernando de Herrera (1534-1597)</p>
              <p rend="noindent">- Girolamo Benivieni (1453-1542) (comentado por Pico della
                Mirandola)</p>
              <p rend="noindent">- Juan de Mena (1411-1456)</p>
              <p rend="noindent">- Petrarca (1304-1374) (canciones)</p>
              <p>Preceptivas:</p>
              <p rend="noindent">- Aristóteles, <emph>Poética</emph>, (1458a18-1459a16), donde recogía
                diversos recursos que lograban una dicción excelente y recomendaba moderación en su
                uso. Fue utilizado tanto por detractores como por defensores de Góngora.</p>
              <p rend="noindent">- Aristóteles, <emph>Retórica</emph> (3, 4)</p>
              <p rend="noindent">- Boccaccio (1313-1375), <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>
                (libro 14).</p>
              <p rend="noindent">- Cicerón, <emph>Epístola a Bruto</emph> (conservado por una cita de
                Quintiliano 8, 3, 34; trata de la introducción de voces nuevas).</p>
              <p rend="noindent">- Horacio, <emph>Ars poetica</emph> (55-58) (46-59) (60-72)</p>
              <p rend="noindent">- Piccolomini, Alessandro (1508-1578), traducción italiana y notas de
                la <emph>Poética</emph> de Aristóteles, cuya primera edición se publicó en Siena en
                1572, aunque fue más utilizada la segunda, veneciana, de 1575.</p>
              <p rend="noindent">- Sánchez de las Brozas, Francisco (1523-1600), edición del <emph>Ars
                  Poetica</emph> de Horacio con anotaciones del Brocense, publicada en Salamanca en
                1591: <emph>Francisci Sanctii Brocensis in incluta Salmanticensi Academia
                  Rhetorices, Graecaeque; linguae Primarii Doctoris. In artem Poeticam Horatii
                  Annotationes</emph>, Salmanticae, apud Ioannem &amp; Andream Renaut fratres,
                1591.</p>
              <p>Autores que legitiman la dificultad y el uso de voces nuevas:</p>
              <p rend="noindent">- Accio (170 a. C.- c. 84 a. C.) (citado por Macrobio, s. IV).</p>
              <p rend="noindent">- Agustín, san (354-430), <emph>Confesiones</emph> (l. 9).</p>
              <p rend="noindent">- Diógenes Laercio (c. 180- c. 240), Vidas, opiniones y sentencias de
                los filósofos ilustres.</p>
              <p rend="noindent">- Ennio (239 a. C.-169 a. C.) (citado por Macrobio).</p>
              <p rend="noindent">- Garcilaso, égloga 2.</p>
              <p rend="noindent">- Horacio, <emph>Carmina</emph>, 4, 7, vv. 1-2.</p>
              <p rend="noindent">- Juan de Mena, <emph>Laberinto</emph>.</p>
              <p rend="noindent">- Lucrecio (c. 99 a. C.- c. 55 a. C.), <emph>De rerum natura</emph>
                (citado por Macrobio).</p>
              <p rend="noindent">- Macrobio (último cuarto del s. IV), <emph>Saturnalia</emph>.</p>
              <p rend="noindent">- Marcial, <emph>Epigramas</emph>, 2, 86, 11-12.</p>
              <p rend="noindent">- Mario Equicola (c. 1470-1525) <emph>Libro de natura de
                amore</emph>, redactado en torno a 1495 (califica a Juan de Mena de poeta singular
                entre los españoles, como Petrarca entre los italianos).</p>
              <p rend="noindent">- Martín Martínez de Cantalapiedra (c. 1510-1579), <emph>Libri decem
                  hypotyposeon theologicarum, sive regvlarvm ad intelligendum scripturas diuinas, in
                  duas partes distributi</emph>, Salmanticae: excudebat Ioan. Maria a Terranoua:
                expensis Ioannis Moreni, 1565.</p>
            </div>
            <div subtype="level4">
              <head>Folio que contiene pasajes de Juan de Mena, prólogo de la Coronación</head>
              <p>Lugares del prólogo de la <emph>Coronación</emph> de Juan de Mena que justifican el
                estilo de Góngora.</p>
              <p rend="noindent">- Copia de la <emph>Soledad segunda</emph> (el periodo de la
                caza)</p>
              <p rend="noindent">- Natale Conti, <emph>Mythologiae sive explicationis fabularum libri
                  decem</emph> (1567).</p>
            </div>
          </div>
        </div>

        <div subtype="level2">
          <head>6. Aspectos abordados en el comentario<note place="bottom">Desarrollo estas
              cuestiones en Azaustre, 2015.</note></head>
          <p>Manuel Ponce aborda la mayoría de las cuestiones que protagonizaron la polémica
            gongorina, y destaca por su defensa de la oscuridad del estilo de Góngora basada en
            considerarla un rasgo consustancial al quehacer poético. Las principales nociones de
            poética y retórica que se abordan en el comentario de Ponce aparecen, sobre todo, en el
              <emph>Discurso</emph> donde defiende la oscuridad en el estilo del poeta. No obstante,
            también se desarrollan algunos de estos aspectos en la anotación y en las dos
            dedicatorias que contiene el manuscrito.</p>
          <p>Por lo que respecta a la anotación, en el apartado dedicado a la estructura del
            comentario ya he señalado algunas notas que explican el significado de metáforas,
            perífrasis o voces de difícil comprensión. Ponce no suele detenerse en consideraciones
            teóricas sobre los tropos y figuras empleados, y normalmente se limita en ellas a
            señalar el nombre de la figura o tropo. Remito a ese apartado para más detalles.</p>
          <p>El texto de la <emph>Soledad primera</emph> y la sección de notas van precedidas de dos
            dedicatorias: la primera de ellas «A los que no entienden esta silva» (fols. 2r-3r), y
            la segunda «Al conde de Salinas, presidente del Consejo de Portugal» (fols.
            34r-40r).</p>
          <p>Como apunta su epígrafe, en la dedicatoria «A los que no entienden esta silva» Ponce
            defiende el poema de quienes criticaban su oscuridad. El comentarista compendia las
            críticas a su oscuridad en tres razones que, al mismo tiempo, están apuntando a tres
            tipos de ingenios incapaces de comprender el texto:</p>
          <list type="ol" rend="1">
            <item rend="justify">«por la continuación de metáforas, hipérboles, translaciones,
              metonimias, repeticiones, exclamaciones, símiles, descripciones, transgresiones y
              locuciones [es oscura] a los que carecen de los preceptos de la retórica y poética»
              (fol. 2r).</item>
            <item rend="justify">«por la gramática, términos y frases nuevas [es oscura] a los que
              carecen de las lenguas latina y toscana a quien imita su autor en el estilo, gravedad
              y heroicia» (fols. 2r-2v).</item>
            <item rend="justify">«por las imitaciones, historias y fábulas y antigüedades que tiene
              es dificultosa a los que carecen de la lección de letras humanas y noticia de los
              poetas e historiadores» (fol. 2v).</item>
          </list>
          <p>Estas razones reúnen las principales causas por las que se censuraban las
              <emph>Soledades</emph>: excesos en el <emph>ornatus</emph> y <emph>verba
              peregrina</emph>, y dificultad de sus contenidos y alusiones históricas, literarias y
            mitológicas. Son estos los dos grandes tipos de oscuridad recogidos en la preceptiva
            literaria: la proveniente de la forma, y la que deriva de la complejidad, misterio o
            profundidad de los asuntos. Si la primera constituía un habitual blanco de críticas para
            las preceptivas, la segunda era admitida, y aun alabada, como signo de erudición o
            trascendencia del poeta<note place="bottom">Sobre el fenómeno de la oscuridad en el
              ámbito de esta polémica, ver Roses Lozano, 1994, pp. 66-151.</note>.</p>
          <p>La dedicatoria que precede a la anotación (fols. 34r-40r), dirigida al conde de
            Salinas, es una amplificación de la anterior. Ponce califica aquí a los detractores de
            Góngora como «el torrente de los doctos, agudos y curiosos, de cuyas tres especies no he
            visto que alguno haya aprobado en todo esta silva» (fol. 34r). Sobre esa tipología se
            construye el núcleo de este texto, donde Ponce señala las críticas que dirigen al poema.
            En la primera dedicatoria, «A los que no entienden esta silva» (fols. 2r-3r), Ponce
            también los había organizado en tres grandes categorías<note place="bottom">La semejanza
              en esa organización tripartita con las <emph>Advertencias</emph> de Almansa, y con que
              estas se dirijan a contrarrestar «la ventolera de algunos con título de doctos,
              curiosos y valientes ingenios han levantado contra las <emph>Soledades</emph>» ha sido
              puesta de relieve por Daza, 2015, p. 38 y ss., y López Bueno, 2018, p. 12, n. 4, pp.
              15-16, n. 7 <emph>passim</emph>; ver, especialmente, las pp. 44-48. Juan Manuel Daza,
              2014b y 2015, pp. 32-50, considera que estos destinatarios no implican necesariamente
              censuras reales al poema de Góngora, y propone que entre 1613 y 1615 existió una
              estrategia gongorina de «defensa preventiva» de la <emph>Soledad primera</emph>,
              adelantándose a las objeciones que sin duda habría de despertar el poema. Para López
              Bueno, 2018, pp. 11-12, 18-20, esa «defensa programática» convivió con la respuesta
              real a algunos detractores del poema cuyo nombre quería obviarse. El texto de Ponce
              –como las <emph>Advertencias</emph> de Almansa– serían parte de esa estrategia
              programática. Las semejanzas entre los textos de Almansa y Ponce también habían sido
              advertidas por Dámaso Alonso, 1982, p. 523; Carreira, 1998a, pp. 263-264; Osuna
              Cabezas, 2008, pp. 113-114, 117, 124; López Bueno, 2011, pp.<space/>244, 252; López
              Bueno, 2012a, p.<space/>22; López Bueno, 2018, <emph>passim</emph>; Daza, 2014b; Daza,
              2015, pp. 38-40.</note>.</p>
          <p>La primera causa formulada por los doctos reúne dos aspectos que, según la preceptiva
            retórica, provocarían la excesiva oscuridad de la expresión: la frecuencia de voces
            nuevas y foráneas y de translaciones remotas, es decir, de tropos donde la analogía se
            advierte con gran dificultad. Esa censura se apoyaba en un conocido pasaje de la
              <emph>Poética</emph> de Aristóteles, ya comentado al hablar de las fuentes manejadas
            por Manuel Ponce:</p>
          <quote>
            <p>porque la oscuridad de la oración nace de valerse el poeta de voces nuevas y no
              usadas, y continuada frecuencia de translaciones remotas, de cuya unión resulta este
              incombiniente, según el precepto de Aristóteles, cuyas palabras son estas:</p>
            <p>Verum si quis simul omnia huiuscemodi fecerit, vel aenigma erit, vel barbarismus, si
              quidem igitur e translationibus, aenigma, si autem e linguis, et barbarismus (Ponce,
                <emph>Silva</emph> fols. 35r-35v).</p>
          </quote>
          <p>La segunda censura de los doctos (fol. 35v) afecta a otro de los pilares de la
            interpretación y juicio de las<emph> Soledades</emph>: el género del poema y la
            adecuación a su estilo<note place="bottom">Ver Roses Lozano, 1994, pp. 121-141. Para la
              cuestión del género, ver también el recorrido por las preceptivas que traza López
              Bueno, 2018, pp. 62-74.</note>. Los doctos señalan que el estilo del poema no guarda
            el decoro con respecto al asunto que trata –y, en consecuencia, al género, vinculado a
            este–, pues se eleva impropiamente a lo heroico cuando su asunto lírico requeriría otro
              registro<note place="bottom">Como en todos los casos, la censura se acompaña de una
              autoridad que se presume habrían aducido como refuerzo los detractores de Góngora; en
              este caso, los vv. 89-91 del <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio: «Versibus exponi
              tragicis res comica non uult; / indignatur item priuatis ac prope socco / dignis
              carminibus narrari cena Thyestae» («Un tema cómico no exige la narración con versos
              trágicos; / asimismo, la cena de Tiestes se indigna si es narrada / con versos
              informales y casi dignos del zueco», trad. F. Navarro Antolín, Madrid, CSIC, 2002). El
              pasaje también fue utilizado por un defensor del poema gongorino, el autor de la
                <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (probablemente, Francisco de
              Cabrera; ver Osuna Cabezas, 2009, p. 384), para rebatir a Jáuregui su censura contra
              el uso de voces del campo; Horacio sirve aquí como autoridad que avala el decoro que
              Góngora respeta al tratar asuntos pastoriles. Es una muestra más del frecuente uso
              argumentativo de las autoridades que se llevó a cabo en esta polémica; ver al respecto
              Pérez Lasheras, 2009, pp. 78-79; otros ejemplos en Azaustre, 2005.</note>.</p>
          <p>Una nueva crítica de los doctos (fols. 35v-36v) se centra en el uso de voces
            ininteligibles por nuevas o foráneas, lo que atenta contra la claridad y la
              <emph>puritas</emph> del lenguaje. Es un aspecto que ocupa mucho la atención de Ponce.
            Dos citas de Quintiliano acompañan esta crítica: la primera (<emph>Institutio
              Oratoria</emph> 1, 5, 71) habla de los riesgos de acuñar voces nuevas<note
              place="bottom">«Propria sunt uerba, cum id significant, in quod primo denominta sunt,
              tralata, cum alium natura intellectum, alium loco praebent. Vsitatis tutius utimur,
              noua non sine quodam periculo fingimus» (Quintiliano, <emph>Institutio
              Oratoria</emph>, 1, 5, 71) («Son palabras <emph>propias</emph> en su uso cuando
              significan aquello para lo cual fueron originariamente determinadas;
                <emph>trasladadas</emph>, cuando tienen un significado por naturaleza y otro por el
              lugar que ocupan. De las <emph>usuales</emph> nos servimos con la mayor seguridad,
              formamos <emph>nuevas</emph> no sin cierto peligro», trad. A. Ortega Carmona,
              Salamanca, Publicaciones Universidad Pontificia, 1997).</note>; la segunda
              (<emph>Institutio Oratoria</emph> 1, 6, 41) indica que el discurso que necesita
            intérprete resulta vicioso, pues la primera virtud ha de ser la claridad<note
              place="bottom">«oratio uero, cuius summa uirtus est perspicuitas, quam sit uitiosa, si
              egeat interprete!» (Quintiliano, <emph>Institutio Oratoria</emph>, 1, 6, 41) («la
              máxima virtud del discurso es la claridad, y se tendrá por vicioso aquel que precise
              de intérprete»).</note>. A ellas se une un pasaje de Cicerón (<emph>De Officiis</emph>
            1, 111) sobre la conveniencia de usar la lengua propia y no introducir constantemente
            voces extranjeras<note place="bottom">«Vt enim sermone eo debemus uti qui notus est
              nobis, ne, ut quidam, graeca uerba inculcantes iure optimo rideamur» ('puesto que, así
              como debemos utilizar un lenguaje que nos sea conocido, sin introducir, como hacen
              algunos, palabras griegas que, con razón, nos hacen ser objeto de risa ...' )
              (Cicerón, <emph>De Officiis</emph>, 1, 111).</note>.</p>
          <p>Aunque formulada de manera muy breve, puede advertirse en la siguiente frase una
            censura de los doctos contra la falta de profundidad en los contenidos de las
              <emph>Soledades</emph>, aspecto que iría íntimamente conectado al de la oscuridad,
            pues, como se ha dicho, las preceptivas admitían la oscuridad derivada del misterio o
            complejidad de los asuntos tratados<note place="bottom">Roses Lozano, 1994, pp.
              102-111.</note>: «y [hallan los doctos] que los conceptos son pocos, y menos las
            sentencias que son parte necesaria en el poeta» (fol. 36v). Esta línea de censura será
            muy destacada en autores como Jáuregui o Lope, para quienes el poema de Góngora carecía
            de la profundidad que justificase su complejo estilo.</p>
          <p>El último aspecto censurado por los doctos es el de la mala imitación de los modelos
            (fols. 36v-37r), «desviándose con extremo de los términos en que escribieron todos;
            porque en los griegos, latinos, toscanos y los demás vulgares no hallan conformidad con
            lo que él escribe» (fol. 36v). Esta idea se amplifica indicando que en ninguna época se
            vio que un poeta vivo no fuese comprendido por los que tenían su mismo idioma (fols.
            36v-37r).</p>
          <p>Ponce enlaza así con las críticas que los agudos –a los que ahora llama «ingeniosos»– y
            los curiosos lanzan contra el poema del cordobés. Si en los doctos las censuras se
            basaban en la ignorancia de la poética y la retórica, en agudos y curiosos se
            fundamentarán en calificar como error del poema lo que en realidad es falta de lecturas
            y conocimientos:</p>
          <quote>
            <p>Y a esta causa, los que se solicitan opinión de ingeniosos, allándose perdidos en
              esta nauegación, reprueban lo que no entienden, atribuyendo su defecto a lo escrito y
              no a lo poco leído (Ponce, <emph>Silva</emph>, fol. 37r)</p>
            <p>Y los curiosos –que exceden en número a los referidos [los agudos o ingeniosos]–,
              desesperados de descubrir su curiosidad, tratando con la debida noticia deste
              admirable papel, se disculpan del mismo modo diciendo que no es cosa digna de que los
              hombres de buen juicio se ocupen en ella, no mirando que, por su misma sentencia,
              quedan obligados a estudiarle (Ponce, <emph>Silva</emph>, fol. 37v)</p>
          </quote>
          <p>Entre esos defectos que intentan encubrir su ignorancia, los agudos aducen la falta de
            adecuación entre género y estilo, aspecto que ya se mencionó al reproducir las críticas
            de los doctos. Para estos censores agudos, el estilo de las <emph>Soledades</emph>
            pretende una gravedad heroica que no se adecua a su carácter lírico:</p>
          <quote>y dicen que carece del natural lenguaje y propiedad de los términos, pues en los
            que está escrito no se halla igualdad heroica ni dulzura lírica<note place="bottom">Se
              refiere a los sonidos blandos que requiere el verso lírico y a la igualdad de la
              cadencia que exigía el heroico. Almansa afirma en sus <emph xml:lang="es"
                >Advertencias</emph>: «si heroicos, llenar de voces graves el verso en la igualdad
              de su cadencia, y si líricos, de voces blandas» (p. 124). Cito por la edición de
              Begoña López Bueno, 2018.</note>, sino graves acometimientos y realces violentados que
            desfallecen donde más debían sustentarse; y que en el <emph>Polifemo</emph> y en esta
            silva ha errado los estilos, porque en aquel, que contenía una acción lírica, no
            escribió lírico; y en esta, que también lo es, ha escrito versos cuyo nervio es heroico
            (Ponce, <emph>Silva</emph>, fols. 37r-37v). </quote>
          <p>Hasta aquí la parte central de la dedicatoria, donde Ponce se ha limitado a enumerar un
            torrente de censuras que acosaban al poema de Góngora, sin dedicarse a rebatirlas, algo
            que reservará para el <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad.</p>
          <p>El final de la dedicatoria se centra en alabar con vehemencia el arte de Góngora y
            censurar con la misma intensidad la ignorancia de quienes lo critican. La enumeración de
            las virtudes del poeta cordobés suma a lo ornamentado del estilo y los pensamientos
            sutiles la propia novedad del poema en nuestras letras, que para Ponce es motivo de
            admiración y alabanza. Esa singularidad de su poema eleva el castellano «a la cumbre de
            la gravedad y número latino» (fol. 38r) y a «la verbosidad, cadencia y suavidad de los
            toscanos, que hoy tienen el lugar segundo en estas letras» (fol. 38v). La censura a los
            detractores se fundamenta en su ignorancia, y se plasma con rotundidad en el
              siguiente<emph> dilemma</emph>, muy semejante a un pasaje de las
              <emph>Advertencias</emph> de Almansa<note place="bottom">Ya se han señalado en notas
              anteriores las aportaciones de la crítica sobre las semejanzas entre los textos de
              Almansa y Ponce.</note>:</p>
          <quote>
            <p>Si lo entienden, no oscuros; si no lo entienden, no lo juzguen (Almansa,
                <emph>Advertencias</emph>, p. 134).</p>
            <p>Y querría preguntarlos, si no le entienden bien, ¿por qué le enmiendan? si le
              entienden, ¿por qué le culpan de oscuro? (Ponce, <emph>Silva</emph>, fols.
              38v-39r).</p>
          </quote>
          <p>En conclusión, las dos dedicatorias que preceden al texto y la anotación de la
              <emph>Soledad primera</emph> recogen, aunque de forma sintética, las principales
            censuras de las que fue objeto el poema de Góngora: la complejidad y uso excesivo de
            tropos y figuras, el exceso de voces nuevas y foráneas, la extrema dificultad de los
            asuntos y alusiones históricas, literarias y mitológicas, y la falta de decoro entre el
            género y el estilo del poema, que sus detractores consideran de carácter lírico y, en
            consecuencia, merecedor de un estilo de menor elevación y complejidad. Ponce no se
            centra en rebatir estas objeciones en las dedicatorias; en tanto cumple la promesa de
            articular su defensa en un<emph> Discurso</emph>, será la anotación del poema su medio
            de rechazar tales críticas mediante la explicación de la riqueza ornamental y de
            contenido de la <emph>Soledad primera</emph>.</p>
          <p>El lugar donde Ponce desarrolla de manera más sistemática su defensa de Góngora y sus
            ideas sobre el estilo es el Discurso en que se trata si en los términos de la poesía es
            necesaria la oscuridad y forzosa en las locuciones della; y en qué modo se puede
            permitir que el poeta sea oscuro a los ignorantes de los preceptos del arte y facultades
            que se cifran en los versos; y si el que a todos es difícil se ha de reprobar y no
            estudiarle (fol. 85r). Como se ha indicado, este texto cumple la promesa, formulada al
            conde de Salinas en la dedicatoria previa a la anotación, de ofrecerle una defensa
            sistemática y reflexiva del estilo del poema de Góngora.</p>
          <p>Tres cuestiones fundamentales se desarrollan en este texto: 1) reconocimiento de la
            oscuridad del poema de Góngora, y defensa de este rasgo como esencial en el estilo de la
            poesía; 2) licencia del poeta para usar voces nuevas y extranjeras; 3) diferencia entre
            el orador y el poeta<note place="bottom">Para estas cuestiones, ver Azaustre, 2015, pp.
              84-90 y 2019, pp. 200-213.</note>.</p>
          <div subtype="level3">
            <head>La oscuridad en el poeta</head>
            <p>La idea con la que Ponce abre su <emph>Discurso</emph>, y que es el eje sobre el que
              giran las otras dos, es que su defensa de Góngora no se basa en negar la oscuridad de
              su poema, sino precisamente en considerarla rasgo esencial del mismo y principio
              vertebrador de la poesía, característica que la crítica había señalado ya desde el
              trabajo de Dámaso Alonso<note place="bottom">Roses Lozano, 1994, pp. 86-91, destaca
                que en este temprano comentario se observa una profunda y bien razonada defensa de
                la oscuridad de Góngora, no una mecánica negación de la misma. Antes (1994, p. 81)
                había afirmado que «la mayoría de los defensores del poeta rechazaban tajantemente
                las acusaciones de oscuridad vertidas sobre el nuevo estilo». Osuna Cabezas, 2008,
                p. 141, señala que Ponce justificó la dificultad de Góngora por el elitismo de la
                poesía. Ver también las interesantes observaciones de Begoña López Bueno, 2011, p.
                244 y 2012a, y Daza, 2014b y 2015, pp. 32-50, quienes lo incluyen en una corriente
                temprana de defensas programáticas surgidas en un círculo muy próximo a Góngora. El
                propio Góngora había hecho de la oscuridad y el rango especial del poeta la base
                para la defensa de su poesía en su «Carta en respuesta», como mostró ya Vilanova,
                1983.</note>.</p>
            <p>Ponce admite la oscuridad del poema de Góngora y la justifica con el antecedente de
              los poetas y filósofos antiguos y con las Sagradas Escrituras. Manifiesta así la
              esencia superior de la poesía que, como los textos filosóficos y religiosos, encubre
              bajo una forma sublime contenidos misteriosos y trascendentes; más aún, si la realidad
              que trata no es compleja, habrá de sublimarla mediante la dificultad de la expresión
              poética. Este rango especial del poeta, que entronca con las teorías sobre su origen
              divino y las defensas del elitismo y el furor poético, va a ser la base que organice
              todo su discurso:</p>
            <quote>
              <p>no, pues, será la oscuridad culpable en los poetas, imitadores en ella de la
                escritura divina y de los filósofos graves.</p>
              <p>Y debe considerarse que el oficio del poeta no es descubrir las cosas que por sí
                están cubiertas con algún velo; antes, si son claras y manifiestas, cifrarlas con
                cuanta diligencia y estudio pudiere, y encubrirlas a los ojos de la ignorancia
                porque la demasiada familiaridad no las deslustre; antes sean, por su dificultad,
                más dignas de memoria y reverencia (Ponce, <emph>Discurso</emph>, fols.
                89r-89v).</p>
            </quote>
            <p>Este punto de vista es el que se encuentra en tratados de la antigüedad como <emph>De
                lo sublime</emph> de Longino o, más tarde, en el <emph>Actius</emph> (1499) de
              Giovanni Pontano<note place="bottom">En esta tradición deben mencionarse, además,
                autores como san Jerónimo (comentario al libro de Nahum), san Agustín (<emph>De
                  Doctrina Christiana</emph> 2, 6; 4, 8) o Petrarca (<emph>Invective contra
                  medicum</emph> 3 y 4); ver, además, Roses Lozano, 1994, pp. 69-72. El vínculo de
                Pontano con la visión del poeta que defiende Góngora ya fue señalado por Mercedes
                Blanco, 2011a.</note>. Autores como Longino o Pontano no son los más citados en la
              polémica gongorina, pero aparecen en varios de sus escritos. Longino fue invocado por
              Pedro de Valencia, aunque este se refirió a aquellos pasajes donde censuraba la
              excesiva hinchazón; con un tono más inequívocamente laudatorio, Longino y Pontano
              aparecen también en los <emph>Discursos apologéticos</emph> de Díaz de Rivas<note
                place="bottom">Ver Daza, 2015, pp. 14-16, 105-113.</note>.</p>
            <p>Manuel Ponce no señala a Longino ni a Pontano, pero se apoyará en un texto que
              defiende posiciones similares y que resulta fundamental en la argumentación de su
                <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad: el libro 14 de la <emph>Genealogia
                deorum gentilium</emph> de Boccaccio, cuyo capítulo 12 lleva como revelador
              epígrafe: «Damnanda non est obscuritas poetarum» («No ha de ser condenada la oscuridad
              en los poetas»). Boccaccio es un autor menos citado aún que Longino o Pontano; como
              indicaron Melchora Romanos, José Manuel Rico García o Mercedes Blanco, lo mencionó
              Jáuregui en su <emph>Discurso poético</emph>, pero no suele aparecer en las numerosas
              páginas de la polémica gongorina<note place="bottom">Romanos, 1978, p. 135; Rico
                García, 2001, p. 155; Blanco, 2016, apdo. 4 y f. 37r, n. 394.</note>. En el apartado
              dedicado a las fuentes he señalado las deudas de Ponce con esta obra de Boccaccio.</p>
            <p>Vinculada al elitismo de la poesía está la afirmación (fol. 89v) de que Góngora no
              oscureció su poema por capricho erudito o para negar la comprensión de su sentido,
              sino para que este se valorase más al fatigar el entendimiento en su lectura,
              diferenciando así los que Ponce califica de «ingenios valientes» frente a los
              «inferiores». Esa línea de argumentación continúa cuando se defiende la oscuridad como
              rasgo esencial del poeta recurriendo al origen de los términos de<emph> poeta y
                poesía.</emph> Se trata de un lugar muy citado en la polémica gongorina, y cuya
              tradición se remonta al menos a Suetonio (<emph>De viris illustribus. De poetis, 2, 1,
                prooemium</emph>), con referencias también en san Jerónimo (prólogo al libro de Job,
              según Almansa) y san Isidoro –que cita a Suetonio–<note place="bottom">«Id genus quia
                forma quadam efficitur, quae <emph>ποιότης</emph> dicitur, <emph>poema</emph>
                vocitatum est, eiusque fictores <emph>poetae</emph>» («Por adoptar una determinada
                forma –que se denomina <emph>poietés</emph>–, esta manera de expresarse recibió el
                nombre de poema, y a quienes los componían se los llamó poetas») (San Isidoro,
                  <emph>Etimologias</emph>, 8, 7, 2-3; donde cita a Tranquillus, <emph>De viris
                  illustribus. De poetis, prooemium</emph>). Manejo la edición de las
                  <emph>Etimologías</emph> con texto y notas de J. Oroz Reta y Manuel A. Marcos
                Casquero e introducción general por M. C. Díaz y Díaz, 1982, pp. 708-709.</note>. La
              crítica ha señalado que el lugar aparece, con notables semejanzas, en las
                <emph>Advertencias</emph> de Almansa, la <emph>Respuesta</emph> atribuida a Góngora
              y también en el <emph>Discurso</emph> de Manuel Ponce<note place="bottom">Carreira,
                1998a, pp. 263-264; López Bueno, 2012a, pp. 22-23 y 2018, p. 128, n.
              249.</note>:</p>
            <quote>
              <p>Y san Jerónimo en el prólogo de Job, dando la definición de poesía, dijo que venía
                de poetes, nombre griego que quiere decir locuciones exquisitas. Y si alguna persona
                con justa causa puede ampliar la lengua es el Sr. Don Luis, que es el dueño de ella,
                porque los valientes atrevimientos se conceden a los valientes ingenios (Almansa,
                  <emph>Advertencias</emph>, pp. 126-129)</p>
              <p>Demás, que honrra me ha causado hazerme obscuro a los ignorantes, que essa es la
                distinción de los hombres doctos, hablar de manera que a ellos les parezca griego;
                pues no se han de dar las perlas preciosas a animales de cerda. Y bien dize griego,
                locución exquisita que viene de <emph>poeses</emph>, verbo de aquella lengua madre
                de las ciencias, como Andrés de Mendoça trata tan corta como agudamente en el
                segundo punto de sus corolarios, que así los llama v<emph>uesa</emph>
                  m<emph>erced</emph> (<emph>Respuesta de Don Luis de Góngora</emph>, pp. 257-258)
                  <note place="bottom">Cito por la edición de A. Carreira, 1998a, pp. 239-280. Ver
                  también el texto y sus variantes en la edición de J. M. Daza, 2011, pp.
                  271-288.</note></p>
            </quote>
            <p>A este asunto se refiere también la <emph>Plaza universal de todas las
                ciencias</emph> de Cristóbal Suárez de Figueroa<note place="bottom">Así lo indicó
                Roses Lozano, 1994, p. 104, n. 4.</note>, donde se cita a Boccaccio y su
                <emph>Genealogia deorum gentilium</emph><note place="bottom">La <emph>Plaza
                  universal</emph> se publicó en 1615, pero con censura y aprobación de 1612, como
                señaló Roland Béhar (junio 2014) [on line] y recuerda Rico García, 2016, apdo. 7,
                quienes la han relacionado con la cronología de la polémica gongorina.</note>.
              Suárez de Figueroa sigue de cerca su fuente italiana, la <emph>Piazza
                universale</emph> de Tomaso Garzoni (1549-1589):</p>
            <quote>
              <p>El Poeta se deriva no de <emph>Pico</emph>, como dice el Bocacio que significa
                  <emph>Formo</emph> o <emph>Fingo</emph>, sino de <emph>Poetes</emph> antiquísimo
                vocablo griego, que suena en latín <emph>Exquisita locutio</emph>, porque es propio
                del poeta hablar exquisita y raramente (Cristóbal Suárez de Figueroa, <emph>Plaza
                  universal de todas las ciencias</emph>, Madrid, Luis Sánchez, 1615, discurso CV:
                «De los Poetas y Humanistas», fols. 353v-354r)</p>
              <p>Hora il Poeta nostro per dar principio alle sue lodi, ha il nome derivante, non da
                Pico (como dice il Boccacio nella Genealogia de' Dei) che significa, Formo, vel
                Fingo; ma de Poetes antichissimo vocabolo Greco, il qual sona latinamente esquisita
                locutione, perche é proprio del Poeta parlar isquisitamente, e raramente (Tomaso
                Garzoni, <emph>La piazza universale di tutte le profesioni del mondo</emph>,
                Venecia, 1585; Discorso 154, "De' Poeti in generali"; cito por la edición de
                Venecia, 1605, p. 920)</p>
            </quote>
            <p>Al explicar el origen del término <emph>poesía</emph>, Boccaccio tuvo como fuente a
              Petrarca (<emph>Familiares</emph> 10, 4, 4), como ya señalaron, entre otros, Giuseppe
              Billanovich y Riccardo Fubini<note place="bottom">Como mostró Giuseppe Billanovich,
                1947, pp. 123-124, esta formulación de Boccaccio fue tomada de Petrarca,
                  <emph>Familiares</emph>, 10, 4, 4 (Ad eundem [su hermano Gerardo], de stilo patrum
                et de proportione inter theologicam et poetriam, cum expositione brevi egloge
                bucolici sui carminis ad eum misse): «Id sane non vulgari forma sed artificiosa
                quadam et exquisita et nova fieri oportuit, que quoniam greco sermone 'poetes’ dicta
                est, eos quoque qui hac utebantur, poetas dixerunt» ('Esto [las plegarias y ofrendas
                dirigidas a los dioses] no pudo hacerse de manera vulgar, sino de modo artificioso,
                nuevo y exquisito; y puesto que ese modo se llama en griego 'poesía', se llamaron
                'poetas’ a los que lo utilizaban’). Señala Billanovich que de una lectura errónea de
                un manuscrito de Petrarca procede el<emph> poetes</emph> que también recoge
                Boccaccio. Sobre este lugar de Petrarca, ver también Fubini, 1990, n. 12 al cap. 2;
                Lee, 2012, p. 299; Murphy, 1992, p. 287.</note>. Como he indicado en al apartado de
              fuentes, donde se citan los pasajes, la formulación que ofrece Manuel Ponce resulta
              muy cercana al texto de Boccaccio.</p>
            <p>Dejando al margen la cuestión de las fuentes, es evidente que todos los que se
              acercaron a este lugar lo hicieron para reivindicar, a través del étimo de la voz, el
              estatuto especial del poeta como exclusivo poseedor de una locución exquisita donde la
              rareza y la oscuridad son elementos consustanciales. De ahí que Ponce haya recurrido a
              esta tradición como argumento de su <emph>Discurso</emph>.</p>
            <p>Ser un defensor de la oscuridad no exime a Ponce de recurrir a dos símiles
              aclaratorios para explicar su necesidad en la poesía. El primero de ellos (fol. 90v)
              plantea que, así como el conocimiento de las artes más nobles se alcanza con gran
              dificultad, lo mismo cabe decir de la poesía, que abarca y trata las más realzadas y
              sublimes materias. El segundo (fols. 91r-91v) señala que, así como para entender las
              artes y disciplinas superiores es necesario conocer las inferiores –la filosofía para
              la teología, por ejemplo–, así también es necesario un profundo conocimiento de
              asuntos y oficios para comprender a los poetas sublimes, pues abarcan gran cantidad de
              saberes. Esa manifestación de la superioridad de la poesía se cierra con un clásico
              lamento (fols. 91v-92r) –con ecos de la tópica querella entre antiguos y modernos– por
              haber perdido en tiempos de Ponce la dignidad que tuvo en su origen, cuando fue
              constituida para deleitar los oídos de los dioses. El lamento apunta a Góngora como
              excepción sublime, y a sus detractores como ingenios miserables que carecen de la
              altura necesaria para juzgarlo.</p>
            <p>La defensa de la oscuridad como rasgo esencial de la poesía se completa con una serie
              de ejemplos de poetas en los que constituía una característica fundamental (fols.
              96v-100v). Acaso porque la acumulación es más sencilla que la reflexión, esta línea de
              carácter compilatorio fue muy seguida en la defensa de Góngora, y menos abundantes las
              reflexiones sobre el fenómeno que sí ocupó a Ponce. A cada autor nombrado por Ponce le
              acompaña una breve caracterización de las causas por las que es difícil y/o una
              enumeración de los comentarios que necesitaron sus poemas. Menciono aquí la lista, ya
              incluida en el apartado de fuentes, y sobre la que ofrezco más detalles en las notas
              al texto:</p>
            <quote>
              <p>(fols. 96v-98r) antiguos: Plauto, Petronio, Séneca, Estacio, Juvenal, Persio,
                Marcial, Catulo, Tibulo, <emph>Geórgicas</emph> de Virgilio (que Ponce conoce bien
                por su<emph> Apología</emph>), Ausonio Gallo.</p>
              <p>(fols. 98r-100r) vulgares italianos: Dante, Petrarca, Girolamo Benivieni.</p>
              <p>(fols. 100r-100v) vulgares españoles: Mena, Herrera y Diego de Mendoza. Precisa
                aquí que los dos últimos no fueron tan oscuros como Góngora, que superó de este modo
                a sus predecesores.</p>
            </quote>
          </div>
          <div subtype="level3">
            <head>El orador y el poeta</head>
            <p>La correcta distinción entre el oficio del orador y el del poeta es un aspecto que
              Manuel Ponce maneja muy certeramente en su <emph>Discurso</emph>. Se refiere a ella en
              dos lugares fundamentales. Al principio, Ponce vincula esta diferencia entre poeta y
              orador a la consideración sublime de la poesía, y afirma (fols. 92r-92v) que si el
              poeta no elevase su elocución oscureciéndola, solo se diferenciaría del prosista, el
              orador y el vulgo por el metro. Pero como el poeta es el sublime representante del
              furor divino, su elocución no puede ser clara, pues persigue necesariamente la
              oscuridad propia de ese rango superior. Más adelante (fols. 95v-96v), Ponce vuelve a
              este argumento de una manera más concreta cuando refuta a quienes defienden la
              claridad en poesía apoyándose en Cicerón y Quintiliano:</p>
            <quote>
              <p>Y debía mirar quien pretende probar su opinión con autoridades de
                  Tul<emph>io</emph> y Quint<emph>ilian</emph>o, que ellos no dieron en sus escritos
                preceptos a los poetas ni trataron de perficionar el metro, sino la oratoria, cuya
                profesión tenían, y de que<note place="bottom">con valor relativo ('y de la cual
                  [profesión]').</note> escribieron en sus retóricas (Ponce,<emph> Discurso</emph>,
                fol. 95v).</p>
            </quote>
            <p>Ponce interpreta correctamente los tratados de retórica, y afirma que sus preceptos
              no se dirigen a los poetas, sino a los oradores. Muestra así una cabal comprensión de
              las constantes excepciones que los gramáticos y los rétores hacían con los poetas a la
              hora de reconocer como licencias poéticas los vicios gramaticales que censuraban, y de
              recomendar moderación en los diferentes recursos del <emph>ornatus</emph><note
                place="bottom">Sobre estas cuestiones, ver Pérez Lasheras, 2009, pp. 78-92; Daza,
                2010: 125-149; Daza, 2014a, pp. 287-292; Daza, 2015, pp. 33-34, 105-111; Azaustre,
                2013. Aunque ligeramente anterior a esta polémica, debe recordarse la importancia
                que este punto de vista tiene en el <emph>Libro de la erudición poética</emph>
                (1611) de Luis Carrillo y Sotomayor.</note>.</p>
            <p>Al estudiar los vicios del lenguaje –solecismo y barbarismo–, el gramático advertía
              que se tornaban en licencias de valor artístico –metaplasmos, figuras y tropos– cuando
              eran utilizados por un poeta, que los empleaba conscientemente por razones métricas,
              ornamentales y expresivas. La gramática de Donato no deja lugar a dudas<note
                place="bottom">En su libro primero de la <emph>Institutio Oratoria.</emph> (1, 5,
                12), dedicado a los fundamentos de la Gramática, Quintiliano subraya que los casos
                de barbarismo y solecismo no son tales en los poetas, quienes los usan como
                licencias. En ese libro aparecen observaciones semejantes de índole gramatical sobre
                la longitud de vocales y sílabas (<emph>Inst. Orat.</emph> 1, 5, 12; 1, 5, 19), el
                cambio del acento (1, 5, 28), o la concordancia entre partes de la oración (1, 5,
                52). Ver también Lausberg, 1966, §§ 470-471.</note>:</p>
            <quote>
              <p>Barbarismus est una pars orationis vitiosa in communi sermone. In poemate
                metaplasmus <lb/>(Donatus, <emph>Ars Grammatica</emph> 3, 1, 1, p. 25)</p>
              <p>Soloecismus in prosa oratione, in poemate schema nominator <lb/>(Donatus, <emph>Ars
                  Grammatica</emph> 3, 2, 3, p. 28)</p>
            </quote>
            <p>La distinción entre vicio del lenguaje y licencia poética se sustenta así en la
              especial jerarquía del lenguaje de los poetas, que debe distinguirse del usado por
              oradores, filósofos e historiadores. De esta forma, los versos de los poetas ocupan
              las páginas de las gramáticas como ejemplos de virtudes y vicios del lenguaje –en
              ellos, licencias– y, en un plano más trascendente, también de moral y conocimiento del
                mundo<note place="bottom">Holtz, 1981, p. 149; Casas Rigall, 2010, pp.
              11-12.</note>. Esas eran las funciones más importantes encargadas al gramático en la
                <emph>enarratio poetarum</emph>.</p>
            <p>También en las retóricas clásicas está presente esa diferencia, que se desarrolla
              sobre todo al abordar las virtudes y los vicios de la elocución, y en la
              caracterización concreta de las vertientes del <emph>ornatus</emph>: tropos, figuras y
                <emph>compositio</emph>. En todos esos niveles, los rétores recomendaban moderación
              al orador, pero señalaban siempre la excepción de los poetas, a quienes se concedía
              mayor libertad en el uso de dichos recursos. En lógica conclusión, estas limitaciones
              y normas impuestas por las preceptivas a los oradores no serían aplicables a Góngora
              en la misma medida, tal y como acertadamente advierte Ponce en su
                <emph>Discurso</emph>.</p>
          </div>
          <div subtype="level3">
            <head>El poeta y las voces nuevas</head>
            <p>Es este un asunto que Manuel Ponce trata con bastante extensión (algo más de un
              tercio del<emph> Discurso</emph>) y que también abordó en la<emph> Epístola a
                Villamediana</emph>, texto que, como he señalado, se centraba en defender estos usos
              de estilo en el <emph>Faetón</emph>.</p>
            <p>Ponce se ocupa de esta cuestión en dos lugares del <emph>Discurso</emph>. En el
              primero de ellos, se centra en las que considera cinco voces extrañas que Góngora usó
              en su poema (<emph>venatorio, conculcado, meta, gulosos, bipartida</emph>). Resulta
              interesante que en la justificación de estas recurra al mismo lugar de la
                <emph>Poética</emph> de Aristóteles (1458a18-1459a16) que en la dedicatoria previa a
              la anotación del poema había señalado como aval de los detractores de Góngora<note
                place="bottom">El pasaje está en la sección 22, p. 210 de la edición de García Yebra
                recogida en la bibliografía. Junto a este lugar de la <emph>Poética</emph>, Ponce
                avala el uso de voces nuevas con los vv. 55-58 del <emph>Ars Poetica</emph> de
                Horacio.</note>. La explicación, ya comentada, es que allí los críticos se basaban
              en la recomendación de mesura estilística del Estagirita ante la posibilidad de caer
              en el enigma o el barbarismo (<emph>Poética</emph> 1458a24-26), y aquí Ponce se apoya
              en el pasaje donde Aristóteles afirma que los alargamientos, apócopes y alteraciones
              de vocablos evitan la elocución vulgar y contribuyen a su excelencia
                (<emph>Poética</emph> 1458b1-5):</p>
            <quote>
              <p>Verum si quis simul omnia huiuscemodi fecerit, vel aenigma erit, vel barbarismus,
                si quidem igitur e translationibus, aenigma, si autem e linguis, et barbarismus
                (Ponce, <emph>Silva</emph> fol. 35r-35v) («porque si uno lo compone todo de este
                modo, habrá enigma o barbarismo; si a base de metáforas, enigma; si de palabras
                extrañas, barbarismo", Aristóteles, <emph>Poética</emph>, 1458a23-25)</p>
              <p>Non populare quidem igitur faciet, et alia dicte formae: propium autem
                claritudinem. Non minimam autem partem conferunt, ut locutio aperta sit, et non
                popularis, productiones et ablationes et immutationes nominum. Quia enim hoc aliter
                se habet quam propium, cum factam sit contra id quod consuetum, reddet in oratione
                non bulgare genus (Ponce, <emph>Discurso</emph>, f. 93v) («También contribuyen mucho
                a la claridad de la elocución y a evitar su vulgaridad los alargamientos, apócopes y
                alteraciones de vocablos; pues por no ser como el usual, apartándose de lo
                corriente, evitará la vulgaridad», Aristóteles,<emph> Poética</emph> 1458b1-4)</p>
            </quote>
            <p>Más adelante, Ponce retoma la cuestión de la «licencia del poeta para inventar nuevas
              voces y frases ampliando su natural idioma» (fols. 101r-107v). Esta parte del
                <emph>Discurso</emph> presenta muchas semejanzas con la <emph>Epístola a
                Villamediana</emph>, y varios pasajes fueron utilizados por Ponce en ambos escritos.
              Como la <emph>Epístola</emph> se fecha entre 1617 y 1622 (aparición del
                <emph>Faetón</emph> y asesinato de Villamediana, en agosto), parece que la primera
              incursión en el asunto habría sido la de este <emph>Discurso</emph>, escrito antes de
              1617, y que luego Ponce ahondó en el tema tras haberse difundido el
                <emph>Faetón</emph> de Villamediana. El primer pasaje (<emph>Discurso</emph>, fol.
              104v) que comparten las dos obras procede de Macrobio (<emph>Saturnalia</emph> 6, 4,
              20-21 y 6, 5, 1-8), como ya advirtieron Rozas y Quilis (1961, pp. 420-421), quienes
              señalaron que probablemente Ponce lo tomó de una antología<note place="bottom">Ponce
                cita fragmentos de <emph>Saturnalia</emph> 6, 4, 20 («daedala tellus»), 6, 4, 21
                («nec citara reboant laqueata aurataque tecta»), 6, 5, 2 («heu Mulciber! / arma
                ignavo invicta es fabricatus manu») y 6, 5, 5 («neque triste quaeritat sinapi /
                neque cepe maestum»). Más detalles en las notas a esta parte del
                  <emph>Discurso</emph> de Ponce.</note>. El segundo pasaje, contiguo al anterior y
              que reproduzco abajo, se copia también de forma literal en ambas obras, tanto en la
              cita de Cicerón como en la formulación del propio Ponce:</p>
            <quote>
              <p>Cicerón nos muestra claro que las voces se hacen nuevas en una
                  epíst<emph>ola</emph> a Bruto: <lb/>«Eum amorem et eum, vt hoc verbo vtar fauorem
                inconsilium aduocabo»; donde se ve que en su tiempo <hi rend="u"
                    ><emph>fa</emph><emph>v</emph><emph>or</emph></hi> era palabra nueva. Y las
                voces griegas que están introducidas en la latinidad y se usaron en ella son casi
                infinitas; y no solo las voces, sino los modos de decir; como vemos en los poetas
                latinos, que, a cada paso, ponen los infinitivos por los gerundios como los griegos,
                que carecen de ellos (Ponce, <emph>Discurso</emph> fol. 105r)</p>
              <p>Cicerón nos muestra claro que las boçes se hacen nuebas en vna epístola a Bruto:
                «Eum amorem et eum, ut hoc verbo vtar favorem inconsilium advoco», donde se be que
                en su tiempo <emph>fabor</emph> hera palabra nueba y las boçes griegas que están
                yntroducidas en la latinidad son casi ynfinitas, y no solo las boçes, sino los modos
                de decir, como bemos en los poetas latinos, que a cada paso ponen los ymfinitibos
                por los xerundios, como los griegos, que carecen dellos (<emph>Epístola a
                  Villamediana</emph>, p. 421)</p>
            </quote>
            <p>Esta sección del <emph>Discurso</emph> se organiza sobre la cita, traducción y glosa
              de los versos 46-59 del <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio, donde se autoriza con
              diversas razones la incorporación de voces nuevas por parte del poeta. Los requisitos
              fundamentales manifestados en la poética horaciana eran que, o bien estuviesen
              compuestas por voces comunes, o bien fuesen tomadas de fuente griega. Ponce señala que
              Góngora ha cumplido con ambas exigencias: el primero de los requisitos lo atestigua
              con la voz <emph>semicapro</emph>, formada a partir de otras comunes y que comentó en
              la nota 88 a la <emph>Soledad primera</emph>; el segundo lo argumenta repitiendo la
              idea de que, igual que los latinos introdujeron esas voces a partir de términos
              griegos, Góngora hizo lo propio desde las lenguas latina y toscana. Como se ha
              comentado al hablar de las fuentes, Ponce sigue en algunas ocasiones el comentario del
                <emph>Ars poetica</emph> horaciana realizado por el granadino Juan Villén de Biedma
              y publicado en 1599.</p>
            <p>Tras ese comentario a los versos de la epístola horaciana, Ponce (fols. 105v-106v)
              señala una serie de voces latinas, toscanas y nuevas que fueron introducidas por
              autores españoles; en concreto, «el docto Juan de Mena» y «el ingenioso Garcilaso»,
              utilizados ya antes como autoridades en favor de los usos gongorinos. Las voces
              coinciden con las que señalará en la <emph>Epístola a Villamediana</emph> (fol. 3v).
              En esta epístola se limita a enumerarlas en una lista: <emph>glebas, blasmar, bullada,
                fontana, almo, inerte, corrusca, novelo</emph>; en el <emph>Discurso</emph>, las
              atribuye de manera precisa a los poetas<note place="bottom"><emph>novelo,
                  nubíferas</emph> (que no está en la <emph>Epístola</emph>), <emph>glebas,
                  blasmar</emph> y <emph>bullada</emph> a Juan de Mena; <emph>fontana, almo,
                  inerte</emph> y <emph>corrusca</emph> a Garcilaso. Adapto la grafía de <emph
                  xml:lang="es">novelo</emph> (<emph xml:lang="es">nobelo</emph> en el manuscrito)
                en razón de su étimo toscano (<emph xml:lang="es">novello</emph>).</note> y añade un
              breve comentario sobre su procedencia en cada una de ellas.</p>
            <p>Ya cercano el final del <emph>Discurso</emph>, Ponce recapitula las anteriores
              observaciones y exculpa a Góngora de todas las acusaciones que se vertieron contra su
              poesía. Como complemento, remite para más detalles a dos obras que manejó a la hora de
              abordar los aspectos estilísticos y, sobre todo, el asunto de las voces foráneas e
              inventadas. La primera de ellas es la edición del <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio
              con anotaciones del Brocense, publicada en Salamanca en 1591<note place="bottom"
                  ><emph>Francisci Sanctii Brocensis in incluta Salmanticensi Academia Rhetorices,
                  Graecaeque; linguae Primarii Doctoris. In artem Poeticam Horatii
                  Annotationes</emph>, Salmanticae, apud Ioannem &amp; Andream Renaut fratres, 1591.
                Ponce cita los vv. 46-59 del Ars Poetica de Horacio, y remite al comentario del
                Brocense, que, en la sección mencionada, abarca esos versos y, como dice Ponce, los
                13 siguientes hasta el 72. Su comentario de 1558 no editaba el texto de Horacio.
                Ponce también siguió la edición de Garcilaso comentada por el Brocense, como muestra
                en su nota 67 (fol. 65r); ver allí más detalles.</note>. Ponce manejó la écfrasis y
              notas al apartado <emph>De iunctura, siue de verborum innovationes quae triplex
                est</emph>, contenidas entre los folios 6v y 8v del impreso. La segunda obra es la
              traducción italiana y notas de la <emph>Poética</emph> de Aristóteles de Alessandro
              Piccolomini, cuya primera edición se publicó en Siena en 1572, aunque fue más
              utilizada la segunda, veneciana, de 1575. Ponce se refiere al apartado dedicado a la
              virtud o excelencia de la elocución (<emph>Poética</emph> 1458a18-1459b16, capítulo
              22, pp. 208-215 en la edición de García Yebra); en la edición de Piccolomini,
              comprende el texto y notas a las <emph>particellas</emph> 116 a 123 (pp. 344-367 en la
              edición de Venecia, 1575)<note place="bottom"><emph>Annotationi di M. Alessandro
                  Piccolomini, nel libro della Poetica d’Aristotele; con la tradvttione del medesimo
                  Libro, in lingua Volgare</emph>. Con privilegio, in Vinegia, presso Giovanni
                Guarisco, &amp; Compagni [1575].</note>. A ellas debe añadirse el ya mencionado
              comentario del <emph>Ars poetica</emph> de Juan Villén de Biedma, en el que Ponce
              también se apoyó en algún momento al comentar los versos de Horacio referidos a la
              licencia del poeta para usar voces nuevas.</p>
          </div>
        </div>
        <div subtype="level2">
          <head>7. Conclusión</head>
          <p>Manuel Ponce fue un estudioso que desarrolló su labor en el primer cuarto del siglo
            XVII, un periodo marcado por diversas polémicas literarias. En buena parte de ellas dejó
            notar su pluma, mostrando su afán por destacar en el nutrido panorama de hombres de
            letras que combinaban su participación en justas y concursos literarios con sus labores
            de traducción y comentario filológico de destacados autores. Es en este terreno donde
            encontramos sus obras hoy más apreciadas. Una de ellas, la <emph>Apología en defensa de
              Virgilio</emph>, fue probablemente parte de un proyecto más amplio de comentario del
            poeta mantuano, a la vez que refutación de uno de sus más ilustres comentaristas, el
            jesuita Juan Luis de la Cerda. Este dato, y el haber sido dirigida en forma epistolar a
            Pedro de Torres Rámila, muestra dos rasgos importantes en la labor de Ponce y en el
            ambiente literario de su época: por una parte, la red de amistades y enemistades que, no
            siempre de forma coherente –como no siempre lo es el ser humano– fueron tejiendo los
            hombres de letras. En este caso, sin embargo, la lógica se impone: Torres Rámila fue uno
            de los instigadores del ataque vertido contra Lope en la <emph>Spongia</emph>, y Ponce
            debió de participar en él junto a su amigo. Por otro lado, debe señalarse el hecho, sin
            duda natural, de que estos intelectuales buscasen su fama acercándose a la obra de
            escritores consagrados en el canon, como es el caso de Virgilio, e incluso oponiendo su
            punto de vista al de prestigiosos comentaristas de dichos autores, como sucede con Juan
            Luis de la Cerda.</p>
          <p>En este fecundo ambiente literario, la polémica gongorina ocupó un lugar de privilegio.
            Ponce party icipó muy pronto en ella, sin que sepamos qué razones concretas le movieron.
            La falta de documentación –cuyo rastreo sigue siendo necesario– impide precisar si las
            hubo de carácter personal, aunque no consta que hubiese conocido a Góngora. Sí sabemos
            que dedicó su comentario al conde de Salinas, de quien es conocida su buena relación con
            Góngora, aunque no compartiesen un mismo gusto poético. En esa dedicatoria probablemente
            se combine el deseo de lucir su erudición ante el conde, con una defensa de las
            probables opiniones negativas que el poema de Góngora podría suscitar en él, y que
            parece estaban ya presentes en algunos círculos.</p>
          <p>Lo que sí puede afirmarse es que Ponce compartía el punto de vista de Góngora sobre la
            creación poética, como muestra con claridad su <emph>Discurso</emph> en defensa de la
            oscuridad en el estilo del poeta, la segunda de las dos grandes secciones de su
            comentario. Además, en torno a 1617 volvería a defender a un autor de estirpe gongorina,
            Villamediana, y centraría su epístola a él dirigida en la defensa del uso de voces
            nuevas y extrañas por parte del poeta, cuestión que también destacó en su comentario de
            la <emph>Soledad primera</emph>.</p>
          <p>A esta comunidad de opiniones debe añadirse otra razón que pudo haber movido a Ponce:
            la importancia y notoriedad que le otorgaría comentar a un escritor de la fama de
            Góngora, cuya complejidad verbal y riqueza de contenidos permitían al comentarista
            ejercitar en toda su extensión y profundidad el alarde de sus saberes y erudición.</p>
          <p>El trabajo de Ponce consta de dos grandes secciones, que fueron elaboradas en fases
            sucesivas: una anotación a la <emph>Soledad primera</emph>, y un <emph>Discurso</emph>
            en defensa de la oscuridad en el estilo del poeta. Es este último el que mayor novedad y
            valor otorga a la labor de Ponce. En la dedicatoria que le precede, afirma su intención
            de ofrecer una reflexión sobre el quehacer poético alejada de la pasión que ya rodeaba
            la polémica, y que a menudo impidió juzgar cabalmente los versos de Góngora. Puede
            afirmarse que Ponce cumple su promesa, pues su<emph> Discurso</emph> no se basa en
            refutar censuras ni negar la oscuridad de los versos de Góngora, sino en una línea que
            profundiza en el origen de la poesía, y hace parte consustancial de ella la oscuridad de
            expresión y contenido.</p>
          <p>No podemos asegurar que noviembre de 1613, la fecha que recoge la portada del
            manuscrito, sea la del final de todo el trabajo de Ponce. Pero sí puede afirmarse que ya
            entonces tenía una completa idea de lo que iba a ser su labor, pues las dos secciones
            mencionadas se recogen en ella. De esta forma, la nutrida tradición de documentos
            generados por las <emph>Soledades</emph> tiene ya en sus primeros momentos un texto que
            se acerca al poema de Góngora con rigor y erudición y que, además, sitúa su estética en
            el correcto ámbito que corresponde a la poesía. Cabe esperar que el hallazgo de nuevos
            documentos y el cruce entre los textos de los diversos comentaristas ayude a precisar
            más la cronología del comento de Ponce y, desde ella, el devenir histórico de otros
            textos de la polémica.</p>
        </div>
        <div subtype="level2">
          <head>8. Establecimiento del texto</head>
          <p>El texto se ha transmitido hasta hoy en un único manuscrito cuyas características han
            sido señaladas al comienzo de esta introducción. Como criterios generales, se han
            modernizado la puntuación y acentuación, y se ha adaptado el uso de mayúsculas a las
            indicaciones de la R.A.E. (<emph>Diccionario panhispánico de dudas</emph>, entrada
              <emph>mayúsculas</emph>).</p>
          <p>Por lo que atañe a la puntuación, deben hacerse las siguientes precisiones sobre la
            norma general antes mencionada:</p>
          <list rend="justify">
            <item>He mantenido la puntuación del manuscrito en la copia de la <emph>Soledad
                primera</emph> que figura entre los fols. 4r-33v, de mano diferente a la de Ponce, y
              en la copia de los vv. 677-936 de la <emph>Soledad segunda</emph>, llevada a cabo por
              Ponce y comprendida entre los fols. 113r-120v. Solo he intervenido cuando resulta
              imprescindible un signo de puntuación y la imagen no me ha permitido apreciarlo al
              final de un verso –normalmente a causa de la encuadernación–; en esos supuestos, lo
              incorporo entre corchetes. La razón de este criterio es que Manuel Ponce –como los
              otros comentaristas– lee y comprende el texto de las <emph>Soledades</emph> con la
              puntuación que él mismo coloca en el fragmento de la <emph>Soledad segunda</emph>, y
              con la que aparece en el texto de la <emph>Soledad primera</emph>, donde, además, se
              observan enmiendas que atestiguan la conciencia y dudas que despertaba esta cuestión
              entre los estudiosos y comentaristas de la época (así, por ejemplo, en el v. 187 de la
                <emph>Soledad primera</emph>, copiado en el fol. 9v). Ello lleva implícito que
              también la interpretación y notas de Ponce al poema se vean ligadas a la puntuación
              que manejó. Un ejemplo de ello se observa en los vv. 414-416, copiados en el fol. 15v,
              donde la variante «vio l[a] arena, Neptuno» (frente a «violaron a Neptuno»), y la
              puntuación de los versos, fundamentan la interpretación que Ponce ofrece en su nota 48
              (fol. 56r). En consecuencia, en estos casos he preferido privilegiar el carácter de
              documento histórico que posee el manuscrito. El lector podrá encontrar en las
              canónicas ediciones de Jammes (1994) y Carreira (2015 y 2016) un texto puntuado con
              los adecuados criterios gramaticales que hoy rigen<note place="bottom">Antonio
                Carreira (2009, pp. 18-19), a quien agradezco sus observaciones en este punto,
                ofrece, además, unas muy pertinentes reflexiones sobre los criterios de puntuación
                de las <emph>Soledades</emph> en las ediciones modernas.</note>.</item>
            <item>También he mantenido la puntuación de la copia que Manuel Ponce hace, en los fols.
              110r-112r, de una oda de Anacreón en traducción de Quevedo, así como la de las
              frecuentes citas latinas y de otras lenguas que Ponce recoge en su comentario. Las
              ediciones de esos textos recogidas en las notas y la bibliografía permiten al lector
              cotejar esos pasajes y calibrar así posibles variantes.</item>
            <item>Respetando siempre la ortodoxia gramatical, la puntuación del resto del texto
              intenta también facilitar la lectura y comprensión de la prosa de Manuel Ponce, que,
              como la de otros estudiosos de su tiempo, ofrece una sintaxis compleja de amplios
              periodos circulares que acumulan miembros e incisos en sus prótasis y apódosis, y
              dificultan así su comprensión. Por ello, a la norma gramatical y la rítmica del
              periodo se ha unido, en ocasiones, un criterio que puntúa con mayor pausa (punto y
              coma o incluso punto y seguido) lo que, en rigor, es un miembro más de un periodo más
              amplio.</item>
          </list>
          <p>En lo referente a las grafías, se han modernizado aquellas que no implicaban distinción
            fonológica en la primera mitad del XVII. También regularizo según el uso actual las
            secuencias <emph>a el</emph> (<emph>al</emph>), <emph>de el</emph> (<emph>del</emph>) y
              <emph>dél</emph> (<emph>de él</emph>); en los dos casos en los que aparece (fols. 22v,
            115 v), sustituyo <emph>quel</emph> por <emph>que el</emph> y <emph>ques</emph> (fols.
            80r, 106v) por <emph>que es</emph>. Mantengo formas como <emph>aqueste, deste,
              della</emph> y similares, así como su alternancia en el texto con las formas no
            contraídas (<emph>de este, de ella…</emph>), rasgo propio de la lengua de Ponce y su
            tiempo. Mantengo también alternancias habituales en la lengua de la época, como
              <emph>deciende</emph> (f. 32v) y <emph>descienden</emph> (f. 57v),
              <emph>lascivo</emph> (fols. 11r, 12v, 26r, 33r, 62r, 114r) y <emph>lacivo</emph>
            (fols. 12r, 17r, 24v), <emph>nacer</emph> y derivados (fols. 14r, 14v, 34v, 53r, 54v,
            56r, 59r, 80r, 86v, 108r, 115r…) y <emph>nascer</emph>, casi no usado (fol. 115v,
              <emph>nascido</emph>). Conservo los casos de leísmo, loísmo y laísmo que caracterizan
            la lengua de Ponce, quien, como se ha dicho, era probablemente madrileño (ver, por
            ejemplo, fols. 38v, 39v, 40v, 41r, 43r, 49r). Finalmente, conservo la grafía del
            manuscrito en las citas latinas y de otras lenguas que Ponce recoge el su comentario;
            solo corrijo en ellas las erratas evidentes. El lector podrá cotejar esos pasajes con
            las ediciones de esos textos recogidas en la bibliografía.</p>
          <p>Desarrollo en cursiva las frecuentes abreviaturas que presenta el manuscrito e indico
            entre corchetes el cambio de folio. Corrijo en el texto las erratas del manuscrito
            cuando son evidentes; pero, en todos los casos, consigno en nota su lectura.</p>
          <p>La anotación persigue diversos objetivos: algunas notas intentan facilitar la mejor
            comprensión del texto; en este caso, aclaran algunas voces o parafrasean el sentido de
            pasajes que pudieran resultar complejos debido al estilo de Ponce o a las ideas que
            expone.</p>
          <p>Dado su carácter de comentario erudito, muchas de las notas se dedican a ilustrar las
            fuentes que utiliza Ponce, y señalan los pasajes que cita o a los que alude. La
            anotación se convierte en estos casos en un recorrido por la labor de Ponce, y en un
            reflejo de esa variada colección de saberes que acumulan estos comentos, y que son
            muestra tanto de la erudición del comentarista, como de la riqueza de contenidos y
            fuentes que atesora el poema. Debe reconocerse que, en muchas ocasiones, esta erudición
            puede considerarse gratuita, pues poco o nada aporta a la estricta comprensión del
            poema, y se acumula a mayor gloria del comentarista. Con más razón habrían de
            considerarse gratuitas las notas que ilustran en esta edición esas referencias del
            comento y que contribuirían, de este modo, a incrementar aún más lo que Menéndez Pelayo
            calificó como «la palma de la pesadez» al hablar del comentario de Salcedo Coronel<note
              place="bottom">Menéndez Pelayo, 1884, II, pp. 532-533.</note>. Es muy posible que ello
            sea cierto. Sin embargo, desde otro punto de vista, recorrer todos esos textos donde
            geógrafos, historiadores y otros estudiosos hablaban de los hechos y realidades más
            diversos, nos recuerda una de las finalidades básicas del comentario filológico desde la
            antigüedad: enseñar no solo la lengua del poeta y su excelencia en el estilo, sino
            también abrir una ventana al mundo a través de sus versos. Aprender, en fin, desde la
            literatura. En consecuencia, la aridez de esta anotación no es sino una prolongación de
            la que el comentario esconde en su esencia y características. Así parece entenderlo el
            propio Ponce cuando, al anotar el v. 436 de la <emph>Soledad primera</emph> («conducir
            orcas, alistar ballenas»), invita al lector a consultar la <emph>Naturalis
              historia</emph> de Plinio para obtener más informaciones sobre los prodigios de estos
            monstruos marinos: «Véase, porque es admirable su muerte y sus batallas» (fol. 58r).
            Finalmente, este universo erudito es también reflejo de la riqueza de contenidos que
            encierra el poema de Góngora, que, como los versos de Virgilio y otros clásicos, no solo
            es arte literario, sino también espejo del mundo, la mitología y la historia.</p>
          <p>Otro tipo de notas, bastante frecuente, es el que intenta recoger diversas
            particularidades del manuscrito, como las anotaciones marginales, las tachaduras,
            correcciones y enmiendas, y otros pormenores de esa índole. La incorporación de algunas
            imágenes permite ilustrar mejor varios de esos detalles. En esta línea, he conservado en
            el texto los subrayados que destacan algunas frases y expresiones. En no pocas
            ocasiones, los detalles del manuscrito ofrecen informaciones que ayudan a entender el
            modo de proceder de Ponce y el proceso de elaboración de su comentario.</p>
          <p>En las notas que recogen pasajes de textos latinos, he añadido a estos la traducción
            castellana, la mayoría de las veces por ediciones contrastadas que se indican en la
            nota, y algunas en traducción propia.</p>
          <p>En las notas al texto de la <emph>Soledad primera</emph> he incorporado las variantes
            que aparecen en los márgenes de la copia manuscrita, y que recogen lecturas de la
            versión definitiva. Además, he incluido las variantes de la versión primitiva que
            Góngora envió a Pedro de Valencia en 1613. Para ello me baso en el texto crítico de esa
            versión primitiva editado por Antonio Rojas Castro en 2015, tras el cotejo y análisis de
            17 testimonios manuscritos y 5 impresos. También he examinado y tenido en cuenta el
            fundamental trabajo de Dámaso Alonso (1936) que reconstruye la versión primitiva sobre
            los testimonios que entonces pudo manejar, el de Robert Jammes (1984) donde se reproduce
            la copia que Rodríguez-Moñino le envió del manuscrito de su propiedad –con el que he
            cotejado el texto–<note place="bottom">El manuscrito se conserva hoy en la Biblioteca de
              la Real Academia Española (Rm-6709). Indicaré la página de la variante en el
              mencionado trabajo de 1984 (más accesible), y añadiré el folio donde se encuentra en
              el manuscrito. La copia que Rodríguez-Moñino hizo y envió a Jammes no recoge las
              últimas cuatro estrofas, que fueron añadidas por una mano diferente a la del primer
              copista. En este caso, señalaré solo el folio del manuscrito, pues no se hallan en el
              trabajo de 1984.</note> y las referencias del propio Jammes al texto de la versión
            primitiva, que va desgranando a lo largo de su edición de 1994, donde actualiza los
            logros de Dámaso Alonso<note place="bottom">La Tesis Doctoral de Rojas, 2015, ofrece una
              edición crítica de la versión primitiva y de la versión definitiva de las
                <emph>Soledades</emph>, además de una transcripción paleográfica y versión
              modernizada del manuscrito Chacón, base de la versión definitiva del poema; ver, entre
              otras, las pp. 61-62, 68-69 y 114 para sus precisiones sobre la versión primitiva
              reconstruida por Dámaso Alonso, y las pp. 63, 70 sobre el manuscrito de
              Rodríguez-Moñino, que hoy se custodia en la RAE (Rm-6709). El cotejo completo de los
              testimonios puede consultarse en Rojas, 2015, pp. 103-248. Para un profundo análisis
              de las variantes del ms. B2908 de la Hispanic Society, ver el trabajo de M. Blanco y
              A. Carreira, 2017. Más detalles sobre fuentes manuscritas e impresas ofrecen Carreira,
              1998a, pp. 21-25 y 95-118; Carreira, 1998b, I, pp. 53-115 y IV, pp. 571-633; Rojas,
              2015, pp. 325-343. Carreira, 1998b, I, pp. 23-30, desarrolla los problemas que plantea
              la <emph>recensio</emph> en la edición de la poesía de Góngora; ver también las
              consideraciones de Rojas, 2015, pp. 85-95.</note>. La finalidad fundamental de este
            tipo de notas es corroborar el carácter de versión intermedia que tiene la copia de la
              <emph>Soledad primera</emph> manejada por Ponce.</p>
          <p>Al ser ya muy abundante la anotación, no he desarrollado en todas sus posibilidades la
            que refleja concordancias entre las ideas de Ponce y pasajes de otros comentarios de la
            polémica gongorina. Ello habría dilatado el aparato de notas hasta hacerlo aún más
            prolijo, y esta tarea puede realizarse hoy con más agilidad y rigor gracias al proyecto
            de edición digital de sus comentarios dirigido por Mercedes Blanco en la Sorbonne
            Université (<emph>Góngora et les querelles littéraires de la Renaissance</emph>). Al
            situarse el comentario de Ponce en los comienzos de la polémica, el notable catálogo de
            fuentes que maneja permitirá a los gongoristas calibrar las semejanzas y peculiaridades
            con los trabajos de otros comentaristas. El contexto intelectual de estas conexiones fue
            certeramente dibujado por Antonio Carreira (1998, p. 264): «Las citas similares indican
            que el arsenal de argumentos era limitado, y que cada cual, en un aprieto, echaba mano
            de lo que podía».</p>
          <p>No debe olvidarse, finalmente, que en este panorama de vínculos y semejanzas influyen
            también las relaciones personales. Por señalar un ejemplo conocido<note place="bottom"
              >Ver A. Reyes, 1958, pp. 141-144.</note>, las cartas de Cristóbal de Salazar Mardones
            a Juan Francisco Andrés de Ustárroz atestiguan el trasvase de datos e informaciones
            entre los comentaristas de Góngora, y acusan al siempre denostado Pellicer de haber
            usurpado materiales a Ustárroz y al propio Salazar Mardones. La red de conexiones
            textuales es, por lo tanto, un hecho inevitable, y merecerá por parte de los expertos
            continuar la labor de estudios archivísticos, historiográficos y de cotejo de textos,
            tarea que nunca finaliza y que, evidentemente, excede con mucho el limitado propósito de
            esta edición.</p>
          <p>En conclusión, la intención de este trabajo es ofrecer un texto riguroso de este
            temprano e importante comentario, con una anotación centrada en detallar las
            particularidades del manuscrito, aclarar la comprensión del texto de Ponce e identificar
            su amplio bagaje erudito. El deseo es que esta labor permita a los estudiosos de Góngora
            profundizar en lo que sin duda son sus aportaciones al conocimiento del poeta y a la
            polémica que sus versos suscitaron.</p>
        </div>
       <div subtype="level2">
          <head>9. Bibliografía<note place="bottom">Incluyo varias entradas de una misma obra por
              las siguientes razones: 1) se consigna la edición en la lengua original y también la
              traducción al español que se ha utilizado; 2) se recogen las diversas ediciones de una
              misma obra que han sido consultadas y que se señalan en las notas.; 3) la entrada se
              recoge por el autor de la obra, y también por el editor cuando se refiere al estudio
              de este, que ha sido mencionado.</note></head>
          <div subtype="level3">
            <head>9.1. Obras citadas o mencionadas por Manuel Ponce</head>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Agustín</hi>, Santo, De doctrina christiana, cura et studio Iosephi
              Martin, en Aurelii Augustini opera. Pars IV, Turnhout, Brepols, 1962 [Corpus
              Christianorum. Series Latina XXXII].</p>
            <p rend="noindent">—,  Sancti Avgvstini confessionvm libri XIII qves post Martinvm Skutella
              itervm, edidit Lvcas Verheijen, Turnhout, Brepols, 1981.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Confesiones</emph>, en <emph>Obras completas II</emph>, trad.
              A. Custodio Vega, Madrid, BAC, 1979<hi rend="sup">7</hi>.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alamanni</hi>, L., <emph>La coltivatione di Luigi Alamanni al
                christianissimo re Francesco Primo</emph>, stampato in Parigi, da Ruberto Stephano,
              1546 [ejemplar de la Biblioteca Xeral de la USC. sign. 8337].</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Albericus Londoniensis</hi>, Allegoriae poeticae: seu de veritate ac
              expositione poeticarum fabularum libri quatuor Alberico londonensi authore, Parisiis,
              Joannis de Marnef, 1520.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alberto Magno</hi>, Santo, <emph>De meteoris</emph>, Venetiis, per
              Renaldum de Novimagio, 1488.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alciato</hi>, A., Omnia Andrea Alciati emblemata, cum Commentariis
              quibus emblematum detecta origine dubia omnia, et obscura illustrantur, Per Claud:
              Minoem, Parisiis, in Officina Ioan Picherii Sumptibus, 1608.</p>
            <p rend="noindent">—, Los emblemas de Alciato traduzidos en rhimas españolas [por
              Bernardino Daza Pinciano], Lyon, Mathias Bonhomme, 1549.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alessandrini</hi>, A., <emph>Geniales dies</emph>, Roma, Mazochius,
              1522.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Amiano Marcelino</hi>, <emph>Res gestae / Histoire</emph>, texte et
              traduction par Guy Sabbah, notes par Laurent Angliviel de la Beaumelle, Paris, Les
              Belles Lettres, 1986-, 6 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Anacreonte</hi>, en Quevedo, F. de, trad., <emph>Anacreón
                castellano</emph>, en <emph>Obra poética</emph>, ed. J. M. Blecua, Madrid, Castalia,
              1981, vol. 4.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Apuleyo</hi>, L., <emph>Metamorphoses / Les Métamorphoses</emph>, texte
              établi par D. S. Robertson, traduit par P. Vallette, Paris, Les Belles Lettres,
              1940-1956, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, Historia de Lucio Apuleyo, del asno de oro, repartida en once libros,
              y traducida en Romance Castellano, en Anvers, en casa de Iuan Steelsio, M.D.LI
              [traducción de Diego López de Cortegana].</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Aquiles Tacio</hi>, <emph>Leucipa y Clitofonte</emph>, trad. M. Brioso
              y E. Crespo, Madrid, Gredos, 1997.</p>
            <p rend="noindent">—, Achille Tatio Alessandrino. Dell’amore di Levcippe et di Clitophonte.
              Nuouamente tradotto dalla lingua greca [Francesco Angelo Coccio], in Venetia
              nuovamente stampati da Piero et Fratelli di Nicolini da Sabio, 1550 [cito por la
              edición de 1551].</p>
            <p rend="noindent">—, Achillis Statii Alexandrini de Clitophontis &amp; Leucippes amorib.
              Libri VIII. E Graecis Latini facti à L. Annibale Cruccio, Basileae, per Ioannem
              Heruagium, anno 1554.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ariosto</hi>, L., <emph>Orlando furioso</emph>, a cura di Cesare Segre,
              Milano, Mondadori, 1998.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Aristóteles</hi> [atrib.], <emph>De inundatione Nili</emph>, en
                <emph>Opera</emph>, Venetiis, [Johannes et] Gregorius de Gregoriis, impens,
              Benedicti Fontana, 1496.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Aristóteles</hi>, Aristotelis Stagiritae, Rhetoricorvm libri III. Qvos
              M. Antonivs Maioragivs vertebat. Mediolani, apud Valerium, &amp; Hyeronymum Metios,
              fratres, MDL.</p>
            <p rend="noindent">—, Aristotelis Stagiritae tripartitae philosophiae opera omnia
              absolutissima, ex optimis quibusque, maximè nouis interpretibus collecta..., Basileae,
              per Ioannem Heruagium, Anno M.D.L XIII.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>De animalium historia</emph>, en <emph>Opera</emph>, Ludguni,
              apud Antonium Vincentium, 1561.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Investigación sobre los animales</emph>, introducción de C.
              García Gual, traducción de J. Pallí Bonet, Madrid, Gredos, 1992.</p>
            <p rend="noindent">—, Poética, Annotationi di M. Alessandro Piccolomini, nel libro della
              Poetica d’Aristotele; con la tradvttione del medesimo Libro, in lingua Volgare. Con
              privilegio, in Vinegia, presso Giovanni Guarisco, &amp; Compagni [1575].</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Poética</emph>, ed. trilingüe [griego-latín-castellano] de V.
              García Yebra, Madrid, Gredos, 1974.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Retórica</emph>, introducción, traducción y notas de Q.
              Racionero, Madrid, Gredos, 1990.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Aulo Gelio</hi>, <emph>Noches áticas</emph>, traducción de S. López
              Moreda, Madrid, Akal, 2009.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Noctes atticae / Les Nuits attiques</emph>, Paris, Les Belles
              Lettres, 1978-.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ausonio</hi>, D. M., <emph>Decimi Magni Ausonii Opera</emph>,
              recognovit brevique annotatione critica instruxit R. P. H. Green, Oxonii, e
              Typographeo Clarendoniano, 1999.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Obra completa</emph>, traducción, introducción y notas de A.
              Alvar Ezquerra, Madrid, Gredos, 1990.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Benivieni</hi>, G., Opere di Hyerony. Benivieni, Impresso en Firenze
              per li heredi di Giunta nell’ anno del Signore M.D.XIX del mese di marzo.</p>
            <p rend="noindent">—, Opere di Girolamo Benivieni e una Canzone dell’ amore celeste e
              divino col comento del Conte Gio. Pico Mirandolano, in Venezia, per Niccolò Zoppino,
              1522.</p>
            <p rend="noindent">[<hi rend="sc">Beroso</hi>], Annio de Viterbo, Commentaria super opera diversorum
              auctorum de antiquitatibus, también conocida como Berosi sacerdotis chaldaici
              antiquitatum Italiae ac totius orbis libri quinque, commentariis Ioannis Annii
              Viterbensis, Amberes, in aedibus Ioannis Steelsii, 1572.</p>
            <p rend="noindent"><emph>Biblia Sacra iuxta Vulgatam Clementinam</emph>, ed. A. Colunga y L. Turrado,
              Madrid, BAC, 1985.</p>
            <p rend="noindent">La Biblia vulgata latina, traducida en español por el padre Phelipe Scio de San
              Miguel..., Valencia, en la Oficina de Joseph y Thomas de Orga, 1792.</p>
            <p rend="noindent"><anchor xml:id="_Hlk25861041"/><hi rend="sc">Boccaccio</hi>, G., <emph>Genealogía de
                los dioses paganos</emph>, ed. M.ª C. Álvarez y R. M.ª Iglesias, Madrid, Editora
              Nacional, 1983.</p>
            <p rend="noindent">—, Ioannis Bocatii peri genealogias Deorum libri quindecim cum
              annotationibus Iacobi Mycilli..., Basileae, apud Io. Hervagium, 1532.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cam</hi>õ<hi rend="sc">es</hi>, L. de, <emph>Lírica completa</emph>,
              prefácio e notas de M.ª de L. Saraiva, Lisboa, Imprensa Nacional-Casa da Moeda,
              1980-2002, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Os Lusíadas</emph>, leitura, prefácio e notas de A. J. da Costa
              Pimpão, apresentação de A. Pinto de Castro, Lisboa, Instituto Camões, 2000<hi
                rend="sup">4</hi>.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Catulo</hi>, C. V., <emph xml:lang="en">Carmina /Poésies</emph>, texte
              établi et traduit par G. Lafaye, Paris, Les Belles Lettres, 1984.</p>
            <p rend="noindent">—, Catullus et in eum commentarius M. Antonii Muretti, Venetiis, apud
              Paulum Manutium, 1554.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Poesías</emph>, ed. bilingüe de M. Dolç, Madrid, CSIC,
              1997.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Cicerón</hi>, M. T., <emph>Brutus</emph>, texte établi et traduit par
              J. Martha, Paris, Les Belles Lettres, 1923.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Bruto</emph>, trad. M. Mañas Núñez, Madrid, Alianza Editorial,
              2000.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>De natura deorum / La nature des dieux</emph>, texte établi et
              traduit par C. Auvray-Assayas, Paris, Les Belles Lettres, 2002.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Sobre la naturaleza de los dioses</emph>, introducción,
              traducción y notas de A. Escobar, Madrid, Gredos, 1999.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>De officiis</emph> / <emph>Les Devoirs</emph>, texte établi et
              traduit par M. Testard, Paris, Les Belles Lettres, 1965-1970, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Claudiano</hi>, C., <emph>Opera</emph> / <emph>Oeuvres</emph>, texte
              établi et traduit par J. L. Charlet, Paris, Les Belles Lettres, 2002-, 4 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Poemas</emph>, trad. M. Castillo Bejarano, Madrid, Gredos,
              1993.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Conti</hi>, N., Natalis Comitis Mythologiae, siue, Explicationum
              fabularum libri decem... Venetiis, [Segno della Fontana], 1567.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Mitología</emph>, trad. de R. M.ª Iglesias Montiel y M.ª C.
              Álvarez Morán, Murcia, Universidad de Murcia, 1988.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Curcio</hi>, Q., <emph>Histoires / De rebus gestis Alexandri
                Magni</emph>, texte établi et traduit par H. Bardon, Paris, Les Belles Lettres,
              1961-1965, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Historia de Alejandro Magno</emph>, introducción, traducción y
              notas de F. Pejenaute Rubio, Madrid, Gredos, 1986.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Dante Alighieri</hi>, <emph>Convivio</emph>, a cura di P. Cudini,
              Milano, Garzanti, 1980.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Diodoro Sículo</hi>, Delle antiqve Historie fabulose. Novamente fatto
              volgare, &amp; con comma diligentia stampato, in Venetia, per Gabriel Iolito di
              Ferrarii, MDXLII.</p>
            <p rend="noindent">—, Diodori Siculi Bibliotheca Historica libri XVI, Basileae, per
              Henricum Petri, 1548.</p>
            <p rend="noindent">—, Diodori Siculi Bibliotheca Historica libri XVI, Basileae, [per
              Henricum Petri], 1559.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Biblioteca histórica</emph>, trad. F. Parreu Alasá, J. J.
              Torres Esbarranch <emph>et alii</emph>, Madrid, Gredos, 2001-, 6 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Diógenes Laercio</hi>, Diogenis Laertii de vitis, dogmatis &amp;
              apophthegmatis eorum qui in philosophia claruerunt, libri X. Anno MDLXX. Excudebat
              Henricus Stephanus.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos ilustres</emph>,
              traducción, introducción y notas de C. García Gual, Madrid, Alianza Editorial,
              2007.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Eliano</hi>, C., <emph>De natura animalium</emph>, ediderunt M. García
              Valdés, L. A. Llera Fueyo, L. Rodríguez-Noriega Guillén, Berlín, Walter de Gruyter,
              2009.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Historia de los animales</emph>, introducción, traducción y
              notas por J. M.ª Díaz-Regañón López, Madrid, Gredos, 1984, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Historias curiosas</emph>, introducción, traducción y notas de
              J. M. Cortés Copete, Madrid, Gredos, 2006.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Equicola</hi>, M., <emph>Libro de natura de amore</emph>, Venecia,
              Lorenzo Lorio da Portes, 1525.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Estacio</hi>, P. P., <emph>Thebaida /Thébaide</emph>, texte établi et
              traduit par R. Lesueur, Paris, Les Belles Lettres, 1990-1994, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Estrabón</hi>, <emph>Geografía</emph>, trad. M.ª J. Meana y F. Piñero,
              Madrid, Gredos, 1992.</p>
            <p rend="noindent">—, Geographia decem et septem libros e greco in latinum a Gregorio
              Typhernale et Guarino Veronese conversa, Paris, Egidius Gourmont, 1512.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Fulgentius</hi>, F. P., <emph>Mithologiarum libri III</emph>, Basileae,
              Henrichum Petrum, 1543.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Garcilaso de la Vega</hi>, Obras del excelente Poeta Garci Lasso de la
              Vega. Con anotaciones y enmiendas del Licenciado Francisco Sánchez, Cathedratico de
              Rhetorica en Salamanca, Salamanca, por Pedro Lasso, 1574.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Giovanni Lorenzo D’Anania</hi>, <emph>L'universale fabrica del
                mondo</emph>, Venezia, Aniello Sanvito, 1576.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Guarini</hi>, Giovanni Battista, <emph>Il pastor Fido</emph>, a cura di
              E. Selmi, introduzione di G. Baldassari, Venezia, Marsilio, cop. 1999.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Guelfucci</hi>, C., <emph>Il rosario della madonna. Poema
              eroico</emph>..., In Venezia, appresso Nicolo Polo, MDCVI.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Heródoto de Halicarnaso</hi>, <emph>Herodoti Halicarnassei
                Historia</emph>, Genevae, Henricus Stephanus, 1566.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Historia. Libros V-VI</emph>, traducción de Carlos Schrader,
              Madrid. Gredos, 2000.</p>
            <p rend="noindent">—, Herodoti Halicarnasei Libri Nouem a Graeco Latinum Traducti Laurentio
              Vallense Interprete, Venetiis, Christophorus de Pensis, 1498.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Homero</hi>, <emph>Ilíada</emph>, trad. E. Crespo, Madrid, Gredos,
              1991.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Odisea</emph>, trad. J. M. Pabón, Madrid, Gredos, 1993.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Horacio</hi>, <emph>Arte Poética</emph>, ed. bilingüe [latín-español]
              de A. González, Madrid, Taurus, 1987.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Epístolas. Arte Poética</emph>, ed. bilingüe de F. Navarro
              Antolín, Madrid, CSIC, 2002.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Épitres</emph> [<emph>De arte poetica.</emph>], texte établi et
              traduit par F. Villeneuve, Paris, Les Belles Lettres, 1934.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Odas y Epodos</emph>, ed. bilingüe de M. Fernández Galiano y V.
              Cristóbal, Madrid, Cátedra, 1990.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Odes et Epodes</emph>, texte établi et traduit par F.
              Villeneuve, Paris, Les Belles Lettres, 1991.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Illescas</hi>, G. de, <emph>Historia Pontifical</emph>, Barcelona,
              Sebastián de Cormellas, 1595, 1622.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Historia Pontifical</emph>, Barcelona, Hierónimo Genovés,
              1596.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Historia Pontifical</emph>, Barcelona, Iayme Cendrat, 1606.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Justino</hi>, M. J.,<emph> Abrégé des Histoires philippiques de Trogue
                Pompée</emph>, texte établi, traduit et commenté par B. Mineo, notes historiques par
              G. Zecchini, Paris, Les Belles Lettres, 2016-2018, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Justino, Pompeyo Trogo</hi>, <emph>Epítome de las «Historias filípicas»
                de Pompeyo Trogus</emph>, introducción, traducción y notas de J. Castro Sánchez,
              Madrid, Gredos, 1995.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Juvenal</hi>, <emph>Sátiras</emph>, introducción, traducción y notas de
              M. Balasch, Madrid, Gredos, 1991.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Satires / Saturae</emph>, texte établi et traduit par P. de
              Labriolle et F. Villeneuve, Paris, Les Belles Lettres, 1936.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lactancio</hi>, L. C. F., <emph>Diuinarum institutionum libri
                VII</emph>, Basileae, Cratander &amp; Bebelius, 1532.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Instituciones divinas</emph>, introducción, traducción y notas
              de E. Sánchez Salor, Madrid, Gredos, 1990.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lactantius Placidus</hi>, <emph xml:lang="en">In Statii Thebaida
                Commentum</emph>, recensuit Robertus Dale Sweeney, Stutgardiae et Lipsiae, in
              aedibus B. G. Teubneri, 1997.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph xml:lang="en">Lactanti Placidi qui dicitur narrationes
                fabularum ovidianarum</emph>, recensuit apparato critico instruxit Hugo Magnus,
              Berolini, apud Weidmannos, MDCCCCXIV.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lucano</hi>, M. A., <emph>La Farsalia</emph>, introducción, traducción
              y notas de A. Holgado Redondo, Madrid, Gredos, 1984.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>La Guerre Civile (La Pharsale)</emph>, texte établi et traduit
              par A. Bourgery, Paris, Les Belles Lettres, 1926-1929, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lucio Fauno</hi> [Giovanni Tarcagnota], Delle antichità della città di
              Roma, raccolte e scritte da M. Lucio Fauno con somma brevità, &amp; ordine, con quanto
              gli Antichi ò Moderni scritto ne hanno, Libri V, in Venetia, per Michele Tramezino,
              1548.</p>
            <p rend="noindent">—, De antiquitatibus urbis Romae ab antiquis novisque auctoribus
              exceptis, et summa brevitate ordineque dispositis per Lucum Faunum, Venetiis, apud
              Michaelem Tramezinum, 1549.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Lucrecio</hi>, <emph>De rerum natura</emph> / <emph>De la
              Nature</emph>, texte établi et traduit par A. Ernout, Paris, Les Belles Lettres,
              1984-1985, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>La Naturaleza</emph>, introducción, traducción y notas de F.
              Socas, Madrid, Gredos, 2003.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Macrobio</hi>, <emph>Saturnalia</emph>, ed. R. A. Kaster, Oxford-New
              York, Oxford University Press, 2011.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Saturnales</emph>, introducción, traducción y notas de F.
              Navarro Antolín, Madrid, Gredos, 2010.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Maier</hi>, M., Arcana arcanissima, hoc est, Hieroglyphica
              AEgyptio-Graeca: vulgo necdum cognita, ad demonstrandam falsorum apud antiquos deorum,
              dearum, heroum, animantium, et institutorum pro sacris receptorum, originem, ex uno
              AEgyptiorum artificio, quad aureum animi et Corporis medicamentum peregit, deductam:
              unde tot poetarum allegoriae, scriptorum narrationes fabulosae et per totam
              encyclopaediam errores sparsi clarissima veritatis luce manifestantur, suaque tribui
              singula restituuntur, sex libris exposita, London, Thomas Creede, [1614].</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Manilio</hi>, M., <emph>Astrología</emph>, introducción de F. Calero,
              traducción y notas de F. Calero y M.ª J. Echarte, Madrid, Gredos, 2002.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph xml:lang="en">Astronomica</emph>, edited and translated by G.
              P. Good, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 1992.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Marcial</hi>, M. V., <emph>Epigramas</emph>, trad. e introd. de J.
              Fernández Valverde y A. Ramírez de Verger, Madrid, Gredos, 1997, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Epigrammes</emph>, texte établi et traduit par H. J. Izaac,
              Paris, Les Belles Lettres, 1969-1973, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, M. V. Martialis epigrammaton libri XIIII, Ludguni, apud S. Gryphium,
              1548.</p>
            <p rend="noindent">—, M. Val. Martialis Nova Editio. Ex Museo Petri Scriverii. Lvdgvuni
              Batavorum, apud Ioannem Maire, 1619.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Marciano Capella</hi>, <emph>Les Noces de Philologie et de
                Mercure</emph>, texte établi et traduit par J. F. Chevalier, M. Ferré, B. Ferré, J.
              Y. Guillaumin, J. B. Guillaumin, Paris, Les Belles Lettres, 2003-, 5 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Marino</hi>, G., Rime del Marino, parte seconda, Madriali, e Canzoni,
              Venetia, Ciotti, 1602.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Martínez de Cantalapiedra</hi>, M., Libri decem hypotyposeon
              theologicarum, sive regvlarvm ad intelligendum scripturas diuinas, in duas partes
              distributi, Salmanticae, excudebat Ioan. Maria a Terranoua, expensis Ioannis Moreni,
              1565.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mena</hi>, J. de, Coronacion compuesta por el famoso poeta Juan de
              Mena. Al muy illustre cauallero don Yñigo Lopez de Mendoça marques de Santillana,
              Salamanca, 1499 [ejemplar de la Biblioteca de Castilla-La Mancha/BPE en Toledo, sign
              INC 5].</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>La Coronación</emph>, edición, introducción y notas de
              Maximiliaan P. A. M. Kerkhof, Madrid, CSIC, 2009.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>El Laberinto de Fortuna o Las trescientas</emph>, ed. J. M.
              Blecua, Madrid, Espasa-Calpe, 1973<hi rend="sup">5</hi>.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Muret</hi>, M. A., <emph xml:lang="en">Catullus et in eum commentarius
                M. Antonii Muretti</emph>, Venetiis, apud Paulum Manutium, 1554.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Nemesiano</hi>, M. A., <emph>Oeuvres</emph>, texte établi et traduit
              par P. Volpilhac, Paris, Les Belles Lettres, 1975.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Ovidio</hi>, <emph>Cartas desde el Ponto</emph>, ed. bilingüe de A.
              Pérez Vega y F. Socas Gavilán, Madrid, CSIC, 2000.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Fastos</emph>, introducción, traducción y notas de B. Segura
              Ramos, Madrid, Gredos, 1988.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph xml:lang="en">Les Fastes</emph>, texte établi, traduit et
              commenté par R. Schilling, Paris, Les Belles Lettres, 1992-1993, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Héroides</emph>, texte établi par Henri Bornecque et traduit
              par M. Prévost, Paris, Les Belles Lettres, 1928.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Las metamorfosis</emph>, texto revisado y traducido por A. Ruiz
              de Elvira, Madrid, CSIC, 1969-1988, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Les Métamorphoses</emph>, texte établi et traduit par G.
              Lafaye, Paris, Les Belles Lettres, 1969-1972, 3. vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Pontiques</emph>, texte établi et traduit par J. André, Paris,
              Les Belles Lettres, 1977.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Pausanias</hi>, <emph>Descripción de Grecia</emph>, introducción,
              traducción y notas de M.ª C. Herrero Ingelmo, Madrid, Gredos, 1994.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Persio Flaco</hi>, A., <emph>Satires</emph>, texte établi et traduit
              par A. Cartault, Paris, Les Belles Lettres, 1929.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Petrarca</hi>, F., <emph>Canzoniere / Cancionero</emph>, ed. bilingüe
              de J. Cortines, Madrid, Cátedra, 1989, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>I Trionfi del Petrarcha</emph>, con la spositione di M.
              Giovanni Andrea Gesualdo da Traetto, in Venetia per Domenico Giglio, M. D. LIII.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Piccolomini</hi>, A., Annotationi di M. Alessandro Piccolomini, nel
              libro della Poetica d’Aristotele; con la tradvttione del medesimo Libro, in lingua
              Volgare. Con privilegio, in Vinegia, presso Giovanni Guarisco, &amp; Compagni
              [1575].</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Pico della Mirandola</hi>, G., Commento di Hieronymo Benivieni
              cittadino fiorentino sopra a più sue canzone et sonetti dello amore et della belleza
              divino allo illustrissimo Principe Giovanfrancesco Pico, Signore de la Mirandula et
              Conte della Concordia, Firenze, Tubini, 1500.</p>
            <p rend="noindent">—, Comentario a una canción de amor de Girolamo Benivieni, ed. y trad.
              O. Miró Martí, Barcelona, PPU, 2006.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Plinio Segundo</hi>, C., Historia Natural de Cayo Plinio Segundo.
              Traducida por el licenciado Gerónimo de Huerta; médico y familiar del Santo Oficio de
              la Inquisición y ampliada por él mismo, con escolios, y anotaciones, en que aclara lo
              oscuro y dudoso, y añade lo no sabido hasta estos tiempos, en Madrid, por Luis
              Sánchez, impresor del Rey, año 1624.</p>
            <p rend="noindent">—, Historia Natural de Cayo Plinio Segundo. Traducida por el licenciado
              Gerónimo de Huerta; médico y familiar del Santo Oficio de la Inquisición y ampliada
              por él mismo, con escolios, y anotaciones, en que aclara lo oscuro y dudoso, y añade
              lo no sabido hasta estos tiempos. Tomo segundo, en Madrid, por Juan González,
              1629.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Naturalis Historia-Histoire naturelle</emph>, texte établi et
              traduit par H. le Bonniec, J. M. Croisie et J. André, Paris, Les Belles Lettres,
              1981-1985, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, Caii Plynii Secvndi Naturalis Hyistoriae libri XXXVII, Parmae
              impressus, Andrea Portilia, 1481.</p>
            <p rend="noindent">—, C. Plinii Secundi de naturali historia libri XXXVII, Venetiis,
              Ioannem Aluisium de Varisio, 1499.</p>
            <p rend="noindent">—, C. Plinii Secundi opus diuinum, cui titulus Historia naturalis...,
              Parisiis, Veneunt ab Ambrosio Girault, 1526.</p>
            <p rend="noindent">—, C. Plinii Secundi Historiarum Naturae libri XXXVII, Parisiis, Iohann
              Parvus, 1532.</p>
            <p rend="noindent">—, C. Plinii Secundi Naturalis Historiae libri trigintaseptem a Paulo
              Manutio multis in locis emendati, castigationes Sigismundi Galenii, index plenissimus
              cum titulo distincto, Venetiis, apud Paulum Manutium, Aldi F., 1559.</p>
            <p rend="noindent">—, Historia mundi naturalis C. Plinii Secundi. Hoc est: amplissimum,
              lucidissimum, perspicacissimumque, nec non plane mirandum totius universi, rerumque
              naturalium sepeculum ... in libros XXXVII distributa, vivisque imaginibus illustrata
              cum indice rerum &amp; verborum locupletissimo. Typis excudebatur Francoforti ad
              Maenum, à partu Deiparae virginis [Martin Lechler, Sigismund Feyerabend], M. D.
              LXXXII.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Plutarco</hi>, <emph>Cuestiones conviviales / Diálogos de
                sobremesa</emph>, en <emph>Obras morales y de costumbres IV</emph>, introducción,
              traducción y notas de F. Martín García, Madrid, Gredos, 1987.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Pontano</hi>, G., <emph>Urania seu de stellis libri quinque</emph>,
              Florentiae, ex officina Philippi de Giunta florentini sumpti. suis, anno.
              M.D.XIIII.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Publius Victor</hi>, <emph>P. Victoris de regionibus urbis Romae
                libellus aureus</emph>, [Milán, Giovanni, Angelo Scinzenzeler, <emph>c.</emph> 1503;
              ejemplar digitalizado en Arachne].</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Quevedo</hi>, F. de, trad., <emph>Anacreón castellano</emph>, en
                <emph>Obra poética</emph>, ed. J. M. Blecua, Madrid, Castalia, 1981, vol. 4.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Quintiliano</hi>, M. F., <emph>Institutio Oratoria</emph>, texte établi
              et traduit par J. Cousin, Paris, Les Belles Lettres, 1975-1980, 7 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, M. Fabii Quintiliani oratoris eloquentissimi Institutionum
              oratoriarum libri XII, Parisis, ex officina Rob. Stephani, 1542.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>M. Fabii Quintiliani Institutionis oratoriae libri XII / Sobre
                la formación del orador: doce libros</emph>, traducción y comentarios de A. Ortega
              Carmona, Salamanca, Publicaciones Universidad Pontificia de Salamanca, 1997-2001, 5
              vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Re</hi>, C., Girolamo Benivieni florentino. Cenni sulla vita e sulle
              opere, Città di Castello, S. Lapi, 1906.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Remigio de Auxerre</hi>, <emph xml:lang="en">Remigii Autissiodorensis
                Comentum in Martianum Capellam</emph>, edited with an introduction by C. E. Lutz,
              Leiden, Brill, 1962-1965, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sabellicus</hi>, M. A., ver <hi rend="sc">Coccio</hi>, M. A..</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Salustio</hi>, C.,<emph> De coniuratione Catilinae / La conjuration de
                Catiline</emph>, texte établi et traduit par A. Ernout, Paris, Les Belles Lettres,
              1980.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>La Conjuración de Catilina</emph>, ed. A. Carrera de la Red,
              Madrid, Akal, 2001.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sánchez de las Brozas</hi>, F., Francisci Sanctii Brocensis in incluta
              Salmanticensi Academia Rhetorices, Graecaeque; linguae Primarii Doctoris. In artem
              Poeticam Horatii Annotationes, Salmanticae, apud Ioannem &amp; Andream Renaut fratres,
              1591.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sannazaro</hi>, J.,<emph> Arcadia</emph>, a cura di F. Ersparmer,
              Milano, Mursia cop., 1990.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Scaligero</hi>, G. C., <emph>Ivlii Caesaris Scaligeri exotericarum
                exercitationvm liber qvintus decimvs, de svbtilitate, ad Hieronymvm Cardanvm</emph>,
              Lvtetiae, ex officina typographica Michaelis Vascosani, uia Iacobaea, ad insigne
              Fontis. M. D. LVII.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Séneca</hi>, L. A.,<emph> Edipo, Fedra</emph>, en
                <emph>Tragedias</emph>, vol. 2, introducción, traducción y notas de J. Luque Moreno,
              Madrid, Gredos, 1980.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Oedipus, Phaedra</emph>, en <emph>Tragédies</emph>, texte
              établi et traduit par F.-R. Chaumartin, Paris, Les Belles Lettres, 1999-, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Silio Itálico</hi>, C., <emph>La Guerra Púnica</emph>, ed. J. Villalba
              Álvarez, Madrid, Akal, 2005.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>La Guerre Punique</emph>, texte établi et traduit par P.
              Miniconi et G. Devallet, Paris, Les Belles Lettres, 1979-1984, 4 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Simokattes</hi>, T., Historiae Mauricci Tiberii Imp. libri VIII... in
              latinum conversa, &amp; notis illustrata a Iacobo Pontano Societatis Iesv,
              Ingolstadii, ex Typographia Adami Sartorii, anno M. DCIV.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Solino</hi>, C. J., <emph>De las cosas maravillosas del mundo</emph>,
              traducción de Cristóbal de las Casas, Sevilla, en casa de Alonso Escribano, a costa de
              Andrea Pescioni, 1573.</p>
            <p rend="noindent">—, Polihystor, sive Collectaneae de memorabilius aut mirabilius mundi,
              Venetiis, Theodorus de Ragazonibus, 1491.</p>
            <p rend="noindent">—, De mirabilius mundi. Collectanea rerum memorabilium / Polihistor, en
              Pomponius Mela. Iulius Solinus. Itinerarium Antonini Aug. Vibius Sequester. P. Victor
              de regionibus urbis Romae. Dionysius Afer de situ orbis, Prisciano interprete,
              Venetiis, in aedibus Aldi et Andreae Soceri mense octobri M. D. XVIII [citas y
              referencias por esta edición].</p>
            <p rend="noindent">—, C. Iulii Solini Polihystor, rerum toto orbe memorabilium thesaurus
              locupletissimus. Huic ob argumenti similitudinem Pomponii Melae, Basel, 1538.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>C. Iulii Solini Polyhistor, vel rerum toto orbe memorabilium
                thesaurus</emph>, a J. Jac. Grassero emendatus &amp; illustratus, Ludguni, Cl.
              Proff, 1609.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Stephanus</hi>, C. [Charles Estienne], <emph xml:lang="en">Dictionarium
                Historicvm, Geographicvm, poeticvm...</emph>, [Genève], Iacobvm Stoer, 1590.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Strozzi</hi>, Tito Vespasiano, <emph>Strozii Poetae Pater Et
                Filius</emph>, Parisiis, ex officina Simonis Colinaei, 1530.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Suetonio Tranquilo</hi>, C., <emph>De vita Caesarum / Vies des douze
                Césars</emph>, texte établi et traduit par H. Ailloud, Paris, Les Belles Lettres,
              1931-1932, 3 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Vida de los doce Césares</emph>, introducción general de A.
              Ramírez de Verger, traducción de R. M.ª Agudo Cubas, Madrid, Gredos, 1992.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tasso</hi>, T.,<emph> Gerusalemme liberata</emph>, introduzione, note,
              commenti ai singoli canti, lessico e indice-repertorio di M. Giglielminetti, Milano,
              Garzanti, 1993.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Teofilacto de Ácrida</hi>, Theophylacti Archiepiscopi Bulgariae In
              quatuor Euangelia Enarrationes Luculentissimae, diligenter iam tandem &amp; amussim
              recognitae, cum Indice copioso &amp; utili, Parisiis, ex officina Ioannis parui,
              1540.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Teofrasto</hi>, <emph>Les pierres</emph> [<emph>Περὶ λίθων</emph> /
                <emph>De lapidibus / Sobre las piedras</emph>], texte établi et traduit par S.
              Amigues, Paris, Les Belles Lettres, 2018.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Terencio</hi>, P., <emph>El eunuco</emph>, introducción traducción y
              notas de Gonzalo Fontana Elboj, en Terencio, Obras, Madrid, Gredos, 2008.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Eunuchus / L'Eunuque</emph>, texte établi par J. Marouzeau,
              traduction et commentaire par B. Bureau et Ch. Nicolas, Paris, Les Belles Lettres,
              2015.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Tertuliano</hi>, Q. S. F., Opera Q. Septimii Florentis Tertulliani
              inter Latinos ecclesiae scriptores prime: sine quorum lectione nullum diem
              intermittebat olim divus Cyprianus, Basileae, Frobenius, 1521.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Trithemius</hi>, J., De septem secundeis, id est, intelligentiis, sive
              spiritibus, orbes post Deum moventes, impressum Francoforti apud Cyriacum Oacobum,
              1545.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Valerio Flaco</hi>, C., <emph>Argonautiques</emph>, texte établi et
              traduit par G. Liberman, Paris, Les Belles Lettres, 1997, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Valerio Máximo</hi>, P., <emph>Facta et dicta memorabilia / Faits et
                dits mémorables</emph>, texte établi et traduit par R. Combès, Paris, Les Belles
              Lettres, 1995-1997, 2 vols.</p>
            <p rend="noindent">—, Los nueve libros de los Exemplos y virtudes morales de Valerio Máximo
              traducidos y comentados en lengua Castellana por Diego López, Sevilla, Francisco de
              Lira, 1631.</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Vibius Sequester</hi>, De fluminibus, fontibus, lacubus, nemoribus,
              paludibus, montibus, gentibus quorum apud poetas mentio fit, Pisa, Hieronymus Soncino,
              1512.</p>
            <p rend="noindent">—, De fluminibus, fontibus, lacubus, nemoribus, paludibus, montibus,
              gentibus quorum apud poetas mentio fit, Florencia, Haeredes Philippi Iuntae, 1526
              [cita por esta edición].</p>
            <p rend="noindent"><hi rend="sc">Virgilio Marón</hi>, P., <emph>Bucólicas, Geórgicas, Apéndice
                Virgiliano</emph>, introducción general de J. L. Vidal, traducciones, introducciones
              y notas por T. de la Ascensión Recio García [<emph>Bucólicas</emph> y
                <emph>Geórgicas</emph>] y A. Soler Ruiz [<emph>Apéndice virgiliano</emph>], Madrid,
              Gredos, 1990.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Bucoliques</emph>, texte établi et traduit par E. de
              Saint-Denis, Paris, Les Belles Lettres, 1983.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Enéide</emph>, texte établi et traduit par J. Perret, Paris,
              Les Belles Lettres, 1978.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Eneida</emph>, trad. de R. Fontán Barreiro, Madrid, Alianza
              Editorial, 1986.</p>
            <p rend="noindent">—, <emph>Géorgiques</emph>, texte établi et traduit par E. de
              Saint-Denis, Paris, Les Belles Lettres, 1982.</p>
            <p rend="noindent">—, P. Virgilii Maronis Bvcolica et Georgica, Argumentis,
              Explicationibus, Notis illustrata, Auctore Io. Lvdovico de la Cerda Toletano...,
              Ludguni, sumptibus Horatii Cardon, M.DC.XIX.</p>
          </div>
          <div subtype="level3">
            <head>9. 2. Obras citadas por el editor</head>
            <div subtype="level4">
              <head>9. 2. 1. Manuscritos</head>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Díaz de rivas</hi>, P., Anotaciones y defensas a la Primera Soledad,
                BNE, ms. 3.906.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Góngora</hi>, Luis de, <emph>Soledad primera</emph>, Real Azademia
                Española, ms. Rm-6709.</p>
            </div>
            <div subtype="level4">
              <head>9. 2. 2. Impresos anteriores a 1800</head>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alunno</hi>, F., La fabrica del mondo. Di M. Francesco Alunno da
                Ferrara. Nella quale si contengono tutte le voci di Dante, del Petrarca, del
                Boccaccio, e d’altri buoni autori…, Vinegia, Nicolò de Bascarini, MDXLVIII.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Álvarez y Baena</hi>, J., Hijos de Madrid, ilustres en santidad,
                dignidades, armas, ciencias y artes. Diccionario histórico por el orden alfabético
                de sus nombres. Tomo cuarto, Madrid, en la oficina de D. Benito Cano, 1791.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Angulo y Pulgar</hi>, M. de, Epístolas satisfactorias. Una a las
                objeciones que opuso a los poemas de D. Luis de Góngora el licenciado Francisco de
                Cascales, Catedrático de Retórica de la S. Iglesia de Cartagena, en sus Cartas
                Filológicas. Otra a las proposiciones que contra los mismos poemas escribió cierto
                sujeto grave y docto, Granada, Blas Martínez, 1635 [ejemplar de la Hispanic Society
                of America, New York, PQ 6279. A 415 E657 1635].</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Antonio</hi>, Nicolás, <emph>Bibliotheca Hispana Nova. Tomus
                  Primus</emph>, Madrid, Joaquín Ibarra, 1783.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Boccaccio</hi>, G., Ioannis Bocatii peri genealogias Deorum libri
                quindecim cum annotationibus Iacobi Mycilli..., Basileae, apud Io. Hervagium,
                1532.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Calepino</hi>, A., Il dittionario di Ambrogio Calepino dalla lingua
                latina nella volgare brevemente ridotto, a San Luca al Segno del Diamante,
                MDLII.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Coccio</hi>, M. A. [<hi rend="sc">Sabellico</hi>, Marco
                  Antonio],<emph> Enneades sive Rhapsodia historiarum ab orbe condito</emph>,
                Venetiis, per Bernardinum et Matheum Venetos, 1498.</p>
              <p rend="noindent">—, Enneades sive Rhapsodia historiarum ab orbe condito, Venetiis, per
                Bernardinum Vercellensem, 1504.</p>
              <p rend="noindent">—, Enneades sive Rhapsodia historiarum ab orbe condito, Parisiis, ex
                prelo Ascensiano, 1509.</p>
              <p rend="noindent"><emph>Diccionario de Autoridades</emph>, Madrid, Gredos, 1990 [Madrid: Real
                Academia Española, 1726-1739], 3 vols.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Dolce</hi>, L., Nvove osservationi della lingva volgare co i modi, et
                ornamenti del dire parole piv scelte, et eleganti, In Venetia, M. D. XCVII, apreso
                gli Heredi di Marchiò Sessa.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Garcilaso de la Vega</hi>, Obras del excelente Poeta Garci Lasso de
                la Vega. Con anotaciones y enmiendas del Licenciado Francisco Sánchez, Cathedratico
                de Rhetorica en Salamanca, Salamanca, por Pedro Lasso, 1574.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Garzoni</hi>, T., <emph>La piazza universale di tutte le profesioni
                  del mondo</emph>, Venecia, Giovanni Battista Somasco, 1585.</p>
              <p rend="noindent">—, <emph>La piazza universale di tutte le profesioni del mondo</emph>,
                in Seravalle di Venetia, M. D. CV, ad instantia di Roberto Meglietti</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Horacio</hi>, Q. Horacio Flacco poeta lyrico latino. Sus obras con la
                declaracion Magistral en lengua Castellana. Por el Doctor Villen de Biedma...,
                Granada, por Sebastian de Mena, año 1599, a costa de Iuan Diez, mercader de
                libros.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Knittel</hi>, K., <emph>Cosmographia elementaris, propositionibus
                  physicomatematicis proposita...</emph>, Pragae, Typis Universitatis
                Carolo-Ferdinandae, in Collegio Soc: Jesu, ad S. Clementem, anno MDCLXIII.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Mela</hi>, P., <emph>Compendio geographico, i historico de el orbe
                  antiguo. I descripcion de el sitio de la tierra</emph>, traducción y comento de
                Jusepe Antonio González de Salas, Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1644.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Pérez de Moya</hi>, J., Tratado de cosas de Astronomía, y
                Cosmographía, y Philosophía Natural, Alcalá, Juan Gracián, 1573.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Sánchez Reciente</hi>, J., Tratado de navegacion theorica, y
                practica, segun el orden, y Methodo con que se enseña en el Real Colegio Seminario
                de Sr. S. Telmo, extra muros de la ciudad de Sevilla..., escripto por Don Juan
                Sanchez Reciente, Presbytero, Cathedratico de Mathematicas de dicho Real Colegio,
                con licencia en Sevilla en la Imprenta Castellana, con inteligencia Latina de
                Francisco Sanchez Reciente, Impressor de la Regia Medica Sociedad, 1749.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Suárez de Figueroa</hi>, C., <emph>Plaza universal de todas las
                  ciencias</emph>, Madrid, Luis Sánchez, 1615.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Textor</hi>, Ravisio, Ioannis Ravisii Textoris Niversensis Officina,
                partim historiis, partim poeticis referta disciplinis multo nunc, quam prius,
                auctior…, Paris, Reginaldum Chauldiere [Jean Tixier], M.D.XXXII.</p>
              <p rend="noindent">—, Officinae Ioannis Ravisii Textoris Epitome. Tomus Primus, Ludguni,
                apud Antonium Griphium, 1560.</p>
              <p rend="noindent">—, Ioannis Ravisii Textoris Nivernensis Officina, Parisiis, apud
                Ioannem de Bordeaux, 1575.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Villén de Biedma</hi>, Juan, ed., Q. Horacio Flacco poeta lyrico
                latino. Sus obras con la declaracion Magistral en lengua Castellana. Por el Doctor
                Villen de Biedma..., Granada, por Sebastian de Mena, año 1599, a costa de Iuan Diez
                mercader de libros.</p>
            </div>
            <div subtype="level4">
              <head>9. 2. 3. Impresos posteriores a 1800</head>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Almansa y Mendoza</hi>, A. de, <emph>Advertencias de Andrés de
                  Almansa y Mendoza para inteligencia de las Soledades de don Luis de
                Góngora</emph>, ed. B. López Bueno, A Coruña, SIELAE / PASO / PROJET GÓNGORA-OBVIL
                Sorbonne Université, 2018.</p>
              <p rend="noindent">—, Advertencias de Andrés de Almansa y Mendoza para inteligencia de
                las Soledades de don Luis de Góngora, ed. B. López Bueno en Édition digitale et
                étude de la polémique autour de Góngora, responsable del proyecto, M. Blanco,
                Observatoire de la vie littèraire, Paris, Sorbonne Université, 2018 (www.
                obvil.paris-sorbonne.fr).</p>
              <p rend="noindent">—, Advertencias para la inteligencia de las «Soledades», en E. Orozco,
                En torno a las «Soledades» de Góngora: Ensayos, estudios y edición de textos
                críticos de la época referentes al poema, Granada, Universidad, 1969, pp.
                197-204.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alonso</hi>, D., ed., Luis de Góngora, <emph>Las Soledades</emph>,
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              <p rend="noindent">—, Estudios y ensayos gongorinos, Madrid, Gredos, 1955.</p>
              <p rend="noindent">—, «Manuel Ponce, primer comentarista de Góngora», en <emph>Libro
                  homenaje a Antonio Pérez Gómez</emph>, Cieza, 1978, pp. pp. 1-18. Manejo la
                reimpresión incluida en Dámaso Alonso, <emph>Obras completas</emph>, Madrid, Gredos,
                1982, vol. VI, pp. 501-524.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Alonso Veloso</hi>, M.ª J., «El <emph>Comento a setenta y tres
                  estancias</emph> atribuido a Quevedo: observaciones en torno a su autoría, edición
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              <p rend="noindent">—, , ed. Francisco de Quevedo, Comento contra setenta y tres estancias
                que don Juan de Alarcón ha escrito a las fiestas de los conciertos hechos con el
                príncipe de Gales y la señora infanta María, en Francisco de Quevedo, Obras
                completas en prosa, vol. 8, dir. A. Rey, Madrid, Castalia, 2020, pp. 441-526.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Álvarez Amo</hi>, F. J., «Mena en las controversias poéticas del
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                Madrid, Sílex ediciones, 2016, pp. 107-116.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Amo Lozano</hi>, M. del, <emph>Los comentarios de Nebrija a Persio.
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                dirigida por F. Moya del Baño].</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Andrés Castellanos</hi>, E. de, <emph>Helenistas españoles del siglo
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                120-121, 2014, pp. 201-233.</p>
              <p rend="noindent">—, «Más sobre el animal tenebroso de Góngora» (<emph>Soledad I</emph>,
                vv. 64-83). Adenda mínima», <emph>Criticón</emph>, 130, 2017, pp. 5-13.</p>
              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Artigas</hi>, M.,<emph> Don Luis de Góngora y Argote: Biografía y
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                trad. L. López Molina, Barcelona, Seix Barral, 1957, pp. 30-69.</p>
              <p rend="noindent">—, «Sermo humilis» [1944], en <emph>Figura</emph>, trad. Y. García y
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                H., «<emph>Apología en defensa de Virgilio</emph>, un comentario inédito de Manuel
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Azaustre Galiana</hi>, A., «Cuestiones de poética y retórica en los
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              <p rend="noindent">—, «El uso retórico de las <emph>Autoridades</emph> en las polémicas
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              <p rend="noindent">—, «Poesía y retórica en el Siglo de Oro: cuestiones en torno al
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              <p rend="noindent">—, ed., Jáuregui, J. de: <emph>Discurso poético de don Juan de
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              <p rend="noindent"><hi rend="sc">Blanco, M.</hi> y <hi rend="sc">Carreira, A.</hi>, «Un manuscrito del
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            </div>
          </div>
        </div>

      </div>
      <div subtype="level1">
        <head>Texto de la edición</head>
        <div subtype="level2">
          <head><pb n="fol. 1r"/> Silva<emph> a las Soledades</emph> de don Luis de Góngora, con
            anotaciones y declaración por Manuel Ponce, y un discurso en defensa de la novedad y
            términos de su estilo.</head>
          <p>Noviembre de 1613.</p>
       <p><pb n="fol. 1v"/> Este Manuel Ponce creemos sea el mismo cuyo artículo trae don Nicolás Antonio, tomo 1º de la <emph>Biblioteca nova</emph>, pág<emph>ina</emph> 353, y Baena en sus <emph>Hijos ilustres de Madrid</emph>, tomo IV, pág<emph>ina</emph> 2, en que dice:</p>
      <p>«Manuel Ponce vivía en 1622, y escribió:</p>
      <p><emph>Discurso a las fiestas que se hicieron en la canonización de los cinco santos san Isidro, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, santa Teresa y san Felipe Neri</emph>; y asistió a la justa poética que se celebró, en donde tiene un soneto.</p>
      <p><emph>Discurso intitulado Cristal de la lengua castellana, Comentos de algunos lugares de Virgilio, Oración fúnebre en la muerte de D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, que fue degollado en la plaza mayor de Madrid, jueves 21 de octubre de 1621</emph>, papel que ha impreso el autor del <emph>Semanario erudito</emph> en el tomo 1º».</p>
          <p>Ni don Nicolás Antonio ni Baena parece que tuvieron noticia de esta obra ms. de Ponce<note type="app" rend="I">Este texto, que ocupa el folio 1v, es una anotación que pudiera haber escrito Dámaso Alonso, según me comunica el propietario y muestra el cotejo con algún autógrafo suyo.</note>.</p>
      <p rend="center"><pb n="fol. 2r"/> A los que no entienden esta silva<note place="bottom">Ponce se refiere al poema de Góngora como <emph>silva</emph>, denominación que repetirá varias veces en su comentario y discurso. Ya la portada se refiere a él como <emph>Silva a las Soledades</emph>. Ver lo dicho en la introducción con respecto al título.</note>.</p>
      <p>Aunque no me obliga el proverbio a decir pocas palabras, si solo al buen entendedor han de decirse, diré sucintamente lo forzoso para darme a entender bien<note place="bottom">Agudeza con el proverbio «A buen entendedor, pocas palabras bastan»: dado que el texto se dirige «a los que no entienden esta silva», Ponce no estaría obligado a ser breve en su exposición.</note>.</p>
          <p>Esta silva es oscura por tres causas a tres modos de ingenios: por la continuación de metáforas, hipérboles, translaciones, metonimias, repeticiones<note type="app" rend="I">Palabra tachada, que no se lee.</note>, esclamaciones, símiles<note type="app" rend="I">Palabra tachada, que no se lee.</note>, descripciones<note type="app" rend="I">Aquí se tachó la palabra «conduplicaciones», y tras esta, otra que no se lee.</note>, transgresiones<note type="app" rend="I">Palabra tachada, que no se aprecia con claridad; tal vez sea «denominaciones».</note> y locuciones, a los que carecen de la dotrina y preceptos de la retórica y poética, supuesto que, no sabiéndolas, es imposible entenderlas. Por la gramática, términos y frases nuevas, a los que carecen de las lenguas <pb n="fol. 2v"/> latina y toscana, a quien imita su autor en el estilo, gravedad y heroicia, porque no puede hallar fácil su inteligencia quien no la tiene de ellas. Por las imitaciones, historias, fábulas y antigüedades que tiene, es dificultosa a los que carecen de la lección de letras humanas y noticia de los poetas y historiadores, donde es necesario haber visto lo que escribe para entenderlo<note place="bottom">En este pasaje, Ponce ha recogido los dos grandes tipos de oscuridad que reconocían las preceptivas: la que afectaba a la forma —habitual blanco de censuras—, y la que tocaba a la riqueza y profundidad de los asuntos, admitida e incluso alabada como rasgo de erudición.</note>.</p>
      <p>De donde se sigue que en general será oscura esta silva, pues hay tantos que ignoran lo que por su primor y excelencia requiere para ser bien entendida. En cuya conformidad he hecho las notas de ella, declarando las figuras retóricas y términos poéticos, <pb n="fol. 3r"/> construyendo lo que está latinizado, señalando las imitaciones importantes y refiriendo las fábulas o historias que toca en los lugares necesarios, para que, desta suerte, quede manifiesta y clara su inteligencia a todos.</p>
      <p>Advirtiendo que estimaré con extremo que los que pudieran entenderla sin este beneficio, y han dejado de estudiarla por algún buen respeto, escusen su atención y cuidado con el mío porque así la tengan todos en la estimación debida, que solo esto ha podido obligarme a romper los términos de mi escaseza publicando escritos míos.</p>
      <p rend="right">Vale.</p>
      <p rend="center"><pb n="fol. 3v"/> DEDICATO</p>
          <p rend="center">DED<note type="app" rend="I">La caligrafía es mucho menos esmerada que la que aparece en el epígrafe de la DEDICATORIA que se copia en el folio siguiente. Es difícil precisarlo, pero pudiera ser un ensayo de su diseño definitivo, o un primer intento en el vuelto del folio que luego se decidió dejar en blanco, para copiar la dedicatoria en el recto del folio siguiente. El trazo de la última letra de la segunda palabra, incompleta, es más débil. Aunque también se asemeja a una O, me inclino por considerarlo el comienzo de una D mayúscula (la segunda de la voz DEDICATORIA), el cual fue interrumpido.</note></p>
          <p rend="lmarg2"><pb n="fol. 4r"/> DEDICATO <hi rend="u">ria al duque de Béjar</hi><note type="app" rend="I">Respeto el formato que el epígrafe tiene en el manuscrito. Contrástese con el folio anterior y lo dicho en la nota al pie. Como he indicado en la introducción (apdo. 8), mantengo la puntuación de la copia manuscrita que manejó Ponce.</note></p>
      <p rend="lmarg2">Pasos de un peregrino son errante<note type="app" rend="I">Opto por la lectura «errante», aunque es difícil precisar si la última letra es una <emph>e</emph> adornada en su trazo final, o la secuencia <emph>es</emph> de «errantes». Tres testimonios de los cotejados por Rojas, 2015, p. 112, leen «errantes» (BNE mss. 4.075, 3.276, 22.217), error por trivialización al no entender que el adjetivo se refiere al peregrino. Solo señalaré los errores que indica Rojas, 2015, cuando coincidan con lecturas del manuscrito de Ponce; puede consultarse su cotejo de variantes de la dedicatoria en Rojas, 2015, pp. 112-114.</note></p>
      <p rend="lmarg2">cuantos me dictó, versos dulce musa,</p>
      <p rend="lmarg2">en soledad confusa</p>
      <p rend="lmarg2">perdidos unos; otros inspirados.</p>
      <p rend="lmarg2">¡Oh tú que de venablos impedido<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>5</p>
      <p rend="lmarg2">muros de abeto, almenas de diamante,</p>
      <p rend="lmarg2">bates los montes, que de nieve armados</p>
      <p rend="lmarg2">gigantes de cristal los teme<note type="app" rend="I">La voz <emph>teme</emph> está corregida sobre otra copiada antes e ilegible; una cruz en la parte superior remite al margen derecho del folio, donde se vuelve anotar la corrección <emph>teme</emph>. Por el trazo más grueso y oscuro de la tinta y la grafía, pudiera ser la misma mano que incorporó algunas observaciones a las notas de Ponce.</note> el cielo;</p>
      <p rend="lmarg2">donde el cuerno del eco repetido</p>
      <p rend="lmarg2">fieras te expone, que al teñido suelo<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>10</p>
      <p rend="lmarg2">muertas pidiendo términos disformes,</p>
      <p rend="lmarg2">espumoso coral le dan al Tormes!</p>
      <p rend="lmarg2">Arrima a un fresno el fresno, cuyo acero</p>
      <p rend="lmarg2">sangre sudando, en tiempo hará breve</p>
      <p rend="lmarg2">purpurear la nieve:<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>15</p>
      <p rend="lmarg2">y en cuanto da el solícito montero<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></p>
      <p rend="lmarg2">al duro robre, al pino levantado,</p>
      <pb n="fol. 4v"/>
      <p rend="lmarg2">émulos vividores de las peñas,</p>
      <p rend="lmarg2">las formidables señas,</p>
      <p rend="lmarg2">del oso, que aun besaba atravesado<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>20</p>
      <p rend="lmarg2">la asta de tu luciente jabalina:</p>
      <p rend="lmarg2">o lo sagrado supla de la encina</p>
      <p rend="lmarg2">lo augusto del dosel; o<note type="app" rend="I">Corregido sobre otra palabra (probablemente <emph>y</emph>); una pequeña cruz encima remite al margen derecho, donde se coloca de nuevo la corrección <emph>o</emph>. Tinta semejante a la de la corrección anterior.</note> de la fuente</p>
      <p rend="lmarg2">la alta cenefa<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito: variante de la lectura habitual <emph>zanefa.</emph></note> lo majestüoso</p>
      <p rend="lmarg2">del sitïal<note type="app" rend="I">En las diéresis he seguido el criterio de A. Carreira (2016 y 2016).</note> a tu deidad debido<note type="app" rend="I">El manuscrito lee <emph>euido</emph>. Error habitual en el proceso de copia, al omitir por haplografía la segunda <emph>d</emph> de la secuencia <emph>deidad debido</emph>.</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>25</p>
      <p rend="lmarg2">¡oh duque esclarecido!</p>
      <p rend="lmarg1">templa<note type="app" rend="I">El manuscrito copia <emph>tienpla</emph>.</note> en sus ondas tu<note type="app" rend="I">Corregido sobre <emph>su</emph>.</note> fatiga ardiente,</p>
      <p rend="lmarg1">y entregados<note type="app" rend="I"><emph> entregado</emph> en el manuscrito.</note> tus miembros al reposo</p>
      <p rend="lmarg1">sobre la grama<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «el de grama».</note>, césped no desnudo,</p>
      <p rend="lmarg1">déjate un rato hallar del pie acertado<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>30</p>
      <p rend="lmarg1">que sus errantes<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>herrantes</emph> y se tachó la <emph>h</emph> inicial.</note> pasos ha votado</p>
      <p rend="lmarg1">a la real cadena de tu escudo:</p>
      <p rend="lmarg1">honre süave generoso nudo</p>
      <p rend="lmarg1">libertad de Fortuna perseguida</p>
      <p rend="lmarg1">que a tu piedad Euterpe agradecida<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>35</p>
      <p rend="lmarg1">su canoro dará dulce instrumento</p>
      <p rend="lmarg1">cuando la Fama no su trompa al viento.</p>
      <p>
        <pb n="fol. 5r"/>
        <hi rend="u">
          <emph>Soledades</emph>
        </hi>
      </p>
      <p>1<note place="bottom">Los números remiten a las notas que aparecen después en el manuscrito.</note>. <space rend="tab">    </space>Era del año la estación florida<note place="bottom">Como he dicho en el apdo. 8 de la introducción, en las notas señalaré las variantes de la versión primitiva según el texto crítico establecido por Rojas, 2015, tras el cotejo y examen de 17 testimonios manuscritos y 5 impresos. También indicaré el lugar donde puede encontrarse ese texto (con variantes en algún caso) en la reconstrucción de la versión primitiva realizada por Dámaso Alonso, 1936; en la copia del manuscrito propiedad de Rodríguez-Moñino dada a conocer por Jammes, 1984; en el folio de ese manuscrito (RAE Rm-6709), así como en la edición del propio Jammes, 1994. Para las fases de redacción por las que debió de haber pasado el poema, ver Jammes, 1994, pp. 7-21, y Rojas, 2015, pp. 65-81. Versión primitiva de los vv. 1-6: «Era del año la estación florida / en que el luciente robador de Europa, / media luna en su frente, / y el sol todo en su pelo, / por los campos del cielo / zafiros pisa, si no pace estrellas». El v. 6 conoció una fase intermedia («en dehesas azules pace estrellas»), que es la que recoge la copia que maneja Ponce (Rojas, 2015, pp. 115-117; Dámaso Alonso, 1936, p. 363; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 10; Jammes, 1994, p. 194).</note></p>
      <p rend="lmarg1">en que el mentido robador de Europa</p>
      <p rend="lmarg1">(media luna, las armas de su frente</p>
      <p rend="lmarg1">y el Sol todos<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de <emph>todo</emph>, como leen la mayoría de los manuscritos. Carreira ya lo corrigió en su edición de 1986; ver también la explicación de Jammes, 1994, p. 196, sobre la lectura, y el cotejo de Rojas, 2015, pp. 106 y 116, que registra la lectura en plural en Chacón y otros 9 testimonios. </note> los rayos de su pelo)</p>
      <p rend="lmarg1">luciente honor del cielo<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>5</p>
          <p rend="lmarg1">en dehesas azules<note place="margin">en campos de çafiro</note><note type="app" rend="I">Se marca entre barras la expresión «en dehesas açules» y, en el margen izquierdo, se anota «en campos de çafiro». La mano de la anotación es la misma que la de la persona que hizo algunas observaciones a las notas de Ponce, y a quien este respondió en algún caso. Ponce manejó una versión intermedia entre la definitiva que se copia al margen y la inicial «zafiros pisa, si no pace estrellas»; esa versión intermedia fue también la que citaron Jáuregui, Francisco del Villar y el abad de Rute (ver Jammes, 1994, pp. 194 y 196). Daria Castaldo, 2016,  apdo. 3, indica que el autor de la <emph>Carta a un amigo de don Luis de Góngora en que da su parecer acerca de las Soledades...</emph> también podría haber manejado una versión intermedia de la <emph>Soledad primera</emph>; ver también las precisiones de Rojas, 2016, pp. 116-117 sobre este verso.</note> pace estrellas</p>
      <p rend="lmarg1">cuando el que ministrar podia la copa</p>
      <p>2. <space rend="tab">    </space>a Júpiter,mejor que el garzón de Ida;</p>
      <p rend="lmarg1">náufrago, y desdeñado, sobre ausente<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «desdeñado, si náufrago y ausente» (Rojas, 2015, p. 117; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 10 (fol. 859r); Jammes, 1994, p. 198).</note>,</p>
      <p rend="lmarg1">lagrimosas de amor dulces querellas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>10</p>
      <p rend="lmarg1">da al mar, que condolido</p>
      <p rend="lmarg1">fue a las ondas, fue al viento,</p>
      <p rend="lmarg1">el mísero gemido</p>
      <p>3. <space rend="tab">    </space>segundo de Arïón dulce instrumento;</p>
      <p rend="lmarg1">del siempre en la montaña opuesto pino<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>15</p>
      <p rend="lmarg1">al enemigo noto,</p>
      <p rend="lmarg1">piadoso miembro roto</p>
      <p rend="lmarg1">breve tabla, delfín no fue pequeño</p>
      <p rend="lmarg1">al inconsiderado peregrino</p>
      <pb n="fol. 5v"/>
      <p rend="lmarg1">que a una Libia de ondas, su camino<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>20</p>
      <p rend="lmarg1">fio, y su vida a un leño.</p>
      <p rend="lmarg1">Del océano pues antes sorbido,</p>
      <p rend="lmarg1">y luego vomitado,</p>
      <p rend="lmarg1">no lejos de un escollo coronado</p>
      <p rend="lmarg1">de secos juncos, de<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>y</emph>; luego se tachó y en la parte superior se corrigió <emph>de</emph>. La tinta es más oscura; pudiera ser la misma mano del corrector ya mencionado.</note> calientes plumas<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 364: «de secos juntos, de caliente pluma». Dámaso Alonso lo consideró variante de autor; para Rojas, 2015, p. 118, es un error de copia del ms. de la BNLisboa COD: 3.266.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>25</p>
      <p rend="lmarg1">(alga todo, y espumas)<note type="app" rend="I"><emph> espuma</emph> en la versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 364. Como en el caso anterior, Rojas, 2015, p. 218, lo considera error de copia.</note></p>
      <p rend="lmarg1">halló hospitalidad donde halló nido</p>
      <p>4. <space rend="tab">    </space>de Júpiter el ave.</p>
      <p rend="lmarg1">Besa la arena, y de la rota nave<note type="app" rend="I">Escribió primero <emph>nabe</emph> y corrigió la <emph>v</emph> encima. </note></p>
      <p rend="lmarg1">aquella parte poca<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>30</p>
      <p rend="lmarg1">que lo expuso en la playa dio a la roca<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 364: «que le expuso en la playa da a la roca». Rojas, 2015, pp. 118-119, considera <emph>da</emph> un error de copia.</note>;</p>
      <p rend="lmarg1">que aun se dejan las peñas</p>
      <p rend="lmarg1">lisonjear de agradecidas señas.</p>
      <p rend="lmarg1">Desnudo el joven, cuanto ya el vestido</p>
      <p rend="lmarg1">océano ha bebido<note type="app" rend="I">El manuscrito copia <emph>bedido</emph>, evidente <emph>lapsus calami</emph>. </note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>35</p>
      <p rend="lmarg1">restituir le hace a las arenas</p>
      <p rend="lmarg1">y al Sol le estiende luego<note type="app" rend="I">Mantengo el leísmo, como en el posterior <emph>lamiéndole</emph>. Ya no señalo los demás casos, que conservo.</note></p>
      <p rend="lmarg1">que lamiéndole apenas</p>
      <p rend="lmarg1">su dulce<note type="app" rend="I">Versión primitiva «con dulce lengua de templado fuego» (Rojas, 2015, p. 119; Dámaso Alonso, 1936, p. 364; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 11, fol. 859r)</note> lengua de templado fuego</p>
      <p rend="lmarg1">lento lo embiste, y con süave estilo<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «no sin süave estilo» (Rojas, 2015, p. 119; Dámaso Alonso, 1936, p. 364). </note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>40</p>
      <pb n="fol. 6r"/>
      <p rend="lmarg1">la menor onda chupa al menor hilo.</p>
      <p>5.<hi rend="color_FF0000"><space rend="tab">    </space></hi>No bien pues de su luz los horizontes</p>
      <p rend="lmarg1">(que hacían desigual confusamente</p>
      <p rend="lmarg1">montes de agua y piélagos de montes)<note type="app" rend="I">El ms. BNE 22.217 lee, «olimpos de agua y piélagos de montes», según coteja Rojas, 2015, p. 120, quien no cree que sea variante de autor, aunque reconoce como gongorina la sustitución léxica.</note></p>
      <p rend="lmarg1">desdorados los siente,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>45</p>
      <p rend="lmarg1">cuando entregado el mísero estranjero</p>
      <p rend="lmarg1">en lo que ya del mar redimió fiero</p>
      <p>6.<hi rend="color_FF0000"><space rend="tab">    </space></hi>entre espinas crepúsculos pisando</p>
      <p rend="lmarg1">riscos que aun igualara mal volando</p>
      <p><space>         </space>veloz e<note type="app" rend="I">La <emph>é</emph> lleva una tilde escrita con tinta más gruesa y oscura, tal vez para marcar que se trata de la conjunción, y no de un adorno de la <emph>y</emph> de <emph>yntrepida</emph>. En las <emph>Lecciones solemnes</emph> de Pellicer también se lee «veloz e intrépida ala». La lectura habitual es «veloz, intrépida ala». Versión primitiva de los vv. 50-51: «la más expedida ala, / confuso sí, no fatigado, escala» (Rojas, 2015, p. 120; Dámaso Alonso, 1936, p. 365; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 11 (fol. 859r); Jammes, 1994, p. 208).</note> intrépida ala<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>50</p>
      <p rend="lmarg1">menos cansado que confuso escala.</p>
      <p>7. <space rend="tab">    </space>Vencida al fin la cumbre</p>
      <p rend="lmarg1">del mar siempre sonante</p>
      <p rend="lmarg1">de la muda campaña</p>
      <p rend="lmarg1">árbitro igual, e inexpugnable muro<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «árbitro igual, si inexpugnable muro» (Rojas, 2015, p. 120; Dámaso Alonso, 1936, p. 365; Jammes, 1994, p. 208). El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 11 (fol. 859r), copia «arbitrio», error que se registra en otros testimonios, según indica Rojas, 2015, p. 120. </note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>55</p>
      <p rend="lmarg1">(con pie ya más seguro)</p>
      <p rend="lmarg1">declina al vacilante<note type="app" rend="I">Se corrige la <emph>c</emph> por encima con trazo más grueso. Una cruz en la parte superior remite al margen derecho, donde se copia de nuevo la correcta lectura <emph>vacilante</emph>. La mano de la anotación es la misma del revisor que incluyó algunas observaciones a las notas de Ponce.</note></p>
      <p rend="lmarg1">breve esplendor, de mal distinta lumbre,</p>
      <p rend="lmarg1">farol de una cabaña</p>
      <p rend="lmarg1">que sobre el ferro está en aquel incierto<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>60</p>
      <p rend="lmarg1">golfo de sombras anunciando el puerto.</p>
      <p>8. <space rend="tab">    </space>«Rayos(les dice) ya que no de Leda</p>
      <pb n="fol. 6v"/>
      <p rend="lmarg1">trémulos hijos, sed de mi fortuna</p>
      <p rend="lmarg1">término luminoso»: y recelando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de invidïosa<note place="margin">inuidio- / sa, de la / luz que / le guiaba</note> bárbara arboleda<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 365: «de la invidiosa bárbara arboleda». Para Jammes, 1994, p. 210, y Rojas, 2015, p. 121, es un error de copia; no aparece en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 12 (fol. 859r).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>65</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>interposición;cuando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de vientos,no conjuración alguna:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual haciendo el villano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la fragosa montaña,fácil llano<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>atento sigue aquella<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>70</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(aun a pesar<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 12 (fol. 859r): «que aun a pesar de las tinieblas bella». Rojas, 2015, p. 121, lo considera error por adición.</note> de las tinieblas bella<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>aun a pesar<note type="app" rend="I">El ms. Propiedad de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 12 (fol. 859v) lee: «que aun a pesar de las estrellas clara», que Rojas, 2015, p. 121, considera error por adición, como el verso anterior.</note> de las estrellas clara)</p>
      <p>9. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>piedra, indigna tïara<note type="app" rend="I">Versión primitiva de los v. 73-76, que registra dos más: «dïadema o tïara / de bien indigna frente / (si tradición apócrifa no miente), / piedra que engendra en sí y consigo cría / animal, si nocturno, tan luciente, / que menosprecia con razón el día» (Rojas, 2015, pp. 121-123, que examina el pasaje; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 12 (fol. 859v), y Jammes, 1994, p. 212, quien señala que el verso «animal, si nocturno, tan luciente» aparece también en el comentario de Almansa). La versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 366, y basada en manuscritos posteriores, es más breve: «piedra, indigna tïara / de bien indigna frente / (si tradición apócrifa no miente, / carro [es] brillante de nocturno día)».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(si tradición apócrifa no miente)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de animal tenebroso, cuya frente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>75</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>carro es brillante de nocturno día:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tal diligente el paso<note type="app" rend="I">En el manuscrito se copió de nuevo el verso y fue tachado para evitar su repetición. Tres testimonios de los cotejados por Rojas, 2015, p. 123, leen «tan diligente el paso»; se inclina por considerarlo error de copia.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el joven apresura</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>midiendo la espesura</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con igual pie que el raso,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>80</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fijo (a despecho de la niebla fría)<note type="app" rend="I">Este verso y el siguiente eran uno en la versión primitiva: «fijo al carbunclo, Norte de su aguja» (Rojas, 2015, p. 123; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 12 (fol. 859v); Jammes, 1994, p. 214); Dámaso Alonso no pudo manejar los testimonios donde aparecía ese verso de la versión primitiva.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en el carbunclo<note type="app" rend="I">Se copió primero<emph> carbunco</emph> y se añadió la <emph>l</emph> en la parte superior; además, se remite mediante una cruz al margen derecho, donde se escribe la correcta voz <emph>carbunclo</emph>. La mano es la misma que hizo observaciones a algunas notas de Ponce. La variante probablemente tenga que ver con lo que se apunta más adelante (fol. 43v, en nota al pie) sobre esta voz. </note>, norte de su aguja</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o el austro brame<note type="app" rend="I">Se copió primero<emph> gima</emph>; luego se tachó y corrigió en la parte superior con la voz<emph> brame</emph>. La mano de la enmienda es la misma que hizo observaciones a las notas de Ponce.</note>, o el arboleda<note type="app" rend="I">«el arboleda» en el manuscrito, y también en el de Rodríguez-Moñino, 1984, p 121 (fol. 859v), en las <emph>Advertencias</emph> de Almansa, y en cuatro testimonios cotejados por Rojas, 2015, p. 123, que lo considera error o variante de lengua. La versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 36 lee: «la alameda»; Jammes, 1994, p. 214, considera que es un error de copista, opinión que comparte Rojas, 2015, p. 123, quien señala otros errores en los testimonios que examina.</note> cruja.</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 7r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El can ya, vigilante</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>convoca,despidiendo al caminante,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>85</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y la que desvïada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>luz poca pareció, tanta es vecina<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «era luz poca, tanta es ya vecina» (Rojas, 2015, p. 124; Dámaso Alonso, 1936, p. 368; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v), y Jammes, 1994, p. 214).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que yace en ella la robusta encina</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mariposa<note type="app" rend="I">Parece haberse copiado primero <emph>maripopa</emph>, y corregido la <emph>s</emph> sobre la <emph>p</emph>.</note> en cenizas desatada.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Llegó pues el mancebo y saludado<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>90</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sin ambición, sin pompa de palabras<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «si no ya con magníficas palabras» (Rojas, 2015, p. 124; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v), y Jammes, 1994, p. 216). Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 367: «si ya no con magníficas palabras / de aquellos guardianes fue de cabras»; Rojas, 2015, p. 124, afirma lo siguiente sobre esta variante, que registra en los mss. BNLisboa COD 3.266 y Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13): «Es posible que el cambio de orden sea una variante de autor y, por tanto, estemos ante una versión intermedia que ni Alonso ni Jammes tuvieron en consideración».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de los conducidores fue, de cabras<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «de aquellos guardianes fue de cabras» (Rojas, 2015, pp. 124-125; Dámaso Alonso, 1936, p. 367; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v), y Jammes, 1994, p. 216).</note></p>
      <p>10. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a Vulcano<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v): «que Vulcano...»; parece error de copia.</note> tenían coronado.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«¡Oh bienaventurado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>albergue, a cualquier hora<note type="app" rend="I">Este verso parece haberse omitido inicialmente, pues se escribe con letra más pequeña en el interlineado que dejan los que le preceden y siguen.</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>95</p>
      <p>11. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>templo de Pales<note type="app" rend="I">Rojas, 2015, p. 125, señala varios testimonios tempranos que leen «Palas»: BNE mss. 17.719 y 22.217 y BNLisboa COD. 3.266; se inclina por considerarlo error y no variante de autor.</note>, alcaría<note type="app" rend="I">Se copió primero <emph>alquería</emph>, luego se tachó la sílaba <emph>que</emph> y se copió debajo <emph>ca</emph>. En la parte superior se colocó una cruz que remite al margen derecho, donde se copia la voz <emph>alcaría</emph> (sinónimo de <emph>alquería</emph>). La mano es la del revisor que también comentó algunas notas de Ponce.</note> de Flora!<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No moderno artificio</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>borró designios, bosquejó modelos,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al cóncavo ajustando de los cielos<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente: «al pespuntar los cielos / las agujas que ilustran tu edificio» (Rojas, 2015, p. 125; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v); Jammes, 1994, p. 218). Dámaso Alonso, 1936, p. 367, no pudo editar el primero de los versos por no hallarse en los manuscritos que manejó.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el sublime edificio;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>100</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>retamas sobre robre<note type="app" rend="I">La versión primitiva de este verso y el siguiente es, según Dámaso Alonso, 1936, p. 367: «retama [es] sobre robre / tu fábrica, si pobre», y se basa en el COD. 3.266 de la BNLisboa. Jammes, 1994, p. 218, la cree sospechosa, pues no figura en el manuscrito de Rodríguez-Moñino (fol. 859v), e interpreta que parece error de copia; Rojas, 2015, pp. 125-126, coincide con esta opinión, pues no la ha encontrado en ningún testimonio de los que ha cotejado, excepto en el citado códice lisboeta.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tu fábrica,son pobre,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>do guarda en vez de acero</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la inocencia<note type="app" rend="I"><emph> ynociençia</emph> en el manuscrito.</note>, al cabrero,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 7v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>más que el silbo<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>sirbo</emph> y luego se corrigió por encima la <emph>l</emph>.</note> al ganado<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «si el silbo no al ganado» (Rojas, 2015, p. 126; Dámaso Alonso, 1936, p. 367; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v), y Jammes, 1994, p. 218).</note>.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>105</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¡Oh bienaventurado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>albergue, a cualquier hora!</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No en ti la Ambición mora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hidrópica de viento.</p>
      <p>12. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ni la que su alimento<note type="app" rend="I">Este verso y el siguiente se leían así en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v): «ni la ques su alimento / el áspide gitano»; la variante del segundo editada por Dámaso Alonso (1936, p. 367) es: «el áspid fue gitano»; ver también Jammes, 1994, p. 220. Rojas, 2015, p. 126, duda de la autenticidad de la variante de la copia Rodríguez-Moñino, que no ha documentado en otros testimonios, y considera que el manuscrito (BNLisboa COD 3.266) en el que se basó la lectura de Dámaso Alonso lee «es gitano», y no «fue gitano».</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>110</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el áspid es gitano.</p>
      <p>13. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No la que en vulto comenzando humano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>acaba en mortal fïera<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «acaba siempre en fiera» (Rojas, 2015, pp. 126-127; Dámaso Alonso, 1936, p. 367; Rodríguez Moñino, 1984, p. 13 (fol. 859v), y Jammes, 1994, p. 220).</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>esfinge bachillera</p>
      <p>14.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space> que hace<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>are</emph> y luego se corrigió por encima la <emph>z</emph>. Parece la misma mano que copió el poema.</note> hoy a Narciso<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «que ya hace a Narciso» (Rojas, 2015, p. 127; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 13, fol. 859r); versión reconstruida por Dámaso Alonso (1936, p. 368): «que hace ya a Narciso», que Jammes, 1994, p. 220, considera intermedia; Rojas, 2015, p. 127, cree más probable el error por cambio de orden.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>115</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ecos solicitar, desdeñar fuentes.</p>
      <p>15. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ni la que en salvas gasta impertinentes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la pólvora del tiempo más preciso;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ceremonia profana</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que la Sinceridad burla villana<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>120</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sobre el corvo cayado.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¡Oh bienaventurado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>albergue, a cualquier hora!</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tus umbrales ignora</p>
      <p>16. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la Adulación, sirena <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>125</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 8r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de reales palacios, cuya arena</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Besó,ya tanto leño</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>trofeos dulces de un canoro sueño.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No a la Soberbia está aquí la Mentira<note type="app" rend="I">Se comenzó a escribir <emph>mentr</emph> y se corrigió la <emph>i</emph> sobre la <emph>r</emph>.</note></p>
      <p>17. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dorándola los pies en cuanto gira<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>130</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la esfera de sus plumas;</p>
      <p>18. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ni de los rayos baja a las espumas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>favor de cera alado.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¡Oh bienaventurado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>albergue a cualquier hora!»<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>135</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No pues de aquella sierra, engendradora<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>más de fierezas,que de cortesía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la gente parecía,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que hospedó al forastero,</p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con pecho igual de aquel candor primero<note place="margin">vease la. 11. / estan. del / Polyphemo<note place="bottom">Se refiere a su v. 88, donde se usa la expresión: «del mejor mundo, del candor primero».</note></note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>140</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en las selvas contento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tienda el fresno le<note type="app" rend="I">Primero se escribió <emph>les</emph> y luego se tachó la <emph>s</emph>.</note> dio, el robre alimento.<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Limpio sayal(en vez de blanco lino)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cubrió el cuadrado pino:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y en boj (aunque rebelde) a quien el torno<note type="app" rend="I">La versión primitiva de este verso y los dos siguientes era más extensa: «y, no con más adorno, / en boj, que aun descubrir le quiso el torno, / el corazón no, acaso, / por absolverle escrúpulos al vaso» (Rojas, 2015, p. 128; Dámaso Alonso, 1936, p. 368; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 14 (fol. 860r), y Jammes, 1994, p. 226). La reconstrucción de Dámaso Alonso (que sigue Jammes) lee «quiero» por «quiso» en el segundo de los versos; Rojas, 2015, p. 128, prefiere «quiso».</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>145</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 8v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>forma elegante dio(sin culto adorno)</p>
      <p>19. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>leche (que exprimir vio el Alba<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, por «la Alba». También «el Alba» en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 15 (fol. 860r). </note> aquel día</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras perdían con ella</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los blancos lilios de su frente bella)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>gruesa,le dan y fría,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>150</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>impenetrable casi a la cuchara</p>
      <p>20. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del viejo Alcimedón invención rara<note type="app" rend="I">Hay después una palabra tachada. Versión primitiva: «del culto Palemón invención rara» (Rojas, 2015, p. 129; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 15 (fol. 860r), y Jammes, 1994: p. 593). Para Carreira, 2015, p. 415, y Jammes, 1994, p. 593, este verso encaja mejor después del 146 («forma elegante dio sin culto adorno»).</note>[.]</p>
      <p>21. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El que de cabras fue, dos veces ciento<note type="app" rend="I">Este verso se omitió al principio en la copia. Ponce lo escribió después en letra más pequeña entre el que le precede y le sigue. Versión primitiva: «El que ya solo fue de cabras ciento» (Rojas, 2015, p. 129; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 15 (fol. 860r); Dámaso Alonso, 1936, p. 369, y Jammes, 1994, p. 228).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>esposo(casi un lustro) cuyo diente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no perdonó a<note type="app" rend="I">La preposición se copió después, en la parte inferior del verso. Por el tono de a tinta, pudiera ser la misma mano que añadió observaciones a algunas notas de Ponce. Los manuscritos BNE 4.075 y BNLisboa COD. 3.266 también omitían la preposición, según señala Rojas, 2015, p. 129.</note> racimo, aun en la frente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>155</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de Baco, cuanto más en su sarmiento;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>triunfador siempre de celosas lides</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>le coronó el Amor, mas rival tierno</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>breve de barba, y duro no de cuerno<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «breve de barba, si novel de cuerno» (Rojas, 2015, p. 129; Dámaso Alonso, 1936, p. 369; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 15, fol. 860r (por error, «breve barba»); Jammes, 1994, p. 230).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>redimió con su muerte tantas vides;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>160</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>servido ya en cecina</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>purpúreos hilos es de grana fina.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Sobre corchos después más regalado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sueño,le solicitan pieles blandas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que al príncipe entre holandas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>165</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>púrpura tiria<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>tira</emph>; luego se corrigió en <emph>tyria</emph>, y se colocó una cruz en la parte superior que remite al margen izquierdo, donde volvió a escribirse la voz corregida <emph>Tyria</emph>. La mano es la del corrector que también intervino en la anotación.</note>, o milanés<note type="app" rend="I">Se copió primero <emph>v minanes</emph>; luego se tachó la <emph>v</emph>, se escribió debajo <emph>o</emph>, y se escribió la <emph>l</emph> encima de la <emph>n</emph>.</note> brocado.</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 9r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No de humosos vinos agravado</p>
      <p>22. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>es Sísifo en la cuesta, y en la cumbre<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «si en la cumbre», como lee Chacón. Rojas, 2015, pp. 106 y 130, considera que la lectura más tardía es «y en la cumbre», y que «si en la cumbre» es un error de Chacón, que no actualizó la lectura anterior, sin descartar una vuelta de Góngora a la lección primera. Dámaso Alonso, 1936, p. 369, añade la variante «ni en la cumbre» del ms. 3.795 de la BNE, que considera pudiera ser de copia o de autor. </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de ponderosa vana pesadumbre</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>es cuanto más despierto, más burlado.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>170</p>
      <p>23. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>De trompa militar no, o<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>v</emph>; luego se tachó y se escribió debajo <emph>o</emph>. Por el tono de la tinta, más oscuro, pudiera ser corrección del revisor que también intervino en algunas notas de Ponce.</note> de templado<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; esta lectura es también la de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 15 (fol. 860r), y la del manuscrito Chacón; otras versiones leen «o destemplado», variante que editan Carreira, 2015, p. 416, y Jammes 1994, pp. 234-235, aunque advierten que «o de templado» también tiene sentido; Rojas, 2015, p. 131, la prefiere a «o destemplado».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>son de cajas,fue el sueño interrumpido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de can sí, embravecido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>contra la seca hoja,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que el viento repeló a alguna coscoja<note type="app" rend="I">El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 15 (fol. 860r), lee: «que el viento repeló a una coscoja»; Jammes, 1994, p. 234, recoge esta variante y pondera su valor; Rojas, 2015, p. 131, la cree error de copia, pues no la registra en otros testimonios tempranos.</note>.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>175</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Durmió y recuerda<note type="app" rend="I">Dámaso Alonso, 1936, p. 369, consigna la variante «despierta» del ms. 3.795 de la BNE, que considera puede ser de copista o de autor.</note> al fin cuando las aves<note type="app" rend="I">La palabra aparece cortada en el margen del folio, probablemente al haber sido encuadernado el volumen; desarrollo lo que entiendo sería su final.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(esquilas dulces de sonora pluma)<note type="app" rend="I">«sonoras plumas» en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 16 (fol. 860r), y en el ms. Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13). Rojas, 2015, p. 131, cree que es una variante de autor «porque el efecto es muy aliterativo».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>señas dieron süaves</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del Alba, al Sol que el pabellón de espuma<note type="app" rend="I">La palabra aparece cortada en el margen del folio. El ms. de Rodríguez Moñino y el ms. Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13) leen «espumas», en rima con «plumas», dos versos antes (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 16 (fol. 860r); Jammes, 1994, p. 236; Rojas, 2015, pp. 131-132).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dejó, y en su carroza<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>180</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rayó el verde obelisco de la choza.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Agradecido pues el peregrino</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>deja albergue<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «deja el albergue».</note>, y sale acompañado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de quien le lleva donde levantado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>distante pocos pasos del camino<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «no lejos del camino» (Rojas, 2015, p. 136; Dámaso Alonso, 1936, p. 370; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 16 (860r); Jammes, 1994, p. 236).</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>185</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 9v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>imperïoso mira la campaña</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>un escollo, apacible, galería<note type="app" rend="I">El manuscrito da cuenta de las variantes de puntuación que conoció el verso en los diferentes testimonios (ver Jammes, 1994, p 236; Rojas, 2015, p. 136): primero se copió «un escollo, apaçible galería», y luego otra mano añadió comas después de <emph>apaçible</emph> y de <emph>galería</emph>. Rodríguez-Moñino, 1984, p. 16 (fol. 860r): «un escollo apacible y galería»; Jammes, 1994, p. 238, la recoge como versión primitiva, y coloca coma antes de la conjunción; Rojas, 2015, p. 132, considera la <emph>y</emph> un posible error de copia.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que festivo teatro fue algún día<note type="app" rend="I">Primero se escribió «si teatro no fue dulçe algún dia», lectura de la versión primitiva (Rojas, 2015, 132; Dámaso Alonso, 1936, p. 370; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 16 (fol. 860r); Jammes, 1994, p. 238). La corrección consistió en tachar las voces <emph>si, no</emph> y <emph>dulçe</emph>, y añadir en el margen izquierdo <emph>que festiuo</emph>. Es difícil precisar la mano de esta corrección, pues el color de la tinta no es tan oscuro como el que usa el habitual revisor.</note></p>
      <p>24. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de cuantos pisan faunos la montaña.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Llegó,y a vista tanta<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>190</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>obedeciendo la dudosa planta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>inmóvil se quedó,sobre un lentisco</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>verde balcón del agradable risco[.]</p>
      <p>25. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Si mucho, poco mapa le despliega<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «les despliega». La versión primitiva también registra «le» (Dámaso Alonso, 1936, p. 370); Rojas, 2015, p. 133, lo consigna en otros testimonios, pero cree que es error al no estar en los manuscritos Rodríguez-Moñino y Pérez de Rivas.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mucho es más, lo<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>co</emph> y luego se corrigio por encima la <emph>l</emph>.</note> que (nieblas desatando)<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>195</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>confunde el Sol,y la distancia niega.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Muda la admiración habla callando,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y ciega un río sigue,que luciente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de aquellos montes hijo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con torcido discurso (aunque prolijo)<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «con torcido discurso, si prolijo» (Rojas, 2015, p. 133; Dámaso Alonso, 1936, p. 370; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 16 (fol. 860r); Jammes, 1994: 238).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>200</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tiraniza los campos<note type="app" rend="I">Versión primitiva editada por Dámaso Alonso, 1936, p. 370: «sus campos». Rojas, 2015, p. 133, no la ha encontrado en su cotejo.</note> útilmente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>orladas sus orillas de frutales</p>
      <p>26. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>quiere la Copia que su cuerno sea<note type="app" rend="I">Versión primitiva desde este verso al 211 de la definitiva («su orgullo pierde y su memoria esconde»): «si de flores tomadas no a la broca, / derecho corre mientras no revoca / los mismos autos el de sus cristales; / huye un trecho de sí, alcánzase luego, / desvíase y, buscando sus desvíos, / errores dulces, dulces desvaríos, / hacen sus aguas con lascivo juego; / engazando edificios en su plata, / de quintas coronado, se dilata / majestüosamente / —en brazos dividido caudaloso / de islas, que paréntesis frondosos / al período son de su corriente—» (Rojas, 2015, pp. 134-136). El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, pp. 16-17 (fol. 860r), lee «roca» por «broca», con un tachón sobre lo que pudiera haber sido una <emph>b</emph> inicial; es error que ya Carreira, 1998a, p. 290, había señalado al reflexionar sobre la necesidad de una edición crítica de las <emph>Soledades</emph>; también presenta la variante «en brazos divididos se desata». La versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, pp. 370-371, presenta dos variantes: «si de flores, tomadas, no, a la Aurora» y «huye un trecho de sí, y se alcanza luego». Para afinar las lecturas y fases de este pasaje, así como el detalle de las variantes en los diferentes testimonios, ver Rojas, 2015, pp. 134, 136.</note>,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 10r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si al animal,armaron de Amaltea</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dïáfanos cristales;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>205</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>engazando<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>engalçando</emph>, y luego parece haberse intentado borrar la<emph> l</emph>.</note> edificios en su plata;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de muros se corona</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rocas abraza, islas aprisiona</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la alta<note place="bottom">«del alta» en el manuscrito; también lee así el ms. BNE 3.726, como señala Rojas, 2015, p. 135.</note> gruta donde se desata</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hasta los jaspes líquidos, adonde<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>210</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su orgullo<note type="app" rend="I"><emph> orguello</emph> en el manuscrito, error que corrijo.</note> pierde, y su memoria esconde<note type="app" rend="I">El manuscrito lee <emph>escond</emph>, pues la voz aparece cortada en el margen del folio.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Aquellas que los árboles,apenas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dejan ser torres hoy, dijo al<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «el cabrero»; también comete este error el ms. BNE 3.726, como indica Rojas, 2015, p. 136. Ver antes la coincidencia de ambos testimonios en la lectura «del alta gruta».</note> cabrero</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(con muestras de dolor estraordinarias)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las estrellas noturnas luminarias<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>215</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>eran de sus almenas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando el que ves sayal, fue limpio acero<note type="app" rend="I">El manuscrito lee <emph>açer</emph>, pues la voz aparece cortada en el margen del folio.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Yacen ahora y sus desnudas piedras</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>visten piadosas yedras,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a ruïnas, y estragos<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «y a estragos». Rojas, 2015, p. 136, recoge esta misma lectura en las <emph>Soledades comentadas</emph> de Salcedo (1636) y el manuscrito de la Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13).</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>220</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sabe el tiempo hacer<note type="app" rend="I">Se copió primero «el tiempo saue haçer»; luego se tachó <emph>saue</emph> y se escribió <emph>sabe</emph>, de otra mano, al comienzo del verso. La mano es la misma que incorpora observaciones a algunas notas de Ponce.</note> verdes halagos».</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 10v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Con gusto el joven y atención,lo oía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando torrente de armas,y de perros</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(que si precipitados no los cerros</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las personas<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>pernas</emph> y se añadió <emph>so</emph> en la parte superior del verso.</note> tras de un lobo traía)<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>225</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tierno discurso,y dulce compañía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dejar hizo al serrano,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que del sublime espacïoso<note type="app" rend="I">Se escribió «sublime y espaçioso»; luego se tachó <emph>y</emph>. Por el tono más oscuro de la tinta, la tachadura pudiera ser de la misma persona que hizo observaciones a las notas de Ponce, pero es difícil precisarlo al ser solo una raya vertical. La misma corrección señala Rojas, 2015, p. 137, en el ms. de la Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13). Versión primitiva: «que del sublime y espacïoso llano» (Rojas, 2015, p. 137; Dámaso Alonso, 1936, p. 371; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 17 (fol. 860v); Jammes, 1994, p. 244). </note> llano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al huésped<note type="app" rend="I">Se escribió primero «el huesped» y luego se tachó <emph>el</emph> y se corrigió <emph>al</emph> en el margen izquierdo del verso. La mano pudiera ser la del revisor de algunas anotaciones de Ponce.</note> al camino reduciendo</p>
      <p>27. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al venatorio estruendo<note place="bottom">Se corrigió <emph>endo</emph> en la parte superior del verso. La mano parece la del revisor de algunas notas de Ponce.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>230</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pasos dando veloces<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «con pasos, si con alas no, veloces» (Rojas, 2015, p. 137; Dámaso Alonso, 1936, p. 230; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 17 (fol. 860v); Jammes 1994, p. 244).</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>número crece, y multiplica voces<note place="bottom">«número crece, multiplica voces» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 17 (fol. 860v); Jammes, 1994, p. 244); Rojas, 2015, p. 137, considera esta lectura error de copia.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Bajaba entre sí el joven admirando</p>
      <p>28. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>armado a Pan,o semicapro a Marte</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en el pastor mentidos<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>metidos</emph>; luego se subrayó, se añadió la <emph>n</emph> en la parte superior y se escribió <emph>mentidos</emph> en el margen izquierdo; la enmienda podría ser del revisor de algunas anotaciones de Ponce. Rojas, 2015, p. 138, registra una corrección parecida en el manuscrito de la Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13).</note>, que con arte<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>235</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>culto principio dio al discurso cuando</p>
      <p>29. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rémora de sus pasos fue su oído<note type="app" rend="I">En el manuscrito se escribe «fue soydo».</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dulcemente impedido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de canoro instrumento, que pulsado</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 11r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>era, de una serrana, junto a un tronco<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>240</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sobre un arroyo de quejarse ronco,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mudo sus ondas, cuando no enfrenado<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «mudo ya entonces, cuando no enfrenado (fol. 860v)» (Rojas, 2015, p. 138; Dámaso Alonso, 1936, p. 372; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 18; Jammes, 1994, p. 246).</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Otra con ella montaraz zagala<note place="bottom">Versión primitiva: «otra no lejos montaraz zagala» (Rojas, 2015, p. 138; Dámaso Alonso, 1936, p. 372; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 18 (fol. 860v); Jammes, 1994, p. 248).</note></p>
      <p>30. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>juntaba el cristal líquido,al humano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por el arcaduz bello de una mano<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>245</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que al uno menosprecia, al otro iguala.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Del verde margen,otra las mejores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rosas, traslada<note type="app" rend="I">Se copió primero <emph>trasladada</emph>, y luego se tachó la sílaba repetida.</note> y lilios al cabello,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o por lo matizado o por lo bello<note type="app" rend="I">La reconstrucción de la versión primitiva realizada por Dámaso Alonso, 1936, p. 372 es, en este verso: «y a su nevado cuello».</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si Aurora no con rayos, Sol con flores.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>250</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Negras pizarras,entre blancos dedos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ingenïosa hiere otra, que dudo<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «tan dulcemente hiere otra, que dudo» (Rojas, 2015, pp. 138-139; Dámaso Alonso, 1936, p. 372; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 18 (fol. 860v); Jammes, 1994, p. 250).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que aun<note type="app" rend="I"><emph> a vn</emph> en el manuscrito.</note> los peñascos la escucharan quedos<note type="app" rend="I">La <emph>s</emph> final apenas se lee en el manuscrito, cortado al final de la hoja.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Al son pues deste rudo<note type="app" rend="I">Ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 18 (fol. 860v): «algo pues deste rudo»; error que señala Rojas, 2015, p. 139.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sonoroso instrumento<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «si discorde instrumento» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 18; Jammes, 1994, p. 250; Rojas, 2015, p. 139, quien también destaca la variante «si sonoro instrumento» del ms. BNE 17.719).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>255</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lasciva el movimiento,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mas los ojos honesta,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>altera otra bailando la floresta<note type="app" rend="I">Reconstrucción de la versión primitiva por Dámaso Alonso, 1936, p. 373: «altera bailando otra la floresta»; Rojas, 2015, p. 139, lo considera error de copia por cambio de orden.</note>.</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 11v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tantas al fin el arroyuelo, y tantas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>montañesas da el prado<note type="app" rend="I"><emph> montanesas</emph> en el manuscrito. La voz <emph>el</emph> («el prado») se sobrescribió con trazo más grueso, parece que sobre<emph> al</emph>. El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 18 (fol. 860v), lee «al prado», que Rojas, 2015, p. 140, considera error.</note>, que dirías<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>260</p>
      <p>31. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ser menos las que verdes hamadrías</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>abortaron las plantas:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>inundación hermosa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que la montaña hizo populosa,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de sus aldeas todas;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>265</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a pastorales bodas.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>De una encina embebido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en lo cóncavo, el joven mantenía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la vista de hermosura, y el oído</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de métrica,armonía.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>270</p>
      <p>32. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El sileno buscaba</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de aquellas que la sierra dio bacantes.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ya que ninfas las niega ser errantes<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente: «si ninfas ya no errantes / sin arco eran y aljaba» (Rojas, 2015, p. 140; Dámaso Alonso, 1936, p. 373; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 19 (fol. 860v); Jammes, 1994, p. 252).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el hombro sin aljaba:</p>
      <p>33. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o si del Termodonte<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>275</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>émulo<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>émulo ya</emph>, y luego se tachó el adverbio.</note> el arroyuelo<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>arroyo</emph>; luego se corrigió, añadiendo <emph>uelo</emph> en la parte superior y colocando un signo + sobre la palabra que remite al margen derecho, donde se copió <emph>arroiuelo</emph>. La mano de esta corrección y la anterior es la del revisor de algunas notas de Ponce.</note>, desatado<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «émulo ya el arroyo desatado» (Rojas, 2015, p. 140; Dámaso Alonso, 1936, p. 373; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 19 (fol. 860v); Jammes, 1994, p. 254).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de aquel fragoso monte</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 12r"/>
      </p>
      <p>34. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>escuadrón de amazonas, desarmado<note type="app" rend="I">Ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 19 (fol. 860v): «escuadrón de amazonas bien armado»; Rojas, 2015, p. 140, la cree variante de copista por no hallarla en otro testimonio e ir contra el sentido del pasaje.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tremola en sus riberas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pacíficas banderas<note type="app" rend="I">La versión primitiva añade aquí cuatro versos: «seña brillante no de monarquía / el femenil enjambre ostentar deja / a la que en sus dos alas, rubia abeja, / más oro ofrece al día» (Rojas, 2015, p. 141; Rodríguez Moñino, 1984, p. 19 (fol. 861r); Jammes, 1994, p. 254).</note>.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>280</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Vulgo lacivo<note place="bottom">No modernizo (l<emph>ascivo</emph>), pues en el XVI y XVII se encuentran casos de <emph>lacivo</emph> y <emph>laçivo</emph>.</note> erraba<note place="bottom">Para la oscuridad de este pasaje (vv. 281-290), censurada por Jáuregui (<emph>Antídoto</emph>, p. 59), ver la explicación de Jammes, 1994, pp. 254 y 256, quien la razona a partir de la supresión de cuatro versos de la versión primitiva, tal y como se ha indicado en la nota anterior.</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al voto del mancebo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(el yugo de ambos sexos sacudido) <note type="app" rend="I">El tono y grosor de la tinta son más intensos en los signos de este paréntesis y el que comienza en el verso siguiente. Parece el de las correcciones del revisor de las notas de Ponce, pero es muy difícil determinar la mano por la escasa relevancia del signo. La puntuación anterior a esta enmienda no contemplaba los paréntesis; colocaba solo una coma después de <emph>sacudido</emph> y otra después de <emph>nuevo</emph>.</note></p>
      <p>35. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al tiempo que (de flores impedido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el que ya serenaba<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>285</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la región de su frente rayo nuevo)<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>purpúrea terneruela, conducida</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de su madre,no menos enramada,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entre albogues se ofrece, acompañada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de juventud florida.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>290</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>_________________________<note type="app" rend="I">La raya que aparece en el manuscrito indica que deben colocarse aquí los siguientes seis versos de la versión definitiva (vv. 291-296): «Cuál dellos las pendientes sumas graves / de negras baja, de crestadas aves, / cuyo lascivo esposo vigilante / doméstico es del Sol nuncio canoro, / y, de coral barbado, no de oro / ciñe, sino de púrpura, turbante». El pasaje se ha copiado seis versos más abajo. Allí se marca con una cruz que esos versos deberían ir antes, en el lugar señalado con la línea. Para Jammes, 1994, p. 262, la versión primitiva de este pasaje era: «Quién las no breves sumas / de pendientes gallinas baja a cuestas / (si corales las crestas, / azabache las plumas) / tan saludables en edad cualquiera, / que su borla creyera / les dio la Medicina, / a ser gualda la que es púrpura fina». Pero Rojas, 2015, p. 143, sitúa estos versos en la versión primitiva después del v. 302 («de su guirnalda propia»), tal y como aparecen en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 20 (fol. 861r), en el de la Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13), y en el Pérez de Rivas de la BNE.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Quién la cerviz oprime</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con la manchada copia<note place="bottom">Jammes, 1994, p. 262,<space/>y Carreira, 2015, p. 421, señalan que es un italianismo (<emph>coppia</emph>: 'pareja'), y no el latinismo <emph>copia</emph> ('abundancia').</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de los cabritos,más retozadores,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tan golosos, que gime</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el que menos peinar puede las flores<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>295 [301]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de su guirnalda<note type="app" rend="I"><emph> grinalda</emph> en el manuscrito.</note> propia.</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 12v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>+<note type="app" rend="I">En el margen izquierdo se escribió: «estos / seis versos / de una cruz / a otra se an / de poner en / la raia / de la plana / anter». La nota subsana el cambio de orden del pasaje en la copia. Por la grafía y el tono de la tinta, parece corresponder a la misma persona que también revisó la anotación de Ponce.</note> Cuál dellos las pendientes sumas graves<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y los cinco siguientes (vv. 291-296): «treinta robustos montaraces, dueños / de las que aun los pitones dos pequeños / en la tierna hijuela temer vieras, / no ya en la vaca, no en las empulgueras / del arco de Dïana: / ¡damería serrana!» (Rojas, 2015, pp. 141-142); para Jammes, 1994, pp. 258-260, no se trata de una sustitución, sino de seis versos suprimidos en la definitiva, pues la versión primitiva de estos vv. 291-296 sería la señalada tres notas antes («Quién las no breves sumas» […] «a ser gualda la que es purpura fina»); el manuscrito de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 20 (fol. 861r), presenta la variante «montañeses» (por «montaraces») y el error «boca» (por «vaca»).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de negras, baja; de pintadas<note type="app" rend="I"><emph> crestadas</emph> en la versión final. En el v. 556 se usa ese mismo adjetivo: «Pintadas aves, cítaras de pluma».</note> aves;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyo lascivo esposo,vigilante<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>300 [293]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>doméstico,es del Sol nuncio canoro,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y de coral barbado, no de oro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ciñe sino de púrpura turbante. +<note type="app" rend="I">Como se ha dicho arriba, esta cruz remite a la raya que aparece seis versos antes en el manuscrito.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No el sitio, no, fragoso,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no el torcido taladro de la tierra,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>305 [304]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>previlegió en la sierra</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la paz del conejuelo temeroso.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Trofeo,ya su número es a un hombro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(si carga no y asombro)<note type="app" rend="I">Ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 20 (fol. 861r): «si carga no ya asombro»; parece error por duplografía, como cree Rojas, 2015, p. 144.</note>[.]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tú ave peregrina<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>310 [311]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>arrogante esplendor (ya que no bello)<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y los cuatro siguientes, más extensa: «cuya cuna en los últimos remates / del Occidente queda, / sea sí enojo, no pompa, tu rueda; / que, en cuanto tu collar se determina / a ser zafiros todo o ser granates, / destinada la veo / a guloso himeneo» (Rojas, 2015, pp. 145-146). El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, pp. 20-21 (fol. 861r) recoge la variante «sea sí enojo y no pompa tu rueda», aunque con una mancha que hace confusa la lectura de la conjunción copulativa. La versión primitiva que reconstruyó Dámaso Alonso, 1936, p. 375, difiere en el cuarto verso de la serie: «sea, si enojo no, pompa tu rueda». Jammes, 1994, p. 264, explica la mejor adecuación de la lectura «la veo» del manuscrito de Rodríguez-Moñino frente a la interpretación de Dámaso Alonso, 1936, p. 412, y la variante «te veo» del manuscrito Pérez de Rivas. Rojas, 2015, pp. 145-146, acepta sus razones, y matiza algunos detalles del pasaje al cotejar diversos testimonios.</note></p>
      <p>37. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del último occidente:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>penda el rugoso nácar de tu frente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sobre el crespo zafiro de tu cuello</p>
      <p>38. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que Himeneo<note type="app" rend="I">Se corrige la última <emph>e</emph> sobre un inicial <emph>himenio</emph>.</note> a sus mesas te destina.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>315 [314]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Sobre dos hombros larga vara ostenta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>[fol.13r]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en cien aves,cien picos de rubíes</p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tafiletes<note place="margin">és un ca- / lçado mo- / risco, ba- / yo</note><note type="app" rend="I"><emph>tafilites</emph> en el manuscrito.</note> calzadas carmesíes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>emulación, y afrenta<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «Invidia, si no afrenta» (Rojas, 2015, p. 145; Dámaso Alonso, 1936, p. 375; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 21 (fol. 861r); Jammes, 1994, p. 264).</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>aun de los berberiscos<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>320 [319]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la inculta,región, de aquellos riscos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Lo que lloró el Aurora<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «la Aurora».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(si es néctar lo que llora)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y,antes que el Sol, enjuga</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la abeja,que madruga<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>325 [324]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a libar flores.y a chupar cristales,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en celdas de oro líquido, en panales</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la orza contenía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que un montañés traía.</p>
      <p>39. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No excedía la oreja<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>330 [329]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el pululante ramo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del terneruelo<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de <emph>ternezuelo</emph>. Es también la lectura del manuscrito de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 21 (fol. 861r), aunque añadida por otra mano. Rojas, 2015, p. 146, la registra también en los mss. BNE 17.719, Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13) y BNLisboa COD 3.266; se inclina por considerarlo error, aunque no de manera tajante.</note> gamo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que mal llevar se deja</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y con razón, que el tálamo desdeña<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «y con razón, si el tálamo desdeña» (Rojas, 2015, p. 146; Dámaso Alonso, 1936, p. 375; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 21 (fol. 861r); Jammes 1994, p. 266).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la sombra,aun de lisonja tan pequeña.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>335 [334]</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 13v"/>
      </p>
      <p>40. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El arco del caminopues torcido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que habían con trabajo<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «que no ya sin trabajo» (Rojas, 2015, p. 147; Dámaso Alonso, 1936, p. 376; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 21 (fol. 861r); Jammes 1994, p. 268).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por la fragosa cuerda del atajo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las gallardas serranas desmentido<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «habían las serranas desmentido» (Rojas, 2015, p. 147; Dámaso Alonso, 1936, p. 376; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 21 (fol. 861r); Jammes, 1994, p. 268).</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la cansada juventud,vencido<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>340 [339]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(los fuertes hombros con las cargas graves</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>treguas hechas suaves,) <note type="app" rend="I">Coma y paréntesis en el manuscrito; este último cierra el que se que había abierto en el verso anterior.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sueño<note type="app" rend="I"><emph> sueno</emph> en el manuscrito</note> le ofrece, a quien buscó descanso,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el<note type="app" rend="I">Se copió primero <emph>del</emph> y luego se tachó la <emph>d</emph>.</note> ya sañudo<note type="app" rend="I"><emph> sanudo</emph> en el manuscrito.</note> arroyo ahora manso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>merced de la hermosura que ha hospedado<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>345 [344]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>efectos, si no dulces del concento<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>contento</emph>, y luego se corrigió la <emph>t</emph> por <emph>ç</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en las lucientes de marfil clavijas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las duras cuerdas de las negras guijas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hicieron a su curso acelerado,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en cuanto a su furor perdonó el viento.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>350 [349]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Menos en renunciar tardó, la encina<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «No tardó más en renunciar la encina» (Rojas, 2015, pp. 147-148; Dámaso Alonso, 1936, p. 376; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 22 (fol. 861v); Jammes, 1994, p. 270).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el estranjero errante</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en reclinarse el menos fatigado,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 14r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sobre la grana q<emph>ue</emph> se viste fina</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su bella amada, deponiendo amante<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>355 [354]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en las vestidas rosas<note place="margin">~Llama / rosas, a la / grana, por / la semejá / za de la color.</note>, su cuidado.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Saludolos a todos,cortésmente,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y admirado no menos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de los serranos,que correspondido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las sombras<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «la sombra» (Rojas, 2015, p. 148; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 22 (fol. 861v); Jammes, 1994, p. 270).</note> solicita de unas peñas,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>360 [359]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de lágrimas los tiernos ojos llenos,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>reconociendo el mar en el vestido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(que beberse no pudo el Sol ardiente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las que siempre dará, cerúleas señas) <note place="margin">que el sol, no / pudo quitar / las manchas / del agua ma / ritima al / vestido.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>político serrano<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>365 [364]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de canas grave, habló desta manera.</p>
      <p>41. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«¿Cuál tigre, la más fiera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que clima infamó hircano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dio el primer alimento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al que, ya deste<note place="bottom"><emph>de este</emph> en el manuscrito.</note>, o<note type="app" rend="I">Se copió primero <emph>y</emph> (lectura del manuscrito de Rodríguez-Moñino), que luego se tachó para escribir <emph>o</emph> en la parte superior.</note> de aquel mar, primero<note type="app" rend="I">«al que ya deste y de aquel mar primero» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 22 (fol. 861v), y Jammes, 1994: 272). Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 377: «al que —de aqueste o aquel mar— primero» Rojas, 2015, p. 149, desconfía de la autenticidad de ambas variantes, que no refleja su texto crítico de la versión primitiva.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>370 [369]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>surcó, labrador fiero</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 14v"/>
      </p>
      <p>42. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el campo undoso, en mal nacido pino?<note type="app" rend="I">El manuscrito registra aquí el signo de interrogación de cierre que habitualmente va dos versos después. Lo mismo sucede en el manuscrito de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23.</note></p>
      <p>43. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vaga Clicie del viento,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en telas hecho, antes que en flor el<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>del</emph> y luego se tachó la <emph>d</emph>.</note> lino<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «en telas hecho, si no en flor, el lino» (Rojas, 2015, p. 149; Dámaso Alonso, 1936, p. 377; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23 (fol. 861v); Jammes, 1994, p. 272).</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Más armas introdujo este marino<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>375 [374]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>monstruo, escamado de robustas<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «inconstantes» (Rojas, 2015, p. 149; Dámaso Alonso, 1936, p. 377; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23, fol. 861v); según Jammes, 1994, p. 274, Góngora cambió el adjetivo para usar «inconstantes» en la rima del v. 404 («selvas inconstantes»).</note> hayas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a las que tanto mar dividió<note type="app" rend="I">La versión primitiva también lee «dividió» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23 (fol. 861v); Dámaso Alonso, 1936, p. 377). La versión definitiva lee «divide», que se registra en el ms. Chacón. Señala Jammes, 1994, p. 274: «Muchos mss. (Hispanic Society 144, 145 y 146; BNE 3.906), y con ellos la edición Vicuña, leen <emph>dividió</emph> en vez de <emph>divide</emph>, coincidiendo en esto con las redacciones primitivas del poema, tanto la del ms. de Rodríguez-Moñino como la versión primitiva editada por D. Alonso». Rojas, 2015, pp. 106-107, 149 encuentra «dividió» en los 22 testimonios que ha cotejado, y muestra alguna duda sobre la lectura «divide».</note> playas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que confusión, y fuego<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «que ya introdujo fuego» (Rojas, 2015, p. 150; Dámaso Alonso, 1936, p. 377; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23; Jammes, 1994, p. 274).</note></p>
      <p>44. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al frigio muro,el otro leño griego.</p>
      <p>45. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Náutica industria investigó tal piedra<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «Náutica industria investigó ya piedra» (Rojas, 2015, p. 150; Dámaso Alonso, 1936, p. 377; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23 (fol. 861v); Jammes, 1994, p. 276). López Bueno, 2018, pp. 149-150, n. 315, comenta la variante y sus repercusiones en la lectura del pasaje.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>380 [379]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que cual abraza yedra<note type="app" rend="I">Ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23 (fol. 861v): «que aquel abraza yedra».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>escollo, el metal ella fulminante</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de que Marte se viste, y lisonjera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>solicita el que más brilla diamante</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la nocturna capa de la esfera,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>385 [384]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>estrella a nuestro polo más vecina,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y, con virtud,no poca</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>distante,la revoca,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>elevada,la inclina;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ya de la Aurora bella<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>390 [389]</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 15r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al rosado balcón, ya a la que sella<note place="bottom">«ya la que sella» en el manuscrito: haplografía que se registra en otros testimonios (Rojas, 2015, p. 150).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cerúlea tumba<note type="app" rend="I"><emph>tumbra</emph> en el manuscrito.</note> fría</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las cenizas del día.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>En esta pues fiándose atractiva</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del norte,amante dura alado roble<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>395 [394]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no hay tormentoso cabo que no doble,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ni isla hoy, a su vuelo fugitiva<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «ni isla hay a su vuelo fugitiva» (Dámaso Alonso, 1936, p. 378). Rojas, 2015, p. 151, considera error la variante <emph>no</emph> del manuscrito de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 23 (fol. 861v).</note>.</p>
      <p>46. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tifis el primer leño mal seguro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>condujo, muchos luego Palinuro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si bien por un mar ambos, que la tierra<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>400 [399]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>estanque dejó hecho.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Cuyo famoso estrecho</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>una y otra de Alcides, llaves<note place="bottom"><space/>Así en el manuscrito; la lectura habitual es <emph>llave</emph>. En plural leen los mss. BNE 22.217 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13, según indica Rojas, 2015, p. 152.</note> cierra<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 24 (fol. 861v): «lleva sierra»; «sierra» es variante de lengua del copista, que seseaba y ceceaba; «lleva» se explica por una errónea metátesis, como cree Rojas, 2015, p. 152.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Piloto hoy la Codicia<note type="app" rend="I">En el manuscrito se escribió <emph>Cobdiçia</emph>.</note> no de errantes<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 378: «Piloto la Codicia, no de errantes». Rojas, 2015, p. 152, no la ha registrado en su cotejo, y la cree error del COD. 3.266 de la BNLisboa.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>árboles<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>arbores</emph>, y luego se corrigió.</note>, mas de selvas inconstantes,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>405 [404]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al padre de las aguas,Oceano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de cuya monarquía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el Sol que cada día</p>
      <p>47. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>nace en sus ondas,y en sus ondas muere,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 15v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los términos saber todos no quiere<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>410 [409]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dejó primero de su espuma cano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sin admitir segundo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en inculcar sus límites<note type="app" rend="I"><emph> sus límites</emph> se escribe en la parte inferior del verso, sobre una secuencia tachada (<emph>los términos</emph>). La mano parece la misma del revisor que incluye observaciones en los márgenes de la anotación. La versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 380 lee <emph>términos</emph>; Rojas, 2015, p. 152 registra <emph>términos</emph> en los manuscritos BNLisboa COD. 3.266 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13, pero no la considera lectura de la versión primitiva. Jammes, 1994, p. 280, recoge varias interpretaciones que ha tenido la voz <emph>inculcar</emph>.</note> al mundo;</p>
          <p>48. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>abetos suyos tres aquel tridente<space> </space>._______+ .<note type="app" rend="I">La marca (línea y cruz) remite a la nota marginal. Debe referirse al siguiente verso, situado en la copla 11e del <emph>Laberinto</emph>: «pero si el Austro conmueve al tridente».</note><note place="margin">Tridente / es la misma / mar. Asi lo / dixo; Juan / de mena. / en la cop. 9. / del lab.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vio la arena<note type="app" rend="I"><emph> violarena</emph> en el manuscrito, en lugar de «violaron a». Rojas, 2015, pp. 152-153, registra la variante «vio la arena Neptuno» en los mss. BNE 17.179 y BNLisboa COD. 3.266; la considera error que emparenta los testimonios. Esta variante condiciona la interpretación de Ponce en su nota 48 (fol. 56r), donde señala que Neptuno vio las arenas pisadas de tres naves</note>, Neptuno<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>415 [414]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>conculcada<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en concordancia con <emph>arena</emph>, y frente al masculino de la lectura habitual.</note> hasta allí de otro ninguno,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>besando las que al Sol el occidente<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «y viendo las que al Sol el occidente» (Rojas, 2015, p. 153; Dámaso Alonso, 1936, p. 378; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 24 (fol. 862r); Jammes, 1994, p. 282).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>le corre en lecho azul<note type="app" rend="I"><emph>acul</emph> en el manuscrito. Como en otros casos, falta la marca de la cedilla.</note> de aguas marinas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>turquesadas cortinas;</p>
      <p>49. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>apesar luego de áspides volantes<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>420 [419]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sombra del Sol,y tósigo del viento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de caribes flechados, sus banderas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>siempre gloriosas, siempre tremolantes,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rompieron los que armó de plumas ciento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lestrigones<note type="app" rend="I">Antes se había escrito y tachado, al comienzo del verso, <emph>el Isthmo</emph>.</note> el istmo ala[das fieras<note type="app" rend="I">Debido al tachón señalado en la nota anterior, la voz parece haberse completado en el margen derecho, que se lee con mucha dificultad a causa de la encuadernación. Creo que se enmendó en dos niveles: arriba se escribió <emph>-das</emph>, y debajo<emph> fieras</emph>. Versión primitiva: «el istmo indios, si no aladas fieras» (Rojas, 2015, p. 153; Dámaso Alonso, 1936, p. 379; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 24 (fol. 862r); Jammes, 1994, p. 284).</note>:]<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>425 [424]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el istmo,que al océano divide</p>
      <p>50. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y sierpe de cristal, juntar le impide</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la cabeza del norte,coronada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con la que ilustra el sur,cola escamada</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 16r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de antárticas estrellas.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>430 [429]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Segundos leños dio, al segundo polo<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, como en los mss. BNE 17.719 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13 (ver Rojas, 2015, p. 154). La lectura habitual es «a segundo polo».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en nuevo mar, que le rindió, no solo<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 25 (fol. 862r): «el nuevo mar que lo midió, no solo»); error para Rojas, 2015, p. 154.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las blancas hijas<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 25 (fol. 862r): «hojas», probable error del copista, que Rojas, 2015, p. 154 registra también en el COD. 3.266 de la BNLisboa.</note> de sus conchas bellas,</p>
      <p>51. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mas los<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 25 (fol. 862r): «lo», error que también registra BNE 17.719 (Rojas, 2015, p. 154).</note> que lograr bien no supo<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>pupo</emph>, y luego se corrigió la <emph>s</emph>.</note> Midas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>metales homicidas;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>435 [434]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no le bastó después a este elemento</p>
      <p>52. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>conducir orcas, alistar ballenas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>murarse de montañas<note type="app" rend="I"><emph> montanas</emph> en el manuscrito.</note> espumosas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>infamar<note type="app" rend="I"><emph> ynflamar</emph> en el manuscrito. Tal vez sea error por atracción del grupo implosivo inicial de <emph>blanqueando</emph>.</note> blanqueando sus arenas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con tantas del primer atrevimiento<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>440 [439]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>señas, aun a los buitres<note type="app" rend="I"><emph> buytres</emph> en el manuscrito. Rodríguez-Moñino, 1984, p. 25 (fol. 862r) y la versión final leen <emph>bueitres</emph>.</note> lastimosas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>para con estas lastimosas señas<note type="app" rend="I">Después de <emph>lastimosas</emph> se escribió y tachó la palabra <emph>espantosas</emph>; esta lectura aparece en los mss. BNE 17.719 y BNLisboa COD. 3.266, como señala Rojas, 2015, pp. 154-155, quien la considera posible variante intermedia, estadio al que pertenece también la copia de Ponce.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>temeridades enfrenar,segundas:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tú Cudicia, tú pues<note type="app" rend="I">La palabra <emph>pues</emph> se escribe en la parte inferior del verso, debajo de una expresión tachada (<emph>ya aun</emph>). La mano que escribió <emph>pues</emph> parece la del autor de las observaciones marginales, pero es difícil de precisar. Rodríguez-Moñino, 1984, p. 25 (fol. 862r): «Tu cudicia [espacio en blanco] aun de las profundas»; versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 379: «Tú, Codicia, tú, pues, —que aun de profundas». Versión primitiva de Rojas, 2015, p. 155: «Tú Codicia, tú, ya aun de las profundas», que documenta (con ligeras variantes) en varios manuscritos y coincide con la inicialmente copiada en el de Ponce, donde, como en otros casos, se corrige incorporando la definitiva.</note> de las profundas</p>
      <p>53. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>estigias aguas,torpe marinero<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>445 [444]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantos abre sepulcros el mar fiero</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a tus huesos, desdeñas:</p>
      <p>54. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El promontorio q<emph>ue</emph> Éolo sus rocas<note type="app" rend="I">Primero se escribió «El promontorio Eolo que sus rocas»; luego se tachó <emph>que</emph>, y se añadió, abreviado, antes de <emph>Eolo</emph>; la tinta es más oscura. La lectura inicialmente copiada coincide con la de los mss. BNE 17.719, BNLisboa COD. 3.266 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13 (Rojas, 2015, p. 155).</note></p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 16v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>candados hizo de otras nuevas grutas<note type="app" rend="I">Primero se escribió <emph>grietas</emph> y luego se corrigió <emph>grutas</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>para el austro de alas nunca enjutas,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>450 [449]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>para el cierzo espirante por cien bocas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>doblaste alegre, y tu obstinada entena</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cabo le hizo de esperanza buena.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tantos luego astronómicos presagios</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>frustrados<note type="app" rend="I"><emph> fustrados</emph> en el manuscrito.</note>, tanta náutica doctrina,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>455 [454]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>debajo aun<note type="app" rend="I">La voz fue añadida en la parte superior del verso. No es fácil determinarlo, pero pudiera ser el mencionado revisor que intervino en la anotación.</note> de la zona más vecina</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al Sol,calmas vencidas, y naufragios,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los reinos de la Aurora,al fin besaste,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyos purpúreos senos,perlas netas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyas minas secretas<note type="app" rend="I">La <emph>s</emph> final parece una <emph>e</emph>, pero se ha visto ese trazo en otros lugares, como en la voz <emph>segundas</emph> del verso «temeridades enfrenar segundas» (fol. 16r).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>460 [459]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hoy te guardan su más precioso engaste.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La aromática selva penetraste</p>
      <p>55. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que al pájaro de Arabia<note type="app" rend="I">Tras esta voz, el copista escribió primero una coma, y luego, sobre ella, el paréntesis.</note> (cuyo vuelo<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26 (fol. 862r): «que al sol pájaro de Arabia, cuyo vuelo»; error por adición, como señala Rojas, 2015, p. 156.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>arco alado es del cielo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no corvo mas tendido)<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>465 [464]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pira le erige,y le construye nido.</p>
      <p>56. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Zodíaco después fue cristalino</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 17r"/>
      </p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a glorïoso pino+ <note type="app" rend="I">Esta marca y la situada siete versos abajo en el margen izquierdo, acotan un pasaje que remite a la anotación marginal, donde Ponce señala la posible fuente, Torquato Tasso y su <emph>Gerusalemme liberata</emph>.</note><note place="margin">Tasso Hier<hi rend="sup">m</hi>, lib. C 15. st. 30 é la terra misuri, immensa mole, / vittorioso, ed émulo del sole</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>émulo vago del ardiente coche<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y los dos siguientes: «émulo si del sol no, de su coche / el mar cuyo elemento / casi tres veces había sido ciento» (Rojas, 2015, pp. 156-157; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26 (fol. 862r); Jammes, 1994, p. 292). El último verso aparece en la versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 380.</note></p>
      <p>57. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del Sol este elemento,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>470 [469]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que cuatro veces había sido ciento,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dosel al día y tálamo a la noche<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 380: «dosel al día, tálamo a la noche»; Rojas, 2015, p. 157, solo la registra en uno de los testimonios que coteja y la considera error de copia.</note>;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando halló de fugitiva plata</p>
      <p>58. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la bisagra (aunque estrecha) abrazadora<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «la bisagra, si estrecha, abrazadora» (Rojas, 2015, p. 157; Dámaso Alonso, 1936, p. 380; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26 (fol. 862r); Jammes, 1994, p. 294;).</note></p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>+<note type="app" rend="I">Ver lo dicho cuatro notas antes.</note> de un océano, y otro, siempre uno<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>475 [474]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o las colunas bese,o la escarlata</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tapete de la Aurora<note type="app" rend="I"><emph> del aurora</emph> en el manuscrito. También en Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26 (fol. 862r).</note>:</p>
      <p>59. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>esta pues nave ahora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en el húmido templo de Neptuno<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente: «trofeo pende, ya que no a Neptuno, / varada a la memoria» (Rojas, 2015, pp. 157-158; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26 (fols. 862rv); Jammes, 1994, p. 294).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>varada pende a la inmortal memoria<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>480 [479]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con nombre de Vitoria.</p>
      <p>60. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>De firmes islas,no la inmóvil flota</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en aquel mar del Alba te describo</p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyo número, ya que no lacivo<note type="app" rend="I"><emph> laçivo</emph> en el manuscrito. Al comienzo de este verso se abre un paréntesis que luego no se cierra.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por lo bello, agradable y por lo vario,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>485 [484]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la dulce confusión,hacer podía</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 17v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en los blancos estanques del Eurota<note place="margin">éurota / es rio de / macedonia / consagrado / a Apollo / Ve a Virg. / eglog. 6. y / l. 1. de la / Eneid. Sana- / zaro. prosa / vltima. <note place="bottom">Se refiere Ponce a los siguientes pasajes de los autores citados: Virgilio, <emph>Ecloga</emph> 6, vv. 82-86: «Omnia, quae Phoebo quondam meditante beatus / audiit Eurotas iussitque ediscere laurus, / ille canit (pulsae referunt ad sidera ualles), / cogere donec ouis stabulis numerumque referre / iussit et inuito processit Vesper Olympo» («Todas las cosas que en otro tiempo, cuando cantaba Febo, las escuchó el feliz Eurotas y las hizo aprender a sus laureles, las canta aquél, Sileno (y los valles heridos devuelven el eco hacia los astros), hasta que el Véspero ordenó recoger las ovejas en los establos y contarlas y avanzó hacia el olimpo pesaroso», trad. T. de la Ascensión Recio García, Madrid, Gredos, 1990); Virgilio, <emph>Aeneidos.</emph> 1, vv. 498-501: «Qualis in Eurotae ripis aut per iuga Cynthi / exercet Diana choros, quam mille secutae / hinc atque hinc glomerantur Oreades; illa pharetram / fert umero, gradiensque deas supereminet omnis» («Cual en las riberas del Eurotas o en las laderas del Cinto / Diana dirige a sus coros de Oréadas que la siguen a miles / y se agolpan a un lado y a otro; ella la aljaba / lleva al hombro y sobresale de todas las diosas al caminar», trad. R. Fontán Barreiro, Madrid, Alianza Editorial, 1986); Sannazaro, <emph>La Arcadia</emph>, prosa 12, 22: «vedi il beato Eurota, a cui tante volte fu lecito ascoltare il cantante Apollo». Lectura del verso en el ms. de Rodríguez Moñino, 1984, p. 26 (fol. 862v): «que en los blancos cristales del Eurota»; versión primitiva: «que en los bellos estanques del Eurota» (Dámaso Alonso, 1936, p. 380); ver también Jammes, 1994, p. 296. Rojas, 2015, p. 158, considera que <emph>cristales</emph> es variante de autor perteneciente a una fase anterior a <emph>bellos</emph>, lectura que considera puede ser de autor o de copia.</note></note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la virginal desnuda montería,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>haciendo escollos o<note type="app" rend="I">Primero se copió «haciendo escollos de marmor pario»; luego, el mismo copista añadió <emph>ya</emph> en la parte superior —lectura de la versión primitiva (Rojas, 2015, p. 158; Dámaso Alonso, 1936, p. 381; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26, fol. 862v)— y, finalmente, se tachó <emph>ya</emph> y se copió <emph>o</emph> en la parte inferior. Aunque es difícil de asegurar por tratarse solo de una letra, si, como parece, la mano de esta última corrección fuese diferente a la que copió el poema, ello indicaría que este otro corrector manejó una versión posterior a la intermedia que recoge esta copia de la <emph>Soledad primera</emph>, algo que se ha visto ya en otros lugares.</note> de mármor pario,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o<note type="app" rend="I">Se corrigió sobre una <emph>Y</emph>. Probablemente la lectura anterior tenga relación con la versión primitiva: «ya de terso marfil sus miembros bellos» (Rojas, 2015, pp. 158-159; Dámaso Alonso, 1936, p. 381; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26 (fol. 862v); Jammes, 1994, p. 296).</note> de terso<note type="app" rend="I">Se añadió <emph>rso</emph> en la parte superior, sobre una expresión tachada; también se ha corregido la <emph>d</emph> inicial en <emph>de</emph>. Es difícil precisar la mano de estas correcciones, pero parece la misma de quien copió el poema.</note> marfil, sus miembros bellos<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>490 [489]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que pudo bien Anteón<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>Actheon</emph> y luego se corrigió la <emph>c</emph> por <emph>n. Anteón</emph> lee el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 26 (fol. 862v); es voz que resultó difícil a los copistas (Rojas, 2015, p. 159).</note> perderse en ellos.</p>
      <p>61. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El bosque<note type="app" rend="I"><emph> monte</emph> en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27 (fol. 862v); Jammes, 1994, p. 296, la consideró variante de autor; Rojas, 2015, p. 159, no la ha encontrado en otros testimonios de su examen.</note> dividido en islas pocas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fragante<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27 (fol. 862v): «flagrante», posible error de copia o variante de lengua (Rojas, 2015, p. 159). La grafía habitual es «fragrante».</note> productor de aquel aroma<note type="app" rend="I">Se copió primero <emph>ARoma</emph>; luego se tachó y se escribió debajo <emph>aroma</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que traducido mal por el Egipto<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tarde lo encomendó el Nilo a sus bocas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>495 [494]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y ellas más tarde a la<note type="app" rend="I"><emph>a la ala</emph> en el manuscrito.</note> gulosa Grecia</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>clavo no, espuela sí del apetito,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que cuanto en conocello<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>conoçelle</emph> y luego, con trazo más oscuro, se cambió la <emph>e</emph> final por <emph>o</emph>.</note> tardó Roma</p>
      <p>62. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fue templado Catón, casta Lucrecia[,]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>quédese amigo en tan inciertos mares<note type="app" rend="I">Versión del ms. 3.975 de la BNE:  «quédese, pues, en tan inciertos mares». Dámaso Alonso, 1936, p. 381, señala pudiera ser de copista o de autor; Rojas, 2015, p. 160, no la registró en su cotejo.</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>500 [499]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>donde<note type="app" rend="I">Parece haberse tachado una letra antes, acaso una <emph>A</emph> (<emph>adonde</emph>).</note> con mi hacienda<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «donde no solo se quedó mi hacienda» (Rojas, 2015, p. 160; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27 (fol. 862v); Jammes, 1994, p. 298).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del alma se quedó la mejor prenda<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «mas de mi alma la más dulce prenda» (Rojas, 2015, p. 160; Dámaso Alonso, 1936, p. 381; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27 (fol. 862v); Jammes, 1994, p. 298).</note>,</p>
      <p>63. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuya memoria es buitre<note type="app" rend="I"><emph> buytre</emph> en el manuscrito; <emph>bueitre</emph> es la forma habitual, más arcaica.</note> de pesares»:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en suspiros con esto</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 18r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y en más anegó lágrimas el resto<note place="margin">y en mas / lagrimas / anegò el res- / to de su dis / curso.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>505 [504]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de su discurso,el montañés prolijo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que el viento su caudal el mar su hijo<note type="app" rend="I">Lectura del COD 3.266 de la BNLisboa: «que el viento su caudal y el mar su hijo» (Dámaso Alonso, 1936, p. 381); parece error, como cree Rojas, 2015, p. 160.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Consolallo<note type="app" rend="I">Se escribió <emph>consolalle</emph> y luego se cambió, con tinta más oscura, la <emph>e</emph> final por <emph>o</emph>, como sucedió diez versos antes con <emph>conocelle</emph>, corrigiendo el leísmo del copista.</note> pudiera el peregrino</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con las de su edad corta historias largas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si vinculados todos a sus cargas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>510 [509]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual próvidas hormigas a sus mieses,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no comenzaran ya los montañeses<note type="app" rend="I"><emph> montaneses</emph> en el manuscrito.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a esconder con el número el camino</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y el cielo con el polvo; enjugó<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27 (fol. 862v): «en fuego». Parece otra de las erratas del copista, que ya no he indicado en otras ocasiones; así lo cree Rojas, 2015, p. 161, que señala más errores en ese verso.</note> el viejo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del tierno humor,las venerables canas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>515 [514]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y levantado<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>lebantando</emph>, y luego se tachó la segunda <emph>n</emph>.</note>, al forastero dijo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Cabo me han hecho hijo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de aqueste<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de la lectura habitual «deste hermoso», que es también (con la variante «de este») la del ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27 (fol. 862v). Dámaso Alonso, 1936, p. 381, señaló que «de aqueste» era la lectura de la versión primitiva en el ms. 3.975 de la BNE. Jammes, 1994, p. 300, indica que «de aqueste» aparece también en el manuscrito gongorino conservado en la Hispanic Society; señala Jammes que la secuencia «deste hermoso» pudo haber sido sustituida por el copista para evitar la sinalefa que, sin embargo, no era tal en un andaluz como Góngora por aspirarse la <emph>h</emph>.</note> hermoso tercio de serranas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si tu neutralidad<note place="bottom">«si neutralidad» en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27 (fol. 862v). Es error por omisión, que ya señaló Rojas, 2015, p. 161.</note> sufre consejo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y no te fuerza<note type="app" rend="I">«y te fuerza» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27, fol. 862v); error por omisión que ya indicó Rojas, 2015, p. 161.</note> obligación precisa,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>520 [519]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la piedad que en mi alma ya te hospeda</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hoy te convida al que nos guarda sueño,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 18v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(política<note type="app" rend="I">«y olítica» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 27, fol. 862v); ver Rojas, 2015, p. 161. </note> alameda)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>verde muro,de aquel lugar pequeño</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a pesar desos fresnos<note type="app" rend="I">«de los fresnos», versión primitiva en los mss. 3.975 de la BNE y 3.266 de la BNLisboa (Dámaso Alonso, 1936, p. 381; Rojas, 2015, p. 161).</note> se divisa;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>525 [524]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sigue la femenil tropa<note type="app" rend="I">«turba» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 28, fol. 862v). Jammes, 1994, p. 302, la considera de autor; Rojas, 2015, p. 162, se inclina por la variante de copista.</note> conmigo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>verás curioso,y honrarás testigo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el tálamo de nuestros labradores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que de tu calidad,señas mayores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>me dan que del océano tus paños<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>530 [529]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o razón falta donde sobran años».</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Mal pudo<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «No pudo» (Rojas, 2015, p. 162; Dámaso Alonso, 1936, p. 381; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 28 (fol. 862v); Jammes, 1994, p. 302).</note> el estranjero agradecido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en tercio tal negar tal compañía<note type="app" rend="I"><emph> compania</emph> en el manuscrito, con un punto encima de la <emph>n</emph> (pudiera ser casual) que no parece el habitual signo de otras <emph>ñ</emph> de la copia.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ni<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de <emph>y</emph>. También leía <emph>ni</emph> la versión primitiva (Rojas, 2015, p. 162; Dámaso Alonso, 1936, p. 381; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 28 (fol. 862v); Jammes, 1994, p. 302).</note> en tan noble ocasión tal hospedaje</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>alegres pisan, la que<note type="app" rend="I">«pisan lo que» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 28, fol. 862v); Jammes, 1994, p. 304, la considera variante de autor; Rojas, 2015, p. 162, se inclina por el error de copia.</note> si no era<note type="app" rend="I">La <emph>i</emph> de <emph>sino</emph> se ha corregido encima de una <emph>e</emph>, y la secuencia <emph>er</emph> de <emph>era</emph>, sobre una <emph>t</emph>.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>535 [534]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de chopos calle,y de álamos carrera,</p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el fresco de los céfiros<note place="margin">+Este çefiros / en plural / creo que / emos de enten / derle, por / imitacion de Claudian. en la Phenix. Anteuolant / Zephiros penna.<note place="bottom">Se refiere Ponce a los versos 21-22 de <emph>Phoenix</emph>, uno de los poemas menores más famosos de Claudiano: «Anteuolat Zephyros pinnae, quas caerulus ambit / flore color sparsoque super ditescit in auro» («Superan en rapidez a los Zéfiros sus alas, a las que rodea un color azul de flor y por encima se enriquecen con manchas de oro»; trad. M. Castillo Bejarano, Madrid, Gredos, 1993). </note></note> rüido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el denso de losárboles celaje,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en duda ponen,cuál mayor hacía</p>
      <p>64. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>guerra al calor,o resistencia al día.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>540 [539]</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 19r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Coros tejiendo, voces alternando,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sigue la dulce escuadra montañesa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del perezoso arroyo el paso lento<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente: «el lento arroyo, si el arroyo lento / no sigue perezoso y hurta blando» (Dámaso Alonso, 1936, pp. 381-382; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 28 (fol. 862v), donde el segundo se copia «no sigue pereso hurta blando»; Jammes, 1994, p. 304). Rojas, 2015, p. 162, registra como primer verso «el lento arroyo, si el paso lento».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en cuanto él hurta blando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entre los olmos que robustos besa,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>545 [544]</p>
      <p>65. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pedazos de cristal, que el movimiento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>libra en la falda, en el coturno ella<note type="app" rend="I">«sella» en el ms. BNE 3.975 (Dámaso Alonso, 1936, p. 382); es error para Rojas, 2015, p. 163.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la coluna bella,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ya que celosa basa<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «si bien celosa basa» (Rojas, 2015, p. 163; Dámaso Alonso, 1936, p. 382; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 28 (fol. 862v); Jammes, 1994, p. 306). </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dispensadora del cristal no escasa.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>550 [549]</p>
          <p>66.<hi rend="color_FF0000 note"><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><note type="app" rend="I">En la versión primitiva aparecen dos versos después de este: «lisonja del oído, / si de la vista ya el coro tejido» (Rojas, 2015, p. 163; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 28 (fol. 863r); Jammes, 1994, p. 306).</note></hi>Sirenas de los montes, su concento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la que menos del sañudo<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29 (fol. 863r): «haçanudo».</note> viento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pudiera antigua planta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>temer rüina, o<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>v</emph>; luego se tachó y se copió debajo <emph>o</emph>. Por el color y trazo parece de mano distinta, tal vez la del anotador de observaciones marginales. No puedo asegurarlo al tratarse solo de una letra.</note> recelar fracaso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pasos hiciera dar el menor paso<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>555 [554]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de su pie, o<note type="app" rend="I">Al igual que dos versos antes, se escribió primero <emph>v</emph>; luego se tachó y se copió debajo <emph>o</emph>. Como en el caso anterior, por el color y trazo parece de mano distinta.</note> su garganta.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Pintadas aves cítaras de pluma<note type="app" rend="I">«plumas» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29, fol. 863r), aunque la <emph>s</emph> parece tachada; es error: ver, tres versos más adelante, «espuma».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>coronaban la bárbara capilla,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras el arroyuelo para oílla</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 19v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hace de blanca espuma<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>560 [559]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tantas orejas,cuantas guijas lava</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de donde es fuente a donde arroyo acaba<note type="app" rend="I"><emph> caba</emph> en el manuscrito.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Vencedores se arrojan<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, por <emph>arrogan.</emph> También leen <emph>arrojan</emph> el manuscrito de Rodríguez-Moñino, 1984, p 29 (fol. 863r), y otros siete testimonios que registra Rojas, 2015, p. 164, quien, como Jammes, 1994, p. 310, señala la trivialización.</note> los serranos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los consignados<note type="app" rend="I"><emph> congsinados</emph> en el manuscrito, donde se ha sobrescrito la <emph>s</emph> con trazo más grueso.</note> premios otro<note type="app" rend="I">Parece haberse escrito primero «o otro» y, luego, corregido «a otro» escribiendo el remate de la <emph>a</emph> con trazo más oscuro y grueso, que incluso podría indicar que se tacha la <emph>o</emph> inicialmente copiada. Sea como fuere, restauro la lectura correcta.</note> día</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ya al formidable salto<note type="app" rend="I"><emph> solto</emph> en el manuscrito.</note>, ya a la<note type="app" rend="I">«ya al ardiente» en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29 (fol. 863r); error que señala Rojas, 2015, p. 164, quien también lo registra en el manuscrito BNE 4.075.</note> ardiente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>565 [564]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lucha ya a<note type="app" rend="I">La preposición se copió en la parte superior del verso, por el mismo copista del poema.</note> la carrera polvorosa.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El menos ágil cuantos comarcanos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>convoca el caso, él solo desafía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>consagrando los palios a<note type="app" rend="I">En la parte superior se escribió <emph>y</emph>, que se tachó. Es difícil afirmarlo, pero pudiera tener relación con la versión primitiva del verso, que se señala en la siguiente nota.</note> su esposa<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «y los palios consagra ya a su esposa» (Rojas, 2015, p. 164; Dámaso Alonso, 1936, p. 382; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29 (fol. 863r), que por error lee «paños»; Jammes, 1994, p. 312). </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(que a mucha fresca rosa<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>570 [569]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>beber el sudor hace de su frente)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mayor, aun del que espera<note type="app" rend="I">Manuscrito de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29 (fol. 863r): «mayor del aun que espera»; Jammes, 1994, p. 312, lo recoge como variante de autor; para Rojas, 2015, p. 164, es error por cambio de orden. </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la lucha, en el salto, en la carrera<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 382: «en el salto, en la lucha, en la carrera»; es variante de copista para Rojas, 2015, p. 164.</note>[.]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Centro apacible,un círculo espacioso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a más caminos que una estrella rayos<note type="app" rend="I">Manuscrito de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29: «a más caminos que a una estrella rayos» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29 (fol. 863r); Jammes, 1994, p. 312). Para Rojas, 2015, p. 165, es error por adición. </note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>575 [574]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hacía, bien de pobos, bien de alisos<note type="app" rend="I">Primero se copió: «hacía, ya de chopos, ya de Alisos». Luego, el mismo copista tachó y escribió debajo: «hacía, bien de bobos, bien de alisos»; sobre esta lectura, se tachó <emph>bobos</emph> y se escribió debajo<emph> chopos</emph> (tal vez Ponce); finalmente, se tachó <emph>chopos</emph> y se escribió debajo <emph>pobos</emph> con tinta más oscura (pudiera ser el mencionado corrector). El primer verso copiado («hacía, ya de chopos, ya de alisos») coincide con la versión primitiva («hacía, ya de pobos, ya de alisos»), salvo en la muy posible trivialización de <emph>pobos</emph> en <emph>chopos</emph>, que se registra también en el ms. Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13 (Rojas, 2015, p. 165). La segunda lectura del verso («bien de...bien de») es la redacción definitiva, aunque vuelve a producirse la duda entre <emph>chopos</emph> y <emph>bobos</emph>. Es interesante el tachón y primera corrección del verso, pues indicaría que quien copió la <emph>Soledad primera</emph> tuvo acceso a las dos versiones fundamentales (<emph>ya----ya / bien----bien</emph>).</note></p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 20r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>donde la Primavera<note type="app" rend="I">«donde primavera» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 29, fol. 863r); error que señaló Rojas, 2015, p. 165.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>calzada abriles,y vestida mayos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>centellas saca de cristal undoso,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a un pedernal,orlado de narcisos;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>580 [579]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>este pues centro era</p>
      <p>67. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>meta umbrosa,al vaquero convecino,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y delicioso término al distante,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>donde (aun cansado más q<emph>ue</emph> el caminante)<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente: «do a descansar no solo el caminante, / mas concurría el camino» (Rojas, 2015, pp. 165-166; Dámaso Alonso, 1936, p. 383; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 30 (fol. 863r); Jammes, 1994, p. 314).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>concurría el camino.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>585 [584]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Al concento se abaten cristalino</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sedientas,las serranas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual simples codornices al reclamo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que les miente la voz, y verde cela</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entre la aun<note type="app" rend="I">Se añadió en la parte superior, con tinta más oscura. Parece la misma mano de las anotaciones marginales respondidas por Ponce.</note> no espigada mies la<note type="app" rend="I">Se corrigió el trazo de la <emph>l</emph> inicial para diferenciarla de una <emph>c</emph>.</note> tela[.]<note type="app" rend="I">«entre la no espigada mies la verde tela» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 30, fol. 863r).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>590 [589]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>músicas hojas viste el menor ramo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del álamo que peina verdes canas<note place="margin">El alamo / blanco tie- / ne la vna / parte de la / oja blanca.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No céfiros<note type="app" rend="I"><emph> çifiros</emph> en el manuscrito.</note> en él, no ruiseñores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lisonjear pudieron,breve rato</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al montañés<note type="app" rend="I"><emph> montanes</emph> en el manuscrito.</note>, que ingrato<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>595 [594]</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 20v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al fresco, a la armonía,y a las flores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del sitio pisa<note type="app" rend="I">Se corrigió <emph>sa</emph> en la parte superior, sobre una secuencia tachada (¿<emph>ndo</emph>?).</note>, ameno</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la fresca hierba<note type="app" rend="I">«la fresca yedra» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 30 (fol. 863r); Jammes, 1994, p. 316); Rojas, 2015, p. 166, cree que es variante de copista.</note>, cual la arena ardiente</p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la <hi rend="u">Libia</hi><note type="app" rend="I">Se subraya la voz.</note> <note place="margin">Libia: parte / del africa de- / sierta. Plin.</note>, y a cuantas de<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «da»; también leen «de» así los mss. BNE 3.726, BNE 17.719 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13, según señala Rojas, 2015, p. 166.</note> la fuente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sierpes de aljófar, aun mayor veneno<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>600 [599]</p>
      <p>68. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a las de Ponto<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, coincidiendo con Rodríguez-Moñino, 1984, p. 30 (fol. 863r), y el ms. 144 de la Hispanic Society; ver Jammes, 1994, p. 316. Rojas, 2015, p. 167, la registra también en los mss. BNE 17.719 y BNLisboa COD 3.266, pero la considera error de copia.</note>, tímido atribuye,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>según el pie, según los labios huye<note type="app" rend="I">No aparece este verso en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 30 (fol. 863r).</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Pasaron todos pues, y regulados</p>
      <p>69. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual en los equinoccios sulcar vemos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los piélagos del aire libre algunas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>605 [604]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>volantes,no galeras</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sino grullas veleras,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tal vez<note type="app" rend="I"><emph> juez</emph> en el manuscrito, error que enmiendo.</note> creciendo, tal menguando lunas<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «medias formando lunas» (Rojas, 2015, p. 167; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 30 (fol. 863r); Jammes, 1994, p. 318). Variante del ms. 3.266 de la BNLisboa: «tal vez creciendo y tal menguando lunas»; Dámaso Alonso, 1936, p. 383, la consideró de la versión primitiva; Rojas, 2015, p. 167, error por adición.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sus distantes estremos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>caracteres tal vez formando alados<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «cuando no ya caracteres alados» (Rojas, 2015, p. 167; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 30 (fol. 863r); Jammes, 1994, p. 318).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>610 [609]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en el papel dïáfano,del cielo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las plumas de su vuelo.</p>
      <p>70. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ellas en tanto en bóvedas de sombras</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 21r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pintadas siempre al fresco</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cubre<emph>n</emph> las que Sidón telar turquesco<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>615 [614]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no ha sabido imitar,verdes alfombras.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Apenas reclinaron la cabeza<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «No habían reclinado la cabeza» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 31 (fol. 863r); Dámaso Alonso, 1936, p. 383; Jammes, 1994, p. 320; Rojas, 2015, p. 167).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando en número iguales y en belleza</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los<note type="app" rend="I">La <emph>o</emph> se ha corrregido sobre lo que parece una <emph>a</emph>.</note> márgenes matiza de las fuentes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>segunda primavera de villanas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>620 [619]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que parientas del novio,aun más cercanas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que vecinos sus pueblos, de presentes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>prevenidas, concurren a las bodas:<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mezcladas hacen todas</p>
      <p>71. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>teatro dulce no de escena muda<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>625 [624]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el apacible sitio espacio breve</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en que, a pesar del Sol cuajada<note type="app" rend="I">La palabra se escribió en el margen izquierdo (<emph>quaxada</emph>), a donde se remite con una +. En el verso se había escrito <emph>jara</emph> y, encima, <emph>cua</emph>, secuencias que fueron tachadas. La letra de estas correcciones parece la misma de quien copió el poema. La del margen, por la intensidad de la tinta y la letra, pudiera ser del mismo corrector que hizo observaciones a algunas notas de Ponce. También leen <emph>cuajara</emph> los mss. BNE 17.719, BNLisboa COD 3.266 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13, como señala Rojas, 2015, p. 168.</note> nieve</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y nieve de colores mil vestida</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la sombra vio florida</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la hierba menuda.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>630 [629]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Viendo pues que igualmente les quedaba</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 21v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>para el lugar a ellas de camino,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lo que al Sol para el lóbrego occidente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual de aves se caló turba canora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a robusto nogal,que acequia lava<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>635 [634]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en cercado vecino<note type="app" rend="I">Desde este v. 635 al v. 661 («que estaban, no muy lejos») faltan en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p, 31 (fol. 863v), como señaló Jammes, 1994, p. 324, y recuerda Rojas, 2015, pp. 168-169.</note>,</p>
      <p>72. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando a nuestros antípodas la Aurora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las rosas gozar deja de su frente;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tal sale aquella que sin alas vuela<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «tal sale ya la que sin alas vuela» (Rojas, 2015, p. 169; Dámaso Alonso, 1936, p. 383).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hermosa escuadra,con ligero paso<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>640 [639]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>haciéndole atalayas del ocaso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantos humeros cuenta la aldegüela[.]<note type="app" rend="I">Dámaso Alonso, 1936, p. 383, señala que la versión primitiva en el ms. 3.266 de la BNLisboa leía «el aldehuela», variante que considera podría ser del poeta; Rojas, 2015, p. 169, la cree variante de lengua.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El lento escuadrón luego</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>alcanzan de serranos,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y disolviendo allí la compañía<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>645 [644]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al pueblo llegan, con la luz, que el<note type="app" rend="I">Se escribió <emph>que el</emph> en la parte inferior, bajo una expresión tachada (¿<emph>que al</emph>?); «que al» lee el ms. BNE 3.906 (Rojas, 2015, p. 169).</note> día</p>
      <p>73. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cedió,al sacro volcán de errante fuego</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la torre de luces coronada,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que el templo ilustra, y a los aires vanos</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 22r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>artificiosamente da exhalada<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>650 [649]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>luminosas de pólvora saetas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>purpúreos<note type="app" rend="I"><emph> purpereos</emph> en el manuscrito.</note> no cometas.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Los fuegos pues el joven soleniza</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras el viejo tanta acusa tea</p>
      <p>74. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al de las bodas dios, no alguna sea<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>655 [654]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de nocturno Faetón,carroza ardiente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y miserablemente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>campo amanezca,estéril de ceniza</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la que anocheció aldea.</p>
      <p>75. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>De Alcides luego le llevó a las plantas<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; la lectura habitual es: «De Alcides lo llevó luego a las plantas». Este v. 659 falta en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 31 (fol. 863v). Rojas, 2015, p. 170, no registra variantes en los testimonios de su cotejo.</note> <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>660 [659]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que estaban no muy lejos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>trenzándose el cabello verde,a cuantas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>da el fuego<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 31 (fol. 863v), lee «cielo».</note> luces, y el arroyo espejos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tanto garzón robusto,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tanta ofrecen los álamos zagala<note type="app" rend="I">«tanta ofrecen los árboles zagala» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 31 (fol. 863v); Jammes, 1994, p. 326); Rojas, 2015, p. 170, la considera una trivialización, y no variante de autor.</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>665 [664]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que abrevïara<note place="bottom">«abrevian» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 31, fol. 863v); error que deja un verso hipométrico (Rojas, 2015, p. 170).</note> el Sol en una estrella</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por ver la menos bella<note type="app" rend="I">«por la menos bella» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 31, fol. 863v); error que indica Rojas, 2015, p. 170.</note></p>
      <p>76. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantos saluda rayos el Bengala</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 22v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del Ganges cisne adusto.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La gaita<note type="app" rend="I">En el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32 (fol. 863v), hay un espacio en blanco en lugar de esta voz, y al final del verso lee: «solicita al gusto», variante que registran ocho testimonios del cotejo de Rojas, 2015, p. 170.</note> al baile solicita el gusto,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>670 [669]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la voz el salterio,</p>
      <p>77. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cruza el Trïón más fijo el hemisferio</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y el tronco mayor danza en la ribera[;]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el eco voz entera<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «voz ya entera», que aparece en Chacón y también en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32 (fol. 863v); Rojas, 2015, pp. 107 y 171 la registra en tres testimonios más y la considera perteneciente a la versión primitiva; para él, la eliminación del adverbio es una corrección posterior a las censuras de Pedro de Valencia y el abad de Rute, y que reaparezca en Chacón puede deberse a un error o a la restitución por parte de Góngora de la lectura original.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no hay silencio a que pronto no responda[;]<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>675 [674]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fanal es del arroyo cada onda<note type="app" rend="I">«fanal es del arroyo a cada onda» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32, fol. 863v); es error para Rojas, 2015, p. 171.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>luz el reflejo<note place="margin">és la luz / que se lleua / en la popa / de las ga- / leras.</note>, el agua<note type="app" rend="I">La lectura habitual es «la agua», también en Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32 (fol. 863v) y Dámaso Alonso, 1936, p. 384.</note> vidrïera<note type="app" rend="I"><emph> bedriera</emph> en el manuscrito.</note>[.]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Términos<note type="app" rend="I">«Término da el sueño al regusijo» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32, fol. 863v). Para la interpretación de esta variante, ver Jammes, 1994, pp. 330-332, quien la considera auténtica, y Rojas, 2015, p. 171, quien se inclina por el error de copia.</note> le da el sueño al regocijo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mas el<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>al</emph> y luego se enmendó <emph>el</emph>. Aunque el color de la tinta es más oscuro, al tratarse de una sola letra sobrescrita es difícil precisar la mano de la corrección. La lectura <emph>el</emph> es la de la mayoría de los manuscritos, y también la de Chacón y Vicuña. La variante <emph>al</emph>, que se copió inicialmente en el manuscrito de Ponce, aparece en Pellicer y Salcedo; Rojas, 2015, p. 171, registra <emph>al</emph> (que considera error) en los mss. BNE 17.719 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13. La lectura <emph>el</emph> resulta coherente, como muestra la precisa interpretación de Carreira, 1986, p. 229, n, 180: «El baile cesa porque los serranos tienen que dormir, no por estar cansados: la danza los incitaría a seguir». Jammes, 1994, p. 330-332, también prefiere <emph>el</emph>, y señala diversas interpretaciones del pasaje.</note> cansancio no, que el<note type="app" rend="I"><emph> quel</emph> en el manuscrito.</note> movimiento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>verdugo de las fuerzas es prolijo.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>680 [679]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Los fuegos cuyas lenguas, ciento a ciento<note type="app" rend="I">La versión primitiva de este verso y los seis siguientes (hasta «piedras son de su misma sepultura») era más breve, pues faltaba el v. 685 («sus miembros, en cenizas desatados»): «Los fuegos, ciento a ciento, / (que, cuanto más frenéticos más sanos, / amenazaban aun los aires vanos) / condenándolos van a muerte oscura / las remisiones de su calentura» (Rojas, 2015, p. 173; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32 (fol. 863v); Jammes, 1994, p. 332). La versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 384, solo varía el último verso: «la remisión es de su calentura»; parece variante de copista, como cree Rojas, 2015, p. 172.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>desmintiendo<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de <emph>desmintieron</emph>.</note>. La noche algunas horas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyas luces del Sol competidoras</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fingieron día,en la tiniebla oscura</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>murieron, y en sí mismos sepultados<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>685 [684]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sus miembros, en cenizas<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; la lectura habitual es <emph>ceniza</emph>.</note> desatados<note type="app" rend="I">Se escribió <emph>desatadas</emph> y luego se corrigió la <emph>o</emph>; también <emph>desatadas</emph> en BNE 4.075 (Rojas, 2015, p. 172).</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>piedras son de su misma sepoltura.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Vence la noche al fin, y triunfa mudo</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 23r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el silencio(aunque breve) del rüido;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>solo gime ofendido<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>690 [689]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el sagrado laurel, del hierro agudo<note type="app" rend="I"><emph> duro</emph> en Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32 (fol. 863v); Rojas, 2015, p. 173, señala que rompe con la rima.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>deja de su esplendor, deja desnudo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de su frondosa pompa al verde aliso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el golpe no remiso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del villano membrudo.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>695 [694]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El que resistir pudo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al animoso austro<note type="app" rend="I">«al enemigo Austro» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32, fol. 863v). Jammes, 1994, p. 334, la considera variante de autor; Rojas, 2015, pp. 173-174, se inclina por la intervención de copista, aunque no de forma tajante.</note> al euro ronco</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>chopo gallardo, cuyo liso tronco</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>papel fue de pastores (aunque rudo)<note type="app" rend="I">«y no rudo» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 32 (fol. 863v), y también los mss. Pérez de Rivas y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13); versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 384: «si bien rudo». Jammes, 1994, p. 334, y Rojas, 2015, p. 174, consideran esta segunda variante posterior a «y no rudo», que creen es la versión primitiva. Carreira, 2015, p. 438, recoge el comentario de Manuel Ponce explicando el sentido de la voz <emph>viales</emph>; dice Ponce en su nota número 78: «Viales se llaman ciertas ysletas echas a mano en el mar con enrramadas que las cubren, a cuya causa dice lo que contienen los dos versos consecutibos» (fol. 68r). Para la explicación del verso con este sentido y con el de la paráfrasis de Jammes ('hileras paralelas de árboles’), ver, 1994, pp. 336-337. </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a revelar secretos va a la aldea<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>700 [699]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que impide Amor que aun otro chopo lea.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Estos árboles<note type="app" rend="I">Primero se copió <emph>arbores</emph> y luego se sobrescribió, con tinta más gruesa, la <emph>l</emph>. </note> pues ve la montaña<note type="app" rend="I">El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v), lee «mantaña»; la versión definitiva, «mañana». Rojas, 2015, p. 174, registra «montaña» en los mss. Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13 y BNLisboa COD. 3.266, y considera que podría ser lectura auténtica o error de copia.</note></p>
      <p>78. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mentir florestas y emular vïales,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantos<note type="app" rend="I">Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v): «cuanto»; Jammes, 1994, p. 338, dudó entre considerarla lección auténtica o error de copista; Rojas, 2015, p. 174, se inclina por la segunda opción.</note> muró de líquidos cristales</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>agricultura urbana;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>705 [704]</p>
      <p>79. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>recordó al Sol(no de su espuma cana)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la dulce de las aves armonía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sino los dos topacios que batía</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 23v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>orientales aldabas, Himeneo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del carro pues febeo<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «Del carro ya febeo» (Rojas, 2015, p. 175; Dámaso Alonso, 1936, p. 385; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v); Jammes, 1994, p. 338).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>710 [709]</p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el<note type="app" rend="I"><emph> él</emph> en el manuscrito.</note> luminoso <hi rend="u">Pyro</hi><note type="app" rend="I">Se subrayó la voz anotada al margen. Es, en efecto, el comienzo del v. 153 del libro segundo de las <emph>Metamorfosis</emph>. La lectura habitual es <emph>tiro</emph>. Debido a la nota de Ponce, mantengo la variante del manuscrito.</note><note place="margin">Pyro, vno / de los caballos / del sol. Ouid. / Meth. 2. / Interea volu- / cres Pyrocis. / &amp;ª</note></p>
          <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>+oro mordiendo, campos de zafiro+<note place="margin">+Mordiendo / oro el eclipti / co çafiro+</note><note type="app" rend="I">La lectura del manuscrito coincide con la versión primitiva (Rojas, 2015, p. 175; Dámaso alonso, 1936, p. 385; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v); Jammes, 1994, p. 338). Las dos cruces remiten a la anotación marginal. Es la versión definitiva del verso, lo que muestra una vez más que la copiada en el manuscrito es una versión intermedia, a la se incorporaron varias lecturas de la definitiva en los márgenes. Por el tono de la tinta, la anotación parece del revisor que también intervino comentando algunas notas de Ponce.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pisar quería<note type="app" rend="I">«querría» (Rodríguez Moñino, 1984, p. 33, fol. 863v). Error que señalaron Jammes, 1994, p. 338 (añadiendo <emph>sic</emph>) y Rojas, 2015, p. 175.</note>, cuando el<note type="app" rend="I">Es difícil la lectura. Parece haberse escrito primero <emph>al</emph>, y luego corregido.</note> populoso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lugarcillo<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, también en Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v). Rojas, 2015, p. 175, la registra, además, en los mss. BNE 17.719, BNE 3.276, Pérez de Rivas, Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13 y BNLisboa COD. 3.266.</note> el serrano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con su huésped (que admira cortesa[no)]<note type="app" rend="I">El final de <emph>cortesano</emph> se lee con dificultad a causa de la encuadernación.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>715 [714]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a pesar del estambre y de la seda</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el que tapiz frondoso<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente: «el que Bruselas no tapiz frondoso / tejió, sino la rústica arboleda» (Rojas, 2015, p. 176; Dámaso Alonso, 1936, p. 385; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v); Jammes, 1994, p. 340).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tejió,de verdes hojas la arboleda,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y los que por las calles espaciosas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fabrican arcos,rosas,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>720 [719]</p>
      <p>80. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>oblicuos nuevos, pénsiles jardines<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «oblicuos, si no pénsiles jardines» (Rojas, 2015, p. 176; Dámaso Alonso, 1936, p. 385; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v); Jammes, 1994, p. 342).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de tantos<note type="app" rend="I">Parece corregido sobre un inicial <emph>tantas</emph>, que es también la lectura de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v), y de los mss. BNE 17.719, BNE 22.217, Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13 y Pérez de Rivas, según indica Rojas, 2015, p. 176. Sería una nueva actualización de la copia de Ponce.</note> como víolas, jazmines[.]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Al galán novio el montañés presenta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su forastero, luego al venerable</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>padre de la que en sí bella se esconde<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>725 [724]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con ceño dulce, y con silencio afable,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>beldad parlera, gracia muda ostenta</p>
      <p>81. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual<note type="app" rend="I">La <emph>l</emph> se escribió en la parte superior del verso, por la misma mano que copió el poema; parece haber escrito primero <emph>que</emph>, y luego enmendado la <emph>e</emph> en <emph>a</emph> y añadido la <emph>l</emph>.</note> del rizado verde botón donde<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «cual ya del crespo verde botón, donde» (Rojas, 2015, p. 176; Dámaso Alonso, 1936, p. 385; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 33 (fol. 863v); Jammes, 1994, p. 342).</note></p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 24r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>abrevia su hermosura virgen rosa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las cisuras cairela<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>730 [729]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>un color, que la púrpura que cela</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por brújula concede vergonzosa:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>digna la juzga esposa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de un héroe, si no augusto, esclarecido.</p>
      <p>82. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El joven al instante arrebatado<note type="app" rend="I"><emph> arebatado</emph> en el manuscrito.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>735 [734]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la que naufragante,y desterrado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>le condenó a su olvido.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Este pues sol que a olvido<note type="app" rend="I"><emph> que olvido</emph> en el manuscrito; también lee así el ms. BNLisboa COD. 3.266 (Rojas, 2015, p. 177).</note> le condena<note type="app" rend="I">Mantengo el leísmo.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cenizas hizo,las que su memoria</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>negras plumas vistió, que infelizmente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>740 [739]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sordo engendran gusano, cuyo diente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>minador antes lento de su gloria<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y los tres siguientes: «si minador fue lento de su gloria, / inmortal arador es de su pena, / y en la sombra no más del azucena / que del clavel ya quiso acompañada» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 34 (fol. 864r); Dámaso Alonso, 1936, p. 386; Jammes, 1994, p. 346; Rojas, 2015, pp. 177-178).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>inmortal arador fue de su pena;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y en la sombra no más de la<note type="app" rend="I">La <emph>l</emph> se corrigió sobre una <emph>e</emph> o una <emph>c</emph>.</note> azucena</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que del clavel procura acompañada<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>745 [744]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>imitar en la bella labradora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el templado color de la que adora,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 24v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>víbora pisa tal el pensamiento,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que el alma por los ojos desatada<note type="app" rend="I">Este verso y el siguiente (vv. 748-749) faltan en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 34 (fol. 864r).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>señas diera de su arrebatamiento,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>750 [749]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si de zampoñas<note type="app" rend="I">La <emph>z</emph> parece escrita sobre una <emph>s</emph>. Rodríguez-Moñino, 1984, p. 34 (fol. 864r), lee, por error, «campañas».</note> ciento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y de otros aunque bárbaros sonoros</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>instrumentos, no en dos festivos coros</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vírgenes bellas, jóvenes lucidos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>llegaran conducidos.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>755 [754]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El numeroso al fin de labradores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>concurso impacïente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los novios saca,él de años floreciente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>e</emph> y luego se tachó y copió <emph>y</emph>.</note> de caudal más floreciente que ellos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ella la misma pompa de las flores<note type="app" rend="I">«ella misma [espacio en blanco] pompa de las flores» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 34, fol. 864r); omisión que ya indicó Rojas, 2015, p. 178.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>760 [759]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la esfera misma de los rayos bellos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El lazo<note type="app" rend="I">La <emph>z</emph> parece escrita sobre una <emph>s</emph>. Como antes con <emph>zampoñas</emph>, se corrige el seseo. En ambos casos parece enmienda del mismo copista del poema.</note> de ambos cuellos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entre un lacivo<note type="app" rend="I"><emph> laçivo</emph> en el manuscrito.</note> enjambre iba de amor[es]<note type="app" rend="I">El final de la palabra se lee con dificultad a causa de la encuadernación. Ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r): «entre lascivo enjambre iba de amores»; Jammes, 1994, p. 350, la considera variante de autor; Rojas, 2015, p. 178, error por omisión.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Himeneo anudando<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, no <emph>añudando</emph>. En varias ocasiones, el copista no ha marcado el signo de la <emph>ñ</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras invoca<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, por el habitual <emph>invocan</emph>. Como señala Rojas, 2015, p. 179, también leen en singular los mss. BNE 17.719, BNLisboa COD. 3.266 y las <emph>Lecciones solemnes</emph> de Pellicer; el ms. de Rodríguez Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r), lee, por error, «iban».</note> su deidad<note type="app" rend="I">La última <emph>d</emph> se copia en la parte superior del verso.</note> la alterna<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>765 [764]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de zagalejas<note type="app" rend="I"><emph> sagalejas</emph> en el manuscrito, con seseo; puede relacionarse con los casos en los que se ha corregido una <emph>z</emph> sobre lo que parecía una <emph>s</emph>. El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r), lee «çagalas».</note> cándidas voz tierna,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y de garzones este acento<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 387, «el acento»; Rojas, 2015, p. 179, la considera error.</note> blando,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 25r"/>
      </p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <hi rend="sc">coro primero</hi>
      </p>
      <p>83. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Ven Himeneo<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>Hymenego</emph> y se después se tachó la <emph>g</emph>.</note>, ven donde te espera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con ojos,y sin alas un Cupido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyo cabello intonso<note type="app" rend="I">El ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r), lee «intento», por error.</note>, dulcemente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>770 [769]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>niega el vello que el vulto<note type="app" rend="I">El manuscrito copia «culto»; así leen los mss. BNE 17.719, BNLisboa COD 3.266 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 1 (este último con corrección en <emph>v</emph>), como señala Rojas, 2015, p. 179, quien lo cree error. </note> ha colorido<note type="app" rend="I">Este verso falta en Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r); ya lo indicó Rojas, 2015, p. 179.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el vello<note type="app" rend="I">Se escribió bello y se corrigió la v con trazo más oscuro.</note> flores de su primavera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y rayos<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «si rayos» (Rojas, 2015, p. 179; Dámaso Alonso, 1936, p. 387; Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r); Jammes, 1994, p. 352).</note>, el cabello de su frente.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Niña<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «niño»; en femenino leen también los mss. BNE 17.719 y BNLisboa COD 3.266 (Rojas, 2015, p. 179).</note> amó, la que adora adolesciente<note type="app" rend="I">«niño amó, la adora adolescente» (Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35, fol. 864r); Rojas, 2015, p. 179 señaló el error.</note>,</p>
      <p>84. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>villana Psique<note type="app" rend="I">El manuscrito parece leer <emph>Psiche</emph>, aunque es difícil determinar si lo que creo prolongación final de la <emph>e</emph> representa una <emph>s</emph>.</note>, ninfa labradora,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>775 [774]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la tostada Ceres<note type="app" rend="I">La <emph>C</emph> se escribió con trazo más oscuro y grueso.</note> esta ahora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en los inciertos de su edad segunda</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>crepúsculos; vincule tu coyunda<note type="app" rend="I">Después se copió el verso «prolija noche, dilatada aurora», que fue tachado con tinta más oscura. Este verso estaba en la versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 387, como recuerda Jammes, 1994, p. 354, para quien es un probable error de copista que destruye la regularidad de la estrofa y no encaja en el contexto. Rojas, 2015, p. 180, registra este verso en los mss. BNE 17.719, BNLisboa COD. 3.266 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13; considera que puede ser una variante intermedia de autor. No aparece en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r). Se trata de un nuevo caso que muestra el carácter intermedio de la versión copiada en el manuscrito de Ponce, y las correcciones que la acercan más a la definitiva. </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a su ardiente deseo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ven Himeneo, ven<note type="app" rend="I">Este <emph>ven</emph> se copió en la parte superior del verso. Sucede varias veces a lo largo de los coros; la letra parece la de Ponce, sin que pueda descartarse al mismo copista de la <emph>Soledad primera</emph>.</note> ven Himeneo»<note type="app" rend="I">Aquí termina la primera parte de la copia conservada en el ms. de Rodríguez-Moñino, 1984, p. 35 (fol. 864r). Luego, otro copista añadió en ese mismo manuscrito cuatro estrofas que, como indica Jammes (en Rodríguez-Moñino, 1984, p. 4), corresponden a una segunda etapa en la redacción del poema, no muy alejada de la anterior; ver también Rojas, 2015, p. 180.</note>[.]<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>780 [779]</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <hi rend="sc">coro segundo</hi>
        <note type="app" rend="I"><emph> 2º</emph> en el manuscrito.</note>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Ven Himeneo donde entre arreboles</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de honesto rosicler,previene el día</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>aurora de sus ojos soberanos</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 25v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>virgen,tan bella que hacer podría</p>
      <p>85. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tórrida la Noruega,con dos soles<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>785 [784]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y blanca la Etïopia,con dos manos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Claveles del abril, rubíes tempranos<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «Claveles, si rubíes no, tempranos» (Rojas, 2015, p. 181; Jammes, 1994, p. 356; Dámaso Alonso, 1936, p. 388; Rm-6709, fol. 864r). Como se ha indicado en la nota anterior, a partir de aquí señalo el folio de las variantes contenidas en las cuatro estrofas añadidas por otra mano en el ms. de Rodríguez-Moñino, que no se recogen en el trabajo de 1984.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantos engasta el oro del cabello,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantas, del uno ya y del otro cuello<note type="app" rend="I">«cuantas, del uno ya, del otro cuello», versión primitiva para Dámaso Alonso, 1936, p. 388, y Jammes, 1994, p. 356. Rojas, 2015, p. 181, lo considera error por omisión de la conjunción <emph>y</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cadenas, la concordia engaza rosas<note type="app" rend="I">Parece haberse escrito primero <emph>rroças</emph>, y luego corregido la<emph> s</emph> sobre la <emph>ç</emph>.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>790 [789]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de sus mejillas(siempre vergonzosas)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>purpúreo son trofeo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ven Himeneo<note type="app" rend="I"><emph> Hymeno</emph> en el manuscrito.</note>, ven ven<note type="app" rend="I">Este <emph>ven</emph> se copió en la parte superior del verso. Parece corrección de Ponce, sin que pueda descartarse al copista del poema.</note> Himeneo».</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><hi rend="sc">coro</hi> 1</p>
      <p>86. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Ven Himeneo y plumas no vulgares</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al aire los hijuelos den alados<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>795 [794]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de las que el bosque verdes ninfas cela</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <hi rend="u">de sus carcajes, estos, ar
        g
        entados</hi>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><hi rend="u">nieven mosquetas, flechen azahares</hi>,*<note place="bottom" resp="author">Así en el manuscrito, por la habitual lectura: «flechen mosquetas, nieven azahares». El asterisco remite al margen izquierdo, donde Ponce anota lo siguiente sobre los dos versos subrayados en el manuscrito: «Claud. / Épital. / Paladij. / Largosque / rosarum / imbres, et / violas ple- / nis sparse- / re phare- /tris». La cita es de parte del verso 117 y el verso 118 del <emph>Ephitalamium dictum Palladio V. C. et Celerinae</emph>, de Claudio Claudiano: «desuper inuertunt calathos, largosque rosarum / imbres et uiolas plenis sparsere pharetris» («vacían encima canastillos rojos de flores primaverales y abundante lluvia de rosas y esparcieron de sus repletas aljabas violetas»; trad. M. Castillo Bejarano, 1993). Esta evocación del poema de Claudiano fue señalada también en la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (pp. 337-339).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vigilantes,aquellos la aldegüela</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rediman del que más,o tardo vuela<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>800 [799]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o infausto gime, pájaro noturno</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mudos coronen otros por su turno</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el dulce lecho conyugal<note type="app" rend="I">Parece haberse escrito antes <emph>congugal</emph> y luego enmendado en <emph>conjugal</emph>.</note>, en cuanto</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 26r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lasciva abeja al virginal acanto<note type="app" rend="I">Versión primitiva: «breve no abeja al virginal acanto» (Rojas, 2015, p. 182; Dámaso Alonso, 1936, p. 388; Jammes, 1994, p. 360; Rm-6709, fol. 864v).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>néctar le chupa hibleo.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>805 [804]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ven Himeneo ven ven<note type="app" rend="I">Este <emph>ven</emph> fue añadido en la parte superior del verso, como en casos anteriores.</note> Himeneo».</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><hi rend="sc">coro</hi> 2</p>
      <p>87. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Ven Himeneo, y las volantes pías</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(que azules ojos con pestañas de oro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sus plumas son) conduzga<emph>n</emph><note type="app" rend="I">La <emph>d</emph> y la <emph>z</emph> fueron corregidas sobre el trazo inicial.</note> alta diosa,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>gloria mayor del soberano coro:<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>810 [809]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fíe tus nudos ella que los días</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>disuelvan tarde en senectud<note type="app" rend="I"><emph> sinetud</emph> en el manuscrito.</note> d<emph>ic</emph>hosa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y la que Juno es hoy a nuestra esposa<note type="app" rend="I">Lectura del ms. BNE 3.975: «y la que es Juno hoy a nuestra esposa»; Dámaso Alonso, 1936, p. 388, la consideró versión primitiva; Rojas, 2015, p. 183, no la registra en su cotejo y la cree error de copia.</note></p>
      <p>88. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>casta Lucina(en lunas desiguales)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tantas veces,repita sus umbrales<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>815 [814]</p>
      <p>89.<hi rend="color_FF0000 note"><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><note>C La <emph>N</emph> está corregida sobre lo que parece una <emph>n</emph> minúscula.</note></hi>que Níobe, inmortal, la admire el mun[do]<note type="app" rend="I">La secuencia -<emph>do</emph> apenas no se lee por el corte del folio a causa de la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no en blanco mármol(por su mal fecundo)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>escollo hoy<note type="app" rend="I">La <emph>o</emph> está corregida sobre una <emph>a</emph>.</note> del Leteo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ven Himeneo ven<note type="app" rend="I">Como en casos anteriores, este <emph>ven</emph> fue añadido en la parte superior del verso.</note> ven Himeneo».</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><hi rend="sc">coro</hi> 1</p>
      <p>90. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Ven Himeneo y nuestra agricultura<note type="app" rend="I"><emph> agricoltura</emph> en el manuscrito.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>820 [819]</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 26v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de copia tal, a estrellas deba amigas<note type="app" rend="I">En el manuscrito se copió: «de copia tal, estrellas deua»; restituyo la <emph>a</emph>.Versión primitiva: «deba a los que a tus leyes hoy obligas» (Rojas, 2015, p. 183; Jammes, 1994, p. 364; Rm-6709, fol. 864v).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>progenie<note type="app" rend="I"><emph> proginie</emph> en el manuscrito. El trazo de la <emph>o</emph> y la última <emph>i</emph> fue reforzado.</note> tan robusta, que su mano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>toros dome, y de un rubio mar de espigas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>inunde liberal la tierra dura.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Y al verde joven floreciente llano<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente: «y al joven hagan floreciente llano / blancas ovejas suyas, si no cano» (Rojas, 2015, p. 184; Dámaso Alonso, 1936, p. 389; Jammes, 1994, p. 364; Rm-6709, fol. 864v). A partir de aquí no hay más variantes de la versión primitiva en Rm-6709.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>825 [824]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>blancas ovejas<note type="app" rend="I"><emph> obijas</emph> en el manuscrito.</note> suyas hagan, cano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en breves horas,caducar la hierba.</p>
      <p>91. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Oro la expriman líquido<note type="app" rend="I">Voz añadida en la parte superior del verso; pudiera haber sido añadida por el mismo copista del poema.</note> a Minerva<note type="app" rend="I">Versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 389: «oro le exprima líquido Minerva»; también la recoge Jammes, 1994, p. 364; Rojas, 2015, p. 184, la considera error.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ylos olmos casando con las vides,</p>
      <p>92. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras coronan pámpanos a Alcides<note type="app" rend="I">La secuencia <emph>-ides</emph> se lee con dificultad por el corte del folio.</note> <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>830 [825]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>clava empuñe Liëo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ven Himeneo ven<note type="app" rend="I">Como en otros casos, este <emph>ven</emph> fue añadido en la parte superior del verso, creo que por Ponce.</note> ven Himeneo».</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><hi rend="sc">coro</hi> 2</p>
      <p>93. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«Ven Himeneo y tantas le dé a<note type="app" rend="I">La <emph>a</emph> se añade en la parte superior de la línea.</note> Pales</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantas a Palas dulces prendas esta<note type="app" rend="I">La <emph>a</emph> final se lee con dificultad a causa de la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>apenas hija hoy, madre mañana,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>835 [834]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de errantes lilios unas, la floresta<note type="app" rend="I">La secuencia -<emph>ta</emph> se lee con dificultad a causa de la encuadernación. Versión primitiva de este verso y los dos siguientes: «Corderos guarden que, de la floresta / errantes lilios, beban los cristales / restituidos ya en undosa lana» (Rojas, 2015, p. 185; Dámaso Alonso, 1936, p. 389; Jammes, 1994, p. 364).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cubran corderos mil,que los cristales</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vistan del río, en breve<note type="app" rend="I">La <emph>e</emph> final parece corregida sobre una <emph>a</emph>.</note> undosa lana,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 27r"/>
      </p>
      <p>94. <space rend="tab">    </space>de Aragnes otras la arrogancia vana</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Modestas,acusando en blancas telas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>840 [839]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no los hurtos de amor;no las cautelas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de Júpiter, compulsen: que aun en lino<note type="app" rend="I">La <emph>l</emph> final fue corregida sobre una <emph>h</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ni a la pluvia lusciente de oro fino</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ni al blanco cisne creo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ven Himeneo ven<note type="app" rend="I">Este <emph>ven</emph> fue añadido en la parte superior del verso. </note> ven Himeneo».<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>845 [844]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El dulce alterno canto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a sus umbrales revocó,felices,</p>
      <p>95. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los novios del vecino templo santo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del yugo aun no domadas las cervices<note type="app" rend="I">La versión primitiva (vv. 848-851 de la definitiva) era más extensa: «No sacudiendo, no, de las cervices, / novillos mal domados / las impuestas del yugo duras leyes, / sino en florida edad uncidos bueyes, / pendientes reduciendo los arados / al que pajizo albergue los aguarda» (Rojas, 2015, p. 186; Dámaso Alonso, 1936, p. 390; Jammes, 1994, p. 370).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>novillos, breve término surcado<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>850 [849]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>restituyen así el pendiente arado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al que pajizo albergue los aguarda.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Llegaron todos pues, y con gallarda</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>civil manificiencia<note type="app" rend="I"><emph> manifiçiençia</emph> en el manuscrito. Rojas, 2015, 186, registra <emph>magnificiencia</emph> en los mss. BNE 4.075 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13. Mantengo la forma, pues esas variantes se encuentran en el XVII.</note>, el suegro anciano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuantos la sierra dio, cuantos dio el llano<note type="app" rend="I">Versión primitiva de los vv. 854-864: «cuantos la sierra dio, cuantos [dio] el llano / labradores convida / a la prolija sin primor comida / que en mesas prevenido les ha grandes. / No sobre crespas blancas esculturas / que artífice ostentó de dobladuras / en los que damascó manteles Flandes, / sobre casero lino Ceres tanta / cuanta Pomona conservó ya el heno / con los pomos, hallaron / que tan mal las Hespérides guardaron, / si no ya los que al curso de Atalanta / fueron dorado freno» (Dámaso Alonso, 1936, pp. 390-391; Jammes, 1994, p. 372; Rojas, 2015, pp. 186-188, que considera error la omisión de <emph>dio</emph> en el v. 854 en los mss. BNE 17.719 y BNLisboa COD 3.266, omisión aceptada por Dámaso Alonso y Jammes).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>855 [854]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>labradores convida,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la prolija rústica comida,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 27v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que (sin rumor) previno en<note type="app" rend="I">El trazo de la <emph>n</emph> fue reforzado sobre lo que parece una anterior <emph>m</emph>. </note> mesas grandes,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ostente<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>obstente</emph> y luego se tachó la <emph>b</emph>. </note> crespas blancas<note type="app" rend="I"><emph> blanças</emph> en el manuscrito. </note> esculturas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>artífice gentil de dobladuras<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>860 [859]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en los que damascó manteles Flandes;</p>
      <p>96. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras casero lino Ceres tanta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ofrece ahora cuantos guardó el heno</p>
      <p>97. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dulces pomos, que al curso de Atalanta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fueran dorado freno.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>865 [864]</p>
      <p>98. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Manjares que el veneno</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y el apetito,ignoran igualmente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>les sirvieron y en oro no luciente<note type="app" rend="I">La secuencia <emph>no luciente</emph> fue corregida sobre una anterior que no he podido conjeturar. Pudiera ser incluso un intento de aclarar la lectura de esa misma secuencia. Versión primitiva de este verso y los dos siguientes: «les ministraron; y en resplandeciente, / oro no, Baco, ni en bruñida plata / confuso sus licores les desata» (Rojas, 2015, pp. 188-189; Dámaso Alonso, 1936, p. 391; Jammes, 1994, p. 376).</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>confuso Baco, ni en bruñida<note type="app" rend="I"><emph> brunida</emph> en el manuscrito. </note> plata,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su néctar les desata<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>870 [869]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sino en<note type="app" rend="I">Voz añadida en la parte superior del verso; como en los casos de <emph>ven</emph>, parece mano de Ponce. </note> vidrios<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; la lectura habitual es <emph>vidrio</emph>. </note>, topacios carmesíes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y pálidos<note type="app" rend="I">La <emph>l</emph> se corrigió sobre lo que parece una <emph>n</emph> o una <emph>t</emph>. </note> rubíes;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sellar del fuego quiso, regalado,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los gulosos,estómagos el rubio</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>imitador süave de la cera<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>875 [874]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>quesillo dulcemente apremïado<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y los dos siguientes, más breve: «breve quesillo, sí, mas de vaquera / blanca mano exprimido, cuyas venas» (Rojas, 2015, p. 189; Dámaso Alonso, 1936, p. 391; Jammes, 1994, p. 380). </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de rústica vaquera</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 28r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>blanca hermosa mano cuyas venas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la distinguieron de la leche apenas.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Mas ni la encarcelada nuez esquiva<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>880 [879]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ni el membrillo,pudieran, añudado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si la sabrosa oliva</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no serenara<note type="app" rend="I"><emph> sirenara</emph> en el manuscrito. </note> el bacanal diluvio<note type="app" rend="I">Hasta aquí llega la reconstrucción de la versión primitiva de la <emph>Soledad primera</emph> llevada a cabo por Dámaso Alonso, 1936. Para Rojas, 2015, pp. 80-81 y 190, en el verso siguiente comienza una tercera fase de redacción, entre poco antes de mayo de 1613 y el 11 de mayo de 1613, que abarcaría los vv. 883-1091.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Levantadas las mesas al canoro</p>
      <p>99. <space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>son de la ninfa un t<emph>iem</emph>po, ahora caña<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>885 [884]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>seis de los montes, seis de la campaña</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sus espaldas rayando el sutil oro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que negó al viento el nácar bien tejido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>terno de Gracias bello, repetido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuatro veces en doce labradoras,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>890 [889]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entró bailando,numerosamente,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y dulce Musa entre ellas, si consiente<note type="app" rend="I">La <emph>s</emph> fue remarcada para corregir una grafía anterior. </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>bárbaras el Parnaso,moradoras,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>«vivid felices —dijo—</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>largo curso de edad,nunca prolijo<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>895 [894]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y si prolijo, en nudos amorosos</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 28v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>siempre vivid esposos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Venza no solo en su candor la nieve,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mas plata en su esplendor sea cardada</p>
      <p>100. <space rend="tab">    </space>cuanto estambre vital Cloto<note type="app" rend="I">La secuencia <emph>Cl</emph> fue corregida sobre lo que parece una inicial <emph>ll</emph>. </note> os traslada<note type="app" rend="I">La <emph>a</emph> final no se lee a causa de la encuadernación. </note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>900 [899]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la alta fatal rueca al huso breve.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Sean de la Fortuna</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Aplausos,la respuesta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de vuestras granjerías;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la reja importuna<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>905 [904]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la azada molesta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fecundo os rinda en desiguales<note type="app" rend="I"><emph> disiguales</emph> en el manuscrito. </note> días</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el campo agradecido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>oro trillado,y néctar exprimido.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Sus morados cantuesos, sus copadas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>910 [909]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Encinas, las montañas<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «la montaña».</note> contar antes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dejen<note type="app" rend="I">La <emph>n</emph> fue añadida en la parte superior del verso, para lograr la concordancia con <emph>las montañas</emph>. En singular lee la versión definitiva (Carreira, 2015, p. 447; Jammes, 1994, p. 387). Rojas, 2015, p. 191, no registra variantes en este verso en los testimonios que coteja.</note> que vuestras cabras, siempre errant[es,]<note type="app" rend="I">El final del verso no se lee por la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que vuestras vacas, tarde,u nunca herradas.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Corderillos os brote la ribera<note type="app" rend="I">Versión primitiva de los vv. 913-918, encontrada por Dámaso Alonso, 1955, pp. 282-284, en el ms. Pérez de Rivas: «En número de hoy más con la menuda / hierba, si no con la agua cristalina / compitan, de este río y su ribera, / cuantas ovejas vuestras la tijera / raso les hace blanco de la China / la felpa que ya, riza, les desnuda». Ver también Jammes, 1994, p. 386, quien recoge la información y, como Dámaso Alonso, considera más lograda la versión definitiva; también la examina Rojas, 2015, pp. 191-192.</note>,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 29r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que la hierba menuda,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>915 [914]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y<note type="app" rend="I">La <emph>i</emph> fue escrita sobre un<emph> que</emph> tachado. </note> las perlas exceda, del rocío</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su número, y del río</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la blanca espuma;cuantos la tijera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vellones le<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar del habitual <emph>les</emph>. Parece error por haplografía, frecuente en contextos silábicos del tipo <emph>les-des</emph>; también se registra en el ms. BNE 3.906 y en Salcedo (Rojas, 2015, p. 192).</note> desnuda.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tantos de breve fábrica(aunque ruda)<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>920 [919]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>albergues vuestros las abejas moren</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y primaveras tantas os desfloren,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que, cual la Arabia madre<note type="app" rend="I">Se corrigió la <emph>d</emph> sobre una letra anterior, y se añadió la <emph>e</emph> encima de la <emph>r</emph>.</note> ve de aromas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sacros troncos sudar fragrantes<note type="app" rend="I">La segunda <emph>r</emph> fue añadida en la parte superior de la línea.</note> gomas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>v<emph>uest</emph>ros corchos por uno y otro poro<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>925 [924]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en dulce se desaten líquido oro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Próspera al fin, mas no espumosa tanto<note type="app" rend="I">La <emph>t</emph> y la <emph>o</emph> finales no se leen por haber sido cortado borde del folio, probablemente en la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>v<emph>uest</emph>ra fortuna sea,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que alimenten, la Invidia nuestra<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, por el habitual «en nuestra aldea», que resulta más adecuado gramaticalmente.</note> al[dea]<note type="app" rend="I">La secuencia <emph>dea</emph> no se lee por haber sido cortado borde del folio, probablemente en la encuadernación. </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><hi rend="u">áspides</hi><note place="bottom" resp="author">Se subraya la palabra, y en el margen izquierdo Ponce anota: «vease la nota 12». En esa nota (fols. 44r-44v), Ponce incluye referencias eruditas sobre la relación del áspid con la envidia. </note> más que la región<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «en la región»; omisión que también comete (y luego corrige) el ms. Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13., según señala Rojas, 2015, p. 193. </note> del llanto<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>930 [929]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entre opulencias,y necesidades,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>medianías vinculen, competentes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a vu<emph>est</emph>ros decendientes</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 29v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>previniendo ambos daños, las edades<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Orat. l. 2. / Saepius / ventis agi- / tatur i<emph>n</emph>g- / ens pinus, / et celsae / grauiore / casu deci- / dunt turres; / feriuntq<emph>ue</emph>; / svmmos / fulmina / monteis. / Ode. 10.». Son los vv. 9-12 de la oda 10 del libro 2 de Horacio («Al pino ingente más el viento azota; / con más estruendo cae la torre insigne; / el rayo suele herir las altas cumbres / de las montañas», trad. M. Fernández Galiano, Madrid, Cátedra, 1990). Las ediciones leen <emph>fulgura</emph> en lugar de <emph>fulmina</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ilustren obeliscos las ciudades<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>935 [934]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a los rayos de Júpiter,expuesta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>aun más que a los de Febo, su corona</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando a la choza pastoral perdona</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el cielo, fulminando la floresta.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Cisnes pues, una y otra pluma en esta<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>940 [939]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tranquilidad,os halle labradora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la postrimera hora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuya lámina cifre desengaños</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en letras pocas,lean muchos años».</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Del himno culto dio el último acento<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>945 [944]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fin mudo al baile al t<emph>iem</emph>po, que seguida<note type="app" rend="I"><emph> siguida</emph> en el manuscrito.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la novia sale,de villanas ciento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la verde florida palizada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual nueva <hi rend="u">Fénix</hi><note place="bottom" resp="author">Se subraya la palabra y, en el margen izquierdo, Ponce escribe: «vease la nota 55.».  En dicha nota (fols. 59r-59v) habla de esa ave mitológica.</note> en flam<emph>an</emph>tes plumas<note type="app" rend="I">El final de la voz se lee con dificultad por el cosido de la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>matutinos del Sol rayos vestida<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>950 [949]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de cuanto<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar del habitual femenino «cuanta», que guarda la concordancia con «monarquía canora». El final de la voz se lee con dificultad: parece haberse escrito primero <emph>quantos</emph> y luego tachado la <emph>s</emph> final y cerrado el trazo de la <emph>o</emph>. Rojas, 2015, p. 194, constata las vacilaciones de los copistas en esta voz; así, leen en masculino singular los mss. BNE 4.075, 4.118, 22.217, y Palacio Real II/2.801; en masculino plural, el ms. BNLisboa COD. 3.266; en femenino singular los restantes de su cotejo.</note> surca el aire acompañada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>monarquía canora,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 30r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y vadeando nubes las espumas<space rend="tab">    </space></p>
      <p>101. <space rend="tab">    </space>del rey corona de los otros ríos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en cuya orilla el viento hereda ahora<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>955 [954]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pequeños no vacíos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de funerales bárbaros trofeos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que el Egipto,erigió a sus Ptolomeos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Los árbores que el bosque habían fingido</p>
      <p>102. <space rend="tab">    </space>umbroso coliseo, ya formando<note type="app" rend="I">Primero parece haberse escrito <emph>ya famado</emph>, y luego se corrigió sobrescribiendo la <emph>o</emph> y añadiendo la <emph>r</emph> y <emph>n</emph> que faltaban en la parte superior de la línea; parece la misma mano que copió el poema. </note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>960 [959]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>despejan el ejido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>olímpica palestra,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de valientes desnudos labradores.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Llegó la desposada apenas, cuando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>feroz ardiente muestra<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>965 [964]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hicieron dos robustos luchadores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de sus músculos, menos defendidos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del blanco lino,que del vello oscuro,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>abrazáronse pues los dos y luego</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>humo anhelando<note type="app" rend="I"><emph> han helando</emph> en el manuscrito. </note>, el que no suda fuego<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>970 [969]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de recíprocos<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>recipros</emph>, y luego se corrigió la <emph>c</emph> sobre la <emph>s</emph> final y se añadió <emph>os</emph> en la parte superior de la línea. La correción parece de la misma mano que copió el texto del poema.</note> nudos impedidos,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 30v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual duros olmos de implicantes vides,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hiedra el uno es tenaz, el otro muro<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «del otro». Rojas, 2015, p. 195, consigna el error «el otro» en el ms. Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13.</note>,</p>
      <p>103. <space rend="tab">    </space>mañosos al fin hijos de la tierra</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando fuertes<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>fueredes</emph> y luego se corrigió. </note> no Alcides<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>975 [974]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>procuran derribarse;y derribados</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cual pinos se levantan arraigados</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en los profundos senos<note place="bottom"><emph>seños</emph> en el manuscrito. </note> de la sierra.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Premio los honra igual, y de otros cuatro<note type="app" rend="I">La voz se lee con dificultad a causa del cosido de la encuadernación. </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ciñe las sienes<note type="app" rend="I"><emph> çienes</emph> en el manuscrito. </note> glorïosa rama<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>980 [979]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con que se puso<note type="app" rend="I">Parece haberse escrito primero <emph>puro</emph> y luego corregido la <emph>s</emph>. </note> término a la lucha.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Las dos partes rayaba del teatro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el Sol, cuando arrogante joven llama</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al expedido<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>ynpedido</emph>; luego se tachó <emph>yn</emph> y se escribió encima <emph>ex</emph>; el tono de la tinta es algo más oscuro. Rojas, 2015, p. 195, registra <emph>impedido</emph> el ms. BNE 22.217.  </note> salto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la bárbara corona que lo escucha;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>985 [984]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>arras del animoso desafío</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>un pardo gabán fue en el verde suelo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a quien se abaten ocho o diez soberbios<note type="app" rend="I">El final de la voz se lee con cierta dificultad por el cosido de la encuadernación. </note><space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>montañeses, cual suele de lo alto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>calarse turba de invidiosas aves<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>990 [989]</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 31r"/>
      </p>
      <p>104.<space rend="tab">    </space>a los ojos de Ascálafo vestido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de perezosas plumas. Quién de graves</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>piedras,las duras manos impedido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su agilidad pondera,quién sus nervios</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>desata estremeciéndose gallardo.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>995 [994]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Besó la raya<note type="app" rend="I">La voz <emph>raia</emph> se escribe en la parte superior de la línea, encima de un tachado <emph>tierra</emph>. El tono de la tinta es, como en otros casos, más oscuro; pudiera ser enmienda del mencionado revisor. También leían <emph>tierra</emph> los mss. BNE 22.217 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13., según indica Rojas, 2015, p. 196, quien la considera una trivialización de copista.</note> pues el pie desnudo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del suelto mozo, y con airoso vuelo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pisó del viento lo que del ejido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tres veces ocupar pudiera un dardo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La admiración vestida un mármor frí[o]<note type="app" rend="I">La <emph>o</emph> final no se lee, por haberse cortado el borde del folio, probablemente en el proceso de encuadernación.</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1000 [999]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>apenas arquear las cejas pudo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La emulación<note type="app" rend="I">Se escribe en la parte superior de la línea, con tinta más oscura (puede que obra del revisor) y encima de un tachado <emph>admiraçion</emph>, que había sido claro error de copia por aparición de esa palabra dos versos antes. </note> calzada un duro hielo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>torpe se arraiga, bien que impulso nobl[e]<note type="app" rend="I">La <emph>e</emph> final no se lee, por haberse cortado el borde del folio, probablemente en el proceso de encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de gloria (aunque villano solicita)<note type="app" rend="I">El trazo de los dos signos del paréntesis es débil.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a un vaquero de aquellos montes grueso<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1005 [1004]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>membrudo fuerte roble<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>robre</emph> y luego se corrigió <emph>roble</emph>.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que ágil,a pesar de lo robusto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al aire se arrebata, violentando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lo grave,tanto que lo precipita.</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 31v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Í<hi rend="u">caro</hi><note place="bottom" resp="author">Ponce subraya la voz y escribe en el margen izquierdo: «véase la not. 18». En esa nota (fols. 45v-46r) se habla de dicho personaje mitológico.</note> montañés, su mismo peso<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1010 [1009]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la menuda hierba el seno blando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>piélago duro hecho a su rüina.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Si no tan corpulento más adusto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Serrano, le<note type="app" rend="I">Mantengo el leísmo.</note> sucede</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que iguala,y aun excede<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1015 [1014]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al ayuno leopardo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al corcillo travieso, al muflón sardo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que de las rocas trepa a la marina</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sin dejar (ni aun pequeña)<note type="app" rend="I"><emph> pequena</emph> en el manuscrito.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del pie ligero, bipartida seña<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce escribe la siguiente explicación: «sin dejar / señal de / ambos pies». El comentario encaja con que, en su <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad (fol. 93v), <emph>bipartida</emph> sea una de las cinco voces extrañas que reconoce en el poema de Góngora.</note>.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1020 [1019]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Con más felicidad que el preceden[te]<note type="app" rend="I">La última sílaba no se lee debido al cosido de la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pisó las huellas<note type="app" rend="I"><emph> hullas</emph> en el manuscrito.</note> casi del primero,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el adusto vaquero.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Pasos otro dio al aire, al suelo coc[es]<note type="app" rend="I">La secuencia <emph>es</emph> no se lee por el cosido de la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ypremïados gradüadamente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1025 [1024]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>advocaron a sí toda la gente,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cierzos del llano,y austros de la sierr[a]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mancebos tan veloces</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 32r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que cuando <hi rend="u">Ceres</hi><note place="bottom" resp="author">Ponce subraya la voz y escribe en el margen izquierdo. «ve la nota / 84.». Al final de esa nota (fol. 72r) se habla de Ceres, diosa de los sembrados.</note> más dora la tierra<note place="bottom" resp="author">En el margen derecho Ponce anota: «estos 7. versos / son ymitados / de Virg. en los / vltim / del 7 / hablando de Camilla / Illa vel intactae segetis / per summa volare. etc / con los 3 / versos sig». El corte del borde del folio no permite leer bien el final de las líneas de esta anotación. Se trata, en efecto, de los versos 808-811 del libro 7 de la <emph>Eneida</emph>: «Illa uel intactae segetis per summa uolaret / gramina nec teneras cursu laesisset aristas, / uel mare per medium fluctu suspensa tumenti / ferret iter celeris nec tingeret aequore plantas» («Ella volaría sobre las crestas de un sembrado / sin tocarlas, ni rozaría en su carrera las tiernas espigas / o en medio del mar suspendida sobre las olas hinchadas / se abriría camino sin que las aguas tocasen sus plantas veloces», trad. R. Fontán Barreiro, Madrid, Alianza Editorial, 1986). </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y argenta el mar desde sus grutas hondas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1030 [1029]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><hi rend="u">Neptuno</hi><note place="bottom" resp="author">Ponce subraya la voz y anota en el margen izquierdo: «Véase, la nota 48». En ella explica el sentido de los versos 413 («Abetos suyos tres») y siguientes: «Dice que de tres naves vio Neptuno, dios de las aguas, pisadas las arenas no tocadas hasta entonces de otro alguno.<hi rend="u"> Estas fueron las que llegaron a descubrir y conquistar las nuevas Indias del Oriente</hi>» (fol. 56r).</note> sin fatiga</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su vago pie de pluma</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>surcar pudiera mieses, pisar ondas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sin inclinar espiga</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sin vïolar espuma.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1035 [1034]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Dos veces eran diez, y dirigidos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a dos olmos que quieren abrazados</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ser palios verdes ser frondosas <hi rend="u">metas</hi><note place="bottom" resp="author">Ponce subraya la voz y anota en el margen izquierdo: «Véase, la nota 67.».  En ella (fols. 64v-65r) habla de la voz <emph>meta</emph> a propósito del verso 581 («meta umbrosa al vaquero convecino»). </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>salen cual de torcidos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>arcos, u nervïosos,u acerados,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1040 [1039]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con silbo igual, dos veces diez saetas<note type="app" rend="I">El trazo final de la <emph>s</emph> parece haber sido corregido sobre una grafía anterior.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>No el polvo desparece</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el campo, que no pisan alas hierba</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>es el más torpe una herida cierva</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el más tardo la vista desvanece.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1045 [1044]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ysiguiendo al más lento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cojea<note type="app" rend="I"><emph> cogia</emph> en el manuscrito.</note> el pensamiento.</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 32v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El tercio casi de una milla era</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la prolija carrera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que los hercúleos troncos hace breves<note place="bottom" resp="author">Ponce anota en el margen izquierdo: «vease la no / ta. 75-». En esa nota (fol. 22r) habla de los olmos dedicados a Alcides a propósito del verso 659 («De Alcides lo llevó luego a las plantas,»).</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1050 [1049]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pero las plantas leves</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de tres sueltos zagales</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la distancia sincopan tan iguales</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que la atención confunden<note type="app" rend="I"><emph> confundan</emph> en el manuscrito; error por <emph>confunden</emph>.</note> judiciosa[.]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>De la peneida virgen desdeñosa<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo Ponce anota: «Daphne / hija de Pe- / neo, oy lau / urel. ouid. / Metham. / primo.».</note><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1055 [1054]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los dulces fugitivos miembros bellos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la corteza<note type="app" rend="I">El trazo de la <emph>z</emph> ha sido corregido sobre el anterior de una <emph>j</emph>.</note> no abrazó reciente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>más firme Apolo, más estrechamente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que de una y otra meta<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «y de otra meta»; también omiten la preposición los mss. BNE 3.726 y Bodleian Library Arch. Seld. A. II 13., según indica Rojas, 2015, p. 198.</note> glorïosa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las duras,basas abrazaron ellos<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1060 [1059]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con triplicado nudo:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>árbitro Alcides en sus ramas dudo<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo Ponce anota: «La nota / 75.». En esa nota (fol. 22r), a la que ya ha remitido antes,  habla de los olmos dedicados a Alcides a propósito del v. 659.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que el caso decidiera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>bien que su menor hoja, un ojo fuera<note type="app" rend="I">El final de la voz se lee con dificultad por el cosido de la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del lince más agudo.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1065 [1064]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>En tanto pues que el palio neutro pen[de]<note type="app" rend="I">La sílaba final de <emph>pende</emph> apenas se lee por el cosido de la encuadernación.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y la carroza de la luz deciende</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 33r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a templarse en las ondas, Himeneo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por templar en los brazos,el deseo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del galán novio, de la esposa bella<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1070 [1069]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los rayos anticipa de la estrella</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cerúlea<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo Ponce escribe: «Venus hija / de la espuma / del mar».</note>, ahora ya purpúrea guía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de los dudosos términos del día.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El jüicio, al de todos indeciso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del concurso ligero,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1075 [1074]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el padrino con tres,de limpio acero</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuchillos corvos,absolvello quiso.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Solícita <hi rend="u">Junón</hi><note place="bottom" resp="author">Ponce subraya la voz y escribe en el margen izquierdo: «vease la nota / .87-». Esa nota (fols. 73r-73v) habla de la diosa Juno, hermana y esposa de Júpiter, a propósito de los vv. 806-809<space/>(«Ven, Himeneo, y las volantes pías / que azules ojos con pestañas de oro / sus plumas son conduzgan alta diosa, / gloria mayor del soberano coro»).</note>, Amor no omiso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al son de otra zampoña (q<emph>ue</emph> conduce</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ninfas bellas, y <hi rend="u">sátiros</hi><note place="bottom" resp="author">Ponce subraya la palabra y escribe en el margen izquierdo: «satiros, y fa- / unos es vn mo- / do de Deida- / des. vi, nota, / 24.». En esa nota (fol. 48r) habla de los faunos a propósito del v. 189 («de cuanos pisan Faunos la montaña»).</note> lascivos)<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1080 [1079]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los desposados a su casa vuelven;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que coronada luce,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de estrellas fijas, de astros fugitivos,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en sonoroso humo se resuelven.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Llegó todo el lugar, y despedido,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1085 [1084]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>casta Venus, que el lecho ha prevenido</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 33v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de las plumas que baten más süaves</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en su volante carro<note type="app" rend="I">La <emph>rr</emph> ha sido corregida sobre una grafía anterior, probablemente una <emph>n</emph>.</note>, <hi rend="u">blancas aves</hi><note place="bottom" resp="author">Ponce subraya el sintagma y escribe en el margen izquierdo: «fingen que / tiran el carro / de Venus dos / Palomas.».</note>;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los novios entra en dura no<note type="app" rend="I">La palabra <emph>no</emph> ha sido escrita en la parte superior de la línea, entre <emph>dura</emph> y <emph>estacada</emph>.</note> estacada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que siendo Amor,una deidad alada<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>1090 [1089]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>bien previno la hija de la espuma</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a batallas de amor,campo de pluma.</p>
      <p rend="center"><hi rend="u">fin de la prim<emph>era</emph> Soledad</hi><note type="app" rend="I">Más abajo en el folio, de otra mano que parece del XVIII, se añade lo siguiente: «Auiso 17 Don Joachin Setanti. / No seas inuentor de cosas nuebas / ni las antiguas aprouadas mudes». Se trata de uno de los «Avisos de amigo» (el nº 17) incluidos al final de las <emph>Centellas de varios conceptos</emph> (1614) de Joaquín Setantí (c. 1540-1617), destacado miembro de la municipalidad de Barcelona a comienzos del XVII y que se encuadra en el tacitismo, considerándosele también un precursor de Gracián en la creación de aforismos.</note>.</p>
      <pb n="fol. 34r"/>
      <p>Al conde de Salinas, presidente del Consejo Supremo de Portugal<note place="bottom">Como se ha indicado en la introducción, el conde de Salinas ocupó interinamente la presidencia del Consejo de Portugal en 1605 durante la enfermedad de don Juan de Borja, conde de Ficalho, y definitivamente desde su muerte en septiembre de 1606. Fue presidente del Consejo de Portugal de 1605 a 1616, y Virrey del reino de Portugal desde marzo de 1617 a 1621. Sobre las relaciones entre el conde de Salinas y Góngora, ver Artigas, 1925; Jammes, 1967, pp. 271-272; Dadson, 2014. Para las implicaciones de estas fechas en la cronología del trabajo de Ponce, ver el apartado 3 de la introducción y Azaustre, 2015, pp. 75-76.</note>.</p>
      <p>Mil veces he resistido el animoso intento de investigar la inteligencia desta silva, viendo que tantos sujetos ingeniosos la deponen y se privan de entenderla<note place="bottom">Ponce combina el tópico de la <emph>humilitas</emph> propio de los exordios con la ponderación de la dificultad de su comentario, lo que refuerza su valor. Lo hace también en su comento a un pasaje de las <emph>Geórgicas</emph> de Virgilio (Azaustre y De Carlos, 2010).</note>. Y otras tantas me ha vencido la porfía de un secreto impulso, quizá movido —con arduas esperanzas— de la misma dificultad desta impresa<note place="bottom">'empresa'. Mantengo la alternancia, habitual en el Siglo de Oro.</note>, cuyo honor —si bien desconfío merecerle— debía ser igual al riesgo que tiene el hecho. Mas ya que prometí su cumplimiento, al deseo forzoso ha de ser que le tenga<note place="bottom"><emph>mas ya que prometí [...] que le tenga</emph>: 'mas ya que prometí cumplir esta empresa, ha de ser forzoso que tenga cumplimiento ese deseo'.</note>, quedando en obligación no pequeña a mi ingenio, con quien he querido adeudarme. Reconociendo el crédito, <pb n="fol. 34v"/> granjeo en intentar lo que tantos han temido<note place="bottom"><emph>quedando en obligación [...] que tantos han temido</emph>: en todo este pasaje, Ponce construye una suerte de alegoría basada en términos económicos para ponderar la dificultad de su comentario. Dice que ha contraído una deuda con su ingenio, y que esa deuda le obliga a acometer el comentario del poema. Reconoce que el ingenio le ha concedido el crédito necesario para ello, y que de ese crédito obtiene el beneficio (<emph>granjeo</emph>)  de intentar la difícil y temida empresa de dicho comentario, cuya realización supondría cumplir con la obligación que ha contraído por la mencionada deuda.</note>, atropellando los miedos que me han puesto las opiniones diversas, si ya no merezco más culpa que estimación por no haberme sujetado a creer lo que en general dice que siente el torrente de los doctos, agudos y curiosos<note place="bottom"><emph>torrente de los doctos, agudos y curiosos</emph>: esta triple división de los detractores del poema de Góngora organiza toda la dedicatoria. Podría implicar que en ese momento ya existía una corriente real y bastante nutrida de voces censoras, o bien ser una estrategia de «defensa preventiva» que se adelantaría a futuras objeciones contra la <emph>Soledad primera</emph>. Ver las consideraciones de Iglesias Feijoo, 1983, p. 185; López Bueno 2012b, 2018, pp. 11-12, 16, 18-20, <emph>passim</emph>, y Daza, 2014b. Ya se ha indicado en la introducción (apdo. 6) la semejanza con la formulación de Almansa, que en sus <emph>Advertencias</emph> habla de un «torbelinno de pareceres» y de «la ventolera de algunos con título de doctos, curiosos y valientes ingenios» (ed. López Bueno, p. 102). Aunque se trata de una <emph>anticipatio</emph> común en las refutaciones, esta clasificación también guarda cierta similitud con la que Boccaccio hace de los diferentes tipos de lectores que lanzarán contra su <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>, fuente destacada del <emph>Discurso</emph> de Ponce en defensa de la oscuridad  (ver más detalles en la introducción, apdo. 5).</note>, de cuyas tres especies no he visto que alguno haya aprobado en todo esta silva.</p>
      <p>Mas descubriendo el motivo que ha causado en mí este atrevimiento, declaro, señor, que solo pudo obligarme a sentir contra la opinión de todos, la noticia de que V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> la tiene diversa y favorable a este discurso<note place="bottom">Como se ha señalado en la introducción (apdo. 4), el conde de Salinas tuvo una buena relación con Góngora y se interesó por sus poemas, aunque sus gustos literarios no coincidiesen. Sea cual fuere la opinión que el poema de Góngora le mereciese al conde, es evidente el interés de Ponce en captar su benevolencia y aprobación.</note>, porque juzgué ser más posible que se engañasen los doctos por presunción, los curiosos por ignorancia y los ingeniosos por invidia, q<emph>ue</emph> no V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph>, que lo habrá mirado con las partes de perfeción que hay en ellos, y <pb n="fol. 35r"/> sin las defectuosas que obligan a sentir apasionadamente. Porque los consumados y maestros en estas letras no quieren conceder a su autor que haya guardado los límites del arte, ni observado sus antiguos preceptos:</p>
      <p>Descriptas seruare vices operumq<emph>ue</emph> colores</p>
      <p>cur ego si nequeo, ignoroq<emph>ue</emph>; poeta salutor? <note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Orat. in / Art.». La cita es de los vv. 86-87 del <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio: «¿Por qué, si soy incapaz o no sé respetar géneros y estilos, / bien delimitados, me dejo saludar como poeta?» (trad. F. Navarro Antolín, 2002). El autor de la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph>, citó estos versos para responder al <emph>Antídoto</emph> de Jáuregui, mostrándole que la <emph>Soledad primera</emph> respetaba el decoro a lo descrito en las voces que utilizaba y, en concecuencia, cumplía el precepto horaciano (p. 384 en la ed. de M.ª J. Osuna Cabezas, 2009). Aquí, sin embargo, se usa como máxima que los detractores de Góngora afirman no se cumple en sus versos.</note>,</p>
      <p>difiriendo desto<note place="bottom"><emph>difiriendo desto</emph>: del precepto horaciano antes citado. </note> en la armonía, estilo, lenguaje, imitación, locuciones, cadencia, igualdad y religión<note place="bottom"><emph>religión</emph>: aquí entendida como 'cumplimiento, observancia de una regla'.</note> de la cándida y fácil inteligencia y suavidad que requiere el metro; porque la oscuridad de la oración nace de valerse el poeta de voces nuevas y no usadas, y continuada frecuencia de translaciones<note place="bottom">Se ha tachado la secuencia «y methaphoras». Con la voz <emph>translaciones</emph> se refiere a los tropos, señaladamente la metáfora. Como es sabido, la dificultad de percibir la analogía (<emph>remotas</emph>) es un rasgo que se censuró en los poemas mayores de Góngora; antes se mencionó otro clásico motivo de estas censuras: las «voces nuevas y no usadas», donde se englobaban los latinismos, italianismos, arcaísmos y neologismos.</note> remotas, de cuya unión resulta este inconviniente, según el precepto de Arist<emph>óteles</emph>, cuyas palabras son estas<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce escribe: «Cap. 6 de / la poetica». La referencia es al pasaje de la <emph>Poética</emph> de Aristóteles comprendido en 22, 1458a23-25: «Pero si uno lo compone todo de este modo, habrá enigma o barbarismo; si a base de metáforas, enigma; si de palabras extrañas, barbarismo» (trad. V. García Yebra, 1974, p. 209). El texto seguido por Ponce pudiera ser el de <emph>Aristotelis Stagiritae tripartitae philosophiae opera omnia absolutissima, ex optimis quibusque, maximè nouis interpretibus collecta...</emph>, Basileae, per Ioannem Heruagium, Anno M.D.L XIII.; cfr. col. 613. Este pasaje de la <emph>Poética</emph> de Aristóteles, donde se recomienda equilibrio en el uso de voces nuevas y extrañas y metáforas oscuras, se citará bastante en la polémica gongorina; ver, por ejemplo, el <emph>Discurso poético</emph> de Jáuregui (ed. Romanos, p. 126; ed. Blanco, fol. 31 v) o el <emph>Parecer</emph> de Francisco Fernández de Córdoba (ed. Blanco, fols. 135v-136r; ed. Orozco, pp. 133 y 135). Quevedo también lo mencionará en los preliminares literarios a su edición de la poesía de fray Luis de León; aparece también en el<emph> Comento contra setenta y tres estancias que don Juan Ruiz de Alarcón ha escrito…</emph> (p. 473), atribuido a Quevedo. Más detalles en Azaustre, 2015, p. 87.</note>:</p>
      <p>Verum si quis simul omnia huiuscemodi</p>
      <p>fecerit, vel aenigma<note place="bottom"><emph> aegnima</emph> en el manuscrito. En las citas respetaré la disposición, grafía y puntuación de Ponce, como se ha indicado en el apdo. 8 de la introducción. Solo corrijo las erratas evidentes.</note> erit, vel barbarismus;</p>
      <pb n="fol. 35v"/>
      <p>si quidem igitur è translatonib<emph>us</emph>, ae-</p>
      <p>nigma<note type="app" rend="I"><emph>aegnima</emph> en el manuscrito.</note>: si autem è linguis, et barbarism<emph>us</emph>.</p>
      <p>Y siendo esto <emph>dilemma</emph>, cualquier parte negativa hace la otra con demostración evidente<note place="bottom">«Conplexio est in qua utrum concesseris reprehenditur» (Cicerón, <emph>De inventione</emph>, 1, 29, 45) («El dilema es un razonamiento en el que el contrario es refutado sea cual sea la proposición que haya admitido», trad. S. Núñez, Madrid, Gredos, 1997).</note>, y se sigue ser el escrito que incurre en alguna destas cosas enigma<note type="app" rend="I"><emph>egnima</emph> en el manuscrito.</note> o barbarismo, cosa indigna de tan grave autor como el n<emph>uest</emph>ro. Si bien por no sujetarse a lo riguroso de la retórica en la imitación, queriendo acaudalar estilo con desprecio de los que debía llevar por norte, dicen que no tienen trabazón las palabras, ni la debida colocación y lugar necesario, porque lo heroico y lírico requieren muy diversos asuntos:</p>
      <p>Versibus exponi tragicis res<note type="app" rend="I">La <emph>s</emph> fue corregida sobre una <emph>r</emph>.</note> comica non vult</p>
      <p xml:lang="en">indignatur item priuatis ac prope socco</p>
      <p>dignis carminib<emph>us</emph> narrari c<emph>oe</emph>na Thyestae<note place="bottom">Son los vv. 89-91 del <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio: («Un tema cómico no exige la narración con versos trágicos; / asimismo, la cena de Tiestes se indigna si es narrada / con versos informales y casi dignos del zueco», trad. F. Navarro Antolín, 2002). La falta del decoro entre género y estilo fue una de las censuras comunes al poema de Góngora.</note></p>
      <p>Faltando asimismo, para la perfección del método, ser compuesto de frases inteligibles y conocidas:</p>
      <p><pb n="fol. 36r"/> Propria<note type="app" rend="I"><emph> Propia</emph> en el manuscrito.</note> sunt verba cum id significant, in quod primum denominata sunt; translata cum alium natura intellectum alium loco pr<emph xml:lang="en">ae</emph>bent. Usitatis tutius utimur: noua non sine quodam<note type="app" rend="I"><emph> quodan</emph> en el manuscrito.</note> periculo fingimus<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «quint. / l. 1. C. / 10.». La cita es de <emph>Institutio Oratoria</emph> 1, 5, 71, en las ediciones modernas: «Propria sunt uerba, cum id significant, in quod primo denominata sunt, tralata, cum alium natura intellectum, alium loco praebent. Vsitatis tutius utimur, noua non sine quodam periculo fingimus» («Son palabras <emph>propias</emph> en su uso cuando significan aquello para lo cual fueron originariamente determinadas; <emph>trasladadas</emph>, cuando tienen un significado por naturaleza y otro por el lugarque ocupan. De las <emph>usuales</emph> nos servimos con la mayor seguridad, formamos <emph>nuevas</emph> no sin cierto peligro», trad. A. Ortega Carmona, 1997). En las ediciones del XVI y XVII, el pasaje oscila entre los capítulos 5, 9 y 10 del libro primero. Así, se sitúa en el capítulo 5 en las de Lyon (1544, 1549, 1575); en el capítulo 9 en las de Lyon (1531), Basilea (1529, 1541, 1543, 1561, 1581), Colonia (1541, 1554, 1555). Ponce debió de seguir una de las ediciones de esa rama que sitúan el pasaje en el capítulo 10: allí se encuentra en las de Paris (1520), Venecia (1521) y Paris (1542); la variante <emph>primum</emph> que recoge la cita de Ponce se halla en la de 1542, pues las otras dos leen <emph>primo</emph>. </note>.</p>
      <p>Y así, reprueban por vicioso el escrito que necesita de intérprete, faltando en la claridad, que es la suma virtud de la oración:</p>
      <p>Oratio, vero cuius summa virtus est perspicuitas, quam sit vitiosa si egeat<note type="app" rend="I">Antes de la <emph>a</emph> hay una letra tachada, probablemente una <emph>r</emph> o una <emph>t</emph>.</note> interprete<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo Ponce anota: «ib C. 11». Alude a <emph>Institutio Oratoria</emph> 1, 6, 41: «oratio uero, cuius summa uirtus est perspicuitas, quam sit uitiosa, si egeat interprete!» («ciertamente el discurso, cuya virtud suma es la claridad, ¡qué defectuoso sería, si necesitare de intérprete!», trad. A. Ortega Carmona, 1997).</note>.</p>
      <p>Porque, desviándose del camino cierto y conocido, se ocasionan diversos inconvinientes que debían escusarse siguiendo a los mayores, y no inventando nuevas reglas difíciles y duras de introducir, de que no se sigue útil alguno y siempre resulta en deshonor del que escribe:</p>
      <p>Ut enim sermone eo debemus uti, qui notus<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo Ponce escribe: «Cicer. L. 3. / ofici.». Como se ha dicho en la introducción, la cita corresponde a <emph>De Officiis</emph> 1, 111, de Cicerón: «Vt enim sermone eo debemus uti qui notus est nobis, ne, ut quidam, Graeca uerba inculcantes iure optimo rideamur» ('puesto que, así como debemos utilizar un lenguaje que nos sea conocido, sin introducir, como hacen algunos, palabras griegas que, con razón, nos hacen ser objeto de risa ...'). La referencia «L. 3». pudiera aludir al título de la obra: <emph>M. Tulii Ciceronis De officiis libri tres</emph>.</note> <pb n="fol. 36v"/> est nobis, ne, ut quidam graeca verba inculcantes, iure optimo rideamur.</p>
      <p>Y hallan falta su locución de la pureza y corriente que tuvieron los ilustr<emph>e</emph>s en ella; y que los conceptos son pocos, y menos las sentencias, que son parte necesaria en el poeta<note place="bottom">El pasaje reúne dos críticas frecuentes al poema de Góngora: por una parte, la falta de <emph>puritas</emph> al introducir voces nuevas y extranjeras; por otra, la ausencia de contenidos de cierta profundidad.</note>. Añadiendo a estas culpas que desautoriza en sus imitaciones los dechados de quien son hechas<note place="bottom">La censura que aquí se inicia se centra en la mala imitación de los modelos por la excesiva novedad que frente a ellos muestra el estilo de Góngora.</note>, desviándose con extremo de los términos en que escribieron todos; porque en los griegos, latinos, toscanos y los demás vulgares no hallan conformidad<note type="app" rend="I">Primero se escribió <emph>confirmidad</emph>, y luego se corrigió la <emph>o</emph>.</note> con lo que él escribe en ninguna de las partes esenciales de la poesía, supuesto que no consta por sus escritos —bien estudiados— haber hablado desta suerte. Porque raras veces se ha visto en las edades pasadas que, viviendo el autor, los mismos que tienen su propio idioma nativo no entiendan sus obras, ni puedan <pb n="fol. 37r"/> hallarlas la debida construción ni la inteligencia de su concepto sin prolija dificultad, que es lo que ahora les sucede<note type="app" rend="I">Se escribió primero <emph>subde</emph>, y en la parte superior de la línea se añadió la sílaba <emph>ce</emph>.</note> en esto, no sin martirio del ingenio que se embaraza en su oscura leción:</p>
      <p>quia nichil odiosus est afectatione<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo Ponce escribe: «quint. L. 11. / C. 1.». Ponce confunde libro y capítulo, pues, en las ediciones que pudo haber seguido (ver nota 489) la cita se encuentra en el capítulo 11 del primer libro: «quia nihil est odiosius affectatione» ('pues no hay nada más irritante que la afectación’). Mantengo la grafía medieval <emph>nichil</emph> (por <emph>nihil</emph>). En las ediciones modernas, la cita se encuentra en <emph>Institutio Oratoria</emph> 1, 6, 40, cuando Quintiliano habla de la necesaria moderación en el uso de voces arcaicas.</note>.</p>
      <p>Que no ha causado poca admiración en muchos, ni poco atrevimiento de calumnia en otros, ver ocupados a tantos presumidos en construir y entender un papel moderno y escrito en n<emph>uest</emph>ro romance. Y a esta causa, los que se solicitan opinión de ingeniosos, hallándose perdidos en esta navegación, reprueban lo que no entienden, atribuyendo su defecto a lo escrito y no a lo poco leído, y dicen que carece del natural lenguaje y propiedad de los términos, pues en los que está escrito no se halla igualdad heroica ni dulzura lírica, sino graves <pb n="fol. 37v"/> acometimientos y realces violentados que desfallecen donde más debían sustentarse; y que en el <emph>Polifemo</emph> y en esta silva ha errado los estilos<note place="bottom">Se inicia aquí otra censura común a los poemas mayores de Góngora: la falta de decoro entre el estilo y el género del poema.</note>, porque en aquel, que contenía una acción lírica, no escribió lírico; y en esta, que también lo es, ha escrito versos cuyo nervio es heroico<note place="bottom">López Bueno, 2018, p. 120, n. 232, señala la semejanza de este pasaje con el siguiente de las <emph>Advertencias</emph> de Almansa: «Dicen lo primero que ha usado en las <emph>Soledades</emph> y <emph>Polifemo</emph> desiguales modos en su composición, y que debía el<emph> Polifemo</emph> ser poesía lírica y las <emph>Soledades</emph> heroica, y que cambió los modos» (p. 120).</note>. Y luego citan el lugarcito de Horacio<note type="app" rend="I"><emph> Oratio</emph> en el manuscrito.</note> del que pintó en las aguas el ciprés: «Sed nunc non erat<note type="app" rend="I">Al inicio de la voz se tacha una letra, acaso una <emph>h</emph>.</note> his locus»<note place="bottom">Cita de <emph>Ars Poetica</emph> (vv. 19-20); alli Horacio recomienda moderación para que la ampulosidad no lleve a mezclas que resultarían excesivas: «sed nunc non erat his locus. Et fortasse cupressum / scis simulare; quid hoc, si fractis enatat exspes» («Pero, en realidad, no había lugar para esto. Y tal vez sabes / remedar un ciprés; ¿y qué, si te pagan para que le pintes», trad. F. Navarro Antolín, 2002).</note>. Y los curiosos —que exceden en número a los referidos—, desesperados de descubrir su curiosidad<note place="bottom">Entiendo: 'perdida la esperanza en descubrir el sentido y novedad del poema'.</note>, tratando con la debida noticia deste admirable papel, se disculpan del mismo modo diciendo que no es cosa digna de que los hombres de buen juicio se ocupen en ella; no mirando que, por su misma sentencia, quedan obligados a estudiarle.</p>
      <p>Mas si en esta discorde y popular <pb n="fol. 38r"/> muchedumbre —que tan diversa es en todo— pudieran graves méritos causar alguna favorable consonancia y reducir los ánimos despeñados al camino de la justa y debida estimación, solo nuestro autor debía merecerlo, pues en él han concurrido tantas partes, más sobrenaturales que humanas, de grave y superior ingenio, lucida y facundísima<note place="bottom"><emph>facundo</emph>: «abundante, copioso y afluente en el hablar» (<emph>Autoridades</emph>).</note> elocuencia, pensamientos sutiles, ornada locución, frases admirables y novedad de estilo, ignorado hasta hoy de nosotros; pues solo en sus escritos hallamos realzado y ennoblecido nuestro idioma, sublimándole su primor a la cumbre de la gravedad y número latino, pues vemos en ellos el armonía y gramática tan conforme a él, que a los que ignoran el cierto conocim<emph>ien</emph>to desta lengua los atropella y embaraza <pb n="fol. 38v"/> el método y términos de sus divinas obras<note place="bottom">Al igual que los detractores de Góngora censuran como falta a la <emph>puritas</emph> y <emph>proprietas</emph> el uso de voces foráneas (mayormente latinas) y la sintaxis latinizante, sus defensores los consideran rasgos que elevan el castellano a la dignidad del latín, y explicarán muchos de sus recursos por necesidades rítmicas vinculadas a la imitación del metro y <emph>numerus</emph> latino. López Bueno, 2018, pp. 130-131, n. 255, recoge los pasajes de los diferentes comentaristas que emplearon este razonamiento en la defensa de Góngora.</note>. De donde se infiere que ha puesto tan semejante a ella la n<emph>uest</emph>ra, que necesita para su intelig<emph>enci</emph>a de la construción y cuidado que requiere la latinidad, porque contiene —con eminencia en lo que escribe— los tropos, perífrasis, denominaciones, fórmulas, imitación, descripciones, propiedad<note place="bottom">En retórica, la <emph>proprietas</emph> es la cualidad de una palabra para ser un <emph>verbum proprium</emph>, esto es, el vocablo que designa una realidad en sentido recto; su vicio correspondiente es la <emph>obscuritas</emph>, aunque el lenguaje literario traspasa esa frontera a través de las licencias del<emph> ornatus</emph>; más detalles en Lausberg, 1984, § 533.</note> y dulzura que alcanzaron los latinos il<emph>ustr</emph>es; y la verbosidad, cadencia y suavidad de los toscanos, que hoy tienen el lugar segundo en estas letras<note place="bottom">Todo este párrafo ha sido una contestación a las censuras de los detractores del poema, en la que Ponce ha ponderado su altura y grandeza de estilo y contenidos, y su capacidad de ennoblecer el castellano elevándolo a la altura del latín y el toscano. Son ideas que se reiterarán a lo largo de la polémica por parte de los defensores del poeta cordobés.</note>.</p>
      <p>Y así, he visto reprobar en común este peregrino discurso, porque en los que le leen falta el conocimiento de su bondad, con la suficiencia<note type="app" rend="I"><emph> suficiciencia</emph> en el manuscrito.</note> que requiere para ser entendido. Y querría preguntarlos, si no le <pb n="fol. 39r"/> entienden bien, ¿por qué le enmiendan? Y si le entienden, ¿por qué le culpan de oscuro?<note place="bottom">Es notable, y ya señalada por la crítica, la semejanza de este pasaje con las <emph>Advertencias</emph> de Almansa: «Si lo entienden, no oscuros; si no lo entienden, no lo juzguen» (p. 134). Para las semejanzas entre los textos de Almansa y Ponce, ver Dámaso Alonso, 1982, p. 523; Osuna Cabezas, 2008, pp. 113-114, 117, 124; López Bueno, 2011, pp. 244, 252; 2012a, p. 22; 2018, pp. 11-12, 16, 18-20, 44-48, 76, 134-135, n. 263, <emph>passim</emph>); Daza, 2014b; 2015, pp. 39-50; Azaustre, 2015, pp. 83-84. Cabe recordar aquí la atinada observación de Carreira, 1998a, p. 264: «Las citas similares indican que el arsenal de argumentos era limitado, y que cada cual, en un aprieto, echaba mano de lo que podía».</note> Mas antiguo es el defecto de atreverse todos a dar censuras, y<note place="bottom" resp="author">Tras esta palabra, que cierra la línea, Ponce escribe en el margen derecho «Ma», probablemente parte de una abreviatura o referencia que no me resulta descifrable. Aunque Ponce prefiere el margen izquierdo para sus anotaciones, en ocasiones emplea también el derecho (ver fols. 41v, 69r, 70r). Como mera hipótesis, acaso pueda referirse a Marcial, que Ponce abrevia normalmente como<emph> Mart.</emph> (ver fol. 97v, margen izquierdo); en concreto, al epigrama 1, 91, donde ataca a alguien que, sin publicar nada, critica sus epigramas: «Cum tua non edas, carpis mea carmina, Laeli. / Carpere uel noli nostra uel ede tua» («Aunque no publicas los tuyos, criticas mus versos, Lelio: / o no critiques mis versos o publica los tuyos», trad. J. Fernández Valverde y A. Ramírez de Verger, Madrid, Gredos, 1997); en parecida línea, ver 1, 110. Estos lugares ilustrarían la idea de Ponce de que es antiguo el defecto de criticar escritos sin intentar igualar aquello que censuran.  </note> pocos a hacer imitaciones que igualen a lo que reprueban. Quiera Dios que esto sea en más ignorancia, que malicia; que si considero —con la verdad que profeso— la calumnia, emulación<note place="bottom">Aquí en el sentido negativo, sinónimo de 'envidia'.</note> y invidia con que hoy se juzgan las cosas, pierde su nivel la razón y el entendim<emph>ien</emph>to se confunde, viendo que los hombres selectos se mueven por respetos particulares a no decir lo que sienten y sentir lo que es justo; que podré asigurar con verdad a V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> no haber hallado en mi vida hombre que en facultad alguna me diga que la sabe ni que acierta en ella el otro que —como él— la profesa. ¡Triste edad alcanzamos! No sé si <pb n="fol. 39v"/> fue siempre así, mas presumo que nunca la emulación ni la invidia estuvieron desembozadas como ahora.</p>
      <p>Y porque esta digresión no sea molesta, sin llegar a la inteligencia de la silva, prometo a V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> responder en otro discurso a las objeciones que la tienen puestas, defendiendo su dificultoso estilo y la novedad de los términos en que está escrita<note place="bottom">Se refiere Ponce al <emph>Discurso</emph> en defensa de la oscuridad que se copia más adelante en el manuscrito y que, como aquí se indica, se elaboró en una fase posterior a la anotación de la <emph>Soledad primera</emph>.</note>. Y en tanto, estimaré por premio de este trabajo que V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> se sirva de corregir con su sentimiento mismo estas notas<note place="bottom">La petición de Ponce podría indicar que las correcciones escritas en los márgenes del texto de la <emph>Soledad primera</emph> y las notas son obra del conde de Salinas. Pero no existe correspondencia entre ambos que lo atestigüe (Dadson, 2015), y la letra de dichas correcciones no parece la del conde de Salinas, según me indicó en su día Trevor Dadson, a quien siempre agradeceré su amabilidad y experta ayuda. Hago extensivo este agradecimiento a Antonio Carreira, quien me confirma, tras su examen y revisión, el dato referente a la correspondencia del conde de Salinas.</note>, para que, siendo conformes a él, tengan por aprobación suya el ser una la inteligencia mía con la que la ha dado quien puede con tanta perfección entenderla<note place="bottom">En tópica <emph>captatio benevolentiae</emph>, Ponce desea que su interpretación del poema (<emph>su inteligencia</emph>) coincida con la del conde de Salinas (<emph>quien puede con tanta perfección entenderla</emph>).</note>, por suficiencia de letras humanas y caudal de divino ingenio, a cuyas excelencias da tan graves realces <pb n="fol. 40r"/> la soberana autoridad de su grandeza, debajo de cuyo nombre yo solo peregrino como el que aquí sale del mar.</p>
      <p>Llego al lugar primero y, no con censura ni emienda, sino con la debida modestia y veneración, sin alterar parte de lo escrito, explicaré los conceptos que el armonía tuviere cifrados, notando los lugares que son tocantes a historia, fábula o imitación, sin tratar por extenso de las que fueren menores; que esto es, en mi opinión, más apología<note place="bottom"><emph>apología</emph>: «Defensa, excusa, satisfacción y respuesta con que uno se defiende a sí mismo, u defiende a otro, satisfaciendo a los cargos, calumnias, imposturas y argumentos con que ha sido notado, o tachada y notada su doctrina» (<emph>Autoridades</emph>).</note> que notas; y así, mirando por los números, se hallará en la exposición la inteligencia de lo cifrado y la construción de lo oscuro<note place="bottom">Ponce ha numerado en la copia de la <emph>Soledad primera</emph> los versos que va a anotar. En la anotación se vuelve a señalar el número y el comienzo del verso o versos que se explican. Este sistema de correspondencias es habitual en los comentarios.</note>. Dé Dios a V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> el bien que puede.</p>
      <p rend="right">Manuel Ponce<note place="bottom">Abajo, en el centro y tachado, una secuencia con trazos ornamentados que pudiera ser <emph>Finis</emph> (adornos similares aparecen en los fols. 46v, 80v, 106r, 108v). Más abajo, en el margen derecho, la firma de Manuel Ponce. </note>.</p>
      <pb n="fol. 40v"/>
      <p>1. «Era del año la estación florida</p>
      <p>en que el mentido robador de Europa», con otros cuatro versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 1-6. </note>.</p>
      <p>A Europa, dice Ovidio en el 2 de sus <emph>Metamorfoseos</emph><note place="bottom">Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 2, vv. 833-875. </note>, que, enamorado Júpiter de ella, la robó en la playa del mar<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce escribe: «Vease esto / en el l. 2. / de Ponta- / no. titulo / de Tauro / que son / admira / bles ver / sos.». Se refiere  a Giovanni Pontano; concretamente, al libro 2, vv. 274 y ss. de su poema en cinco libros <emph>Urania</emph>. </note> transformado en un hermoso toro; y que, en memoria desta impresa, le trasladó entre los signos del Zodiaco, donde es el segundo en orden natural<note place="bottom">Se entiende que Júpiter colocó al toro (Tauro) entre los signos del Zodiaco, donde ocupa el segundo lugar después de Aries.</note>. Entra el sol en su casa<note place="bottom"><emph>casa</emph>: «según los astrólogos es una de las cinco dignidades esenciales que Ptholomeo da a los planetas: y es un lugar en el que hallándose el planeta se dice hace mayores, y con más eficacia sus efectos que en otro qualquier lugar» (<emph>Autoridades</emph>),</note> a 21 de abril, y en la imagen<note place="bottom">Probablemente con el sentido de <emph>imagen celeste</emph>: «la constelación, el conjunto de algunas estrellas en que tienen los astrónomos dividido el cielo, para la comprehensión en inteligencia» (<emph>Autoridades</emph>),</note> a primero de mayo, que es la primavera, cuyo tiempo llama «estación florida».</p>
      <p>Petrarca, c. 1, <emph>Triun</emph>fo <emph>del Amor</emph>:</p>
      <p>Scaldaua il sol gia l’vno et l’altro corno</p>
      <p>del Tauro<note place="bottom">Se refiere a los vv. 4-5 del <emph>Trionfo D’Amore</emph> de Petrarca. Cito el terceto completo: « Scaldaua il Sol gia l’uno, e l’altro corno / del Tauro; e la fanciulla di Titone / correa gelata al suo antico soggiorno» (ed. Venecia, 1553, fol. 3r).</note>.</p>
      <p>2. «A Júpiter, mejor que el garzón de Ida<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 8. </note>».</p>
      <p>Hace aquí símil deste mancebo, que <pb n="fol. 41r"/> salía del mar, a Ganimedes, mancebo también hermoso, criado en Frigia<note place="bottom">Región del Asia Menor que ocupaba un gran territorio de la península de Anatolia, en la actual Turquía. </note>, donde es el monte Ida; en el cual, cazando, le robó Júpiter en forma de águila y le llevó al cielo, donde le sirve la copa. Ovid<emph>io</emph>, Metam<emph>orfosis</emph>, 10, y Virg<emph>ilio</emph>, 1, <emph>Eneid</emph>a:</p>
      <p>Raptiq<emph>ue</emph> Ganimedis honores<note place="bottom">Se refiere a Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 10, vv. 152-161, donde trata del rapto de Ganimedes, y a Virgilio, <emph>Aeneidos</emph>, 1, v. 28: «et genus inuisum et rapti Ganymedis honores» («y el odiado pueblo y los honores a Ganimedes raptado», trad. R. Fontán Barreiro, 1986). La <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (p. 168) citó, entre otros, este lugar en su comentario al verso.</note>.</p>
      <p>3. «Segundo de Arïón dulce instrumento<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 14. </note>».</p>
      <p>Arión, músico perfectísimo de Metimna, ciudad en Lesbo<note place="bottom">Metimna (o Mithymna) es una ciudad situada en la costa norte de la isla griega de Lesbos. </note>: navegando en una nave de cosarios corintos, determinaron de echarle al mar y quitarle las riquezas que llevava; y él los pidió que primero le dejasen cantar con su cítara; y, habiéndolo hecho, le arrojaron en el agua, donde fue rescibido de un delfín que le dio puerto en la isla de Ténaro<note place="bottom">Se refiere al cabo de Ténaro, al sureste del Peloponeso. Heródoto y Claudio Eliano relatan la historia (ver la nota siguiente), e indican que allí se elevó una estatua de Arión a lomos de un delfín. </note>, donde afirman Heródoto y Heliano<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo Ponce anota: «Herod. l. 1. / Eli. l». Se refiere al primero de <emph>Los nueve libros de la Historia</emph> de Heródoto de Halicarnaso, donde (1, 23-24) se recoge la fábula de Arión. También a Claudio Eliano, que habló de Arión a propósito de los delfines en su obra<emph> De natura animalium</emph> (2, 6 y 12, 45).</note> que los isleños le hicieron una estatua <pb n="fol. 41v"/> puesto sobre un delfín, y en su basa una epigrama griega que Volaterrano tradujo en esta<note place="bottom">Ponce sigue muy de cerca aquí la <emph>Officina</emph> de Ravisio Textor: «In cuius rei monumentum erecta statua cum Graeco epigrammate, quod Volater<emph>ranus</emph> latinus fecit hoc modo: <emph>Cernis amatorem, qui uexit Ariona, Delphin, / A Siculo subiens pondera grata mari</emph>» ('Ves al amistoso delfín que condujo a Arión como una agradable carga por el mar de Sicilia') (fols. 248v-249r en la edición de Paris, 1575).</note>:</p>
      <p xml:lang="en">cernis amatorem quem vexit Aryona Delphin</p>
      <p>A siculo subiens pondera grata mari<note place="bottom">Ponce cita los versos de un epigrama griego traducido al latín por Raffaello Maffei (1451-1522), llamado también Raffaello Volterrano por haber nacido en Volterra. Fue un humanista italiano, profesor de leyes en la Universidad de Roma y secretario de los papas Pío II, Pablo II y Sixto IV. Sus conocimientos de griego parecen haberle venido de la enseñanza de Jorge de Trebizonda. La cita de estos versos parece haber sido muy difundida en la época de Ponce, pues, además de aparecer en el repertorio de Ravisio Textor, también se recoge en la <emph>Plaza universal de todas ciencias y artes</emph> (p. 208) de Cristóbal Suárez de Figueroa, amigo de Torres Rámila, quien lo era a su vez de Manuel Ponce.</note>.</p>
      <p>Y así, dice que fue aquella tabla delfín que puso en el puerto al peregrino.</p>
      <p>De la naturaleza deste pez y su notable instinto y amor que tiene a los hombres, véase a Arist<emph>otele</emph>s, <emph>De natura animalium</emph><note place="bottom" resp="author">En el margen derecho Ponce añade otra referencia: «A. Gell. L. 7. c. 8.». Se refiere al capítulo de las <emph>Noctes Atticae</emph> donde el romano Aulo Gelio habla de un delfín enamorado, historia que dice tomar de las <emph>Egiptíadas</emph> de Apión, obra en la que este escritor griego relataba diversos <emph>mirabilia</emph>. En las ediciones modernas de Aulo Gelio el pasaje se localiza en el lib. 6, cap. 8: «Res ultra fidem tradita super amatore delphino et puero amato».</note> l<emph>ibro</emph> 9, c<emph>apítulo</emph> 48<note place="bottom">El título de este capítulo en la versión latina de la obra de Aristóteles es «De mansuetudine amore &amp; celeritate delphinorum».</note>; Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 9, c<emph>apítulo</emph> 8<note place="bottom">En este lugar de la <emph>Naturalis Historia</emph> de Plinio el Viejo se habla de los delfines. Cito su comienzo, donde se relata su amistosa relación con los hombres: «Delphinus non homini tantum amicum animal, uerum et musicae arti mulcetur, symphoniae cantu et praecipue hydrauli sono. Hominem non expauescit ut alienum, obuiam nauigiis uenit, adludit exultans, certat etiam et quamuis plena praeterit uela» («Es el delfín no solamente amigo del hombre, pero también de la música. Deléitase mucho con la consonancia del canto, y principalmente con el sonido de los órganos. No teme al hombre como enemigo. Sale al encuentro de los navíos, y alegre se huelga con ellos. También pelea y pasa las velas, aunque estén llenas e hinchadas», trad. Jerónimo de Huerta, 1624, p. 537).</note>, y Elian<emph>o</emph>, l<emph>ibro</emph> 11, c<emph>apítulo</emph> 12 <note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «hist. A- / nimal.». Claudio Eliano, <emph>De natura animalium</emph>, 11, 12, donde también habla del canto de los delfines y su amor por los humanos; habló también de los delfines en <emph>De natura animalium</emph> 2, 6 y 12, 45.</note>.</p>
      <p>Églog<emph>a</emph> 8, Virg<emph>ilio</emph>:</p>
      <p>Orpheus in syluis; inter delphinas Arion<note place="bottom">Virgilio, <emph>Ecloga</emph> 8, v. 56.</note>.</p>
      <p>4. «De Júpiter el ave<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 28. </note>».</p>
      <p>Es el águila, consagrada por la antiguedad a Júpiter. Silio Itálico, l<emph>ibro</emph> 4:</p>
      <p>Donec Ph<emph>ae</emph>beo veniens Jouis ales ab ortu<note place="bottom">Silius Italicus, <emph>Punica</emph>, 4, v. 113: «hasta que, apareciendo por donde sale Febo el ave de Júpiter» (trad. J. Villalba Álvarez, Madrid, Akal, 2005).</note>.</p>
      <p>Era este peñasco tan alto que en él tenía su nido una águila.</p>
      <p><pb n="fol. 42r"/> 5. «No bien pues de su luz los horizontes», con otros cuatro versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 42-46. </note>.</p>
      <p>Es un perífrasis en que dice: ‘no bien anochecía’. Virg<emph>ilio</emph>, 6 Eneid<emph>a</emph>:</p>
      <p xml:lang="en">quale per incertam lunam sub luce maligna</p>
      <p>est iter in syluis, ubi c<emph xml:lang="en">ae</emph>lum condidit</p>
      <p>umbra Iupiter<note place="bottom">Virgilio, <emph>Aeneidos</emph>, 6, vv. 270-272: «quale per incertam lunam sub luce maligna / est iter in siluis, ubi caelum condidit umbra / Iuppiter, et rebus nox abstulit atra colorem» («como el camino bajo una luz maligna que se adentra en los bosques / con una luna incierta, cuando ocultó Júpiter el cielo / con sombra y a las cosas robó su color la negra noche», trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>.</p>
      <p>6. «Entre espinas, crepúsculos pisando<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 48. </note>».</p>
      <p>Crepúsculo es —como dice nu<emph>est</emph>ro vulgar— ‘entre dos luces’. Son dos: uno vespertino y otro matutino. Este lugar dice que, pisando espinas entre las sombras que le impedían el verlas, subía a la cumbre de la sierra.</p>
      <p>7. «Vencida al fin la cumbre; del mar», et<emph>céter</emph>a, con tres vers<emph>os</emph><note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 52-55.</note>.</p>
      <p>Aquí entiendo que era la sierra árbitro entre la campaña y el mar que los dividía, siendo inexpunable muro de su defensa.</p>
      <p>8. «Trémulos hijos de Leda<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 62-63.</note>».</p>
      <p><pb n="fol. 42v"/> Dice Teodoncio<note place="bottom">Teodoncio de Campania (<emph>c.</emph> IX-XI), autor muy utilizado por los mitógrafos, cuya obra se ha perdido. Ponce pudo haber tomado algunas informaciones de la <emph>Genealogia deorum gentilium</emph> de Boccaccio (5, 40), que, como se ha dicho en la introducción (apdo. 5), influyó en varios lugares de su <emph>Discurso</emph>: «Tyndarus, ut Dictys scribit &amp; Theodo<emph>n</emph>tius, filius fuit Oebali, illiq<emph>ue</emph> successit in regno, ex quo &amp; si nil habeamus, hoc saltem legimus, eum Ledam habuisse coniugem. qua si non ex eo, ex Iove tamen, eius in regia Castorem &amp; Pollucem, &amp; Hellenam &amp; Clitemnestram peperit. dato sint, qui Castorem, &amp; Clite<emph>m</emph>nestram non Iovis, sed Tyndari filios dicant» (ed. Basilea, 1532, pp. 124-125) («Tindáreo, según escriben Dictis y Teodoncio, fue hijo de Ebalo y le sucedió en el reino, del que, si bien no tenemos ninguna otra cosa, al menos leemos esto, que él tuvo como esposa a Leda que, aunque no de él sino de Júpiter, dio a luz en su palacio a Cástor, Pólux, Helena y Clitemnestra, por más que haya quienes dicen que Cástor y Clitemnestra no fueron hijos de Tindáreo, pero está lejos que yo le quite a un dios tan poderoso los hijos que le consagró la generosa antigüedad», trad. M.ª Consuelo Álvarez y R. M.ª Iglesias, Madrid, Editora Nacional, 1983).</note> que Leda fue mujer de Tíndaro, a la cual gozó Júpiter en foma de cisne, de quien hubo por hijos a Cástor y Pólux, de los cuales fue muerto el uno por Linceo en Frigia; y, por librar al otro, Júpiter los puso juntos en el cielo, donde son el signo de Géminis, tercero en orden natural, de quien Horacio<note place="bottom"><emph>Oratio</emph> en el manuscrito, forma que modernizaré.</note>, l<emph>ibro</emph> 1, od<emph>a</emph> 3:</p>
      <p>Sic frates H<emph>ae</emph>lenae lucida sidera<note place="bottom">Horacio, <emph>Carmina</emph>, 1, 3, v. 2: «que los astros lúcidos, los hermanos de Hélena» (trad. M. Fernández-Galiano, 1990).</note>.</p>
      <p>Y el origen de tenerlos por patrones los marineros y invocarlos en las tormentas cuenta Diodoro Sículo en el lib<emph>ro</emph> 5<note place="bottom">En las ediciones modernas, este episodio aparece en el libro 4, 43 de la <emph>Biblioteca Histórica</emph> de Diodoro Sículo. En el libro 5, cap. 4 («De argonautis, Medea et filiabus Pelei») se encuentra en la edición de Basilea, per Henrichum Petri, 1548: «Magna interim tempestate coorta, caeteris salutem desperantibus, solum Orphea tradunt religionis peritum, uota pro salute Samothracibus fecisse: extemploque tempestate sedata, cum duo astra super Pollucis &amp; Castoris capita cecidissent, omnes eo miraculo stupentes credidisse, deorum prouidentia se à periculis exemptos. Quo facto contigit, ut quos postmodum maris agitaret tempestas, Samothracibus uota pro salute facerent: atraque apparentia ad Castorem Pollucemque referrent» (p. 113) («Pero sobrevino una gran tempestad, y los jefes ya habían perdido la esperanza de salvación cuando Orfeo, dicen, el único de los navegantes que había participado en una ceremonia iniciática, dirigió sus plegarias a las divinidades de Samotracia pidiendo por su salvación. Inmediatamente el viento se apaciguó y dos estrellas cayeron sobre la cabeza de los Dioscuros [Castor y Pólux, hijos de Zeus]; todos quedaron estupefactos ante aquella maravilla y pensaron que se habían liberado de los peligros gracias a la providencia de los dioses. Por esto, dado que la historia de este incidente se ha transmitido a las generaciones posteriores, cada vez que los marinos se encuentran en medio de una tempestad, elevan sus plegarias a las divinidades de Samotracia, y la presencia de las dos estrellas se remonta, dicen, a su aparición sobre los Dioscuros», trad. J. J. Torres Esbarranch, Madrid, Gredos, 2004). </note>. Y dice que en la navegación que hizo Jasón a Colcos<note place="bottom">Se trata de la famosa navegación de Jasón a la Cólquida (ciudad a orillas del Mar Negro) a bordo de la nave <emph>Argo</emph>, para llevarse el vellocino de oro. Apolonio de Rodas relata la historia en sus <emph>Argonáuticas</emph>.</note>, en una grave tormenta que hubo, aparecieron dos luces sobre las cabezas destos dos hermanos que iban en la nave, y luego cesó la torm<emph>en</emph>ta; <pb n="fol. 43r"/> por lo cual, de allí adelante los tuvieron por deidades en los naufragios y los ofrecieron votos, siendo sus luces fiadoras de la seguridad. La verdad es que se ven en las gavias<note place="bottom"><emph>gavia</emph>: «una como garita redonda, que rodea toda la extremidad del mástil del navío, y se pone en todos los mástiles, y cada una toma el nombre de aquel en que está. Sirve para que el grumete puesto en ella registre todo lo que se puede ver del mar» (<emph>Autoridades</emph>).</note> unas exhalaciones o llamas sutiles, que ahora las llaman santelmo<note place="bottom"><emph>santelmo</emph>: «especie de meteoro. Es una llama pequeña que en tiempo de tempestades suele aparecer en los remates de las torres y edificios, y en las entenas de los navíos, a quien vulgarmente llaman Santelmo, y cuando se aparecen dos juntas, las llaman los navegantes Cástor y Polux» (<emph>Autoridades, s.v. santelmo</emph> y <emph>Helena</emph>). </note>, y son señal de bonanza. Sigue, pues, nu<emph>est</emph>ro autor la metáfora de la nave, que dijo ser la cabaña en el golfo de sombras, y dice las razones referidas el peregrino a la luz que divisaba, haciendo deprecación humilde a sus rayos, pidiéndoles seguro puerto, como hacía la antigüedad a los hijos de Leda.</p>
      <p>9. «Piedra, indigna tïara<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v.73.</note>».</p>
      <p>Es el carbunclo<note place="bottom"><emph>carbunclo</emph>: «Piedra preciosa muy parecida al rubí, que según algunos creen, aunque sea en las tinieblas hace como carbón hecho brasa. Otros fingieron que se criaba en la cabeza de un animal, que tiene un capote con que le cubre quando siente le van a cazar» (<emph>Autoridades</emph>). Al igual que los comentaristas de su época, Ponce no parece conocer este animal fantástico al que Góngora alude en ese pasaje de la <emph>Soledad primera</emph> (vv. 64-83); este animal, denominado <emph>carbunclo</emph> o <emph>carbunco</emph>, lleva en su frente la piedra de ese mismo nombre, cuyo brillo puede ocultar tapándola con un párpado o sobrecejo. Su identidad fue descubierta y aclarada por Ignacio Arellano, 2014 y 2017, quien revisa la tradición antigua y contemporánea de comentarios y notas al pasaje de Góngora, lo examina en profundidad y ofrece abundante documentación sobre este animal. Remito a sus trabajos para más detalles sobre la cuestión. </note>, de quien escribe Plin<emph>io</emph>, c<emph>apítulo</emph> 7, lib<emph>ro</emph> último<note place="bottom">Plinio el Viejo, <emph>Naturalis Historia</emph>, 37, 25, donde trata del carbunclo y sus diferentes especies.</note>. Y aunque se dilata mucho tratando de las <pb n="fol. 43v"/> calidades de él y diversidad de ellos que se hallan, no dice que se cría en la frente de ningun animal, ni Teofrasto<note place="bottom">El filósofo griego Teofrasto habla del carbunclo en varios lugares de su libro <emph>Sobre las piedras</emph> (<emph>Περὶ λίθων</emph> o <emph>De lapidibus</emph>; cfr. 16, 27, 28, 37 y 42), pero no menciona ese detalle fantástico.</note> hace mención de tal; mas con la limitación de la cortapisa<note place="bottom">'teniendo en cuenta las anteriores objeciones’; <emph>cortapisa</emph>: «metafóricamente se toma algunas veces por condición o calidad con que se concede o da alguna cosa» (<emph>Autoridades</emph>)</note> —«si tradición apócrifa no miente»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 74. <emph>Apócrifa</emph>: 'de fuente desconocida o no fidedigna'; es verso que criticó Jáuregui en el <emph>Antídoto</emph> (p. 49); fue contestado por Díaz de Rivas en sus <emph>Anotaciones y defensas...</emph> (fol. 120)  y por la <emph>Soledad primera ilustrada y defendida</emph> (pp. 198-199); ver también Joiner Gates, 1960, p. 118, n. 62, y Jammes, 1994, pp. 212 y 591.</note>— está escrito con todo primor este símil de la luz al carbunclo, a quien los latinos llaman <emph>pyropus</emph>, de <emph>pyr</emph>, que en el griego significa fuego<note place="bottom"><emph>pyr: πυρ</emph> ('fuego').</note>.</p>
      <p>10. «Que a Vulcano tenían coronado<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 93.</note>».</p>
      <p>Aquí se entiende el fuego por Vulcano, dios de las herrerías u del fuego. Es metonimia, figura de que usó Virg<emph>ilio</emph> 2, <emph>Eneid</emph>a, vers<emph>o</emph> 311:</p>
      <p>Vulcano superante domus, iam proximus ardet</p>
      <p>Ucalegon<note place="bottom">Virgilio, <emph>Aeneidos</emph>, 2, vv. 311-312: «ya se derrumba por Vulcano vencida la casa, ya se incendia muy cerca / Ucalegonte» (trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>.</p>
      <p>11. «Templo de Pales, alquería de Flora<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 96.</note>».</p>
      <p><pb n="fol. 44r"/> Pales es diosa de los ganados, y así la invoca Virg<emph>ilio</emph> para escribir de ellos en los primeros versos de la 3 Georg<emph>ica</emph>:</p>
      <p>Te quoq<emph>ue</emph>; magna Pales<note place="bottom">Virgilio, <emph>Georgicon</emph>, 3, v. 1: «Te quoque, magna Pales, et te, memorande, canemus» («A ti también, gran Pales, cantaremos», trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990).</note>.</p>
      <p>Flora es diosa de la primavera u de las flores, según Ovid<emph>io</emph> en el 2 de los <emph>Fastos</emph><note place="bottom">La cita se encuentra en <emph>Fasti</emph>, libro 5, v. 213. Es precisamente el verso que ilustra la entrada <emph>Flora dea florum</emph> en la <emph>Officina</emph> de Ravisio Textor (fol. CCXXIIv, ed. Paris, 1532). Destaca la variante <emph>eris</emph>, frente a <emph>habe</emph> en las ediciones del poema de Ovidio.</note>:</p>
      <p>Atque ait, arbitrium tu dea floris eris<note place="bottom">Ovidio, <emph>Fasti</emph>, 5, v.  213: «Dijo: "Tú, diosa, ostenta la soberanía de las flores"») (trad. B. Segura Ramos, Madrid, Gredos, 1988).</note>.</p>
      <p>A cuya causa llama con propiedad a la cabaña pastoril «templo de Pales» y «alquería de Flora».</p>
      <p>12. «Ni la que su alimento / el áspid es<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 110-111: «ni la que su alimento / el áspid es, gitano».</note>».</p>
      <p>Fingieron los antiguos que la invidia (de quien habla esta cláusula) se sustenta de áspides venenosos y de vívoras mortales; y así Ovidio, 2 Met<emph>amorfosis</emph>:</p>
      <p>Vidit<note type="app" rend="I">En el manuscrito se escribió primero <emph>Videt</emph> y luego sobrescribió la segunda <emph>i</emph>. </note> intus edentem</p>
      <p>vipereas carnes, vitiorum alimenta suorum<note type="app" rend="I">Antes de <emph>suorum</emph> se comenzó a escribir <emph>tu</emph> (probablemente iba a escribirse <emph>tuorum</emph>) y se tachó.</note></p>
      <p>inuidiam<note place="bottom">Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 2, v. 768-770: «Concussae patuere fores; uidet intus edentem / Vipereas carnes, uitiorum alimenta suorum, / Inuidiam uisaque oculos auertit. At illa» («Al golpe se abren las dos hojas; ve dentro a la Envidia comiendo carne de víbora, adecuado alimento de su veneno, y al verla aparta la diosa los ojos», trad. A. Ruiz de Elvira, Madrid, CSIC, 1990).</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 44v"/> Alciato, en una emblema suya<note place="bottom">Alciato, <emph>Emblematum liber</emph>, emblema 71.</note>, la pinta comiendo una víbora y dice:</p>
      <p>Squalida vipereas manducans foemina carnes</p>
      <p>cuiq<emph>ue</emph>; dolent oculi, quaeq<emph>ue</emph>; suum cor edit<note type="app" rend="I">La <emph>e</emph> de <emph>edit</emph> se escribe sobre una letra tachada de difícil lectura (¿ui? ¿ci?).  También hay tachadas unas grafías tras la voz <emph>edit</emph>, que apenas se aprecian (¿ccx? ¿egx? ¿ttx?): acaso se refiera al número del emblema en la fuente consultada, aunque la habitual en las ediciones es CXLI o LXXI. En el margen izquierdo hay tachada una anotación, de difícil lectura, que parece señalar el lugar (<emph>fragm.<hi rend="sup">to</hi></emph> es la última palabra) donde se ubicaría el emblema citado. Esta es la traducción en verso de la declaración del emblema, realizada por Bernardino Daza Pinciano (Lyon, 1549): «Por declarar la invidia y sus enojos / pintaron una vieja que comía / víboras, y con mal contino de ojos. / Su propio corazón muerde a porfía / y lleva un palo en la mano de abrojos / que le punzan las manos noche y día» (p. 220).</note>.</p>
      <p>13. «No la que en vulto comenzando humano», con cuatro ver<emph>sos</emph><note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 112-116.</note>.</p>
      <p><hi rend="u">Esta es la soberbia</hi><note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, el revisor del texto de Ponce escribe: «es <del>e</del> la <del>estilo ni</del> condicion de las damas de palaçio / cuyo estilo es engañar i liso<emph>n</emph>jear la vista con lo / hermoso i amartelar con lo desdeñoso teniendo de esfinge». Había una línea debajo, que ha sido cortada por la encuadernación del volumen. A este corrector contestó Ponce lo siguiente en la parte inferior del folio: «ésto de las damas de palacio, esta muy bien aqui / de mano de su autor mismo, porque yo no me acu». Como en el caso anterior, la línea que seguía en la parte inferior ha sido cortada. </note>, cuya pintura es en forma de sierpe lo posterior del cuerpo; y por esto la llama esfinge, que dicen ser un monstruo que hubo en Tebas con rostro y brazos de mujer, y lo restante de sierpe. Véase lo restante en Sénec<emph>a</emph>, que lo trata en el <emph>Edipo</emph><note place="bottom">Hay un signo parecido al de interrogación de apertura, con trazo débil, antes de la voz <emph>Edipo</emph> (su forma es parecida al símbolo ~ en orientación vertical). Ponce lo usa a menudo (sin ir más lejos, en el margen inferior de este mismo folio y del siguiente) para marcar la entrada de un párrafo, referencia a un autor, afirmación o idea, al uso de nuestro actual guion largo o símbolo de parágrafo. El pasaje se encuentra en Séneca, <emph>Oedipus</emph>, vv. 87-109: «<emph>Oed</emph>. Abest pauoris crimen ac probrum procul / uirtusque nostra nescit ignauos metus: / si tela contra stricta, si uis horrida / Mauortis in me rueret, —aduersus feros / audax Gigantas obuias ferrem manus. / Nec Sphinga caecis uerba nectentem modis / fugi: cruentos uatis infandae tuli / rictus et albens ossibus sparsis solum; / cumque e superna rupe iam praedae imminens / aptaret alas uerbera et caudae mouens / saeui leonis more conciperet minas, / carmen poposci: sonuit horrendum insuper, /crepuere malae, saxaque impatiens morae / reuulsit ungui uiscera expectans mea; / nodosa sortis uerba et implexos dolos / ac triste carmen alitis solui ferae. / <emph>Ioc.</emph> Quid sera mortis uota nunc demens facis? / Licuit perire. Laudis hoc pretium tibi / sceptrum et peremptae Sphingis haec merces datur. /<emph>Oed</emph>. Ille, ille dirus callidi monstri cinis / in nos rebellat, illa nunc Thebas lues / perempta perdit. Vna iam superest salus, / si quam salutis Phoebus ostendit uiam» («<emph>Edipo</emph>. —Lejos está de mí la acusación y el oprobio de sentir pavor y mi rubor no conoce cobardes temores. Si se empuñaran las armas contra mí, si la terrible violencia de Marte se precipitase sobre mí..., lanzaría sin vacilar mis manos al encuentro de los altaneros Gigantes. Ni ante la esfinge, que enredaba sus palabras en oscuros enigmas, huí yo; aguanté la boca ensangrentada de aquella infame profetisa y el suelo que blanqueaba de huesos esparcidos y, cuando desde lo alto de la roca, a punto de lanzarse contra su presa, preparaba sus alas y, dándose azotes con la cola a la manera de un terrible león, empezaba a amenazarme, yo le pedí que me dijera el enigma. Fue terrible su voz desde allí arriba; rechinaron sus mandíbulas y se puso a revolver impaciente con las uñas las piedras, a la espera de hacerlo con mis vísceras. Las enrevesadas palabras del enigma y la trampa imbricada en aquella funesta fórmula de la fiera alada, las resolví yo. <emph>Yocasta</emph>.— Y, ¿por qué ahora que ya es tarde haces en tu insensatez votos por morir? Tuviste a mano la muerte: este cetro ha sido el precio de tu hazaña; ésta, la ganancia que has obtenido por matar a la esfinge. <emph>Edipo</emph>.— Aquella, aquella terrible ceniza del astuto monstruo es la que vuelve a levantarse en guerra contra mí, aquella peste que yo destruí es la que ahora quiere perder a Tebas... Una sola salvación queda ya: que Febo muestre algún camino de salvación», trad. J. Luque Moreno, Madrid, Gredos, 1980).</note>.</p>
      <p>14. «Que hace hoy a Narciso</p>
      <p>Ecos solicitar, desdeñar fuentes<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 115-116.</note>».</p>
      <p>La transformación y fábula es muy común. Escríbela Ovid<emph>io</emph> en el 3 de sus <emph>Metamorfosis</emph><note place="bottom">Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 3, vv. 340-510.</note>. La oración deste segundo verso es rigurosamente latina <pb n="fol. 45r"/>; y así, para la inteligencia de su con<hi rend="u">cepto, hemos de suponer que es de infinitivo, y que la persona que hace es Eco y fuente; y la que padece</hi><note place="bottom"><space/>NDA En el margen derecho, el revisor escribe: «[ilegible por estar cortado el folio] de palaçio revoca asi / los galanes que enamorados de si mismos imitaban a Narçiso desde / ñando ecos. idest a otras damas. El nominativo es estas esfinges / que haçen a estos narcisos desdeñar lo q<emph>ue</emph> antes solicitaban». La corrección da una interpretación distinta a la de Ponce y más cercana a la que hoy se ofrece; ver la paráfrasis de Jammes, 1994, p. 221: «ni [habita en ti] aquella esfinge habladora que, disimulándose al principio con rostro humano, es después mortal fiera, que desvía hoy a Narciso de las fuentes donde solía examinarse, y le hace preferir los ecos aduladores». Ponce responde a la anterior observación en la parte inferior del folio: «Y aduiertase que Narciso no amò nunca a Éco, / para desdeñarla despues, como aqui significa». La línea de abajo ha sido cortada.</note>, Narciso; y el verbo de que se rige, el «hizo». Y así se construye que la soberbia<note place="bottom">La <emph>b</emph> se corrige sobre una <emph>v</emph>.</note> de Narciso hizo que Eco le solicitase y le desdeñase la fuente; y sin guardar este precepto, suena lo contrario.</p>
      <p>15. «<hi rend="u">Ni la que en saluas gasta</hi><note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 117. La voz <emph>gasta</emph> ha sido añadida por la mano del corrector, a quien también corresponde el subrayado con el que remite a sus observaciones en el margen del folio.</note>».</p>
      <p><hi rend="u">Habla de la lisonja</hi><note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, el revisor anota: «Quien rige este verbo es la ceremonia / profana no la lisonja». Parece una corrección innecesaria, pues la ceremonia profana a la que se refieren los versos es metáfora por la lisonja o adulación.</note> hasta el fin de la estancia y, siguiendo la metáfora de la salva<note place="bottom">'saludo hecho con disparos, o bien disparos simultáneos de varias armas de fuego'.</note>, dice que gasta en ella la pólvora del tiempo, reprobando con singular primor las ceremonias y su inútil profanidad.</p>
      <p>16. «La Adulación, sirena</p>
      <p>de reales palacios<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 125-126.</note>».</p>
      <p>Dice que muchos aduladores se han perdido en los palacios como naves fracasadas de la tormenta (a quien llama «leños que besaron su arena»), <pb n="fol. 45v"/> llevados del armonía del poder; trofeos<note place="bottom">Se entiende que los cortesanos aduladores son esos trofeos de la vanidad del mundo.</note> de la vanidad del mundo, comparada al sueño<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 128: «trofeos dulces de un canoro sueño».</note>. Petrar<emph>ca</emph>, son<emph>eto</emph> 1:</p>
      <p>Che quanto piace al mondo è breve sogno<note place="bottom">Último verso del primer soneto del <emph>Canzoniere</emph> («Voi ch’ascoltate in rime sparse il suono»).</note>.</p>
      <p>17. «Dorándola los pies, en cuanto gira</p>
      <p>la esfera de sus plumas<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 130-131.</note>».</p>
      <p>Es el pavón<note place="bottom">el pavo real.</note>, símbolo de la soberbia. Y por esto dice «en cuanto gira sus plumas o la esfera de ellas», porque las de su cola forman un círculo cuando las despliega y lozanea con ellas encubriendo la fealdad de los pies, cuya vista deshace su vanidad y pompa. Y así, hace este símil diciendo que la mentira encubre u dora los defectos, lisonjeando a los poderosos y soberbios de lo que debían ser reprendidos.</p>
      <p>18. «Ni de los rayos baja a las espumas</p>
      <p>favor de cera alado<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 132-133.</note>».</p>
      <p><pb n="fol. 46r"/> Trata aquí del miserable fin de las privanzas, con alusión a la caída y muerte de Ícaro, cuyas alas fueron de cera y plumas. La historia es muy notoria; escríbela Ovid<emph>io</emph> en el 5 <emph>Metamorfosis</emph><note place="bottom">La conocida historia de Ícaro se narra en Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 8, vv. 183-235. No he encontrado referencias a Ícaro en el libro 5.</note>.</p>
      <p>En estas tres estancias<note place="bottom">Como se ha indicado en la introducción, Ponce denomina al poema de Góngora <emph>silva</emph>; aquí lo divide en estancias, algo que ha hecho ya poco antes y que repetirá en varias ocasiones. Para la relación entre canción y silva, ver Egido, 1989, que menciona (p. 37) este lugar de Ponce.</note> de la vida solitaria, imita expresamente n<emph>uest</emph>ro autor, con admirable primor y elegancia, a Vi<emph>r</emph>g<emph>ilio</emph> en toda la Georg<emph>ica</emph> 2; a Horacio<note place="bottom"><emph>Orat</emph>, en el manuscrito; abreviatura habitual en Ponce, que modernizo sin indicarlo de aquí en adelante.</note> en aquella oda celebrada, que es la 2 del <emph>epodon</emph><note place="bottom"><space/>Se refiere al conocido épodo 2 de Horacio («Beatus ille qui procul negotiis»).</note>; Sénec<emph>a</emph> in <emph>Hipólito</emph><note place="bottom">Alude al comienzo de la tragedia <emph>Phaedra</emph>, donde Hipólito, que se dispone a la caza, canta a la naturaleza: «<emph>Hyppolytvs</emph>.  Ite, umbrosas cingite siluas / summaque montis iuga, Cecropii!» («¡Marchaos, ceñid las selvas umbrosas, descendientes de Cécrope», trad. J. Luque Moreno, Madrid, Gredos, 1980). </note>; Claudian<emph>us</emph> in <emph>Rufinum</emph>, l<emph>ibro</emph> 1<note place="bottom"><space/>Claudiano, <emph>In Rufinum</emph>, 1, vv. 201-216. Allí Claudiano critica la ambición del consul Rufino y su afán de riqueza y, para ello, tras mencionarle tres ejemplos de austeridad romana (Fabricio, el cónsul Serrano y los Curios), contrasta diversos elementos de la vida sencilla con otros opulentos<seg rend="a">, y, en su destierro, anhela poder al menos disfrutar de una tierra que cuidar</seg>.</note>; Ovid<emph>io</emph> en lo de Ponto, l<emph>ibro</emph> 2<note place="bottom">A pesar de citar el libro 2, creo que Ponce se refiere a unos versos del primero. En <emph>Ex Ponto</emph>, 1, 8, vv. 41-60, Ovidio evoca los huertos y sembrados cercanos a las vías Clodia y Flaminia.</note>; Olimpius Nemisian<emph>us</emph>, églog<emph>a</emph> 1<note place="bottom">Marcus Aurelius Olympius Nemesianus, poeta latino del siglo III que, entre otras obras que se le atribuyen, escribió cuatro églogas y un poema sobre la caza (<emph>Cynegetica</emph>). Varios pasajes de las églogas responden a la idea señalada por Ponce. En la primera, a la que se refiere Ponce, pueden señalarse los vv. 1-8 y 32-34, donde el paraje campestre invita al lamento fúnebre del pastor Timetas por la muerte del anciano Melibeo. Más detalles sobre el autor ofrece Magaña Orúe, 2001.</note>; Tasso en la <emph>Hierusalem Liberata</emph>, cant<emph>o</emph> 7, est<emph>ancia</emph> 9<note place="bottom">En este canto de la<emph> Gerusalemme liberata</emph>, Erminia es acogida en una choza rústica, y un viejo pastor canta los elogios de esta vida; cito la estancia en cuestión: «O sia grazia del Ciel che l’umiltade / d’innocente pastor salvi e sublime, / o che, sì come il folgore non cade / in basso pian ma su l’eccelse cime, / così il furor di peregrine spade / sol de' gran re l’altere teste opprime, / né gli avidi soldati a preda alletta / la nostra povertà vile e negletta». A esta estrofa 9, a la que se refiere Ponce, pueden añadirse al menos las dos siguientes, también sobre el mismo asunto.</note>; Luis Alemán en el l<emph>ibro</emph> 1 de la cultivación<note place="bottom">Se refiere a la obra de Luigi Alamanni (1495-1556) titulada <emph>Della coltivazione</emph> (1546), poema inspirado en las <emph>Geórgicas</emph> de Virgilio.</note>, que es el superior de sus obras; y a Garcilaso en la églog<emph>a</emph> 2<note place="bottom">Son varios los pasajes de esta égloga 2 de Garcilaso a los que pudiera referirse Ponce: los vv. 430 y ss., que enmarcan el lamento de Albanio en el clásico <emph>locus amoenus</emph>; también los vv. 506-514, donde diversos elementos de la naturaleza se hacen eco del mal de amor de Albanio, y que Fernando de Herrera relacionó en sus anotaciones con un pasaje de la égloga 2 de Olympius Nemesianus (vv. 27-32).</note>, <pb n="fol. 46v"/> cuyos lugares no pongo aquí por seguir la brevedad.</p>
      <p>19. «Leche que exprimir vio el Alba<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 147.</note>».</p>
      <p>Así construyo estos cuatro vers<emph>os</emph>: leche le dan, gruesa y fría, que exprimir vio el Alba aquel día, mientras los blancos lilios de su frente bella perdían, comparados con ella, su blancura.</p>
      <p>20. Del viejo Alcimedón invención rara<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 152.</note>.</p>
      <p>No hallo que Alcimedón fuese inventor de la cuchara; mas bien puedo no hallarlo yo<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Vease (si basta) lo que dice de / Alcimedon, Virg. / églog. 3. vers. 37. / y. 44.». Virgilio, <emph>Ecloga</emph> 3, vv. 36-39: «[...] pocula ponam / fagina, caelatum diuini opus Alcimedontis; / lenta quibus torno facili superaddita uitis / diffusos hedera uestit pallente corymbos» («unas copas de haya, obra cincelada del divino Alcimedonte; en ellas una flexible vid, puesta en relieve con hábil trépano, recubre los corimbos extendidos por la pálida yedra»; ver también el v. 44: «Et nobis idem Alcimedon duo pocula fecit» («para mí también el mismo Alcimedonte labró dos copas», trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990). El comentario y dificultades de Ponce en este verso son buen reflejo de las que sufren los estudiosos del poema; ver al respecto Jammes, 1994, p. 592-593, y la argumentación que se ofrece en la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (pp. 213-215). </note>.</p>
      <p>21. «El que de cabras fue, dos veces ciento», hasta el fin de la estancia, que son diez versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 153-162.</note>.</p>
      <p>Dice que le dieron al huésped cecina de un cabrón viejo que fue esposo casi cinco años de un <pb n="fol. 47r"/> rebaño de ducientas cabras; y que otro más tierno y rival le mató, redimiendo con su muerte muchas vides que destruiría viviendo<note place="bottom">La paráfrasis de Jammes, 1994, pp. 229-231, coincide en lo esencial con la breve explicación de Ponce.</note>.</p>
      <p>«Cuyo diente no perdonó racimo»<note type="app" rend="I">Como he señalado en la nota correspondiente, esta es la redacción original del verso en la copia de la <emph>Soledad primera</emph> que manejó Ponce. A esa lectura, una mano distinta le añadió la preposición <emph>a</emph> («no perdonó a racimo»).</note>: porque este animal es amicísimo de uvas, y por esto consagrado a Baco; Martial, l<emph>ibro</emph> 5<note place="bottom">En las ediciones modernas, la cita del epigrama de Marcial se encuentra en 3, 24, vv. 1-2: «Vite nocens rosa stabat moriturus ad aras / hircus, Bacche, tuis uictima grata focis» («Culpable de haber roído una vid que estaba en los altares / un carnero, Baco, víctima agradable en tus sacrificios», trad. J. Fernández Valverde y A. Ramírez de Verger, 1997). La ubicación en el libro 5 (5, 71) es habitual en las ediciones del XVI y XVII; así en la de Lyon, apud Seb. Gryphivm, 1548 (p. 133). Pero, como se indica en la introducción (apdo. 5), creo que Ponce tomó el dato de la <emph>Officina</emph> de Ravisio Textor, en su apartado «Deorum victimae»; la coincidencia de la cita es literal, y destaca en ella la grafía <emph>rosea</emph>s en lugar de<emph> rosa</emph>: «Martialis libro quinto. Vite nocens roseas stábat moriturus ad aras Hircus, Bacche tuis victima grata focis» (ed. Paris, 1532, fol. CCXXVIIIr).</note>:</p>
      <p xml:lang="en">Vite nocens roseas stabat moriturus ad aras</p>
      <p>hircus, Bacche tuis victima grata focis.</p>
      <p>22. «Es Sísifo en la cuesta<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 168.</note>».</p>
      <p>Ovid<emph>io</emph>, en el 4 Metam<emph>orfosis</emph> <note place="bottom">Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 4, v. 460 y ss.</note>, dice que Sísifo tiene por pena en el infierno subir un peñasco en hombros a la cumbre de un monte, de donde, volviendo a caérsele, hace su tormento continuado. Horacio en el <emph>Epodon</emph>, oda 17:</p>
      <p>Optat supremo colocare Sisyphus</p>
      <p>in monte saxum<note place="bottom">Horacio, <emph>Epodon</emph>, 17, vv. 68-69: «querría Sísifo llevar / su peña a la cima» (trad. M. Fernández-Galiano, 1990).</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 47v"/> Aquí puede esto aplicarse a muchos sentidos. Paréceme que el literal solo es: 'de la pesadumbre de los sueños procedidos de vaporosos vinos y excesivos manjares’. Y así, a este que dormía le pone libre de la opresión de este sueño, porque la cena no pudo ocasionarle, habiendo sido ligera.</p>
      <p>23. «De trompa militar», et<emph>céter</emph>a, con 4 ver<emph>sos</emph><note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 171-175.</note>.</p>
      <p>Leo: 'no fue interrumpido el sueño de trompa militar u templado son de cajas, sino del mastín embravecido con el ruido de las secas hojas’. Esta voz (<emph>coscoja</emph>) dicen es provincial<note place="bottom">López Bueno, 2018, p. 142, n. 293, señala que Almansa calificó de «provincial» la voz <emph>cruja</emph> en sus <emph>Advertencias</emph> (p. 142).</note>; yo no la desobedezco porque soy novicio en su religión, aunque no es de mi provincia<note place="bottom">Jáuregui (<emph>Antídoto</emph>, ed. Rico García, pp. 27 y 54) censuró este verso y colocó la voz <emph>coscoja</emph> en la lista de «domésticos modos» que achacaba al poema. Como se ha indicado en la introducción (apdo. 1), esta declaración de Ponce hace difícil que su origen sea cordobés.</note>.</p>
      <p>Los seis versos que siguen<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 176-181.</note>, en que describe la mañana y nacimiento del <pb n="fol. 48r"/> sol, he creído ser la descripción más prima<note place="bottom"><emph>prima</emph>: «primorosa, excelente» (<emph>DLE</emph>).</note> y los términos más superiores, por novedad, pureza y gallardía, que hasta hoy se ha escrito, sin hallar —en mi opinión— cosa que pueda igualarlos. Y así, encargo su atenta ponderación a los elevados ingenios.</p>
      <p>24. «De cuantos pisan faunos la montaña<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 189.</note>».</p>
      <p>Los faunos son deidades de las selvas, venerados de los pastores. Virg<emph>ilio</emph>, Geo<emph>rgica</emph> 1, verso 10:</p>
      <p>et vos, agrestum praesentia numina, Fauni<note place="bottom">«vosotros, Faunos, tutelares númenes del campesino agreste» (trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990).</note>.</p>
      <p>Camões, églog<emph>a</emph> 3:</p>
      <p>Os faunos, certa guarda dos pastores,</p>
      <p>ja não seguem as Nimphas na espesura<note place="bottom">Camões, égloga 1, vv. 173-174, donde se lee <emph>espessura</emph>.</note>.</p>
      <p>25. «Si mucho, poco mapa le despliega<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 194, donde se lee «les despliega»; la versión del poema que se copia al comienzo del manuscrito también registra «le».</note>».</p>
      <p>Leo en estos 3 versos que, si bien era mucho lo que se vía <pb n="fol. 48v"/> en el pequeño mapa, o poca tierra, era mucho más lo que confundía el sol desatando las nieblas de la noche, y lo que la mucha distancia impedía que se viese<note place="bottom">La interpretación de Ponce concuerda con la habitual para estos versos; ver Jammes, 1994, pp. 238-239, y 1994, p. 593, donde recoge la diferente lectura que hizo Díaz de Rivas: «Dice que si el poco sitio de la tierra que se parecía desde el risco mostraba mucho mappa (quiere decir mucha belleza y hermosura juncta de países, que en varias y distintas tierras suelen estar esparcidas), mucho más mappa, o mucha más belleza de países les despliegan las nieblas» (Ms. 3.906 BNE, fol. 200 bis).</note>.</p>
      <p>26. «Quiere la Copia que su cuerno sea</p>
      <p>si al animal armaron de Amaltea,</p>
      <p>dïáfanos cristales<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 203-205.</note>».</p>
      <p>La fábula de la Copia o cuerno de Amaltea es: que cuando Hércules peleó con Aqueloo en forma de toro, le quitó un cuerno y, lleno de flores y frutas, se le dio a Amaltea por haber sido ama suya. Mas la inteligencia destos versos requiere también la verdad desta historia, que es que Hércules guio un brazo del río Aqueloo a que corriese por la madre de él, y la tierra que <pb n="fol. 49r"/> quedó descubierta tenía forma de cuerno y fue después muy fértil de frutos y flores; y por ser señora de ella Amaltea, dicen lo que he referido. Véase en Estrabón<note place="bottom">Estrabón, <emph>Geografía</emph>, 10, 2, 19.</note>.</p>
      <p>27. «Al venatorio estruendo<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 230.</note>».</p>
      <p>Es: ‘al ruido y tropel de los cazadores’. La voz <emph>venatorio</emph> es latina, y traída según el precepto de Horacio:</p>
      <p>Si graeco fonte cadant<note place="bottom">Horacio, <emph>Ars Poetica</emph>, vv. 52-53: «et noua fictaque nuper habebunt uerba fidem, si / Graeco fonte cadent parce detorta [...]» («y estas nuevas e inventadas palabras tendrán crédito / si proceden de una fuente griega, poco desfiguradas», trad. F. Navarro Antolín, 2002). Horacio justifica el uso de voces nuevas por parte del poeta, si estas proceden de términos griegos. Es un pasaje muy citado por los defensores de Góngora.</note>.</p>
      <p>28. «Armado a Pan, o semicapro a Marte,</p>
      <p>en el pastor m<emph>en</emph>tidos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 234-235. La marca de nasalidad en «mȇntidos» pudiera haber sido añadida por otra mano, a juzgar por el tono más oscuro de la tinta y el mayor grosor del trazo.</note>».</p>
      <p>Pan es el dios de los ganados. Ovid<emph>io</emph>, Metam<emph>orfosis</emph>, 10<note place="bottom">En el libro XI de las <emph>Metamorphoses</emph> (vv. 147-160) se nombra a Pan como dios de los ganados; en el libro XIV, v. 515, se alude a él con la voz <emph>semicapro</emph>; en el libro I, vv. 689-712, se relata su episodio con Siringe. No he encontrado la referencia en el libro X en las eds. de Venecia (1493, 1497, 1500) ni Milán (1510). Ravisio Textor (<emph>s.v. antrum</emph>), remite al verso 147 de las <emph>Metamorfosis</emph>, pero lo sitúa en el libro 13.</note>. La parte superior de hombre y la inferior de cabrón, que uno y otro significa la voz <emph>semicapro</emph>. Marte, dios de las batallas; Homero en el 8 de la <emph>Odisea</emph><note place="bottom">Probablemente se refiera a Homero, <emph>Odisea</emph>, 8, vv. 266-366, donde se cantan los amores de Ares (Marte) y Afrodita.</note>. Así que, por haber sido soldado este <pb n="fol. 49v"/> pastor, dice que se admiró el forastero de ver, contrapuestos en él, armado a Pan y ganadero a Marte.</p>
      <p>29. «Rémora de sus pasos fue su oído<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 237.</note>».</p>
      <p>De la rémora dicen Arist<emph>óteles</emph>, en el lib<emph>ro</emph> 2 de <emph>Hist</emph>oria <emph>anim</emph>alium, cap<emph>ítulo</emph> 14<note place="bottom">Aristóteles, <emph>Historia de los animales</emph>, 2, 14, señala sobre la rémora: «De los peces que viven en las rocas, hay uno pequeño llamado rémora. Algunos se sirven de él para perjudicar y para la composición de filtros amorosos. No es comestible. Algunos pretenden que tiene patas, pero es un error: en realidad parece tenerlas porque sus aletas se parecen a patas» (p. 114, trad. J. Pallí Bonet, Madrid, Gredos, 1992).</note>, y Plin<emph>io</emph>, c<emph>apítulo</emph> 26 del 9 lib<emph>ro</emph><note place="bottom">No he encontrado la referencia en <emph>Naturalis Historia</emph> 9, 26. En las ediciones modernas, las alusiones de Plinio a la rémora —en las que se incluye la creencia de que podían detener una nave— se encuentran en <emph>Naturalis Historia</emph>, 9, 25 (41) y 32, 1. Pero en varias del XV y XVI la primera se halla en 9, 25: Venecia, Johannes Alvisius de Varisio, 1499; Paris, Ambrosio Girault, 1526; Paris, Ioannem Paruum, 1532. La que ofrece Ponce pudiera proceder de otra de las muchas ediciones de la obra de Plinio, o ser un error de Ponce o su fuente sobre la localización en 9, 25.</note>, ser un pez de tal naturaleza que, aferrándose a una nave, la detiene aunque vaya en popa; si bien Plut<emph>arco</emph>, en la cuestión 7, década 2 de las <emph>Cuestiones conviviales</emph><note place="bottom">En sus <emph>Cuestiones conviviales</emph>, 2, 7, Plutarco habla de la rémora. Al servirles un pescado en una cena, Chaeremonianus el Tralliano afirmó ser como la rémora, un pez que había visto en el mar de Sicilia y que tenía la fuerza suficiente para detener un barco. Algunos comensales rieron ante esa observación que consideraban ridícula, y otros añadieron más ejemplos de casos extraños, como que una serpiente se había quedado inmóvil al ser tocada con una hoja de haya.</note>, dice que tiene por cosa ridícula y fabulosa la fuerza que atribuyen a este pez. Es, al fin, elegante la metáf<emph>or</emph>a suya con que nos significa la poderosa fuerza de la música, pues deja inmóvil al que llega a escucharla.</p>
      <p>30. «<hi rend="u">Juntaba el cristal líquido al humano</hi><note place="bottom" resp="author"><emph>Soledad primera</emph>, v. 244. Subrayado por la mano del corrector, que añadirá el siguiente comentario en la parte inferior del folio: «* quiere deçir <hi rend="u">que esta ninfa se lababa / el rostro»</hi>. Manuel Ponce respondió a continuación lo siguiente: «yo creí que se abría labado en casa / para ir a la [estas cuatro palabras anteriores se leen con dificultad por haber sido cortado el folio] boda, y q<emph>ue</emph> veuia, sedienta del camino». Además, Ponce coloca una cruz tras la palabra <emph>ninfa</emph>, que sirve de llamada para la siguiente anotación en el margen derecho: «No / Ninfa / sino za / -gala». La interpretación del corrector coincide con las paráfrasis modernas; ver Jammes, 1994, p. 249.</note>».</p>
      <p>Esto es, que bebía con la mano en el arroyo.</p>
      <p>31. «Ser menos las que verdes hamadrías<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 261.</note>».</p>
      <p><pb n="f. 50r"/> Hamadríades, en griego, significa árboles; y así, se llaman hamadrías las deidades que habitan en ellos. Sannaz<emph>aro</emph>, pros<emph>a</emph> 8:</p>
      <p>Uscite da vostri alberi, o pietose Amadriadi, sollicité conservatrice di quelli<note place="bottom">En Sannazaro, <emph>Arcadia</emph>, 8, 49, el pastor Carino pide a las hamadríades que salgan de sus árboles y le presten atención: «Uscite da’ vostri alberi, o pietose amadriadi, sollicite conservatrici di quelli».</note>.</p>
      <p>Camões, églog<emph>a</emph> 6:</p>
      <p>E vós, deosas do vosque &amp; clara fonte</p>
      <p>ou dos troncos que viven largos anos<note place="bottom">Invocación del pastor Agrario en la égloga 6 de Camões, vv. 187-188 (<emph>vivem</emph> en las ediciones).</note>.</p>
      <p>32. «El sileno buscaba<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 271.</note>».</p>
      <p>Sileno es dios de las selvas, a quien las ninfas llamaban y hacían fiestas en ellas. Ve a Alex<emph>ander</emph> ab Alex<emph>andro</emph>, l<emph>ibro</emph> 6<note place="bottom">Se refiere a Alessandro Alessandrini (1461-1523) —Alexander ab Alexandro—, jurista napolitano formado en letras y antigüedades, que elaboró una compilación de saberes varios (<emph>Geniales dies</emph>) basada en las <emph>Noctes Atticae</emph> de Aulo Gelio y los <emph>Saturnalia</emph> de Macrobio. La referencia de Ponce a las festividades dedicadas a Sileno se encuentra en el capítulo 19 del libro sexto de los <emph>Geniales dies</emph> (fol. CCLXXa de la edición de 1522, Roma, Mazochius). Sobre este autor, ver De Nichilo, 2012.</note>. Dice aquí que buscaba el garzón de aquellas serranas porque estaban entonces solas.</p>
      <p>33. «O si del Termodonte<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 275.</note>».</p>
      <p>Es río del Asia mayor, que baja del monte Amazonio y pasa por Temiscira, <pb n="fol. 50v"/> ciudad de Capadocia (Plinio, li<emph>bro</emph> 5, c<emph>apítulo</emph> 9)<note place="bottom">En el libro 5 (el que menciona Ponce) se hallan varias menciones dispersas a la Capadocia y a lugares fundados por las amazonas. He encontrado la referencia concreta al río Termodonte en Plinio,<emph> Naturalis Historia</emph> 6, 3: «Iris flumen deferens Lycum. Ciuitas Ziela intus, nobilis clade Triarii et uictoria C. Caesaris. In ora amnis Thermodon, ortus ad castellum, quod uocant Phanorian, praeterque radices Amazonii montis lapsus. Fuit oppidum eodem nomine et alia quinque, Amazonium, Themiscyra, Sotira, Amasia, Comana, nunc Matium» («el río Iris, que lleva consigo al río Lico. La tierra adentro, la ciudad Ziela, noble por la rota de Triario y victoria de C. César. En la ribera del río Termodoon, nacido junto al castillo que llaman Fanaroea, y corre por las raíces del monte Amazonio. Hubo allí un pueblo del mismo nombre, y otros cinco llamados Famizonio, Temiscira, Sotira, Amasia y Comana, llamado ahora Manteyo», trad. Jerónimo de Huerta, 1624, p. 191). Ver las ediciones de Parma, Andreas Portilia, 1481; Venecia, Johannes Alvisius de Varisio, 1499; Paris, Ambrosio Girault, 1526. Como en casos anteriores, la referencia que ofrece Ponce pudiera proceder de otra de las muchas ediciones de la obra de Plinio o, en este caso, haberse querido referir a las menciones a la Capadocia incluidas en el libro 5, a las que he aludido al comienzo de la nota.</note>; famoso por las amazonas que habitaron sus riberas, así en el ejercicio de la guerra como en el de la caza. Ovid<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 3 <emph>De ponto</emph>; Sil<emph>io</emph> Itál<emph>ico</emph>, l<emph>ibro</emph> 8:</p>
      <p>Sil<emph xml:lang="en">ius</emph>. Prestrepit et tellus, et Amazonius Thermodon<note place="bottom">Silius Italicus, <emph>Punica</emph>, 8, 430: «perstrepit et tellus et Amazonius Thermodon» («ni retumban con menor tumulto el suelo y el Termodonte, río de las Amazonas», trad. J. Villalba Álvarez, 2005). Con trazo más intenso se colocó un corchete de apertura [ antes de «et Amazonius».</note>.</p>
      <p>Ovi<emph>dius</emph>. Et tu foeminea Thermodon cognite turba<note place="bottom">Ovidius, <emph>Ex ponto</emph>, 4, 10, v. 51: «et tu, femineae Thermodon cognite turmae» («"y tú, Termodonte, conocido por el tropel de mujeres», traducción de A. Pérez Vega, Madrid, CSIC, 2000). Los lugares de Ovidio y Silio Itálico eran muy citados en los comentarios de la <emph>Eneida</emph> de Virgilio (9, v. 659) al hablar del Termodonte. En el manuscrito se ha corregido el trazo de la <emph>a</emph> de <emph>foeminea</emph> y de la <emph>e</emph> de <emph>cognite</emph>, y se ha tachado una <emph>i</emph> en <emph>Thermodon</emph>, que inicialmente se había escrito <emph>Thermiodon</emph>.</note>.</p>
      <p>Claud<emph>ianus</emph>. Thermodontiaca Tanaim fregere securi<note place="bottom">Claudianus, <emph>De raptu Proserpinae</emph>, 2, vv. 65-66: «[...] seu flauos strauere Getas seu forte rigentem / Themodontiaca Tanaim fregere securi» («ya si abatieron a los rubios Getas, ya si por casualidad hicieron añicos con sus hachas del Termodonte al helado Tánais», trad. M. Castillo Bejarano, 1993).</note>.</p>
      <p>34. «Escuadrón de amazonas desarmado<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 278.</note>».</p>
      <p>Significa en estos versos la confusión que causaban al forastero las serranas, porque eran muchas y no había hombre alguno con ellas. Y dice que discurría imaginando si eran bacantes que hacían fiestas al dios Baco —y que, así, miraba si veía con ellas al sátiro Sileno, q<emph>ue</emph> era guía destas bacantes<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Vease en / Natal / comite / L. 5. C / 8. de su / Mithol.». Se refiere al conocido compendio de mitología de Natale Conti, <emph>Mythologiae sive explicationis fabularum libri decem</emph> (1567). El capítulo 8 de su libro 5 se dedica a los Silenos.</note>—, o si era escuadrón de amazonas q<emph>ue</emph> tenía el arroyo en sus riberas, haciendo emulación al Termodonte<note place="bottom">La explicación del lugar que ofrece Ponce parece correcta, como también la que ofreció Díaz de Rivas en sus <emph>Anotaciones a la Soledad primera</emph> (nota 57, BNE ms. 3.906, fol. 206): «el Thermodoonte es rio de Scithia juncto a el qual habitan las Amazonas como refiere Apolonio y Justino lib. 2. Dice pues el auctor q<emph>ue</emph> auia duda, si emulando el arroio al Thermodonte aquel esquadron de serranas era de Amazonas q<emph>ue</emph> tremolaban pacificas vanderas porq<emph>ue</emph> venian sin armas. Es tambien esta comparacion imitada de Claudiano en el mismo lugar donde aquella compañia de nynphas q<emph>ue</emph> acompañaba a Proserpina la compara a las esquadras de las Amazonas»; ver también Jammes, 1994, pp. 253-256.</note>. <pb n="fol. 51r"/> Porque estar solas, y sin arco ni aljaba en cuyas insinias pareciesen, ninfas cazadoras de Diana, le ocasionaba creer<note type="app" rend="I">Antes de <emph>creer</emph> se ha tachado una letra, probablemente una <emph>a</emph>.</note> que eran pacíficas amazonas; de las cuales dice Diodoro Sículo, en el l<emph>ibro</emph> 3<note place="bottom">Diodoro Sículo, <emph>Biblioteca Histórica</emph>, 3, 52-55. </note>, que aborrecieron los hombres y su compañía con extremo, de suerte que, a fuerza de armas, no permitieron ninguno en todo el imperio de la Escitia<note place="bottom">En la antigüedad, era la región habitada por los escitas entre los siglos VIII a C. y II d C. En términos generales, comprendía los territorios del noroeste del Asia Menor, desde el Danubio a la costa del Ponto Euxino o Mar Negro.</note> que tuvieron sujeto; por lo cual dice aquí «el yugo de ambos sexos sacudido»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 283.</note>, que es el del matrimonio. El origen de las amazonas y sus batallas y fin escribe copiosamente por extenso Justino histórico, en el l<emph>ibro</emph> 2 <note place="bottom">Justino, <emph>Historiarum Philipicarum libri XLIV</emph>, 2, 4, donde habla de las amazonas, al igual que en 12, 3. Estos pasajes de Justino sobre las amazonas eran muy conocidos y citados en la literatura española, como señala Lida de Malkiel, 1974, p. 60.</note>, y refiérenlo Quinto Curcio, <emph>De gestis Alexandri</emph><note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «L. 6», refiriéndose al lugar de Quinto Curcio, <emph>De rebus gestis Alexandri Magni</emph>, donde se habla de las amazonas; concretamente, en 6, 5.</note>; Virg<emph>ilio</emph>, en el 11 de la Eneid<emph>a</emph><note place="bottom">En la <emph>Eneida</emph>, la referencia a las amazonas en el libro 11 se vincula al personaje de Camila (<emph>Aeneidos</emph> 11, v. 532 y ss.). Probablemente Ponce se refiere a estos versos donde Camila y su tropa se asemejan a las Amazonas que viven a orillas del Termodonte (vv. 659-660): «quales Threiciae cum flumina Thermodontis / pulsant et pictis bellantur Amazones armis» («semejantes a las amazonas tracias, que recorren las márgenes del Termodonte y guerrean con sus pintadas armas», trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>; Valer<emph>io</emph> Flaco, l<emph>ibro</emph> 5<note place="bottom">Valerio Flaco habla de las amazonas en varios lugares de sus <emph>Argonáuticas</emph> (4, 601-602; 5, 612 y ss., 6, 367-380).</note>;  Estacio, l<emph>ibro</emph> 12 de la Teb<emph>aida</emph><note place="bottom">Estacio habla de las amazonas en varios lugares del libro 12: en <emph>Thebaida</emph> 12, vv. 385-392 se compara a la matrona griega Argía con el valor y dureza de las amazonas; en 12, 1161-1216 se muestra la llegada de Teseo, vencedor de las amazonas, y se hace un retrato de estas y de Hipólita, desposada con aquel. En el margen izquierdo, Ponce anota «vease este», refiriéndose probablemente al lugar de Estacio.</note>; Ovid<emph>io</emph>, in epist<emph>ula</emph> Faedrae<note place="bottom">La cuarta de las <emph>Heroidas</emph> de Ovidio es la epístola de Fedra a su hijastro Hipólito, hijo de Teseo y de Hipólita, reina de las amazonas.</note> y e<emph>n</emph> lo de Ponto<note place="bottom">Es el lugar citado por Ponce en el folio anterior; Ovidius, <emph>Ex ponto</emph>, 4, 10, v. 51; ver allí la nota.</note>.</p>
      <p>35. «Al tiempo que de flores impedido<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 284.</note>»: 'al tiempo que cubierto de flores’.</p>
      <p><pb n="fol. 51v"/> «El rayo nuevo<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 286. En el manuscrito, esta entrada y las dos siguientes, que reproducen fragmentos del poema, van precedidas por la marca habitual de Ponce en estos casos, que, como se ha indicado en una nota anterior, es un signo de forma semejante a la interrogación de apertura.</note>»: 'el pequeño cuernecito'.</p>
      <p>«Purpúrea terneruela<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 287.</note>»: 'cubierta de purpúreas rosas’.</p>
      <p>«Conducida de su madre<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 287-288.</note>»: 'llevada allí por su madre, a quien ella se guiaba'<note place="bottom">La <emph>b</emph> parece corregida sobre una inicial <emph>u</emph>.</note>.</p>
      <p>36. «Doméstico es del Sol, nuncio canoro<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 294.</note>».</p>
      <p>Homero, en el 8 de la <emph>Odisea</emph><note place="bottom">Homero, <emph>Odisea</emph>, 8, vv. 266-367. Pero allí Homero no cuenta el episodio del gallo. Este sí se recoge en la <emph>Mitología</emph> (2, 6) de Natale Conti, quien señala que «También Homero abarcó este tema [los amores de Marte y Venus] en muchos versos del libro VIII de la Odisea» (p. 141). Natale Conti relata que Gallo, un muchacho amigo de Marte, era el encargado de avisarle si alguien venía mientras cometía adulterio con Venus; al quedarse dormido un día, el Sol descubrió a los amantes y Marte castigó al muchacho convirtiéndolo en el animal que lleva su nombre, «por lo que también ahora indica con gran griterío la salida del Sol, como si tuviera que señalar a Marte que tenga cuidado con el Sol» (<emph>Mitología</emph>, p. 141)</note>, escribe la fábula de Marte y Venus<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Ouid. / Met. / 4». Ovidio se ocupa de este mito en <emph>Metamorphoses</emph>, 4, vv. 167-189. Tampoco señala allí el episodio del gallo.</note>. Y dice que el gallo era centinela que avisaba de la venida del sol porque no los hallase juntos; y que una vez se descuidó y el sol los vio<note type="app" rend="I">La <emph>o</emph> de <emph>vio</emph> y la coma han sido escritas con un trazo más grueso.</note>, y en pena fue convertido esta ave, que siempre canta antes que salga el sol avisando que ya viene; por lo cual, dice en este verso que es canoro nuncio suyo.</p>
      <p>37. «Del último occidente<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 311.</note>».</p>
      <p>Esta ave es el pavo, ya común en España. En las Indias del occidente son estos como acá las gallinas. Y así, dice Ju<emph>an</emph> Lorenzo de Anania, en su <emph>Fábrica del mundo</emph>, l<emph>ibro</emph> 4, <pb n="fol. 52r"/> tratado de la América<note place="bottom">Se refiere al geógrafo y teólogo italiano Giovanni Lorenzo D'Anania (1545-1609), y a su obra <emph>L'vniversale fabrica del mondo</emph>, publicada en Nápoles en 1573 y luego en Venecia en 1576.  Cito por la edición veneciana el pasaje del tratado cuarto al que se refiere Ponce: «ui sono parimenti una grande infinità delle loro Galline, che grandi, come Pauoni, mutano la cresta, e la barba, che loro pende molto lunga, in tanti colori, di quanti forse non son le penne, che hanno addosso, non come il Tarando, ò Camaleone dall oggetto: ma secondo le passioni, che loro si offeriscono nell’animo: di che la gola humana hà hormai fatto, che per tutto ue ne sia copia grandissima» (p. 308).</note>:</p>
      <p>Vi sono parimente una grande infinitá de le loro galline, che grandi como pavoni mutano la cresta e la barba, che loro pende molto lunga, in tanti colori quanti sono le pasioni loro.</p>
      <p>Con cuyas palabras queda llana la inteligencia destos 4 versos q<emph>ue</emph> tratan del pavo.</p>
      <p>38. «Que Himeneo», etc.<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 314.</note>.</p>
      <p><emph>Himen</emph>, en griego, significa 'membrana', que es un vaso donde las mujeres conciben; a cuya causa los antiguos tuvieron<note type="app" rend="I"><emph> tubiero</emph> en el manuscrito.</note> a Himeneo por el dios de las bodas, según Alberico<note place="bottom">Albericus Londoniensis, identificado con Alexander Neckam (1157-1217) y con la figura del Mitógrafo Vaticano III (codex. Vat 3413): erudito inglés que, entre otras obras, escribió las <emph xml:lang="it">Allegoriae poeticae: seu de veritate ac expositione poeticarum fabularum libri quatuor Alberico londonensi authore</emph>. Este texto influyó en la obra mitográfica de Boccaccio, de donde Ponce toma los datos para esta nota. Este es el texto de Alberico: «Venere et Baccho natus fingitur Hymenaeus, quia, ut ait Remigius, ob vini petulantiam libido excitari solet. Dicitur autem Graece <emph>ύμήν</emph> membrana, quae est proprie muliebris sexus, in qua puerperia fieri dicuntur. Inde Hymenaeus nuptiarum dictus est» ('se supone que Himeneo nació de Venus y Baco, pues, como dice Remigio, la libido suele excitarse a causa del desenfreno del vino. En griego<emph> himen</emph> significa membrana, que es propia del sexo de la mujer, en la cual se producen los partos. De ahí que Himeneo se dice de las bodas’) (tratado 4. Cap. 2, fol. xl de la ed. de Paris, Joannis de Marnef, 1520).</note> y Remigio<note place="bottom">Remigio de Auxerre (c. 850-908), <emph>Comentum in Martianum Capellam</emph>, libro 1, 3, 5: «Hymen Grece dicitur membranula, et est proprie muliebris sexus in qua fiunt puerperia, inde dictus est Hymeneus nuptiarum deus» ('<emph>Himen</emph> en griego significa membrana, y es propia del sexo de la mujer, en la que se producen los partos; de ahí que se diga que Himeneo es el dios de las bodas’). Como puede observarse, el texto de Remigio de Auxerre fue utilizado por Alberico en el pasaje citado en la nota anterior.</note>. Mas Lactancio siente esto de otra suerte<note place="bottom">Lactantius Placidus (c. 350-c. 400), <emph>In Statii Thebaida Commentum</emph>, 3, 283: «Hymenaeis Hymenaeus puer genere Atheniensis fuit. is cum annos puerilis aetatis excederet neque adhuc uirum posset implere, ea pulchritudine praeditus fuisse dicitur, ut feminam mentiretur. istum cum una ex ciuibus suis uirgo nobilis adamasset, ipse, mediocribus ortus parentibus, quia nuptias desperabat, quod poterat tamen, puellam extrema amoris linea diligens, [satis] animo solo satisfaciebat aspectu. cumque nobiles feminae cum uirginibus sacra Cereris Eleusinae celebrarent, subito aduentu piratarum raptae sunt, inter quas etiam Hymenaeus (qui illo amatam fuerat subsecutus) qui puella creditur. cum igitur per longinqua maria praedam piratae uexissent, ad quandam regionem tandem deuoluti perueniunt ibique somno oppresi ab &lt;Hymenaeo&gt; sunt perempti. Hymenaeus relictis ibi uirginibus reuersus Athenas pactus est a ciuibus dilectae nuptias, si eis suas filias restituisset. quas ubi pro uoto restituit, exoptatam accepit uxorem. quod coniugium quia felix fuerat, placuit Atheniensibus nomen Hymenaei nuptiis miscere» (ed. R. D. Sweeney, 1997, pp. 195-196). Ver la traducción castellana del pasaje en el texto de Boccaccio incluido en la nota siguiente.</note>. Véase todo en la <emph>Genealogia de los dioses</emph> del Boccaccio, l<emph>ibro</emph> 5<note place="bottom">Ponce toma sus informaciones de Boccaccio, <emph>Genealogia deorum gentilium</emph> (5, 26): «Hymeneu<emph>m</emph> dicit Albericus filiu<emph>m</emph> fuisse Bacchi &amp; Veneris, &amp; sequit<emph>ur</emph> auctoritate<emph>m</emph> Remigii, ob id habitu<emph>m</emph>, quia ex nimia petula<emph>n</emph>tia libido soleat excitari. Hymen aute<emph>m</emph> graece dicit<emph>ur</emph> me<emph>m</emph>brana, quae est proprie muliebris sexus, in qua puerperia fieri dicunt<emph>ur</emph>, inde Hymeneus nuptiaru<emph>m</emph> deus dictus est. Sanè Lactant<emph>ius</emph> ab historia tractu<emph>m</emph> dicit scribe<emph>n</emph>s: quia Hymeneus puer fuerit Atheniensis mediocri genere natus, qui cum annos puerilis aetatis excederet, nec dum uiru<emph>m</emph> posset implere, ea pulchritudine fuisse praeditu<emph>m</emph> dicit<emph>ur</emph>, ut foemina<emph>m</emph> mentiret<emph>ur</emph>. Istum cum una ex ciuibus suis uirgo nobilis adamasset, is quia nuptias desperabat, puella<emph>m</emph> tamen uersa uice diligebat extreme, &amp; animo salte<emph>m</emph> aspectu satisfaciebat suo. Cumq<emph>ue</emph> nobiles foemin<emph>ae</emph> cum uirginibus sacra Cereris Eleusinae celebrare<emph>n</emph>t, subito aduentu pirataru<emph>m</emph> raptae sunt, inter quas etiam Hymeneus, qui illò à se dilecta<emph>m</emph> secutus fuerat. Cum igit<emph xml:lang="en">ur</emph> per longinqua maria praeda<emph xml:lang="en">m</emph>, piratae uexissent, ad quanda<emph xml:lang="en">m</emph> tande<emph xml:lang="en">m</emph> regione<emph xml:lang="en">m</emph> deuoluti, &amp; ibi somno oppressi, ab insequentibus interempti sunt omnes. Hymeneus aute<emph xml:lang="en">m</emph> relictis uirginibus euolauit Athenas, pactus à co<emph xml:lang="en">n</emph>sanguineis dilectae suae nuptias, si illis filias nuper raptas restitueret, quas ubi pro uoto restituit, exoptata<emph xml:lang="en">m</emph> accepit uxore<emph xml:lang="en">m</emph>. Quod coniugiu<emph>m</emph> quia felix fuerat, placuit Atheniensibus nomen Hymenei misceri nuptiis» (p. 138, ed. de Basilea, 1532) («Dice Alberico que Himeneo fue hijo de Baco y de Venus y sigue la opinión de Remigio, por lo que se considera que su pasión solía excitarse con excesiva insolencia. En griego se llaman <emph>hymen</emph> a la membrana que es propia del sexo de la mujer, en la que se dice que se producen los dolores del parto, por lo que Himeneo recibe el nombre de dios de las bodas. Pero Lactancio dice que lo ha tomado de la historia al escribir que Himeneo fue un niño de Atenas nacido de familia de tipo medio del que se dice que, al salir de la edad infantil y no haber podido cumplir todavía los de la virilidad, estaba dotado de una hermosura tal que podía pasar por una mujer. Puesto que a él lo amaba una doncella noble de entre sus conciudadanos, él, ya que no tenía esperanzas de boda, amaba también profundamente a la joven y al menos se complacía en su espíritu contemplándola. Y cuando las mujeres nobles celebraban con las doncellas los sacrificios de Ceres Eleusina, fueron raptadas con una súbita llegada de los piratas, entre las cuales también Himeneo, que había seguido a la que amaba. Por tanto, después de que los piratas transportaran su presa a lo largo de dilatados mares, finalmente fueron arrojados a una región y allí, oprimidos por el sueño, fueron muertos todos por los que los perseguían. Pero Himeneo, dejando a las doncellas, fue corriendo a Atenas, pactó con los padres de su amada las bodas si les devolvía las hijas hacía poco raptadas y, cuando las devolvió según la promesa, recibió como esposa a la que deseaba. Puesto que este matrimonio había sido feliz, fue del agrado de los Atenienses mezclar el nombre de Himeneo en las bodas», trad. M.ª Consuelo Álvarez y Rosa M.ª Iglesias, 1983).</note>.</p>
      <p>39. «No excedía la oreja<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 329.</note>».</p>
      <p>Este<note place="bottom">Ponce coloca antes del demostrativo el habitual signo semejante a la apertura de interrogación con el que marca a menudo los inicios de párrafo o entrada.</note> concepto es una ironía compuesta, en que dice que resistía el gamo ser llevado a los novios, porque el matr<emph>i</emph>m<emph>oni</emph>o <pb n="fol. 52v"/> aborrece hasta la sombra del cuerno.</p>
      <p>40. «El arco del camino pues torcido<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 335.</note>».</p>
      <p>Estos quince versos consecutivos se construyen así<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, el corrector añade su interpretación del pasaje (vv. 335-349): «*Vencido de la gallarda juventud el camino del arco tor / cido que abian desmentido las serranas por la / fragosa cuerda del atajo i [el resto de la anotación no se lee por haber sido cortado el folio para la encuadernación]». En el margen inferior del folio, Ponce le contesta lo siguiente: «Así estaua esto arriba, no se que margen es esta».</note>: 'Torcido, pues, el arco del camino, que habían con trabajo las gallardas serranas desmentido por la fragosa cuerda del atajo; hechas treguas suaves los fuertes hombros con las cargas graves; de la cansada juventud vencido el ya sañudo arroyo, ahora manso, sueño le ofrece a quien buscó descanso; m<emph>e</emph>r<emph>ce</emph>d de la hermosura que ha hospedado, si no efectos dulces del concento<note place="bottom">'canto acordado y armonioso'; parece haberse escrito primero <emph>contento</emph>, y corregido luego la primera <emph>t</emph> por una <emph>c</emph>.</note> que las duras cuerdas de negras guijas, en las lucientes clavijas de marfil, hicieron a su curso acelerado, en cuanto a su furor perdonó el viento'. Esto es que el arroyo corría manso y sonoro en la playa cuando había bajado de la cumbre de la sierra —donde <pb n="fol. 53r"/> batía con más fuerza el viento—, si no era fuerza de la hermosura o recompensa agradecida de la música que le hizo la serrana con las pizarras, a quien llama «duras cuerdas de negras guijas», y «lucientes clavijas de marfil» a los dedos que las tañían.</p>
      <p>41. «Cuál tigre, la más fiera», et<emph>céter</emph>a<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 366.</note>.</p>
      <p>En estos versos imita admirablem<emph>en</emph>te a Horacio, l<emph>ibro</emph> 1, od<emph>a</emph> 3, que escribió sobre la navegación de Virg<emph>ilio</emph> a Atenas; donde, maldiciendo al primero que inventó la navegación, dice<note place="bottom">Horacio, <emph>Odas</emph>, 1, 3, vv. 9-12: «Illi robur et aes triplex / circa pectus erat, qui fragilem truci / commisit pelago ratem / primus, [...]» («Roble y tres capas de bronce / el pecho cubrían de quien frágil nave / entregó el primero al piélago», trad. M. Fernández-Galiano, 1990).</note>:</p>
      <p>_____Illi<note place="bottom">Como en todos los casos, respeto la disposición gráfica de las citas en el manuscrito de Ponce. Confrontar el texto de Horacio en la nota anterior. Ponce escribió primero <emph>ille</emph> y luego corrigió <emph>illi</emph>.</note><space/>robur, et aes<note type="app" rend="I">La voz <emph>aes</emph> la escribe Ponce en la parte superior de la línea, sobre una palabra tachada, que no se lee.</note> triplex</p>
      <p>circa pectus erat, qui fragilem truci<note type="app" rend="I">Ponce parece haber escrito primero <emph>trieci</emph> o una voz similar, y luego corregido <emph>truci</emph>.</note> commisit</p>
      <p>pelago ratem, primus.</p>
      <p>42. «El campo undoso, en mal nacido pino<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 371.</note>».</p>
      <p>Llama al pino «mal nacido» —<emph>id est</emph>, nacido para mal—, en orden al efecto <pb n="fol. 53v"/> que tuvo sirviendo después en los vasos de la navegación. Mas si conforme a la fábula de Atis queremos entenderlo, no será impropio: este fue convertido en pino por la diosa Cibele, a quien hizo un agravio; y así, porque fue hijo de una desesperación y venganza, pudo también llamarle «mal nacido». <emph>Ex</emph> Ovid<emph>io</emph>, Metam<emph>orfosis</emph>, 10<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 10, vv. 103-105: «et succinta comas hirsutaque uertice pinus, / grata deum matri; siquidem Cybeleius Attis / exuit hac hominem truncoque induruit illo» («y el pino carrasco de remangada fronda y velluda copa, favorito de la madre de los dioses, puesto que Atis, el amigo de Cibeles, se desnudó de la naturaleza humana cambiándola por la de aquel árbol, y en su tronco se endureció», trad. A. Ruiz de Elvira, 1990).</note>. Heródot<emph>o</emph>, in Erat<emph>o, hoc est</emph>, l<emph>ibro</emph> 6<note place="bottom">Ponce se refiere al libro sexto (Erato, Herat. en el texto de Ponce) de <emph>Los nueve libros de la historia</emph>, del historiador griego Heródoto. Concretamente, al pasaje (6, 37) donde Creso amenaza a los lampsacenses con que iba a exterminarlos como a un pino, único árbol del mundo que, una vez talado, no vuelve a brotar. Cito el pasaje por la edición latina (<emph>Historiarum libri IX</emph>) publicada en Venecia en 1498: «Ea re Croesus Lydus audita (erat a<emph>u</emph>t<emph>em</emph> Croeso Miltiades charus) p<emph>er</emph> nuncios lampsacenis p<emph>rae</emph>cepit ut ho<emph>m</emph>i<emph>n</emph>em missu<emph>m</emph> facere<emph>n</emph>t: alioqui se illos i<emph>n</emph> more<emph>m</emph> pini extritur<emph>um</emph> co<emph>m</emph>minatus est. Hac or<emph>ati</emph>one nutantibus lampsacenis quid sibi uelet quod Croesus minabat<emph>ur</emph> se illos i<emph>n</emph> more<emph>m</emph> pini extritur<emph>um</emph>. Vix ta<emph>n</emph>de<emph>m</emph> quida<emph>m</emph> e maioribus natu i<emph>n</emph>telligens, quid illud esset: exposuit inquiens pinum ex omnib<emph>us</emph> arboribus solam esse quae excisa nullam sobolem remittat: sed prorsus emoriatur» (fol. LXXXII) («Sin embargo Milcíades se había granjeado la amistad del lidio Creso, por lo que, cuando éste se enteró de lo ocurrido, envió emisarios conminando a los lampsacenos a poner en libertad a Milcíades, ya que, de lo contrario —los amenazó—, iba a exterminarlos como a un pino. En sus cavilaciones, los de Lámpsaco no atinaban con lo que quería decir la afirmación, que en son de amenaza les había dirigido Creso, de que iba a exterminarlos como a un pino. Finalmente, un anciano consiguió comprender su verdadero significado, diciéndoles que el pino es el único árbol del mundo que, una vez talado, no vuelve a retoñar, sino que se pierde definitivamente», trad. C. Schrader, Madrid, Gredos, 2000).</note>:</p>
      <p>Hirsuto vertice pinus grata deum matri<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 10, vv. 103-105, texto que se recoge dos notas más arriba.</note></p>
      <p>minabatur se extirpaturum lampsacenos pini in morem<note place="bottom">La cita de Ponce referida al lugar de Heródoto fue muy difundida en officinas, como la de Ravisio Textor en la entrada <emph>Pinus</emph>: «Propterea Croesus (ut est apud Herodotum in Erato) minabatur se extirpaturum Lampsacenos pini in morem».</note>.</p>
      <p>Camões, églog<emph>a</emph> 7<note place="bottom">Camões, égloga 7, vv. 356- 363.</note>:</p>
      <p>está o moço de Frigia delicado</p>
      <p>no mais alto arvoredo convertido,</p>
      <p>que tantas veces fere o vento irado;</p>
      <p>galardaõ de seus erros merecido,</p>
      <p>que, da alta Berecintia sendo amado,</p>
      <p>per üa ninfa baixa foi perdido;</p>
      <p>e da deusa a quem perdeu do pensamento</p>
      <p>quis que também perdesse o entendimento.</p>
      <pb n="fol. 54r"/>
      <p>43. «Vaga Clicie del viento<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 372.</note>».</p>
      <p>Según Ovid<emph>io</emph>, Meta<emph>morfosis</emph> 4<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 4, vv. 206-270.</note>, fue Clicie una ninfa que, desfavorecida u despreciada de Apolo, murió de pena y fue transformada por él en la hierba o flor que llamamos vulgarmente heliotropio, gigantea o mirasol, porque siempre le sigue volviendo el rostro hacia él; cuyo símil hace a las velas del navío, que siempre miran los vientos; y añade «en telas hecho, antes que en flor, el lino»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 373.</note>, siguiendo siempre esta metáfora.</p>
      <p>44. «Al frigio muro, el otro leño griego<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 378.</note>».</p>
      <p>El frigio muro es el de Troya, que aquí se entiende por la misma ciudad, situada en Frigia<note place="bottom">Desde la antigüedad, Troya se ubicaba en la región de Frigia, situada en el Asia Menor. Ver, por ejemplo, san Isidoro,<emph> Etymologiarum</emph> 9, 2, 67, y Casas Rigall, 1999, p. 34.</note>; el leño griego es el q<emph>ue</emph> fue<note place="bottom">Ponce escribe la secuencia «que fue» en la parte superior de la línea, sobre una palabra tachada que no se lee (sus primeras letras parecen <emph>Pl</emph>). Es posible que la palabra tachada hiciese referencia al caballo de Troya, al que en la época se nombraba a veces, erróneamente, como Paladión o Paladio, voz que en realidad se refiere a la estatua de Palas Atenea que se conservaba en Troya. Sobre esta confusión, ver Casas Rigall, 2002, pp. 63-66. Góngora se referirá al caballo de Troya con la menonimia «leño griego». </note> causa de su incendio. Dice, pues, que no han sido menos dañosas las naves en llevar diversidad de armas para oprimir el mundo, que él en la destruición de Troya.</p>
      <p><pb n="fol. 54v"/> 45. «Náutica industria investigó tal piedra», con 13 versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 379-392.</note>.</p>
      <p>Dice —siguiendo la misma imitación de Horac<emph>io</emph><note place="bottom">Horacio, <emph>Odas</emph>, 1, 3, poema muy imitado en el Siglo de Oro para desarrollar el tópico de la censura del navegante que se adentra en lo desconocido del océano.</note>— cuál fue el nauta o marinero que investigó tal piedra que abraza el acero fulminante<note place="bottom">Se refiere, como es sabido, a la piedra imán; ver Jammes, 1994, pp. 276-277; Carreira, 2015, p. 425, y López Bueno, 2018, pp. 149-150, n. 315, para la explicación del pasaje.</note> como la hiedra el escollo; y, lisonjera, solicita u mira al norte: diamante o estrella que más luce cerca del polo; «y, con virtud no poca, distante la revoca», <emph>id est</emph>, la llega o atrae<note place="bottom">‘La estrella polar atrae hacia sí la aguja de la piedra imán cuando dicha aguja está alejada de esa estrella’. El verbo <emph>revoca</emph> se toma en su acepción latina de 'atraer, llamar hacia sí' (<emph>revocare</emph>).</note>; elevada —cuando está más alta o apartada— la muestra, ya al Oriente, ya al Occidente<note place="bottom">‘Cuando la estrella polar está encima de la aguja de la piedra imán, esta aguja se mueve constantemente de oeste a este’.</note>, cuyo mar llama —con poético y supremo estilo<note type="app" rend="I">Aquí debería cerrarse el paréntesis que enmarca la frase <emph>con poetico y supremo estilo</emph>, el cual no se cierra en el manuscrito (fol. 54v).</note>— «cerúlea tumba que guarda las cenizas del día»<note type="app" rend="I">En el margen izquierdo se dibuja una cruz.</note>, porque fingieron los poetas que en ella muere su luz. Y algunos filósofos dijeron que el sol moría o se acababa cada noche, y para el siguiente día nacía o se criaba otro de nuevo<note place="bottom">Es doctrina que se atribuye sobre todo a Heráclito de Éfeso.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 55r"/> 46. «Tifis, el primer leño mal siguro</p>
      <p>condujo, muchos luego Palinuro,</p>
      <p>si bien por un mar ambos, que la tierra</p>
      <p>estanque dejó hecho</p>
      <p>cuyo famoso estrecho</p>
      <p>una, y otra de Alcides llaves cierra<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 397-402. El manuscrito copia «llaves» en lugar del habitual «llave». También aparece en plural en la copia del poema que inicia el manuscrito (fol. 15r). Ver allí, en nota, más detalles sobre esta variante.</note>».</p>
      <p>Tifis fue el piloto de la primera nave Argos, en que Jasón pasó a Colcos. Virg<emph>ilio</emph>, églog<emph>a</emph> 4:</p>
      <p xml:lang="en">Alter erit tum Tiphys et altera quae vehat Argo</p>
      <p>delectos heroas<note place="bottom">Virgilio, <emph>Ecloga</emph> 4, vv. 34-35: «Otro Tifis habrá entonces y una segunda Argo que transporte la flor de los héroes» (trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990).</note>.</p>
      <p>Palinuro, piloto de la nave en que fue Eneas desde Grecia a Italia. Eiusd<emph>em</emph>, l<emph>ibro</emph> 5, Eneid<emph>a</emph>:</p>
      <p>Princeps ante omnes densum Palinurus agebat</p>
      <p>agmen<note place="bottom">Virgilio, <emph>Aeneidos</emph> 5, vv. 833-834: «Palinuro en cabeza delante de todos guiaba el denso / ejército» (trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>.</p>
      <p>«Que la tierra / estanque dejó hecho<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 399-400.</note>».</p>
      <p>Este lugar requiere, para su aprobación y inteligencia, otro de Diodoro Sículo al principio del l<emph>ibro</emph> 5<note place="bottom">En las ediciones modernas de la <emph>Biblioteca Histórica</emph>, el pasaje se encuentra en 4, 17. La ubicación del episodio varía en las ediciones antiguas: en la de Basilea, Henrichum Petri, 1548, se sitúa en 5, 12 («De Hercule, et dvodecim eius laboribus, caeterisque ab eo usque ad vitae finem gestis»); en la de Basilea, 1559, en 4, 2. Probablemente Ponce manejó una de estas traducciones latinas. Se considera que la primera es la que Poggio Bracciolini hizo de los cinco primeros libros en 1449; más detalles sobre la recepción de la <emph>Biblioteca Histórica</emph> en Nieto Orriols, 2015, pp. 335-339.</note>, en que, hablando de Hércules, dice estas palabras habiendo hecho mención de las columnas<note place="bottom">Se refiere al décimo trabajo de Hércules, quien capturó los bueyes de Gerión en la isla de Eritria. En su camino desde Grecia a esa isla logró comunicar el Mediterráneo y el Atlántico levantando dos grandes columnas, que corresponderían al peñón de Gibraltar y al de Abilia.</note> <pb n="fol. 55v"/>: «Hay, pues, dos montes, uno de cada parte, a la entrada de n<emph>uest</emph>ro mar, puestos muy adentro en el océano; en los cuales fijó Hércules las columnas, sacando tanta tierra de las faldas destos montes, que se estrechó a la entrada el océano, de suerte que no hay capacidad para entrar una ballena». Y añade: «Otros dicen que ambos montes estaban juntos, y que él los dividió de modo que el flujo de aquel mar entró en la tierra». Por lo cual llama<note place="bottom">El sujeto es Góngora.</note>, con toda propiedad, «estanque» a la parte donde el agua quedó como cerrada en aquel estrecho, hoy llamado el de Gibraltar, que es el que describe; en cuyo mar Mediterráneo navegaron los primeros Tifis y Palinuro, si bien fue su navegación muy distante deste golfo.</p>
      <pb n="fol. 56r"/>
      <p>«Una y otra de Alcides llaves cierra<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 402.</note>».</p>
      <p>Las llaves que cierran el estrecho son las dos columnas que puso Hércules sobre estos montes, con el NON PLUS ULTRA, de la suerte que hemos dicho.</p>
      <p>47. «Nace en sus ondas, y en sus ondas muere<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 408.</note>».</p>
      <p>Véase el fin de la nota 45<note place="bottom">Esa nota de Ponce se refiere a la expresión de Góngora «ya a la que sella / cerúlea tumba fría / las cenizas del día» (vv. 390-392), con la que alude al mar porque algunos poetas y filósofos dijeron que en él nacía y moría el sol.</note>.</p>
      <p>48. «Abetos suyos tres<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 413.</note>».</p>
      <p>Es translación tomada de Virgilio, Georg<emph>ica</emph> 2:</p>
      <p>etiam ardua palma</p>
      <p>nascitur et casus abies visura marinos<note place="bottom">Virgilio, <emph>Georgicon</emph>, 2, vv. 67-68 («y de la misma forma nace la alta palma y el abeto, destinado a ver los peligros del mar», trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990).</note>.</p>
      <p>Dice que de tres naves vio Neptuno, dios de las aguas, pisadas las arenas no tocadas hasta entonces de otro alguno<note place="bottom">Como se ha dicho en la introducción (apdo. 8) y en la nota a este verso (fol. 15v), la interpretación de Ponce se basa en la puntuación y variantes de la copia que manejó (vv. 414-416): «abetos suyos tres, aquel tridente / vio la arena, Neptuno / conculcada hasta allí de otro ninguno».</note>. <hi rend="u">Estas fueron las que llegaron a descubrir y conquistar las nuevas Indias del Oriente</hi><note place="bottom" resp="author">El corrector subrayó la frase y anotó lo siguiente en la parte inferior del folio: «estas son las tres caravelas con que pri / mero descubrio Colon».</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 56v"/> 49. «A pesar luego de áspides volantes<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 419.</note>».</p>
      <p>Habla también en estos 11 versos del descubrimiento y conquista destas Indias, cuya navegación primera hicieron los españoles, sin impedir su impresa<note place="bottom">Mantengo la voz, variante de <emph>empresa</emph>, con la que alterna en el Siglo de Oro.</note> los peligros y guerra de los caribes, de quien se dice sustentarse de carne humana y que pelean con flechas herboladas<note place="bottom">'envenenadas’.</note>, por lo cual las llama «áspides volantes» y «tósigo del viento»; y a ellos, por su crueldad, los atribuye este nombre de «lestrigones», que fueron unos pueblos de bárbaros inhumanos de quien escriben Hom<emph>ero</emph> en el 10 de la <emph>Odis</emph>ea<note place="bottom">Homero, <emph>Odisea</emph>, 10, vv. 80-134, donde se relata cómo Odiseo y los suyos llegaron a Telépilo de Samos, ciudad de Lestrigonia. Los lestrigones, gigantes antropófagos, devoraron a todos los compañeros de Odiseo menos a él y a los de su nave, que había sido amarrada más lejos, fuera del puerto.</note>; Plin<emph>io</emph>, lib<emph>ro</emph> 7, cap<emph>ítulo</emph> 2, al principio<note place="bottom">Plinio, <emph>Naturalis Historia</emph> 7, 2: «Esse Scytharum genera et quidem plura, quae corporibus humanis uescerentur, indicauimus. Id ipsum incredibile fortasse, ni cogitemus in medio orbe terrarum ac Sicilia [et Italia] fuisse gentes huius monstri, Cyclopas et Laestrygonas, et nuperrime trans Alpis hominem immolari gentium earum more solitum, quod paulum a mandendo abest» («Ya mostramos haber entre los escitas muchas generaciones que se sustentan de carne humana. Esto acaso parece era increíble, si no considerásemos que, en el medio del mundo, como es en Italia y en Sicilia, hubo gentes que usaban esta monstruosidad, como los cíclopes y los lestrigones, y poco ha que, detrás de los Alpes, tenían costumbre de sacrificar hombres, que difiere poco de comerlos», trad. Jerónimo de Huerta, 1624, p. 252).</note>; Aulo Gel<emph>io</emph>, lib<emph>ro</emph> 15, cap<emph>ítulo</emph> 21, al fin<note place="bottom">Aulo Gelio, <emph>Noctes Atticae</emph>, 15, 21: «<emph>Quod a poetis Iouis filii prudentissimi humanissimique, Neptuni autem ferocissimi et inhumanissimi traduntur</emph>. Praestantissimos uirtute, prudentia, uiribus Iouis filios poetae appellauerunt, ut Aeacum et Minoa et Sarpedona; ferocissimos et inmanes et alienos ab omni humanitate tamquam e mari genitos Neptuni filios dixerunt, Cyclopa et Cercyona et Lastrygonas» («Los poetas cuentan que los hijos de Júpiter eran de lo más sabio y muy humanos; sin embargo, los de Neptuno muy feroces e inhumanos. Los poetas llamaron a los hijos de Júpiter sobresalientes en virtud, sabiduría y fuerza, como Eaco, Minos y Sarpedón; de los hijos de Neptuno, como nacidos que eran del mar, dijeron que eran muy feroces, despiadados y ajenos a toda humanidad, como el Cíclope, Cerción, Escirón y los Lestrigones», trad. S. López Moreda, Madrid, Akal, 2009).</note>; y el Ariost<emph>o</emph>, en la estan<emph>cia</emph> 9 del canto 36 del <emph>Furioso</emph>, al último verso<note place="bottom">Ariosto, <emph>Orlando furioso</emph>, canto 36, estancia 9: «Festi, barbar crudel, del capo scemo / il più ardito garzon che di sua etade/ fosse da un polo a l’altro, e da l’estremo / lito degl’ Indi a quello ove il sol cade. / Potea in Antropofàgo, in Polifemo / la beltà e gli anni suoi trovar pietade; / ma non in te, più crudo e più fellone / d’ogni Ciclope e d’ogni Lestrigone».</note>; Ovid<emph>io</emph>, Met<emph>amorfosis</emph>, 14, después del principio, vers<emph>o</emph> 234<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 14, vv. 233-238: «Inde Lami ueterem Laestrygonis» inquit « in urbem / uenimus; Antiphates terra regnabat in illa / missus ad hunc ego sum, numero comitante duorum; / uixque fuga quaesita salus comitique mihique; / tertius e nobis Laestrygonis impia tinxit / ora cruore suo […]» («A continuación —dice— fuimos a parar a la antigua ciudad del lestrigon Lamo. Antífanes reinaba en aquel país. Fui yo el encargado de visitarle, acompañado por dos hombres, y apenas conseguimos escapar y librarnos uno de mis compañeros y yo; el tercero de nosotros humedeció con su sangre la impía boca del lestrigón.», trad. A. Ruiz de Elvira).</note>; Juvenal, sátira 15, vers<emph>o</emph> 18<note place="bottom">Juvenal, <emph>Saturae</emph>, 15, vv. 16-18: «[…] In mare nemo / hunc abicit saeua dignum ueraque Charybdi, / fingentem inmanes Laestrygonas atque Cyclopas?» («¿No habrá nadie que arroje al mar a este tipo, que se merece un Caribdis cruel y auténtico, pues se inventa los cíclopes y los lestrigones monstruosos?», traducción de M. Balasch, Madrid, Gredos, 1991).</note>; Beroso, l<emph>ibro</emph> 5<note place="bottom">Beroso fue un sacerdote babilonio del siglo III a. C, cuya <emph>Historia de Babilonia</emph> se conoció parcialmente por citas del historiador Flavio Josefo. El libro del que habla Ponce, muy famoso en el Siglo de Oro, es una falsificación que a finales del siglo XV llevó a cabo el dominico Annio de Viterbo de lo que pretendía eran textos descubiertos del Beroso. La obra en cuestión eran los <emph>Commentaria super opera diversorum auctorum de antiquitatibus</emph>, también conocida como <emph>Berosi sacerdotis chaldaici antiquitatum Italiae ac totius orbis libri quinque, commentariis Ioannis Annii Viterbensis</emph>. En ella, la referencia más importante a los Lestrigones se da en el libro primero; en concreto, en el comentario de Annio que sigue a 1, 2 («Berosi liber primus, de temporibus ante primum diluvium»), al hablar de diversos pueblos antropófagos: «Plinius in quinto naturalis historiae capitulo septimo asserit Scythas esse, qui humanis corporibus vescuntur. Et subdit. Incredibile quidem videretur nisi cogitemus in medio terrarum Sicilia et Italia fuisse huiuscemodi monstri gentes Cyclopas et Lestrigones, et nuperrime trans Alpes hominem immolari solitum, quod paulum a mandendo abest» (p. 46 de la ed. de Amberes, in aedibus Inoannis Steelsii, 1572) ('Plinio, en el libro 5, capítulo 7, de su <emph>Historia natural</emph>, afirma que los escitas se alimentaban de cuerpos humanos. Y añade que sin duda parecería increíble si no pensásemos que en el interior de las tierras de Sicilia e Italia habitaron los Cíclopes y los Lestrigones, que eran monstruos de esta clase; y hasta hace muy poco, tras los Alpes, es habitual el sacrificio humano, lo que dista poco de comer carne humana'). Ponce sitúa el pasaje en el libro 5 por haber cruzado el dato con la referencia de Plinio, o por haber consultado otra edición de la obra. </note>.</p>
      <p><pb n="fol. 57r"/><hi rend="u">Da el nombre de istmos a</hi><note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, el corrector anota a lo subrayado: «Aqui se entiende el descubrimiento del mar del Sur / que hiço Vasco Nuñez de Balboa vençiendo el istmo / que ai entre un mar i otro».</note> estos indios, porque istmo en griego es 'lugar cercado de dos mares’; y así, Alex<emph>ande</emph>r ab Alex<emph>andr</emph>o, l<emph>ibro</emph> 5, c<emph>apítulo</emph> 8<note place="bottom">Alessandro Alessandrini (1461-1523) —Alexander ab Alexandro—: <emph>Geniales dies</emph>, lib. 5, cap. 8, fol. CXCVIv de la ed. de 1522, Roma, Mazochius: «Tertii Isthmii in Isthmo Achayae iuxta Corinthum in Megarensium sinu delubro Neptuni inclyto inter Ionium &amp; Egeum a conuentu totius Achaiae profusis sumptibus fiebant, qui in honorem Melicerte seu Palemonis aut Portu<emph>mn</emph>i marini dei, ma<emph>n</emph>sere, quos quidem noctu a principio, mox die celebrari institutum est [...]» ('Los terceros juegos son los Juegos Ísmicos, llamados así, pues tenían lugar en el istmo de Acaya, cerca de Corinto, en el golfo de Megara. Allí se celebraba un encuentro de toda Acaya en el noble santuario de Neptuno, con espléndidos lujos. Estos fastos se celebraban en honor del dios marino Melicerte, también llamado Palemón o Portuno, a fin de aplacarlo. Al principio se estableció que se celebrasen de noche; luego, durante el día').</note>, dice que los sacrificios y juegos istmos se celebraban en el istmo de Acaya, cerca de Corinto, en el seno de Megara. Y hablando desta ciudad, dijo Ovid<emph>io</emph> en el 4 de los <emph>Fastos</emph><note place="bottom">Ovidio,<emph> Fasti</emph>, lib. 4, v. 501: «y el Adriático, ancho y abierto, y a Corinto, a caballo entre dos mares» (trad. B. Segura Ramos, 1988).</note>:</p>
      <p>Hadriacumq<emph>ue</emph> patens lati, bimaremq<emph>ue</emph> Corinthon.</p>
      <p>Y el Peloponeso, isla de Europa, está vecina a la Grecia, en un angosto istmo que cercan el mar Jonio y Egeo. Y así, dice «el Istmo que al océano divide»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 425; «el océano» en el manuscrito. Debe de ser error de Ponce, pues la copia de la <emph>Soledad primera</emph> que aparece al comienzo del manuscrito (fol. 15v) lee «al océano». Rojas, 2015, p. 153, registra ese mismo error («el océano») en el ms. Bodleian Library (Arch. Seld, A. II. 13).</note> porque está cercado de él como isla.</p>
      <p>50. «Y sierpe de cristal, juntar le impide</p>
      <p>la cabeza del norte coronada</p>
      <p>con la que ilustra el sur, cola escamada</p>
      <p>de antárticas estrellas<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 426-429.</note>».</p>
      <p><pb n="fol. 57v"/> Esta «sierpe de cristal» es todo el mar océano, en medio del cual están las Indias orientales, de suerte que sus aguas se mueven circularmente por entre todas; porque, comenzando en septentrión (según Alberto Magno, l<emph>ibro</emph> 3, c<emph>apítulo</emph> 6 de los <emph>Meteoros</emph>)<note place="bottom">La explicación del movimiento de las aguas del océano partiendo del norte se encuentra el tratado 3, libro 2 («De aquis») de la obra de san Alberto Magno <emph>De meteoris</emph> (ed. de Venecia, 1488); concretamente, en los capítulos 5 («De vera sententia de esse maris») y 6 («Et est digressio declarans de causa fluxus maris: et quare fluxus eius communiter est ab aquilone in meridiem»).</note>, descienden por el Mar Escítico<note place="bottom">Es el Mar Negro.</note> y por la p<emph>ar</emph>te oriental del Asia, y de allí,  siguiendo el curso del cielo, se mueven al occidente, y, impedido su movim<emph>ien</emph>to de la tierra de aquellas Indias, vuelven al septentrión torciendo su camino, y, circundando continuamente, pasan entre la Europa y las Indias del occidente.</p>
      <p>Y así dice, con propiedad y noticia, que el istmo de la India impide que este mar —a quien, por sus vueltas y círculos llama «sierpe de cristal»— junte la cabeza <pb n="fol. 58r"/> —que es su principio septentrional, donde la corona el norte— con la cola, que es el fin puesto a la parte del sur, cuyas estrellas son antárticas por la declinación<note place="bottom"><emph>declinación</emph>: «distancia angular de un astro al ecuador celeste, que equivale a la latitud terrestre» (<emph>DLE</emph>).</note> q<emph>ue</emph> tienen desde la equinoccial<note place="bottom">Es el ecuador terrestre.</note> al polo antártico.</p>
      <p>51. «Mas los que lograr bien no supo Midas</p>
      <p>metales homicidas<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 433-434.</note>».</p>
      <p>Llama así al oro y plata por lo que escribe Ovid<emph>io</emph> (Metam<emph>orfosi</emph>s, 11) de Midas, que fue tan poderoso en riquezas que se fingió convertía en oro cuanto tocaba; de suerte que, haciendo lo mismo con el sustento, vino a morir a manos de su ambición<note place="bottom">Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 11, vv. 92-146.</note>.</p>
      <p>52. «Conducir orcas, alistar ballenas<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 436.</note>».</p>
      <p>Escribe Plin<emph>io</emph>, en el cap<emph>ítulo</emph> 6 del 9 l<emph>ibro</emph>, cosas raras destos marinos monstruos; y dice ser semejantes en la grandeza del cuerpo y en las fuerzas. Véase, porque es admirable su muerte y sus batallas<note place="bottom">Estos son los prodigios que invita a leer Ponce; Plinio el Viejo, <emph>Naturalis Historia</emph>, 9, 6: «<ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ballaenae&amp;la=la&amp;can=ballaenae0">Ballaenae</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=et&amp;la=la&amp;can=et0&amp;prior=ballaenae">et</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=in&amp;la=la&amp;can=in0&amp;prior=et">in</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=nostra&amp;la=la&amp;can=nostra0&amp;prior=in">nostra</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=maria&amp;la=la&amp;can=maria0&amp;prior=nostra">maria</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=penetrant&amp;la=la&amp;can=penetrant0&amp;prior=maria">penetrant</ref>. In G<ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=gaditano&amp;la=la&amp;can=gaditano0&amp;prior=in">aditano</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=oceano&amp;la=la&amp;can=oceano0&amp;prior=gaditano">oceano</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=non&amp;la=la&amp;can=non0&amp;prior=oceano">non</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ante&amp;la=la&amp;can=ante0&amp;prior=non">ante</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=brumam&amp;la=la&amp;can=brumam0&amp;prior=ante">brumam</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=conspici&amp;la=la&amp;can=conspici0&amp;prior=brumam">conspici</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=eas&amp;la=la&amp;can=eas0&amp;prior=conspici">eas</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=tradunt&amp;la=la&amp;can=tradunt0&amp;prior=eas">tradunt</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=c&amp;la=la&amp;can=c0&amp;prior=tradunt">condi</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=autem&amp;la=la&amp;can=autem0&amp;prior=ndi">autem</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=statis&amp;la=la&amp;can=statis0&amp;prior=autem">statis</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=temporibus&amp;la=la&amp;can=temporibus0&amp;prior=statis">temporibus</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=in&amp;la=la&amp;can=in2&amp;prior=temporibus">in</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=quodam&amp;la=la&amp;can=quodam0&amp;prior=in">quodam</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=sinu&amp;la=la&amp;can=sinu0&amp;prior=quodam">sinu</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=placido&amp;la=la&amp;can=placido0&amp;prior=sinu">placido</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=et&amp;la=la&amp;can=et1&amp;prior=placido">et</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=capaci&amp;la=la&amp;can=capaci0&amp;prior=et">capaci</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=mire&amp;la=la&amp;can=mire0&amp;prior=capaci">mire</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=gaudentes&amp;la=la&amp;can=gaudentes0&amp;prior=mire">gaudentes</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ibi&amp;la=la&amp;can=ibi0&amp;prior=gaudentes">ibi</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=parere&amp;la=la&amp;can=parere0&amp;prior=ibi">parere</ref>. H<ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=hoc&amp;la=la&amp;can=hoc0&amp;prior=parere">oc</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=scire&amp;la=la&amp;can=scire0&amp;prior=hoc">scire</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=orcas&amp;la=la&amp;can=orcas0&amp;prior=scire">orcas</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=infestam&amp;la=la&amp;can=infestam0&amp;prior=orcas">infestam</ref> h<ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=is&amp;la=la&amp;can=is0&amp;prior=i">is</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=beluam&amp;la=la&amp;can=beluam0&amp;prior=is">beluam</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=et&amp;la=la&amp;can=et2&amp;prior=beluam">et</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=cuius&amp;la=la&amp;can=cuius0&amp;prior=et">cuius</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=imago&amp;la=la&amp;can=imago0&amp;prior=cuius">imago</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=nulla&amp;la=la&amp;can=nulla0&amp;prior=imago">nulla</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=repraesentatione&amp;la=la&amp;can=repraesentatione0&amp;prior=nulla">repraesentatione</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=exprimi&amp;la=la&amp;can=exprimi0&amp;prior=repraesentatione">exprimi</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=possit&amp;la=la&amp;can=possit0&amp;prior=exprimi">possit</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=alia&amp;la=la&amp;can=alia0&amp;prior=possit">alia</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=quam&amp;la=la&amp;can=quam0&amp;prior=alia">quam</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=carnis&amp;la=la&amp;can=carnis0&amp;prior=quam">carnis</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=inmensae&amp;la=la&amp;can=inmensae0&amp;prior=carnis">inmensae</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=dentibus&amp;la=la&amp;can=dentibus0&amp;prior=inmensae">dentibus</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=truculentae&amp;la=la&amp;can=truculentae0&amp;prior=dentibus">truculentae</ref>. I<ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=inrumpunt&amp;la=la&amp;can=inrumpunt0&amp;prior=truculentae">nrumpunt</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ergo&amp;la=la&amp;can=ergo0&amp;prior=inrumpunt">ergo</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=in&amp;la=la&amp;can=in3&amp;prior=ergo">in</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=secreta&amp;la=la&amp;can=secreta0&amp;prior=in">secreta</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ac&amp;la=la&amp;can=ac0&amp;prior=secreta">ac</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=vitulos&amp;la=la&amp;can=vitulos0&amp;prior=ac">uitulos</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=earum&amp;la=la&amp;can=earum0&amp;prior=vitulos">earum</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=aut&amp;la=la&amp;can=aut0&amp;prior=earum">aut</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=fetas&amp;la=la&amp;can=fetas0&amp;prior=aut">fetas</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=vel&amp;la=la&amp;can=vel0&amp;prior=fetas">uel</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=etiamnum&amp;la=la&amp;can=etiamnum0&amp;prior=vel">etiamnum</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=gravidas&amp;la=la&amp;can=gravidas0&amp;prior=etiamnum">grauidas</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=lancinant&amp;la=la&amp;can=lancinant0&amp;prior=gravidas">lancinant</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=morsu&amp;la=la&amp;can=morsu0&amp;prior=lancinant">morsu</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=incursuque&amp;la=la&amp;can=incursuque0&amp;prior=morsu">incursuque</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ceu&amp;la=la&amp;can=ceu0&amp;prior=incursuque">ceu</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=liburnicarum&amp;la=la&amp;can=liburnicarum0&amp;prior=ceu">Liburnicarum</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=rostris&amp;la=la&amp;can=rostris0&amp;prior=liburnicarum">rostris</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=fodiunt&amp;la=la&amp;can=fodiunt0&amp;prior=rostris">fodiunt</ref>. <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=illae&amp;la=la&amp;can=illae0&amp;prior=fodiunt">Illae</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ad&amp;la=la&amp;can=ad0&amp;prior=illae">ad</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=flexum&amp;la=la&amp;can=flexum0&amp;prior=ad">flexum</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=inmobiles&amp;la=la&amp;can=inmobiles0&amp;prior=flexum">inmobiles</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ad&amp;la=la&amp;can=ad1&amp;prior=inmobiles">ad</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=repugnandum&amp;la=la&amp;can=repugnandum0&amp;prior=ad">repugnandum</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=inertes&amp;la=la&amp;can=inertes0&amp;prior=repugnandum">inertes</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=et&amp;la=la&amp;can=et3&amp;prior=inertes">et</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=pondere&amp;la=la&amp;can=pondere0&amp;prior=et">pondere</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=suo&amp;la=la&amp;can=suo0&amp;prior=pondere">suo</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=oneratae&amp;la=la&amp;can=oneratae0&amp;prior=suo">oneratae</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=tunc&amp;la=la&amp;can=tunc0&amp;prior=oneratae">tunc</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=quidem&amp;la=la&amp;can=quidem0&amp;prior=tunc">quidem</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=et&amp;la=la&amp;can=et4&amp;prior=quidem">et</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=utero&amp;la=la&amp;can=utero0&amp;prior=et">utero</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=graves&amp;la=la&amp;can=graves0&amp;prior=utero">graues</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=pariendive&amp;la=la&amp;can=pariendive0&amp;prior=graves">pariendiue</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=poenis&amp;la=la&amp;can=poenis0&amp;prior=pariendive">poenis</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=invalidae&amp;la=la&amp;can=invalidae0&amp;prior=poenis">inualidae</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=solum&amp;la=la&amp;can=solum0&amp;prior=invalidae">solum</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=auxilium&amp;la=la&amp;can=auxilium0&amp;prior=solum">auxilium</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=novere&amp;la=la&amp;can=novere0&amp;prior=auxilium">nouere</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=in&amp;la=la&amp;can=in4&amp;prior=novere">in</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=altum&amp;la=la&amp;can=altum0&amp;prior=in">altum</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=profugere&amp;la=la&amp;can=profugere0&amp;prior=altum">profugere</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=et&amp;la=la&amp;can=et5&amp;prior=profugere">et</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=se&amp;la=la&amp;can=se0&amp;prior=et">se</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=tuto&amp;la=la&amp;can=tuto0&amp;prior=se">toto</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=defendere&amp;la=la&amp;can=defendere0&amp;prior=tuto">defendere</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=oceano&amp;la=la&amp;can=oceano1&amp;prior=defendere">oceano</ref>. <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=contra&amp;la=la&amp;can=contra0&amp;prior=oceano">Contra</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=orcae&amp;la=la&amp;can=orcae0&amp;prior=contra">orcae</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=occurrere&amp;la=la&amp;can=occurrere0&amp;prior=orcae">occurrere</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=laborant&amp;la=la&amp;can=laborant0&amp;prior=occurrere">laborant</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=seseque&amp;la=la&amp;can=seseque0&amp;prior=laborant">seseque</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=opponere&amp;la=la&amp;can=opponere0&amp;prior=seseque">opponere</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=et&amp;la=la&amp;can=et6&amp;prior=opponere">et</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=caveatas&amp;la=la&amp;can=caveatas0&amp;prior=et">caueatas</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=angustiis&amp;la=la&amp;can=angustiis0&amp;prior=caveatas">angustiis</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=trucidare&amp;la=la&amp;can=trucidare0&amp;prior=angustiis">trucidare</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=in&amp;la=la&amp;can=in5&amp;prior=trucidare">in</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=vada&amp;la=la&amp;can=vada0&amp;prior=in">uada</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=urguere&amp;la=la&amp;can=urguere0&amp;prior=vada">urguere</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=saxis&amp;la=la&amp;can=saxis0&amp;prior=urguere">saxis</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=inlidere&amp;la=la&amp;can=inlidere0&amp;prior=saxis">inlidere</ref>. S<ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=spectantur&amp;la=la&amp;can=spectantur0&amp;prior=inlidere">pectantur</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ea&amp;la=la&amp;can=ea0&amp;prior=spectantur">ea</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=proelia&amp;la=la&amp;can=proelia0&amp;prior=ea">proelia</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ceu&amp;la=la&amp;can=ceu1&amp;prior=proelia">ceu</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=mari&amp;la=la&amp;can=mari0&amp;prior=ceu">mari</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ipso&amp;la=la&amp;can=ipso0&amp;prior=mari">ipso</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=sibi&amp;la=la&amp;can=sibi0&amp;prior=ipso">sibi</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=irato&amp;la=la&amp;can=irato0&amp;prior=sibi">irato</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=nullis&amp;la=la&amp;can=nullis0&amp;prior=irato">nullis</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=in&amp;la=la&amp;can=in6&amp;prior=nullis">in</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=sinu&amp;la=la&amp;can=sinu1&amp;prior=in">sinu</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ventis&amp;la=la&amp;can=ventis0&amp;prior=sinu">uentis</ref>, <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=fluctibus&amp;la=la&amp;can=fluctibus0&amp;prior=ventis">fluctibus</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=vero&amp;la=la&amp;can=vero0&amp;prior=fluctibus">uero</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ad&amp;la=la&amp;can=ad2&amp;prior=vero">ad</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=anhelitus&amp;la=la&amp;can=anhelitus0&amp;prior=ad">anhelitus</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=ictusque&amp;la=la&amp;can=ictusque0&amp;prior=anhelitus">ictusque</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=quantos&amp;la=la&amp;can=quantos0&amp;prior=ictusque">quantos</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=nulli&amp;la=la&amp;can=nulli0&amp;prior=quantos">nulli</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=turbines&amp;la=la&amp;can=turbines0&amp;prior=nulli">turbines</ref> <ref target="http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=volvant&amp;la=la&amp;can=volvant0&amp;prior=turbines">uoluant</ref>» («También las ballenas pasan a nuestro mar. En el Océano Gaditano, dicen que no se ven antes del invierno, porque en tiempo de estío se entran en algún seno capaz para ellas y agradable, y allí paren holgándose grandemente, Dicen que saben esto las orcas, bestias muy enemigas de las ballenas, y cuya forma no se puede declarar con otra semejanza sino con la de una gran máquina de carne armada de terribles dientes. Estas, pues, van furiosas a las partes secretas donde están las ballenas, y a sus hijuelos, y a las recién paridas, y también a las preñadas las despedazan a bocados y, acometiéndolas desenvueltamente, las barrenan y pasan, como con puntas de ligeros navíos. Pero las ballenas, poco ligeras para poderse revolver, y cargadas con su propio peso, y más con estar preñadas o desmayadas con los dolores del parto, no tienen otro remedio sino huir en alto mar y defenderse con todo el océano. Pero las orcas procuran salirles al encuentro y, oponiéndose a ellas, despedazarlas en las estrechuras de los peñascos y forzarlas a salir a los bajíos, y quebrantarlas en las peñas. Vense estas batallas que parece estar el mar airado consigo mismo; y aunque no andan vientos algunos en el seno, con el anhélito y respirar de las bestias, y con los golpes que dan en el agua, se levantan las olas como si hubiera grandes vientos y tempestades», trad. Jerónimo de Huerta, 1624, p. 534).</note>.</p>
      <p>53. «Tú ya Cudicia, aun de las estigias aguas</p>
      <p>torpe marinero<note place="bottom">Versión diferente a la final de estos vv. 443-444: «Tú, Cudicia, tú, pues, de las profundas / estigias aguas torpe marinero». Más detalles en la nota a este verso que se incluye al comienzo del manuscrito (fol. 16r).</note>».</p>
      <p><pb n="fol. 58v"/> Dice L<emph>ucio</emph> Apuleyo en el 6 libro <emph>Asini aurei</emph>, hablando con Psique: «y cuando llegares al río donde esta Carón<note place="bottom">El Aqueronte; el barquero Carón lo atravesaba con las almas de los muertos que transportaba al Hades.</note>, él te pedirá portazgo por pasarte en su barca, que hasta allí entre los muertos hay codicia»<note place="bottom">Se enmendó <emph>Codicia</emph> sobre un inicial <emph>Cudicia</emph>. Apuleyo, <emph>El asno de oro</emph>, 6, 18: «cum ad flumen mortuum uenies, cui praefectus Charon protenus expetens portorium sic ad ripam ulteriorem sutili cumba deducit commeantes. Ergo et inter mortuos auaritia uiuit». Ponce pudo haber traducido directamente el texto, pero también haber conocido la traducción de Diego López de Cortegana (<emph>c.</emph> 1513), donde el pasaje se ubica en 6, 3: «y después, como llegares al río muerto donde está Carón, él te pedirá el portazgo, porque así pasa él en su barca de la otra parte a los muertos que allí llegan; porque has de saber que hasta allí entre los muertos hay avaricia» (trad. Diego López de Cortegana, fol. 80v, ed. Amberes, 1551). Más detalles sobre esta traducción en Pejenaute, 1993.</note>.</p>
      <p>54. «El promontorio que Éolo<note type="app" rend="I">Ponce había escrito «El promontorio Éolo, que sus rocas». Con trazo más grueso y tinta más oscura (parece la mano del corrector) se enmendó, tachando <emph>que</emph> y colocándolo, con una cruz como llamada, antes de <emph>Eolo</emph>. También se había hecho esa enmienda en la copia del poema que aparece al comienzo del manuscrito (fol. 15v); ver allí la nota correspondiente.</note>, sus rocas</p>
      <p>candados hizo de otras nuevas grutas</p>
      <p>para el austro de alas nunca enjutas</p>
      <p>para el cierzo espirante por cien bocas<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 447-450.</note>».</p>
      <p>Fingieron los poetas tener Éolo, su dios<note place="bottom">Entiendo 'el dios de los vientos’.</note>, encerrados los vientos en unas peñas de las Islas Eolias, que están entre la Italia y Sicilia; y así, dice en estos 4 versos<note place="bottom">Góngora, en los citados vv. 447-450.</note> lo que Virg<emph>ilio</emph>, l<emph>ibro</emph> 1 de la Eneid<emph>a</emph>, en otros 4<note place="bottom">Virgilio, <emph>Aeneidos</emph>, 1, vv. 51-54 («a la patria llegó de los nimbos, lugares preñados de Austros furiosos, / a Eolia. Aquí en vasta caverna el rey Éolo / sujeta con su mando a los vientos que luchan y a las tempestades / sonoras y los frena con cadenas y cárcel», trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>:</p>
      <p>Nimborum in patriam, loca faeta furentibus austris,</p>
      <p>Aeoliam venit. Hic vasto rex Aeolus antro</p>
      <p>luctanteis ventos tempestatesq<emph>ue</emph>, sonoras</p>
      <p>imperio premit ac vinclis et carcere fraenat.</p>
      <p>Austro es un viento que corre del ángulo del mediodía<note place="bottom">'el sur'.</note>, llamado por los griegos <pb n="fol. 59r"/> Noto —de <emph>nothis</emph>, que significa 'humor'<note place="bottom">Griego <emph>νοτίς</emph>: 'humor'; <emph>νότος</emph>: 'Noto, viento del sur'.</note>— por las pluvias y humedades que causa. Autor es A<emph>ulo</emph> Gel<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 2, c<emph>apítulo</emph> 22<note place="bottom">Aulo Gelio, <emph>Noctes Atticae</emph>, 2, 22, 14: «Meridies autem, quoniam certo atque fixo limite est, unum meridialem uentum habet: is Latine ‘auster’, Graece νότος nominatur, quoniam est nebulosus atque umectus; νότίς enim Graece umor nominatur» («El mediodía, en cambio, porque está situado en un punto fijo y bien determinado, tiene un solo viento del sur, el lamado por los latinos Austro, y por los griegos Noto, porque es nebuloso y húmedo; y es que en griego notís significa "humedad"», trad. S. López Moreda, 2009).</note>. Y así, le da el epíteto de «alas nunca enjutas».</p>
      <p>El cierzo nace a la parte diestra del septentrión. Dice de él Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 17, c<emph>apítulo</emph> 2<note place="bottom">Ponce copia el número 11 en arábigos; pero, por confusión, se trata del II en numeración romana.</note>, que es tan violento y recio que en la provincia de Narbona despega y vuela las techumbres de las casas<note place="bottom">Plinio, <emph>Naturalis Historia</emph>, 17, 2: «In Narbonensi prouincia atque Liguria et parte Etruriae, contra circium serere imperitia existimatur, eumdemque obliquum accipere prouidentia. Is namque aestates ibi temperat, sed tanta, plerumque uiolentia, ut auferat tecta» («En la provincia de Narbona, y en la ribera de Génova, y en parte de Toscana, se tiene por ignorancia plantar contra el cierzo; y por cordura donde se reciba el mismo aire al través, porque este tiempla allí los estíos; pero muchas veces con tanta violencia, que derriba los techos», trad. Jerónimo de Huerta, 1629, p. 120). Plinio también habla del cierzo y su fuerza en 2, 46 (47): «Item in Narbonensi prouincia clarissimus uentorum est circius nec ullo in uiolentia inferior, Ostiam plerumque secto Ligustico mari perferens; idem non modo in reliquis partibus caeli ignotus est, sed ne Viennam quidem eiusdem prouinciae urbem attingens: paucis ante milibus iugi modici occursu tantus ille uentorum coercitus!» («También en la provincia Narbonense, de todos los vientos es famisísimo el cierzo, el cual no es inferior a otro alguno en la violencia, yendo derecho por el mar de Génova hasta Ostia. Y él mismo no solamente es incógnito en las demás partes del mundo, pero aún no llega a Viena, ciudad de la misma provincia; porque, poco antes de llegar a ella, es quebrantado y detenido aquel tan grande viento con el encuentro de un pequeño collado», trad. Jerónimo de Huerta, 1624, p. 87). El dato de que derriba los techos de las casas está también en Estrabón, como señala Huerta en nota a la anterior traducción: «A este llama Strabón circio, el cual dice ser tan vehemente, que algunas veces levanta las casas» (p. 87). Ver Estrabón, <emph>Geografía</emph> (4, 1, 7), donde habla del fuerte viento que azota la provincia narbonense.</note>, por lo cual es buen hipérbole «para el Cierzo espirante por cien bocas».</p>
      <p>Aquí habla también del descubrim<emph>ien</emph>to del Mar del Sur<note place="bottom">El Pacífico. El océano Atlántico se conocía entonces como Mar del Norte.</note> y conquista de la t<emph>ier</emph>ra firme oriental que hizo Vasco Núñez de Balboa<note place="bottom">Para las diferentes interpretaciones de los comentaristas sobre las expediciones a las que Góngora hace referencia a partir del v. 430, ver Jammes, 1994, pp. 286-288. Primero Góngora se refirió a la expedición de Núñez de Balboa y su descubrimiento del Mar del Sur (vv. 430-442) y, posteriormente (v. 447 y ss.), a las expediciones portuguesas y, más en concreto, a la de Vasco de Gama. Ver los capítulos dedicados al discurso de las navegaciones y a la epopeya de los descubrimientos en el libro de Blanco, 2012.</note>, en cuya navegación pasó la tórrida zona con inmensos calores y tormentas, por que<note place="bottom">‘por lo que’.</note> escribe aquí: «debajo de la zona más vecina al sol, / calmas vencidas y naufragios»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 455-456. Nótese que la versión definitiva del v. 455 reza: «debajo aun de la zona más vecina», y que en la copia del poema que se incluye en el fol. 16v, el corrector había añadido la voz «aun» en la parte superior del verso. La interpretación de estos vv. 453 y ss. suele referirlos a las dificultades de la expedición del portugués Vasco de Gama tras doblar el Cabo de Buena Esperanza; ver Jammes, 1994, p. 290, o, por ejemplo, la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (p. 290).</note>. Vio la tierra feliz del oriental extremo, donde muere y renace la Fénix, que después habita en Arabia; y así, dice:</p>
      <p>55<note type="app" rend="I">Este número 55, que corresponde a la nota, lo escribe Ponce en el margen izquierdo, a la altura de la línea penúltima del folio, línea que comienza «tica selba penetraste...». </note>. «La aromática selva penetraste, / que al pájaro de Arabia [...] pira le erige, y le <pb n="fol. 59v"/> construye nido<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 461-462 y 465. Sobre estos versos, Hector Ruiz, 2017, fol. 28r, n. 747, señala que Manuel Ponce no parece haber adoptado la interpretación de la expresión «cuyo vuelo / arco alado es del cielo» como referida al colorido de las alas del ave, lectura que prevaleció en los comentaristas: «Manuel Ponce constituye la excepción con su <emph>Silva</emph>, en la que se limita a remitir, sobre la "admirable hermosura" del fénix, a Lactancio, Claudiano, Plinio y Solino, sin mencionar siquiera los "vuelos" o las "alas" del animal». Indica, además, que Espinosa Medrano, en su <emph>Apologético</emph>, no siguió tampoco esa lectura, aunque sí parece haber propuesto una que no se referiría al colorido de las alas, sino más bien al rastro de su vuelo.</note>».</p>
      <p>El sitio, amenidad y hermosura desta selva describe ingeniosamente Claud<emph>iano</emph> en los primeros versos de <emph>La Fénix</emph><note place="bottom">Claudiano, <emph>Phoenix</emph>, vv. 1-3: «Rodeado por las aguas más remotas del Océano, más allá de los indos y el Euro, verdeguea un bosque, que es al primero que despiertan los jadeantes caballos de la Aurora y el que escucha primero los cercanos azotes de su látigo» (trad. M. Castillo Bejarano, 1993). Su influencia en Góngora ha sido bien estudiada por la crítica: Gates, 1937; Jammes, 1991; Martos Carrasco, 1997, pp. 80-142; Ponce Cárdenas, 2006, 2010 y 2011; Micó, 2008; Blanco, 2011b; Castaldo, 2013 y 2014; ver también Daza, 2019, pp. 229-230, quien señala estas aportaciones.</note>:</p>
      <p>Oceani summo circumfluus aequore lucus</p>
      <p>trans Indos Eurumq<emph>ue</emph> viret, qui primus anhelis</p>
      <p>solicitatur<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de <emph>sollicitatur</emph>.</note> equis; vicinaq<emph>ue</emph> verbera sentit,</p>
      <p>y en los demás que se siguen. Esta ave maravillosa es sola en el mundo y de admirable hermosura; cuya naturaleza, vida, muerte y renacimiento, y cuanto escriben de ella, es admiración. Véase a Lactan<emph>cio</emph><note place="bottom">Se refiere al poema <emph>De ave Phoenice</emph>, atribuido al escritor latino Lucio Firmiano Lactancio.</note>, y Claud<emph>iano</emph> en <emph>La Fénix</emph><note place="bottom">Callejas Berdones, 1986, analiza los poemas de Lactancio y Claudiano.</note>; Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 10, c<emph>apítulo</emph> 2<note place="bottom">Plinio el Viejo, <emph>Naturalis Historia</emph>, 10, 2. Plinio dedica todo el capítulo 2 a esta ave mitológica. Sus informaciones, muy leídas, no difieren demasiado de las recogidas en la nota siguiente. Un resumen sobre el ave Fénix y los autores que tratan de ella ofrece Ravisio Textor en su <emph>Officina</emph> (<emph>s.v.</emph> «Phoenice»).</note> y Solin<emph>o</emph>, c<emph>apítulo</emph> 35<note place="bottom">Cayo Julio Solino, gramático y compilador del siglo IV, en su <emph>De mirabilius mundi. Collectanea rerum memorabilium</emph>, 34: «Apud eosdem nascitur phoenix avis, aquilae magnitudine, capite honorato in conum plumis extantibus, cristatis faucibus, circa colla fulgore aureo, postera parte purpureus absque cauda, in qua roseis pennis caeruleus interscribitur nitor. probatum est quadraginta et quingentis eum durare annis. rogos suos struit cinnamis, quos prope Panchaiam concinnat in Solis urbem, strue altaribus superposita. cum huius vita magni anni fieri conversionem rata fides est inter auctores: licet plurimi eorum non quingentis quadraginta, sed duodecim milibus nongentis quinquaginta quattuor annis constare dicant. Q. Plautio itaque et Sex. Papinio cos. Aegyptum phoenix involavit: captusque anno octingentesimo urbis conditae iussu Claudii principis in comitio publicatus est. quod gestum, praeter censuram quae manet, actis etiam urbis continetur» (ed. Venecia, 1518, fol. 104v) («En esta tierra nasce el aue Fenix de la grandeza del Aguila, tiene hermosa cabeça, y en la corona della plumas derechas à manera de cresta, alrededor del cuello tiene vn color resplandeciente de oro, detras es roxa, saluo la cola, en la qual tiene plumas, que resplandescen de vn color rosado mezclado de azul oscuro. Es cosa aprobada que biue quinientos y quarenta años. Ella apareja vna hoguera hecha de Cinamomo, y la compone junto à la tierra de Panchaya en la ciudad del Sol, poniendo la leña sobre los altares. Es firme opinion entre los escriptores, que con la vida desta aue se haze la reuolucion del año grande, aunque la mayor parte dellos dizen quel año grande no es de quinientos y quarenta años, sino de doze mil y nouecientos y cinquenta y quatro años. Siendo consules Q. Plautio, y Sexto Papinio el aue Fenix bolo à Egypto, y siendo tomada ochocientos años despues de la fundacion de Roma, por mandado del Emperador Claudio se mostro publicamente à todo el pueblo. Este negocio, demas de la prueua que del quedò, està tambien escrito en los actos de Roma», trad. Cristóbal de las Casas, Sevilla, 1573, fols. 98v-99r). Más detalles en Van den Broek, 1972, pp. 156-157. La ubicación de los pasajes de esta obra varía mucho en las diferentes ediciones; en el caso de Ponce, suele coincidir con la que publicó Aldo Manuzio en Venecia (1518), que contiene la obra de varios autores e incluye la de Solino en sus fols. 42-127 (citaré por esta edición); este pasaje se ubica, en efecto, en su capítulo 35 (fol. 104v). La cita se sitúa en el capítulo 36 en la edición de Lyon (1609), en el 41 en la edición de Venecia (1491), en 46 en la de Basilea (1538), y en el 45 en la traducción de Cristóbal de las Casas (1573).</note>.</p>
      <p>56. «Zodíaco después fue cristalino<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 466.</note>».</p>
      <p>Para la inteligencia deste y los 14 versos consecutivos, es forzoso decir en suma la milagrosa navegación de Magallanes; el cual salió de España con cinco naves el año de 1529, a 20 de septiembre, y tomó la derrota del Mar del Norte<note place="bottom">Como se ha indicado, así se conocía el Océano Atlántico.</note>; y, costeando hacia <pb n="fol. 60r"/> el mediodía<note place="bottom">El sur.</note>, acabó de pasar la equinoccial<note place="bottom">El ecuador.</note> y descubrió el otro polo, y después pasó el estrecho del Mar del Sur<note place="bottom">El Océano Pacífico.</note> cuatrocientos días después de su partida. Y así, había sido «cuatro veces ciento este mar, dosel al día, y tálamo a la noche cuando halló de fugitiva plata la bisagra estrecha»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 470-473: «que cuatro veces había sido ciento / dosel al día y tálamo a la noche, / cuando halló de fugitiva plata / la bisagra (aunque estrecha) abrazadora».</note>. Llegó en aquel mar nuevo a una infinidad <space/>de islas, en una de las cuales murió<note place="bottom">Concretamente, en la isla de Mactán, Filipinas, el 27 de abril de 1521.</note>. Y destrozados por traición muchos de ellos, los que quedaron siguieron su derrota con dos naves, y al poniente descubrieron una de las Malucas<note place="bottom">Las Malucas o Molucas, archipiélago situado en Indonesia y que en la época era famoso por sus especias.</note>, llamada Tidor<note type="app" rend="I"><emph> Tydor</emph> en el manuscrito.</note>. Y desde aquí, una de las dos naves<note place="bottom">Tras diferentes reyertas, traiciones y naufragios, las naves que continuaron el periplo fueron la Trinidad y la Victoria. La Trinidad sufría serios daños desde Tidore, y permaneció en las Molucas para ser reparada. Luego, tras sufrir otros desperfectos en la navegación, fue capturada por los portugueses.</note>, llamada Victoria, siguió sola el rumbo del poniente y vino a salir por el oriente, dando vuelta entera al mundo, y llegó al puerto de Sanlúcar a seis de septiembre del año de mil y quinientos y treinta y tres<note place="bottom">La llegada de la nave Victoria a San Lúcar de Barrameda bajo el mando de Juan Sebastián Elcano se fecha el 6 de septiembre de 1522; y la entrada en Sevilla, remontando el Guadalquivir, el 8 de septiembre. En todo caso, el año de 1533 es erróneo, pues Elcano falleció el 4 de agosto de 1526. Más detalles sobre la nao Victoria en Carreira, 2015, pp. 429-430, y Jammes, 1994, pp. 294 y 597. El relato del viaje fue escrito por Antonio Pigaffeta, cronista de la expedición (<emph>Relazione del primo viaggio intorno al mondo</emph>); en la bibliografía se recoge una reciente traducción de esta obra al castellano.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 60v"/> Llama «zodiaco desta nave» al mar, porque en sus aguas hizo el camino circular dando vuelta a todo el orbe, como la da el sol, con su curso natural, por el círculo de los signos, que está en el octavo cielo<note place="bottom">El octavo cielo era el de las llamadas estrellas fijas; en el Siglo de Oro se situaba allí el círculo de los doce signos del zodíaco, que el sol completa en los doce meses del año. Juan Pérez de Moya afirma lo siguiente sobre el círculo del zodiaco: «Es un círculo de los mayores de la Sphera, imaginado en el primer móbil, mas como en este cielo, ni en el nono, no aya señales, por donde la vista humana puede en ellos demarcar los signos, y destinguir, fíngese en el octavo cielo con las estrellas fixas» (<emph>Tratado de cosas de Astronomía, y Cosmographía, y Philosophía Natural</emph>, Alcalá, Juan Gracián, 1573; cfr. 1, 1, 10, p. 12).</note>.</p>
      <p>Y añade, siguiendo esta metáfora:</p>
      <p>57. «Émulo vago del ardiente coche</p>
      <p>del sol<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 468-469.</note>».</p>
      <p>Es copia del Tasso, cant<emph>o</emph> 15<note place="bottom">Torquato Tasso, <emph>Gerusalemme liberata</emph>, canto 15, stanza 30, vv. 233-240: «Tempo verrà che fian d’Ercole i segni / favola vile ai naviganti industri, / e i mar riposti, or senza nome, e i regni / ignoti ancor tra voi saranno illustri. / Fia che ´l più ardito allor di tutti i legni / quanto circonda il mar circondi e lustri, / e la terra misuri, immensa mole, / vittorioso ed emulo del sole». En el margen izquierdo, Ponce anota: «stan / .0 [el primer número debe de ser un 3, pero no se lee por el corte del folio] de / la Hier<hi rend="sub">s</hi> / Liber». En el fol. 17r., donde se copiaban estos versos de la <emph>Soledad primera</emph>, Ponce ya había anotado en el margen izquierdo este lugar de Tasso (canto 15, stanza 30) y había copiado sus vv. 239-240.</note>; porque le hizo<note type="app" rend="I"><emph> hico</emph> en el manuscrito.</note> emulación a la ligereza con que en el término de un año atraviesa y circunda todo el mundo, con la vuelta que dio a él esta nave, caminando cuanto el sol mira y alumbra.</p>
      <p>58. «La bisagra aunque estrecha abrazadora</p>
      <p>de un océano, y otro», con dos versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 473-476.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 61r"/> Es el estrecho de Magallanes, que, a modo de bisagra, junta los dos mares océano oriental y occidental<note place="bottom"><emph>mares océano oriental y occidental</emph>: «La Superficie del Mar del Globo Terráqueo se divide en 4. partes, por relacion â los 4. puntos Cardinales del Mundo, y son: Mar del Norte, Mar del Sur, Oceano Oriental, y Oceano Occide<emph>n</emph>tal. Llamase Mar del nombre latino <emph>Mare</emph>, que es lo mismo que amargo, por lo mucho que son sus aguas amargas: Tambien se llama Oceano, que es lo mismo que Padre de las Aguas: respecto de lo qual se dice, que Mar es la congregacion de las aguas, que ciñen, y rodean la Tierra. El Mar del Norte, llamado tambien Atlantico, està contenido entre la America Septentrional, Europa, y Africa. El Oceano Oriental està contenido entre el Africa, y el Archipielago de San Lazaro [actuales Filipinas], y desde este Archipielago hasta la America Septentrional. El Mar del Sur, llamado tambien Mar Pacifico, està entre el Archipielago de San Lazaro, y la America Meridional. El Oceano Occidental, llamado tambien Mar Ethiopico, està comprehendido entre la America Meridional, y el Africa. Nota, que à los Mares Oriental, y Occidental, se les dàn estos nombres, respecto de los habitadores de nuestro antiguo continente: porque respecto de los habitadores de las Americas tienen los nombres opuestos, llamando Oriental, al que nosotros Occidental: y Occidental, al que nosotros Oriental» (Juan Sánchez Reciente, <emph>Tratado de navegacion theorica, y practica</emph>..., Sevilla, 1749).</note>, en que se navega desde España a la India de Portugal<note place="bottom">Con el nombre de India de Portugal o India portuguesa se conocían las posesiones portuguesas en la India; destacaban los enclaves costeros de Goa, Damán y Din.</note>. Y así, dice «o las columnas<note type="app" rend="I"><emph> culumnas</emph> en el manuscrito.</note> bese» por España, «o la escarlata del aurora» por las Indias<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 475-476: «o las colunas bese o la escarlata, / tapete de la Aurora».</note>.</p>
      <p>59. «Esta pues nave ahora», con 3 vers<emph>os</emph><note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 477-480.</note>.</p>
      <p>Fue Juan Sebastián del Cano por piloto de la nave Victoria, en compañía de Magallanes y de las otras cuatro que después se separaron de ella<note place="bottom">Las otras naves eran la Trinidad, San Antonio, Concepción y Santiago.</note>. Y esta volvió sola —como he dicho— y afirmó haber navegado catorce mil leguas. Está consagrada a la</p>
      <p>memoria esta nave<note place="bottom">Varios autores y documentos del Siglo de Oro señalan que la nave Victoria estuvo varada en Sevilla: Torquemada en su <emph>Jardín de flores curiosas</emph> (1570); una nota anónima, de fines del XVI o comienzos del XVII, de la que dio noticia Carreira, 1986, pp. 221-222 (ver también Carreira, 2015, pp. 429-430) y que reproduce Jammes, 1994, p. 294; Pellicer en sus <emph>Lecciones solemnes</emph> (1630), col. 475; Pablo Espinosa de los Monteros en la <emph>Segunda parte de la historia y grandeza de la ciudad de Sevilla</emph> (1630), José Martínez de la Puente en el <emph>Compendio de las historias de los descubrimientos, conquistas y guerras de la India Oriental y sus islas</emph> (1681); más detalles ofrece Tyler Fisher, 2013, p. 10.</note> (<emph>vararse un bajel</emph> es sacarle del mar por reservado)<note type="app" rend="I">A partir de <emph>es</emph>, la frase entre paréntesis se escribe en la parte superior de la línea, sobre otra que fue tachada y resulta ilegible. Parece que la corrección es del mismo Ponce, a juzgar por el trazo de la <emph>d</emph> y <emph>b</emph> en comparación con la grafía del corrector que revisó el texto.</note>, y el piloto tomó por impresa<note place="bottom">Lo mismo que <emph>empresa</emph>: «cierto símbolo o figura enigmática, con un mote breve y conciso, enderezado a manifestar lo que el ánimo quiere o pretende» (<emph>Autoridades</emph>).</note> un mundo, con una letra por orla<note place="bottom"><emph>orla</emph>: 'adorno que rodea la figura de la empresa’; aquí, el globo terráqueo.</note> que, hablando con él, decía: «Primus circum dedistime»<note place="bottom">'Fuiste el primero que me dio la vuelta'.</note>. <pb n="fol. 61v"/> Véase toda esta navegación y sucesos de ella en la <emph>Hist</emph>oria <emph>Pontifical</emph>, impresa en Barcelona, parte 2, l<emph>ibro</emph> 6, c<emph>apítulo</emph> 14, vida de Clemente 7<note place="bottom">Gonzalo de Illescas redactó las dos primeras partes de la obra colectiva titulada <emph>Historia Pontifical</emph>, las cuales recogen la historia de los papas desde san Pedro a 1572, año en que muere Pío V, contemporáneo de Illescas. La primera edición de la primera parte se publicó en Dueñas en 1565, y la primera edición de la segunda parte en Salamanca en 1573. De ambas partes hubo ediciones posteriores. Como indica Ponce, la navegación de Magallanes se ubica en la sección dedicada a Clemente VII, y en su capítulo (o epígrafe) 14. Señalo el folio donde se halla el pasaje en varias ediciones barcelonesas: Sebastián de Cormellas, 1595, fol. 249; Hierónimo Genovés, 1596, fol. 254; Iayme Cendrat, 1606, fol. 251; Sebastián de Cormellas, 1622, fol. 249. Más detalles sobre la <emph>Historia Pontifical</emph> y sus ediciones y censuras, en Gacto, 1992.</note>.</p>
      <p>60. «De firmes islas no la i<emph>n</emph>móvil flota», con 9 versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 481-490.</note>.</p>
      <p>Estas son las de la India oriental, puestas en el Mar del Sur; muchas en cantidad y abundantes de diversos aromas, perlas, piedras preciosas, aves y plantas raras<note place="bottom">Como se comprueba por las islas que a continuación aparecen en los versos de Camões, se está refiriendo al archipiélago de las Molucas, situado en el Pacífico (entonces, Mar del Sur) y famoso por sus especias.</note>. Camões en las <emph>Lusíadas</emph>, al fin del canto 10, hace una admirable descripción destas Indias<note place="bottom">Camões, <emph>Os Lusíadas</emph>, canto 10, est. 132: «Olha cá pelos mares do Oriente / As infinitas Ilhas espalhadas:  / Vê Tidore e Ternate, co fervente / Cume, que lança as flamas ondeadas. / As árvores verás do cravo ardente, / Co sangue Português inda compradas. / Aqui há as áureas aves, que não decem / Nunca à terra e só mortas aparecem».</note>:</p>
      <p>Olha ca pellos mares do oriente</p>
      <p>as infinitas ilhas spalhadas.</p>
      <p>Ve Tidore, e Tarnate, co fervente</p>
      <p>cume, que lanza as flamas ondeadas;</p>
      <p>as arbores veras do cravo ardente, <emph>e</emph>t<emph>cé</emph>t<emph>er</emph>a.</p>
      <p>«La virginal desnuda montería»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 488-489.</note>: <pb n="fol. 62r"/> prosigue describiendo estas hermosas islas. Y en los dos versos siguientes:</p>
      <p>haciendo escollos u de mármol pario</p>
      <p>u de terso marfil sus miembros bellos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 488-489.</note>,</p>
      <p>hace alusión a lo que cuenta Ovid<emph>io</emph> (3 Metam<emph>orfosi</emph>s) de Diana<note place="bottom" resp="author">Ponce anota en el margen izquierdo: «Aduierta- / se.».</note>, que entró a bañarse en una fuente de la selva Gargafía, acompañada de sus ninfas<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 3, vv. 155 y ss.: «Vallis erat piceis et acuta densa cupressu,   / nomine Gargaphie, succinctae sacra Dianae, [...]» («Había un valle cuajado de pinos y de puntiagudos cipreses, conocido por Gargafia, consagrado a Diana», trad. A. Ruiz de Elvira, 1990).</note>; y, asimilando estas islas a ellas, dice que podrían hacer en el agua la confusión que en la fuente las ninfas; cuyo número de islas, ya que no lascivo por lo bello, es agradable por lo vario.</p>
      <p>Dice arriba, «no te describo»<note place="bottom">Creo que se refiere a <emph>Soledad primera</emph>, vv. 481-482, donde el poeta dice que no va a describir el archipiélago de islas: «De firmes islas no la inmóvil flota / en aquel mar del Alba te describo».</note>, y prosigue:</p>
      <p>61. «El bosque dividido en islas pocas,</p>
      <p>fragante productor de aquel aroma», con 5 versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 491-497.</note>.</p>
      <p><hi rend="u">Este bosque de islas</hi><note place="bottom" resp="author">El corrector subrayó la frase y anotó lo siguiente en el margen inferior del folio: «este bosque dividido son las islas Maluchas pro / ductoras del clabo no de la pimienta». Ponce le contestó a continuación: «Sí, producen» [el resto de la anotación es ilegible por haberse cortado el folio para la encuadernación].</note> orientales produce la pimienta; y en la de Java mayor se coge la mejor de todas, que es en lo <pb n="fol. 62v"/> último de la provincia, parte austral de la línea<note place="bottom">Quiere decir que se halla en el hemisferio sur, es decir, en la parte meridional (austral) de la línea equinoccial o ecuador.</note>, fértil de aromas odoríferos y medicinales. Esta especia vino a Grecia en su principio; que, como más deliciosa, la solicitó para deleite mayor de su apetito, hallando navegación los egipcios para traérsela, que no sin mucho fundamento la dio el epíteto de «gulosa»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 495: «y ellas más tarde a la gulosa Grecia». Como se verá en el <emph>Discurso</emph> de Ponce, «gulosos» (<emph>Soledad primera</emph>, v. 300) es una de los cinco «términos raros y diversos de lo vulgar» que, según Ponce, Góngora introdujo en su poema.</note>, siguiendo a Valer<emph>io</emph> Máx<emph>imo</emph>, l<emph>ibro</emph> 9, tit<emph>ulado De Luxuria</emph>:</p>
      <p>Non in Gr<emph xml:lang="en">ae</emph>cia neq<emph xml:lang="en">ue</emph> in Assia quarum luxuria seueritas ipsa corrumpi poterat<note place="bottom">Valerio Máximo, <emph>Factorum et dictorum memorabilium libri ix, 9, 1, 5: «No en Grecia ni en Asia, con cuya lujuria la misma severidad podía corromperse» (trad. Diego López, Sevilla, 1631, fol. 191r)</emph>.</note>.</p>
      <p>Y que viniese a Grecia por el Nilo se infiere de Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 12, c<emph>apítulo</emph> 7<note place="bottom">En ese lugar de la<emph> Naturalis Historia</emph> está la referencia a la pimienta en ediciones como la de Parma, 1481; Venecia, 1499, 1569; Paris, 1526, 1532. En ediciones más modernas puede encontrarse en 12, 14.</note>, en que contiene este mismo conceto que se sigue. Fue<note place="bottom">Ponce escribió en el margen izquierdo lo que parece una <emph>Y</emph> («Y fue llevada...») o una marca de párrafo.</note> llevada después a Roma por los griegos la pimienta, a quien llama «espuela del apetito»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 496: «clavo no, espuela sí del apetito».</note> por ser buena para despertarle, y no para satisfacerle.</p>
      <p><pb n="fol. 63r"/> 62. «Fue templado Catón, casta Lucrecia<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 498.</note>».</p>
      <p>Esto se entenderá en la prefación de Salust<emph>io</emph> en su catilinario<note place="bottom" resp="author"><emph>su catilinario</emph> es enmienda que se escribe en parte superior de la línea, sobre una secuencia que se tachó. Creo que la enmienda es del propio Ponce. Aunque no se puede leer con precisión (acaso <emph>libro bello Jugurtino</emph>), sí se advierte que la obra de Salustio que Ponce escribió primero era<emph> Bellum Iughurtinum</emph>, cuando, en realidad, se trataba de <emph>Bellum Catilinae</emph> (más conocida como <emph>De coniuratione Catilinae</emph>). Al comienzo de<emph> De coniuratione Catilinae</emph> son varios los pasajes donde Salustio advierte de los peligros del ocio y la relajación de costumbres, así como de la degeneración que ambos provocaron en Roma; cito dos de ellos: «Nam imperium facile is artibus retinetur quibus initio partum est. Verum ubi pro labore desidia, pro continentia et aequitate lubido atque superbia inuasere, fortuna simul cum moribus immutatur» (<emph>De coniuratione Catilinae</emph> 2) («Pues el poder se conserva fácilmente empleando los mismos medios que han servido en un principio para conseguirlo; pero, cuando en lugar del trabajo reina la pereza y frente a la austeridad y la modestia triunfan el desenfreno y la arrogancia, la posición cambia al compás del estilo de vida», trad. A. Carrera de la Red, Madrid, Akal, 2001); «Incitabant praeterea corrupti ciuitatis mores, quos pessuma ac diuorsa inter se mala, luxuria atque auaritia, uexabant. Res ipsa hortari uidetur, quoniam de moribus ciuitatis tempus admonuit, supra repetere ac paucis instituta maiorum domi militiaeque, quomodo rem publicam habuerint quantamque reliquerint, ut, paulatim immutata, ex pulcherruma &lt;atque opt<emph>u</emph>ma&gt; pessuma ac flagitiosissuma facta sit, disserere» (<emph>De coniuratione Catilinae</emph> 5) («Le incitaban [a Catilina] además las corrompidas costumbres de la ciudad, en la que estaban haciendo estragos dos vicios, gravísimos los dos, aunque opuestos entre sí, el lujo y la avaricia. Y, puesto que ocasionalmente hemos hecho mención de las costumbres de la ciudad, el asunto mismo parece aconsejar que volvamos atrás, y expongamos brevemente cuáles eran las normas de conducta de nuestros antepasados tanto en la paz como en la guerra, cómo ellos han gobernado la República, y en qué situación de grandeza nos la dejaron, y cómo poco a poco ha ido cambiando y se ha convertido en la peor y la más degradada de todas»). Sobre la degeneración de Roma a causa de diversos vicios se extiende Salustio en 9-13.</note>; pues dice que, hasta que se conocieron en Roma los preciosos y delicados manjares, guardaron sus ciudadanos constancia y sus matronas honestidad<note type="app" rend="I">La <emph>h</emph>, de tono más oscuro, pudiera haber sido añadida por el corrector, como muestra la grafía de <emph>hiço</emph> en su anotación del fol. 57r. Pero es difícil precisarlo, pues no se diferencia mucho de la que escribe Ponce.</note>.</p>
      <p>63. «Cuya memoria es buitre de pesares<note type="app" rend="I"><emph> Soledad primera</emph>, v. 502. El manuscrito lee <emph>buitre</emph> tanto aquí como en la copia de la <emph>Soledad primera</emph> (fol. 17v). Los testimonios en los que se basan las ediciones emplean la voz <emph>bueitre</emph>, más antigua.</note>».</p>
      <p>Hace asimilación a la pena de Ticio; del cual dice Virg<emph>ilio</emph>, en el 6 de la Eneid<emph>a</emph>, que está preso en un monte, donde, cebándose en sus entrañas, un buitre le atormenta, volviendo a renacer siempre de nuevo<note place="bottom">Virgilio, <emph>Aeneidos</emph>, 6, vv. 595-600: «Nec non et Tityon, Terrae omniparentis alumnum, / cernere erat, per tota nouem cui iugera corpus / porrigitur, rostroque immanis uoltur obunco / immortale iecur tondens fecundaque poenis / uiscera rimaturque epulis habitatque sub alto / pectore, nec fibris requies datur ulla renatis» («También a Ticio podía verse, retoño de la madre Tierra, / cuyo cuerpo se extiende a lo largo de nueve yugadas / mientras un buitre enorme de corvo pico / devora su hígado inmortal y las entrañas fecundas / con el castigo y rebusca en su comida y vive metido / en su pecho sin dar descanso alguno a las fibras renacidas», trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>. Y así, dice que la memoria de su pérdida le atormentaba siempre que le representaba su daño.</p>
      <p>64. «Guerra al calor o resistencia al día<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 539.</note>».</p>
      <p>Acuérdome, viendo este verso, de los serranos que la noche antes estaban coronando <pb n="fol. 63v"/> la hoguera<note type="app" rend="I">Como antes con la voz <emph>honesta</emph>, la <emph>h</emph>, de tono más oscuro, también podría haber sido añadida por el corrector, como muestra la grafía de <emph>hiço</emph> en su anotación del fol. 57r.</note> de la encina, y hallo causa de admiración donde creí que la había para presumir algún descuido; porque tener esta noche necesidad de lumbre para resistir el frío, y mañana de sombra para el calor, cualquier ingenio atrevido osaría, sin más información, a darlo por reprobado. Mas yo, que de cobarde miro primero el fondo que me determine a pasarle<note place="bottom">‘Pero yo, debido a mi prudencia, analizo a fondo un pasaje antes de ofrecer una interpretación sobre él’.</note>, he considerado el mucho acuerdo y advertencia con que está escrito; porque en el mes de abril, que es tiempo en que fue este suceso, y en los primeros dias de mayo, es natural —como enseña la esperiencia— hacer de noche tanto frío que necesita de abrigo y lumbre, y al mediodía tan riguroso calor que nos congoja con muy poco ejercicio, y no puede sufrirse el sol. Y así, tiene todo primor esta descripción de la noche fría y tarde <pb n="fol. 64r"/> calurosa, y más en una campaña desierta y cercana al mar, donde estaban los serranos, y en una vega que carecía de sombra hasta llegar a la alameda que recreó a los que se emboscaron en ella retirándose del sol.</p>
      <p>65. «Pedazos de cristal», <emph>e</emph>t<emph>cé</emph>t<emph>er</emph>a, con 4 vers<emph>os</emph><note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 545-549.</note>.</p>
      <p>Eran los pies de las serranas; y el movim<emph>ien</emph>to de los pasos desviaba de ellos la falda; y ella remitía al coturno o calzado el descubrir el pie, que, si bien era celosa basa de la columna superior, <hi rend="u">al menos dispensaba en manifestarle, de suerte*</hi><note place="bottom" resp="author">El corrector subrayó la frase y colocó un asterisco como llamada que reproduce en el margen inferior del folio, donde escribió la siguiente nota: «que pudiese a lo menos goçar la vista con / emulacion e invidia del cristal de la planta». Ponce respondió a esta nota: «Vien dixe yo que esto es muy dificil, pues aun no se entiende con es [...]» (el resto falta por haberse cortado el folio para la encuadernación del volumen). Ver también la interpretación del pasaje de la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (p. 305), que coincide bastante con la de Ponce, así como las de Jammes, 1994, pp. 305-307, y Carreira, 2015, p. 432.</note><hi rend="u"> que pudiese tocarle el agua;</hi> esto es: que el coturno es hecho de forma que, calzado, descubre mucha parte del pie. Es el conceto más cifrado que hay en la silva toda, a mi juicio.</p>
      <p>66. «Sirenas de los montes», con 5 vers<emph>os</emph><note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 550-555.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 64v"/> 'Pudiera el menor paso de su pie o su garganta hacerlos dar en su seguim<emph>ien</emph>to a la más antigua planta, que, por serlo, estuviese más arraigada y sigura en la competencia de los vientos’. Es hipérbole con que encarece la dulzura de la música, y alusión a lo de Orfeo y Anfión, de quien se dijo que llevaban tras su voz las plantas. Horacio<note type="app" rend="I"><emph> Orat.</emph> en el manuscrito.</note>, in <emph xml:lang="en">Ars Poetica</emph><note place="bottom">Horacio, <emph>Ars Poetica</emph>, vv. 394-396 («Y también se dijo que Anfión, fundador de la ciudad de Tebas, / movía piedras al son de su lira y las llevaba a donde quería / con su tierna súplica. Antaño había esta sabiduría», trad. F. Navarro Antolín, 2002).</note>:</p>
      <p>Dictus et Amphion Theban<emph xml:lang="en">ae</emph> conditor<note type="app" rend="I">La marca de abreviatura de la <emph>ę</emph> de <emph>Thebanę</emph> y la sílaba <emph>-or</emph> de <emph>conditor</emph> han sido marcadas con trazo más grueso, a modo de corrección sobre lo escrito inicialmente. No puedo precisar si lo hizo Ponce o el corrector.</note> urbis,</p>
      <p xml:lang="en">saxa mouere sono testudinis et prece blanda</p>
      <p>ducere quo vellet.</p>
      <p>67. «Meta umbrosa<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 581.</note>».</p>
      <p>Dice que era término o fin del camino una fuente guarnecida de flores donde no solo venía a descansar el caminante, mas, aún más cansado que él, concurría el camino que paraba en ella.</p>
      <p><emph>Meta</emph> es voz latina y toscana, que sinifica, en ambas lenguas, el término del<note type="app" rend="I">«de <pb n="fol. 65r"/> el camino» en el manuscrito.</note> <pb n="fol. 65r"/> camino, como he dicho:</p>
      <p>Virg<emph>ilio</emph>, l<emph>ibro</emph> 5<note place="bottom">Virgilio, <emph>Aeneidos</emph>, 5, vv. 129-130: «Aquí colocó el padre Eneas una verde meta / de frondoso arce» (trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>:</p>
      <p>Hic viridem Aeneas frondenti ex ilice metam,</p>
      <p>constituit.</p>
      <p>Sannazaro<note place="bottom">Sannazaro, <emph>Arcadia</emph>, prosa 5, 7. La cita de Ponce coincide literalmente con la recogida en un repertorio de Lodocivo Dolce para ilustrar la voz <emph>meta</emph>: «Meta è il termino, o segno, che si pone a corritori. Vsò questa voce il Sannazaro. Que qualunque per uelocità primo la destinata meta toccaua» (<emph>Nvove osservationi della lingva volgare co i modi, et ornamenti del dire parole piv scelte, et eleganti, in Venetia</emph>, MDXCVII, fol. 151r). El lugar de Sannazaro acompaña la voz <emph>meta</emph> en otro vocabulario italiano —<emph>La fabrica del mondo</emph>, de Francesco Alunno—, aunque se recoge aquí un pasaje más extenso de la prosa 5 junto a otro de la prosa 11. Más detalles en el apdo. 5 de la introducción.</note>:</p>
      <p>Oue qualunque che per velocità primo</p>
      <p>la destinata meta toccaua.</p>
      <p>Y usar esta voz en n<emph>uest</emph>ra lengua no debe ser culpable en n<emph>uest</emph>ro autor, no siendo él el primero que lo ha hecho; pues Garcilaso, en la elegía al duque de Alba, en el 11 terceto, después del núm<emph>er</emph>o 59<note place="bottom">Ponce manejó la edición de Garcilaso con anotaciones del Brocense. El verso de la elegía I que cita (v. 255) se encuentra en el terceto 11 después de la anotación 59, que se inicia en el v. 223 («El tierno pecho, en esta parte humano»); ver los fols. 31v y 32r en la edición de Salamanca, 1574.</note>, dijo:</p>
      <p>cuando voló el espíritu a la alta meta<note place="bottom">Garcilaso, <emph>Elegía I</emph>, v. 255. Esta justificación del uso de <emph>meta</emph> se relaciona con que, en su <emph>Discurso</emph> (fol. 93v), Ponce la menciona como una de las cinco voces raras que Góngora usó en su poema.</note>.</p>
      <p>68. «Sierpes de Ponto<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 599-600: «sierpes del aljófar, aun mayor veneno / que a las del Ponto, tímido, atribuye».</note>».</p>
      <p>En estos versos significa el aborrecimi<emph>ent</emph>o que tenía al agua este serrano por haber muerto su hijo en ella. Ponto<note place="bottom">En la antigüedad abarcaba tierras del noroeste de Asia Menor que bordeaban el Ponto Euxino o Mar Negro.</note> es una región de muchas islas, milla y media dividida de Europa, en la Escitia<note place="bottom">Era la región habitada por los escitas entre los siglos VIII a C. y II d C. En términos generales, comprendía los territorios de la estepa desde el Danubio a la costa del Mar Negro o Ponto Euxino.</note>, donde <pb n="fol. 65v"/> hay infinitas sierpes. Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 4, c<emph>apítulo</emph> 13<note place="bottom">Plinio el Viejo, <emph>Naturalis Historia</emph>, 4, 13, que comienza: «Hellespontus insulas non habet in Europa dicendas» («No tiene el Helesponto islas que se deban contar en la parte de Europa», trad. del doctor Francisco Hernández).</note>.</p>
      <p>69. «Cual en los equinoccios<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 603: «cual en los equinoccios surcar vemos».</note>».</p>
      <p>Equinoccio es cuando los días y las noches son iguales, que es cuando el sol entra en Aries a 21 de marzo, y cuando en Libra a 23 de septiembre. Y así Manil<emph>io</emph>:</p>
      <p>Libra Ariesq<emph>ue</emph> parem reddunt noctemq<emph>ue</emph> diemq<emph>ue</emph><note place="bottom">Marco Manilio, <emph>Astronomicon</emph>, 3, v. 231 («Libra y Aries hacen que la noche y el día sean iguales», trad. F. Calero y M.ª J. Echarte, Madrid, Gredos, 2002).</note>.</p>
      <p>Lucan<emph>o</emph>, l<emph>ibro</emph> 8:</p>
      <p>Tempus erat quo Libra pares examinat horas,</p>
      <p>non uno<note type="app" rend="I"><emph> vna</emph> en el manuscrito.</note> plus aequa die<note place="bottom">Lucano,<emph> Pharsalia</emph>, 8, vv. 467-468: «Tempus erat quo Libra pares examinat horas, / non uno plus aequa die, noctique rependit» («Era la estación en que Libra sopesa iguales las horas del día y de la noche, y el fiel de la balanza [el equinoccio de otoño] no dura más que una sola jornada», trad. A. Holgado Redondo, Madrid, Gredos, 1984).</note>.</p>
      <p>En este tiempo salen las grullas en escuadrones formados, según Solino<note place="bottom">Cayo Julio Solino, <emph>De mirabilius mundi</emph>, 10. Cito su comienzo: «Manifestum sane est, in septentrionalem plagam hieme grues frequentissimas convolare. Nec piguerit meminisse, quatenus expeditiones suas dirigant. Sub quodam militiæ eunt signo, et ne pergentibus ad destinata vis flatuum renitatur, arenas devorant, sublatisque lapillulis ad moderatam gravitatem saburrantur. Tunc contendunt in altissima, ut de excelsiori specula metentur quas petant terras. Fidens meatu præit catervas; volatus desidiam castigat voce, quæ cogit agmen; ea ubi obraucata est, succedit alia […]» (ed. Venecia, 1518, fols. 70r-70v) («Sabida cosa es, que à la region Septentrional buela mucha cantidad de aquestas aues. Y no serà cosa fuera de proposito, contar de que manera van haziendo su viage. Ellas van por orden y guia como de guerra: y porque la fuerça de los vientos no les impida su destinado camino, tragan arena, y tomando pequeñas piedras, hazen vn moderado peso, siruiendose del como de lastre, y assi buelan y suben alto, para mirar como de altissima atalaya los lugares, donde han de yr à parar. Va delante de aquel esquadron vna de quien se confian en seguirle. Esta reprehende la pereza del bolar de las otras, y con la boz va dando orden à su compañia, y en enronquesciendo, sucede otra en su lugar», trad. Cristóbal de las Casas, Sevilla, 1573, fols. 46v-47v). El capítulo 10 es el habitual en las ediciones modernas; en el 15 se halla en las de Venecia (1518) y Basilea (1538); en el 14, en la de Venecia (1491) y en la traducción de Cristóbal de las Casas (1573); en el 16, en la de Lyon (1609).</note>. Y comunmente se ve que andan juntas en los campos en los meses de marzo y septiembre<note type="app" rend="I"><emph> 7.<hi rend="sup">br</hi></emph><hi rend="sup">e</hi> en el manuscrito.</note>.</p>
      <p>«Grullas veleras»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 606: «sino grullas veleras».</note>, <emph>id est</emph>, ligeras: símil de los bajeles que, cuando son ligeros, se les da este nombre. Véase, de las letras que forman volando, a Anacreón, Ode 37<note place="bottom">Ponce debió de manejar la traducción que Quevedo llevó a cabo de la obra de Anacreonte y dedicó al duque de Osuna en 1609, pues incluirá la que hizo de uno de sus poemas (<emph>La rosa</emph>) en los fols. 110r-112r. En la traducción de Quevedo, la referencia a las grullas se encuentra en los vv. 7-12 de la oda 37: «Ve que el ánade torpe ya se fía / del agua blanda que temió por fría; / mira las grullas, que con leyes viven, / cómo, volando, en letra el aire escriben, / y alegres vuelven por el aire vano, / como a ganar albricias del verano» (ed. J. M. Blecua, p. 315). Además, Ponce mencionará otra oda de Anacreonte en su nota 103 al poema de Góngora (más detalles en las notas a esos lugares).</note>, y Marcial<note type="app" rend="I"><emph> Mart.</emph> en el manuscrito.</note>, l<emph>ibro</emph> 13, <emph>Xenius</emph>, epigr<emph>ama</emph> 75<note place="bottom">Marcial, <emph>Epigrammaton libri</emph>, 13 (<emph>Xenia</emph>), 75: «Grues: Turbabis uersus nec littera tota uolabit, / unam perdideris si Palamedis auem» («Grullas: Alterarás las líneas y no echará a volar la letra entera, / si haces desaparecer una sola ave de Palamedes», trad. J. Fernández Valverde y A. Ramírez de Verger, 1997).</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 66r"/> 70. «Ellas en tanto en bóvedas de sombras</p>
      <p>(pintadas siempre al fresco)</p>
      <p>cubren las que Sidón, telar turquesco,</p>
      <p>no ha sabido, imitar verdes alfombras<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 612-615.</note>».</p>
      <p>'En tanto las serranas, en las bóvedas que formaba el alameda juntándose las cimas de los árboles, de sombras siempre frescas’. Aquí imita el estilo de los pintores en equívoco<note place="bottom">Como indica luego Ponce, el equívoco se produce por el juego entre los dos sentidos de <emph>fresco</emph>: el que proporciona la sombra de la alameda y el de la pintura al fresco. Es lugar que censuró Jáuregui, a quien respondió el Abad de Rute, como indicó Jammes, 1994, p. 320. También contestó a Jáuregui la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (p. 311).</note>, que llaman <emph>pintado al fresco</emph> lo que se pinta sobre la cal fresca en la pared cubierta della.</p>
      <p>Sidón es ciudad insigne de la Fenicia, donde se labran las alfombras mejores; y a esta causa la llama "telar turquesco". Dice, pues, que cubrían las serranas en el alameda las alfombras de hierba y flores que Sidón no ha sabido imitar.</p>
      <p>71. «Teatro dulce, no de escena muda<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 624; <emph>scena</emph> en el manuscrito.</note>».</p>
      <p><pb n="fol. 66v"/> En las representaciones antiguas, se llamaba escena el espacio que se detenían en el teatro unas mismas personas, sin salir ni entrar otras en él. Aquí entiendo que las serranas hacían teatro el alameda, donde con festiva alegría rompían los términos del silencio. Y prosigue diciendo que la hierba de aquel lugar sombrío y fresco vio sobre sí la nieve vestida de mil colores, llamando nieve a los cuerpos cuya blancura la excedía.</p>
      <p>72. «Cuando a nu<emph>est</emph>ros antípodas la Aurora</p>
      <p>las rosas gozar deja de su frente<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 636-637.</note>».</p>
      <p>Aquí dice que anochecía, porque a ese tiempo comunica el aurora su luz a los indios opuesos a nosotros, a quien llamamos antípodas. Stroza pater:</p>
      <p>quum sol Antipodum populos illata luce reuisit<note place="bottom">'cuando el sol vuelve a iluminar con su luz a los pueblos de los antípodas’. El verso es de Tito Vespasiano Strozzi (c. 1425-c. 1505), llamado <emph>Stroza pater</emph> para no confundirse con su hijo Ercole Strozzi (1473-1508). Las obras de ambos fueron editadas en Paris en 1530: <emph>Strozii Poetae Pater Et Filius</emph>. Parisiis, ex officina Simonis Colinaei, 1530. No obstante, Ponce probablemente tomó la cita de Ravisio Textor, en cuyo compendio aparece literalmente en el apartado dedicado a la descripción de la noche (<emph>descriptio noctis</emph>); ver la p. 462 en la edición de Ravisio Textor publicada en Lyon (1560) y citada en la bibliografía. </note>.</p>
      <p><pb n="fol. 67r"/> 73. «Cedió al sacro volcán de errante fuego<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 646.</note>».</p>
      <p>En el siguiente verso esta declarado este: «a la torre, de luces coronada»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 647.</note>.</p>
      <p>El volcán es ya notorio ser un monte de cuya cumbre salen llamas de fuego. La selva donde está fue llamada de los antiguos Hiera, que es sagrada. Véase en Solino, c<emph>apítulo</emph> 11, que solo trata de él<note place="bottom">Cayo Julio Solino, <emph>De mirabilius mundi</emph>, 6: «In freto Siculo Hephaestiae insulae viginti quinque milibus passuum ab Italia absunt. Itali Vulcanias vocant, nam et ipsa natura soli ignea: per occulta commercia aut mutuantur Aetnae incendia aut subministrant. Hic dicta sedes deo ignium. numero septem sunt. Liparae nomen rex dedit Liparus qui eam ante Aeolum rexit. alteram Hieran vocaverunt: ea praecipue Vulcano sacrata est et plurimum colle eminentissimo nocte ardet» (ed. Venecia, 1518, fol. 64r) («En el mar de Sicilia son las Islas Ephestias, que estan en Italia distantes veynte y cinco millas, los italianos las llama<emph>n</emph> de Vulcano, porque siendo ellas tambien de naturaleza de fuego, por secreta comunicacio<emph>n</emph> de la tierra toman el fuego de Etna. Estas Islas son consagradas como casas del Dios del fuego. Ellas son siete: Lipari tomò no<emph>m</emph>bre del Rey Liparo, que la señoreò antes de Eolo. La segunda llamaron Hiera: esta principalme<emph>n</emph>te entre las otras es co<emph>n</emph>sagrada à Vulcano, y tiene vn mo<emph>n</emph>te altissimo, que arde mucho de noche», trad. Cristóbal de las Casas, 1573, fols. 36v-37r). La cita se sitúa en el capítulo 11 en las ediciones de Venecia (1518), Venecia (1491) y Basilea (1538); en el 12 en la de Lyon (1609), y en el 10 en la traducción de Cristóbal de las Casas.</note>.</p>
      <p>Dice en estos 8 versos que llegaron todos al aldea con la luz de las luminarias de la torre, de la cual salían cohetes que, volando, parecían saetas; y que el forastero solenizaba los fuegos y el viejo los reprendía, temeroso de que resultase algún incendio.</p>
      <p>74. «Al de las bodas dios<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 654: «al de las bodas dios, no alguna sea».</note>».</p>
      <p>Es Himeneo, de quien dije lo conviniente (núm<emph>er</emph>o 38)<note place="bottom">Se refiere a la nota de Ponce que lleva ese número.</note>. Hace relación al incendio de la tierra que cuenta Ovid<emph>io</emph> <pb n="fol. 67v"/>, Metam<emph>orfosis</emph> 2, cuando Faetonte despeñó del cielo con el carro de su p<emph>adr</emph>e<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 2. vv. 1-332.</note>.</p>
      <p>75. «De Alcides luego le llevó a las plantas<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 659. La lectura habitual del verso («De Alcides lo llevó luego a las plantas») difiere de la que se recoge la anotación de Ponce y en la versión de la <emph>Soledad primera</emph> copiada al comienzo del manuscrito (fol. 22r). Ver allí la nota al pie.</note>».</p>
      <p>Son los olmos dedicados a Alcides. Virgilio, églog<emph>a</emph> 7:</p>
      <p>Populus Alcidae gratissima<note place="bottom">Virgilio, <emph>Ecloga</emph> 7, v. 61: «Populus Alcidae gratissima, uitis Iaccho» («El álamo es lo que más agrada a Alcides, la vid a Baco», trad. T. de la Ascensión Recio García).</note>.</p>
      <p>Sannazaro<note type="app" rend="I"><emph> Sanazaro</emph> en el manuscrito.</note>, pros<emph>a</emph> 1:</p>
      <p>L'albero, di che hercule coronar si solea<note place="bottom">Sannazaro, <emph>La Arcadia</emph>, prosa 1, 3: «Et evi con piú breve fronda l’albero di che Ercule coronar si solea, nel cui pedale le misere figliuole di Climene furono transformate».</note>.</p>
      <p>Garcilaso, égloga 3:</p>
      <p>El álamo de Alcides escogido<note place="bottom">Garcilaso, <emph>Égloga</emph> 3, v. 353.</note>.</p>
      <p>76. «Cuantos saluda rayos el Bengala,</p>
      <p>del Ganges cisne adusto<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 667-668.</note>».</p>
      <p>Es el Ganges río de la India oriental, de quien dijo Lucano, l<emph>ibro</emph> 7:</p>
      <p>et qua sentit Arabs, et qua Gangetica tellus<note place="bottom">Lucano, <emph>Pharsalia</emph>, 4, vv. 64-65: «et quas sentit Arabs et quas Gangetica tellus / exhalat nebulas [...]» («y asimismo [el Euro volteó] las nieblas que siente el árabe y las que exhala la tierra bañada por el Ganges», trad. A. Holgado Redondo, 1984).</note>.</p>
      <p>Vibius Sequester, <emph>De situ orbis</emph>:</p>
      <p>Ganges in Oriente India<emph xml:lang="en">m</emph> cingens latisimus<note place="bottom">La cita pertenece a Vibius Sequester, autor latino de los siglos IV-V que escribió un compendio geográfico donde se recogían listas alfabéticas de ríos, montes, lagos... y que fue muy usado por los poetas latinos. Su título es <emph>De fluminibus, fontibus, lacubus, nemoribus, paludibus, montibus, gentibus quorum apud poetas mentio fit</emph>. La cita de Ponce reproduce el comienzo de la entrada<emph> Ganges</emph>: «Ganges in oriente Indiam cingens latissimus, quem Alexander post Oceanum nauigare timuit, qui solus aduersus orientem fluit» (ed. Florencia, 1526, fol. 186r) ('El ancho Ganges rodea el oriente de la India, río que, después del Océano, Alejandro temió navegar, y el único que corre hacia el oriente'). El haber mencionado Ponce «de situ orbis» tras el nombre de Vibius Sequester probablemente se deba a que <emph>De situ orbis</emph> de Pomponio Mela era una obra que a menudo se editaba junto al compendio geográfico de Vibius Sequester. Ver, por ejemplo, la edición de Pisa, Hieronymus Soncino, 1512, o la de Florencia, Haeredes Philippi Iuntae, 1526.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 68r"/> Habitan las riberas deste río los etíopes bengalas, de quien los llama (con no poco primor) «cisnes adustos». El concepto destos 5 versos es que el sol —a quien adoran estos bárbaros gentiles— abreviara sus rayos en una estrella por ver la menos hermosa de las zagalas. Dice «en una estrella» porque, siendo de noche, no podía mirarlas el sol sin transformar su lumbre.</p>
      <p>77. «Cruza el Trïón más fijo el hemisferio</p>
      <p>y el tronco mayor, danza en la ribera<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 671-672.</note>».</p>
      <p>Aulo Gelio, en el l<emph>ibro</emph> 2, c<emph>apítulo</emph> 21, <emph>Noct</emph>es<emph> atti</emph>cae, escribe de los Triones y la derivación de su nombre griego con toda curiosidad<note place="bottom">Aulo Gelio, <emph>Noctes Atticae</emph>, 2, 21: «<emph>Super eo sidere, quod Graeci ֕ἀμαξαν, nos ‘septentriones’ uocamus; ac de utriusque uocabuli ratione et origine</emph>. Ab Aegina in Piraeum complusculi earundem disciplinarum sectatores Graeci Romanique homines eadem in naui transmittebamus. 2. Nox fuit et clemens mare et anni aestas caelumque liquide serenum. Sedebamus ergo in puppi simul uniuersi et lucentia sidera considerabamus. 3. Tum, qui eodem in numero Graecas res eruditi erant, quid <emph>֕ἀμαξα</emph> esset, quid βοὠτης, et quaenam maior et quae minor, et cur ita appellata et quam in partem procedentis noctis spatio moueretur et quamobrem Homerus solam eam non occidere dicat, cum et quaedam alia, scite ista omnia ac perite disserebant. 4. Hic ego ad nostros iuuenes conuertor et "Quid, inquam, uos opici dicitis mihi uare? Quod <emph>֕ἀμαξαν</emph> Graeci uocant, nos ‘septentriones’ uocamus? 5. Non enim satis est quod septem stellas uidemus, sed quid hoc totum quod ‘septentriones’ dicimus significet, scire, inquam, id prolixius uolo». 6. Tum quispian ex his, qui se ad litteras memoriasque ueteres dediderat: «Vulgus, inquit, grammaticorum ‘septentriones’ a solo numero stellarum dictum putat. 7. ‘Triones’ enim per sese nihil significare aiunt, sed uocabuli esse supplementum; sicut in eo, quod ‘quinquatrus’ dicamus, quinque ab Idibus dierum numerus sit, ‘atrus’ nihil. 8. Sed ego quidem cum L. Aelio et M. Varrone sentio, qui ‘triones’ rustico cetera vocabulo boues appellatos scribunt, quasi quosdam ‘terriones’, hoc est arandae colendaeque terrae idoneos. 9. Itaque hoc sidus, quod a figura posituraque ipsa, quia simile plaustri uidetur, antiqui Graecorum <emph>֕ἀμαξαν</emph> dixerunt, nostri quoque ueteres a bubus iunctis ‘septentriones’ appellarunt, id est septem stellis, ex quibus quasi iuncti ‘triones’ figurantur. 10. Praeter hanc, inquit, opinionem id quoque Varro addit, dubitare sese an propterea magis hae septem stellae ‘triones’ appellatae sint, quia ita sunt sitae ut ternae stellae proximae quaeque inter sese faciant ‘trigona’, id est triquetras figuras». 11. Ex his duabus rationibus quas ille dixit, quod posterius est subtilius elegantiusque est uisum. Intuentibus enim nobis in illud ita propemodum res erat, ut forma esse triquetra uideretur» («Sobre la constelación aquella que los griegos llaman<emph> hámasa</emph> y nosotros <emph>Septentriones</emph>; y sobre la etimología de uno y otro nombre. 1. Unos propios griegos y romanos, condiscípulos de las mismas materias, navegábamos en la misma nave desde Egina al Pireo. 2. Era de noche, el mar tranquilo, verano y el cielo despejado. Estábamos, pues, sentados en la popa todos juntos y contemplábamos las estrellas brillantes. 3. Entonces, los que de nuestro grupo eran eruditos en materias de la civilización griega explicaban con detalles y erudición cuál era el "Carro" <emph>(Hámasa)</emph>, cuál el "Boyero" <emph>(Boótes)</emph>, y cuál el "Mayor" y cuál el "Menor", y por qué se llamaban así, y cuál era su trayectoria durante el transcurso de la noche y por qué razón Homero dice que aquella constelación era la única que no se ocultaba al igual que algunas otras tampoco se ocultaban. 4. Entonces yo, dirigiéndome a nuestros jóvenes compatriotas, les digo: "¿Qué me decís vosotros, incultos? ¿Por qué los griegos llaman <emph>Hámasa</emph> a la que nosotros llamamos <emph>Septentriones</emph>?. 5. No me basta con que digáis que porque vemos siete estrellas, sino que lo que yo quiero es saber con detalle qué significa globalmente lo que llamamos <emph>septentriones</emph>". 6. Entonces uno de ellos, que se había dedicado al estudio de las letras y de las memorias de nuestros antepasados, dijo: "Los gramáticos en general creen que el nombre obedece exclusivamente al número de estrellas. 7. <emph>Triones</emph> dicen que no significa nada por sí mismo, que es simplemente un complemento; más o menos como aquel <emph>Quinquatrus</emph>, porque cinco es el número de días que hay desde los Idus, sin que <emph>atrus</emph> signifique nada. 8. Pero mi opinión es la misma que la de Lucio Lelio y Marco Varrón, que dicen que <emph>triones</emph> es el nombre que se da en agricultura a los bueyes, que viene a ser como <emph>terriones</emph>, es decir, animales muy apropiados para arar y cultivar la tierra". 9. "Por consiguiente —continuó diciendo—, esta constelación, por su figura y posición en el firmamento y porque parece semejante a un carro, recibió el nombre de <emph>Hámasa</emph> entre los antiguos griegos y también nuestros antepasados la llamaron <emph>Septentriones</emph> por parecer bueyes uncidos; es decir, siete estrellas que tienen la forma de bueyes uncidos. 10. Añadió Varrón además otra explicación, que él dudaba si estas siete estrellas se llamaban <emph>Triones</emph> porque están situadas de tal manera que las tres estrellas próximas forman entre sí un triángulo en cada grupo de tres; es decir, figuras triangulares". 11. De estas dos explicaciones que él dio, la última parece más ingeniosa y precisa. En efecto, al mirar nosotros hacia la constelación, resultaba que parecía como si estuviera formada de figuras triangulares», trad. S. López Moreda, 2009).</note>; y dice que son las siete estrellas de la ursa mayor, que llaman vulgarmente <emph>carro</emph> y <emph>barca</emph><note type="app" rend="I">Después de <emph>barca</emph> aparece una palabra tachada e ilegible en el manuscrito.</note>. Es el concepto que los serranos solenizaban la boda con músicas y bailes<note type="app" rend="I"><emph> bales</emph> en el manuscrito.</note> tan alegres y <pb n="fol. 68v"/> festivos, que en hipérbole dice que, oyéndolos, cruzaba el hemisferio el Trión más fijo, siendo imposible hacerlo, porque el curso de los Triones es circular continuo sobre la estrella polar. Y añade que los troncos bailaban en la ribera, haciendo alusión curiosa a lo de arriba de Anfión<note place="bottom">Ver el fol. 64v, nota 66 de Ponce.</note>, en que imita las que hizo de la serrana que tañía las pizarras<note place="bottom"><emph>piçaras</emph> en el manuscrito. Los números que aparecen a continuación se refieren a las notas de Ponce.</note> (n<emph>úmero</emph> 30) y de las que cantaban (n<emph>úmer</emph>o 66), en cuya nota verás su inteligencia.</p>
      <p>78. «Mentir florestas, y emular vïales<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 702.</note>».</p>
      <p><emph>Viales</emph> se llaman ciertas isletas hechas a mano en el mar con enramadas que las cubren, a cuya causa dice lo que contienen los dos versos consecutivos<note place="bottom">«Estos árboles, pues, ve la mañana / mentir florestas y emular vïales, / cuantos muró de líquidos cristales / agricultura urbana» (<emph>Soledad primera</emph>, vv. 701-704). El pasaje se entiende como un símil que equipara la disposición de los árboles a <emph>florestas</emph> por su cantidad y amena vista, y a hileras paralelas (<emph>viales</emph>) por su ordenada disposición, que se asemeja a la de los parques donde los árboles suelen flanquear o rodear las acequias y fuentes; más detalles sobre esta lectura en Jammes, 1994, pp. 337-338, y Carreira, 2015, p. 438. En cuanto a la interpretación de Ponce, no he documentado la acepción que da al término <emph>viales</emph>, que acaso obligue a reparar en la siguiente de <emph>isla</emph>: «analógicamente significa un conjunto de casas, cercado por todas partes de calles» (<emph>Autoridades</emph>). Este valor de <emph>isla</emph> como ‘casa o conjunto de casas exentas’ se documentaba en latín, y también lo recoge <emph>Covarrubias</emph>: «no solo se llaman islas las que están cercadas de agua, pero también las casas que están edificadas sin que ninguna otra se les peque, siendo exentas de todas partes». </note>.</p>
      <p>79. «Recordó al Sol no, de su espuma cana<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 705. El sentido del verso sería: 'no despertó al sol de su espuma cana'; ver Jammes, 1994, p. 339. Como explica luego Ponce, el verso describe el amanecer, y la expresión «de su espuma cana» formula la habitual metáfora de que el sol descansa o duerme en los brazos de Tetis (diosa de las aguas), para referirse al ocaso y la noche; este es un ejemplo cervantino: «Sin haber en todos los montes de Arcadia árbol en cuyo tronco no se hubiese sentado a cantar desde que salía el sol en los brazos del Aurora, hasta que se ponía en los de Tetis» (<emph>El coloquio de los perros</emph>, p. 117).</note>».</p>
      <p>En este y en los 14 versos siguientes a él, <pb n="fol. 69r"/> dice que «no recordó al sol de su espuma cana», porque fingen dormir en la mar en los brazos de Tetis, su esposa<note place="bottom">Se refiere, pues, a la titánide Tetis, diosa de las aguas y esposa de Océano; su nieta, también llamada Tetis, fue una de las cincuenta ninfas del mar o nereidas.</note>, como lo escribió nu<emph>est</emph>ro autor mismo en aquel verso que es el 4 de los seis en que describe la mañana —de que hice memoria en la nota 23—, que dice:</p>
      <p>del Alba al Sol, que el pabellón de espuma</p>
      <p>dejó<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 179-180.</note>.</p>
      <p>Así que, para salir el sol, dijo que «había dejado el pabellón de espuma»+<note place="bottom" resp="author">La cruz remite a una nota de Ponce en el margen derecho que, aunque se lee con dificultad por estar cortado el borde del folio, dice lo siguiente: «vease / esto e[n] / Lucan / l. 7. lo[s] / primer[os] / 3. vers». El lugar corresponde a Lucano, <emph>Pharsalia</emph>, 7, vv. 1-3: «Segnior Oceano quam lex aeterna uocabat, / luctificus Titan numquam magis aethera contra / egit equos cursumque polo rapiente retorsit» («Más lento en elevarse del Océano de lo que la ley eterna le reclamaba, Titán, afligido, nunca empujó con más brío sus caballos en sentido opuesto al del cielo e invirtió su curso», trad. A. Holgado Redondo, 1984).</note>; y ahora, que no le despertó de ella el armonía de las aves, sino los golpes con que llamaba Himeneo a las puertas del Oriente, a que forma aldabas de topacios<note place="bottom">El inciso debe leerse: 'golpes a los que Góngora llama (<emph>da forma de</emph>) aldabas de topacios’.</note>, imitando a Ovidio en la descripción de la casa real del sol en los primeros versos del 2, Metam<emph>orfosi</emph>s<note place="bottom">Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 2, vv. 1-2.</note>:</p>
      <p>Regia Solis erat sublimibus alta columnis</p>
      <p><pb n="fol. 69v"/> clara micante auro, flammasq<emph>ue</emph><note type="app" rend="I"><emph>flamasq</emph>ue en el manuscrito.</note> imitante pyropo<note place="bottom">Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 2, vv. 1-2: «El palacio del Sol se elevaba sobre altas columnas y resplandecía de oro reluciente y de piropo que imita a las llamas» (trad. A. Ruiz de Elvira, 1990).</note>.</p>
      <p>Y que<note place="bottom">Continúa el zeugma: 'y el poema de Góngora dice que…'.</note>, en saliendo el sol, salieron el serrano y el forastero a la nueva enramada, cuya hermosura excedía los tapices de oro y seda.</p>
      <p>80. «Oblicuos nuevos, pénsiles jardines<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 720.</note>».</p>
      <p>Fueron llamados así los huertos de Babilonia, colgados de los muros; +<note place="bottom"> NDA La cruz remite al margen izquierdo, donde se lee la siguiente nota de Ponce: «Vease la / descripcion / de ellos en / Q. Curt. / al prin / cipio del / L. 5. de / gestis A- /lex.». Quinto Curcio, <emph>De rebus gestis Alexandri Magni</emph>, 5, 1, 32: «Super arcem, uulgatum Graecorum fabulis miraculum, pensiles horti sunt, summam murorum altitudinem aequantes multarumque arborum umbra et proceritate amoeni» («Sobre la ciudadela se encuentran los jardines colgantes —prodigio divulgado por las fábulas de los griegos—, en rasante con la altura máxima de las murallas, amenos por la sombra y elevación de sus numerosos árboles», trad. F. Pejenaute Rubio, Madrid, Gredos, 1986).</note> y los de Tebas, hechos con admirable artificio, de suerte que estaban levantados de la tierra, por lo cual da a los arcos este nombre. Véase a Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 36, c<emph>apítulo</emph> 14<note place="bottom">Plinio el Viejo, <emph>Naturalis Historia</emph>, 36, 20 (13): «Legitur et pensilis hortus, immo uero totum oppidum Aegyptiae Thebae, exercitus armatos subter educere solitis regibus nullo oppidanorum sentiente; etiamnum hoc minus mirum quam quod flumine medium oppidum interfluente. Quase si fuisset, non dubium est Homerum [ <emph>Ilíada</emph> IX, 308-430] dicturum fuisse, cum centum portas ibi praedicaret» («Léese de la egipcia Tebas no solo que tuvo un huerto pensil, sino todo un pueblo, debajo del cual solían tener los reyes armados ejércitos, sin que ninguno de los habitadores del pueblo lo sintiese. Y esto es aun menor maravilla que decir que el río corría por medio del lugar. Las cuales cosas, si fueran, no hay duda sino que Homero las hubiera dicho, habiendo publicado las cien puertas de Tebas», trad. Jerónimo de Huerta, 1629).</note>.</p>
      <p>81. «Cual del rizado verde botón, donde», <emph>e</emph>t<emph>cé</emph>te<emph>ra</emph>.<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 727.</note>.</p>
      <p>En estos 5 versos describe, comparándola a la boca de la novia, la rosa con maravilloso ornam<emph>en</emph>to y gala; de suerte que, por diversas palabras, he hallado que dice en ellos lo más excelente de lo que han<note type="app" rend="I">Diversos trazos, aparentemente sin sentido, aparecen en la parte inferior de este folio 69v.</note> <pb n="fol. 70r"/> escrito todos cuantos autores he visto sobre este asunto exquisito, cuyas autoridades dejo de poner aquí, escusando la dilación; mas, citados, son estos, para que el estudioso los vea y corrija<note type="app" rend="I"><emph> corriga</emph> en el manuscrito. Cada entrada a un autor va precedida de los habituales signos que usa Ponce: el semejante a una interrogación de apertura, y el semejante a una Y.</note>:</p>
      <p>Virgil<emph>io</emph>: todo un epigrama de los suyos<note place="bottom">Podría referirse al epigrama de Ausonio <emph>De rosis nascentibus</emph>, largo tiempo atribuido a Virgilio. Su verso 49 («collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes») dio nombre a un destacado tópico literario.</note>.</p>
      <p>Catul<emph>o</emph>: seis versos en el carmen nupcial<note type="app" rend="I"><emph> mupcial</emph> en el manuscrito.</note> 63<note place="bottom">Se refiere al poema de Catulo <emph>Exametrum carmen nuptiale</emph>, que aparece como el nº 62 en las ediciones modernas; concretamente, Ponce alude a los vv. 39-44: «Vt flos in saeptis secretus nascitur hortis, / Ignotus pecori, nullo conuolsus aratro, / Quem mulcent aurae, firmat sol, educat imber; / Multi illum pueri, multae optauere puellae; / Idem cum tenui carptus defloruit ungui, / Nulli illum pueri, nullae optauere puellae» («Como una flor, al abrigo del recinto de un jardín, crece ignorada del rebaño, no tocada por arado alguno; las auras la acarician, la robustece el sol, la nutre la lluvia, muchos jóvenes, muchas doncellas la desearon; pero cuando cortada por la punta de la uña, se marchita, ya no hay jóvenes ni doncellas que la deseen», trad. M. Dolç, Madrid, CSIC, 1997).</note>.</p>
      <p>Anacreonte: la mayor parte del Ode 5<note place="bottom">Anacreonte, <emph>Oda</emph> 5 (<emph>Las amorosas rosas</emph>); cito la traducción de Quevedo: «Mezclemos con el vino diligentes / la rosa dedicada a los amores, / y abrazando las frentes / con las hermosas hojas y colores / de la rosa, juguemos descuidados. / La rosa es gala y honra de los prados: / es la rosa tan bella, / que es oro del jardín, del llano estrella, / regalo del olfato y de la mano. / La rosa es la querida del verano; / joya que más estima primavera; / es deleite del cielo; es de manera / la rosa, y es tan blanda su belleza, / que enlaza Amor con ella la cabeza / cuando en los corros de las Gracias danza / una y otra mudanza. / ¿Qué te detienes más, padre Lieo? / Coróname, premiando mi deseo, / porque en tu templo asista / diestro cantor y alegre citarista, / y para que de rosas coronado, / con mi señora al lado, / en los bailes alegres de mil modos / dé yo también mi vuelta como todos» (ed. J. M. Blecua, p. 273).  Al igual que sucedía en el XVII, atribuyo los textos al poeta griego arcaico Anacreonte, aunque hoy se sepa que no fueron obra suya; ver Brioso Sánchez, 1970. </note> y todo el 53<note place="bottom">Anacreonte, <emph>Oda</emph> 53 (<emph>La rosa</emph>). Ponce da el número que el poema lleva en la traducción de Quevedo, que copia en los fols. 110r-112r. Puede encontrarse también como n.º 52, dependiendo de la edición manejada. En la colección conocida como <emph>Anacreontea</emph>, lleva el 55 (Moya del Baño, 2006, p. 701, n. 10).</note>.</p>
      <p>El Guarino en el <emph>Fido</emph>, act<emph>o</emph> 1<note place="bottom">Se refiere a la tragicomedia pastoril <emph>Il pastor Fido</emph>, de Giovanni Battista Guarini (1538-1612); concretamente, a los vv. 858-876 del primer acto, donde Titiro recrea la tópica comparación entre la rosa y la joven: «"Come in vago giardin rosa gentile, / che ne le verdi sue tenere spoglie / pur dianzi era rinchiusa, / e, sotto l’ombra del notturno velo, / incolta e sconosciuta / stava posando in sul materno stelo, / al subito apparir del primo raggio / che spunti in Orïente, / si desta e si risente, / e scopre al sol, che la vagheggia e mira, / il suo vermiglio ed odorato seno, / dov'ape, susurrando, / nei mattutini albori / vola suggendo i rugiadosi umori; / ma, s’allor non si coglie,/ sì che del mezzodì senta le fiamme, / cade al cader del sole / sì scolorita in su la siepe ombrosa, / ch'a pena si può dir: —Questa fu rosa; —».</note>.</p>
      <p>Aquiles Tacio<note type="app" rend="I"><emph> Achiles Statio</emph> en el manuscrito.</note>: un trozo largo al principio del 2<emph>º</emph> l<emph>ibro</emph> de <emph>Los amores de Leucipe y Clitofonte</emph>, donde introduce que cantaba<note place="bottom">Se refiere al relato bizantino de Aquiles Tacio, compuesto en la segunda mitad del siglo II y que tuvo gran influencia en Europa junto a la <emph>Historia etiópica</emph> de Heliodoro. <emph>Leucipa y Clitofonte</emph> fue traducida varias veces en el siglo XVI (ver detalles en M. Brioso y E. Crespo, 1997, p. 169). Como señala Ponce, el pasaje que menciona abre el libro segundo: «Y así, satisfechos de nosotros mismos, echamos a andar hacia la alcoba de la joven para escucharla tocar la lira, pues yo no podía ni aun por un momento dejar de ver a la muchacha. Ella primero cantó el episodio homérico de la lucha del jabalí con el león. Luego entonó un aire de delicada inspiración: un canto de elogio de la rosa, cuya letra, si se eliminasen las modulaciones hasta dejarla desnuda, diría así: "Si Zeus hubiese querido dar a las flores una reina, la rosa hubiera sido reina de las flores: es ornato de la tierra, gala de las plantas, ojo de las flores, rubor de la pradera, hermosura destellante. Su hálito huele a amor, es mediadora de Afrodita, su pelo es de hojas fragantes, su lujo sus pétalos de airosos movimientos cuando sonríen al Céfiro". / Esto cantaba. Pero a mí se me antojaba ver la rosa sobre sus labios, como si se hubiese encerrado la redondez de la corola en la línea de su boca» (p. 197, trad. M. Brioso y E. Crespo, 1997).</note>.</p>
      <p>Ariosto: la <emph>e</emph>st<emph>ancia</emph> 42 del cant<emph>o</emph> 1 del <emph>Furioso</emph><note place="bottom">Ariosto, <emph>Orlando furioso</emph>, canto 1, estancia 42: «<seg rend="citazione">La verginella è simile alla rosa, / ch'in bel giardin su la nativa spina / mentre sola e sicura si riposa, / né gregge né pastor se le avvicina; / l’aura soave e l’alba rugiadosa, / l’acqua, la terra al suo favor s’inchina: / gioveni vaghi e donne inamorate / amano averne e seni e tempie ornate».</seg></note>.</p>
      <p>Tasso: la <emph>e</emph>st<emph>ancia</emph> 14, cant<emph>o</emph> 16 de la <emph>Hier</emph>usal<emph>em</emph>me <emph>Liber</emph>a<emph>ta</emph><note place="bottom">Torquato Tasso, <emph>Gerusalemme liberata</emph>, canto 16, estancia 14: «Deh mira,» egli cantò, «spuntar la rosa / dal verde suo modesta e verginella, / che mezzo aperta ancora e mezzo ascosa, / quanto si mostra men, tanto è più bella. / Ecco poi nudo il sen già baldanzosa / dispiega; ecco poi langue e non par quella, / quella non par che desiata inanti / fu da mille donzelle e mille amanti».</note>.</p>
      <p>Y con ventaja a todos, el Marino en la 2<emph>ª</emph> p<emph>ar</emph>te de sus <emph>Rimas</emph><note place="bottom">El poema más conocido de Giambattista Marino (1569-1625) dedicado a la rosa es <emph>L'elogio della rosa</emph>, composición en octavas que canta Venus en el canto III (octavas 156-161) de <emph>L'Adone.</emph> Pero Ponce no se refiere a esta obra, sino a la segunda parte de <emph>Le Rime</emph> y, además, <emph>L'Adone</emph> se publicó en Paris en 1623, fecha algo tardía para aludir a ella Ponce en este comentario. Ponce se refiere a la Canzone VIII, titulada <emph>La Rosa</emph> y situada en las pp. 56-61 de <emph>Rime del Marino, parte seconda, Madriali, e Canzoni</emph>, Venetia, Ciotti, 1602. El poema, un diálogo entre Mopso y Tirsi, comienza con la intervención de Mopso: «Hor, che d’Europa in Toro». Esta línea referente a Marino fue añadida posteriormente por Ponce, con letra más pequeña y escribiendo «<hi rend="u">Rimas</hi>» en el margen derecho, a la altura de la línea siguiente, donde inicia una nueva nota.</note>.</p>
      <p>82. «El joven al instante arrebatado<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 734.</note>».</p>
      <p>Los 15 versos siguientes entiendo así: 'el forastero, mirando a la serrana novia, se entregó a la memoria de la que antes de su naufragio le había desdeñado <pb n="fol. 70v"/>; y el sol, de su hermosura, hizo cenizas las negras plumas de olvido que habían ya vestido su memoria, de las cuales renació el gusano del pensam<emph>ien</emph>to, que, representándole los pasados bienes —de quien fue minador enemigo—<note place="bottom">'El gusano del pensamiento fue el enemigo que minaba sus alegres recuerdos pasados y fomentaba (<emph>araba</emph>) su pena'; ver la paráfrasis de los vv. 734-754 en Jammes, 1994, pp. 345-347, y Carreira, 2015, pp. 439-440, n. 736-746.</note>, era arador que fomentaba su pena; porque, viendo las colores del rostro de la serrana, que, aventajando a la azucena y clavel, querían imitar los de su querida —a quien se parecía la<note place="bottom">«la / la» en el manuscrito.</note> eradora<note place="bottom">Así en el manuscrito. Puede significar 'la que trabaja en las eras’, pues se refiere a la labradora, o tal vez ser error por <emph>aradora</emph>.</note>—, pisó víbora tal el pensamiento de la triste memoria de su pérdida<note place="bottom">Carreira, 2015, p. 440, n. 746, parafrasea los vv. 743 y ss.: «Con solo ver en la mezcla de colores de la labradora una sombra de su dama, el pensamiento se siente herido como si pisara una víbora oculta por las flores».</note>, que con lágrimas hiciera público su dolor, si no le divirtieran los regocijos de los alegres serranos’.</p>
      <p>Lo de la víbora es alusión a lo de Eurídice, que pisó entre las flores la que dicen fue causa de su muerte. <pb n="fol. 71r"/> Ovid<emph>io</emph>, Metam<emph>orfosis</emph> 10, al principio:</p>
      <p>___________nam nupta per herbas</p>
      <p>dum noua Naiadum turba comitata vagatur,</p>
      <p>occidit in talum serpentis dente recepto<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 10, vv. 8-10: «durante un paseo en el que iba acompañada por un tropel de náyades, sucumbió de la mordedura de una serpiente en un tobillo» (trad. R. Fontán Barreiro, 1986).</note>.</p>
      <p>83. «Ven Himeneo ven<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 767.</note>».</p>
      <p>Estas cinco estancias de los coros<note place="bottom">Son, en realidad, seis estancias, que abarcan los vv. 767-844. Sobre el uso del término estancia, ver lo dicho en las notas 31 de la introducción y 590 del texto.</note> son imitación perfecta de los epitalamios, himnos con que la antiguedad invocaba sus dioses en las bodas. Catulo escribió algunos; mas en estos versos hay precisa correspondencia al prim<emph>er</emph>o que hizo en la de Julia<note type="app" rend="I"><emph> Jullia</emph> en el manuscrito.</note> y Manlio<note place="bottom">Catulo, <emph>carmen</emph> 61 (<emph>Epythalamius Iunie et Mallii</emph>), vv. 1-5: «Collis o Heliconiei / Cultor, Vraniae genus, / Qui rapis teneram ad uirum / Virginem, o Hymenaee Hymen, / O Hymen Hymenaee» («Oh habitante de la colina de Helicón, hijo de Urania, que arrastras hacia su esposo a la tierra virgen, oh Himeneo Himen, oh Himen Himeneo», trad. M. Dolç; ver la nota al pie del texto latino en la edición de M. Dolç (p. 48) para la variante del verso 5 sobre el texto que da Ponce; en la nota 3 de su traducción castellana (pp. 48-49), Dolç ofrece información sobre la tradición y estructura del epitalamio.</note>, cuyo principio es este:</p>
      <p xml:lang="en">Collis o Heliconii</p>
      <p xml:lang="en">cultor, Uraniae genus,</p>
      <p xml:lang="en">qui rapis teneram ad virum</p>
      <p>virginem, o Himeneae Hymen</p>
      <p>Hymen o Himeneae.</p>
      <p>'Ven, Himeneo, donde te espera<note place="bottom">Ponce parafrasea aquí los versos 767-771 de la <emph>Soledad primera</emph>, donde se cuenta que los largos y rubios cabellos del joven disimulan el negro bozo de su rostro. Ver la paráfrasis de Jammes, 1994, pp. 350-353, y las notas de Carreira, 2015, p. 441. Esta lectura de Ponce fue revisada por el corrector, como se indica abajo en nota.</note> un joven cuyos cabellos no cultos<note place="bottom"><emph>no cultos</emph>: 'no cortados’, que corresponde al cabello intonso del v. 769.</note>, rubios rayos de su frente, <hi rend="u">niega el bozo negro a quien ha</hi> <pb n="fol. 71v"/> <hi rend="u">dado color</hi> <del>negro</del><hi rend="u"> el cuidado de quitarle'</hi><note place="bottom" resp="author">El corrector subrayó la frase, tachó una voz (<emph>negro</emph>) y escribió en el margen izquierdo del fol. 71v lo siguiente: «niega [tachado ligeramente por él mismo] el cabello largo cubre al color del boço imitaçion de Claudiano / en el epitalamio de Palladio i Serena dubiam lanuginis umbram / caesaries intonsa tegit» [esta última línea solo se adivina, por haberse cortado el folio para la encuadernación del volumen y leerse tan solo el trazo superior de las letras]. Se refiere al poema de Claudiano <emph>Epithalamium dictum Palladio V.C.  et Celerinae</emph>, y cita en concreto el final del verso 42 y el comienzo del 43 («Su intonsa cabellera cubre la dudosa sombra de su bozo»; trad. M. Castillo Bejarano, 1993). Es el mismo lugar de Claudiano con que ilustra este lugar la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (p. 325).</note>.</p>
      <p>«Niño amó, la que adora adolesciente»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 773. <emph>Niña</emph> en el manuscrito, y también en el texto de la <emph>Soledad primera</emph> que se copia al comienzo (fol. 25r). Ver allí la nota al pie. Mantengo las voces <emph>adolesciente</emph> y <emph>adolesciencia</emph>, que se registran en la época.</note>: es la edad del adolesciencia desde 14 a 22 años, cuyo dominio es de Venus.</p>
      <p>84. «Villana Psique, ninfa labradora<note type="app" rend="I"><emph> Soledad primera</emph>, v. 774. Ponce escribe <emph>Psiche</emph>, y también parece esta la lectura de la copia de la <emph>Soledad primera</emph> que se encuentra al comienzo del manuscrito (fol. 25r); ver lo dicho allí en la nota al pie. </note>».</p>
      <p>La fábula de Psique escriben Lucio Apuleyo en su Metam<emph>orfosis</emph> y Martial Capella en el lib<emph>ro</emph> de las bodas de Mercurio<note place="bottom">Apuleyo, <emph>Metamorphoses</emph> (también conocida como <emph>El asno de oro</emph>). En esta obra se relata la historia de Psique y Cupido entre los libros 4, 28 y 6, 24. Marciano Capella, <emph>De nuptiis Mercurri et Philologiae</emph>, sátira menipea del siglo V muy conocida por su formulación de las artes liberales, que fueron ofrecidas como regalo de boda a la Filología en su boda con Mercurio, y a cada una de las cuales se dedica luego un libro; ver Curtius, 1981, pp. 63-66. En el libro primero de esta obra se menciona la historia de Psique cuando Mercurio la considera como posible esposa, pero Virtud le señala que se ha unido a Cupido. </note>. Aquí solo nos toca decir que Psique es nombre griego que significa la parte racional del alma. Y así, llamarla «villana Psique» fue lo mismo que 'política u discreta serrana'; y «ninfa labradora», tanto como 'hermosa, jarifa<note place="bottom"><emph>xarifo</emph>: «rozagante, vistoso, bien compuesto y adornado» (<emph>Autoridades</emph>).</note> u delicada'<note place="bottom">La lectura de Ponce interpreta que Góngora utilizó los sustantivos en función adjetiva para ponderar las cualidades de discreción y hermosura de la labradora. Con independencia de esa lectura, la identificación de la serrana con Psique se corresponde con la que antes hizo entre el novio y Cupido, pues este se enamoró de Psique. Más detalles en Jammes, 1994, p. 352, n. 774, y Carreira, 2015, p. 441, n. 774.</note>.</p>
      <p>'Esta<note place="bottom">Se refiere a la serrana. Ponce va a parafrasear los vv. 775-778, donde se pide a Himeneo que, mediante el yugo del matrimonio, una a la muchacha al goce amoroso. Ver las lecturas y notas de Jammes, 1994, pp. 352-355, y Carreira, 2015, p. 441.</note>, ahora, en los inciertos días de su seg<emph>un</emph>da edad —que es la puericia, desde 7 a 14 años<note place="bottom">Según la teoría de Hipócrates, la puericia es la segunda de las siete edades: niñez, puericia, adolescencia, juventud, virilidad, vejez y decrepitud. Las dos primeras comprendían siete años cada una. Al estar la muchacha en el crepúsculo ('final’) de la segunda edad, tendría unos catorce años. Más detalles en Jammes, 1994, p. 352, n. 775-776, y Carreira, 2015, p. 441, n. 777.</note>, incierta porque es sujeta a Mercurio, cuya influencia es varia—, vincule el matrim<emph>oni</emph>o a su ardiente deseo <pb n="fol. 72r"/> largas noches en que goce sus prendas’.</p>
      <p>«De la tostada Ceres»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 775: «de la tostada Ceres. Esta, ahora». Comenta aquí Ponce la alusión mitológica del comienzo del verso encabalgado, cuya continuación ha parafraseado antes.</note>: es diosa de los sembrados, según Lactancio, <emph>De diuinis institut</emph>ionibus<note place="bottom">Lucio Celio Lactancio, <emph>Diuinarum institutionium Libri VII</emph>, lib. 1, cap. 18: «Nomen deorum Cereri ac Libero traditio munerum fecit. Possum diuinis docere literis, uinum atque fruges ante progeniem Coeli atque Saturni fuisse in usu hominum: sed ab his sane inuenta esse fingamus. Num potest plus aut minus uideri collegisse fruges, hisque fractis panem facere docuisse, aut uuas de uitibus lectas expressisse, uinumque fecisse, quam fruges ipsas, aut uites generasse, aut protulisse de terra» (fol. 13 c, ed. de Basilea, 1532) («A Ceres y Líber les dio el nombre de dioses la tradición de sus regalos. Puedo demostrar, recurriendo a las Sagradas Escrituras, que el vino y los cereales eran utilizados por los hombres antes del nacimiento de Cielo y de Saturno. Pero imaginemos que fueron efectivamente inventados por éstos; ¿acaso puede parecer más y más grande recoger el grano y enseñar a hacer pan mediante la trituración, o exprimir las uvas cogidas de las cepas y hacer de ellas vino, que el hacer que germinen y salgan de la tierra esos mismos granos y vides?», trad. E. Sánchez Salor, Madrid, Gredos, 1990).</note>, y Virg<emph>ilio, Georgi</emph>ca 1<note place="bottom">Ponce escribió primero <emph>eglog. 1</emph>. Luego, con trazo más grueso y oscuro, se tachó la <emph>e</emph> inicial, se añadió una <emph>e</emph> después de la <emph>g</emph>, se añadió una <emph>r</emph> en la parte superior entre la <emph>o</emph> y la segunda <emph>g</emph>, y se añadió una <emph>i</emph> después de la última <emph>g (georgi)</emph>. Ponce citará el v. 147 y parte del 148 del lib. 1 de las <emph>Geórgicas</emph> de Virgilio. En la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (p. 159) se citaron los vv. 147-149 del poema virgiliano para ilustrar el v. 22 de la Dedicatoria de la <emph>Soledad primera</emph> («O lo sagrado supla de la encina»): «Prima Ceres ferro mortalis uertere terram / instituit, cum iam glandes atque arbuta sacrae / deficerent siluae et uictum Dodona negaret» («Ceres fue la primera que enseñó a los mortales a voltear la tierra con el hierro, cuando empezaban a faltar las bellotas y los madroños del sagrado bosque y Dodona negaba su alimento», trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990).</note>:</p>
      <p>Prima Ceres ferro<note type="app" rend="I">La <emph>C</emph> de <emph>Ceres</emph> está escrita con trazo más grueso y oscuro. Después de <emph>ferro</emph> se tachó con trazo grueso lo que parece una <emph>f</emph>.</note> mortales vertere terram</p>
      <p>instituit<note type="app" rend="I">La <emph>t</emph> final y el punto de la última <emph>i</emph> se marcan con trazo más grueso y oscuro.</note>.</p>
      <p>85. «Tórrida la Noruega, con dos soles,</p>
      <p>y blanca La Etïopia, con dos manos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 784-785.</note>».</p>
      <p>Noruega es antípoda<note place="bottom"><emph>antípodas</emph>: «los moradores del globo de la tierra diametralmente opuestos los unos a los otros» (<emph>Autoridades</emph>).</note> nuestro, casi en la frígida zona<note place="bottom">De ella habla Plinio en <emph>Naturalis historia</emph> 4, 12, al final del capítulo.</note>; y Etiopía es en la tórrida<note place="bottom">La <emph>zona tórrida</emph> era la que situaba entre los dos trópicos, y quedaba dividida por el Ecuador en dos partes iguales. Las <emph>zonas frígidas</emph> eran las regiones situadas entre los círculos polares y los polos. Finalmente, las regiones situadas entre los trópicos y los círculos polares se denominaban <emph>zonas templadas</emph>. Extracto algunos pasajes de una cosmografía de la época: «<emph>Zona torrida</emph> est spatium, quod jacet inter duos Tropicos, et ab Aequatore in 2. partes aequales dividitur. <emph>Torrida</emph>, quod continuo Sole illam nunquam egrediente torrentur [...]. <emph>Zona frigida Septentrionalis</emph> est spatium Circulo Arctico inclusa [...] Jacent in illa: dimidia Islandia, pars Norvegiae et ultima Lappiae, Finmarchiae, Samojedae, Nova Zembla, Groenlandia, Spitzberga, Americae Septentrionalis quaedam incognita. <emph>Zona frigida Australis</emph> est spatium Antarctico inclusum» (Kaspar Knittel, <emph>Cosmographia elementaris</emph>..., Pragae, 1653, propositio III (Zonae), fols. C<hi rend="sub">1irv</hi>).</note>, donde habitan los negros. Ve a Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 5, c<emph>apítulo</emph> 8<note place="bottom"><emph>Naturalis Historia</emph>, 5, 8, capítulo dedicado a los etíopes. Este es su comienzo: «Interiore autem ambitu Africae ad meridiem uersus superque Gaetulos, interuenientibus desertis, primi omnium Libyes Aegyptii, deinde Leucoe Aethiopes habitant. Super eos Aethiopum gentes Nigritae a quo dictum est flumine» («En el circuito interno de África, contra Mediodía y sobre los Gétulos, interviniendo de por medio los desiertos, los primeros de todos habitan los Libiegipcios, y luego los Leucetíopes. Arriba destos están los Nigritas, gentes de los Etiopes, de los cuales tomó nombre el río», trad. Jerónimo de Huerta, 1624, p. 171).</note>, y a Solino, c<emph>apítulo</emph> 42<note place="bottom">Cayo Julio Solino, <emph>De mirabilius mundi</emph>, 30, donde habla de Etiopía y los etíopes. Cito el comienzo de la sección: «Aethiopes &amp; Atlanticae gentes Nigri flumine diuiduntur, quam partem putant Nili» (ed. Venecia, 1518, fol. 96r) («Los pueblos de Ethiophia, y las gentes que biuen en torno del monte Atlas, se diuiden, y parten por el rio Nigro, el qual piensan algunos que es parte del Nilo» (trad. Cristóbal de las Casas, 1573). Doy la referencia por la ubicación habitual en las ediciones modernas; la cita se sitúa en el cap. 32 en la edición de Venecia (1518); en el 38 en la de Venecia (1491); en el 43 en la de Basilea (1538); en el 33 en la de Lyon (1609), y en el 42 en la traducción de Cristóbal de las Casas (1573).</note>. Y así, con propiedad excelente y novedad curiosa, por contraposición, encarece la hermosura de sus ojos y lo cándido de sus manos, diciendo que ellos harían etíopes a los noruegos blancos, y ellas darían blancura a los etíopes negros, en cuya imposibilidad consiste el primor deste encarecimiento<note place="bottom">Jammes, 1994, pp. 784-785, recuerda las críticas que estos versos suscitaron en comentaristas como Jáuregui, Diaz de Rivas y el Abad de Rute.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 72v"/> Dice más: que los claveles que llevaba puestos entre el cabello, y las rosas que adornaban el yugo, tejidas en él como cadenas que juntaban ambos cuellos, eran purpúreo trofeo de sus rosadas mejillas. O más claro: que vencía el color de ellas a los claveles y rosas.</p>
      <p>86. «Ven, Himeneo, y plumas no vulgares», con los 12 versos que siguen<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 793-805.</note>.</p>
      <p>Constituyeron los fabuladores antiguos gran multitud de Cupidos, hijos de las ninfas de Venus que servían de ministros a Himeneo en las festividades de las bodas<note place="bottom">Los Cupidos o Amores eran hijos de las ninfas, y se encargaban de lanzar las flechas a los mortales, pero no a dioses y reyes, los cuales estarían regidos por Cupido, hijo de Venus. Claudiano señala esta diferencia en su <emph>Epithalamium dictum Honorio Augusto et Mariae</emph> (<emph>Epitalamio en honor de Honorio y María</emph>), vv. 72-75: «Mille pharetrati ludunt in margine fratres, / ore pares, similes habitu, gens mollis Amorum. / Hos Nymphae pariunt, illum Venus aurea solum / edidit [...]» («Juguetean en las orillas mil hermanos provistos de carcaj, iguales en su rostro, semejantes en su edad, la dulce familia de los Amores. A éstos los dieron a luz las Ninfas, solo a Cupido lo engendró la áurea Venus», trad. M. Castillo Bejarano, 1993). El lugar de Claudiano fue señalado por Salcedo y por la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (pp. 336-338), donde se ofrece un rico comentario del pasaje, con más autoridades. Ver también las notas de Jammes, 1994, pp. 358-360, y Carreira, 2015, p. 442. I</note>. Y así Apuleyo, en el l<emph>ibro</emph> 2 <emph>Asini aurei</emph>, dice: «si viniese Venus acompañada de todo el coro de las Gracias y con mil Cupidos de <pb n="fol. 73r"/> las manos».<hi rend="sup">†</hi> <note place="bottom">Se refiere al siguiente pasaje de Apuleyo,<emph> El asno de oro</emph>, 2, 8, donde Lucio pondera la belleza de los cabellos como parte principal de la hermosura femenina: «At uero —quod nefas dicere, nec quod sit ullum huius rei tam dirum exemplum!— si cuiuslibet eximiae pulcherrimaeque feminae caput capillo spoliaueris et faciem natiua specie nudaueris, licet illa caelo deiecta, mari edita, fluctibus educata, licet inquam Venus ipsa fuerit, licet omni Gratiarum choro stipata et toto Cupidinum populo comitata et balteo suo cincta, cinnama fraglans et balsama rorans, calua processerit, placere non poterit nec Vulcano suo» («Y, al contrario (voy a decir una horrible blasfemia que ojalá nunca se vea realizada), por extraordinaria que sea la hermosura de una mujer, si se le corta el pelo al rape y se le priva del natural esplendor de su rostro, ya puede haber bajado del cielo, ser hija del mar criada entre las olas; ya puede ser la propia Venus rodeada por el cortejo en pleno de las Gracias, escoltada por un enjambre de Amores, ceñida de encantos, exhalando perfume de cinamomo y destilando bálsamo: si está calva, no podrá gustar ni a su pobre Vulcano», trad. L. Rubio, 1983). NDA Terminada la alusión a Apuleyo, Ponce incluye una cruz que remite al margen izquierdo del folio, donde anota: «Véase en / Claudian. /Épithala- / mium. Pa- / lladij, ét Ce- / lerinae. ᚕ / vers. 28. ᚕ / 29. i. 30». Se refiere al <emph>Ephitalamium dictum Palladio V. C. et Celerinae</emph> de Claudiano, vv. 25-33: «[…] Peruenit ad aures / uox iucunda deae strepituque excita resedit / et reliquum nitido detersit pollice somnum. / Vtque fuit, turbata comas, intecta papillas, / mollibus adsurgit stratis interque suorum / agmen et innumeros Hymenaeum quaerit Amores. / Hunc Musa genitum legit Cytherea ducemque / praefecit thalamis: nullum iunxisse cubile / hoc sine nec primas fas est attollere taedas» («Llegó a los oídos de la diosa el agradable bullicio, se sentó despertada por el estrépito y con sus resplandecientes dedos disipó los restos del sueño; como estaba, el cabello desordenado, sus pechos descubiertos, se levanta del mullido lecho y entre la multitud de sus siervas y los innumerables Amores busca a Himeneo —a éste, hijo de una Musa, lo escogió Citerea y lo puso al frente del matrimonio como jefe; sin él no es posible pactar ningún casamiento ni levantar las primeras antorchas nupciales—», trad. M. Castillo Bejarano, 1993).</note> Sigue, pues, el estilo de la antigüedad, y dice: 'Ven, Himeneo, y reparte tus ministros, hijos alados de las ocultas ninfas. Y en esta boda, estos<note place="bottom">El pasaje distribuye las tareas de los Amores en la boda: unos deben lanzar flechas y derramar azahares sobre los presentes; otros, vigilar la aldea e impedir que las aves nocturnas de mal agüero entristezcan la alegría de la boda; finalmente, otros deben coronar el lecho de los cónyuges mientras el novio besa a su esposa. Ver la paráfrasis de Jammes, 1994, pp. 359-361.</note>, de sus carcajes argentados, flechen mosquetas y azahares sobre todos. Vigilantes aquellos, rediman el aldea de las aves nocturnas que son tristes agüeros, porque<note place="bottom">Con valor final ('para que').</note> aquí no los haya. Mudos coronen otros por su turno el dulce lecho conyugal, en cuanto su querido esposo bebe el néctar de los hermosos labios de la bella consorte'.<emph> Néctar</emph> es el rocío de las flores; <emph>hibleo</emph> es voz derivada de los hibleos, jardines celebrados<note place="bottom"><emph>Hibleo</emph>: «abundante, ameno, oloroso y florido. Es voz usada de los poetas, tomada del monte Hybla, en Sicilia, que era muy fértil por sus jardines, plantas, miel y flores» (<emph>Autoridades</emph>).</note>, que aquí se entiende 'celestial’.</p>
      <p>87. «Ven Himeneo y las volantes pías», con 6 versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 806-812.</note>.</p>
      <p>Estas pías volantes son los pavones<note place="bottom"><emph>pía</emph>: «El caballo o yegua cuya piel es manchada de varios colores, como a remiendos» (<emph>Autoridades</emph>). La metáfora «pías volantes» hace referencia a los pavos reales que tiraban del carro de Juno, la diosa que presidía las bodas, como señala después el propio Ponce. Ver las notas y precisiones de Carreira, 2015, p. 442, y Jammes, 1994, pp. 362 y 599-600.</note>. <pb n="fol. 73v"/> La diosa que han de conducir o llevar es Juno, cuyo carro tiran. Es hermana y mujer de Júpiter; y así, la llama «gloria mayor del soberano coro»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 809.</note>. Invocábanla los antiguos en las bodas. 88<note place="bottom">Aunque el discurso debe leerse de manera continua, Ponce sitúa aquí el número de la nota 88. Es una muestra más de la mayor premura que la anotación adquiere en esta parte final.</note>, y con nombre de Lucina en los partos. Ovid<emph>io</emph>, en el princip<emph>io</emph> del 10, <emph>Metam</emph>orfosi<emph>s</emph><note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 10, vv. 1-3: «Inde per inmensum croceo uelatus amictu / aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras / tendit et Orphea nequiquam uoce uocatur» («De allí se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso, y se dirige a la región de los cícones, y en vano lo llama la voz de Orfeo», trad. A. Ruiz de Elvira, 1990).</note>:</p>
      <p>Et Orpheia nequicquam voce vocatur<note type="app" rend="I">Ponce escribió primero <emph>vocauitur</emph> y luego tachó la sílaba <emph>ui</emph>.</note>.</p>
      <p>Garcil<emph>aso</emph>, églog<emph>a</emph> 1, al fin:</p>
      <p>Verte presente agora me parece</p>
      <p>en aquel duro trance de Lucina<note place="bottom">Garcilaso, <emph>Égloga</emph> 1, vv. 370-371.</note>.</p>
      <p>Dice «en lunas desiguales»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 813: «casta Lucina en lunas desiguales».</note> porque es lo mismo Lucina que Luna; «desigual» porque nunca está en un ser, sino creciente o menguante.</p>
      <p>89. Es el concepto: 'que tenga tantos hijos la novia que excedan a los de Níobe'<note place="bottom">La hija de Tántalo, que fue esposa de Anfión, rey de Tebas, con el que tuvo muchos hijos.</note>; de quien Ovid<emph>io</emph> escribe, en el 6 Met<emph>amorfosis</emph>, que tuvo siete hijos con siete hijas<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 6, vv. 146-312.</note>; aunque Homero dice q<emph>ue</emph> fueron doce todos<note place="bottom" resp="author">Ponce añadió la secuencia desde «aunque Homero» hasta el final del fol. 73v («Élian. de Var. hist. l. 12. C. 136.») en un momento posterior, lo que se advierte por el tamaño ligeramente menor de la letra y el tono más oscuro de la tinta. En el margen izquierdo anotó, refiriéndose a la obra de Homero, «L. vlt. / Iliad». En efecto, Homero adjudico seis hijos y seis hijas a Níobe en <emph>Ilíada</emph>, 24, vv. 596-620. Ponce parece haber escrito «diez» y luego corregido «todos», a juzgar por el trazo más grueso en la grafía de esa voz.</note>; y Hesíodo<note type="app" rend="I">Ponce escribió primero una voz que luego tachó (resulta ilegible) y corrigió en la parte superior de la línea, donde escribió el nombre de Hesíodo.</note>, que veinte<note place="bottom">A Hesíodo se le atribuyó un poema titulado <emph>Catálogo de mujeres</emph>, aunque ya autores como Claudio Eliano dudaron de su autoría (ver la nota siguiente); en el fragmento 183 se habla de Níobe y su descendencia, que cifra en diez hijas y diez hijos.</note>. Véase a Elian<emph>o, De var</emph>ia <emph>his</emph>toria, l<emph>ibro</emph> 12, c<emph>apítulo</emph> 136<note place="bottom">Claudio Eliano, <emph>Varia Historia</emph> 12, 36: «Parece que los antiguos no estaban de acuerdo en el número de hijos de Níobe. Homero dice que eran seis varones y otras tantas niñas. Laso afirma que eran siete y siete. Hesíodo, que nueve varones y diez hembras, salvo que esos versos no sean realmente del poeta sino, como otros tantos, falsamente atribuidos. Alemán dice que eran diez, Mimnermo que veinte y Píndaro otros tantos» (trad. J. M. Cortés Copete, Madrid, Gredos, 2006). Ponce sitúa el pasaje en 12, 136; pudiera ser que manejara una edición diversa de la que es fuente de las actuales, o que hubiese confundido con una marca de parágrafo o de otro tipo lo que señala como 1.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 74r"/> «No en blanco mármol, por su mal fecundo, / escollo hoy del Leteo»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 816-817.</note>, porque llorando la muerte de sus hijos, que en un día fueron muertos por Diana y Apolo, fue convertida en mármol. La fábula escribe Homero<note type="app" rend="I">Ponce escribió primero <emph>Omero</emph> y luego añadió la <emph>h</emph>.</note> en la <emph>Ilíada</emph><note place="bottom">Homero, <emph>Ilíada</emph>, 24, vv. 599-620, donde relata cómo Apolo y Artemisa (cuyo equivalente romano es Diana) mataron, respectivamente, a los seis hijos e hijas de Níobe con sus flechas.</note>, y Lactan<emph>cio, De diuinis institutionis</emph><note place="bottom">No he encontrado la referencia en los <seg rend="st">Divinarum institutionum libri VII</seg> de <seg rend="st">Lucius Caelius Firmianus Lactantius (c. 245-c. 325). Pudiera no referirse a este Lactancio, sino a Lactantius Placidus (c. 350-c. 400), a quien Ponce ya ha mencionado antes y que recoge el episodio de la muerte de los hijos de Níobe en sus Narrationes fabularum ovidianarum (lib. 6, fab. 2, 4, ed. H. Magnus, 1914, p. 663): «confestim itaque Apollo et Diana tecti nubibus, ut praeceperat genetrix, Thebas venerunt ac Niobae filios, cum in campo equis exercerentur, sagittis necaverunt» ('Así que, tal y como había ordenado su madre, Apolo y Diana, llegaron a Tebas, ocultos entre nubes, y mataron con flechas a los hijos de Níobe, que estaban montando a caballo en el campo').</seg> Lactantius Placidus también menciona este episodio de Níobe en su <anchor xml:id="_Hlk52811013"/><emph>In Statii Thebaida commentum</emph>, obra que ya empleó Ponce. El primer pasaje comenta una expresión de <emph>Thebaida</emph>, 1, v. 711 («te uiridis Python Thebanaque mater ouantem»; 'A ti, mientras celebrabas, la verde Pitón y la madre tebana [te dieron la muerte]'): «Thebanaque mater: Nioben dicit, Tantali filiam, Amphionis uxorem, fecundam, antequam Latonam sperneret. namque cum quattuordecim mater filiorum esset: [ingressa templum Latonae pretulit se illi, quae tantummodo duos peperit. <anchor xml:id="_Hlk52813779"/>unde Apollo iratus filios sagittis necauit, Diana autem filias, ad ultimum uero ipsam matrem]» (ed. Sweeney, 1997, p. 86, y n.) ('<emph>madre tebana</emph>: Níobe, fecunda hija de Tántalo y esposa de Anfión, antes de que menospreciase a Latona. Pues como Níobe hubiese sido madre de catorce hijos, al entrar en el templo de Latona se tuvo por más que ella, que solo había concebido dos. Por lo cual, Apolo, airado, mató con flechas a sus hijos, y Diana a sus hijas, y al final a la propia madre'). La segunda referencia está en el comentario a <emph>Thebaida</emph>, 4, v. 576 («Tantalis et tumido percenset funera luctu», '[la hija] de Tántalo pasa revista a su orgulloso cortejo fúnebre'): «<emph>Tantalis</emph>: Niobe Tantali filia † et Penelopes † [et &lt;soror&gt; Pe[ne]lopis?], quae partus sui fecunditate praelata cum filiis &lt;bis&gt; septem a Diana et Apolline probatur exstincta» (ed. Sweeney, 1997, p. 303 y n. 1415) ('<emph>Tantálides</emph>: Níobe, hija de Tántalo, y Pélope. A causa de su soberbia por lo fecundo de su parto, Níobe fue aniquilada cuando Diana y Apolo mataron cada uno a siete de sus hijos’). Finalmente, en el comentario de Lactantius Placidus a <emph>Thebaida</emph> 3, vv. 191-193, señala los nombres de los siete hijos y siete hijas de Níobe (ed. Sweeney, 1997, p. 187). </note>.</p>
      <p>90. «Ven Himeneo y n<emph>uest</emph>ra agricultura», con 7 versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 819-826.</note>.</p>
      <p>Pide a los dioses que la cosecha de los panes les sea fértil, y copiosa la fecundia<note place="bottom">'abundancia'.</note> de los ganados, cuyas crías agosten<note place="bottom"><emph>agostar el ganado</emph>: «es pastar o apacentarle en las tierras que han estado sembradas» (<emph>Autoridades</emph>).</note> y marchiten la hierba.</p>
      <p>91. «Oro la expriman líquido a Minerva»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 827. Mantengo el laísmo frente al habitual «le expriman»; también se lee «la expriman» en la copia del poema que aparece al comienzo del manuscrito (fol. 26v).</note>.</p>
      <p>Es la oliva, consagrada a esta diosa. Virg<emph xml:lang="en">ilio, Georg</emph>ica 2<note place="bottom">Virgilio, <emph>Georgicon</emph>, 2, v. 181: «producen fácilmente un bosque de olivos duraderos, a Palas consagrados», trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990.</note>:</p>
      <p>Palladia<note type="app" rend="I">Ponce escribió primero «Pallid». Luego corrigió la <emph>i</emph> en <emph>a</emph>, y añadió el final de la voz en la parte superior de la línea («Pallad<hi rend="sup">ia</hi>»).</note> gaudent sylva viuacis oliuae.</p>
      <p>Dice que de sus olivas coja aceite en abundancia.</p>
      <p><pb n="fol. 74v"/> 92. «Mientras coronan pámpanos a Alcides</p>
      <p>clava empuñe Liëo<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 829-830.</note>».</p>
      <p>Estos dos versos contienen lo que el precedente a ellos, con que están declarados. Y es que, trocando las insignias<note place="bottom">El cambio de atributos entre Alcides (Hércules) y Baco constituye una hipálage; además, Alcides y Baco actúan como metonimia de los olmos y la vid, respectivamente. La descripción de los versos indica, pues, que los olmos y las vides entrecruzaban sus ramas y sarmientos. Ver las lecturas y notas de Jammes, 1994, pp. 364-365, y Carreira, 2015, p. 443.</note>, coronen a Alcides los pámpanos<note place="bottom"><emph>pámpanos</emph>: 'sarmientos de la vid’, atributo de Baco, dios del vino.</note> de Baco, y él use de la clava<note place="bottom"><emph>clava</emph>: «palo largo de más de vara, que poco a poco desde la empuñadura va creciendo en grueso, y remata en una cabeza o porra de bastante cuerpo, llena de puntas de clavos. Por antonomasia se entiende la de Hércules, tan celebrada y famosa» (<emph>Autoridades</emph>).</note> de Alcides. Lieo y Baco son un mismo dios de los vinos.</p>
      <p>Virg<emph>ilio, Georg</emph>ica 2, al principio:</p>
      <p>Nunc te, Bacche, canam, etc. <note place="bottom">Virgilio, <emph>Georgicon</emph>, 2, vv. 1-3: «Hactenus aruorum cultus et sidera caeli: / nunc te, Bacche, canam, nec non siluestria tecum / uirgulta et prolem tarde crescentis oliuae» («Hasta aquí, del cultivo de los campos y de las constelaciones del cielo; ahora a ti te cantaré, oh Baco, y contigo también, los brotes tiernos de los bosques y el retoño del olivo, que crece lentamente», trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990).</note>.</p>
      <p>93. «Ven Himeneo, y tantas le dé a Pales<note type="app" rend="I"><emph> Soledad primera</emph>, v. 832. La <emph>e</emph> de <emph>Pales</emph> se corrige sobre otra letra (probablemente una <emph>l</emph> por atracción del <emph>Pallas</emph> que se menciona luego, una <emph>e</emph> menos marcada en su abertura, o una <emph>i</emph>).</note>».</p>
      <p>Es diosa de los ganados, según dije en la nota 11<note place="bottom">En esa nota, Ponce remite a Virgilio, <emph>Georgicon</emph>, 3, v. 1, donde invoca a Pales al hablar de los ganados. Ver la nota al pie 563, al fol. 44r. </note>.</p>
      <p>«Cuantas a Palas»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 833: «cuantas a Palas dulces prendas esta». Dámaso Alonso, 1982, p. 510, ya señaló que, según avanza el poema, Ponce anotaba menos. Además, la correspondencia entre nota y versos es menos uniforme que en la primera parte de la anotación.</note>: es diosa de los hilados y telas. Ovid<emph>io, Metam</emph>orfosi<emph>s</emph>, 6:</p>
      <p>eu pingebat acu, scires a Pallade doctam<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 6, v. 23: «o si dibujaba con la aguja; bien se veía que Palas la había enseñado» (trad. A. Ruiz de Elvira, 1990).</note>.</p>
      <p>Es la inteligencia que tengan tantos <pb n="fol. 75r"/> hijos para la crianza del ganado, cuantas hijas para hilar y echar telas<note place="bottom"><emph>echar telas</emph>: «es mandar tejer lienzo y otros géneros de tejidos fabricados de lino» (<emph>Autoridades</emph>).</note>.</p>
      <p>94. «De Aragnes otras la arrogancia vana», con 5 versos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 838-843.</note>.</p>
      <p>Esto escribe Ovid<emph>io</emph>, en el lug<emph>a</emph>r citado, de la competencia y certamen que tuvieron Palas y Aragnes<note place="bottom">Ovidio narra la competencia entre Palas y Aragnes en <emph>Metamorphoses</emph>, 6, vv.1-145.</note>; la cual labró en sus telas los insultos y transformaciones de Júpiter cuando, convertido en pluvia de oro, gozó a Dánae<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 6, vv. 112-113: «Amphitryon fuerit, cum te, Tirynthia, cepit, / aureus ut Danaen, Asopida luserit ignis» («cómo fue Anfitrión cuando se adueñó, Tírintia, de ti, cómo siendo de oro engañó a Dánae, siendo de fuego a la Asópide», trad. A. Ruiz de Elvira, 1990). Ver también <emph>Metamorphoses</emph>, 4, vv. 610-611: «Non putet esse deum; neque enim Iouis esse putabat / Persea, quem pluuio Danae conceperat auro» («y no admite que sea de origen divino; tampoco admitía, por cierto, que fuese hijo de Júpiter Perseo, a quien Dánae había concebido de oro de lluvia»).</note> y, transformado en cisne, a Leda<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 6, v. 109: «Fecit olorinis Ledam recubare sub alis» («hizo que Leda estuviera acostada bajo las alas de un cisne»).</note>. Y así, dice que no mezclen sus hijas<note place="bottom">Se refiere a las hijas de la labradora que se desposa en este episodio del poema; algunas de ellas serían seguidoras de Pales, y habrían de dedicarse al cuidado de numerosos corderos; otras, seguidoras de Palas, a tejer. Es a estas últimas a quienes concierne la advertencia sobre las historias que deben reproducir en sus telas. Ver Jammes, 1994, pp. 365-369, y Carreira, 2015, p. 444.</note> en las telas semejantes historias. La moralidad es que sean honestas y caseras. Lo demás remito a la brevedad.</p>
      <p>95. «Los novios del vecino templo s<emph>an</emph>to<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 847.</note>».</p>
      <p>Aquí significa la unidad de voluntades que juntó este matrimonio, y la <pb n="fol. 75v"/> conformidad con que volvían contentos, aún no sintiendo la carga de aquel estado: es la metáfora admirable.</p>
      <p>96. «Mientras casero lino, Ceres tanta<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 861.</note>».</p>
      <p>Ceres es aquí lo mismo que el pan; porque, como dije en el nº. 84<note place="bottom">Se refiere al comentario que hace sobre el comienzo del v. 775 («de la tostada Ceres. Esta ahora»), que Ponce incluyó en su nota 84.</note>, es la diosa del trigo. Pónese su nombre por el pan, como el de Baco por el vino (Terenc<emph>io</emph><note type="app" rend="I"><emph> Terent.</emph> en el manuscrito.</note>: «Sine Cerere et Bacco, friget Venus»<note place="bottom">'Sin comida ni bebida, el amor se enfría'. Frase popular que recogió Terencio en <emph>Eunuchus</emph>, acto 4, v. 732, con la siguiente formulación: «<emph>Chremes</emph>: Verbum hercle hoc uerum erit: "Sine Cerere et Libero friget Venus"» («<emph>Cremes</emph>: ¡Por Hércules, que va a ser verdad ese refrán que dice "sin Ceres y Baco, Venus pasa frío"», trad. G. Fontana Elboj, Madrid, Gredos, 2008).</note>), usando de la figura metonimia, que hizo de Vulcano, de Minerva, Alcides y Baco<note place="bottom">Quiere decir Ponce que Góngora usó aquí la metonimia para identificar a Ceres con el pan, al igual que la había empleado para identificar a Vulcano con el fuego (v. 93), a Alcides con los olmos, a Baco con las vides y a Minerva con el olivo (vv. 827-830). Ponce señaló estos casos en sus notas 10, 91 y 92. </note>.</p>
      <p>97. «Dulces pomos que al curso de Atalanta</p>
      <p>fueran dorado freno<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 863-864.</note>».</p>
      <p>Atalanta y Hipómenes tuvieron certamen de ligereza; y porque la de ella <pb n="fol. 76r"/> era invencible, llevó Hipómenes tres manzanas de oro del árbol de Venus; y echándoselas delante a trechos, se detuvo a cogerlas, de suerte que fue vencida en la velocidad de su carrera. Ovid<emph>io</emph>, al fin del 10, <emph>Met</emph>amorfosi<emph>s</emph>:</p>
      <p>Obstupit<note type="app" rend="I"><emph> Obstupid</emph> en el manuscrito, por <emph>obstupit</emph> (de <emph>obstupeo</emph>: 'asombrarse', 'llenarse de estupor'). La lectura habitual es <emph>obstipuit</emph> (de <emph>obstipesco</emph> u <emph>obstupesco</emph>: 'quedarse paralizado, asombrado'). Ovidio,<emph> Metamorphoses</emph>, 10, vv. 666-667: «Quedó atónita la doncella, y por el deseo de la refulgente fruta descuida la carrera y coge del suelo el oro que por él rodaba», trad. A. Ruiz de Elvira, 1990).</note> virgo nitidiq<emph>ue</emph> cupidine pomi</p>
      <p>declinat cursus aurumq<emph>ue</emph> volubile tollit;</p>
      <p>con que queda entendido en qué modo las manzanas pudieran ser freno del curso de Atalanta.</p>
      <p>98. «Manjares que el veneno,</p>
      <p>y el apetito ignoran igualmente<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 865-866.</note>».</p>
      <p>Aquí muestra la sigura humildad deste banquete, pues<note type="app" rend="I"><emph> puees</emph> en el manuscrito.</note> en él no hubo manjares en que pudiese temerse el veneno ni cebarse el apetito. Lo que se sigue es que bebieron en vidros, mezclados los vinos de dos colores<note place="bottom">Es decir, blanco y tinto; se refiere a los vv. 870-871: «sino en vidro topacios carmesíes / y pálidos rubíes». Ver las notas de Jammes, 1994, p. 376, y Carreira, 2015, p. 445, sobre la hipálage que afecta a los calificativos de las piedras preciosas para reflejar la mezcla de vinos.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 76v"/> 99. «Al canoro</p>
      <p>son de la ninfa un t<emph>iem</emph>po, ahora caña<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 883-884. Se omite el inicio del v. 883: «Levantadas las mesas, al canoro».</note>».</p>
      <p>Dice Ovid<emph>io</emph>, en el 1 <emph>Metam</emph>orfosi<emph>s</emph><note place="bottom">La historia de Pan y Siringe se recoge en Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 1, vv. 689-712.</note>, que, habiendo el dios Pan convertido en caña a la ninfa Seringa, hizo después de las cañas la zampoña, instrumento pastoril a cuyo son dice que salieron bailando doce serranas con la desposada<note place="bottom">La escena se recoge en <emph>Soledad primera</emph>, vv. 885-892.</note>.</p>
      <p>100. «Cuanto estambre vital, Cloto os traslada,</p>
      <p>de la alta fatal rueca al huso breve<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 899-900.</note>».</p>
      <p>Según escriben Cicer<emph>ón, D</emph>e <emph>nat</emph>ura <emph>Deor</emph>um, y Fulgencio en sus <emph>Mitologías</emph><note place="bottom">Cicerón, <emph>De natura deorum</emph>, 3, 17 [44], las considera hijas de Érebo y la Noche: «Quod si ita est, Caeli quoque parentes di habendi sunt Aether et Dies eorumque fratres et sorores, qui a genealogis antiquis sic nominantur — Amor, Dolus, Metus, Labor, Inuidentia, Fatum, Senectus, Mors, Tenebrae, Miseria, Querella, Gratia, Fraus, Pertinacia, Parcae, Hesperides, Somnia; quos omnis Erebo et Nocte natos ferunt. Aut igitur haec monstra probanda sunt aut prima illa tollenda» («Si esto es así, también los padres del Cielo han de ser tenidos por dioses, Éter y Día, así como sus hermanos y hermanas, a quienes los geneaólogos antiguos denominan así: Amor, Engaño, Miedo, Fatiga, Envidia, Destino, Vejez, Muerte, Tinieblas, Miseria, Queja, Gracia, Fraude, Obstinación, Parcas, Hespérides y Sueños. Cuentan que todos ellos nacieron de Hérebo y Noche», trad. A. Escobar, Madrid, Gredos, 1999). Fabius Planciades Fulgentius, gramático latino de los siglos V-VI y autor de los <emph>Mithologiarum libri III</emph>, se ocupa de las Parcas en la sección de esta obra titulada <emph>Fabula de Fatis</emph> (1, 8). Cito el pasaje por la ed. de Basilea, Henrichum Petrum, 1543 (1, 8, p. 22): «<emph>Fabula de Fatis</emph>. Tria etiam ipsi Plutoni destinant fata, quarum prima Cloto, secunda Lachesis, tertia Atrops. Cloto enim graece uocatio dicitur. Lachesis uero fors nuncupatur. Atropos quoque sine ordine dicitur. Hoc uidelicet sentire uolentes, quod prima sit natiuitatis euocatio. Secunda uitae fors, quemadmodum quis uiuere possit. Tertia mortis conditio, quae sine lege uenit» ('Ellos también adjudican a Plutón las tres Parcas: la primera de ellas, Cloto; la segunda, Láquesis; la tercera, Átropos. Cloto es la voz griega para 'llamada'; Láquesis es llamada 'destino'; y Átropos es 'sin orden’; de acuerdo con la interpretación de que primero sucede la llamada del nacimiento; en segundo lugar, los azares de la vida, cómo puede alguien vivir; en tercer lugar, la condición de la muerte, que viene sin norma alguna').</note>, constituyeron los antiguos poetas tres hermanas —a quien llamaron Parcas— por ministros de la muerte; las cuales administran a todos el estambre de sus vidas, de suerte que Cloto es la que tuerce el hilo <pb n="fol. 77r"/>, Láquesis le hila y Átropos le corta. Dice que lleguen a tanta edad, que venza lo albo de sus canas la nieve y plata<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 897-900: «Venza no solo en su candor la nieve, / mas plata en su esplendor sea cardada / cuanto estambre vital Cloto os traslada / de la alta fatal rueca al huso breve».</note>.</p>
      <p>101. «El rey corona de los otros ríos<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 953: «del rey, corona de los otros ríos».</note>».</p>
      <p>Este río, corona y rey de todos, es el Nilo<note place="bottom">La extensión de las observaciones de Ponce sobre el Nilo, ya advertida por Dámaso Alonso, 1982, p. 515, se explica por su <emph>Apología en defensa de Virgilio</emph>, comentario en el que Ponce rebate la lectura que Juan Luis de la Cerda hacía de unos versos de la cuarta <emph>Geórgica</emph> donde se hablaba de este río. Dado que la <emph>Apología</emph> se fecha en 1622, probablemente Ponce estaba trabajando en ella al redactar las notas de la <emph>Soledad primera</emph>, y aprovechó informaciones que iba recopilando para el comento del lugar de Virgilio a fin de enriquecer esta nota al verso de Góngora; ver Azaustre y De Carlos, 2010, y Azaustre, 2015, pp. 77-78). En este sentido debe interpretarse también la lista de autoridades que hablaron sobre el Nilo y que Ponce recoge, a modo de apéndice, en el fol. 84r. Ver también los comentarios que sobre el Nilo suscita este verso de Góngora en la <emph>Soledad primera, ilustrada y defendida</emph> (pp. 373-376).</note>; a quien por su noble nacim<emph>ien</emph>to, milagrosa naturaleza, abundante curso y peregrinos efectos, se debe el renombre y título que aquí tiene, supuesto que en todo el universo ha criado el poder de Dios ni conocido los hombres otra maravilla igual a él, donde, contra el orden natural establecido, se ven y descubren tantas. Porque solo este río inunda y crece cuando carecen de curso los demás; solo este no engendra nieblas, vientos, humedades ni nublados; solo a este es concedido estenderse a ver el uno y otro norte; este sustenta armadas, da paso y navegación a ricas flotas de todo <pb n="fol. 77v"/> cuanto producen la Arabia, la India y la tierra del oriente y occidente; solo este es señor de las mayores islas que hay en los ríos de todo el orbe, circundando la de Meroe, capaz de muchas ciudades<note place="bottom">Quiere decir que el Nilo rodea la isla de Meroe, que contiene muchas ciudades. Esta isla, que rodea el Nilo desde Khartoum a Atbarah, es la actual Butana (Sudán).</note>, y más de otras setecientas<note place="bottom">Entiendo: 'más de otras setecientas islas’. En el margen izquierdo, Ponce anota «Diod. / l. 1.». Diodoro Sículo dedicó parte del lib. 1 de su <emph>Biblioteca Histórica</emph> al Nilo. Se refiere a la isla de Meroe en 1, 33. </note> poco inferiores a ella, productoras de preciosas piedras, oro, plata, metal, hierro, ébano; raíces saludables y útiles<note place="bottom">En este pasaje dedicado a diversas plantas y árboles (hasta el <emph>cicán</emph>), Ponce sigue de cerca a Diodoro Sículo, <emph>Biblioteca Histórica</emph> 1, 34. Creo que Ponce se basó en una traducción italiana, pues los nombres con los que menciona diversas plantas (<emph>cicán, citón</emph>) coinciden literalmente con los de textos como<emph> Delle antiqve Historie fabulose. Novamente fatto volgare, &amp; con comma diligentia stampato</emph>. In Venetia per Gabriel Iolito di Ferrarii, MDXLII, fol. 16r. </note>, semejantes en el gusto a todos los frutos; árboles que le dan sin secarse el año entero: el citón<note place="bottom">Una especie de cerveza preparada a partir de cebada; la voz griega es <emph>zŷtho;</emph> también habla de ella Diodoro Sículo en 1, 20, 4. En la traducción italiana señalada en la nota anterior, se traduce como <emph>citon</emph>, voz que usa Ponce: «vsano per bere decottione de orzo che echiamano Citon poco di gusto inferiore al vino» (fol. 16r); las traducciones españolas usan otros términos: «Preparan también los egipcios, de la cebada, una bebida no muy inferior al aroma del vino, a la cual llaman "zito"» (trad. F. Parreu Alasá, Madrid Gredos, 2001, p. 213; ver la información sobre plantas y árboles de su introducción, pp. 56-59).</note>, de que hacen vino poco diverso del n<emph>uest</emph>ro; loto, de que hacen pan<note place="bottom">«El loto (nelumbo), especie de lirio de las márgenes del Nilo y de los países tropicales, que tiene por raíz una cebolla comestible, produce además una semilla nutritiva, con la cual se hacía una especie de pan en la región del Nilo» (Fernando Nicolaÿ, <emph>Historia de las creencias, supersticiones y costumbres</emph>, p. 68). Ver también Parreu y Alasá, 2001, pp. 56-59.</note>; la vata<note place="bottom">En este pasaje, Diodoro Sículo habla de diversas zarzamoras e higos de los que se hacen confituras. Primero menciona los árboles llamados <emph>sykáminos</emph>, una variedad de los cuales da como fruto la mora (<emph>móron</emph>) y otra el higo (<emph>sŷkon</emph>); luego se refiere a la<emph> bata myxária</emph>, una zarzamora de la que se hace una especie de confitura. De nuevo la traducción italiana de 1542 muestra una apreciable semejanza con el texto de Ponce en el término <emph>vata</emph> y su grafía: «altri arbori che producono tuttol’anno simili el fico diche li poueri possono hauere sempre cibo. Sonui more &amp; intorno alle bocche del fiume vn frutto ditto Vata Imixariosi dolci, che si da come à noi li confetti» (fol. 16r); «de las "sicámina", las unas producen el fruto de las moras y las otras el semejante a los higos y, creciendo durante casi todo el año, resulta que los indígenas tienen un recurso adecuado para su necesidad. Las zarzamoras llamadas "mixaria" se recogen durante la bajada del río y, por la dulzura de su naturaleza, se consumen en el momento del postre» (trad. F. Parreu Alasá, 2001; para más detalles, ver las pp. 56-59 de su introducción).</note>, fruta dulce que usan por confitura; el cicán<note place="bottom">Diodoro Sículo se refiere a una especie de aceite de ricino denominado <emph>Kíki</emph>, que se usaba para encender las lámparas<emph>;</emph> la traducción italiana de 1542 usa la voz <emph>Cican</emph>, que también empleará Ponce: «vsano per olio in le lucerne vno liquore de vna pianta ditta Cican» (fol. 16r); compárese con una traducción española moderna: «Usan también para el encendido de las lámparas, vertiéndolo en vez de aceite, el jugo exprimido de una planta y denominado "ciqui"» (trad. F. Parreu y Alasá, 2001).</note>, cuyo licor sirve de aceite. Las tierras que baña son tan fértiles y la hierba tan copiosa, que los ganados tienen crías dos veces cada año. Hace crecer y multiplica los trigos y las viñas sin ser beneficiados <pb n="fol. 78r"/> de la cultura<note place="bottom"><emph>cultura</emph>: «la labor del campo o el ejercicio en que se emplea el labrador o jardinero» (<emph>Autoridades</emph>).</note>. De suerte que los que merecen la habitación del Nilo, teniendo en él con abundancia y exceso cuanto es necesario a la vida, no solo viven sin necesidad de las provincias y tierras comarcanas, mas aun del beneficio<note type="app" rend="I">Parece haberse corregido la <emph>b</emph> sobre una <emph>v</emph>. </note> del cielo, pues, no lloviendo jamás en aquellas regiones, es suficiente la inundación<note place="bottom" resp="author">Desde el comienzo de este fol. 78r hasta aquí, Ponce anota lo siguiente en el margen izquierdo: «Lucan. L. 8 / Terra suis / bonis, non / indiga / mercis, / Aut Iouis: / in solo tan- / ta est fi- / ducia / Nilo». Lucano, <emph>Pharsalia</emph>, 8, vv. 446-447: «Terra suis contenta bonis, non indiga mercis / aut Iouis; in solo tanta est fiducia Nilo» («Su tierra tiene bastante con sus propias riquezas, sin necesidad del comercio ni de las lluvias de Júpiter: tan grande es su confianza en sólo el Nilo», trad. A. Holgado Redondo).</note> y paso de sus aguas para producirles, con infalible certeza, cuanto pueden desear para vivir abundantes. Y si no pareciese extremado encarecimiento, querría persuadir —en apócrifa<note place="bottom"><emph>apocrypho</emph>: «lo que es fabuloso y no merece que se le dé alguna fe o crédito» (<emph>Autoridades</emph>).</note> dotrina— no que, como creyó la antigua gentilidad, tengan los ríos dioses que los habiten; mas que, mirando los milagros que obra Dios en este, diésemos crédito en algún modo a los que tuvieron opinión de que los ríos tienen ángeles custodios<note place="bottom"><emph>ángel custodio o de la guarda</emph>: «al que Dios ha encomendado la custodia y guarda de cada persona» (<emph>Autoridades</emph>).</note> que consagran, ministran y guían sus aguas; de los cuales, el más católico que he visto es el <pb n="fol. 78v"/> docto y ingenioso Capoleón, que en su <emph>Poema del rosario</emph>, cant<emph>o</emph> 3, est<emph>ancia</emph> 68, escribe:</p>
      <p>Tornar frà i giunchi, e l’ombre ime, e palustri,</p>
      <p>scorti da l’Angel lor gli umidi Numi,</p>
      <p>come è pur uer, che custodisca, e lustri,</p>
      <p>ne corsi lor, Angel custode, i fiumi<note place="bottom">Los versos pertenecen a la primera parte (octava 68, vv. 1-4) del poema heroico <emph>Rosario della Madonna</emph>, escrito por Capoleone Guelfucci (1541-1600). Miembro de una antigua familia güelfa, ostentó diversos cargos públicos y ejerció también una labor historiográfica y poética, destacando en esta última los versos religiosos y, en particular, los dedicados al rezo del rosario. El poema que cita Ponce se editó por primera vez en Venecia en 1601; tuvo un notable éxito, y en esa misma ciudad se editó en 1603, 1606, 1610 y 1616.</note>.</p>
      <p>Y si negaren esto los de escrupuloso juicio, adviertan que no es muy contrario a la razón ni al crédito de n<emph>uest</emph>ra piedad; pues tenemos (conforme a ella) por cierto y infalible que los cielos tienen inteligencias o ángeles que los mueven, dando virtud y fuerza a sus influencias, para que, haciendo los efectos necesarios sus impresiones, se conserve y permanezca el mundo, que está sujeto a las causas segundas por natural decreto<note place="bottom">La causa primera de la creación es Dios; la segunda, que depende de él, los cielos con sus planetas y estrellas. Así lo explica fray Luis de Granada: «(Parte Primera, capítulo 4: De la consideración del mundo mayor y de sus partes más principales): […] Y así como en cualquier oficina ha de haber dos cosas, conviene a saber: materia de que se hagan las cosas, y oficial que las haga e introduzca la forma en la materia, como lo hace el carpintero y cualquier otro oficial, así proveyó el Criador que en esta gran oficina del mundo hubiese estas dos cosas, que son: materia de que las cosas se hiciesen, y oficiales que las hiciesen. La materia de que todas las cosas se hacen son los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Los oficiales que de esta materia fabrican todas las cosas son los cielos, con sus planetas y estrellas. Porque dado caso que Dios sea la primera causa que mueve las otras causas, pero estos cuerpos con las inteligencias que los mueven son los principales instrumentos de que él se sirve para el gobierno de este mundo inferior, el cual de tal manera pende del movimiento de los cielos que vienen a decir los filósofos que, si este movimiento parase, todo otro movimiento cesara, de tal manera que no quemaría el fuego un poco de estopa que hallase a par de sí. Porque así como, parando la primera rueda de un reloj, luego todas las otras pararían, así cesando el movimiento de los cielos (del cual todos los otros movimientos penden), luego ellos también cesarían. / <anchor xml:id="119"/>Y porque estos cuerpos celestes son los primeros instrumentos del primer movedor, que es Dios, y tienen tan principal oficio en este mundo, que es ser causa eficiente de todo lo corporal, los aventajó y ennobleció el Criador con grandes preeminencias sobre todos los otros cuerpos» (<emph>Introducción del símbolo de la fe</emph>, pp. 183-184).</note>. Y así Tritemio, en el lib<emph>ro De secundis</emph>, dice que gobiernan el mundo los siete ángeles<note place="bottom">Johannes Trithemius (1462-1516), erudito y abad benedictino alemán, que fundó una sociedad (<emph>Sodalitas Celtica</emph>) dedicada al estudio de las lenguas, la astrología y el significado de los números. Ponce se refiere a su obra <emph>De Septem Secundeis</emph>, escrita en 1508 y con diversas ediciones desde 1522 (Nürnberg, 1522; Augsburg, 1545; Frankfurt, 1545; Colonia, 1567; Strasbourg, 1600...; ver Zambelli, 2007, pp. 78-79, n. 15). Allí expone su visión del universo basada en siete ángeles que se asignan a siete planetas. Cada uno de esos ángeles rige el universo por un periodo de 354 años y 4 meses. El orden de los ángeles, ligeramente trastocado en la enumeración que luego ofrece Ponce, es: Orifiel (Saturno), Anael (Venus), Zachariel (Júpiter), Raphael (Mercurio), Samuel (Marte), Gabriel (Luna) y Michael (Sol).</note> <pb n="fol. 79r"/> príncipes —de quien habla Tobías, 12<note place="bottom"><emph>Tobías</emph> 12, 15: «Ego enim sum Raphaël angelus, unus ex septem qui adstamus ante Dominum» ('Yo soy el ángel Rafael, uno de los siete que estamos ante la presencia del Señor').</note>— con los siete planetas: Orofiel con Saturno, Zacarías con Júpiter, Samuel con Marte, Michael con el Sol, Anael con Venus, Rafael con Mercurio, y Gabriel con la Luna.</p>
      <p>En cuya conformidad no parece que debemos poner fuera de los términos creíbles esta opinión, mirando en este río tantas causas para poder presumir que algún ángel favorable le asiste y comunica virtud para los efectos que hace; pues siendo solo natural la suya<note place="bottom"><emph>la suya</emph>: se entiende 'la virtud del Nilo'.</note>, no podremos conceder que los haga tan sobrenaturales<note place="bottom">Desarrollo el razonamiento de Ponce: 1) El Nilo es causa de múltiples fenómenos (<emph>efectos</emph>) beneficiosos y sorprendentes; 2) algunos de esos efectos adquieren rango sobrenatural; 3) el Nilo es un fenómeno natural y, en consecuencia, una causa natural de aquellos efectos que produce; 4) en consecuencia, los efectos sobrenaturales que produce el Nilo no pueden tener como causa el río, sino que deben explicarse por una causa sobrenatural, que para Ponce es la asistencia de algún ángel custodio.</note>. Y no fuera deste concepto, dijo Lucan<emph>o</emph>, hablando del Nilo, que desde la creación del mundo hay en él ciertas aguas que, rotas las venas de la tierra, brotan y corren sobre ella sin que Dios ponga cuidado en gobernarlas, sino solo el natural curso; y otras que <pb n="fol. 79v"/> desde el mismo principio están ocultas, las cuales el Criador y Artífice de todas las cosas gobierna allí por ciertas leyes y condiciones; y que no duda ser de ellas estas<note place="bottom">'no duda Lucano que las aguas del Nilo pertenezcan a este tipo de aguas ocultas gobernadas por el Creador'.</note>, porque las ven todos redundar<note place="bottom"><emph>redundar</emph>: «rebosar, salirse alguna cosa de sus límites o bordes, por demasiadamente llenos y abundantes» (<emph>Autoridades</emph>).</note> y nadie ha visto de dónde salen (<emph>ex lib</emph>ro 10):</p>
      <p>Quasdam, Caesar, aquas post mundi sera peracti</p>
      <p>saecula concussis terrarum erumpere venis</p>
      <p>non id agente deo, quasdam conpage<note type="app" rend="I">En el manuscrito se escribe <emph>compa</emph>[tachada una <emph>n</emph> o <emph>r</emph>]<emph>ge</emph>.</note> sub ipsa</p>
      <p>cum toto coepisse reor, quas ille creator</p>
      <p>atq<emph>ue</emph> opifex rerum certo sub iure coercet<note place="bottom">Lucano, <emph>Pharsalia</emph>, 10, vv. 263-267: «algunas aguas, [César], muchos siglos después de la creación del mundo, brotan de golpe al ser sacudidas las venas de la tierra, sin ninguna intervención divina; pero algunas otras, en el momento mismo de la formación del globo, comenzaron a existir con el conjunto, y éstas son las que aquel creador y artífice del universo tiene sometidas a un régimen determinado» (trad. A. Holgado Redondo).</note>;</p>
      <p>en que parece sintió —aunque como gentil— que la naturaleza deste río se administraba con particular y más que ordinaria providencia.</p>
      <p>Mas reduciendo sus alabanzas y la exageración de las maravillas suyas, me remito a los autores antiguos graves y dignos de crédito, que las escriben para<note type="app" rend="I">Abajo hay una última línea tachada, que no he podido descifrar. </note> <pb n="fol. 80r"/> que, viéndolas en ellos, merezca con toda admiración y decoro el ren<emph>om</emph>b<emph>re</emph> de monarca, corona y rey de los ríos; no siendo inconviniente para esto que Virg<emph>ilio</emph> se le diese al Po<note place="bottom">Virgilio, <emph>Georgicon</emph> 1, v. 481-486: «Proluit insano contorquens uertice siluas / fluuiorum rex Eridanus camposque per omnis / cum stabulis armenta tulit. Nec tempore eodem / tristibus aut extis fibrae apparere minaces /aut puteis manare cruor cessauit, et altae / per noctem resonare lupis ululantibus urbes» («El Erídano, rey de los ríos, arrastra selvas que remueve en furioso torbellino, y a través de toda la llanura arrastró establos y ganados. En la misma época las fibras no cesaron de aparecer amenazadoras en las vísceras de siniestro presagio, ni de manar sangre los pozos, ni las ciudades, edificadas sobre alturas, de resonar durante la noche con el aullido de los lobos», trad. T. de la Ascensión Recio García, 1990).</note>; porque, según Carlo Estéfano, ha de entenderse que es rey de los ríos de Italia solamente<note place="bottom">Charles Estienne o Carolus Stephanus (1504-1564), médico, agrónomo y humanista francés, en su <emph>Dictionarium Historicvm, Geographicvm, poeticvm...</emph> (1553). Cito por la edición de Ginebra, Iacobvm Stoer, 1590. La referencia al Po como rey de los ríos de Italia se encuentra al final de la voz <emph>Eridanus</emph>: «Eridanus, Italiae fluuius, in Vesulo monte nascens, &amp; per agrum Gallicum in mare Adriaticum influens. Hodie notiore nomine Padus appellatur, Eridanum autem dictum volunt ab Eridano Apollinis &amp; Clymenes filio, qui a luce illius incendij, quo bonam terrarum partem exussit, Phaeton cognominatus est. Hunc poetae fabulantur, cùm paternum currum regendum suscepisset, aurigandique imperitia orbem terrarum in discrimen adduceret, à Ioue fulmine ictum, in Padum fluuium decidisse, eique Eridano nomen fecisse, <anchor xml:id="_Hlk66102605"/>Virgilius, quòd Italicorum omnium maximus sit, Regem fluuiorum appellat. vulgò, <emph>le Po</emph>» (fol. 201v [por error, 101v]) ('El Erídano [nombre latino del Po], río de Italia, nace del monte Vésulo [hoy Monviso] y a través de las tierras de la Galia desemboca en el Adriático. Hoy es más conocido por el nombre de Po (<emph>Padis</emph>). El nombre de Erídano dicen que proviene de Erídano, hijo de Apolo y Climene, que es llamado Faetón por la luz de aquel incendio en el que se abrasó gran cantidad de tierra. De este cuentan los poetas que, como hubiese tomado el control del carro de su padre, el Sol y, por su impericia como auriga, condujese al orbe de la tierra al peligro y, golpeado por un rayo de Júpiter, cayese al río Po, que por ello recibió el nombre de Erídano. Virgilio, porque es el mayor de todos los de Italia, lo llama rey de los ríos, y, en vulgar, <emph>le Po</emph>'); ver también la voz <emph>Padus</emph>: «Padus, fluuis è gremio Vesuli montis finibus Ligurum Gabiennorum, visendo fonte profluens, condénsque sese cuniculo, &amp; in Foro Iuliensium agro iterum exoriens, nulli amnium claritate inferior, à Graecis dictus Eridanus, poena Phaetontis illustratus» (fols. 230v-231r) ('El río Po fluye ininterrumpidamente desde su nacimiento en el regazo<seg rend="ninguno"> monte Vésulo [hoy Monviso]</seg> hasta la Liguria Gabienense [pueblo del Monferrato], y se compacta en un canal subterráneo y vuelve a salir de nuevo en el campo del Foro de los Julios; no es inferior a ningún río en fama. Es llamado Erídano por los griegos, que lo explican por el castigo de Faetón’).</note>. Y advierto en primer lugar que, en la escritura sagrada, Gén<emph>esis</emph> 2, consta que nace del terrenal paraíso; donde dice, con n<emph>ombr</emph>e de Gehom<note place="bottom"><emph>Génesis</emph> 2, 13: <anchor xml:id="_Hlk65754104"/>«Et nomen fluvii secundi Gehon; ipse est qui circumit omnem terram Aethiopiae» ('el nombre del segundo río es Gehon, el que rodea toda la tierra de Etiopía').</note>: «ipse est qui circuit omnem terram Aetiopiae»+<note place="bottom" resp="author">La cruz remite al margen izquierdo, donde Ponce anota lo siguiente: «+ / Joseph. / Lib. 1. C. 2. / de antiq<hi rend="sup">e</hi>. / Gyon au- / tem per / Aegyptu<emph>m</emph> / fluens os- / tendit éum / qui nobis / ab Orien / te reddi- / tur, quem / Graeci a- / ppellant / Nylum.» («y el Geón, que recorre Egipto, significa el río que emerge de la región situada enfrente de nosotros, al que los griegos llaman Nilo», trad. J. Vara Donado, Madrid, Akal, 1997). El pasaje pertenece a la obra <emph>Antiquitates Judaicae</emph> (1, 3, 37) del historiador judío Flavius Josephus (37-100), que, aunque escrita en griego, fue conocida sobre todo por sus traducciones latinas.</note>.</p>
      <p>Y ahora, con siguro de que es bien nacido para rey, puede verse lo que escriben de su naturaleza:</p>
      <p>Heródot<emph>o</emph> Halicar<emph>naso</emph>, l<emph>ibro</emph> 2, que es Euterpe, donde dice: <anchor xml:id="_Hlk65754130"/>«Praeter Aegiptum Nilum cum quo non licet alium comparare»<note place="bottom"><anchor xml:id="_Hlk65754150"/>'Excepto el Nilo de Egipto, con el que no puede compararse ningún río'. La cita Heródoto de Halicarnaso se encuentra en el libro 4 (Melpómene) de sus <emph>Historiae</emph> (4, 53). Ver, por ejemplo, la p. 106 de la edición de Ginebra, Henrico Stephanus, 1566 (las ediciones suelen leer <emph>Aegyptium</emph>). La mención de Ponce al libro 2 tiene que ver con el discurso al que se refiere a continuación.</note>; y en un largo discurso que es<note type="app" rend="I"><emph>ques</emph> en el manuscrito.</note> al principio del libro<note place="bottom">Al comienzo de Euterpe, segundo libro de las <emph>Historiae</emph>, se habla a menudo del Nilo, pues las primeras secciones de este libro (2, 1-34) se dedican a la geografía de Egipto. Ver las páginas 40-65 de la mencionada edición de 1566.</note>.</p>
      <p>Arist<emph>óteles</emph>, en todo el lib<emph>ro</emph> que intitula <pb n="fol. 80v"/> <emph>De inundatione Nili</emph><note place="bottom">Esta obra atribuida a Aristóteles se ha conservado manuscrita en una traducción latina abreviada del siglo XIII (<emph>Liber de inundatione Nili</emph>). Se incorpora a varias ediciones de las obras del Estagirita (con el título <emph>De Nilo</emph>), como la de Venecia, Johannes et Gregorius de Gregoriis, 1496. Ver, entre otros, la edición de D. Bonneau, 1971, pp. 1-33; Fowler, 2000, pp. 133-142; Zhmud, 2006, pp. 143-144, 143, n. 111, con información bibliográfica sobre el texto y sus problemas.</note>.</p>
      <p>Pausan<emph>ias</emph>, lib<emph>ro</emph> 8 <emph>Arcadica Regione</emph><note place="bottom">Ponce se refiere a la obra del geógrafo griego Pausanias (<emph>c.</emph> 110-<emph>c.</emph> 180) <emph>Hellados Periegesis</emph> (<emph>Descripción de Grecia</emph>). En ella se refiere bastantes veces al Nilo. Dentro de su libro octavo (<emph>Arcadia</emph>), lo menciona en 8, 9, 7, a propósito de una ciudad egipcia llamada Antinóopolis, que el emperador Adriano habría fundado en honor del joven Antínoo, ahogado en las aguas del Nilo, justo en el punto donde pereció. También aparece en 8, 24, 12, donde se indica que las imágenes de todos los ríos de Egipto están hechas de mármol excepto las del Nilo, que, como desciende al mar desde Etiopía, se construyen en piedra negra. Más referencias pueden encontrarse en 1, 33, 4; 1, 33, 6; 1, 42, 3; 2, 5, 3; 4, 34, 2-3; 5, 7, 4; 5, 14, 3; 5, 21, 9; 6, 26, 9; 10, 32, 18. Sobre su cauce y aguas destacan 1, 33, 6; 2, 5,3 y 5, 7, 4.</note>.</p>
      <p>Diod<emph>oro</emph> Sícul<emph>o</emph>, l<emph>ibro</emph> 1, desde poco después del medio hasta el fin<note place="bottom">Como se indicó antes, Diodoro Sículo dedicó al Nilo una importante sección de la primera parte del libro 1 de su <emph>Biblioteca Histórica</emph>. Aunque hay breves referencias anteriores (1, 10; 1, 12, 1, 19-20), Ponce se refiere a la sección que comienza en 1, 30 y se extiende hasta 1, 41. Aquí finaliza la primera parte del libro 1. La segunda parte (1, 42-98) se dedica a los primeros reyes de Egipto y su antiguo modo de vida.</note>.</p>
      <p>Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 5, c<emph>apítulo</emph> 9, del Asia, desde poco después del principio hasta poco antes del fin, y en el l<emph>ibro</emph> y cap<emph>ítulo</emph> 18<note place="bottom">Plinio, <emph>Naturalis Historia</emph>, 5, 9-11; 5, 47-64, donde desarrolla extensas consideraciones sobre el Nilo. De forma más breve, y en relación con la agricultura, lo menciona en el libro 18 (18, 45, 162 y 18, 47, 167).</note>.</p>
      <p>Julio Solin<emph>o</emph>, desde el principio del cap<emph>ítulo</emph> 34 hasta estas palabras: «Et inde vsq<emph>ue</emph> dum mari intimat Nili nomen tenet»<note place="bottom">Cayo Julio Solino, <emph>De mirabilius mundi</emph>. La referencia que cita Ponce varía en su ubicación según las ediciones.  La citada de Venecia (1518), coincide en el capítulo 34. En otras puede encontrarse en los capítulos 32, 33, 35 o 45. Señalo el comienzo y el final del capítulo: «Aegyptus ad meridiem introrsus recedit quoad praetendant Aethiopes a tergo. inferiorem eius partem Nilus circumfluit, qui scissus a loco, cui Delta nomen est, ad insulae faciem spatia amplectitur interamna et incerto paene fonte decurrens proditur ut loquemur […] dicionis Aegyptiae esse incipit a Syene, in qua fines Aethiopum, et inde usque dum mari intimatur Nili nomen tenet» (Venecia, 1518, cap. 34. fols- 99v-101r) («Egypto entra muy adentro por la parte de medio dia, por donde confina con Ethiopia de las espaldas hazia la parte inferior corre el rio Nilo. El qual diuidido en aquel lugar que se llama Delta, abraça el espacio que està en medio del agua à manera de Isla: el qual naciendo de fuente no conoscida, discurre de la manera que contaremos […] Este rio comiença à ser de Egypto desde Syene, en la qual se acaba el termino de Ethiopia, de alli adelante hasta entrar en el mar, se llama Nilo», trad. Cristóbal de las Casas, Sevilla, 1573, cap. 44, fols. 92r-94r).</note>.</p>
      <p>Amian<emph>o</emph> Marcel<emph>ino</emph>, l<emph>ibro</emph> 22, donde hace una larga descripción suya<note place="bottom">Ammianus Marcellinus, historiador romano del siglo VI, en sus <emph>Res Gestae</emph> 22, 15, 1-13.</note>.</p>
      <p>A<emph>ulo</emph> Geli<emph>o</emph>, l<emph>ibro</emph> 10, c<emph>apítulo</emph> 7, al principio<note place="bottom">Aulo Gelio, <emph>Noctes Atticae</emph> 10, 7: «<emph>Fluminum, quae ultra imperium Romanum fluunt, prima magnitudine esse Nilum, secunda Histrum, proxima Rodanum, sicuti M. Varronem memini scribere.</emph> 1. Omnium fluminum, quae in maria qua imperium Romanum est fluunt, quam Graeci τἠν εἴσω θἀλασσαν appellant, maximum esse Nilum consentitur. Proxima magnitudine esse Histrum scripsit Sallustius. 2. Varro autem cum de parte orbis quae Europa dicitur dissereret, in tribus primis eius terrae fluminibus Rodanum esse ponit, per quod uidetur eum facere Histro aemulum. Histros enim quoque in Europa fluit» («De los ríos que fluyen fuera de los límites del Imperio Romano el más grande es el Nilo, el segundo el Istro (Danubio) y después el Ródano, según recuerdo que escribió Marco Varrón. 1. De todos los ríos que desembocan en los mares que ocupa el Imperio Romano, que los griegos llaman <emph>tén eison thálassan</emph> (el Mar interior) hay general consenso en que el más grande es el Nilo. Salustio escribió que el Danubio es el segundo en tamaño. 2, Varrón, en cambio, al hablar de la parte del mundo que se llama Europa, dice que el Ródano ocupa uno de los tres primeros lugares de la tierra, con lo que da a entender que se asemeja al Danubio. En efecto, el Danubio también discurre por Europa», trad. S. López Moreda, 2009).</note>.</p>
      <p>Lucan<emph>o</emph>, l<emph>ibro</emph> 10, al medio, en 123 versos desde este: «Hunc vbi pars caeli tenuit qua mista leonis»<note place="bottom">El pasaje al que se refiere Ponce comprende los vv. 210-333 del libro 10 de la <emph>Pharsalia</emph> de Lucano, aunque el discurso del sacerdote Acoreo comienza propiamente en el 194. Este parlamento responde a la petición de César para que el sacerdote le ilustre sobre los orígenes, historia y características del Nilo.</note>.</p>
      <p>Lucrec<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 6, al medio de él, en 26 versos que empiezan: «<pb n="fol. 81r"/> Nilus in aestate<note place="bottom">Las ediciones alternan <emph>aestatem, aestati</emph> y <emph>aestate</emph>. Según la siguiente nota de Wakefield, 1823, p. 1654, <emph>notae variorum</emph> v. 712), parece que la solución <emph>in aestate</emph> que recoge Ponce era frecuente en ediciones antiguas: «Nilus in aestati] Nunc cur Nilus in aestate crescat; qua de re saepe quaesitum est ab antiquis».</note> crescit, campisq<emph>ue</emph> redundat»<note place="bottom">Lucrecio, <emph>De rerum natura libri sex</emph>, 6, vv. 712-737, de los que Ponce cita el primero: «Crece el Nilo hacia el verano y rebosa por las llanuras», trad. F. Socas, Madrid, Gredos, 2003). </note>.</p>
      <p>Claudian<emph>o</emph>, en todo un epigrama que tiene 42 vers<emph>os</emph> consecutivos a este: «Felix qui Pharias proscindit vomere terras»<note place="bottom">Se refiere al poema de Claudiano titulado <emph>Nilus</emph>, que tiene 42 versos; según las ediciones es el número 28 o 47 de sus <emph>Carmina minora</emph>. Ponce cita el primer verso: «Feliz el que hiende con la reja de su aradolas tierras de Egipto» (trad. M. Castillo Bejarano, 1993).</note>.</p>
      <p>Aquiles Tacio, <emph>De los amores de Clitofonte y Leucipes</emph>, al medio del l<emph>ibro</emph> 4, escribe en alabanza<note type="app" rend="I"><emph> abanza</emph> en el manuscrito.</note> suya con tan estraño estilo, que no he querido escusarme de referir algunas de sus palabras<note place="bottom"><emph>Leucipa y Clitofonte</emph>, de Aquiles Tacio, fue traducida por primera vez al latín por Annibale de la Croce de forma incompleta en 1544 y completa en Basilea, 1554. También incompleta fue la primera traducción italiana de Lodovico Dolce en 1546, pues solo abarcaba los cuatro últimos libros de los ocho de que constaba el original. La primera traducción completa al italiano fue la de Francesco Angelo Coccio, Venecia, 1550 (utilizo la de 1551). Al francés hubo traducción parcial de C. Colet en 1545 y completas de J. de Rochemaure en 1572 y de B. Comingeois en 1575. Al castellano fue traducida por Diego de Ágreda y Vargas en 1617. Dado que la referencia al Nilo aparece en el libro cuarto, Ponce no pudo haberse basado ni en las traducciones latina e italiana parciales, ni en la recreación de Núñez de Reinoso en su <emph>Clareo y Florisea</emph> (1552), que, como él mismo indica en la dedicatoria, se inspira en la traducción italiana de Lodovico Dolce, que comenzaba en el libro quinto. El pasaje citado por Ponce tampoco coincide con las referencias al Nilo de la traducción castellana de Diego de Ágreda y Vargas (cfr. libro 4, fols. 52-64), cuya fecha (1617) parece, además, algo tardía en relación con la del comento de Ponce. En consecuencia, la cita de Ponce parece haberse basado en los textos italiano y latino de las traduccciones de Coccio y De la Croce, que sí contienen el libro cuarto. Cito los pasajes de ambas: «Il gran Nilo a loro è ogni cosa, et fiume, et terra, et mare, et palude. E un nuouo spettacolo il ueder la naue insieme e la zappa, il remo e l’aratro, il timone e'l tropheo, gli alberghi de i marinari et de gli agricoltori, et de i pesci insiememente et de i buoi. Et pianti et semini questo coltiuato pelago, doue tu prima hai nauigato: percioche il fiume si diparte per spatio di alcuni giorni drizzando il suo corso altroue. Et l’Egitto sta aspettandolo, et numerando i giorni della sua absentia: el il Nilo non falla punto, ma é fiume che osserua il tempo del giorno determinato, et misura l’acqua. Fiume ueramente che non uuole esser condannato di hauer preterito il promesso giorno» (trad. Francesco Angelo Coccio, 1551, fols. 52r-52v). «Nilus est omnia, nempe fluuius, terra, mare, palus: admirationemque omnino dignum est, eodem in loco nauim et ligonem, remum et aratrum temonem et trophaeum, nautarum et agricolarum casas, piscium et boum cubilia spectare. nam qua nauem egisti, illic sementem facis: rursus, ubi sementem fecisti, illic nauem agis: longo enim spacio fluuius nauigari potest. eius porrò aduentum Aegyptii expectant, ac numerant dies. ille ad praestitutum tempus sistens, acquasque dimetiens, minimè committit ut tarditatis accusari possit»" (trad. Annibale de la Croce, 1554, pp. 102-103).</note>:</p>
      <p>El Nilo entre los egipcios es toda cosa: río, tierra, mar y laguna. Es un nuevo y peregrino espectáculo ver juntas en él las naves y los arados, el remo con el azada, y el timón con el trillo; los albergues de los marineros y de los agricultores. Admiran nadando los peces en la tierra y pastando los bueyes en el río, donde se ven producir fecundamente las semillas y plantas en las ondas <pb n="fol. 81v"/> y sacar en los prados las redes llenas de pesca, siendo no menos milagroso que en el piélago corran los caballos y en los campos naveguen los navíos; de cuya competencia resulta ser conocido este río por dueño de todos los efectos que en favor de los hombres obra allí naturaleza.</p>
      <p>Solo resta que, concediéndose al Nilo, por tantas razones como tiene de su parte, este reino y señorío sobre todos los ríos del mundo, se me conceda a mí disculpa de haber dilatado esta nota; que la admiración que tengo de las cosas suyas y afecto de mostrarla ha causado esta dilación; si ya no ha sido que, hallándome tan cerca del fin de la silva, me he descuidado <pb n="fol. 82r"/> de industria<note place="bottom"><emph>de industria</emph>: «modo adverbial que significa de propósito, de intento, artificiosamente» (<emph>Autoridades</emph>).</note> por no salirme de ella<note place="bottom">Como se ha indicado en una nota anterior, a estas razones, un tanto artificiosas, debe unirse el hecho de que Ponce debía estar trabajando en su <emph>Apología en defensa de Virgilio sobre un lugar de la cuarta Geórgica</emph>, comentario fechado en 1622 que se centra en unos versos donde se habla de Egipto y el Nilo.</note>.</p>
      <p>Los vacíos no pequeños que el viento hereda ahora en las riberas del Nilo<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 953-955: «del rey corona de los otros ríos, / en cuya orilla el viento hereda ahora / pequeños no vacíos».</note> son los cóncavos despojos y ruinas de las pirámides de Egipto<note place="bottom">Los contemporáneos de Góngora creían que la mayoría de las pirámides habían desaparecido; en consecuencia, el pasaje indica que el viento <emph>hereda</emph> ('ocupa') los huecos que aquellas habrían dejado. Ver las notas de Jammes, 1994, p. 392, y Carreira, 2015, p. 449.</note>, que, según Heródot<emph>o</emph>, l<emph>ibro</emph> 2<note place="bottom">Heródoto habla de las pirámides y su construcción en sus <emph>Historiae</emph> 2, 124-133.</note>; Diod<emph>oro</emph>, l<emph>ibro</emph> 2<note place="bottom">Como se ha indicado en una nota anterior, el libro primero de la <emph>Biblioteca Histórica</emph> de Diodoro Sículo se dividió en dos partes debido a su extensión: 1, 1-41 y 1, 42-98. La referencia a las pirámides se encuentra en esta segunda parte del libro primero (<emph>Biblioteca Histórica</emph> 1, 63-64).</note>, y Plin<emph>io</emph>, l<emph>ibro</emph> 36, c<emph>apítulo</emph> 12<note place="bottom">La ubicación del capítulo referido a las pirámides («De pyramidibus Aegyptiis &amp; Spinghe») en las ediciones antiguas es la que indica Ponce: libro 36, capítulo 12. Ver, por ejemplo, las de Parma, Andreas Portilia, 1481; Venecia, Johannes Alvisius de Varisio, 1499; Paris, Ambrosio Girault, 1526; Venecia, Paulum Manutium, 1559; Frankfurt, Martin Lechler, 1582. En las ediciones modernas, el pasaje sobre las pirámides se encuentra en el libro 36, capítulos 16-18 o 22-25.</note>, estaban menos de cuatro millas del río. Estas fueron sepulcros de los reyes de aquellas provincias; y así, dice Lucan<emph>o</emph>, l<emph>ibro</emph> 8, hablando de ellas:</p>
      <p>Cum Ptolomaeorum manes seriemq<emph>ue</emph> pudendam,</p>
      <p>pyramides claudant indignaq<emph>ue</emph> Mausolea<note place="bottom">Lucano, <emph>Pharsalia</emph> 8 vv. 696-697 («mientras que pirámides y afrentosos mausoleos encierran los manes de los Ptolomeos, dinastía vergonzosa», trad. A. Holgado Redondo). Cuando trata de las pirámides en su descripción de las siete maravillas del mundo, la <emph>Officina</emph> de Ravisio Textor se apoya en Plinio, Heródoto, Lucano y Marcial. Los tres primeros fueron mencionados por Ponce. </note>.</p>
      <p>102. «Umbroso coliseo<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 959: «umbroso coliseo ya formando».</note>».</p>
      <p>En la tercera región<note place="bottom">El emperador Augusto dividió Roma en catorce regiones: <hi rend="color_222222">Porta Capena, Caelimontium, Isis et Serapis, Templum Pacis, Esquiliae, Alta Semita, Via Lata, Forum Romanum, Circus Flaminius, Palatium, Circus Maximus, Piscina Publica, Aventinus y Transtiberim</hi>. En la tercera de ellas, Isis y Serapis, se encontraba el templo de Isis y también el Coliseo.</note> y centro de Roma fabricó el emperador Vespasiano el anfiteatro para celebrar sus fiestas y juegos: obra de admirable labor y excesiva grandeza, capaz de ochenta y siete mil personas. Fue llamado Coliseo por un gran coloso <pb n="fol. 82v"/> que estaba junto a él, que fue una estatua de Nerón de ciento y veinte pies de alto. +<note place="bottom" resp="author">La cruz se sitúa en el margen derecho, y remite a otra en el margen izquierdo, bajo la cual Ponce anota: «Suet~ / in vit. / Ner~». Se refiere al siguiente pasaje de Suetonio, <emph>De vitis Caesarum</emph>, lib. 6, <emph>Vita Neronis</emph>, 31: «Non in alia re tamen damnosior quam in aedificando, domum a Palatio Esquilias usque fecit, quam primo « transitoriam », mox incendio absumptam restitutamque « auream » nominauit. De cuius spatio atque cultu suffecerit haec rettulisse. Vestibulum eius fuit, in quo colossus CXX pedum staret ipsius effigie» («Pero en ningún asunto gastó tanto como en sus construcciones, pues edificó una casa que llegaba desde el Palatino hasta las Esquilias y a la que llamó primero "Transitoria" y luego, después que fue consumida por un incendio y restaurada, "Dorada". Para hacerse una idea de sus dimensiones y esplendor basta con referir lo siguiente. Tenía un vestíbulo en el que se alzaba una estatua suya colosal, de ciento veinte pies de altura», trad. R. M.ª Agudo Cubas, Madrid, Gredos, 1992).</note> Véase todo en Lucio Fauno, <emph>De la antig</emph>üeda<emph>d de Roma</emph>, l<emph>ibro</emph> 3, c<emph>apítulo</emph> 12<note place="bottom">Lucio Fauno, alias de Giovanni Tarcagnota (<emph>c.</emph> 1508-1566), historiador y poeta italiano que destacó por su libro <emph>Delle antichità della città di Roma</emph> (Venecia, Michael Tramezzinus, 1548), cuya traducción al latín fue publicada en 1549 (Venecia, Michael Tramezzinus). Cito un extracto del pasaje al que se refiere Ponce por esta edición latina, donde se ubica en 3, 12: <anchor xml:id="_Hlk65754311"/>«Coliseum uulgo Amphitheatrum ab ingenti colosso, qui prope hunc locum esset, appellauere; fuit autem huiusmodi Colossus Neronis statua CXX. pedum altitudine, quem [<emph>sic</emph>] sibi ante domum erigendam curauit. Post autem huius immanis principis mortem soli dicatum accepimus. Deinde uero, ut superius est expositum, ipsius Colossi capite amputato Commodus suum ipsius reposuit. Quoniam uero in Neronis incidimus mentionem, de ea dicendum uidetur prius, quam hunc locus omittamus […] Vestibulum ei fuit, in quo Colossus CXX. pedum staret, hunc autem Plinius scribit à Zenodoro factum, quem ideo ex Gallia Romam accersiuit» (fols. 78r-78v) ('A este anfiteatro llamaron comúnmente Coliseo por un gran coloso que estaba cerca de él. Era una estatua de Nerón de 120 pies de altura, que se preocupó de levantar ante su casa. Después de la muerte de este cruel príncipe, este coloso fue dedicado al sol; y luego, como dijimos antes, Commodo le cortó la cabeza y la sustituyó por la suya. Y puesto que se ha hecho mención de la casa de Nerón, parece que deberíamos hablar de ella antes de que pasemos por alto este lugar. […] En la entrada de esta casa fue donde, como escribe Plinio, estaba este coloso de 120 pies hecho por Zenodoro, al que Nerón hizo venir para ello desde la Galia a Roma').</note>, y en P<emph>ublio</emph> Victor, <emph>De regionib</emph>us<emph> urbis Romae</emph><note place="bottom">Publius Victor es un autor del siglo IV a quien se atribuye <emph>De regionibus urbis Romae libellus aureus</emph>, compilación de monumentos de la antigua Roma dividida en distritos (<emph>regiones</emph>). La referencia al coloso se sitúa en la Regio IIII: <anchor xml:id="_Hlk65754331"/>«Colossus altus. cii. &amp; semis: habens in capite radios vii. singuli pedum. XXII. &amp; semis» ('Coloso: su altura es de 102 pies y medio. Tiene en la cabeza siete rayos de 20 pies y medio cada uno'). Esta obra fue editada en Milán por el humanista Parrasio; se cree que se imprimió en la imprenta milanesa de Joannes Angelus Scinzenzeler, por la tipografía y porque Parrasio trabajó en Milán entre 1409 y 1506. El libro fue dedicado a Setephanus de Poncher, que accedió al obispado de Paris en febrero de 1503, por lo que la fecha de publicación podría ser cercana a ese año. Cito por esa edición. Se imprimió en años posteriores, a veces en volúmenes que reunían obras de similar temática de Beda y Pomponio Mela.</note>.</p>
      <p>Dice<note place="bottom">El sujeto es 'el poema' o 'el poeta', pues lo que hace Ponce ahora es parafrasear el sentido de los vv. 958-962 de la <emph>Soledad primera</emph>: «Los árboles que el bosque habían fingido, / umbroso coliseo ya formando, / despejan el ejido, / olímpica palestra / de valientes desnudos labradores».</note> que, formando teatro para las fiestas, despojaron el ejido<note place="bottom"><emph> exido</emph>: «el campo que está a la salida del lugar, que no se planta ni se labra, y es común para todos los vecinos, y suele servir de era para descargar en él las mieses y limpiarlas» (<emph>Autoridades</emph>).</note>, que era olímpica palestra de los luchadores, aludiendo a los Juegos olímpicos, llamados así por el monte Olimpo en que primero se celebraron.</p>
      <p>103. «Mañosos hijos de la tierra,</p>
      <p>cuando no fuertes Alcides<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 973-974: «mañosos, al fin hijos de la tierra, / cuando fuertes no Alcides». Al comienzo del manuscrito (fol. 30v), quien copió el texto del poema recogió correctamente estos versos. La omisión y cambio de orden que muestra Ponce en la cabecera de esta nota puede deberse a que en ocasiones no recoge el verso completo, sino solo la parte de interés para la anotación, o también a la mayor prisa con la que parece haber redactado la parte final de sus notas.</note>».</p>
      <p>Fue llamado hijo de la tierra Anteo; el cual dice Lucan<emph>o</emph> que, luchando con Alcides, siempre que tocaba a la t<emph>ier</emph>ra se levantaba con nuevas fuerzas (ex l<emph>ibro</emph> 4)<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Vease esto / en la od. / 38. de A / <hi rend="u">nacreon»</hi>. Como se ha indicado, Ponce utilizó la traducción de Quevedo (<emph>Anacreón castellano con paraphrasi y comentarios</emph>). En el fol. 65v, Ponce se refirió a la oda 37 de Anacreón, y en los fols. 110r-112r, copiará la traducción de Quevedo de otra anacreóntica (<emph>La Rosa</emph>), que numera como 53. Los números que da Ponce a los poemas son los que llevan en la traducción de Quevedo, y se corresponden con los números 46, 47 y 55 en la colección de poemas conocida como <emph>Anacreontea</emph> (ver Moya del Baño, 2006, p. 701, n. 10). La referencia a Anteo que anota ahora Ponce (oda 38 [47]) está en los vv. 21-24: «No dio llegando a la tierra / la tierra tal fuerza a Anteo, / como a mí mi padre Baco / me da cuando a él me llego» (cito el texto de Quevedo).</note>:</p>
      <p>Utq<emph xml:lang="en">ue</emph> iterum fessis iniecit bracchia<note type="app" rend="I"><emph> brachia</emph> en el manuscrito.</note> membris, non expectatis Anthaeus viribus hostis, sponte cadit, maiorq<emph xml:lang="en">ue</emph> accepto robore surgit<note place="bottom">Lucano, <emph>Pharsalia</emph>, 4, vv. 640-642 («Anteo, sin esperar la presión violenta de su antagonista, se deja caer espontáneamente y, con la energía absorbida, se levanta más poderoso. Toda la fuerza vital que hay en el suelo se transfunde a sus miembros cansados», trad. A. Holgado Redondo).</note>;</p>
      <p><pb n="fol. 83r"/> a cuya causa los asimila<note type="app" rend="I">Ponce corrigió la segunda <emph>i</emph> sobre una <emph>a</emph> que había escrito antes.</note> aquí a los luchadores.</p>
      <p>104. «A los ojos de Ascálafo, vestido,</p>
      <p>de plumas<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, vv. 990-991: «a los ojos de Ascálafo, vestido / de perezosas plumas. Quién, de graves». Al comienzo del manuscrito (fol. 31r), quien copió el texto del poema recogió correctamente estos versos. Como indiqué en un caso anterior, las variantes que muestra Ponce en la cabecera de la nota pueden deberse a que en ocasiones solo recoge la parte del verso que interesa para su anotación, y también a la mayor prisa con que ha redactado las últimas notas.</note>».</p>
      <p>Es el búho. Ovid<emph>io, Metam</emph>orfosis 5, dice que fue Ascálafo convertido en búho; fue su madre Orfene, ninfa amada de Aqueronte<note place="bottom">Ovidio, <emph>Metamorphoses</emph>, 5, vv. 533-551.</note>.</p>
      <p>En lo restante, cuenta las pruebas de los saltos que los villanos hicieron y los que corrieron al palio, hasta que, con la noche, tuvo fin la fiesta y principio el bien de los casados.</p>
      <p rend="right">Manuel Ponce<note place="bottom">Firma que coincide con la letra de la anotación.</note></p>
      <p><pb n="fol. 83v"/> Intellexisti cogitationes meas de longe, Ps<emph>almo</emph> 138<note place="bottom"><emph>Vulgata, Psalmo</emph> 138, 3: «Intellexisti cogitationes meas de longe; / semitam meam et funiculum meum investigasti» («Has entendido de lejos mis pensamientos; has observado mi senda y el hilo de mis pasos; [<emph>funiculus</emph> es la cuerda con que se medían los caminos y los terrenos]», trad. del padre Phelipe Scio de san Miguel, Valencia, 1792).</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 84r"/> Demás de los autores citados, escribieron las maravillosas calidades del Nilo<note place="bottom">Se ha señalado en varias ocasiones que la mayor extensión de la nota 101 sobre el Nilo, ya advertida por Dámaso Alonso, 1982, p. 515, y este folio donde añade autoridades sobre ese río, se explican por la <emph>Apología en defensa de Virgilio</emph>, fechada en 1622; allí, Manuel Ponce rebate la lectura que Juan Luis de la Cerda había hecho de los vv. 287-294 de la cuarta <emph>Geórgica</emph>, donde Virgilio hablaba de las tierras del Nilo.</note>:</p>
      <p>Teofilato Simocata, en su <emph>Hist</emph>ori<emph>a</emph>, todo el capítulo […]<note place="bottom">Aquí Ponce deja un espacio en blanco donde debería ir el número del capítulo.</note> en que refiere un prodigio rarísimo sucedido en el Nilo en n<emph>uest</emph>ros tiempos<note place="bottom">Theophylaktos Simokattes fue un historiador bizantino de comienzos del siglo VII, conocido sobre todo por su historia del emperador Mauricio (582-602). Esta historia fue traducida al latín por el humanista alemán Jacobo Pontano (1542-1626) en 1604: <emph>Historiae Mauricci Tiberii Imp. libri VIII</emph>. En el libro 7, cap. 17, habla de las fuentes y el curso del Nilo, con las opiniones y objeciones a diversos autores, que parece haber tomado de Diodoro Sículo. En el libro 7, cap. 16, es donde Theophylaktos refiere los prodigios que Ponce menciona. Cito el epígrafe de dicho capítulo por la traducción latina antes mencionada: <anchor xml:id="_Hlk65754356"/>«Duo portenta, vnum virili, alterum muliebri specie in Nilo conspecta. Vtrumque accuratè describitur, et prius á Praefecto adiuratur. Reprehensa obiter curiositate Herodoti, et mentione facta aliorum, qui de Nili portentis scripserunt, se de eius incremento scripturum pollicetur» ('Dos portentos, uno de hombre y otro de mujer, que se vieron en el Nilo. Ambos fueron descritos con exactitud y previamente confirmados por el juramento del prefecto. Al mismo tiempo se toma el afán de saber de Heródoto, y se hace mención de otros autores que escribieron acerca de los portentos del Nilo, y se promete escribir sobre sus crecidas’) (pp. 362-364).</note>.</p>
      <p>Julio César Scalígero<note type="app" rend="I"><emph> Salígero</emph> en el manuscrito, aunque parece intentar corregirse en la parte superior de la <emph>a</emph>.</note>, en sus <emph>Exercitationes contra Cardano</emph><note place="bottom"><emph>Ivlii Caesaris Scaligeri exotericarum exercitationvm liber qvintus decimvs, de svbtilitate, ad Hieronymvm Cardanvm</emph>, Lvtetiae, ex officina typographica Michaelis Vascosani, MDLVII. En esta obra, Scalígero rebatía las opiniones de Girolamo Cardano en <emph>De subtilitate rerum</emph> (1550), texto que reúne sus más importantes conocimientos físicos y especulaciones filosóficas y que fue condenado por la inquisición, porque, en su libro 11 (<emph>De hominis necessitate et forma</emph>), examinaba en un plano de igualdad paganismo, islamismo, judaísmo y cristianismo, con sus semejanzas y principales diferencias y motivos de disputa.</note>: la 47, que intitula <emph>De Nili incremento</emph>, y la 48: <emph>In Nilum subeunt fluuii. Nilus auras non</emph><note type="app" rend="I"><emph> no</emph> en el manuscrito.</note> <emph>edit. Anaurus</emph><note place="bottom">Ponce menciona los epígrafes de las <emph>exercitationes</emph> donde Scalígero habla del Nilo. Coinciden con su redacción en la edición príncipe de la obra (París, 1557), citada arriba en nota. Allí, la <emph>exercitatio</emph> 74 <anchor xml:id="_Hlk65754397"/>(<emph>De Nili incremento</emph>) ('Sobre el crecimiento del Nilo') se encuentra en los fols. 73v-75r; la <emph>exercitatio</emph> 48 (<emph>In Nilum subeunt fluuij. Nilus auras non edit. Anaurus</emph>) ('En el Nilo desembocan ríos. El Nilo no produce vientos. Anauro'), en el fol. 75r-75v. La voz <emph>Anaurus</emph> se refiere a un río de Tesalia que Scalígero menciona en esa misma <emph>exercitatio</emph> 48: «Est in Arcadia sub Parrhasio monte fluuius à Callimacho Anaurus appellatus» ('Hay en la Arcadia, bajo el monte Parrasio, un río al que Calímaco llama Anauro') (fol. 75v).</note>.</p>
      <p>Michael Maiero, en su <emph>Arcana arcanissima, hoc est, Hieroglyphica</emph> <hi rend="u"><emph>Aegiptio-Graeca</emph></hi>, al principio del l<emph>ibro</emph> 1<note place="bottom">Michael Maier (1568-1622), médico y alquimista alemán. Ponce menciona una de sus obras destacadas: <emph>Arcana arcanissima, hoc est, Hieroglyphica AEgyptio-Graeca…</emph>, London, Creede, 1614. El libro primero se titula «De Hieroglyphicis aegyptiorum»; allí se hace referencia al Nilo en varios pasajes. Probablemente Ponce se refiere al siguiente, ubicado al inicio de ese libro: <anchor xml:id="_Hlk65754418"/>«Primos homines asserunt nonnulli, in Aegypto editos eâ coniecturâ quod circa Thebaidem, cum Nili cessavit inundatio, calefaciente limum sole ab aqua relictum, multis in locis ex terrae hiatu multitudo murium oriatur, quasi ab ipso orbis primordio omnia animantia similiter, ipsique homines geniti sint» ('Algunos defienden que los primeros hombres provienen de Egipto por el siguiente razonamiento: que cerca de la región Tebaida, cuando cesó la inundación del Nilo, al calentar el sol el limo dejado por el agua, en muchos lugares nace gran cantidad de ratones de las aberturas de esa tierra, y de esa misma forma en la que se originan casi todos los seres vivos del orbe, así también son engendrados los mismos hombres’) (p. 1 en la ed. de 1614; ver también las en pp. 11 y 37).</note>.</p>
      <p>Antonio Sabélico en su <emph>Rapsodia historial</emph>, l<emph>ibro</emph> 3, al principio<note place="bottom">Marco Antonio Coccio (c. 1436-1506), historiador italiano llamado Sabellico por su lugar de nacimiento, Vicovaro, en el territorio de los antiguos sabinos. La obra es su <emph>Enneades sive Rhapsodia historiarum ab orbe condito</emph>, historia universal desde los orígenes de la humanidad hasta 1504, publicada en dos partes: la primera en 1498 y la segunda en 1504. El pasaje al que se refiere Ponce se sitúa al comienzo de la <emph>Enneadis primae, liber tertius</emph>; cito por la edición de París, 1509 <anchor xml:id="_Hlk65754442"/>«Tota eius terrae portio, quam a Cercaforum vrbe Nilus dextra leuaque suo amplexu ad mare vsque determinat: Canopico ostio ab Aphrica: ab Asia Pelusiaco: fuit olim Aegyptus [fol. XVIIr] nominata, atque ob eam rem a plaerisque inter insulas relata est: ita se Nilo scindente: vt triquetram terrae deliniet figuram. Quo contigit vt a graecae litterae similitudine sit a plaerisque Delta cognominata. Recentiores eam ad ortum solis terram adiecere: quae a Nilo ad Erithreum vsque sinum protenditur: &amp; ad occasum haud parua terrae intercapedo antiquis finibus accessit. Arabiae itaque &amp; Erithreo mari inde iungitur: hinc Cyrenae: residuaeque Aphricae inhaeret parti: ad Septemtrionem pelago alluitur, quod ab ipsa terra aegyptium appellatur: a ceruice &amp; humeris Aethiopiae est inserta» (fols. XVIv-XVIIr) ('Toda la porción que, desde la ciudad de Cercaforo, el Nilo delimita a derecha e izquierda con su abrazo hasta el mar —la boca Canópica desde África, la Pelusíaca desde Asia— fue llamada en otro tiempo Egipto. Y por esta razón fue contada por muchos entre las islas. El Nilo se divide así dibujando la figura de un triángulo de tierra. Por esta semejanza en la forma con la letra griega, muchos llamaron a esta zona Delta. Autores más recientes añadieron al este la tierra que se extiende de forma continua desde el Nilo al golfo de Eritrea; y al oeste, un no pequeño intervalo de tierra se añade a sus antiguos límites. Así pues, desde allí se une a Arabia y al mar Eritreo; de aquí se une a Cirene y a la parte restante de África. Al norte está bañada por el mar que es llamado de Egipto por esta misma tierra. Se inserta por el cuello y los hombros en Etiopía'). El folio XVIIv, que ya no reproduzco, trata sobre el nacimiento del Nilo, sus bocas y sus crecidas.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 84v"/> [en blanco]</p>
      <p><pb n="fol. 85r"/><emph>Discurso en que se trata si en los términos de la poesía es necesaria la oscuridad, y forzosa en las locuciones della; y en qué modo se puede permitir que el poeta sea oscuro a los ignorantes de los preceptos del arte y facultades que se cifran en los versos; y si el que a todos es difícil se haya de reprobar y no estudiarle</emph><note place="bottom">Sobre las ideas retóricas de este texto, véanse Azaustre, 2015, y el apartado 6 de la introducción.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 85v"/> [en blanco]</p>
      <p rend="center"><pb n="fol. 86r"/> Al conde de Salinas, presidente del Consejo</p>
      <p rend="center">de Portugal<note place="bottom">El conde de Salinas fue presidente del Consejo de Portugal entre 1605 y 1616. Más detalles en la introducción (apdo. 3, cronología, y n. 42, 64 y 65) y en la nota 469 del texto.</note>.</p>
      <p>Prometí a V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> responder a las objeciones<note type="app" rend="I"><emph> ojebciones</emph> en el manuscrito.</note> puestas al estilo y novedad desta silva; y, antes de poderlo cumplir, las he visto tan multiplicadas y licenciosas, que creció la obligación de mi promesa con la calumnia y libertad de los que profesan oscurecer cuanto no se ajusta a la humildad de sus ingenios comunes, con razones indignas de los oídos prudentes y nacidas solo de su invidiosa ignorancia, sin otro fundamento ni verdad<note place="bottom">El pasaje indica que las censuras al poema de Góngora que Ponce denunciaba en la dedicatoria que precede a la anotación se han multiplicado en el tiempo que ha mediado entre aquella y la redacción del presente discurso en defensa de la oscuridad. Ello muestra que el trabajo de Ponce conoció al menos dos grandes fases: la elaboración de las notas a la <emph>Soledad primera</emph> y la del discurso en defensa de su estilo. Más detalles en la introducción (apdo. 3) y en Azaustre, 2015, pp. 75-77.</note>. Mas por no hacer a n<emph>uest</emph>ro autor nueva ofensa si respondo a tantos deseosos de que haga efecto su malicia <pb n="fol. 86v"/> provocando modestias recatadas<note place="bottom">La paráfrasis de esta amplia prótasis del período sería: 'por no ofender de nuevo a Góngora al responder a quienes precisamente desean como efecto de su malicia esas respuestas prudentes’.</note>, suplico a V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> reciba este discurso limitado con mi primer ofrecimiento, y no escrito con el afecto que esta materia pide; porque siempre he juzgado por trabajo infrutuoso responder a objeciones<note type="app" rend="I"><emph> ogebciones</emph> en el manuscrito.</note> que son contra sujetos tan aprobados, necesitadas por sí mismas de crédito y mal admitidas de los que podrían calificarlas<note place="bottom">Ponce da tres razones para no extenderse en la respuesta a los censores de Góngora: 1) sujetos de tanto valor como el poeta cordobés no precisan respuesta a las críticas vertidas contra ellos; 2) esas mismas críticas carecen de fundamento y estima y, en consecuencia, no precisan mayor respuesta; 3) esa respuesta sería mal recibida por sus destinatarios.</note>.</p>
      <p>Nuestro señor dé a V<emph>uestra</emph> S<emph>eñoría</emph> la suma felicidad.</p>
      <p rend="right">Manuel Ponce<note place="bottom">Firma de Ponce, cuya letra coincide con la anotación del poema y el texto del <emph>Discurso</emph>. Ponce había firmado también al final de la dedicatoria al conde de Salinas que precede a la anotación de la <emph>Soledad primera</emph> (fol. 40r) y al final de dicha anotación (fol. 83r).</note></p>
      <p><pb n="fol. 87r"/><note place="bottom">El folio lleva una numeración antigua donde figura como 1. Ello confirma que la anotación de la <emph>Soledad primera</emph> y la elaboración del discurso se efectuaron en fases distintas, lo que ya se advierte en las dos dedicatorias al conde de Salinas. El texto de la dedicatoria al conde de Salinas que precede al discurso no lleva numeración antigua, lo que probablemente indica que se compuso en otro momento.</note> Llega a tan gran extremo la ociosa presunción de los ingenios modernos que, rehusando cualquier pequeño trabajo de limitado estudio y atención, reprueban el autor cuyas obras los necesitan<note place="bottom"><emph>los necesitan</emph>: 'los obligan’. El sentido sería: 'por presunción y ociosidad, muchos ingenios modernos censuran a los autores cuyas obras les obligan a estudio y atención detallados’. En las dedicatorias anteriores, Ponce ya ha señalado que la falta de esfuerzo y estudio es una de las causas de las censuras contra Góngora.</note> a alguna destas cosas. Y satisfaciéndose de sí propios, juzgan que lo que no entienden al pasar de la carrera está defectuoso y falto de primor; que si lo mirasen más atentos y menos confiados, hallarían más excelencia en ello que ocasión de reprobarlo.</p>
      <p>Yo confieso a todos que esta silva es en algunos trozos difícil, mas en serlo imita el antiguo ejemplo que los il<emph>ustre</emph>s poetas dejaron en sus escritos. Y no siendo la oscuridad culpable en ellos, menos debe serlo en quien los sigue. Y si alguno quisiere <pb n="fol. 87v"/> reprender a los que escribieron en estilo no fácil de alcanzar, podrá reprobar también por imperfectas las obras de los filósofos, maestros universales del mundo, pues vemos ser sus escritos tan superiores y dificiles que, desde su tiempo hasta hoy, siendo por tan diversos autores declarados con graves comentos y exposiciones, apenas son entendidos ni sabemos cuál es su verdadera sentencia y concorde sentido.</p>
      <p>Laert<emph>io</emph>, en el 9, pone una epístola escrita por el rey Darío a Heráclito efesio que contiene estas palabras, en las cuales parece que habla con nu<emph>est</emph>ro autor en cuanto a la gravedad profunda de sus escritos y dificultad de su intelig<emph>enci</emph>a<note place="bottom">Ponce va a citar el comienzo de la carta del rey Darío al filósofo Heráclito de Éfeso que se encuentra en el libro 10 de la obra <emph>Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos ilustres</emph>, escrita por el historiador y filósofo griego del siglo III Diógenes Laercio. Ponce cita el texto de una traduccion latina, que pudiera ser <emph>Diogenis Laertii de vitis, dogmatis &amp; apophthegmatis eorum qui in philosophia claruerunt, libri X</emph>. Anno MDLXX. Excudebat Henricus Stephanus. La cita se encuentra en las páginas 307-308 de dicha edición.</note>:</p>
      <p><pb n="fol. 88r"/><anchor xml:id="_Hlk65754480"/>Librum de natura scripsisti obscurum difficilemq<emph>ue</emph> in plerisq<emph>ue</emph>, qui si ad verbum exponatur, vim quandam speculationis continere videtur mundi totius, <emph>et</emph> quae in eo fiunt omnium, quae quidem sunt in diuino motu constituta, in quibus plurimi haeserunt, adeo ut <emph>et</emph> qui complura legerunt ambigant, cu<emph>m</emph><note type="app" rend="I"><emph> quum</emph> en la edición señalada en la nota anterior.</note> recta abs te narratio conscripta videant, etc.<note place="bottom"><anchor xml:id="_Hlk65754518"/>'Escribiste un libro sobre la naturaleza, oscuro y difícil en su mayor parte; que, si se entiende a la letra, parece albergar alguna fuerza de conocimiento de todo el mundo y de todas las cosas que en él acontecen, y que se establecieron por el movimiento divino. Muchos dudaron sobre ellas, hasta el punto de que los que han leído más vacilarán cuando vean la interpretación recta que has escrito'.</note></p>
      <p>Y sea testimonio y aprobación del estilo difícil la Sacrosanta Escritura, cuyos libros, dictados por el Espíritu Santo y escritos por santísimos varones, son inaccesibles a los ingenios humanos; y sus profundos misterios tan oscuros y cifrados<note place="bottom">'ocultos’; <emph>cifra</emph>: «modo o arte de escribir dificultoso de comprender sus cláusulas si no es teniendo el clave» (<emph>Autoridades</emph>).</note>, que los sagrados expositores dejaron por reservados los más de ellos, y tenemos <pb n="fol. 88v"/> tantos y tan dilatados libros sobre las menores dificultades donde apenas se descubren sus altísimos misterios<note place="bottom">Quiere decir Ponce que la dificultad de los textos bíblicos provocó que sus comentaristas dejasen sin interpretar muchos de sus pasajes y, en consecuencia, tenemos numerosos y extensos libros de exégesis bíblica que comentan dificultades menores del texto, pero apenas pueden descifrar sus misterios sagrados.</note>. Pues si miramos los Salmos, los Profetas, el Apocalips<emph>is</emph> y los Cantares, lleno de divinas metáforas, perífrasis, enigmas<note type="app" rend="I"><emph> Egnimas</emph> en el manuscrito.</note> y figuras donde se cifran tan misteriosos secretos que suspenden y deslumbran con su milagrosa dificultad los entendimientos de los hombres —como parece en los cap<emph>ítulo</emph>s 1 y 2 del <emph>Hypotyposeon</emph><note place="bottom">Se refiere a la obra del hebraísta español Martín Martínez de Cantalapiedra (c. 1510-1579) titulada <emph>Libri decem hypotyposeon theologicarum, sive regvlarvm ad intelligendum scripturas diuinas, in duas partes distributi</emph>, Salmanticae, excudebat Ioan. Maria a Terranoua, expensis Ioannis Moreni, 1565. Este humanista destacó por su labor de exégesis bíblica, en la que fue partidario de la primacía del texto hebreo sobre la <emph>Vulgata</emph> de san Jerónimo. Como su amigo fray Luis de León, fue denunciado y encarcelado.</note>, donde con autoridades de Teofi<emph>lacto</emph> sobre s<emph>an</emph> Lucas<note place="bottom">En el capítulo segundo del <emph>Hypotyposeon</emph>, titulado <anchor xml:id="_Hlk65754557"/>«Cur deus per aenigmata &amp; parabolas locutus sit» ('por qué Dios habló mediante enigmas y parábolas’), se lee el pasaje al que se refiere Ponce. Se trata de un comentario de Teofilacto de Ácrida o Teofilacto de Bulgaria (c. 1050-c. 1107), obispo de Ácrida, sobre el evangelio de san Lucas: <anchor xml:id="_Hlk65754581"/>«Praeterea Theopyhy. Lucae. 8. ait. Loquitur per parabolas dominus, vt attentiores reddat auditores, &amp; excitet illorum mentem ad inquirendum de his quae dicta sunt. Solent enim homines curiosius inuestigare de his quae dicta sunt obscurius, manifesta autem negligere &amp; vt indigni non intelligant quae abstrusius sunt dicta» ('Además, Teofilacto dice lo siguiente sobre Lucas 8: el Señor se expresa mediante parábolas, para que lo interpreten los oyentes más atentos, y esfuercen su mente hacia la averiguación del sentido de lo que allí se expone. Pues suelen los hombres investigar con más afán aquellas cosas que son expresadas de forma más oscura, y miran con poco cuidado las más claras; de tal manera que los que no lo merecen no pueden comprender las que se dicen de forma secreta y oculta') (<emph>Hypotyposeon</emph>, col. 21, ed. de Salamanca, 1565). La obra de Teofilacto de Ácrida de donde se toma el comentario incluido en el <emph>Hypotyposeon</emph> son sus comentarios a los Evangelios; en concreto, este comentario al capítulo 8 de Lucas se halla en el fol. 202v de la edición parisina de 1540 (<emph>Theophylacti Archiepiscopi Bulgariae In quatuor Euangelia Enarrationes Luculentissimae, diligenter iam tandem &amp; amussim recognitae, cum Indice copioso &amp; utili</emph>, Parisiis, ex officina Ioannis parui, 1540).</note> y Tertul<emph>iano</emph> en el 3 contra Martio, casi al principio<note place="bottom">En el capítulo primero del <emph>Hypotyposeon</emph>, titulado <anchor xml:id="_Hlk65754601"/>«Quas ob causas diuinae scripturae obscurae ac inuolutae sint» ('Por estos motivos, las divinas Escrituras son oscuras e impenetrables’), se encuentra el pasaje que menciona Ponce. Es una cita de la obra de Tertuliano <emph>Adversus Marcionem libri V</emph>, escrita en torno al 207, donde Tertuliano se opone a la secta que Marción fundó en Roma en el 144, y que, entre otros postulados, rechazaba los escritos del Antiguo Testamento. El pasaje al que se refiere Ponce es el siguiente, según se lee en el <emph>Hypotyposeon</emph>: <anchor xml:id="_Hlk65754624"/>«Sextam causam affert Tertuli. li. 3. aduersus Marcionem, parum post principium. Ideo, inquit, obscurae sunt scripturae, quia pleraque figuratè portendumtur, per aenigmata &amp; allegorias &amp; parabolas, aliter intelligenda quàm scripta sunt» ('Tertuliano ofrece la sexta causa en su libro 3 contra Marción, poco después del comienzo. Dice que las Escrituras son oscuras porque profetizan la mayoría de las cosas de forma figurada mediante enigmas, alegorías y parábolas, para que sean entendidas de modo diferente a como están escritas’) (col. 14, ed. de Salamanca, 1565). Este es el texto de Tertuliano: <anchor xml:id="_Hlk65754638"/>«Alia species erit, qua pleraque figurate portenduntur per aenigmata, &amp; allegorias, &amp; parabollas, aliter intelligenda quàm scripta sunt» ('otra clase será la que profetiza la mayoría de las cosas de forma figurada mediante enigmas, alegorías y parábolas, de forma que han de ser entendidas de otro modo que como están escritas’) (<emph>Opera Q. Septimii Florentis Tertulliani inter Latinos ecclesiae scriptores prime: sine quorum lectione nullum diem intermittebat olim divus Cyprianus</emph>, Basileae, Frobenius, 1521, p. 196). </note>, se prueba esta verdad, de que es<note place="bottom">El antecedente es «esta verdad». El sentido del pasaje: 'se prueba esta verdad de la que es testimonio...'.</note> suficiente y particular testimonio el Aurelio Agustino<note place="bottom">La referencia a san Agustín que aquí se inicia parece una recreación abreviada del siguiente pasaje de la <emph>Genealogia deorum gentilium</emph> de Boccaccio: «Testes sunt plurimi, quos inter si libet interrogent Augustinum, sanctissimum atque eruditissimum hominem, et cuius ingenii tam grandes fuere uires, ut artes multas, et quicquid de decem cathegoriis tradidere philosophi absque, ut ipse fatetur, praeceptore perceperit. Nec tamen erubuit confiteri se Isaiae principium intelligere nequiuisse. Non ergo obscuritates solis poematibus insunt. Quid ergo non incusant philosophos ut poetas? Quid non dicunt Spiritum Sanctum suis operibus ut artificiosores apparerent, obscuras implicuisse sententias?» (<emph>Genealogia deorum gentilium</emph>, 14, 12, ed. Basilea, 1532, p. 368) («Y hay muchos testigos. Entre los cuales, si les apetece, que pregunten a Agustín, santísimo y eruditísimo hombre y del que fueron tan grandes las fuerzas del ingenio que sin preceptor, como él mismo confiesa, aprendió muchas artes y lo que sobre las diez categorías dijeron los filósofos, y sin embargo no se ruborizó al confesar que él no había podido comprender el principio de Isaías. Por tanto las oscuridades no están tan sólo en los poemas. Así pues, ¿por qué no acusan a los filósofos como a los poetas? ¿Por qué no dicen que el Espíritu Santo en sus obras introdujo pensamientos oscuros para que parecieran más artísticas?», trad. M.ª Consuelo Álvarez y R. M.ª Iglesias, 1983).</note> <pb n="fol. 89r"/>, cuyo espíritu angélico excedió la naturaleza humana en el caudal supremo de su ingenio divino, el cual confiesa no haber podido entender el principio de Esaías<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «L. 9. de sus / confisiones». Se refiere al siguiente pasaje de las <emph>Confessiones</emph> de San Agustín: «Renuntiaui peractis uindemialibus, ut scholasticis suis Mediolanenses uenditorem uerborum alium prouiderent, quod et tibi ego seruire delegissem et illi professioni prae difficultate spirandi ac dolore pectoris non sufficerem. Et insinuaui per litteras antistiti tuo, uiro sancto Ambrosio, pristinos errores meos et praesens uotum meum, ut moneret, quid mihi potissimum de libris tuis legendum esset, quo percipiendae tantae gratiae paratior aptiorque fierem. At ille iussit Esaiam prophetam, credo, quod prae ceteris euangelii uocationisque gentium sit praenuntiator apertior. Verum tamen ego primam huius lectionem non intellegens totumque talem arbitrans distuli repetendum exercitatior in dominico eloquio» (<emph>Confessiones</emph> 9, 5, 13) («Terminadas las vacaciones vendimiales, anuncié a los milaneses de que proveyesen a sus estudiantes de otro vendedor de palabras, porque, por una parte, había determinado consagrarme a tu servicio, y por otra, no podía atender a aquella profesión por la dificultad de la respiración y el dolor del pecho. / También insinué por escrito a tu obispo y santo varón san Ambrosio mis antiguos errores y mi actual propósito, a fin de que me indicase qué era lo que principalmente debía leer de tus libros para prepararme y disponerme mejor a recibir tan grande gracia. / Él me mandó que leyera al profeta Isaías; creo que porque éste anuncia más claramente que los demás el Evangelio y vocación de los gentiles. Sin embargo, no habiendo entendido lo primero que leí y juzgando que todo lo demás sería lo mismo, lo dejé para volver a él cuando estuviese más ejercitado en el lenguaje divino», trad. A. Custodio Vega, <emph>Obras completas</emph>, vol. II, Madrid, BAC, 1979<hi rend="sup">7</hi>).</note>—, no, pues<note place="bottom">Aquí comienza la apódosis de un extenso período circular cuya prótasis se iniciaba con la frase «Pues si miramos los Salmos...». Es rasgo propio del estilo de Ponce.</note>, será la oscuridad culpable en los poetas, imitadores en ella de la escritura divina y de los filósofos graves.</p>
      <p>Y debe considerarse que el oficio del poeta no es descubrir las cosas que por sí están cubiertas con algún velo; antes, si son claras y manifiestas, cifrarlas con cuanta diligencia y estudio pudiere, y encubrirlas a los ojos de la ignorancia porque<note place="bottom">Con valor final ('para que').</note> la demasiada familiaridad no las deslustre; antes sean, por su dificultad, más dignas de memoria <pb n="fol. 89v"/> y reverencia<note place="bottom">Este pasaje guarda relación con el siguiente de la <emph>Genealogia deorum gentilium</emph> de Boccaccio: «Verum non ob id, ut isti uolunt, iure damnanda, cum inter alia poetae officia sit non cuiscerate fictionibus palliata, quinimmo si in propatulo posita sint  memoratu et ueneratione digna, ne uilescant familiairate nimia, quanta possunt industria tegere, et ab oculis torpentium auferre» (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>, 14, 12, ed. Basilea, 1532, p. 368) («Pero no por esto deben ser condenados con razón, como quieren éstos, puesto que entre los oficios del poeta está el no desentrañar lo cubierto con ficciones sino que, si se colocan a la vista de todos las cosas dignas de recuerdo y veneración, para que no pierdan su valor por una excesiva familiaridad, ocultarlas con cuanto artificio puedan y alejarlas de los ojos de los torpes», trad. M.ª Consuelo Álvarez y R. M.ª Iglesias, 1983). Esta idea aparece también en autores como Longino (<emph>De lo sublime</emph>), san Jerónimo (comentario al libro de<emph> Nahum</emph>), san Agustín (<emph>De Docrina Christiana</emph> 2, 6; 4, 8), Petrarca (<emph>Invective contra medicum</emph> 3 y 4) o de Giovanni Pontano (<emph>Actius</emph>), cuyo vínculo con la visión del poeta que defiende Góngora ya fue señalado por Blanco, 2011a. Ver también Domínguez Caparrós, 1993, así como la introducción (apdo. 6) y Azaustre, 2015, pp. 85-86. </note>. Y ninguno presuma<note place="bottom">El pasaje que aquí comienza y se prolonga hasta «y se acrisolasen los inferiores» se apoya en el siguiente de la <emph>Genealogia deorum gentilium</emph> de Boccaccio: «Nec sit qui existimet a poetis ueritates fictionibus inuidia conditas, aut ut uelint omnino absconditorum sensum negare lectoribus, aut ut artificiosiores appareant, sed ut, quae apposita uoluissent labore ingeniorum quaesita, et diuersimode intellecta, comporta tandem facient chariora» (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>, 14, 12, ed. Basilea, 1532, p. 368) («Y no puede haber quien piense que las verdades son escondidas por los poetas en las ficciones por envidia o porque quieren negar a los lectores absolutamente el significado de lo escondido o para aparecer más artistas, sino porque a las cosas que puestas a la luz habrían perdido valor, buscadas con el esfuerzo de los ingenios, y comprendidas de modo distinas al ser finalmente descubiertas, las hacen más caras», trad. M.ª Consuelo Álvarez y Rosa M.ª Iglesias, 1983).</note> que el autor desta silva por presunción oscureció estos conceptos, o porque quiso negar de todo punto a los ingeniosos el sentimiento de las cosas cifradas, o por mostrarse más singular y artificioso<note type="app" rend="I">En el manuscrito, Ponce escribe «artificiosoporque» sin separación, y coloca una † en la parte superior de la línea y entre las dos palabras, probablemente para separarlas, aunque no es descartable que fuese una llamada para una anotación que luego no llevó a cabo.</note>. Porque su intento fue que las sentencias que procurasen entender en ellos, o su sentido —solicitado con fatiga y trabajo del entendimiento y diversamente interpretado— fuese, después de entendido, tenido en más veneración y estima; y ejercitados en esto, los valientes ingenios se descubriesen, y se acrisolasen<note place="bottom"><emph>acrisolar</emph>: «dar esplendor y lustre a alguna cosa» (<emph>Autoridades</emph>).</note> los inferiores.</p>
      <p><pb n="fol. 90r"/> Y supuesto que este nombre de la poesía<note place="bottom">Este pasaje de Ponce sobre el origen de los términos <emph>poesía</emph> y <emph>poeta</emph> sigue muy de cerca el siguiente de la <emph>Genealogia deorum gentilium</emph> de Boccaccio: «Cuius quidem poesis nomen non inde exortum est, unde plurimi minus aduertenter existimant, scilicet à <emph>poio, pois</emph>, quod idem sonat quod <emph>fingo fingis</emph>, quinimo à poetes uetustissimo Graecorum uocabulo latine sonante exquisita locutio. Nam primi, qui inflati spiritu exquisite rudi adhuc saeculo coepere loqui, utputa carmine, tunc omnino loquendi genus incognitum, ut sonorum auribus audientium etiam uideretur» (Boccaccio, <emph>Genealogia deorum gentilium</emph>, 14, 7, ed. Basilea, 1532, p. 361) («El nombre de esta poesía no ha derivado de donde la mayoría piensan sin darse cuenta, a saber, de <emph>poio poiesis</emph>, que significa lo mismo que <emph>fingo, fingis</emph>, sino de <emph>poietes</emph>, antiquísima palabra griega que significa exquisita locución. Pues los primeros que, animados con este espíritu, comenzaron a hablar exquisitamente en un siglo todavía rudo, como por ejemplo en verso, manera de hablar entonces totalmente desconocida, para que pareciera también sonoro a los oídos de los oyentes», trad. M.ª Consuelo Álvarez y R. M.ª Iglesias, 1983). Más detalles sobre la tradición de este lugar en la introducción (apdo. 6); como se indica allí, la crítica ha señalado también la semejanza de este y otros pasajes con las <emph>Advertencias</emph> de Almansa y la <emph>Respuesta</emph> de Góngora a una carta que le escribieron.</note> no nació ni es denominado —como algunos abiertamente dicen— de <emph>poyo, poys</emph>, que traducido dice lo mismo que <emph>fingo fingis</emph>; antes se deriva de <emph>Poaetes</emph>, antiquísima voz griega que se lee 'esquisita locución’, porque los primeros de inflamado espíritu comenzaron a hablar diversamente del común en aquel siglo bárbaro, como ahora en el verso —que al fin era una suerte de locución rara y no conocida—<note place="bottom">Aquí termina la prótasis de un extenso periodo circular cuya apódosis finaliza en «capacidad y letras».</note>, se sigue que aquel cumplirá mejor con los preceptos y nombre de la poesía que en la suya realzare más el estilo y, desviándose de lo humilde y común, cifrare debajo de diversas <pb n="fol. 90v"/> colores<note place="bottom">En retórica el término <emph>color</emph> puede referirse al retoque interesado en la presentación de la causa cuando esta resulta de compleja defensa (Quintiliano, <emph>Institutio Oratoria</emph> 4, 2, 88) y, en su acepción más extendida, a los tropos y figuras que contribuyen al <emph>ornatus</emph> (Cicerón, <emph>Brutus</emph> 87, 298; <emph>De oratore</emph> 3, 25, 100). Esta última acepción es la que Ponce adopta. El nombre <emph>color</emph> proviene de la alegoría que considera el discurso como una pintura cuyos colores pueden matizarse; ver Lausberg, 1984, §§ 329, 1061.</note> su concepto, de suerte que no sea fácil ni manifiesto a todos, y que su inteligencia sea reservada a los de mayor capacidad y letras. Porque así como las artes y diciplinas más nobles se alcanzan con mayor dificultad, y las reglas y preceptos de ellas son difíciles y requieren sujetos más superiores, más elevados ingenios, tiempo y estudios, así la poesía que tratare de ellas y embebiere<note place="bottom"><emph>embeber</emph>: «Vale también contener, encerrar, incluir en sí y dentro de sí alguna cosa» (<emph>Autoridades</emph>) .</note> en su número<note place="bottom"><emph>número</emph>: «la determinada medida proporcional, o cadencia que hace armoniosos los períodos músicos, y los de la poesía y retórica, y por eso agradables y gustosos al oído» (<emph>Autoridades</emph>). Es un concepto heredero del <emph>numerus</emph> latino que, como es sabido, regulariza la sucesión de largas y breves partiendo de las unidades denominadas <emph>pies</emph>. Aunque el <emph>numerus</emph> también afecta a la prosa, especialmente en los finales de los periodos (donde se recomienda la sucesión de largas), su regularidad es mucho más estricta en la poesía, que somete sus versos a una disposición rígida de pies (<emph>metro</emph>).</note> y armonía más realzadas y supremas materias, de necesidad habrá de ser más difícil y oscura. Y si es de mayor bondad la que trata y encierra cosas más altas, <pb n="fol. 91r"/> por el consiguiente será la más noble la que fuere más dificultosa, así como lo son las artes que contienen más excelencia. Y de la suerte que, para el conocim<emph>ien</emph>to de cualquier facultad de las supremas, es necesario cultivar primero el ingenio con los documentos y doctrina de las inferiores, porque no podrá ser teólogo el que no fuere filósofo<note type="app" rend="I">En el manuscrito hay aquí una palabra tachada que no se lee (¿<emph>Jurista</emph>? ¿<emph>Artista</emph>?).</note>, lógico y gramático, ni entender<note place="bottom">La segunda <emph>n</emph> de «entender» se ha corregido sobre una <emph>r</emph> o sobre el trazo alargado de una <emph>e</emph>, habitual en los finales de línea.</note> con suficiencia los preceptos de ninguna destas artes sin saber primero los de las precedentes; así, no será posible entender bien las obras de los poetas insignes —que cifran<note place="bottom"><emph>cifra</emph>: «modo o arte de escribir dificultoso de comprender sus cláusulas si no es teniendo el clave» (<emph>Autoridades</emph>).</note> los términos y <pb n="fol. 91v"/> misterios de todas las profesiones— quien fuere ignorante de ellas. Y esto es causa de que parezcan al común difíciles, porque no todos alcanzan la suficiencia necesaria para entenderlos<note place="bottom">Toda esta sección defiende la oscuridad del poeta apoyándose en el rango superior que le conceden las teorías sobre su origen divino, el furor poético y el elitismo de su arte; ver un comentario se este pasaje en Azaustre, 2015, pp. 85-86.</note>.</p>
      <p>Y es digno de no moderado sentim<emph>ien</emph>to ver cuán en general se permite tratar estas letras y poner documentos y censuras en ellas sujetos tales, que no habían de atreverse a nombrar sus autores<note place="bottom">El sentido del pasaje es: 'Y es digno de gran pena el que se permita que traten estas letras (poesías), y que escriban documentos y censuras sobre ellas sujetos tales que no deberían atreverse siquiera a nombrar a los autores de estos poemas’.</note>. Y son estos los que tienen osadía para emendarlos, y tal vez la toman para reprobar lo que no les agrada en ellos. ¡Oh, miserable Poesía! ¡Cuánto has per- <pb n="fol. 92r"/> dido de tu primitivo decoro, siendo tú la que fuiste constituida para deleitar los oídos de los dioses!</p>
      <p>Y pregunto: si el poeta escribiese con la misma claridad, frases y modos que habla el vulgo, sin realzar y enoblecer el estilo con los perífrasis, metáforas, locuciones y colores retóricos, no desviándose de lo humilde y general, ¿en qué sería diversa la poesía de la prosa, qué ornato podría alcanzar, o en qué se distinguiría el poeta del orador y del pueblo sino en el número?<note place="bottom">De manera muy certera, Ponce diferencia aquí el estilo del poeta y del orador. La distinción tiene una gran trascendencia, pues en la polémica gongorina a menudo se usaron autoridades retóricas para censurar los que se consideraban excesos en el estilo de Góngora. Sin embargo, es una constante de las gramáticas y las retóricas reconocer el estatuto especial del poeta y su particular y más complejo uso del lenguaje; en ello se fundamenta la distinción entre vicios del lenguaje y licencias poéticas, y la excepción que los rétores hacen de los poetas a la hora de recomendar a los oradores moderación en el uso de tropos y figuras. Como dice Ponce, si esta distinción no existiese, el poeta solo se distinguiría por su particular uso del<emph> numerus</emph> que lo dispone en pies métricos. Más detalles en la introducción (apdo. 6), Pérez Lasheras, 2009, pp. 78-92; Daza, 2010 y 2014a; Azaustre, 2013 y 2015, pp. 86-87.</note></p>
      <p>Y desviándose de lo común con heroicos realces y poéticas locuciones, convinientes al furor divino de los versos, ¿cómo será <pb n="fol. 92v"/> posible que la poesía sea clara, fácil y intelegible, pues el efecto de las translaciones<note place="bottom">Con la voz <emph>translación</emph> (<emph>translatio</emph>) se suele hacer alusión a la metáfora o, en general, al tropo como sustitución de una voz propia por otra figurada que se pone en relación con ella. Es una transgresión de la <emph>proprietas</emph>, más o menos moderada artísticamente, y de la que los poetas hacen un uso más extremo.</note>, fábula, imitación y voces supremas es necesariamente la oscuridad? Y veremos ser esto así tomando por ejemplo un lugar desta silva en que, usando de una figura retórica que llamamos hipérbole<note place="bottom">En retórica, la hipérbole se estudia dentro de los tropos, pero también como figura de pensamiento. Es un tropo por exageración que magnifica o minimiza un concepto al sustituirlo por una idea cuya equiparación con el primer término resulta exagerada (ver Lausberg, 1984, § 579, y Azaustre y Casas, 2015, p. 86). Entendida como figura de pensamiento, desarrolla diversos cauces de amplificación de la realidad a través de su exageración: <anchor xml:id="_Hlk65754717"/><emph>decens veri superiectio</emph> ('una razonable exageración de la verdad’), en palabras de Quintiliano (<emph>Institutio Oratoria</emph> 8, 6, 67); ver también Lausberg, 1984, §§ 909-910.</note> en el núm<emph>er</emph>o 77<note place="bottom">Ponce se refiere a su nota número 77, donde comenta los vv. 671-672 de la <emph>Soledad primera</emph>.</note>, y encareciendo la festividad de la música y bailes de los serranos, dice así: «Cruza el Trïón más fijo el hemisferio»<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 671.</note>. ¿Cómo, pues, podrá entender su concepto el que no supiere que comete aquí esta figura, lo que significa con ella <pb n="fol. 93r"/>, y que los triones son unas estrellas fijas cuyo movimiento es circular; y que, así, viene a ser encarecimiento decir que «cruzan el hemisferio», supuesto que no lo pueden hacer? Mas en cosa tan llana, escusada será más prueba, pues entenderá bien esta el docto y el ignorante por su mismo sentimiento<note place="bottom"><emph>sentimiento</emph>: «se llama también el dictamen, juicio u opinión que se hace de las cosas» (<emph>Autoridades</emph>).</note>.</p>
      <p>Y los que necesitan<note place="bottom">'obligan’; <emph>necesitar</emph>: «obligar y precisar a ejecutar alguna cosa» (<emph>Autoridades, s.v. necessitar</emph>).</note> la poesía a preceptos más religiosos, no la reducen a que sea compuesta con el estilo del pueblo, sino a que use de voces conocidas y tratables, sin restringirse a no ponerlas en términos que sean raros y diversos de lo vulgar<note place="bottom">Ponce establece esta precisión sobre el concepto de <emph>sermo humilis</emph>, esto es, la idea de que los enigmas, misterios y verdades sublimes de las Sagradas Escrituras requerían, en aras de la eficacia persuasiva, un estilo accesible. Ponce indica que ello no significaba necesariamente un estilo vulgar, sino comprensible. Sobre el concepto de <emph>sermo humilis</emph>, ver los clásicos trabajos de Auerbach, 1941 y 1944.</note>. Y advierto para adelante que las introducidas por <pb n="fol. 93v"/> su autor en esta silva son limitadamente 5<note place="bottom">Ponce trata aquí de la licencia del poeta para usar neologismos y cultismos, asunto que, como veremos, ocupa bastante extensión en su <emph>Discurso</emph>.</note>: <emph>venatorio</emph><note place="bottom">'de la caza'; <emph>Soledad primera</emph>, v. 230: «al venatorio estruendo».</note>, <emph>conculcado</emph><note place="bottom">'hollado'; <emph>Soledad primera</emph>, v.415: «conculcado hasta allí de otro ninguno».</note>,<emph> meta</emph><note place="bottom"><emph> Soledad primera</emph>, v. 581: «meta umbrosa al vaquero convecino»; v. 1037: «ser palios verdes, ser frondosas metas»; v. 1058: «que de una y otra meta glorïosa».</note>, <emph>gulosos</emph><note place="bottom"><emph> Soledad primera</emph>, v. 300: «tan golosos, que gime».</note>, <emph>bipartida</emph><note place="bottom"><emph> Soledad primera</emph>, v. 1019: «del pie ligero bipartida seña».</note>. Que si Arist<emph>óteles</emph>, en el cap<emph>ítulo</emph> 6 de la <emph>Poética</emph><note place="bottom">En esta sección de su <emph>Poética</emph> (1458a18-1459a16), Aristóteles señalaba varios recursos que procuraban una dicción excelente, y en todos ellos recomendaba moderación y equilibrio entre la grosera escasez de adorno lingüístico y la oscuridad de su exceso. Esta parte de la <emph>Poética</emph> fue muy citada en la polémica gongorina. Su búsqueda de equilibrio dio pie a que los defensores del estilo culto citasen los pasajes donde Aristóteles alababa las voces peregrinas y las metáforas, y los detractores aquellos donde censuraba el abuso de ellas. Como se ha indicado en la introducción (apdo. 6), Ponce cita aquí la parte que conviene a la defensa del estilo de Góngora, pero en la dedicatoria al conde de Salinas que precede a la anotación de la <emph>Soledad primera</emph> (fols. 35r-35v), reprodujo la parte que censuraba el exceso de estos recursos, pues se hacía eco allí de las censuras al poema que atribuía a los doctos. Otros autores que citaron pasajes de esta parte de la <emph>Poética</emph> en uno u otro sentido fueron Pedro Díaz de Rivas (<emph>Discursos apologéticos</emph>, p. 41), Francisco Fernández de Córdoba (<emph>Parecer sobre las Soledades</emph>, fol. 134r, p. 133 y <emph>Examen del Antídoto</emph>, ed. Artigas, p. 428; ed. Mancinelli, Pólemos, n. 615, 616, Almuzara, p. 223), Juan de Jáuregui (<emph>Discurso poético</emph>, ed. Romanos, p. 125-126, ed. Blanco, fol. 31v), Francisco de Quevedo (<emph>Prólogo a las obras de Fray Luis de León</emph> o <emph>Preliminares literarios a las poesías de fray Luis de León</emph>, ed. Schwartz y Fasquel pp. 18-21 y ed. Azaustre, pp. 130-134). Para el uso argumentativo de estas citas y el concreto que hace aquí Ponce, ver Azaustre, 2005, 2013 y 2015, p. 87.</note>, dice lo que los doctos refieren, hallarán que, en la misma parte consecutive<note place="bottom">Mantego la voz, que se documenta en el Siglo de Oro con el significado 'que va después’ (cfr. <emph>CORDE</emph>).</note> a aquella sentencia, dice: «Non populare quidem igitur faciet, et aliae dicte formae: propium autem claritudinem. non minimam autem partem conferunt, ut locutio aperta sit, et non popularis productiones et ablationes et immutationes nominum. quia enim hoc aliter se habet quam propium, cum factum <hi rend="u">sit contra id, quod consuetum</hi> reddet in oratione non bulgare genus<note place="bottom">La cita de Aristóteles (<emph>Poética</emph> 1458b) coincide, salvo una leve omisión al comienzo, con la de la edición de sus obras publicada en Basilea en 1563 (<emph>Stagiritae tripartitae philosophiae opera omnia absolutissima, ex optimis quibusque, maximè nouis interpretibus collecta...</emph> Basileae, per Ioannem Heruagium, Anno M. D. LXIII): «Non populare quidem igitur faciet, neque humile lingua &amp; translatio &amp; ornamentum, &amp; aliae dictae formae: proprium autem, claritudinem. Non minimam autem partem conferunt, ut locutio aperta sit, &amp; non popularis, productiones &amp; ablationes &amp; immutationes nominum. Quia enim hoc aliter se habet quàm proprium, cum factum sid contra id quod consuetum, reddet in oratione non uulgare genus» (p. 613) («pues la palabra extraña, la metáfora, el adorno y las demás especies mencionadas evitarán la vulgaridad y bajeza, y el vocablo usual producirá la claridad. / También contribuyen mucho a la claridad de la elocución y a evitar su vulgaridad los alargamientos, apócopes y alteraciones de los vocablos; pues por no ser como el usual, apartándose de lo corriente, evitará la vulgaridad», trad. V. García Yebra, Madrid, Gredos, 1974, cuyo texto latino se basa en la traducción de Riccoboni (1584) y la edición de Bekker, 1873).</note>». Y prosigue<note place="bottom">Aristóteles, <emph>Poética</emph> 1458b 15-30.</note> <pb n="fol. 94r"/> diciendo cuánto convenga el usar de figuras y realzados modos en los versos. Y pone por ejemplo de lo que los ilustran las metáforas y nombres compuestos dos yambos —uno de Esquilo y otro de Eurípides— sobre un mismo concepto; en los cuales —dice—, habiendo el uno, en vez del nombre propio, usado otro forastero, hizo que pareciese tan superior cuanto el otro bárbaro y humilde. Porque, en el <emph>Filoctete</emph>, Esquilo dijo: «Phagedaena quae mei carnes <hi rend="u">comedit</hi> pedis»; y Eurípides, en lugar de <hi rend="u">comedit</hi>, puso e<hi rend="u">pulatur</hi><note place="bottom">Reproduzco el pasaje (<emph>Poética</emph> 1458b 20-25) al que se refiere Ponce por la edición de la <emph>Poética</emph> (Basilea, 1563) mencionada arriba: «ceu cum eunde<emph>m</emph> iambicu<emph>m</emph> fecerit Aeschylus &amp; Euripides, uno utiq<emph>ue</emph> tantu<emph>m</emph> nomine immutato, locoq<emph>ue</emph> propii consueti posita lingua. hoc quide<emph>m</emph> apparet pulchru<emph>m</emph>, hoc aute<emph>m</emph> humile. Aeschylus quide<emph>m</emph> enim in Philoctete cecinit: Phagedęna quae mei carnes comedit pedit. hic aut pro comedit, epulatur posuit» (p. 613) («así, habiendo compuesto el mismo verso yámbico Esquilo y Eurípides, que sustituyó un solo vocablo poniendo en vez del usual y corriente una palabra extraña, un verso resulta hermoso, y vulgar el otro. Esquilo, en efecto, había escrito en el <emph>Filoctetes</emph> "una úlcera que come las carnes de mi pie", y Eurípides puso "devora" en vez de "come"», trad. V. García Yebra, 1974).</note>, con que enobleció la gravedad <pb n="fol. 94v"/> de una palabra el verso que por sí era humilde<note place="bottom">El sujeto es «la gravedad de una palabra»: 'la gravedad de una palabra ennobleció el verso que por sí mismo era humilde'.</note>.</p>
      <p>Pone Arist<emph>óteles</emph> otros tres ejemplos de Homero para mostrar cuánto importe poner en un lug<emph>a</emph>r más una especie de palabras que otra<note place="bottom">Aristóteles, <emph>Poética</emph>, 1458b 25-30. Los ejemplos de Homero pertenecen a <emph>Odisea</emph> 9, 511; <emph>Odisea</emph> 20, 259 e <emph>Ilíada</emph> 17, 265. García Yebra, 1974, p. 322, n. 312 a 323, explica las voces que aportan brillo a los versos en lugar de otras más comunes que habrían resultado prosaicas.</note>. Y Horacio<note type="app" rend="I"><emph> Oratio</emph> en el manuscrito.</note>, en esta conformidad, dice en el <emph>Arte poética</emph><note place="bottom">Horacio, <emph>Ars Poetica</emph>, vv: 55-58: «¿Por qué yo, si puedo aportar unas pocas, / soy criticado, cuando la lengua de Catón y de Ennio / enriqueció el idioma patrio e inventó nuevos nombres / de cosas?» (trad. F. Navarro Antolín, 2002).</note>:</p>
      <p>ego, cur acquiere pauca</p>
      <p>si possum, inuideor, cum lingua Catonis et Enni</p>
      <p xml:lang="en">sermonem patrium ditauerit et noua rerum</p>
      <p>nomina protulerit?,</p>
      <p>cuya aplicación y declaración remito para adelante.</p>
      <p>Y volviendo a lo que toca a la dificultad que resulta en la poesía de ser escrita en los términos y con los preceptos convinientes, el Boccaccio, en el 14 <pb n="fol. 95r"/> de la<emph> Geneal</emph>ogía<emph> de los dioses</emph>, dice:</p>
      <p>Los efectos de poético furor son conducir la mente en el ánimo de decir bien; imaginar raras y jamás oídas invenciones; ampliarlas y ornarlas, compuestas con un cierto raro y no común estilo de palabras supremas y sentencias divinas; y, debajo del velo de la fábula apropiada, esconder la conocida verdad<note place="bottom">Otro pasaje donde se muestra la deuda del <emph>Discurso</emph> de Ponce con el libro 14 de la<emph> Genealogia deorum gentilium</emph> de Boccaccio; aquí con su capítulo 7 («Quid sit poesis: &amp; unde dicta: &amp; quod officium est eius») («Qué es la poesía, de dónde recibe su nombre, cuál es su oficio»): «Huius enim feruoris sunt sublimes effectus, utputa mentem in desiderium dicendi compellere peregrinas et inauditas inuentiones excogitare, meditatas ordine certo componere, ornare compositum inusitato quodam uerborum atque sententiarum contextu, uelamento fabuloso atque decenti ueritatem contegere» (14, 7, ed. Basilea, 1532, pp. 360-361).</note>.</p>
      <p>Y así, es cosa notoria que si el poeta hablase como el plebeyo, sería fuerza que faltasen en la poesía las partes esenciales de ella, como son: la fábula<note place="bottom">«Pero la imitación de la acción es la fábula, pues llamo aquí fábula a la composición de los hechos, y caracteres, a aquello según lo cual decimos que los que actúan [los personajes] son tales o cuales» (Aristóteles, <emph>Poética</emph> 1450a 4-5); más detalles sobre este concepto en García Yebra, 1974, pp. 496-498.</note>, el número<note place="bottom">Como es sabido, en las lenguas cuantitativas el <emph>numerus</emph> regulariza la sucesión de largas y breves partiendo de unidades denominadas <emph>pies</emph>. Esa regularidad es mucho más precisa en la poesía, que somete sus versos a una disposición rígida de pies (<emph>metro</emph>). En las lenguas romances el concepto se trasladó a la distribución acentual, identificando la larga con tónica y la breve con átona.</note>, la consonancia<note place="bottom">Creo que debe entenderse en sentido general, como la «armonía que resulta de la unión acordada de dos o más voces, o del instrumento o instrumentos bien templados, cuyos sonidos agradables divierten y deleitan» (<emph>Autoridades</emph>). La acepción restringida la entendería como sinónimo de rima consonante.</note>, la cadencia<note place="bottom">También creo que debe entenderse en sentido general: «cierta medida y proporción que se guarda en la composición, así de prosa y versos, como en la pronunciación y modo de cantar. Úsase desta voz con especialidad en las composiciones métricas, de quienes se dice que tienen cadencia y armonía cuando están bien ejecutadas» (<emph>Autoridades</emph>). En métrica, se entiende también por <emph>cadencia</emph> el tiempo métrico que sigue al último acento.</note>, el ornato<note place="bottom">'adorno'. En retórica, el <emph>ornatus</emph> es una de las cualidades de la elocución, junto a la <emph>puritas</emph> y la <emph>perspicuitas</emph>. Sus constituyentes principales son los tropos, las figuras y la <emph>compositio</emph> fonética y sintáctica.</note>, la extensión<note place="bottom">'amplitud del poema y del desarrollo de su argumento'. Este concepto se desarrolla en la <emph>Poética</emph> de Aristóteles, donde se indica que será mayor en la epopeya que en la tragedia (García Yebra, 1974, p. 495).</note> y los supremos términos que requiere<note place="bottom">Con «supremos términos» entiendo que se refiere a las voces excelentes que requiere el poema.</note>. Y si la reduciesen <pb n="fol. 95v"/> a los preceptos de la claridad<note place="bottom">Término equivalente a la cualidad de la <emph>perspicuitas</emph>, a la que se opone la <emph>obscuritas</emph> que Ponce defiende como rasgo esencial en la poesía.</note>, no sería posible igualarse lo claro con lo poético, heroico, adornado y grave, que son opuestos por precisa<note type="app" rend="I"><emph> prescisa</emph> en el manuscrito.</note> ley. Y debía mirar quien pretende probar su opinión con autoridades de Tul<emph>io</emph><note place="bottom">Marco Tulio Cicerón.</note> y Quint<emph>ilian</emph>o, que ellos no dieron en sus escritos preceptos a los poetas ni trataron de perficionar el metro, sino la oratoria, cuya profesión tenían, y de que<note place="bottom">con valor relativo ('y de la cual [profesión]').</note> escribieron en sus retóricas<note place="bottom">Como ya hizo antes, Ponce vuelve a distinguir de manera muy certera entre el oficio del orador y el del poeta, y señala que las normas dadas por Cicerón y Quintiliano en sus retóricas se dirigían a los oradores, a quienes recomendaban una moderación en el <emph>ornatus</emph> de la que exceptuaban a los poetas.</note>. Que, según vemos en Arist<emph>óteles</emph> (lib<emph>ro</emph> 3, cap<emph>ítulo</emph> 4 de la suya), convienen a los versos las partes exquisitas de la difícil locución; más natural y licenciosamente<note place="bottom">El verbo que rige la oración es «convienen»; y su sujeto, «las partes exquisitas de la difícil locución».</note> al poeta que al retórico, a quien <pb n="fol. 96r"/> no permite usar de ellas: «Nam poetica locutio non humiles quidem est, set tamen solutae orationi comuenit<note place="bottom">Cito el texto de Aristóteles por la traducción latina publicada en Milán en 1550, que pudiera ser la que siguió Ponce: «nam pöetica locutio no<emph>n</emph> humilis quidem est, sed tamen solutae orationi non cónuenit» (<emph>Aristotelis Stagiritae, Rhetoricorvm libri III. Qvos M. Antonivs Maioragivs vertebat.</emph> Mediolani, Apud Valerium, &amp; Hyeronymum Metios, fratres, MDL, p. 348) («la [expresión] poética, en efecto, no es vulgar, pero tampoco es adecuada para el discurso», trad. Q. Racionero, Madrid, Gredos, 1990, pp. 486). Creo que es error de Ponce la omisión del adverbio <emph>non</emph>. Ponce usó esta misma cita y argumentación en su <emph>Epístola a Villamediana</emph>; ver Rozas y Quilis, 1961, p. 417, n. 2.</note>». Y prosigue: «quare peregrinam reddere oportet orationem: rex enim externas homines admirantur, quod autem gignit admirationem, suaue est ac in poetarum quidem scriptis multa sunt, qu<emph>ae</emph> hoc efficiunt: sed ibi ea conueniunt: nam res et personae, de quibus agunt poetae, valde à caeteris remot<emph>ae</emph> sunt. Sed in oratione soluta multo paucioribus uti licet ornamentis, cum etiam ipsum argumentum multo sit inferius<note place="bottom">El texto de Ponce coincide con el de la traducción latina antes mencionada: «quare peregrinam reddere oportet orationem: res enim externas homines admirantur; quod autem gignit admirationem suaue est. Ac in poëtarum quidem scriptis multa sunt, quae hoc efficiunt: sed ibi ea conueniunt; nam res, &amp; personae de quibus agunt poëtae, ualdè à caeteris remotae sunt. sed in oratione soluta multò paucioribus uti licet ornamentis; cùm etiam ipsum argumentum multò sit inferius» (Aristóteles, <emph>Rhetorica</emph>, I,. 3, cap. 4, Milán, 1550, p. 185) («Y por ello conviene hacer algo extraño el lenguaje corriente, dado que se admira lo que viene de lejos, y todo lo que causa admiración, causa asimismo placer. Ahora bien, la poesía tiene muchos recursos de esta clase, que le son ajustados (puesto que ella se sitúa en una mayor lejanía respecto de los temas y personas que trata en el discurso); pero, en cambio, en la prosa sencilla estos recursos son mucho más pequeños, porque también es más pequeño el tema de sus proposiciones», trad. Q. Racionero, 1990).</note>».</p>
      <p>Así que, si fue permitido a los filósofos escribir difícil y oscuro, y en la escritura santa <pb n="fol. 96v"/> está acreditada la profundidad de los términos, debe con razón ser loado en los poetas, supuesto que en ellos es —como hemos visto— natural, justo, conviniente y necesario el oscurecer más, usando de translaciones, frases y figuras más continuadas en sus escritos.</p>
      <p>Y ser en la poesía esta dificultad y exquisitos términos antiguos y observados de los varones insignes en ella nos dan claro testimonio sus mismas obras<note place="bottom">Parafraseo la sintaxis de Ponce: 'las mismas obras de los varones insignes en la poesía nos dan claro testimonio de que esta dificultad y términos exquisitos son antiguos y se cumplen en ella'.</note>, pues apenas hallaremos entre ellas una que no tenga excesiva dificultad y oscura inteligencia. Y discurriendo por mayor en ellas, veremos que<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Plaut.».</note> a Plauto es casi imposible <pb n="fol. 97r"/> entenderle bien; en Petronio Árbitro<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Petron. /arb.».</note> se ignora mucho por la variedad de juegos y acciones viles que cuenta, no comunes, sino que intervenían entre personas particulares; Séneca<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Senec.».</note>, en sus tragedias, es oscurísimo por la continuación de translaciones y perífrasis, como se verá en sus coros, donde no se halla voz propia<note place="bottom">Aquí <emph>voz propia</emph> quiere decir 'utilizada en su sentido recto'. El <emph>verbum proprium</emph> es aquel que designa habitualmente la realidad que nombramos (Lausberg, 1984, § 533).</note>; Estacio<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Stat.».</note>, en sus silvas y en muchos trozos de <emph>La Tebaida</emph>, no se deja tratar por la misma causa; Juvenal<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Jub.»</note> aún hoy no está entendido, ni sabemos los sujetos a quien satirizaba ni los vicios que reprehendía; Persio es inaccesible, y entre más de quince exposiciones y comentos <pb n="fol. 97v"/> que tiene de autores graves, casi todos son discordes<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Persio.».  Entre los muchos comentaristas que Persio tuvo desde la antigüedad, pueden señalarse Guarino de Verona, Cristoforo Landino, Bartolomeo della Fonte (Fontius), Angelo Poliziano, I. Britannicus, Badius Ascensius, S. Ferrarius, I. B. Plautius, Nebrija, I. Murmellius, Scoppa. Especialmente destacado es el comento de Isaac Casaubon (1605). Más detalles y bibliografía pueden verse en Amo Lozano, 1999, pp. 5-25.</note>, y con todos no hay quien se atreva a descubrir sus ocultos conceptos<note type="app" rend="I">Hay aquí una voz tachada, que parece <emph>conceptos</emph>, copiada dos veces por error.</note>, por la oscuridad profunda que tiene en el estilo, locuciones y alusión a los adagios y costumbres de la antigüedad, no solo romana, sino judía; Marcial padece<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Mart.».</note> la misma difícultad en muchos de sus epigramas, no alcanzadas hoy de Lipsio, Mureto y otros<note place="bottom">Los comentarios de Justo Lipsio a Marcial se recogen en varias de sus epístolas, y en la edición que del poeta latino llevó a cabo Petrus Srciverius: <emph>M. Val. Martialis Nova Editio. Ex Museo Petri Scriverii.</emph> (Leiden, 1619). Esta edición recoge también comentarios y notas de Josephus Justus Scaliger, Angelus Politianus, Johannes Rutgersius, Jovianus Pontanus, Joannes Brodaeus y Adrianus Turnebus. Por lo que se refiere a Marco Antonio Muret, acaso aluda Ponce a su conocido juicio negativo que de Marcial, como de Lucano y en general de los poetas españoles, expresó por haber corrompido la pureza de la lengua latina con su estilo. Esos juicios pueden encontrarse en la dedicatoria a Bernardino Lauredano que encabeza su edición comentada de Catulo (fols. 2v-3r en la edición de Venecia, Paulum Manutium, 1558; la primera edición es <emph>Catullus et in eum commentarius M. Antonii Muretti</emph>, Venetiis, apud Paulum Manutium, 1554). Ver también, entre otras posibles referencias, Gil, 2004, pp. 245-246. Este pasaje de Muret fue empleado por Espinosa Medrano en su <emph>Apologético</emph> (fol. 17v) orientándolo en favor del estilo de Góngora (ver la n. 593 de Hector Ruiz, 2017, donde precisa la edición manejada por Espinosa Medrano).</note>, como vemos en sus comentos sobre ellos; y sabemos que Scalígero le emienda porque no le entiende. Y lo mismo se puede considerar de <pb n="fol. 98r"/> Catulo y Tibulo, las <emph>Geórgicas</emph> del mayor poeta, y muchos trozos de Ausonio Gallo<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «.Catul. /.Tibul. / .Virg. / .Auson.».</note>.</p>
      <p>Y si miramos de los vulgares, el Dante, luz y honor de la Celeste<note place="bottom">La musa Urania, que era llamada también la Celeste, era la musa de la astronomía y la astrología.</note> y Talía<note place="bottom">Musa de la comedia y la poesía pastoril; se la conocía también por el nombre de la Festiva.</note>, cuyos versos encierran tan profundos misterios, tantas ciencias, historias y conceptos divinos, apenas ahora entendidos y alcanzados después de tan dilatado tiempo y estudio, ¿qué se ha hecho en ellos? Porque escribió de manera que fue necesario comentarse a sí mismo sobre tres canciones que hizo de la natural y moral filosofía<note place="bottom">La filosofía natural se ocupa de la «esencia, propiedades, causas y efectos de las cosas naturales», mientras la filosofía moral atiende a «la bondad o malicia de las acciones humanas, enseñando las que se deben abrazar y las que se deben huir, y explicando la naturaleza de las virtudes y vicios» (<emph>Autoridades</emph>).</note>; y su comento es un raro y superior libro, intitulado <emph>El amoroso convite</emph><note place="bottom">Se refiere a <emph>Il Convivio</emph> de Dante; en su tratado segundo se comenta la canción «Voi che'ntendendo il terzo ciel monte»; en el tercero, la canción «Amor che ne la mente mi ragiona»; en el cuarto, «Le dolci rime d’amor ch'io solia».</note>. <pb n="fol. 98v"/> Y la primera canción de ellas tiene este fin<note place="bottom">Es, en efecto, la <emph>tornata</emph> que cierra la canción «Voi che'ntendendo il terzo ciel monte», la cual se comenta en el tratado segundo de <emph>Il Convivio</emph>. </note>:</p>
      <p>Canzon’ io credo che saranno radi,</p>
      <p>color che tua ragione intendan bene</p>
      <p>tanto lor parli faticosa &amp; forte</p>
      <p>onde se per ventura ell’ adiuiene</p>
      <p>che tu dinanzí da persone vadi</p>
      <p xml:lang="en">che non ti paian d’essa bene accorte</p>
      <p>allhor ti priego che ti riconforte</p>
      <p>dicendo lor dilleta mia nouella</p>
      <p>ponete mente almen com’ io son bella<note type="app" rend="I">La <emph>b</emph> de <emph>bella</emph> parece escrita sobre una <emph>v</emph>. </note>,</p>
      <p>cuyas palabras contienen todo lo que el autor de n<emph>uest</emph>ra silva pudiera poner al pie de ella, diciéndola: «Yo creo, Soledad mía<note place="bottom">Ponce traduce la tornata de la canción de Petrarca y modifica el apelativo, sustituyendo la voz <emph>canción</emph> por el nombre del poema de Góngora. Como me recuerda mi amigo y colega José Manuel Rico García, de haber conocido Ponce el soneto de Góngora «Restituye a tu mudo horror divino», de 1615, tal vez lo hubiese utilizado en esta parte de su comentario.</note>, que serán raros los que entiendan bien tus conceptos, según les hablas <pb n="fol. 99r"/> riguroso y grave; mas si, por d<emph>ic</emph>ha, sucede que llegues a manos de sujetos tales que no te juzguen perfeta, ruégote que, satisfecha<note type="app" rend="I"><emph> satifecha</emph> en el manuscrito. </note> de ti misma, les digas que, al menos, miren cuán bella eres».</p>
      <p>Del Petrarca, <emph>oratio</emph> vulgar<note place="bottom">'en lengua vulgar', para distinguirla de la obra latina de Petrarca. Recuérdese que, poco antes, Ponce ha iniciado una sección donde pondera la dificultad en los versos de muchos poetas en lengua vulgar: «Y si miramos en los vulgares...» (fol. 98r).</note>, tenemos muchas partes en sus <emph>Rimas</emph><note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «Petrarc.». </note> sin la debida inteligencia, por su mucha dificultad y cifrados conceptos. Y en ellas se halla una canción escrita con tal estilo, que es imposible entender partes de ella; cuyo principio es este:</p>
      <p>Mai non vo piu cantar com’ io solea</p>
      <p>che altri non m’ intenda<note place="bottom"><space/>Es la canzone 105, considerada «la piú enigmatica del <emph>Canzoniere</emph>» (Lanutti, 2012, p. 603).</note>.</p>
      <p>Y en la 2 estancia:</p>
      <p><pb n="fol. 99v"/> Intendame chi pò, che m’ intend’ io<note place="bottom">Segunda estancia, v. 17 de la canzone 105.</note>.</p>
      <p>Y más abajo:</p>
      <p>Forse ch' ogni huom chi legge no<emph xml:lang="en">n</emph> s’ intende,</p>
      <p>é la rete tal tende, che non piglia</p>
      <p>e chi troppo assotiglia si scavezza<note place="bottom">Cuarta estancia, vv. 46-48 de la canzone 105.</note>.</p>
      <p>De suerte que no es concedido a todos el entender las obras de los que, colmados de ingenio y ciencia, escriben en términos no comunes.</p>
      <p>Al Beniveni florentino<note place="bottom">Girolamo Benivieni (1453-1542), poeta florentino que se movió en la corte de Lorenzo de' Medici. Destacó por su poesía religiosa y alegórica, que ofrece huellas de Poliziano y de las églogas de Teócrito y Mosco (a quien adaptó en su poema <emph>Amore</emph> partiendo de la versión latina de Poliziano). Escribió además un <emph>Cantico in laude di Dante</emph>, que se incluyó en la edición de la<emph> Commedia</emph> publicada en Florenzia, Filippo Giunta, 1506. Suya es también una <emph>Bucólica</emph> que se publicó en 1481/82 (Elvira, 2015, n. 216). El Abad de Rute lo menciona en su <emph>Parecer</emph> (fol. 139r) entre los poetas que escribieron bucólicas con un estilo claro y adecuado al asunto que trataban. Ello corrobora el frecuente uso de los autores en función de los intereses del comentarista. Sobre la figura de Benivieni, ver el clásico trabajo de Caterina Re, 1906.</note>, doctísimo varón<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Beni / ueni.». </note>, le comentó otras canciones el conde Jul<emph>i</emph>o Picco Mirandulano<note place="bottom">Es el conocido humanista italiano Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494). Tuvo una gran amistad y estrecha relación con Girolamo Benivieni, quien le dedicó varios poemas.</note>, que empiezan: «Amor dalle cui man sospes il freno»<note place="bottom">Es el primer verso de la <emph>Canzona dell’ amore celeste e divino</emph>, de Girolamo Benivieni, poema inspirado en el comentario de Marsilio Ficino (<emph>De amore</emph>) al <emph>Banquete</emph> de Platón. Pico della Mirandola escribió un comentario a esa canción, probablemente en 1486: <emph>Commento sopra una canzone d’amore di Girolamo Benivieni</emph>. Este comentario fue enviado al propio Marsilio Ficino, quien hizo algunas observaciones al mismo, pues mostraba discrepancias con algunos de sus presupuestos filosóficos.</note>; que son de tan profunda oscuridad, <pb n="fol. 100r"/> que escribió tres libros para su declaración<note place="bottom">El texto de Pico della Mirandola originariamente constaba de una introducción general de corte neoplatónico y dividida en tres libros, seguida de un comentario de las estancias de la canción. Esta organización fue alterada por Girolamo Benivieni y Biagio Buonaccorsi (1472-<emph>c</emph>. 1525), notario de la cancillería de la República de Florencia que contrajo matrimonio con la sobrina de Marsilio Ficino; fue amigo de Maquiavelo y Benivieni, y colaborador de la imprenta florentina de Giunta. Dicha modificación del comentario de Pico della Mirandola consistió en eliminar las referencias más polémicas a Ficino para suavizar las discrepancias, refundir los originales libros 2 y 3, colocar el poema al final del nuevo libro 2 y denominar libro 3 al comentario del poema. Con esos cambios, el poema y el comento fueron incluidos en las ediciones de las <emph>Opere</emph> de Benivieni impresas en Florencia (Giunta, 1519) y Venecia (Zoppino, 1522). Más detalles sobre este texto en Garin, 1942; Ridolfi, 1964; Jayne, 1984; Di Benedetto, 2010; Miró Martí 2006, pp. 14-22; Dougerty, 2008, pp. 83-86.</note>.</p>
      <p>Y entre los de nu<emph>est</emph>ro romance, el venerado Juan de Mena dejó necesitadas sus obras<note place="bottom"><space/>NDA En el margen izquierdo, Ponce anota: «Ju' de / mena.».</note> de las notas que hoy nos las declaran<note place="bottom">Juan de Mena escribió un comentario en prosa a su poema<emph> La coronación del marqués de Santillana</emph>, cuyo prólogo copia Ponce en los folios finales del manuscrito. El <emph>Laberinto de Fortuna</emph> conoció los destacados comentarios de Hernán Núñez en 1499 y del Brocense en 1582. Además, los usos lingüísticos de Juan de Mena aparecían en el <emph>Vocabulario español-latino</emph> y la <emph>Gramática castellana</emph> de Nebrija para ilustrar voces y vicios gramaticales que eran considerados licencias en el ámbito del poeta. Más detalles en Jiménez Calvente, 2002, y Casas Rigall, 2010, pp. 30-38. Añádase un conjunto de tempranas glosas manuscritas del <emph>Laberinto</emph> que, en su origen, apuntan indicios de un autocomentario del propio Mena, luego refundido; para su filiación, estudio y edición de su texto, ver el cuidado trabajo de Casas Rigall, 2016. Sobre la presencia de Juan de Mena en los textos de la polémica gongorina, ver, entre otros, Matas Caballero, 1992; Álvarez Amo, 2016; Osuna Cabezas, 2016; Daza, 2021.</note>. Y no con menos dificultades lucen y son estimadas las del Divino Herrera y don Diego de Mendoza<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «"D. her. / Mend.». Se refiere a Fernando de Herrera y Diego Hurtado de Mendoza. </note>, flores de nu<emph>est</emph>ra España, que si bien no son tan oscuras como esta silva, lo son mucho. Y que ella<note place="bottom">Con el pronombre «ella» se refiere a la silva escrita por Góngora, la <emph>Soledad primera</emph>. A partir de aquí, y a lo largo de dieciséis líneas, se colocan unas " al comienzo de cada una de ellas, parece que con la intención de resaltar este pasaje. Los comienzos de línea son: "lo sea, "culpable, "tan realzada, "principios, "exceder, "asombro, "penas, "la Perfeccion, "que està reducida, "pañola, "mira, "hombres famosos, "faltos, "subtileza, "ya no nos agrada, "que los exceden.</note> lo sea más no es en ningún modo culpable, pues hoy están estas letras tan realzadas y diversas de sus principios, que quien no procura exceder ahora a los que fueron asombro de la edad pasada, apenas es conocido en esta, por <pb n="fol. 100v"/> la perfección y grandeza a que está reducida<note place="bottom"><emph>reducida</emph>: 'convertida'.</note> la poesía española; que es increíble a quien mira los escritos de aquellos hombres famosos, hallarlos tan faltos de la pureza de estilo y sutileza de conceptos, que aun ya no nos agrada en muchos que los exceden. De suerte que n<emph>uest</emph>ro autor, habiendo de cumplir con el predicamento<note place="bottom"><emph>predicamento</emph>: "dignidad, opinión, lugar o grado de estimación en que se halla alguno, y la ha merecido por sus obras" (<emph>Autoridades</emph>).</note> que tiene, es justo que en sus obras sea tan singular como en la opinión. Y habiendo de serlo en algo, ha de ser diverso de lo que es común a todos, siendo más superior, raro y difícil en lo que escribe<note place="bottom">En este pasaje, Ponce defiende la oscuridad de la <emph>Soledad primera</emph> con un razonamiento que pondera el presente de la poesía española como una verdadera edad dorada. En este contexto, incluso los versos de los destacados poetas de otros tiempos resultan «faltos de pureza de estilo y sutileza de conceptos». En consecuencia, quien, como Góngora, desee destacar en esta edad presente, no solo deberá superar a las grandes plumas del pasado, sino también a sus contemporáneos, y habrá de buscar esa singularidad en la mayor dificultad y oscuridad de sus versos.</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 101r"/> Y porque mejor se pruebe la licencia que tiene el poeta il<emph>ustr</emph>e para inventar nuevas voces y frases ampliando su natural idioma<note place="bottom">El uso de cultismos, voces nuevas y foráneas es uno de los aspectos centrales en este <emph>Discurso</emph>, y también centra la <emph>Epístola a Villamediana</emph>, que se fecha entre 1617 y 1622, y con la que presenta muchas coincidencias. Es probable que primero Ponce tratara el tema en este discurso, y luego profundizara en él tras la aparición del <emph>Faetón</emph> de Villamediana en 1617; más detalles en la introducción (apdo. 6) y en Azaustre, 2015, pp. 88-90.</note>, para que se entienda no haber excedido los preceptos del arte n<emph>uest</emph>ro poeta, lo fundaré en estos versos, donde Horacio<note type="app" rend="I"><emph> Oratio</emph> en el manuscrito.</note> trata toda esta materia diciendo<note place="bottom">Horacio, <emph>Ars Poetica</emph>, vv. 46-59 («Es más, si eres sutil y astuto al encadenar las palabras, / te expresarás con brillantez, cada vez que una ingeniosa asociación / convierta en novedosa una palabra conocida. Si acaso es necesario / designar las cosas ocultas con términos nuevos, / te tocará acuñar vocablos no oídos antes por los enfajados Cetegos / y se te concederá libertad, si las usas con moderación / y estas nuevas e inventadas palabras tendrán crédito / si proceden de una fuente griega, poco desfiguradas. Además / ¿por qué va a conceder el romano a Cecilio y a Plauto lo que niega / a Virgilio y a Vario? ¿Por qué yo, si puedo aportar unas pocas, / soy criticado, cuando la lengua de Catón y de Ennio / enriqueció el idioma patrio e inventó nuevos nombres / de cosas? Ha sido y será siempre lícito / forjar palabras acuñadas con el sello de la actualidad», trad. F. Navarro Antolín, 2002). Ponce recurrió a estos mismos versos del <emph>Ars Poetica</emph> en su <emph>Epístola a Villamediana</emph>; ver Rozas y Quilis, 1961, p. 420, n. 2.</note>:</p>
      <p>In verbis etiam tenuis, cautosque<note type="app" rend="I">Las ediciones del <emph>Ars poetica</emph> leen <emph>cautusque</emph>.</note> serendis</p>
      <p>dixeris egregie, notum si callida verbum</p>
      <p>reddiderit iuntura novum: si forte necesse est</p>
      <p>indiciis monstrare recentibus abdita rerum:</p>
      <p>fingere Cinctutis non exaudita Cethegis</p>
      <p>continget, dabiturq<emph>ue</emph> licentia sumpta pudenter.</p>
      <p>et noua, fictaq<emph>ue</emph> nuper habebunt<note type="app" rend="I">La <emph>t</emph> de <emph>habebunt</emph> parece añadida posteriormente, con trazo más oscuro y grueso.</note> verba fidem: si</p>
      <p>Graeco<note type="app" rend="I">En la parte superior de la línea, entre <emph>Graeco</emph> y <emph>fonte</emph>, se añade la palabra <emph>de</emph>, con el trazo más grueso y oscuro, similar a la corrección anterior en <emph>habebunt</emph>. La grafía de la <emph>d</emph> no parece la de Ponce, pero es difícil precisar la mano. La adición no concuerda con el texto habitual del <emph>Ars Poetica</emph>.</note> fonte cadant parce de torta. quid autem</p>
      <p>Caecilio, Plautoq<emph>ue</emph> dabit romanus, ademptum</p>
      <p>Vergilio, Varioq<emph>ue</emph>? Ego, cur acquiere pauca</p>
      <p>si possum, inuideor? cum lingua Catonis et Enni</p>
      <p xml:lang="en"><pb n="fol. 101v"/> Sermonem patrium ditauerit: et nova rerum</p>
      <p>nomina protulerit? Licuit, semperq<emph>ue</emph> licebit</p>
      <p>signatum praesente nota producere nomen.</p>
      <p>Dice, pues, en estos catorce versos: 'entendida la sentencia, será el poeta prudente y considerado en criar<note place="bottom"><emph>criar</emph>: como <emph>crear</emph>: «Producir algo de la nada» (<emph>Autoridades</emph>).</note> voces o palabras nuevas’; con lo cual cumplió n<emph>uest</emph>ro autor precisamente, pues fueron tan raras las que introduce en esta silva como arriba he dicho<note place="bottom">En efecto, en el fol. 93v, Ponce señaló que Góngora solo había utilizado cinco voces extrañas en su poema: <emph>venatorio, conculcado, meta, gulosos</emph> y <emph>bipartida</emph>.</note>. Y amonesta: <emph>dixeris egregie</emph>: 'tú dirás en excelente modo, fuera del estilo del vulgo'; <emph>si callida iunctura</emph><note place="bottom">La<emph> iunctura</emph> se preocupa de la correcta y armónica disposición de las palabras, de las sílabas y los sonidos cercanos para evitar combinaciones malsonantes. Se integra dentro del <emph>ornatus</emph> retórico, que está constituido por los tropos, las figuras y la <emph>compositio</emph>. Esta última se ocupa de dos grandes dimensiones: el orden de las oraciones y frases (sintaxis), y el de las palabras y sus constituyentes. En esta última dimensión se consideran, junto a la mencionada <emph>iunctura</emph>, el <emph>ordo</emph> (disposición de las palabras en la oración) y el<emph> numerus</emph> (disposición de la sucesión de largas y breves). Ver también Lausberg, 1984: §§ 954-976. Conde Parrado, 2019, estudia en detalle la posible consulta por parte de Góngora de los <emph>Epitheta</emph> de Ravisio Textor en diversas combinaciones (<emph>iuncturae</emph>) de epítetos y sustantivos.</note>: 'una conjunción de voces bien hecha, una composición de palabras con ingenio y prudencia'; <emph>reddiderit verbum notum</emph>: 'una palabra usada y conocida'; para cuya inteligencia, hemos de <pb n="fol. 102r"/> saber que las palabras, o son propias, o imitadas de otra lengua; y las propias, o son antiguas, o formadas de nuevo por el que escribe<note place="bottom">En el fol. 36r, Ponce ha citado un pasaje de Quintiliano (<emph>Institutio oratoria</emph>, 1, 5, 71) donde se refiere a esta cuestión; ver allí el texto y la nota al pie. Más detalles en Lausberg, 1984: § 533 y ss..</note>. Así que, si uno cría una voz nueva que sea compuesta de otras comunes en modo conviniente, le será lícito; como, por ejemplo, entre los latinos esta voz <emph>capra</emph>, y esta, <emph>genus</emph>, son notorias, y juntando ambas en una se hace esta palabra nueva <hi rend="u"><emph>c</emph><emph>aprigenum</emph></hi> o la voz <emph>semicapro</emph>, que está en esta silva, núm<emph>ero</emph> 28 <note place="bottom">El número remite a la nota 28 de Ponce a la <emph>Soledad primera</emph>; el verso en concreto es el 234: «armado a Pan o semicapro a Marte».</note>, compuesta de dos dicciones. Y en este modo creo que entiende Horacio<note type="app" rend="I"><emph> Oratio</emph> en el manuscrito.</note> que la unión forme palabras nuevas. Otros quieren que se entienda de las translaciones<note place="bottom">Se refiere aquí al sentido figurado dado por los tropos a la significación habitual de una voz; como se ha dicho, el término <emph>translación</emph> hacía referencia a la metáfora y, en general, al conjunto de los tropos. Esta doble interpretación del pasaje de Horacio se recoge también en el comentario del <emph>Ars Poetica</emph> realizado por el teólogo granadino Juan Villén de Biedma, en el que Ponce parece haberse inspirado en varios pasajes: «Ello se puede entender en vna de dos maneras, o que de dos palabras se haga vna: como si pongamos exemplo, {leuisonus, herbi pote<emph>ns</emph>, legislator.} y en nuestro Castellano, primauera, agricultura, y odorifero, que son vocablos compuestos de dos palabras, y dizen vna significacion; o que de junta de muchas palabras, resulte vn solo sentido, como para significar la primauera, dize Horacio en sus Odas libro 4. Oda 7. [Diffugere niues; reddeunt iam gramina campis; arboribusq<emph>ue</emph> comae] de las quales vsa Horacio metaforicamente para significar el Verano» (<emph>Q. Horacio Flacco poeta lyrico latino. Sus obras con la declaracion Magistral en lengua Castellana. Por el Doctor Villen de Biedma...</emph>, Granada, por Sebastián de Mena, año 1599, fol. 311r). Sobre este comentario de fines del XVI, ver Campo López, 2002.</note>, desta suerte: que se tomen nombres <pb n="fol. 102v"/> comunes de una cosa para significar otra diversa; <emph>verbi gratia</emph>: yo quiero decir que ha vuelto la primavera; y no queriendo decir <hi rend="u"><emph>ver redit</emph></hi> con sus palabras propias, diré, con otras notorias que juntas hagan un modo nuevo, <emph>difugere nives. redeunt iam gramina campis, arboribusq</emph>ue<note place="bottom" resp="author">Se añade aquí una marca # que remite a la parte superior de la línea, donde se copia, con tinta algo más oscura, la voz <emph>comae</emph>. Es posible que la corrección sea del propio Ponce. Se completa así la cita de Horacio, <emph>Carmina</emph>, 4, 7, vv. 1-2: «Diffugere niues, redeunt iam gramina campis / arboribusque comae» («Se fueron las nieves, ya vuelve la yerva a los campos y al árbol / su cabellera», trad. M. Fernández-Galiano, 1990). </note>. De suerte que, siendo todas estas palabras conocidas, por estar juntas con artificio no significan lo que dice su propio sentido, sino diversamente; porq<emph>ue</emph> no se entiende por ellas que las nieves han huido, ni que la grama<note place="bottom"><emph>grama</emph>: «Hierba que produce unos ramillos que se extienden por la tierra, divididos de trecho a trecho, por ciertos nudos o coyunturas. Echa muchas raíces compartidas también con nudos» (<emph>Autoridades</emph>).</note> ha vuelto a los campos, ni las hojas a los árboles, sino que ha <pb n="fol. 103r"/> vuelto la primavera.</p>
      <p>Y aceptando cualquiera destas sentencias<note place="bottom">Es decir, que se puedan usar voces nuevas creándolas por composición de otras conocidas, o bien otorgándoles un significado nuevo, distinto del habitual.</note>, hallaremos en favor de n<emph>uest</emph>ro poeta que pudo, sin alterar los preceptos del arte ni exceder de su licencia, inventar nuevas voces y fórmulas compuestas, como en las que dice «clavijas de marfil»<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «nº. 40.». Se refiere a su nota 40, donde parafrasea los versos 335-349 de la <emph>Soledad primera</emph>. Este pasaje fue también parafraseado al margen por el corrector de comentario de Ponce, al que este último contestó. Ver lo dicho en la nota 676. Con «clavijas de márfil» se alude a la metáfora del v. 346: «que, en las lucientes de marfil clavijas,».</note> a los dedos de la serrana, y «cuerdas de negras guijas» a las pizarras<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 347: «las duras cuerdas de las negras guijas».</note>, «cítaras de pluma» a las aves<note place="bottom"><emph>Soledad primera</emph>, v. 556: «Pintadas aves, cítaras de pluma».</note>, «centellas de cristal» al agua<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «nº. 66.». Se refiere a la nota que lleva ese número, donde comenta los vv. 550-555 de la <emph>Soledad primera</emph>. Con «centellas de cristal» alude a la metáfora del v. 578: «centellas saca de cristal undoso». Probablemente Ponce la incluye en el nº 66 porque su nota 67 (y la sección correspondiente de la <emph>Soledad primera</emph>) comienza en el v. 581 («meta umbrosa al vaquero convecino»), por lo que el v. 578 se corresponde con el nº 66 en el sistema de anotación y división del poema.</note>, y «sierpes de aljófar» en el n<emph>úmer</emph>o siguiente<note place="bottom">El número siguiente sería el 67, que en la copia de la <emph>Soledad primera</emph> abarca los vv. 581-599. Por ello Ponce relaciona esta nota con la metáfora «sierpes de aljófar», que se sitúa en el v. 599 («sierpes de aljófar, aun mayor veneno»). No obstante, la posterior nota nº 67 se centra en el v. 581 («meta umbrosa al vaquero convecino»), pues en ella se justifica la licitud de la voz<emph> meta</emph>. La referencia a «sierpes de aljófar» se corresponde más bien con la nota 68, donde Ponce comenta, bajo el marbete «Sierpes de Ponto», los vv. 599-600 («sierpes de aljófar, aun mayor veneno / que a las del Ponto, tímido, atribuye,»).</note>. Y así mismo, pudo usar de translaciones diciendo «espumoso coral» a la sangre<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «Dedic.», pues la referencia corresponde al v. 12 de la «Dedicatoria al duque de Béjar» que encabeza la <emph>Soledad primera</emph>: «espumoso coral le dan al Tormes».</note>, «Libia de ondas» al mar<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «n. 3.» Alude a la anotación 3 de la copia de la <emph>Soledad primera</emph> (fol. 5r-5v), que abarca los vv. 14-27. La referencia a la «Libia de ondas» se sitúa en el v. 20: «que a una Libia de ondas su camino».</note>, «golfo de sombras» a la campaña oscura<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota «n. 7.» Se refiere a la anotación 7 de la copia de la <emph>Soledad primera</emph> (fol. 6r), que comprende los vv. 52-61. La metáfora «golfo de sombras» se encuentra en el v. 61: «golfo de sombras anunciando el puerto».</note>, y los demás de estos modos.</p>
      <p><pb n="fol. 103v"/><emph>Si forte necesse est</emph>: 'si, por suerte, es necesario con indicios o con palabras nuevas significar el oculto concepto, fingiendo voces nunca oídas de los doctos —que aquí entendemos por <emph>Cetego</emph>, a quien pone Tul<emph>io</emph> en el <emph>Bruto</emph> en el núm<emph>er</emph>o de los oradores<note place="bottom">Cicerón afirma que Marco Cornelio Cetego fue el primero de quien consta haber sido elocuente, y destaca los elogios que sobre él hizo Quinto Ennio; Cicerón, <emph>Brutus</emph>, 57-60: «Quem uero exstet et de quo sit memoriae proditum eloquentem fuisse et ita esse habitum, primus est M. Cornelius Cethegus, cuius eloquentiae est auctor et idoneus quidem mea sententia Q. Ennius, praesertim cum et ipse eum audiuerit et scribat de mortuo; ex quo nulla suspicio est amicitiae causa esse mentitum. [<anchor xml:id="58"/>58] Est igitur sic apud illum in nono, ut opinor, annali […]» («Pero el primero del que la tradición nos ha legado tesimonios ciertos de su elocuencia y de su condición de orador fue Marco Cornelio Cetego: su elocuencia la atestigua Quinto Ennio y, a mi entender, mejor que nadie, sobre todo porque llegó a oírle en persona y escribe cuando Cetego ya había muerto. No hay, pues, motivos para pensar que mintiera por amistad. Así habla de él en el libro noveno, creo, de los <emph>Anales</emph> […]», trad. M. Mañas Núñez, Madrid, Alianza Editorial, 2000).</note>—, esta licencia se dará siendo usadas con prudencia; porque así, tendrán autoridad si descindieren<note place="bottom">Así en el manuscrito. Mantengo la vacilación vocálica, que se registra en la época (cfr. <emph>CORDE</emph>).</note> de la fuente griega —que entre nosotros se entenderá lo mismo de la latina—, ingeniosa y cultamente traídas. Porque el pueblo romano, ¿qué cosas permitio a Cecilio<note place="bottom">Es el comediógrafo Marco Cecilio Estacio (c. 230-167). Junto a Plauto, mencionado luego, destacan en el género de la comedia <emph>palliata</emph>.</note>, poeta, y a Plauto, que se las niegue ahora a Virg<emph>ilio</emph>?'.</p>
      <p>Hace aquí un argumento<note type="app" rend="I">La <emph>r</emph> se escribió en la parte superior de la línea.</note> de la mayor<note place="bottom"><emph>argumento de la mayor</emph>: se refiere al<emph> locus a maiore ad minus</emph>, argumento que prueba lo menos desde lo más; ver Azaustre y Casas, 2015, p. 38. El pasaje de Ponce guarda cierta semejanza con el comentario a estos versos de Horacio hecho por Juan Villén de Biedma: «Es argumento de mayor a menor, y quiso dezir, que si los Romanos dieron licencia a Cecilio y a Plauto, no siendo los mejores Poetas del mundo, menos la podia<emph>n</emph> negar a Virgilio, y a Vario, que fueron la prima de los Latinos: para q<emph>ue</emph> pudiessen inuentar nueuas palabras, y de otras lenguas introduzirlas» (fol. 311v, en <emph>Q. Horacio Flacco poeta lyrico latino. Sus obras con la declaracion Magistral en lengua Castellana. Por el Doctor Villen de Biedma...</emph>, Granada, 1599). </note>, y dice: ‘si el pueblo <pb n="fol. 104r"/> romano ha concedido a Cecilio y a Plauto fingir palabras nuevas, mucho más debe concederlo a Virg<emph>ili</emph>o y Varo<note place="bottom">Lucio Varo Rufo (74 aC-14 aC), poeta romano contemporáneo de Virgilio y Horacio. Fue alabado por ambos como poeta épico, aunque no se conserva su obra, salvo algunos fragmentos. Entre sus obras se menciona un panegírico a Augusto y la tragedia <emph>Thyestes</emph>, alabada por Quintiliano (<emph>Institutio Oratoria</emph>, 10, 1, 98): «Iam Vari Thyestes cuilibet Graecarum comparari potest» («La tragedia <emph>Tiestes</emph> de Vario puede ya igualarse a cualquiera de las griegas», trad. A. Ortega Carmona, 1997).</note>, que los imitan’; que, ajustado a n<emph>uest</emph>ro intento, diremos<note place="bottom">Entiendo: ‘argumento que, adaptado al asunto que tratamos, es el siguiente’.</note>: que si las edades pasadas permitieron a infinitos autores el criar voces nuevas en su idioma y usar de translaciones esquisitas en él, ¿por qué no se ha de permitir a n<emph>uest</emph>ro poeta que haga lo mismo en el suyo, imitando a los pasados y introduciendo, como ellos de la griega en la latina suya, él de la latina en la española n<emph>uest</emph>ra las frases, <emph>translationes</emph> y gramática, de que resulte la extensión, nobleza y ornato que tiene en sus divinos versos?</p>
      <p><pb n="fol. 104v"/> Y de que entre los latinos famosos fuese común hacer esto tenemos mil ejemplos en sus escritos; como vemos en Lucrecio<note place="bottom">Todo este pasaje sobre la licencia del poeta para usar voces nuevas, hasta «mestum caepe», está tomado de los <emph>Saturnalia</emph> de Macrobio (6, 4 y 6, 5), como ya indicaron Rozas y Quilis, 1961, pp. 420-421. En estos pasajes, Macrobio ofrece diversos ejemplos de autores latinos que usaron préstamos del griego, o diversas creaciones léxicas por composición o translación. Ponce utilizó estos lugares de Macrobio en la <emph>Epístola a Villamediana en defensa del léxico culterano</emph>, que se fecha entre 1617 y 1622.</note>, que dijo: «<emph>Daedala tellus</emph>»<note  type="app" rend="I"><emph>dellus</emph> en el manuscrito, por error; en la <emph>Epístola a Villamediana</emph> (Rozas y Quilis, 1961, p. 420) se lee <emph>tellus</emph>, como en Macrobio. <emph>Saturnalia</emph> 6, 4, 20 («quia Lucretius dixerat: daedala tellus», «porque Lucrecio había dicho: la dedalea tierra», trad. F. Navarro Antolín, Madrid, Gredos, 2010); los versos de Lucrecio donde usa esa expresión se hallan en <emph>De rerum natura</emph> 1, v. 7 y 1, v. 228; <emph>daedalus</emph> es un préstamo del griego <emph>daídalos</emph> ('industrioso').</note> et «<emph>reboant</emph>»<note place="bottom"> Macrobio, <emph>Saturnalia</emph>, 6, 4, 21: «quia est apud Lucretium: nec cithara reboant laqueata aurataque tecta» («porque se lee en Lucrecio: Ni devuelven el eco de la cítara vigas artesonadas y guarnecidas de oro», trad. F. Navarro Antolín, 2010). La cita de Lucrecio se halla en <emph>De reum natura</emph>, 2, v. 28: «nec citharae reboant laqueata aurataque templa». Como indica Navarro Antolín, 2010, p. 554, n. 248, «<emph>Reboant</emph>, "devolver el eco", del verbo <emph>re-boo</emph>, es préstamo griego, <emph>boáo</emph>, sobre el modelo de <emph>re-sonare</emph>».</note>, que fueron palabras nuevas: «<emph>Nec cythara</emph><note type="app" rend="I"><emph> cythar</emph> en el manuscrito; en la <emph>Epístola a Villamediana</emph> y en Macrobio se lee<emph> cithara</emph>. </note> <emph>reboant laqueata</emph><note type="app" rend="I"><emph> laq[ue]</emph> en el manuscrito; en la <emph>Epístola a Villamediana</emph> y en Macrobio se lee<emph> laqueata</emph>.</note> <emph>aurataq</emph>ue<emph> tecta</emph><note type="app" rend="I"><emph> tecta</emph> es lectura de Macrobio. Como se ha indicado, en Lucrecio se lee <emph>templa</emph>.</note>».</p>
      <p>Accio, poeta<note place="bottom">Lucio Accio (170 aC-c. 84 aC), poeta trágico romano de cuya obra se conservan fragmentos. El que cita Ponce a través de Macrobio se conserva en los <emph>Saturnalia</emph> (6, 5, 2), que lo sitúa en la tragedia de Accio <emph>Philoctetes</emph>, de la que solo nos han llegado algunos pasajes a través de diversos autores.</note>, llama a Vulcano «<emph>Mulciberum</emph>», donde dice:</p>
      <p>Heu Mulciber<note place="bottom">Macrobio, <emph xml:lang="en">Saturnalia</emph> 6, 5, 2: «Mulciber est Vulcanus, quod ignis sit et omnia mulceat ac domet. Accius in <emph>Philoctete</emph>: heu Mulciber! / arma ignavo invicta es fabricatus manu» («Múlciber es Vulcano, porque es el fuego y todo lo ablanda (<emph>mulceat</emph>) y lo domeña. Accio en <emph>Filoctetes</emph>: "¡ay!, Múlciber, / con tu mano fabricaste armas invictas para un cobarde», trad. F. Navarro Antolín, 2010). <emph>Mulciber</emph> ('aquel que ablanda el hierro') es un compuesto formado a partir de<emph> mulceo</emph> y <emph>ferrum</emph>.</note></p>
      <p>arma ignauo inuita fabricatus est<note type="app" rend="I"><emph> est</emph> en el manuscrito; <emph>es</emph> en la <emph>Epístola a Villamediana</emph> y en Macrobio. En la <emph>Epístola a Villamediana</emph>, el orden de la secuencia es «es inuicta fabricatus manu». En las ediciones de Macrobio, el orden varía según el texto seguido: «inuicta es fabricatus manu», «es inuicta fabricatus manu», «inuicta fabricatus es manu».</note> manu</p>
      <p>Y Ennio, en lugar de <emph>amargo</emph>, puso <emph>triste</emph>:</p>
      <p xml:lang="en">Nec tristem quaeritat sinapi,</p>
      <p>nec mestum caepe<note place="bottom">En la <emph>Epístola a Villamediana</emph> se copia: «Neque triste quaritat sinapi, / neque cepe...». En Macrobio (<emph>Saturnalia</emph> 6, 5, 5): «neque triste quaeritat sinapi, / neque cepe maestum» («No busca la amarga mostaza / ni la afligida cebolla», trad. F. Navarro Antolín, 2010). Este pasaje transmitido por Macrobio se ubicaría en el libro cuarto de las sátiras de Ennio (columna 1585-1585: Sabibarum Codd.; ver también Navarro Antolín, 2010, p. 556, n. 264). Como indica Macrobio (<emph>Saturnalia</emph> 6, 5, 5): «”tristis” pro “amaro” translatio decens est» («El empleo de tristis, "triste", en el sentido de "amargo" es una elegante translación», trad. F. Navarro Antolín, 2010).</note>.</p>
      <p>Y estas palabras inventadas por ellos apellida<note place="bottom"><emph>apellidar</emph>: «aclamar, proclamar, levantar la voz por alguno» (<emph>Autoridades</emph>).</note> interrogando <pb n="fol. 105r"/> Horacio, que por qué no se habían de permitir a Virg<emph>ili</emph>o.</p>
      <p>Cicerón<note place="bottom">El pasaje que comienza aquí y va hasta «carecen de ellos» fue citado casi literalmente por Ponce en su <emph>Epístola a Villamediana</emph>, texto centrado en la defensa de la licitud de introducir voces nuevas por parte de Góngora. Esta es la cita de dicha obra: "«Cicerón nos muestra claro que las boçes se hacen nuebas en vna epístola a Bruto: "Eum amorem et eum, ut hoc verbo vtar favorem inconsilium advoco", donde se be que en su tiempo <emph>fabor</emph> hera palabra nueba y las boçes griegas que están yntroducidas en la latinidad son casi ynfinitas, y no solo las boçes, sino los modos de decir, como bemos en los poetas latinos, que a cada paso ponen los ymfinitibos por los xerundios, como los griegos, que carecen dellos» (Manuel Ponce, <emph>Epístola a Villamediana</emph>, fol. 3r, ed. Rozas y Quilis, p. 421). Ver también Azaustre, 2015, pp. 88-89.</note> nos muestra claro que las voces se hacen nuevas, en una epíst<emph>ola</emph> a Bruto<note place="bottom">Este pasaje de Cicerón se conserva a través de la cita de Quintiliano (<emph>Institutio Oratoria</emph>, 8, 3, 34): «nam et in epistula ad Brutum: "eum, inquit, amorem et eum, ut hoc uerbo utar, fauorem in consilium aduzocabo"» («Pues dice también en una carta a Bruto: "llamaré a consejo este amor y este 'favor', si puedo emplear esta palabra», trad. A. Ortega Carmona, 1997). Está hablando Quintiliano de que las voces hoy tenidas por usuales, e incluso viejas, fueron en otro tiempo nuevas; señala como uno de los ejemplos la voz <emph>favorem</emph>, que Cicerón consideraba nueva.</note>: «<emph>Eum amorem et eum, ut hoc verbo</emph> utar,<emph> fauorem in consilium aduocabo</emph>»; donde se ve que, en su tiempo, <hi rend="u"><emph>favor</emph></hi> era palabra nueva. Y las voces griegas que están introducidas en la latinidad y se usaron en ella son casi infinitas; y no solo las voces, sino los modos de decir; como vemos en los poetas latinos, que, a cada paso, ponen los infinitivos por los gerundios como los griegos, que carecen de ellos. Cuya consecuencia es que no será culpable en n<emph>uest</emph>ro autor <pb n="fol. 105v"/> haber usado en su idioma tal vez<note place="bottom">'quizá, acaso'. </note> de los casos y gramática de la latinidad, imitando los que en ella escribieron con los términos de la griega. Y menos debe serlo introducir en su lengua voces latinas y toscanas con tanta moderación y prudencia. Pues el docto Ju<emph>an</emph> de Mena —de quien dice Mario Equicola ser entre nosotros como en Italia el Petrarca—<note place="bottom" resp="author">En el margen izquierdo, Ponce anota: «L. 5. poco / antes de el / fin.». Se refiere a la obra del humanista italiano Mario Equicola (c. 1470-1525) <emph>Libro de natura de amore</emph>, redactado en torno a 1495 (se conserva un autógrafo en la Biblioteca Nazionale de Torino, ms. N. 111. 10) y publicado por vez primera en Venecia en 1525. Cito por esa edición parte del pasaje del libro quinto, donde se refiere a Juan de Mena y se incluye la referencia a Petrarca que extrae Ponce para su discurso: «<pb n="fol. 205r"/> Non laudo tra Spagnoli ne in altra natione quelli, che le cose sacre &amp; <pb n="f. 205v"/> diuini alli loro amori appropiano como quel che le lamentationi &amp; quetele de Propheti in exprimer suo dolor co<emph>n</emph>uerte: quel con le orationi de le nostre ecclessiastice cerimonie sua pena narra: l’altro col psalmo De profundis circa compassione: Ioan di Mena homo singulare tra Spagnoli, qual tra noi Petrarcha (con bona pace sia decto) non me piace doue canta li defunti per molto sancti che se siano esser penati ne la gloria per non hauer uista sua amica: Piacenome quando per essi si descriue la belleza, legiadria, elegantia &amp; uirtu de la Signora, chiamandola uita de los uita, luce de la lor luce: Da natura formata sol per admiration del mundo, senza emula, senza competirora, senza pare [...]».</note>y el ingenioso Garcilaso, en muchas partes de sus escritos usaron también voces latinas, toscanas y nuevas. Y particularmente Mena, en la prim<emph>er</emph>a copla <pb n="fol. 106r"/> del <emph>Laberinto</emph>, 1, dice: «Al gran rey d’ España, al çésar <hi rend="u">novelo</hi><note place="bottom">Juan de Mena, <emph>Laberinto de Fortuna</emph>, copla 1, v. 4. La lista de voces que señalará Ponce coincide con las que incluyó en la <emph>Epístola a Villamediana</emph>: «Tenemos a nuestros españoles llenos de boces forasteras, como escriuió ynfinitas Joan de Mena, Garcilaso y Boscán. Donde tubieron necesidad yntrodujeron gran número de boçes: <emph>glebas, blasmar, bullada, fontana, almo, inerte, corrusca</emph> y <emph>nobelo</emph>; a cada página suya se hallarán beruos latinos y toscanos» (fol. 3v, ed. Rozas y Quilis, p. 421). Ver también Azaustre, 2015, p. 89.</note>», que es voz toscana.</p>
      <p>Cop<emph>la</emph> 38 del mismo Lab<emph>erinto</emph>: «Ni el ayre padece <hi rend="u">nubíferas glebas</hi><note place="bottom">Juan de Mena, <emph>Laberinto de Fortuna</emph>, copla 38, v. 6.</note>»; <emph>nubíferas</emph> es latino; y <emph>glebas</emph>, toscano que quiere decir 'terrones’.</p>
      <p>En la cop<emph>la</emph> 7, del 2<note place="bottom">Juan de Mena, <emph>Laberinto de Fortuna</emph>, copla 7, v. 2: «por tal que blasme de ti como devo».</note>: <hi rend="u"><emph>blasmar</emph></hi> por <emph>blasfemar</emph>, sincopado<note place="bottom">La síncopa es la supresión del algún sonido en el interior de una palabra; este error gramatical es una licencia (figura de metaplasmo) en el uso de los poetas.</note>.</p>
      <p>Cop<emph>la</emph> 24: <hi rend="u"><emph>fruir</emph></hi>, del latino <emph>frui</emph>, q<emph>ue es</emph> 'gozar'<note place="bottom">Juan de Mena, <emph>Laberinto de Fortuna</emph>, copla 24, v. 8: «fruir de coloquio tan alto a desora?».</note>.</p>
      <p>Cop<emph>la</emph> 109: <hi rend="u"><emph>bullada</emph></hi><note place="bottom">Juan de Mena, <emph>Laberinto de Fortuna</emph>, copla 109, v. 8: «bullada devieran tener en la fruente».</note> en lug<emph>a</emph>r de <emph>impresa</emph> o <emph>sellada</emph>; voz antiquísima.</p>
      <p>Y a este modo se hallarán repartidas otras infinitas en sus obras, que dejo por escusadas.</p>
      <p>Garcilaso, égloga 2, vers<emph>o</emph> 1 del terceto antecedente al del n<emph>úmer</emph>o 138<note place="bottom">Como se indicó en una nota anterior, Ponce usó la edición de Garcilaso con notas del Brocense (Salamanca, 1574). Ponce ubica los versos que cita partiendo del número de la nota del Brocense, que, en este caso, se sitúa en el terceto que comienza «y sin mirarme, desdeñosa y fiera,» (v. 482); ver el fol. 52v de la edición salmantina.</note>: <pb n="fol. 106v"/> «A la pura <hi rend="u">fontana</hi> fue corriendo»<note place="bottom">Garcilaso de la Vega, égloga 2, v. 476.</note>. Es voz toscana.</p>
      <p>En el nú<emph>mer</emph>o 155: «<hi rend="u">Almo</hi> dulce, sabroso, esfuerza, esfuerza»<note place="bottom">Garcilaso de la Vega, égloga 2, v. 735. El anterior número 155 se refiere a la nota del Brocense en su edición (fol. 56v).</note>. La dición <emph>almo</emph> es toscana y latina; significa 'sustentar' y 'aumentar'; viene de <emph>alere</emph> u de <emph>almus</emph>, que es<note type="app" rend="I"><emph> ques</emph> en el manuscrito.</note> lo mismo que 'criador'.</p>
      <p>En el 10 vers<emph>o</emph>, después del núm<emph>er</emph>o 169<note place="bottom">Se refiere al décimo verso contando desde la nota 169 del Brocense (fols. 66r-66v); dicha nota se sitúa en el v. 1226: «¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves!».</note>: «Dañaba la tardanza floja, <hi rend="u">inerte</hi>»<note place="bottom">Garcilaso de la Vega, égloga 2, v. 1235.</note>. <emph>Inerte</emph> es latina y toscana, de <emph>inertia</emph> ('pereza' o 'flojedad’).</p>
      <p>Verso 54, después del n<emph>úmer</emph>o 197<note place="bottom">La nota 197 del Brocense se sitúa en el v. 1716: «el cuello le ceñía el nudo estrecho» (fol. 72r); cincuenta y cuatro versos después (contando el anterior) se encuentra el que cita Ponce.</note>: «La vista así <hi rend="u">corrusca</hi> y resplandece»<note place="bottom">Garcilaso de la Vega, égloga 2, v. 1769.</note>. Es también voz latina y toscana; significa 'resplandecer' (<emph>corruscare</emph>).</p>
      <p><pb n="fol. 107r"/> Cuyos ejemplos podrán ser suficiente defensa de n<emph>uest</emph>ro autor, así como fueron dechado de sus obras.</p>
      <p>Y volviendo a Horacio, prosigue:</p>
      <p><emph>Ego cur inuideor</emph>: <note place="bottom">Horacio, <emph>Ars poetica</emph>, v. 55: «Vergilio Varioque? Ego cur, adquirere pauca». Ya citado antes por Ponce, que continúa su comentario basado en esa sección de la poética horaciana.</note> '¿por qué debo ser invidiado o aborrecido, si puedo adquirir algunas pocas palabras a mi lengua?' Y así, pone <hi rend="u"><emph>inuideor</emph></hi>, voz nueva; porque no se dice <hi rend="u"><emph>inuideo te</emph></hi>, sino <emph>inuidio tibi</emph>; y por el consiguiente, no decimos <hi rend="u"><emph>non inuideor</emph></hi>, sino <emph>mihi inuidetur</emph><note place="bottom">El razonamiento de Ponce coincide casi literalmente con el comentario a los versos del <emph>Ars Poetica</emph> hecho por Juan Villén de Biedma: «Y por esto Horacio en persona de todos se quexa diciendo, {ego, cur inuideor} por que soy odioso y murmurado {si possum acquirere pauca?} si puedo adquirir algunas pocas palabras a mi propia lengua? Y vsa de la palabra, inuideo, como de cosa nueua, porque no se dize inuideo te, sino tibi, y por consiguiente no auia de dezir, non inuideor, sino mihi inuidetur» (f. 311v, en <emph>Q. Horacio Flacco poeta lyrico latino. Sus obras con la declaracion Magistral en lengua Castellana. Por el Doctor Villen de Biedma...</emph>, Granada, Sebastian de Mena, 1599). Ya se han señalado otras semejanzas con este comento en esta parte del <emph>Discurso</emph> de Ponce.</note>.</p>
      <p>Muéstranos, en estas razones, que no es digno de reprehensión, sino de alabanza, el que procura enriquecer su lengua nativa de palabras no usadas antes en ella y de modos y términos exquisitos, habiendo <pb n="fol. 107v"/> hecho lo mismo sus pasados, y enoblecido la suya Catón y Ennio. Y si fue lícito en ellos criar nuevos nombres y palabras, siempre lo será en los que escribieren <emph>producere nomen</emph><note place="bottom">Horacio, <emph>Ars poetica</emph>, v. 59: «signatum praesente nota producere nomen» («forjar palabras acuñadas con el sello de la actualidad», trad. F. Navarro Antolín, 2002). Ya citado antes por Ponce (fol. 101v).</note>.</p>
      <p>En todo lo cual verán los versados en estas letras que está bien defendida esta silva de todas las objeciones<note type="app" rend="I"><emph> ojebciones</emph> en el manuscrito.</note> que la han puesto en su estilo, novedad, voces, translaciones, gramática y extensión<note place="bottom">Como se ha indicado en una nota anterior, con <emph>extensión</emph> se hace referencia a la amplitud del poema y del desarrollo de su argumento, cuestión que trata Aristóteles en su <emph>Poética</emph> (García Yebra, 1974, p. 495).</note>, porque antes debe ser admirado que reprehendido el autor della. Y el que quisiere ver más por extenso tratada esta materia, vea los versos referidos de Horacio<note place="bottom"><emph>Orat.</emph> en el manuscrito. Horacio, <emph>Ars poetica</emph>, vv. 46-59, citados por Ponce en los fols. 101r-101v.</note> y los 13 que <pb n="fol. 108r"/> se siguen a ellos<note place="bottom">Horacio, <emph>Ars poetica</emph>, vv. 60-72: «Vt siluae foliis pronos mutantur in annos, /prima cadunt, ita uerborum uetus interit aetas, /et iuuenum ritu florent modo nata uigentque. / Debemur morti nos nostraque. Siue receptus / terra Neptunus classes Aquilonibus arcet, / regis opus, sterilisue diu palus aptaque remis / uicinas urbes alit et graue sentit aratrum, / seu cursum mutauit iniquom frugibus amnis, / doctus iter melius, mortalia facta peribunt, / nedum sermonum stet honos et gratia uiuax. / Multa renascentur quae iam cecidere, cadentque / quae nunc sunt in honore uocabula, si uolet usus, /quem penes arbitrium est et ius et norma loquendi» («Como los bosques mudan de hojas de año en año, / así caducan las primitivas palabras: muere la vieja generación, / y las recién nacidas, al igual que jóvenes, florecen y cobran vigor. / Nosotros, y nuestras obras, estamos destinados a morir. Sea que el mar, / acogido por la tierra, mantenga las naves al abrigo de los aquilones, / regia empresa; o que una marisma, antaño estéril y navegable, / alimente a las ciudades vecinas y sienta el peso del arado; / o que un río haya modificado su curso, perjudicial para las mieses, / habiéndosele enseñado un cauce mejor, las obras humanas perecerán; / mucho menos podrá perdurar el encanto y atractivo de las palabras. / Renacerán muchos vocablos que ya han caducado, y caducarán / los que ahora están de moda, si así lo quiere el uso, en quien reside la autoridad, las leyes y las reglas del lenguaje», trad. F. Navarro Antolín, 2002).</note>, con la écfrasis<note place="bottom">'descripción minuciosa'.</note> y notas del doctísimo Sánchez Brocense<note place="bottom">Como se ha dicho en la introducción (apdo. 6), es la edición del <emph>Ars Poetica</emph> de Horacio con anotaciones del Brocense (Salamanca, 1591). Ponce remite al comentario que el Brocense hace de los vv. 49-72 del <emph>Ars poetica</emph>, situado en la écfrasis y notas al apartado <emph>De iunctura, siue de verborum innovationes quae triplex est</emph> (fols. 6v y 8v del impreso). El comentario del Brocense de 1558 no editaba el texto de Horacio. </note>, y todo el cap<emph>ítulo</emph> 6 de la <emph>Poética</emph> de Arist<emph>óteles</emph> con el comento del Piccolo<emph>mini</emph><note place="bottom">Como se indica en la introducción (apdo. 6), se refiere a la traducción italiana y notas de la <emph>Poética</emph> de Aristóteles de Alessandro Piccolomini, cuya primera edición se publicó en Siena en 1572, y la segunda en Venecia en 1575. Ponce se refiere al apartado dedicado a la virtud o excelencia de la elocución (<emph>Poética</emph> 1458a18-1459b16, capítulo 22, pp. 208-215 en la ed. de García Yebra); en la edición de Piccolomini, comprende el texto y notas a las <emph>particellas</emph> 116 a 123 (pp. 344-367 en la ed. de 1575).</note>.</p>
      <p>Y asentada esta dotrina, digo que si resulta alguna oscuridad en este escrito porque imita su autor a los latinos y toscanos en él, antes es justo que sea estudiado que depuesto. Porque si la dificult<emph>ad</emph> que tiene no nace de lo que suele hacer inaccesibles<note type="app" rend="I"><emph> inaxcesibles</emph> en el manuscrito.</note> a los otros —como he d<emph>ich</emph>o—, será justo que los prudentes y doctos, dando el debido crédito al autor, crean que tiene más de admirable que de molesto; y mirando su gramática con <pb n="fol. 108v"/> atención, hallarán facilidad en la construción de ella, agudeza en su conceptos, ornato en la locución y valientes imitaciones en ella, con ingeniosa novedad en los términos y descripciones; y al fin, el deleite de haber alcanzado lo que sin alguna dificult<emph>ad</emph> carece de estimación. Y así, podrá decir a todos el autor lo que antes dijo Martial, l<emph>ibro</emph> 2, epig<emph>rama</emph> 86:</p>
      <p>Scribat carmina circulis Palaemon</p>
      <p>me iuuat raris auribus placere<note place="bottom">Marcial, <emph>Epigrammaton libri</emph>, libro 2, epigrama 86, vv. 11-12: «Que escriba versos para las reuniones Palemón, / a mí me gusta complacer a oídos selectos», trad. J. Fernández Valverde y A. Ramírez de Verger, 1997). Es una clásica referencia a la poesía exquisita y elitista que se utilizó en la polémica gongorina; así, por ejemplo, en la<emph> Soledad primera ilustrada y defendida</emph> (p. 82).</note>.</p>
      <p rend="right">Vale</p>
      <p><pb n="fol. 109r"/> Vean estos lugares en Juan de Mena —prólogo de su <emph>Coronación</emph>, que escribe al marqués de Santillana<note place="bottom">Se refiere al prólogo en prosa al poema de Juan de Mena <emph>La coronación del marqués de Santillana</emph>. En el fol. 100r, Ponce ya había señalado a Mena como uno de los poetas españoles necesitado de comento por su complejo estilo. La inclusión de estos pasajes se explica porque, en varias ocasiones (fols. 100r, 105v) a lo largo de su <emph>Discurso</emph>, Ponce se ha referido a Juan de Mena como uno de los poetas hispanos necesitados de comentario, y como antecedente de Góngora en el uso de voces latinas, toscanas y nuevas. Como se ha dicho, la figura de Juan de Mena será invocada a menudo en la polémica gongorina.</note>— los que reprueban en esta silva las posposiciones, anteposiciones y gramática. Y juzguen: si n<emph>uest</emph>ra lengua antiguam<emph>en</emph>te admitió y tuvo por buenos estos modos en prosa, ¿por q<emph>ué</emph> se han de tener por viciosos en el verso, que es capaz de tomar más licencias y cometer más continuadas figuras y perifrasis?<note place="bottom">Para defender el estilo de Góngora, Ponce construye un argumento de menos a más (<emph>locus a minore ad maius</emph>) apoyado en la licencia que gramáticas y retóricas concedían a los poetas en el uso del lenguaje.</note></p>
      <p>La cual volante fama<note place="bottom">Como dice Ponce, la cita se sitúa en el prólogo a la <emph>Coronación</emph> de Juan de Mena. El uso al que probablemente se refiere Ponce es la anástrofe «en los de Etiopía fines». Puede verse el pasaje en el fol. aiir de la edición de Salamanca, 1499: <emph>Coronacion compuesta por el famoso poeta Juan de Mena. Al muy illustre cauallero don yñigo lopez de mendoça marques de santillana</emph>. También en este mismo folio se encuentran las frases que reproduce más adelante. Mantengo el texto de Ponce, con la modernización estipulada. A continuación reproduzco el de la edición de 1499, que presenta variantes: «La qual bolante fama con alas de ligereza que son gloria de buenas nueuas: ha encaualgado los galicos alpes et discurrido fasta la frigiana tierra: et no quiere cessar ni cessa de bolar fasta passar el caucaso monte que es en las sumidades et en los de etiopia fines. alle<emph>n</emph>de del q<emph>ua</emph>l la fama del romano pueblo se falla no traspassasse. segu<emph>n</emph> en el de co<emph>n</emph>solacio<emph>n</emph> boecio» (fol. aiir). Probablemente Ponce copió deprisa el texto (además, en el final del folio), pues presenta algún error, que señalo.</note>, con alas de ligereza que son gloria de buenas nuevas, ha encabalgado los gálicos Alpes y discurriendo<note place="bottom">Es mejor sintácticamente la lectura <emph>discurrido</emph> de la edición de Mena.</note> hasta la frigiana tierra; y no quiere cesar ni cesa de volar al cáucaso monte<note place="bottom">Daza, 2015, p. 156, n. 296, ha señalado cómo este mismo pasaje del prólogo de la <emph>Coronación</emph> es esgrimido por Lope de Vega en su razonamiento contra los excesos del hipérbaton. Señala asimismo (Daza, 2015, pp. 177, n. 338, 257-258, 444) diversos lugares donde Mena fue invocado como precursor del estilo de Góngora, y su figura usada por defensores y detractores del poeta cordobés; ver también Daza, 2021.</note>, que es<note type="app" rend="I">Restituyo el verbo, que aparece en la edición de Mena y es necesario para la correcta sintaxis. Falta en la copia de Ponce.</note> en las sumidades y en los de Etiopía fines, allende del cual <pb n="fol. 109v"/> la fama del romano pueblo se halla no traspasase, según en el <emph>De consolación</emph> Boecio.</p>
      <p>Y más abajo:</p>
      <p>Mayormente que en cualquiera de los de la humana gente estados<note place="bottom">«mayormente q<emph>ue</emph> q<emph>ua</emph>lquiera de los d<emph>e</emph> la humana gente stados quiere recebir gloria» (<emph>Coronación</emph>, prólogo, ed. 1499, fol. aiir). Se destaca la anástrofe («de la humana gente estados»).</note>, etc.</p>
      <p>Y después:</p>
      <p>cuanto más que uno de los fines porque los hombres se al trabajo aplican es por la de buena fama gloria<note place="bottom">«quanto mas q<emph>ue</emph> uno de los fines porq<emph>ue</emph> los ho<emph>m</emph>bres se al trabajo aplica<emph>n</emph> es la de la buena fama gloria» (<emph>Coronación</emph>, prólogo, ed. 1499, fol. aiir). Las construcciones a las que se alude son el hipérbaton «se al trabajo aplican» y la anástrofe «de la buena fama gloria».</note>.</p>
      <p>Y a pocos renglones:</p>
      <p>Por ende las comemoradas acatando causas<note place="bottom"><emph>Coronación</emph>, prólogo, ed. 1499, fol. aiir. Se refiere al hipérbaton de la forma «acatando».</note>.</p>
      <p><pb n="fol. 110r"/><emph>La Rosa</emph>. od<emph>a</emph> 53. de Anacreón<note place="bottom">En 1609, Quevedo dedicó al duque de Osuna la primera traducción castellana de la obra atribuida al poeta griego Anacreonte, el <emph>Anacreón castellano, con paráfrasi y comentarios</emph>, que circuló manuscrita hasta su primera edición en 1794. Para realizar su traducción, Quevedo manejó tanto la edición príncipe de los poemas atribuidos a Anacreonte (1554) del helenista francés Henri Estienne (Henricus Stephanus), como la versión latina (1556) de Élie André (Helias Andreas), aparte de apoyarse, en menor medida, en la versión francesa de Remy Belleau (1556) y la latina de Eilhardus Lubinus (1597). La traducción de Quevedo mereció la censura de Góngora en su soneto «Anacreonte español, no hay quien os tope». Desde entonces, la valoración de la traducción quevediana ha sido objeto de análisis por la crítica, desde opiniones inicialmente negativas hasta su mejor consideración al contextualizarla en los hábitos y técnicas de traducción de la época; ver Castanien, 1958; Bénichou-Roubaud, 1960; Andrés Castellanos, 1988; Balcells, 1988, pp. 38-39; Schwartz, 1999, 2001, 2015, pp. 15-18; Moya del Baño, 2006, 2011; Pérez Jiménez, 2011; Izquierdo, 2013, y Méndez, 2014. Ponce incluye aquí esta oda porque es uno de los poemas con que se ilustra el símil de la rosa que Góngora usó en los vv. 727 y ss. de la <emph>Soledad primera</emph>, y que Ponce comenta en la nota 81 (fols. 69v-70r) señalando diversos poetas que recrearon dicho motivo. Indicaré las variantes que presenta la copia de Ponce en relación con los testimonios de la tradición textual del poema de Quevedo; sigo las siglas de J. M. Blecua, 1981. Respeto la puntuación de Ponce (ver apdo. 8 de la introducción). Para más detalles sobre las fuentes textuales del <emph>Anacreón castellano</emph> de Quevedo, ver García Sánchez, 2019.</note> traducida del griego, por don Fran<emph>cis</emph>co Gómez de Quevedo<note type="app" rend="I">En el margen derecho, se anota, de la misma mano que la anotación del fol. 1v, y que pudiera ser de Dámaso Alonso: «Está impresa en el / Anacreon Castellano / que dio á luz Sancha en 1794 a la pag. 89.».</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Con el verano padre de las flores</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>juntemos de la rosa los loores<note type="app" rend="I">las loores <emph>CNTEd</emph>, según las siglas de J. M. Blecua, 1981, p. 337, n. 4. La lectura que copia Ponce se registra en<emph> ABEM</emph>.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La rosa es flor,y admiración del cielo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>deleite de los hombres en el suelo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La rosa por los prados<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>5</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de hierbas,y de flores variados</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a las ninfas amantes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hace a las diosas bellas semejantes.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La rosa entre las plantas más perfectas<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; la lectura que registra J. M. Blecua, 1981, p. 338, sin variantes, es «perfetas».</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>da cuidado,y sujeto a los poetas,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>10</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>pues a cantar sus hojas los obliga.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La rosa es de las musas blanda amiga,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 110v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y aunque nace tejida en las riberas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entre desapacibles cambroneras,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mal acondicionada en sus espinas<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>15</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con sus colores finas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del que la corta en el jardín lozano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>regala la nariz<note type="app" rend="I">a la nariz <emph>BEN</emph><space/>(J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 20). La copia de Ponce coincide con la lectura de <emph>ACTMEd</emph>.</note>, si hirió la mano;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y enlazada<note type="app" rend="I">engastada <emph>NABCEMEd</emph> engarzada <emph>T</emph>; ver J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 21, donde no se registra la variante que ofrece la copia de Ponce.  </note> en torcidas esmeraldas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hace dignas de Apolo las guirnaldas.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>20</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Y en los días solemnes<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; la lectura que registra Blecua, 1981, p. 338, sin variantes, es «solenes».</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando pródigo<note type="app" rend="I">el pródigo <emph>E</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 24). La variante de la copia de Ponce coincide con <emph>NABCTMEd</emph>.</note> Baco de sus bienes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>da vinos olorosos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a quien la antigüedad hace preciosos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La rosa es la primera golosina<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>25</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a que<note type="app" rend="I">a quien <emph>E</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 28). La variante de la copia de Ponce coincide con <emph>NABCTMEd</emph>.</note> la vista el apetito, inclina.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Mas decidme ¿qué cosas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>hay buenas,sin las rosas?</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Por ventura el aurora<note type="app" rend="I">«la Aurora» en todos los testimonios que maneja la edición de J. M. Blecua, 1981, p. 338.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando al nácar<note place="bottom">«al nacer» en todos los testimonios que maneja J. M. Blecua, 1981, p. 33.</note> del día<note type="app" rend="I">el dia <emph>E</emph> (J. M. Blecua, 1981, p: 338, n. 32). La variante de la copia de Ponce coincide con <emph>NABCTMEd</emph>. </note> perlas llora,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>30</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 111r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¿no muestra con rosada mano, abierta<note type="app" rend="I">La <emph>a</emph> final de <emph>abierta</emph> no se lee por haber sido cortado los bordes de la hoja al encuadernar el volumen.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del Oriente la puerta?</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¿No con rosados brazos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tejen las ninfas al Amor los lazos,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no llaman muchos doctos escritores,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>35</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rosada a Venus madre de las flores?</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Mas ¿para qué me canso? Por ventura</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¿no es de mortales accidentes cura?</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Defiende<note type="app" rend="I">Y defiende <emph>T</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 41). La variante de la copia de Ponce coincide con <emph>NABCEMEd</emph>. </note> de la hambre de la tierra</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el cuerpo<note type="app" rend="I">al cuerpo <emph>Ed</emph> el cuerpo <emph>NABCETM</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 42). </note>, que en el túmulo se cierra<note type="app" rend="I">que de túmulos encierra <emph>E</emph> que en el túmulo se cierra <emph>NABCTMEd</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 42). </note>;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>40</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y resisten sus galas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del tiempo vario las veloces alas;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el olor<note type="app" rend="I">el color <emph>E</emph> el olor <emph>NABCTMEd</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 45). </note> que tenía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando en sus mocedades trascendía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>venciendo el humo que en Pancaya arde<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>45</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sola da a su vejez que se la guarde<note type="app" rend="I">se guarde <emph>E</emph> se le guarde <emph>NABCTMEd</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 338, n. 48). </note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Su nacimi<emph>en</emph>to pues, ¿no es generoso?</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 111v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Cuando en el espacioso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>*mar, nació Venus*<note place="bottom" resp="author">Los asteriscos remiten al final del fol. 112r, donde Ponce anota: «Natal. comit. Mytholog. L. 4. de Venere. / Alij ab Aprile mense, quòd eo mense nata fuerit / vt testari videtur Horat. in. 4. carminum. / Vt tamen noris quibus aduoceris / Gaudiis, idus tibi sunt agendae, / qui dies mensem Veneris marinae / Findit Aprilem». La cita pertenece a la obra mitológica del humanista italiano Natale Conti (1520-1582): <emph>Natalis Comitis Mythologiae, siue, Explicationum fabularum libri decem...</emph> Cito el pasaje por la edición de Venecia, 1567 (lib, IV, cap. XIII, <emph>De Venere</emph>), que pudo haber sido la usada por Ponce, pues coincide literalmente: «<pb n="fol. 119v"/> alii ab Aprile mense, quòd eo mense nata fuerit, vt testari vi <pb n="f. 120r"/> detur Horat. in quarto Carminum; / Vt tamen noris quibus aduoceris / Gaudiis, idus tibi sunt agendae, / Qui dies mensem Veneris marinae / Findit Aprilem» («otros [pensaron que Venus recibió su nombre] por el mes de abril, porque nació en este mes, según parece atestiguar Horacio en el libro IV (11, 13-16) de sus <emph>Poemas</emph>: Sin embargo, para que sepas a qué fiestas has sido convocado, has de celebrar tú las Idus, día que divide Abril, el mes de la marina Venus», trad. R. M.ª Iglesias Montiel y M.ª C. Álvarez Morán, Universidad de Murcia, 1988).</note> con belleza suma</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>nieta del agua, y hija<note type="app" rend="I">hija <emph>E</emph> e hija <emph>T</emph> y hija <emph>NABCMEd</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 339, n. 52). </note> de la espuma<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>50</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y c<emph>uan</emph>do armada con escudo y asta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del celebro de Júpiter, Minerva</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>nació,virgen, robusta, eterna, casta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>para quien alta ciencia se reserva;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entonces de las rosas el linaje<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>55</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a todas las estrellas hizo ultraje.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Y el Sol, bebió<note place="bottom">llovió <emph>E</emph> bebió<emph> NABCTMEd</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 339, n. 59). </note> en sus ondas<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; los testimonios que maneja J. M. Blecua, 1981, p. 339, registran «hojas», que parece la lectura correcta. </note> desde Oriente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lágrimas del Aurora<note type="app" rend="I">de la Aurora <emph>CETEd</emph> del Aurora <emph>NABM</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 339, n. 60). </note> blandam<emph>en</emph>te.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Yes su grandeza tanta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que la<note type="app" rend="I">cual la <emph>E</emph> que la <emph>NABCTMEd</emph> (J. M. Blecua, 1981: 339, n. 62). </note> congregación de dioses s<emph>an</emph>ta<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>60</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>regó con néctar dulce, y reservado<note type="app" rend="I">el verso falta en <emph>E</emph> (J. M. Blecua, 1981, p. 339, n. 63). </note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a menos que divina eterna boca</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(que no es grandeza poca)</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 112r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el descortés rosal,que nació armado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>para que de él<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito; los testimonios que maneja J. M. Blecua, 1981, p. 339, registran «dél». </note> naciese, y se criase<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>65</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>planta amiga de Baco, que le honrase.</p>
      <pb n="fol. 112v"/>
      <p>[en blanco]</p>
      <pb n="fol. 113r"/>
      <p><emph><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></emph><hi rend="u"><emph>Segunda Soledad</emph></hi>        
        .
</p>
      <p><emph><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space></emph><hi rend="u"><emph>El período de la caza</emph></hi><note place="bottom">Como se ha indicado en la introducción (apdo. 3), este pasaje de la <emph>Soledad segunda</emph> abarca desde el v. 677 («Las Horas ya, de números vestidas») hasta el v. 936 («heredado en el último graznido»). Como indica su título, intenta reproducir de manera no fragmentada el episodio de la caza de cetrería, algo que sucedía en la edición de Vicuña, que recoge el texto hasta el v. 840 («al viento esquivarán cuchillo vago»; ver Jammes, 1994, p. 19). Este texto fue copiado por Manuel Ponce, y no por quien copió los versos de la <emph>Soledad primera</emph> en la parte inicial del manuscrito. El texto comienza —como sucede en las diversas secciones del manuscrito— en el recto de un folio, y parece iniciar también un cuaderno, rasgos todos ellos que confirman las sucesivas fases de elaboración de los materiales y tareas que configuran el manuscrito.</note>
        .
</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Las Horas ya de números vestidas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al bayo, cuando no esplendor overo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del luminoso tiro, las pendientes</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ponían de crisólitos lucientes<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>680</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>coyundas impedidas:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras<note type="app" rend="I">Se ha tachado aquí una letra que podría ser una <emph>q</emph>. Conservo la puntuación de Ponce (ver apdo. 8 de la introducción).</note> de su barraca el estranjero</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dulcemente salía despedido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a la barquilla, donde le<note place="bottom">Conservo el leísmo.</note> esperaban</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a un remo cada joven ofrecido:<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>685</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dejaron pues las azotadas rocas,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que mal las ondas lavan</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del livor aun purpúreo de las focas:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y de la firme tierra el heno blando</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 113v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con las palas segando,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>690</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la cumbre modesta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de una desigualdad del horizonte,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que deja de ser monte</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por ser culta floresta,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>antiguo descubrieron blanco muro,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>695</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por sus piedras no menos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que por su edad majestüosa cano;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mármol al fin tan por lo pario puro,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que al peregrino sus ocultos senos</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>negar<note type="app" rend="I">La <emph>a</emph> ha sido sobrescrita con trazo más grueso.</note> pudiera en vano.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>700</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Cuantas del oceano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el Sol trenzas desata,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>contaba en los rayados capiteles,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que espejos(aunque esféricos) fïeles,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>bruñidos eran óvalos de plata.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>705</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La admiración que al arte se le debe</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 114r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>áncora del batel fue, perdonando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>poco a lo fuerte, y a lo bello nada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del edificio;cuando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ronca los salteó trompa sonante,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>710</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al principio distante,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vecina luego, pero siempre incierta.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Llave de la alta puerta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el duro son, vencido el foso breve,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>levadiza ofreció puente no leve<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>715</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tropa inquïeta,contra el aire armada.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Lisonja, si confusa, regulada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su orden de la vista, y del oído</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su agradable rüido<note type="app" rend="I">La <emph>o</emph> ha sido sobrescrita con trazo más grueso.</note>.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Verde no mudo coro<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>720</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de cazadores era<note type="app" rend="I">La <emph>e</emph> ha sido escrita con trazo más grueso, tal ver sobre la sílaba <emph>ho</emph>.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyo número indigna la ribera.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Al Sol levantó apenas la ancha frente<note type="app" rend="I">Ver el cotejo y comentario de Rojas, 2015, pp. 109 y 236, que explica los errores de este verso en varios testimonios. La copia de Ponce recoge la lectura correcta.</note></p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 114v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el veloz hijo ardiente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del céfiro lascivo,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>725</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuya fecunda madre al genitivo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>soplo,vistiendo miembros, Guadalete</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>florida ambrosia al viento dio jinete</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a mucho humo abriendo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la fogosa nariz, en un sonoro<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>730</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>relincho,y otro, saludó sus rayos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Los overos, si no esplendores bayos,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que conducen el día,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>les responden la eclíptica ascendiendo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Entre el confuso pues celoso estruendo<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>735</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de los caballos, ruda hace armonía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuanta la generosa cetrería</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(desde la Mauritania a la Noruega)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>insidia ceba alada,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sin luz no siempre ciega,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>740</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 115r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sin libertad no siempre aprisionada,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a ver el día vuelve</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las veces que en fïado al viento dada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>repite su prisión,y al viento absuelve.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El neblí que relámpago su pluma,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>745</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>rayo su garra, su ignorado nido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o lo esconde el Olimpo, o densa nube<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de «o densa es nube». Rojas, 2015, p. 237, registra la misma omisión en el ms. BNE 8.645.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que pisa cuando sube</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tras la garza, argentada el pie de espuma[.]<note type="app" rend="I">Restauro el punto, que no se lee en el borde del folio, pero que procede en concordancia con la puntuación que Ponce adopta en la enumeración, y con la mayúscula del verso siguiente.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El sacre, las del noto alas vestido<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y los dos siguientes (Dámaso Alonso, 1936, p. 396): «El sacre, las del cierzo alas vestido, / pájaro entre crepúsculos nacido / y en breve sol cebado». Ver Jammes, 1994, p. 532, y los comentarios de Rojas, 2015, pp. 237-238. </note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>750</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sangriento chiprïota aunque nacido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con las palomas Venus de tu carro.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El girifalte, escándalo bizarro<note type="app" rend="I">Versión primitiva de este verso y el siguiente (Dámaso Alonso, 1936, p. 396): «El gerifalte, del Trïón helado / robusto honor, mayor el de Gelanda». Ver Jammes, 1994, p. 532, y Rojas, 2015, p. 238.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del aire, honor robusto de Gelanda,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si bien jayán de cuanto rapaz vuela,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>755</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>corvo acero su pie, flaca pihuela<note type="app" rend="I">Ponce escribió <emph>piguela</emph>, subrayó la <emph>g</emph> y añadió la <emph>h</emph> al final del verso. Incorporo su corrección al texto.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de piel lo impide blanda.</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 115v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>El baharí, a quien fue en España cuna</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del Pirineo la ceniza verde,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o la alta basa que el<note type="app" rend="I"><emph> quel</emph> en el manuscrito.</note> oceano muerde<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>760</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de la egipcia columna.<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La delicia<note type="app" rend="I">La <emph>d</emph> ha sido sobrescrita con trazo más grueso.</note> volante</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de cuantos ciñen líbico turbante,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el borní, cuya ala</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en los campos tal vez de Melïona<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>765</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>galán siguió valiente fatigando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tímida liebre cuando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>intempestiva salteó leona</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la melionesa gala,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que de trágica escena<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>770</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mucho teatro hizo poca arena.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tú infestador en n<emph>uest</emph>ra Europa nuevo<note type="app" rend="I">La <emph>o</emph> ha sido sobrescrita con trazo más grueso.</note></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de las aves, nascido aleto, donde</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entre las conchas hoydel sur esconde</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 116r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sus muchos rayos<note type="app" rend="I">Ponce recoge la lectura de Vicuña, Pellicer, Salcedo y los diferentes testimonios que coteja Rojas, 2015, pp. 87-88, excepto Chacón, que lee «años». Esta es la lectura que adoptan Carreira, 2015, p. 485, y Jammes, 1994, pp. 538-539. Rojas, 2015, pp. 109-110 y 239, prefiere «rayos».</note> Febo,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>775</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¿debes por dicha cebo?</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>¿Templarte supo, di, bárbara mano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al insultar los aires? Yo lo dudo;</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que al precïosamente inca desnudo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y al de plumas vestido mejicano<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>780</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>fraude vulgar, no industria generosa,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del águila les dio a la mariposa.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>De un mancebo serrano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el duro brazo,débil hace junco,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>examinando con el pico adunco<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>785</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sus pardas plumas el azor britano,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tardo,mas generoso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>terror de tu sobrino ingenïoso,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>ya invidia tuya, Dédalo, ave ahora</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuyo pie tiria púrpura colora.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>790</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 116v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Grave de perezosas plumas globo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a luz lo condenó incierta,la ira</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del bello de la estigia deidad robo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>desde el guante hasta el hombro a un joven cela<note type="app" rend="I"><emph> cela</emph> se escribe en la parte superior del verso, encima de <emph>jouen</emph>.</note>[:]</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>esta emulación pues de cuanto vuela,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>795</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por los<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de <emph>dos</emph>. Parece error de copia; Rojas, 2015, p. 264, también lo registra en el Ms. II/2801 de la Biblioteca del Palacio Real.</note> topacios bellos con que mira,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>término torpe era</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de pompa tan ligera.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Can de lanas prolijo, que animoso</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>buzo será, bien de profunda ría<note type="app" rend="I">Variante de la versión primitiva (ms. BNE 3.959): «será bien buzo de profunda ría» (Dámaso Alonso, 1936, p. 396; Jammes, 1994, p. 544). Rojas, 2015, p. 240, registra el cambio de orden «buzo será, de bien profunda ría» en la edición de Hoces (1654).</note>,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>800</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>bien de serena playa,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando la fulminada prisión caya</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del neblí, a cuyo vuelo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>tan vecino a su cielo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el cisne perdonara luminoso;<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>805</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 117r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>número y confusión gimiendo hacía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la vistosa laja, para él grave,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que aun de seda no hay vínculo süave.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>En sangre claro,y en persona augusto,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si en miembros no robusto,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>810</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>príncipe les sucede, abrevïada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en modestia civil real grandeza.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La espumosa del Betis ligereza</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>bebió no solo, mas la desatada</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>majestad,en sus ondas, el luciente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>815</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>caballo, que colérico mordía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el oro que süave lo enfrenaba.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Arrogante, y no ya por las que daba</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>estrellas su cerúlea piel al día,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sino por lo que siente<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>820</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de esclarecido, y aun de soberano,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 117v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en la rienda que besa la alta mano</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de cetro<note type="app" rend="I"><emph> sceptro</emph> en el manuscrito.</note> digna. Lúbrica no tanto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>culebra se desliza tortüosa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por el pendiente calvo escollo, cuanto<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>825</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la escuadra descendía presurosa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>por el peinado cerro a la campaña,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que al mar debe(con término prescripto)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>más sabandijas de cristal,que a Egipto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>horrores deja el Nilo que lo baña.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>830</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Rebelde ninfa(humilde ahora caña)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, y no <emph>las</emph>.</note> márgenes oculta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de una laguna breve,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a quien doral consulta,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>aun el copo más leve<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>835</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de su volante nieve.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Ocioso pues, o de su fin presago,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los fílos con el pico prevenía</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 118r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de cuanto sus dos alas aquel día</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al viento esgremirán cuchillo vago.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>840</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>La turba aun no del apacible lago</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las orlas inquïeta,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que tímido perdona a sus cristales</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el doral. Despedida no saeta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de nervios partos,igualar presuma<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>845</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>sus puntas desiguales,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en vano podrá pluma</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>vestir un leño,como viste una ala.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Puesto en tiempo corona, si no escala</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las nubes(desmintiendo<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>850</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su libertad el grillo torneado,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en sonoro metal lo va siguiendo)</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>un baharí templado,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a quien el mismo escollo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(a pesar de sus pinos eminente)<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>855</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 118v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el primer vello le concedió,pollo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que al Betis las primeras ondas,fuente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>no solo, no, del pájaro pendiente</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>las caladas registra el peregrino,<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mas del terreno cuenta cristalino<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>860</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>los juncos más pequeños,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>verdes hilos de aljófares risueños.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Rápido,al español alado mira</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>peinar el aire,por cardar el vuelo,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuya vestida nieve anima un hielo,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>865</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que torpe a unos carrizos lo retira,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>infïeles por raros,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si firmes no por trémulos reparos.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Penetra pues sus inconstantes senos,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>estimándolos<note type="app" rend="I"><emph> estimándolo</emph> en el manuscrito; restauro la concordancia correcta.</note> menos<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>870</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>entredichos que el viento:</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mas a su daño<note type="app" rend="I">La <emph>a</emph> ha sido sobrescrita con trazo más grueso. No se puede ver bien la lectura original, acaso <emph>ue</emph>.</note> el escuadrón atento,</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 119r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>expulso lo remite,a quien en suma</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>un grillo y otro enmudeció en su pluma.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Cobrado el baharí.En su propio luto<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>875</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o el insulto acusaba precedente,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>o entre la verde hierba</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>avara escondía cuerva<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>purpúreo caracol, émulo bruto</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>del rubí más ardiente:<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>880</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cuando solicitada del rüido</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el nácar a las flores fía torcido,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>y con siniestra voz convoca cuanta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>negra de cuervas suma</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>infamó la verdura con su pluma,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>885</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>con su número el Sol. <note type="app" rend="I">En el manuscrito hay una coma después del punto, lo que denota una vacilación al puntuar el verso.</note>  En sombra tanta</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>alas desplegó Ascálafo prolijas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>verde poso ocupando,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que de césped ya blando</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>jaspe lo han hecho duro blancas guijas.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>890</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 119v"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Más tardó en desplegar sus plumas graves</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>el deforme fiscal de Proserpina,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que en desatarse al polo ya vecina</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la disonante niebla de las aves.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Diez a diez se calaron, ciento a ciento,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>895</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al oro intüitivo, invidïado</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>deste género alado,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si como ingrato no, como avariento,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a las estrellas hoy del firmamento</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>se atreverá<note type="app" rend="I">La copia de Ponce recoge la variante del ms. 3.906 de la BNE y de los de la Hispanic Society, y también de casi todos los cotejados por Rojas, 2015, pp. 110 y 243. Jammes, 1994, p. 566, apunta que esta variante «actualiza todavía más la insinuación». La lectura de Chacón, habitual en las ediciones, es «atreviera».</note> su vuelo,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>900</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en cuanto ojos del cielo.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Poca palestra la región vacía</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>de tanta invidia era,<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mientras desenlazado la cimera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>restituyen el día<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>905</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a un girifalte, boreal harpía<note type="app" rend="I">Versión primitiva (Dámaso Alonso, 1936, p. 396), basada en el ms. 3.959 de la BNE: «a un gerifalte, trïonal arpía». Jammes, 1994, p. 566, la relaciona con la versión primitiva del v. 753; Rojas, 2015, p. 244, apunta a las censuras de Jáuregui como causa de la sustitución de «trional» por «boreal».</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que, despreciando la mentida nube</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 120r"/>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>a luz más cierta sube,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>cenit ya de la turba fugitiva.</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Auxilïar taladra al aire luego<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>910</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>un duro sacre, en globos no de fuego,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en oblicuos sí engaños,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>mintiendo remisión a las que huyen<note type="app" rend="I">Versión primitiva de los vv. 913-915 (Dámaso Alonso, 1936, p. 397): «donde insidioso espera las que huyen / del campión noruego: / una pues que de arriba». Ver también Jammes, 1994, p. 568, y Rojas, 2015, pp. 243-244, que apunta cuestiones métricas y la posible influencia de las censuras de Jáuregui en el cambio a la versión definitiva.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>si la distancia es mucha,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>(griego al fin). Una en tanto que de arriba<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>915</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>descendió fulminada en poco humo<note type="app" rend="I">En la versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 397, había un verso más después: «si en ceniza no mucha». Jammes, 1994, p. 570, señala el dato. Rojas, 2015, p. 245, no lo ha encontrado en los testimonios de su cotejo; la reconstrucción de Dámaso Alonso, como en otros casos del pasaje, se basa en el ms. 3.959 de la BNE.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>apenas el latón segundo escucha,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que del inferïor peligro,al sumo</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>apela, entre los trópicos grifaños<note type="app" rend="I"><emph> grifanos</emph> en el manuscrito. Es italianismo (<emph>grifagno</emph>) que significa 'de rapiña, rapaces’; ver Jammes, 1994, p. 572, y Carreira, 2015, p. 492.</note>,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que su eclíptica incluyen,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>920</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>repitiendo confusa</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>lo que tímida escusa<note type="app" rend="I">La versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936, p. 397, recoge después estos dos versos: «El desigual atento advierte duelo / el extranjero desde su barquilla». Jammes, 1994, p. 572, indica que «Estos dos endecasílabos cuyas rimas no encajan con lo que precede ni con lo que sigue, parecen corresponder más bien a un primer esbozo, que Góngora abandonaría pronto al redactar los vv. 923-930». Lo recuerda Rojas, 2015, p. 245, quien subraya el desplazamiento de perspectiva entre las versiones.</note>.<space rend="tab">    </space></p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Breve esfera de viento,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>negra circunvestida piel, al duro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>alterno impulso de valientes palas,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>925</p>
      <p>
        <space rend="tab">    </space>
        <space rend="tab">    </space>
        <pb n="fol. 120v"/>
        <space rend="tab">    </space>
      </p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la avecilla parece,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>en el,de muros líquidos, que ofrece,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>corredor,el dïáfano elemento,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>al gémino vigor<note type="app" rend="I">Así en el manuscrito, en lugar de <emph>rigor.</emph> Es muy probable la confusión entre<emph> v</emph> y<emph> r</emph>, pero en este caso mantengo la lectura del manuscrito al no carecer de sentido.</note>, en cuyas alas</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>su vista libra toda el estranjero<note place="bottom">Hasta aquí llega el texto de la versión primitiva reconstruida por Dámaso Alonso, 1936.</note>.<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>930</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>Tirano el sacre,de lo menos puro</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>desta primer región, sañudo espera</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>la desplumada ya, la breve esfera,</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>que a un bote<note type="app" rend="I"><emph>boce</emph> en el manuscrito.</note> corvo del fatal acero</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>dejó al viento, si no restitüido,<space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>935</p>
      <p><space rend="tab">    </space><space rend="tab">    </space>heredado en el último graznido.</p>
      <pb n="fol. 121r"/>
      <p>[en blanco]</p>
        </div>
      </div>
    </body>
  </text>
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